¿Solicitará la OMS una investigación internacional sobre los orígenes del coronavirus?

Por Filippa Lentzos, 18 de mayo de 2020

Boletín de los Científicos Atómicos

En medio de la pandemia de coronavirus, los representantes del órgano rector de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se reunirán virtualmente esta semana para celebrar su periódica reunión anual. La Unión Europea, Australia y otros países han solicitado al organismo mundial que investigue los orígenes de la pandemia y los países miembros tendrán ahora la oportunidad de debatir la cuestión. Aunque la apertura de cualquier investigación será un proceso políticamente tenso, el hecho de que el asunto se plantee en la Asamblea Mundial de la Salud plantea una pregunta importante, ¿cómo debería llevarse a cabo esa investigación?

La OMS ha estado investigando aspectos de la pandemia desde enero y ya ha enviado dos delegaciones a China, donde se notificaron los primeros casos de COVID-19. Estas primeras visitas, entrevistas y observaciones en China han sentado las bases para cualquier esfuerzo posterior. En medio de las primeras incertidumbres sobre si el nuevo coronavirus se estaba propagando entre los seres humanos, la OMS realizó una visita sobre el terreno a Wuhan, entonces epicentro del brote. Durante dos días, a partir del 21 de enero, los funcionarios se centraron en la respuesta de la salud pública de China al nuevo coronavirus, hablando con los funcionarios pertinentes y visitando sitios como el aeropuerto de Wuhan Tianhe y el Centro de Control de Enfermedades de la provincia de Hubei.

Al mes siguiente, se llevó a cabo una misión conjunta de la OMS y China sobre el brote, dirigida por un asesor del director general de la OMS y el experto principal de la Comisión Nacional de Salud de China. En la delegación participó un equipo integrado por 25 expertos de Alemania, China, Corea, Estados Unidos, Japón, Nigeria, Rusia, Singapur y la OMS, y se prolongó durante nueve días a partir del 16 de febrero. Los expertos hablaron con una gran cantidad de personas, incluidos gobernadores provinciales, alcaldes municipales, científicos superiores, trabajadores de la salud pública y otros. Visitaron hospitales, agencias de control de enfermedades, almacenes de suministros de emergencia, e incluso un mercado húmedo en Guangzhou, el lugar que muchos científicos creen que el coronavirus pudo haber saltado a los humanos.

La Misión Conjunta sólo prestó una atención limitada a los posibles orígenes de la pandemia, y en su informe se limitó a señalar que el nuevo coronavirus es un virus zoonótico, que los murciélagos parecen ser su reservorio y que aún no se han identificado huéspedes intermedios. Sin embargo, una de las conclusiones del informe fue que «se debería hacer un esfuerzo adicional para encontrar la fuente animal, incluido el reservorio natural y cualquier huésped de amplificación intermedia, para prevenir cualquier nuevo foco epidémico o el resurgimiento de epidemias similares».

Con ese fin, y en consonancia con la teoría predominante de que el evento de propagación se produjo en un mercado húmedo, el informe de la Misión Conjunta puso de relieve las actividades ya en marcha por las autoridades chinas para investigar los orígenes de la pandemia. Éstas consistieron en tomar muestras ambientales del mercado mayorista de mariscos de Huanan en Wuhan, obtener registros sobre las especies silvestres vendidas en el mercado, así como examinar los primeros casos de COVID-19 en Wuhan.

Los mercados húmedos, donde los animales son sacrificados, cortados y vendidos in situ, proporcionan las condiciones ideales para que los virus salten de una especie a otra, y es una teoría probable para que se produjese la propagación del virus Pero también hay otros posibles sitios de difusión relevantes para COVID-19 que han pasado a primer plano político, y los llamamientos para una investigación internacional específicamente sobre los orígenes de la pandemia están aumentando por parte de los líderes mundiales. Uno de los primeros llamamientos provino de Australia, que dijo que utilizaría su puesto en la junta ejecutiva de la Asamblea Mundial de la Salud para impulsar una investigación dirigida por la OMS.

Un enfoque sensato, pero improvisado

Un mandato de la Asamblea Mundial de la Salud permitiría una investigación en un marco internacional existente con normas y procedimientos de funcionamiento establecidos. La Asamblea Mundial de la Salud, como principal foro mundial para tratar la salud pública, es una opción obvia, y aunque politizada, está bastante impulsada por la ciencia, y ciertamente menos politizada que otros foros internacionales como la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas o el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en los que uno u otro país bloquea con frecuencia la acción internacional sobre una cuestión determinada, aparentemente de forma rutinaria. Una investigación podría encargarse de manera oportuna y financiarse con las cuotas de los 194 Estados miembros de la Asamblea Mundial de la Salud.

Una investigación orientada a la salud pública es también el enfoque políticamente más factible para conseguir la participación de China, y la cooperación de Beijing sería crucial para una investigación de esta naturaleza. Aunque la OMS no ha apoyado formalmente una investigación sobre los orígenes de la pandemia, el Comité de Emergencia de expertos científicos independientes que asesora al director general de la organización sobre la pandemia hizo un llamamiento a principios de este mes para identificar «la fuente zoonótica del virus y la vía de introducción en la población humana, incluido el posible papel de los huéspedes intermedios». Esto tiene sentido, y se hace eco de la conclusión anterior de la Misión Conjunta OMS-China. El objetivo de una posible investigación debe ser encontrar una respuesta a la forma en que se inició la pandemia, o al menos llegar a un punto en que la comunidad internacional esté convencida de que hay suficiente transparencia sobre el posible origen.

Una investigación forense

Se han ofrecido pocos detalles específicos sobre el tipo de investigación que Australia y otros países desearían que se realizara, pero si se quiere que sea un verdadero esfuerzo de indagación de los orígenes, las respuestas no pueden obtenerse únicamente de la virología, la genómica de las enfermedades infecciosas, la ciencia del genoma y la epidemiología. Como dijo un conocido biólogo molecular y experto en bioseguridad a The Washington Post, «La ciencia no va a cambiar esto de un ‘podría haber sido’ a un ‘probablemente fue'». Investigar la gama de posibles sitios de dispersión -desde el mercado húmedo, hasta una infección accidental en el laboratorio o en el trabajo de campo, o una fuga inadvertida en el laboratorio- requiere una investigación forense”.

La obtención de historiales de casos, datos epidemiológicos y muestras virales de diferentes épocas y lugares, incluidas las muestras más tempranas posibles de individuos infectados y muestras de animales silvestres, es primordial, pero no suficiente. Una investigación forense supondría además la auditoría y el muestreo de las colecciones virales en los laboratorios pertinentes que hayan estudiado los coronavirus, el examen de los tipos de experimentos realizados y los virus utilizados, y el examen de las prácticas de seguridad vigentes.

Los datos clave también provendrían de documentos, incluidos los procedimientos operativos estándar en los laboratorios y durante el trabajo de campo, las evaluaciones de riesgos de los experimentos individuales, los registros de los experimentos y los cuadernos de trabajo de campo, los registros de capacitación, los registros de gestión de desechos, los registros de accidentes e infecciones, los registros de mantenimiento de las instalaciones y los sistemas automatizados, los registros de acceso, las filmaciones de las cámaras de seguridad y los registros de comunicaciones. Además de las fuentes documentales, las entrevistas con el personal de las instalaciones y las observaciones de las instalaciones de laboratorio y los lugares de trabajo sobre el terreno también serían fuentes importantes de datos.

La comunidad internacional tiene una experiencia limitada en materia de investigaciones forenses en el ámbito de la salud pública, y en la OMS hay muchos que se muestran recelosos ante tal investigación, considerándola técnica y políticamente fuera de su ámbito. Pero COVID-19 es un acontecimiento sin precedentes, que requiere una respuesta sin precedentes. Y la comunidad internacional no está completamente a oscuras en lo que respecta a las investigaciones forenses; tiene mucha experiencia a la que recurrir desde el punto de vista de la seguridad. De particular relevancia son los exámenes interactivos e in situ por homólogos que los Estados miembros de la Convención sobre Armas Biológicas, el tratado internacional que prohíbe las actividades relacionadas con las armas biológicas, han iniciado voluntariamente para demostrar que operan sus instalaciones de alta seguridad de manera segura y que llevan a cabo evaluaciones de riesgo adecuadas para la investigación de alto riesgo, capacitan adecuadamente a su personal y garantizan la rendición de cuentas por cualquier incumplimiento. Los exámenes por homólogos se basan en la cooperación; los expertos intercambian información y comparten las mejores prácticas, como lo hicieron, por ejemplo, en 2016, cuando un equipo de expertos internacionales visitó las instalaciones del Instituto Bundeswehr de Microbiología en Munich (Alemania), y nuevamente en 2018, cuando otro equipo visitó el Centro Nacional de Control de Enfermedades y Salud Pública en Tbilisi (Georgia).

También ha habido investigaciones nacionales que podrían sentar un precedente para cualquier investigación de la OMS sobre COVID-19. En China, por ejemplo, las autoridades examinaron las deficiencias de seguridad en los laboratorios en relación con el virus de la Brucella en 2019 y el virus del síndrome respiratorio agudo severo (SARS) en 2004. Las autoridades del Reino Unido, asimismo, revisaron los errores de seguridad en los laboratorios después de un brote de fiebre aftosa en 2007 y un brote de viruela en 1978. En los Estados Unidos, los funcionarios han revisado los fallos de seguridad relacionados con el Bacillus anthracis en un laboratorio de la Defensa en 2015, el Bacillus anthracis y el virus del Ébola en los laboratorios de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en 2014, y el virus de la viruela en los laboratorios de la Administración de Alimentos y Medicamentos en 2014.

¿Un consejo de seguridad sanitaria mundial?

Una investigación de los orígenes de COVID-19 tendrá que ser negociada e iniciada rápidamente antes de que los datos relevantes disminuyan o desaparezcan por completo con el paso del tiempo. La investigación, que muy probablemente comprenderá una serie de delegaciones científicas y de colaboración sobre el terreno, inevitablemente no será la ideal. Y, en última instancia, puede que no proporcione todas las respuestas, aunque es de esperar que los datos recogidos puedan apuntar a una historia de origen creíble y coherente.

La inevitable naturaleza ad hoc de una investigación de los orígenes de COVID-19 pondrá de relieve para muchos la necesidad futura de desarrollar un organismo internacional más apropiado, que resida en el nexo entre las esferas de la salud pública y la seguridad. Tal organización, o subunidad dentro de una organización ya establecida, necesitaría un mandato para entrar e investigar un presunto brote de interés internacional tan pronto como surjan los informes iniciales, independientemente de cualquier indicio de que sea natural, accidental o deliberado. Sus informes podrían constituir la base de una acción colectiva para proteger la salud mundial.

En un reciente discurso, según The Times, el ex secretario de relaciones exteriores británico Lord William Hague de Richmond dijo que la transmisión de virus de animal a humano debe tratarse en el futuro como un arma de destrucción masiva. Y así como el mundo tiene sistemas para vigilar las instalaciones nucleares y prohibir la proliferación de armas de destrucción masiva, también, dijo Hague, es hora de que un nuevo orden internacional inspeccione las amenazas biológicas que «plantean el mayor peligro para la salud humana y la economía mundial». Hague habló en la presentación de un nuevo informe del grupo de estudio conservador Policy Exchange en el que se pide «un nuevo órgano de coordinación o un órgano reforzado a nivel internacional, idealmente con sede en las Naciones Unidas, que dirija la vigilancia, la investigación y la inspección de las actividades de alto riesgo» que aumentan los riesgos de brotes de enfermedades zoonóticas. En el informe también se pide que se impongan sanciones comerciales a los países que incumplan las normas.

Es evidente que se está produciendo una nueva y significativa reflexión sobre los mecanismos internacionales para responder a las amenazas biológicas. COVID-19 podría dar a la comunidad internacional el impulso que necesita para hacer algo con respecto a la mejora de la vigilancia de los riesgos biológicos.

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La manipulación genética de coronavirus de murciélago se remonta a varios años atrás

Científicos chinos y estadounidense han estado realizando investigaciones con estos coronavirus mediante una peligrosa técnica denominada de “ganancia de función”

 
Por Claire Robinson, 26 de mayo de 2020
 
 
 
Científicos chinos y estadounidenses han estado colaborando durante años en peligrosos experimentos de ganancia de función que implicaban el empleo de ingeniería genética de coronavirus de murciélagos y otros animales, como se ha revelado en una serie de publicaciones científicas. Los coronavirus están relacionados con los virus del SARS que causan graves enfermedades respiratorias en los seres humanos. Los científicos estaban trabajando en el Instituto de Virología de Wuhan (WIV) en China, laboratorio del que algunos sospechan que había difundido accidentalmente el virus del SARS-CoV-2 que ha causado la pandemia del COVID-19, y en la Universidad de Carolina del Norte (UNC) en los Estados Unidos.
 
Curiosamente, sin embargo, esta larga y destacada historia de investigación se omitió por completo en el documento científico, publicado en Nature en febrero de este año, en el que Shi Zhengli y su equipo del WIV afirmaron haber identificado el origen natural del SARS-CoV-2. El origen, según los científicos del WIV, era un virus de murciélago, el RaTG13, que se pensaba que había saltado de un animal a un humano en un mercado de mariscos y vida silvestre de Wuhan (la teoría «zoonótica», es decir, procedente de animales por un fenómeno natural de propagación).
 
¿Por qué esta omisión? Para entender la posible razón, necesitamos primero entender la naturaleza del trabajo de investigación que fue llevado a cabo por los científicos del WIV y sus colaboradores de los EE.UU.
 
El supuesto objetivo benigno de esta línea de investigación era investigar el potencial de los coronavirus de murciélago para infectar a los humanos, mejorar la capacidad de los científicos para predecir pandemias y desarrollar vacunas u otras terapias.
 
Sin embargo, se trata también de una investigación de ganancia de función, cuyo objetivo es hacer que los virus sean más infecciosos o transmisibles. Esas investigaciones han sido objeto de crecientes críticas por parte de los científicos desde hace muchos años, debido a su propensión a plantear enormes riesgos con escasos beneficios.
 
Este temor se ve confirmado por los resultados de un experimento de ganancia de función particularmente arriesgado llevado a cabo en los Estados Unidos y publicado en 2015 por científicos de la UNC en colaboración con científicos del WIV, entre ellos Shi Zhengli, apodada la «mujer murciélago» de China por su trabajo con los coronavirus de los murciélagos. El trabajo fue financiado por:
 
* El Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los Estados Unidos. El director del NIAID es el Dr. Anthony Fauci, quien actualmente dirige la respuesta de US COVID-19. El dinero del NIH fue canalizado a través de la Alianza Ecológica de Salud con sede en EE.UU., dirigida por el Dr. Peter Daszak;
* USAID; e
* Instituciones chinas.
 
En el documento publicado en el que se informa sobre el arriesgado experimento, los científicos afirman que comenzaron su trabajo antes de la moratoria temporal de 2014 de los EE.UU. sobre los estudios de ganancia de función de los virus, que fue impulsada por varios fallos de bioseguridad de alto nivel en los laboratorios de los EE.UU. Pero a pesar de la moratoria, como se indica en el documento, el NIH dio permiso para que el estudio continuara. El Dr. Fauci del NIAID «subcontrató» la investigación al WIV en China, en palabras de un artículo de prensa.
 
Un alarmante hallazgo
En el experimento, los científicos utilizaron un coronavirus de ratón e intercambiaron su proteína de espiga – la parte de la superficie del virus que determina la infectividad – por una de un coronavirus de murciélago que era similar al virus que causa la enfermedad epidémica humana SARS. Mantuvieron la «columna vertebral» del virus del ratón – su estructura molecular básica de ARN y proteína. El coronavirus del murciélago, en su estado natural, era incapaz de infectar a los seres humanos, ya que su proteína de espiga era inadecuada – no era capaz de acoplarse al receptor ACE2 de las células humanas.
 
Se supone que la infecciosidad se determina sólo por la proteína de espiga. Así que la unión de la proteína espiga del murciélago con la espina dorsal del virus del ratón debería haber dado lugar a un virus que no fuera infeccioso para los humanos.
 
Pero el virus quimérico resultante, genéticamente modificado, resultó inesperadamente ser altamente infeccioso para los humanos. De hecho, su infecciosidad, probada en células de las vías respiratorias humanas, era comparable a la cepa del virus causante de epidemias humanas SARS-CoV Urbani.
 
Los científicos estaban visiblemente sorprendidos y alarmados por este hallazgo. Como afirman, «sobre la base de modelos de aparición anteriores», no se esperaba que la creación de este virus quimérico «aumentara la patogenicidad». Dedujeron que la naturaleza de la proteína de espiga por sí sola no era suficiente para determinar la infecciosidad – la columna vertebral de otros componentes de la proteína también es importante.
 
Los investigadores intentaron entonces -pero fracasaron- desarrollar una vacuna o una terapia de anticuerpos. Los anticuerpos fueron incapaces de bloquear el dominio de unión del receptor (RBD – la parte de la proteína espiga que se une al receptor humano ACE2, resultando en una infección) del virus quimérico del murciélago-ratón.
 
Los investigadores concluyen su publicación con una advertencia y una pregunta que se deja en el aire. Escriben que sus hallazgos «representan una encrucijada de las preocupaciones de la investigación sobre el GOF [ganancia de función]; el potencial para prepararse y mitigar futuros brotes debe sopesarse con el riesgo de crear patógenos más peligrosos. Al elaborar políticas para el futuro, es importante considerar el valor de los datos generados por estos estudios y si estos tipos de estudios sobre virus quiméricos merecen una mayor investigación frente a los riesgos inherentes que entrañan».
 
En resumen, la misma investigación que algunos afirman que es necesaria para desarrollar vacunas y otras intervenciones corre el riesgo de provocar una pandemia.
 
Guía para la fabricación de un arma biológica
Si bien la realización de esas investigaciones entraña graves riesgos, también lo es su publicación. En este caso, los investigadores examinaron las secuencias de aminoácidos de la proteína de la espiga del virus del murciélago e identificaron las secuencias necesarias para la infecciosidad humana, y publicaron información sobre ellas en su artículo.
 
El Dr. Michael Antoniou, genetista molecular que reside en Londres, comentó: «La información sobre las secuencias de aminoácidos proporcionada en este documento es crucial para diseñar un virus que sea infeccioso en los seres humanos. Cualquiera que tenga acceso a un laboratorio estándar podría utilizar la información para estimar la secuencia de aminoácidos necesaria para diseñar un RBD que sería altamente probable que infectara las células humanas».
 
En otras palabras, los investigadores han proporcionado una guía para hacer un arma biológica.
 
El Dr. Antoniou explicó cómo sus datos hacen que lo que de otra manera hubiera sido un proceso laborioso sea mucho más rápido y eficiente. Si se empieza sin información, se podría diseñar un virus humano infeccioso como el SARS-CoV-2 utilizando un «proceso de selección evolutiva iterativo dirigido». Esto implicaría el uso de la ingeniería genética en un procedimiento de mutagénesis para generar un gran número de versiones mutadas aleatoriamente de la proteína de punta del SARS-CoV RBD, que luego se seleccionarían por su fuerte fijación al receptor humano ACE2 y, por consiguiente, la alta infectividad de las células humanas.
 
Sin embargo, utilizando la información proporcionada por los investigadores de la UNC y la WIV, el Dr. Antoniou dice: «No tienes que actuar a ciegas utilizando una mutagénesis de ‘saturación’ total de la secuencia de aminoácidos RBD. No tienes que empezar desde una caja negra de incógnitas. Ya tienes una idea de qué secuencia de aminoácidos es necesaria para la infectividad humana, así que eso te guía en cuanto a cómo diseñar el virus».
 
Esto plantea la cuestión ética de si vale la pena arriesgarse a realizar una investigación sobre la ganancia de función. El Dr. Antoniou cree que no lo vale: «Una investigación de este tipo no es necesaria para identificar nuevas dianas para la intervención terapéutica. Una investigación de los mecanismos básicos de cómo se produce y progresa la infección del virus es suficiente para ello. Por lo tanto, la investigación de la ganancia de función con patógenos peligrosos conocidos como los coronavirus debería ser prohibida».
 
Más investigación sobre la ganancia de función
A pesar de los peligros destacados en el documento de 2015, y tras la moratoria temporal de los EE.UU. sobre el trabajo de ganancia de función del virus, la investigación con los coronavirus de murciélago continuó – esta vez en China. En 2017, los científicos del WIV, entre ellos Shi Zhengli, publicaron un estudio con financiación compartida entre instituciones chinas y estadounidenses, entre estas últimas los NIH de los Estados Unidos y la USAID.
 
Los investigadores informan de los resultados de los experimentos de infecciosidad del virus en los que se combinó material genético de diferentes coronavirus relacionados con el SARS para formar nuevas versiones quiméricas. Trataban de averiguar qué mutaciones eran necesarias para permitir que ciertos coronavirus de murciélago se unieran al receptor humano ACE2. Descubrieron que dos virus quiméricos genéticamente modificados se replicaban «eficientemente» en las células humanas. Las consecuencias de la propagación de estos virus podrían ser graves.
 
Entonces, sólo este mes, los científicos del WIV dirigidos por Shi Zhengli publicaron un trabajo de investigación preliminar en el que investigaron la capacidad de las proteínas de espiga del coronavirus del murciélago relacionado con el SARS (SARSr-CoV), entre otros coronavirus, para unirse al murciélago y a los receptores ACE2 humanos. En otras palabras, examinaron la eficiencia con la que estos coronavirus infectan a los humanos y cómo se puede optimizar la infectividad humana.
 
El misterio de la investigación desaparecida
Los tres trabajos examinados más arriba muestran que, durante un período de varios años, científicos chinos y estadounidenses utilizaron técnicas de ingeniería genética para realizar experimentos de ganancia de función con coronavirus, lo que dio lugar a la generación de virus mejor adaptados para infectar a los seres humanos.
 
En este contexto, Shi Zhengli publicó su histórico artículo en la revista Nature en febrero de este año, después de que la pandemia de COVID-19 se hubiera extendido por todo el mundo. En este trabajo, Shi y sus coautores afirmaron haber identificado el pariente más cercano al SARS-CoV-2 y su «probable» origen, un coronavirus natural de murciélago, que ella llamó RaTG13. El documento destaca la teoría zoonótica de origen natural del SARS-CoV-2, que saltó de un animal a los seres humanos en el mercado de mariscos y vida silvestre de Huanan. Esta teoría no ha sido apoyada posteriormente por las nuevas pruebas.
 
Todas las publicaciones que defienden el origen natural del SARS-CoV-2 se basan en gran medida en este documento de Shi Zhengli y sus colegas, en el que se describe la secuencia de un supuesto coronavirus natural de murciélago llamado RaTG13. Pero en el documento no se hace referencia alguna a la larga historia de investigación en ingeniería genética con coronavirus de murciélago que han descrito Shi y sus colaboradores. Eso incluye el importante documento de los científicos de la UNC y la WIV de 2015, que tuvo el alarmante resultado de convertir un inofensivo virus de murciélago en un patógeno humano.
 
Intereses creados
Es como si estos antecedentes de investigación simplemente no existieran. ¿Por qué? ¿Podría ser porque llamar la atención sobre ello podría levantar la sospecha en la mente de la gente de que el SARS-CoV-2 también podría haber sido optimizado intencional o accidentalmente en el laboratorio durante la investigación de ganancia de función?
 
Después de todo, si la creencia de que el virus podría haber salido de un laboratorio ganara fuerza, los virólogos podrían esperar que su investigación se viera «afectada negativamente por controles de laboratorio más estrictos», como ha señalado el principal investigador de vacunas, el profesor Nikolai Petrovsky, al explicar por qué la mayoría de los científicos parecen apoyar la idea de que el virus se originó en un mercado húmedo y no en un laboratorio.
 
También, por supuesto, es casi seguro que detendría abruptamente el «dinero fácil» de la investigación de la ganancia de función de los virus, aparte de causar una tormenta política gigantesca. Incluso podría despertar dudas en la opinión pública sobre la seguridad de otras aplicaciones arriesgadas de la ingeniería genética.
 
Pero a pesar de este conjunto de intereses creados, es necesario iniciar cuanto antes una investigación forense sobre los orígenes exactos de un virus pandémico que, en palabras del profesor Petrovsky, parece «haber sido diseñado para infectar a los humanos».
 
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En su afán de culpar a China, la administración de Trump está impidiendo las investigaciones sobre los orígenes de la pandemia

Por Mara Hvistendahl, 19 de mayo de 2020

The Intercept

DESDE HACE VARIAS SEMANAS, el PRESIDENTE Donald Trump y el Secretario de Estado Mike Pompeo han estado afirmando sin pruebas que la pandemia del Covid-19 está relacionada con un laboratorio en Wuhan que investiga los coronavirus de los murciélagos. Sus argumentos están claramente calculados para distraer su respuesta fallida ante el virus y, para los observadores racionales, han desvirtuado la posibilidad de investigar que el brote se iniciara por un accidente de laboratorio o por una brecha de seguridad.

Pero mientras que muchos científicos piensan que el origen en un laboratorio es bastante improbable, los expertos en bioseguridad todavía lo ven como una posibilidad. La postura de la administración puede, en última instancia, hacer mucho más difícil averiguar lo que realmente ocurrió en los primeros días del brote, incluso si, irónicamente, las pistas acaban conduciendo de nuevo a un laboratorio.

Basándose en las pruebas disponibles, el SARS-CoV-2 – el virus que causa el Covid-19 – probablemente apareció en murciélagos en la naturaleza y luego saltó a los seres humanos, posiblemente a través de un animal intermediario. Lo que no está claro es dónde ocurrió esa transmisión fundamental, llamada evento de » dispersión». Las autoridades chinas han defendido la teoría de que ocurrió en el mercado mayorista de mariscos de Huanan de Wuhan, donde se agruparon 27 de los 41 primeros casos. Algunos científicos creen que pudo haber ocurrido en la naturaleza, por ejemplo en las aldeas que rodean las cuevas del sudoeste de China, donde viven murciélagos que albergan coronavirus. A medida que los países se urbanizan y los seres humanos invaden los hábitats de los animales, los efectos indirectos naturales se han vuelto cada vez más comunes. Sin embargo, otros expertos afirman que aún no se puede descartar la posibilidad de un accidente de laboratorio, una infección durante el trabajo de campo u otra brecha de seguridad, y que es imperativo determinar si se ha producido dicha filtración.

«Una investigación abierta es algo que está absolutamente justificado y es absolutamente esencial», dijo Richard Ebright, profesor de biología química en la Universidad de Rutgers. Un promotor de la bioseguridad desde hace mucho tiempo, Ebright cree que un error de laboratorio es «al menos tan probable» como un evento de dispersión totalmente natural. «Las afirmaciones sin fundamento de Trump y Pompeo han politizado y polarizado el tema y probablemente han tenido el efecto de hacer menos probable una investigación abierta».

El mes pasado, Australia encabezó el llamamiento a una investigación de este tipo, sugiriendo que plantearía la cuestión en la Asamblea Mundial de la Salud, el órgano decisorio de la Organización Mundial de la Salud, en su reunión de esta semana. «Sólo queremos saber qué pasó para que no vuelva a suceder», dijo el primer ministro australiano Scott Morrison en una conferencia de prensa el 8 de mayo. Canadá, Alemania y Suecia apoyaron la idea. Pero la intromisión de Estados Unidos saboteó el esfuerzo y el resultado fue una resolución débil, respaldada por la Unión Europea y más de 100 países, que pide una investigación sobre la respuesta internacional a la pandemia. La resolución evita señalar a China, y el lunes Pekín dio su apoyo a ese endeble texto . Fue aprobada el martes, pero el mundo tendrá que esperar a que se realice una investigación completa.

Tal esfuerzo es necesario por muchas razones. China ha estado llevando a cabo su propia investigación pero no ha compartido ninguna información con la Organización Mundial de la Salud. Y el encubrimiento inicial del gobierno chino sobre el brote y el silenciamiento de los críticos no infunde confianza en que se vaya a conocer el origen del virus.

Los virólogos dicen que aprender más sobre cómo el coronavirus infectó a los humanos podría ayudar a prevenir futuros brotes. El descubrimiento de una especie animal portadora de un virus estrechamente relacionado, por ejemplo, podría ayudar al mundo a prevenir un resurgimiento de los casos mostrando dónde centrar los esfuerzos de control. Un origen en un mercado húmedo podría impulsar un movimiento internacional para cerrar los mercados de vida silvestre. Y para los científicos, saber si un accidente de laboratorio jugó algún papel es crítico para asegurar que las condiciones de investigación sean seguras en el futuro.

Pero al insistir en la teoría de la filtración del laboratorio sin dar pruebas que la respalden, Trump y Pompeo han reducido las posibilidades de que el mundo tenga conocimiento claro de los orígenes de la pandemia. Ambos hombres han empañado la discusión al promocionar la teoría de la conspiración de que el coronavirus se fabricó deliberadamente en un laboratorio chino como arma biológica, una idea que ha sido rechazada rotundamente tanto por los científicos como por los servicios de inteligencia. Trump también ha pedido a China que compense a los Estados Unidos por el brote. Pompeo, mientras tanto, ha molestado tanto a Pekín que el lunes, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Zhao Lijian, lo llamó un «bocazas mentiroso». En la mayoría de los casos, el esfuerzo internacional por una investigación no se debe a la posición extrema de los EE.UU., sino a pesar de ella.

La especulación sobre el Instituto de Virología de WUHAN, una instalación de nivel 4 de bioseguridad construida con ayuda francesa, se inició muy pronto. En enero, un estudio publicado por científicos chinos en The Lancet descubrió que el primer paciente diagnosticado con el coronavirus, el 1 de diciembre, no tenía ninguna conexión con el mercado húmedo.

Eso desencadenó conjeturas y teorías de conspiración por igual. «Necesitamos mirar más allá del origen del mercado húmedo», dijo Filippa Lentzos, una experta en bioseguridad del King’s College de Londres. «Por el momento es una pregunta abierta». El pariente más cercano conocido del SARS-CoV-2 es un coronavirus de murciélago que fue estudiado por el Instituto de Virología de Wuhan, pero los dos virus no son lo suficientemente cercanos como para sugerir un vínculo directo.

Varios brotes recientes, incluidos el VIH, el Zika y el primer virus del SARS, fueron causados por efectos indirectos puramente naturales. Y sin embargo, también ha habido brotes causados por accidentes de laboratorio. Se cree que un brote de H1N1 de 1977 en la Unión Soviética y China fue causado por científicos soviéticos que experimentaban con un virus vivo en un laboratorio, quizás para hacer una vacuna. En una fuga ocurrida en 2007 en Pirbright, una instalación de investigación animal de nivel 4 de seguridad biológica en Surrey (Reino Unido), las aguas residuales que contenían virus vivos se filtraron por las tuberías de desagüe y se introdujeron en el suelo, con lo que los animales de la región enfermaron de fiebre aftosa. El primer virus del SRAS se escapó de los laboratorios de Asia en tres ocasiones. Incluso los laboratorios de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos -que se consideran de última generación- han experimentado graves violaciones de la seguridad.

El Instituto de Virología de Wuhan trabajó con colaboradores de los Estados Unidos en experimentos controvertidos llamados estudios de mutaciones de ganancia de función, que consisten en hacer más peligrosos los virus para probar su transmisibilidad. Años antes del comienzo de la pandemia de Covid-19, los experimentos de ganancia de función estaban en el centro de una controversia científica global. Los defensores dijeron que los estudios podrían ayudar a avanzar en el conocimiento de las enfermedades infecciosas y prevenir la próxima pandemia. Los detractores advirtieron que eran demasiado arriesgados y que también podrían causar la próxima pandemia. Los Institutos Nacionales de Salud establecieron una moratoria sobre esas investigaciones en 2014 y la levantaron en 2017 después de desarrollar un nuevo marco de revisión de los estudios. En la actualidad, la mayor parte de las investigaciones sobre la ganancia de función son financiadas por los Estados Unidos.

A fin de determinar lo que ocurrió, dicen estos expertos, el mundo necesita una investigación neutral que no se vea afectada por los esfuerzos de la administración Trump para desviar la atención de la respuesta chapucera de los Estados Unidos. «La investigación no debería ser sobre el reparto de la culpa», dijo Lentzos. «La investigación tiene que ser sobre la búsqueda de una respuesta creíble de cómo comenzó la pandemia y luego usarla para desarrollar una alerta temprana para el futuro».

Cuando Australia pidió una investigación en abril, su gobierno intentó contrarrestar la postura de la administración Trump con una propuesta más sensata. El objetivo era «minimizar el alcance de las teorías de conspiración sobre el virus que han salido a la luz tanto por parte de los funcionarios de EE.UU. como de China», dijo Natasha Kassam, investigadora del Instituto Lowy, un centro de estudios de Sydney.

Durante años, Australia había sido un aliado leal de los Estados Unidos, respaldando los objetivos de la política exterior estadounidense incluso cuando el resto del mundo se oponía. Durante la guerra de Irak, mientras la administración Bush presionaba una fallida inteligencia sobre armas de destrucción masiva, el Primer Ministro australiano John Howard fue tan dócil que los comentaristas lo apodaron el «sheriff adjunto» de Washington. Sin embargo, la presidencia de Trump ha puesto seriamente a prueba la fidelidad de Australia. Pompeo la puso a prueba aún más cuando sugirió, tras el anuncio de Australia, que el país sólo apoyaba los esfuerzos de los EE.UU. para señalar un origen.

Un «dossier» filtrado a la prensa australiana causó más problemas. El documento, que fue detallado por el periódico australiano Daily Telegraph en un artículo sin precedentes publicado el 4 de mayo, trataba de la gestión del brote por parte de China y arrojaba sospechas sobre el Instituto de Virología de Wuhan. Muchos de los detalles eran familiares, incluido el hecho de que China había silenciado a los médicos, frustrado los primeros intentos de cooperación internacional y sometido a examen especial los documentos científicos sobre el virus. Más tarde se supo que el expediente era en realidad un resumen de las noticias existentes que se cree que han circulado por la embajada de los Estados Unidos en Canberra.

Estos acontecimientos molestaron a los responsables chinos, que la semana pasada amenazaron con imponer aranceles elevados a la carne de vacuno y la cebada australianas. «Lo ven, a través de su lente dialéctica, como un ataque coordinado y directo de Australia en nombre de los Estados Unidos», dijo Andrew Chubb, experto en política china y relaciones internacionales de la Universidad de Lancaster en el Reino Unido. Australia terminó retrocediendo, y el gobierno de Morrison dio su apoyo a la resolución más suave de la Asamblea Mundial de la Salud. China, de todos modos, impuso el arancel a la cebada y prohibió las exportaciones de cuatro plantas procesadoras de carne australianas.

Si finalmente se lleva a cabo una investigación completa, los expertos en bioseguridad esperan que incluya un examen de las muestras y los protocolos de seguridad de los laboratorios de Wuhan, así como del mercado húmedo. Simon Wain-Hobson, virólogo del Instituto Pasteur de París, dijo que sería útil ver los registros de los laboratorios de Wuhan que se remontan a agosto, así como cualquier registro de trabajo con otros virus mamíferos.

«Si fue una filtración, necesitamos saberlo, porque entonces claramente estamos sobreestimando nuestras capacidades para contener algunos de estos virus», dijo. «Necesitamos saber esto como científicos porque si puede infectar a un científico entonces puede infectar a un tercero, cuarto, quinto.»

La determinación de la administración Trump de encontrar un chivo expiatorio es miope, dijo, y la idea de pedir a China que pague por el brote no tiene precedentes. «Ningún país puede pagar una retribución por algo así», dijo Wain-Hobson a The Intercept. «¿Qué tal un poco de comprensión?»

Corrección: 20 de mayo de 2020

Una versión anterior de este artículo afirmaba incorrectamente que el NIH financió el trabajo en el Instituto de Virología de Wuhan a través de su programa PREDICT. PREDICT es un programa de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

Mara Hvistendahl escribe sobre seguridad nacional y tecnología. Antes de incorporarse a The Intercept, fue becaria nacional en New America y jefa de la oficina de ciencia de China. Sus escritos también han aparecido en The Atlantic, The Economist y Wired, y ha aparecido como comentarista en la BBC, CBS, MSNBC y NPR.

Mara es la autora de «El científico y el espía», sobre una investigación de contrainteligencia del FBI relacionada con el espionaje industrial, y «Selección no natural», que fue finalista del Premio Pulitzer y del Premio del Libro de Los Ángeles. Vivió en Shanghai durante ocho años y ahora vive en Minneapolis. Habla español y chino.

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La Comisión Europea solicita a la EFSA que evalúe de manera urgente la alergenicidad de los cultivos transgénicos Bt

La pregunta es consecuencia de un estudio en ratones que muestra que la toxina transgénica Bt Cry1Ac es inmunogénica, alergénica y capaz de inducir anafilaxis.

Por Claire Robinson, 20 de octubre de 2018

GMWatch

Se ha solicitado a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que examine de nuevo si los cultivos transgénicos que contienen la toxina Cry1Ac pueden causar alergias alimentarias e incluso anafilaxis (una respuesta alérgica severa que puede provocar asfixia), de acuerdo con un informe de Política Alimentaria de la UE [1].

Política Alimentaria de la UE dijo que Sabine Juelicher, directora de la Unidad de Seguridad Alimentaria de la Comisión Europea, DG SANTE, ha solicitado a la Autoridad que examine urgentemente un nuevo estudio realizado en México por K.I. Santos-Vigil y sus colegas, que ha sido publicado en la revista International Immunopharmacology Journal. Desea que la evaluación se haga antes del 9 de noviembre.

GMWatch informó en agosto de este año sobre el estudio, que se realizó en ratones. El estudio encontró que la toxina transgénica Bt Cry1Ac es inmunogénica, alergénica y capaz de inducir anafilaxis. Las respuestas que Cry1Ac produjo en los ratones incluyeron «manifestaciones ligeramente alérgicas» alrededor de la boca, la nariz y las orejas, así como sibilancias, pelos de punta y diarrea.

El estudio también encontró que Cry1Ac provocó hiperplasia linfoide intestinal, una condición marcada por un aumento en el número de células contenidas en los ganglios linfáticos. La afección está asociada con alergia alimentaria, enfermedad intestinal inflamatoria y cáncer de colon.

La Sra. Juelicher preguntó a la EFSA si el estudio contiene elementos que puedan llevar a la Comisión técnica sobre transgénicos a reconsiderar sus dictámenes anteriores sobre los cultivos modificados genéticamente que contienen Cry1Ac.

Una serie de cultivos transgénicos previamente evaluados por la EFSA contienen Cry1Ac, incluyendo la soja GM DAS 81419-2 de Dow, algunos algodones GM y la soja GM MON87701 x MON89788 de Monsanto.

Opiniones discrepantes llaman la atención sobre los riesgos de los cultivos transgénicos

La cuestión de los alérgenos de los transgénicos fue puesta de relieve en dos dictámenes de la EFSA por un antiguo miembro de su grupo especial sobre transgénicos, Jean-Michel Wal, que es especialista en alergias.

Uno de los dictámenes del Dr. Wal se refería a un maíz de Syngenta de rasgos apilados que contenía varias toxinas Bt y genes resistentes a los herbicidas. Dra. Wal criticaba la circunstancia de que el solicitante buscaba la aprobación no sólo para el maíz de rasgos apilados mencionado, sino también para posibles variedades futuras de maíz formadas por «subcombinaciones» de rasgos contenidos en el maíz original, pero no proporcionó datos de seguridad para estas subcombinaciones.

La Dr. Wal advirtió del «riesgo incontrolado para la salud de los consumidores humanos en ciertos segmentos de la población» que supone el consumo de tales variedades de maíz. Afirmó que la opinión de la EFSA de que estas variedades de maíz «subcombinadas» serían seguras «se basaba en supuestos que no están plenamente aclarados y justificados».

El Dr. Wal criticó a la EFSA por actuar fuera de su ámbito de competencia en un intento de llenar los vacíos dejados por los datos que faltan con «argumentos». Dijo: «La función y el mandato de los expertos de la EFSA deberían limitarse a comprobar la validez y pertinencia de los datos facilitados y la fiabilidad de los resultados de la evaluación de la seguridad realizada por el solicitante, y no a desarrollar argumentos que puedan sustituir a los datos que faltan y debiera haber aportado el solicitante».

A la luz de la historia de la EFSA de defender los intereses de la industria de los transgénicos en lugar de los del público, sería sorprendente que la autoridad admitiera ahora que los transgénicos que contienen la toxina Cry1Ac plantean algún riesgo. Sin embargo, si es fiel a la ciencia, eso es exactamente lo que debe hacer.

Notas:

1. Política alimentaria de la UE (2018). OGMs: La Comisión pide una evaluación urgente de las alergias. 19 Oct. sólo por suscripción; no hay enlace directo. http://www.eufoodpolicy.com

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La destrucción provocada por los cultivos de soja en la Argentina llega directamente a nuestros platos

El bosque del Gran Chaco argentino está siendo arrasado por la soja, que termina en Europa como alimento para animales, y en nuestros platos. Es la columna vertebral de la frágil economía argentina, pero ha tenido un enorme impacto en los indígenas que viven allí.

por Uki Goñi desde Salta, 26 de octubre de 2018

The Guardian

La magnitud de la destrucción es dolorosa de ver. Volando sobre el área alrededor de la comunidad indígena de El Corralito, sólo quedan finas franjas verdes entre vastos campos de tierra pálida, recién desmontada, unas líneas blancas paralelas de las cenizas de los árboles arrasados por los bulldozers.

Hace apenas unos años, esta extensión de tierra de la provincia de Salta, en el norte de Argentina, aún era bosque, hogar del pueblo wichí, y parte del gigantesco bosque del Gran Chaco que se extiende por el norte de Argentina y sus países vecinos Bolivia, Paraguay y Brasil. Segundo después de la Amazonia en Sudamérica por su tamaño y biodiversidad, el Gran Chaco cubre 250.000 millas cuadradas.

 32 permisos de deforestación han sido expedidos en Salta en los últimos años por las autoridades provinciales.

 Los científicos estiman que Salta ha perdido casi el 20% de su superficie verde en las últimas dos décadas, un total de más de 1,2 millones de hectáreas.

Desde 1996, cuando el gobierno autorizó la introducción de la soja transgénica, Argentina ha talado casi una cuarta parte de sus bosques nativos. Gran parte de esas tierras recién desmontadas ha sido destinada al cultivo de soja, que ha sido fundamental para la economía argentina, devastada por el ciclo económico. «Argentina se encuentra en una emergencia forestal», dice Natalia Machain, directora de Greenpeace Argentina.

Una vez cosechados, los pequeños granos se trituran. El aceite extraído se utiliza principalmente como combustible, mientras que la harina restante -la proteína- se utiliza para la alimentación animal. Sólo un pequeño porcentaje se convierte en productos alimenticios humanos, como la leche de soja. Alrededor de 43 millones de toneladas de harina de soja, aceite de soja y soja se inundan cada año desde Argentina hacia Rusia, Oriente Medio, Australia y Asia, y la mayor parte se destina a las explotaciones agrícolas de Europa y de Europa.

Argentina es el mayor proveedor europeo de harina de soja, con más de un tercio del total de las importaciones europeas de harina de soja, 9,8 millones de toneladas de un total de 27,1 millones en 2016.

Y el Reino Unido es particularmente dependiente de la soja argentina. Hasta agosto de 2018, según datos de la HMRC, algo más del 50% de toda la harina de soja importada procedía de Argentina; 1 millón de toneladas, por un valor de casi 300 millones de libras esterlinas. Los bosques argentinos están siendo reemplazados por los campos de soja, la cual sirve de alimento a los animales de las explotaciones europeas y llega hasta nuestros platos.

Varias de las principales empresas de alimentos, en particular la empresa de comida rápida McDonald’s, se han comprometido a eliminar aquellos alimentos que contribuyan a la deforestación de sus cadenas de suministro mundiales. La propia Unión Europea ha discutido mucho sobre el tema. Pero en lo que respecta a la gestión de la cadena de suministro, Argentina está muy por detrás de su vecino gigante, Brasil, que tiene más controles debido a su historia de deforestación en la Amazonia.

«La verdad es que actualmente la gestión de la soja en la cadena de suministro en Argentina es una caja negra, y aunque sigue siendo una caja negra, los bosques argentinos están bajo el hacha», dice Toby Gardner, experto en medio ambiente de la Iniciativa Ambiental de Estocolmo, cuyo objetivo es proporcionar un sistema de trazabilidad para las exportaciones de América del Sur. La Mesa Redonda sobre Soja Sostenible está trabajando para tratar de mejorar las cosas, pero ha tenido un éxito limitado.

Un equipo enviado a Argentina por la ONG estadounidense Mighty Earth se encontró con un muro de ladrillos recientemente tratando de determinar qué porcentaje de la soja argentina proviene de áreas deforestadas. «No existe ningún requisito legal para que las empresas documenten el origen geográfico de su soja o aporten pruebas de que ha sido producida legalmente», dice Mighty Earth en un informe sobre el viaje publicado a principios de este año. «Como tal, es actualmente imposible para las empresas europeas que se abastecen de estos comerciantes asegurarse de que la soja que están comprando no ha sido producida debido a la deforestación».

Las cadenas de supermercados europeas a menudo comercializan su carne y sus productos lácteos como sostenibles y producidos localmente, pero el alimento consumido por el ganado a menudo proviene de miles de kilómetros de distancia, dice Mighty Earth. «Como tal, el etiquetado local sólo representa la mitad de la verdad sobre el origen de esta carne.»

Mighty Earth dice que los compromisos medioambientales de las empresas alimentarias son difíciles de cumplir si el ganado criado en Europa se alimenta con harina de soja procedente de un país en el que la trazabilidad sigue siendo opaca. «Los consumidores quieren saber de dónde vienen los productos y quieren que sus alimentos sean producidos de una manera consistente con sus valores», dice Glenn Hurowitz de Mighty Earth. «Hemos hecho grandes avances en cuanto a la trazabilidad de la soja del Amazonas, pero hemos sido ciegos ante la deforestación que está ocurriendo en Argentina».

Sin futuro

Mientras tanto, el pueblo wichí se mantiene impotente mientras su tierra desaparece. «No tenemos futuro», dice Amancio Angel con desesperación. Está parado junto a un grupo de árboles, el único hogar que le queda a su clan después de que otra franja de verde fuera arrancada a principios de este año por unas excavadoras gigantes que arrastraban cadenas a través del bosque cada vez más escaso. «Utilizamos ese bosque para cazar y recolectar fruta, la gente de otras comunidades consiguió miel allí, ahora la vida se ha vuelto imposible», dice Amancio.

Ahora ya casi ha desaparecido, parte de las 9.000 hectáreas (un área de aproximadamente una vez y media el tamaño de la isla de Manhattan) destinadas a ser deforestadas por sólo uno de un total de 32 permisos de deforestación emitidos en los últimos años por las autoridades provinciales de Salta.

El problema es que con su economía en perpetuo cambio, Argentina depende de la soja para su sostenimiento financiero. La materia prima es la columna vertebral de su economía. La soja combinada, la harina de soja y el aceite de soja representan el 31% de las exportaciones del país. El auge de las exportaciones de productos básicos como la soja ayudó a la economía argentina a crecer un asombroso promedio anual del 7,7% entre 2004 y 2010, después de su catastrófico colapso económico de 2001-2002. Argentina gastó gran parte de los beneficios inesperados en el pago de la deuda, incluida la cancelación de toda su deuda con el FMI en 2006.

El problema es que con su economía en perpetuo cambio, Argentina depende de la soja para su sostenimiento financiero. La materia prima es la columna vertebral de su economía. La soja combinada, la harina de soja y el aceite de soja representan el 31% de las exportaciones del país. El auge de las exportaciones de productos básicos como la soja ayudó a la economía argentina a crecer un asombroso promedio anual del 7,7% entre 2004 y 2010, después de su catastrófico colapso económico de 2001-2002. Argentina gastó gran parte de los beneficios inesperados en el pago de la deuda, incluida la cancelación de toda su deuda con el FMI en 2006.

Pero como Argentina ha tenido que volver al FMI para obtener un rescate de 57.000 millones de dólares (43.000 millones de libras esterlinas) este año -el mayor préstamo en la historia del FMI-, es poco probable que el gobierno de centro-derecha del presidente Mauricio Macri tome ninguna medida para restringir el crecimiento de sus mayores exportaciones. Argentina cuenta con una cosecha récord en 2019 para salir de su última recesión económica después de una devaluación del 50% de su moneda en lo que va de año.

Sin embargo, en respuesta a la presión de los grupos ecologistas para detener la deforestación desenfrenada, el Congreso argentino aprobó una ley que entró en vigor en 2009 que divide la selva del país en áreas rojas (intocables), amarillas (de uso mixto) y verdes (disponibles para deforestar). Desafortunadamente para comunidades como El Corralito, la ley ha sido respetada más en su incumplimiento que en la observancia, con provincias autorizando grandes proyectos de deforestación en zonas protegidas rojas y amarillas. En Salta, por ejemplo, más de 170.000 hectáreas protegidas -un área más grande que el Gran Londres- han sido arrasadas por la excavadora desde que la ley entró en vigor.

A principios de este año, el gobierno nacional se vio obligado a intervenir y se estableció una moratoria en Salta. Pero la deforestación continúa, según Greenpeace Argentina. El gobernador local, Juan Manuel Urtubey, un político de 49 años, guapo y de voz baja, que ha gobernado Salta desde 2007, y es un probable candidato en las próximas elecciones presidenciales de Argentina en 2019, puede haber dado muchos permisos, aunque desaprueba la actitud de los terratenientes, que continuaron con el desmonte de las tierras después de que se impusiera en enero la suspensión de la moratoria.

«Las operaciones de limpieza realizadas fuera del marco de la ley son un delito y se están llevando a cabo instancias administrativas y judiciales para que quienes cometieron ese delito paguen su responsabilidad», dice.

El problema es que la ley sólo establece multas monetarias moderadas para los infractores. «Las multas no son en absoluto disuasorias, los productores simplemente las consideran como otro coste», dice Noemí Cruz, una activista indígena de Greenpeace.

Las estadísticas son preocupantes. Los científicos estiman que Salta ha perdido casi el 20% de su cobertura verde en las últimas dos décadas, un total de más de 1,2 millones de hectáreas. Las imágenes de satélite son devastadoras, con grandes manchas rojas de áreas deforestadas que se extienden como un reguero de pólvora por todo el territorio salteño.

«Lo que los productores han hecho para eludir la ley forestal es obtener declaraciones escritas de los jefes de las comunidades que aceptan la deforestación a cambio de casas y agua», dice Ana Álvarez, una abogada que defiende los derechos de los indígenas. «Estas declaraciones, a menudo firmadas con una huella dactilar por los wichis que no saben leer ni escribir en español, son utilizadas por los terratenientes para obtener permisos de deforestación de la provincia».

El gobernador Urtubey promete que se está tomando en serio el tema de la deforestación. «Estamos discutiendo una ley para duplicar el tamaño de las áreas protegidas en Salta», dijo Urtubey al diario The Guardian. «Así que tendremos 4 millones de hectáreas de áreas protegidas y 2 millones de hectáreas de agricultura. Estamos trabajando con el gobierno nacional, las organizaciones ambientales y los productores sobre cómo reducir el impacto ambiental de las actividades productivas evaluando caso por caso».

El efecto no sólo lo sienten los wichí. La soja ha provocado un éxodo rural de las zonas productoras de leche y carne de vacuno, desplazando a los agricultores locales en favor de la producción mecanizada por parte de gigantescos consorcios que ejercen una enorme influencia económica. El espectáculo del gaucho a caballo, el equivalente argentino del vaquero estadounidense, seguido por los perros, ha desaparecido del paisaje. Muchos terratenientes han derribado sus granjas para dar más espacio a la soja.

Durante un viaje de dos horas por caminos de tierra en Salta, una vez poblados por gauchos, familias campesinas, caballos y perros, el único tráfico que se encontró fue un camión con un remolque que transportaba una excavadora gigante para talar más bosque, seguido de un pequeño tractor que tiraba de una cisterna que transportaba combustible para el mata árboles.

El beneficio a corto plazo para la economía argentina tiene un alto precio. «La soja destruye los bosques nativos y disminuye la capacidad de infiltración de los suelos», dice el activista indígena Cruz. «Sus agroquímicos asociados contaminan la capa freática y los acuíferos. En el área del Gran Chaco hay poca agua para empezar, por lo que la contaminación de las fuentes naturales de agua es doblemente grave». La salinización del suelo, que lo hace inutilizable para la siembra, es otro problema asociado a la producción de soja.

John Palmer, un antropólogo británico que vive en Salta desde los años 90, dice que el mensaje para los wichí es: «Adiós a los indígenas. Este mundo no es un lugar para ti. El mundo es un lugar para nosotros, los grandes derrochadores, los que ganan mucho dinero, para eso está el mundo».

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El ejército de insectos del Pentágono

Nubes de insectos, que transportan virus infecciosos genéticamente modificados, atacan los cultivos agrícolas de un país y destruyen su producción de alimentos – no es un escenario de ciencia ficción, sino un plan que está siendo preparado por DARPA, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa del Pentágono.

Por Manlio Dinucci, 10 de octubre de 2018

Global Research

Cinco científicos de una universidad francesa y dos alemanas han divulgado esta información en Science, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo. En su editorial, publicado el 5 de octubre, ponen seriamente en duda la idea de que la investigación de DARPA, titulada «aliados de los insectos», esté dirigida únicamente al uso declarado por la Agencia: la protección de la agricultura estadounidense contra los patógenos mediante el uso de insectos como vectores de virus infecciosos modificados genéticamente. Estos virus se transmiten a las plantas y modifican sus cromosomas. Esta capacidad, como declararon los cinco científicos, parece ser «muy limitada».

Sin embargo, en el ámbito científico, el programa se percibe «como un intento de desarrollar agentes biológicos con fines hostiles y sus sistemas vectores», es decir, «una nueva forma de arma biológica». Esto viola la Convención sobre Armas Biológicas, que entró en vigor en 1975, pero que ha permanecido inactiva debido principalmente a la negativa de los Estados Unidos a aceptar inspecciones de sus propios laboratorios.

Los cinco científicos precisan que «podrían utilizarse simplificaciones fáciles para generar una nueva clase de armas biológicas, armas que serían extremadamente transmisibles a especies de cultivos susceptibles debido a la dispersión de insectos como vectores».

Este escenario de un ataque a las cultivos agrícolas en Rusia, China u otros países, liderado por el Pentágono con una infinidad de insectos que transportan el virus, no es una fábula de ciencia ficción. El programa DARPA no es el único que utiliza los insectos como arma de guerra. La Oficina de Investigación Naval de los Estados Unidos ha solicitado a la Universidad de Washington en San Luis una investigación para transformar las langostas en drones biológicos.

https://www.youtube.com/watch?time_continue=11&v=_RXW_sga-Ks

Utilizando un electrodo implantado en su cerebro y un pequeño transmisor en la espalda del insecto, el operador en el suelo puede descifrar lo que las antenas de la langosta están detectando. Estos insectos tienen una capacidad olfativa capaz de percibir instantáneamente varios tipos de sustancias químicas en el aire – lo que permite la identificación de depósitos de explosivos y otros sitios que pueden ser alcanzados por ataques aéreos o de misiles.

En el editorial de la revista Science, los cinco científicos mencionaron escenarios aún más aterradores. El programa DARPA -subrayan- es el primer programa relativo al desarrollo de virus modificados genéticamente que pueden propagarse por todo el medio ambiente y que podrían infectar a otros organismos «no sólo en la agricultura». En otras palabras, los seres humanos podrían figurar entre los organismos potencialmente afectados por los virus infecciosos transmitidos por insectos.

Sabemos que durante la Guerra Fría, en los laboratorios de los EE.UU. y otras naciones, se llevaron a cabo investigaciones sobre bacterias y virus – cuando estos agentes se propagan a través de insectos (piojos, moscas, garrapatas), pueden desencadenar epidemias en la nación enemiga. Entre ellas, la bacteria Yersinia Pestis, causante de la peste bubónica (la aterradora «Muerte Negra» de la Edad Media) y el virus del Ébola, que es a la vez contagioso y letal.

Con las técnicas disponibles hoy en día, es posible producir nuevos tipos de patógenos, propagados por insectos, para los cuales la población objetivo no tendría defensa.

Las «plagas» que en la narración bíblica fueron enviadas por Dios para golpear a Egipto con enormes nubes de mosquitos, moscas y langostas, pueden ser enviadas hoy en día por los seres humanos para azotar a todo el mundo. Esta vez, no estamos siendo advertidos por profetas, sino por científicos que han perdido su humanidad.

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Este artículo fue publicado originalmente en italiano en Il Manifesto.

Traducido por Pete Kimberley

Manlio Dinucci es Investigador Asociado del Centro de Investigación sobre la Globalización.

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Peligros encubiertos para la salud: Un antiguo empleado de la Agrobiotecnología desea que se eliminen los cultivos transgénicos que desarrolló

Por Caius Rommens, 8 de octubre de 2018

Independent Science News

La ingeniería genética no es el sueño de todos los niños. Ni siquiera a mí me gustaba cuando empecé a estudiar biología en la Universidad de Amsterdam, pero mi profesor me explicó que el gusto se adquiere con la práctica y era la mejor opción para obtener un buen trabajo. Así que, disipé mis dudas y aprendí a extraer ADN de las plantas, recombinar el ADN en tubos de ensayo, reinsertar las fusiones en las células de las plantas y utilizar hormonas para regenerar nuevas plantas.

La gente dice que el amor es ciego, pero yo empecé a amar lo que empezó ciegamente. O, quizás, lo que comenzó como un gusto adquirido pronto se convirtió en una adicción peligrosa. La ingeniería genética se convirtió en parte de mí.

Después de obtener el doctorado, fui a la Universidad de California en Berkeley para ayudar en el desarrollo de una nueva rama de la ingeniería genética. Aislé varios genes de resistencia a las enfermedades de plantas silvestres y demostré, por primera vez, que estos genes podían conferir resistencia a las plantas de cultivo. A Monsanto le gustó mi trabajo y me invitó a dirigir su nuevo programa de control de enfermedades en San Luis en 1995.

No debería haber aceptado la invitación. Sabía, incluso entonces, que los patógenos no pueden ser controlados por un solo gen. Adquieren rápidamente resistencia contra las

barreras para evitar la infección. Los insectos y las plantas tardan entre dos y tres décadas en superar un gen de resistencia, pero los patógenos tardan sólo unos pocos años, como mucho, en hacer lo mismo.

Sin embargo, acepté la invitación y los seis años posteriores se convirtieron en un verdadero campo de entrenamiento en ingeniería genética. Aprendí a aplicar muchos trucos sobre cómo cambiar el carácter de las plantas y aprendí a dejar de preocuparme por las consecuencias de tales cambios.

En el año 2000, dejé Monsanto y comencé un programa biotecnológico independiente en J.R. Simplot Company en Boise, Idaho. Simplot es uno de los mayores empresas de transformación de patatas del mundo. Mi objetivo era desarrollar patatas transgénicas que fueran admiradas por los agricultores, procesadores y consumidores. La ingeniería genética se había convertido en una obsesión en aquel momento, y yo desarrollaba al menos 5.000 versiones diferentes de transgénicos cada año, más que cualquier otro ingeniero genético. Todas estas variedades potenciales fueron reproducidas, cultivadas en invernaderos o en el campo, y evaluadas por sus características agronómicas, bioquímicas y moleculares.

La experiencia casi diaria que viví fue que ninguna de mis modificaciones mejoró el vigor o el potencial de rendimiento de la patata. En contraste, la mayoría de las variedades de transgénicos eran raquíticas, cloróticas, mutadas o estériles, y muchas de ellas murieron rápidamente, como los bebés nacidos prematuramente.

A pesar de todas mis silenciosas decepciones, finalmente combiné tres nuevas características en las patatas: resistencia a las enfermedades (para los agricultores), ausencia de decoloración de los tubérculos (para los procesadores) y reducción de la carcinogenicidad de los alimentos (para los consumidores).

Era tan difícil para mí considerar que mis variedades de transgénicos pudieran ser dañinas como lo es para los padres dudar de la perfección de sus hijos. Nuestra suposición era que los transgénicos son seguros. Pero mi ímpetu probiotecnológico finalmente se agotó y se descompuso por completo.

Identificé algunos errores menores y tuve mis primeras dudas sobre los productos de mi trabajo. Quería reevaluar nuestro programa y ralentizarlo, pero era demasiado tarde. Los responsables de las empresas ya estaban implicados. Vieron señales de dólares. Querían ampliar y acelerar el programa, no ralentizarlo.

Decidí dejarlo en 2013. Fue doloroso dejar atrás la mayor parte de mi vida adulta.

El verdadero alcance de mis errores se me hizo obvio sólo después de que me mudé a una pequeña granja en las montañas del noroeste del Pacífico. Por aquel entonces, Simplot ya había anunciado la aprobación reglamentaria de mis variedades de transgénicos A medida que la compañía empezó a planear una introducción silenciosa en los mercados de América y Asia, fui criando plantas y animales de forma independiente, utilizando métodos convencionales. Y como todavía me sentía incómodo con mi pasado empresarial, también reevalué las cerca de doscientas patentes y artículos que había publicado en el pasado, así como las diversas peticiones de desregulación.

Ya no soy tan parcial, puedo identificar fácilmente los errores más importantes.

«Con los errores la vida da la vuelta.

Ahora puedes ver exactamente lo que hiciste.

Equivocado ayer y equivocado anteayer.

Y cada error lleva a algo peor».

(James Fenton)

Por ejemplo, habíamos silenciado tres de los genes mejor conservados de la patata, asumiendo que los tres cambios genéticos tendrían un solo efecto cada uno. Fue una suposición absurda porque todas las funciones de los genes están interconectadas. Cada cambio provocó un efecto dominó. Debería haber estado claro para mí que silenciar el gen de la ‘melanina’ PPO tendría numerosos efectos, incluyendo un deterioro de la respuesta natural de tolerancia al estrés de las patatas. De manera similar, la asparagina y la glucosa se encuentran entre los compuestos más básicos de una planta, así que ¿por qué creí que podía silenciar los genes ASN e INV involucrados en la formación de estos compuestos? ¿Y por qué nadie me cuestionaba?

Otra suposición curiosa era la de que me sentía capaz de predecir la ausencia de efectos a largo plazo no intencionados sobre la base de experimentos a corto plazo. Era la misma suposición que los químicos habían utilizado cuando comercializaban el DDT, el Agente Naranja, los PCBs, la rGBH, etc.

Las variedades de transgénicos que he desarrollado se están comenrcializando bajo nombres aparentemente inocuos, como Innate, Hibernate y White Russet. Se describen como mejores y más fáciles de usar que las patatas normales y contienen menos hematomas, pero la realidad es diferente. Es probable que las patatas transgénicas acumulen al menos dos toxinas que están ausentes en las patatas normales, y las versiones más nuevas (Innate 2.0) pierden adicionalmente sus cualidades sensoriales cuando se fríen. Además, las patatas transgénicas contienen al menos tantas magulladuras como las patatas normales, pero estas magulladuras indeseables están ahora ocultas.

Hay muchos más problemas, y algunos de ellos podrían haberse identificado antes si no se hubieran ocultado con estadísticas engañosas en las solicitudes de desregulación. ¿Cómo se me pasaron estos problemas? ¿Por qué confié en los estadísticos? ¿Cómo pudo la USDA haber confiado en ellos? Mi reevaluación de los datos muestra claramente que las variedades de transgénicos están seriamente comprometidas en su potencial de rendimiento y en su capacidad para producir tubérculos normales.

Desafortunadamente, la mayoría de las patatas transgénicas terminan siendo alimentos no etiquetados que son indistinguibles de los alimentos normales. Los grupos de consumidores tendrían que llevar a cabo pruebas de PCR para determinar si ciertos productos, incluidas las patatas fritas y las patatas fritas, contienen o no material modificado genéticamente.

Dada la naturaleza de la industria de la patata, las variedades de patata más comunes, como Russet Burbank y Ranger Russet, pronto se contaminarán con material transgénico.

Ahora he resumido las nuevas conclusiones de este trabajo pasado (sin revelar los secretos de la empresa -estoy obligado por acuerdos de confidencialidad-) en un libro titulado ‘Pandora’s Potatoes’ (Las Patatas de Pandora). Este libro, que ya está disponible en Amazon, explica por qué renuncio a mi trabajo en Simplot y por qué las variedades de transgénicos deberían ser retiradas del mercado. Es una advertencia y una llamada a la acción: una esperanza de que otros se adelanten con pruebas adicionales, para que el público, con sus limitados medios financieros, tenga la oportunidad de contrarrestar la estrechez de miras de la industria biotecnológica.

Mi libro describe los muchos problemas ocultos de las patatas transgénicas, pero las patatas transgénicas no son la excepción. Son la regla. Podría haber escrito (y podría escribir) sobre las variedades experimentales de transgénicos que desarrollamos en Monsanto, que contienen una proteína antifúngica que ahora reconozco como alergénica, sobre la resistencia a las enfermedades que dañan a los insectos, o sobre cualquier otra cosa en ingeniería genética.

El 3 de mayo de 2018 el columnista Michael Gerson escribió en el Washington Post: «Anti transgénicos es anticiencia». Mitch Daniels, su colega, se hizo eco de su declaración y añadió: «No es sólo anticiencia. Es inmoral.» Pero estos dos columnistas no son científicos. No entienden el nivel de prejuicio y autoengaño que existe entre los ingenieros genéticos. De hecho, cualquiera que esté a favor de la ciencia debería entender que la ciencia está destinada a estudiar la naturaleza, no a modificarla, y ciertamente no a predecir, a la luz de pruebas sólidas, la ausencia de efectos no deseados.

El verdadero movimiento anticientífico no está en las calles. Está, como descubrí, en los laboratorios de la América corporativa.

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El artífice de las patatas transgénicas revela una inquietante verdad

Por Sustainable Pulse, 9 de octubre de 2018

Sustainable Pulse

El ex director de J.R. Simplot y jefe de equipo de Monsanto, Caius Rommens, ha desvelado los peligros ocultos de las patatas transgénicas que ha desarrollado, en una extensa entrevista para Sustainable Pulse, el mismo día que su libro «Pandora’s Potatoes» (Las patatas de Pandora): El «peor transgénico» fue distribuido por Amazon.

¿Cuántos años trabajó en el desarrollo de las patatas transgénicas? ¿Fue un trabajo de laboratorio o salió a ver las explotaciones de cultivo de patatas?

Durante mis 26 años como ingeniero genético, desarrollé cientos de miles de patatas transgénicas diferentes a un coste directo de unos 50 millones de dólares. Comencé mi trabajo en las universidades de Ámsterdam y Berkeley, continué en Monsanto y luego trabajé durante muchos años en la empresa J. R. Simplot, que es una de las mayores productoras de patatas del mundo. Hice probar mis patatas en invernaderos o en el campo, pero rara vez salía del laboratorio para visitar las explotaciones o las estaciones experimentales. De hecho, creía que mis conocimientos teóricos sobre la patata eran suficientes para mejorarla. Este fue uno de mis mayores errores.

¿Las patatas transgénicas que usted ayudó a desarrollar han sido aprobadas por la FDA y la EPA en los EE.UU. o en otras partes del mundo?

Es sorprendente que el USDA y la FDA aprobaran las patatas transgénicas sólo evaluando nuestros propios datos. ¿Cómo pueden las agencias reguladoras asumir que no hay sesgo? Cuando estaba en J.R. Simplot, realmente creía que mis patatas transgénicas eran perfectas, al igual que un padre cree que sus hijos son perfectos. Fui parcial y todos los ingenieros genéticos son parciales. No es sólo un sesgo emocional. Necesitamos que se aprueben los cultivos transgénicos. Hay una tremenda presión para tener éxito, para justificar nuestra existencia desarrollando modificaciones que crean cientos de millones de dólares en valor. Probamos nuestros cultivos transgénicos para confirmar su seguridad, no para cuestionar su seguridad.

Las solicitudes para la desregulación están llenas de datos sin sentido, pero apenas incluyen intentos de revelar los efectos no deseados. Por ejemplo, las solicitudes describen el sitio de inserción del transgén, pero no mencionan las numerosas mutaciones aleatorias que ocurrieron durante las manipulaciones del cultivo de tejidos. Y las solicitudes proporcionan datos sobre compuestos que son seguros y no cuentan, como los aminoácidos y azúcares comunes, pero apenas dan mediciones sobre los niveles de toxinas o alérgenos potenciales.

Las agencias canadienses y japonesas también aprobaron nuestras patatas transgénicas, y actualmente se están considerando su aprobación en China, Corea del Sur, Taiwán, Malasia, Singapur, México y Filipinas.

¿Cuál fue su papel en Monsanto y en J.R. Simplot?

Dirigí un pequeño equipo de 15 científicos en Monsanto, y dirigí todo el trabajo de investigación y desarrollo biotecnológicos en Simplot (hasta 50 científicos). Mi enfoque inicial fue en el control de enfermedades, pero finalmente consideré todos los rasgos con valor comercial. He publicado cientos de patentes y estudios científicos sobre los diversos aspectos de mi trabajo.

¿Por qué dejó primero Monsanto y luego J.R. Simplot?

Dejé Monsanto para iniciar un programa biotecnológico independiente en J.R. Simplot, y dejé J.R. Simplot cuando mi ímpetu «pro-biotecnología» se estaba desvaneciendo y empezó a desmoronarse, cuando descubrí los primeros errores. Estos primeros errores fueron menores, pero me hicieron sentir incómodo. Me di cuenta de que tenía que haber errores más grandes aún ocultos a mi vista.

Dediqué muchos años de mi vida al desarrollo de las patatas transgénicas, y al principio creí que mis patatas eran perfectas, pero luego empecé a dudar. De nuevo me llevó muchos años dar un paso atrás en mi trabajo, reconsiderarlo y descubrir los errores. Mirándome a mí y a mis colegas, creo ahora que nos lavaron el cerebro a todos, y nos lavamos el cerebro a nosotros mismos. Creíamos que la esencia de la vida era una molécula muerta, el ADN, y que podíamos mejorar la vida cambiando esta molécula en el laboratorio. También asumimos que el conocimiento teórico era todo lo que necesitábamos para tener éxito, y que un solo cambio genético siempre tendría un solo efecto intencional.

Se suponía que debíamos entender el ADN y hacer modificaciones muy útiles, pero el hecho es que sabíamos tan poco sobre el ADN como el americano promedio sabe sobre la versión sánscrita del Bhagavad Gita. Sólo sabíamos lo suficiente como para ser peligrosos, especialmente cuando se combina con nuestra parcialidad y estrechez de miras. Nos centramos en los beneficios a corto plazo (en el laboratorio) sin considerar los déficits a largo plazo (en el campo). Fue el mismo tipo de pensamiento que produjo el DDT, los PCB, el Agente Naranja, la hormona de crecimiento bovina recombinante, y así sucesivamente. Creo que es importante que la gente entienda lo poco que saben los ingenieros genéticos, lo sesgados que están y lo equivocados que pueden estar. Mi historia es sólo un ejemplo.

¿Acaso las patatas transgénicas no dan lugar a mayores rendimientos y a tubérculos más grandes?

De alguna manera me las arreglé para ignorar la experiencia casi diaria de que las patatas transgénicas no eran tan sanas como las patatas normales. A menudo eran deformes, atrofiadas, cloróticas, necróticas y estériles, y muchas plantas transgénicas a menudo morían rápidamente. Una de las razones de esta inferioridad genética es que las patatas transgénicas se derivan de células «somáticas», que están destinadas a vivir sólo una temporada (para sostener un tallo o una estructura foliar). Estas células no tienen la integridad genética para crear nuevas plantas (como las células de polen y los óvulos). Así que, al transformar las células somáticas, creamos patatas transgénicas que contenían cientos de mutaciones genéticas, y estas mutaciones comprometieron el rendimiento. Además, las modificaciones genéticas a menudo tienen efectos «no deseados» que afectan negativamente tanto al rendimiento agronómico como a la calidad nutricional de un cultivo.

Las patatas transgénicas son resistentes a las magulladuras, ¿no es esto un gran beneficio para los agricultores y los productores de alimentos?

Las patatas normales desarrollan fácilmente tejidos dañados que son puntos de entrada para patógenos y puntos de salida para el agua. Yo creía que las patatas transgénicas eran resistentes a los golpes, pero ahora entiendo que estaba equivocado. Las patatas transgénicas se magullan con la misma facilidad que las patatas normales, pero las magulladuras están ocultas. No desarrollan el color oscuro que ayuda a los productores a identificarlos y recortarlos. No entendía que mis patatas eran incapaces de depositar melanina, un compuesto protector, cuando estaban dañadas o infectadas. Más importante aún, no entendía que los hematomas ocultos acumulan ciertas toxinas que pueden comprometer la calidad nutricional de los alimentos con patatas.

¿Son genéticamente estables las características biotecnológicas de las patatas modificadas genéticamente?

Un rasgo es estable sólo si encaja en el entorno natural del genoma de la planta. Si no encaja, como suele ocurrir con los cultivos transgénicos, el rasgo puede silenciarse o recombinarse. Mis ex colegas de Syngenta y Monsanto a menudo me hablaban de sus problemas (no reportados) con el maíz y la soja transgénicos, pero ninguno de sus cultivos era tan inestable como las patatas transgénicas. Dos de los rasgos de la patata ya se han perdido y varios otros parecen estar debilitándose.

La resistencia al tizón tardío en las patatas transgénicas se ha vendido como un gran avance, ¿no es así?

El tizón tardío es una de las pocas enfermedades de las plantas que despierta la imaginación, sobre todo porque causó grandes hambrunas en Europa que obligaron a millones de europeos a emigrar a los Estados Unidos. Pero eso fue en la década de 1840. El tizón tardío no es un gran problema cuando la mayoría de las patatas se cultivan en los Estados Unidos, que se encuentra en el árido noroeste, y el tizón tardío representa un problema manejable en las regiones productoras de patatas más pequeñas y húmedas. A los agricultores les gustaría tener acceso a patatas resistentes al tizón tardío, pero todavía tendrían que preocuparse por docenas de otras enfermedades y plagas que pueden ser igualmente dañinas.

Mi preocupación es que cualquier intento de promover la producción de patatas transgénicas en regiones húmedas (tan vulnerables como Bangladesh e Indonesia) en realidad aumentaría en lugar de reducir los problemas de enfermedades. Además, el tizón tardío es uno de los patógenos más dinámicos que afectan a la agricultura. Se sabe que evoluciona rápidamente alrededor de cualquier barrera que se interponga. Por lo tanto, la eficacia de un gen de resistencia al tizón tardío nunca puede ser garantizada, y el gen de la resistencia puede romperse en cualquier momento. De hecho, algunas cepas europeas y centroamericanas ya han superado la resistencia.

¿Son las patatas transgénicas menos cancerígenas, como sugiere la industria de los transgénicos?

Supongo que mucha gente se preguntará: ¿son las patatas cancerígenas? No creo que haya ninguna prueba de ello. Por lo tanto, una pregunta aún más interesante es: ¿por qué se promovería la patata transgénica como menos cancerígena?

¿Las patatas transgénicas incluyen un gen adquirido de forma ilegal?

Modifiqué la mayoría de las patatas usando su propio ADN. En otras palabras, utilicé el ADN de una variedad pública para crear una variedad patentada. Esta estrategia puede ser éticamente problemática pero es legalmente aceptable. Sin embargo, uno de los genes que se utilizaron para crear las patatas transgénicas se deriva de una planta única de patata silvestre que crece en Argentina. Creo que la obtención y patente de este gen sin permiso de Argentina fue un acto de biopiratería.

¿Es posible que las patatas modificadas genéticamente causen silenciamiento genético en otras patatas o en insectos polinizadores como las abejas?

El problema con ciertos insectos, incluyendo las abejas, es que no pueden degradar los pequeños ARN de doble cadena que causan el silenciamiento de genes. Estos ARNs de doble cadena tenían la intención de silenciar varios genes de la patata en los tubérculos, pero es probable que también se expresen en el polen. Por lo tanto, cuando el polen es consumido por las abejas, los ARNs de doble cadena en este polen pueden silenciar los genes de las abejas que comparten una homología inadvertida.

Su nuevo libro «Pandora’s Potatoes», que está disponible al público por primera vez esta semana, incluye muchos puntos sobre por qué las patatas transgénicas que usted ayudó a desarrollar no deben ser cultivadas por los agricultores o consumidas por el público. ¿Qué le gustaría decirle a la FDA y a la EPA?

El principal problema del actual proceso de desregulación de los cultivos transgénicos es que se basa en una evaluación de los datos proporcionados por los desarrolladores de los cultivos transgénicos. Hay un conflicto de intereses. Propongo que la seguridad de los cultivos transgénicos sea evaluada por un grupo independiente de científicos capacitados para identificar los efectos no deseados.

¿Dónde se puede encontrar tu nuevo libro «Las patatas de Pandora»?

El libro ya está disponible en Amazon.

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Las correcciones de la revista CRT sobre las revisiones del glifosato publicadas por Monsanto sólo cuentan la mitad de la historia

baumhedlundlaw.com, 27 de septiembre de 2018

27 de septiembre de 2018 – Los Angeles, California – – La revista científica Critical Reviews in Toxicology publicó ayer correcciones de algunos artículos que fueron publicados en un número adicional de 2016 dedicado a la revisión de la seguridad del glifosato, el ingrediente activo del herbicida Roundup de Monsanto.

Las correcciones apuntan a que Monsanto no reveló completamente su participación en los cinco artículos publicados bajo el título «An Independent Review of the Carcinogenic Potential of Glyphosate» (Una revisión independiente del potencial carcinogénico del glifosato), en la que se llegó a la conclusión de que había pocas probabilidad de que el glifosato fuera cancerígeno para los seres humanos. El estudio fue redactado por grupos de expertos supervisados por Intertek, una empresa consultora contratada por Monsanto.

Critical Reviews in Toxicology’s publisher, Taylor & Francis, publicó una rara «Expresión de Preocupación» porque los autores de la revisión no proporcionaron «una explicación adecuada de por qué no se alcanzó el nivel necesario de transparencia en la primera publicación».

La corrección de la revista refuerza lo que los abogados de las causas contra el herbicida Roundup han estado diciendo durante años: en lugar de informar a los consumidores y al público sobre la relación entre Roundup y el linfoma no Hodgkin, Monsanto escribió artículos científicos y participó en campañas de relaciones públicas fraudulentos con el fin de dar la impresión de que el herbicida Roundup no tiene efectos nocivos para el medio ambiente.

El bufete nacional de abogados de Baum, Hedlund, Aristei & Goldman, que representa a casi 1.000 demandantes en juicios por cáncer provocado por Roundup, emitió la siguiente declaración sobre las correcciones de la revista:

“Esta decisión confirma, como hemos sostenido durante mucho tiempo en base de las pruebas documentales, que Monsanto hizo contribuciones sustanciales a estos trabajos. Sin embargo, aunque parte de la participación de Monsanto en estas publicaciones ha sido reconocida en las correcciones, la investigación de Taylor & Francis se quedó muy corta para revelar hasta qué punto Monsanto violó las normas científicas y de ética en aquella revisión «independiente».

Las correcciones, que incorporan las disculpas de varios autores por sus defectuosas declaraciones, son un paso en la dirección correcta, pero no van lo suficientemente lejos como para abordar lo que sabemos que es cierto sobre la base de las pruebas.

Por ejemplo:

– Una de las correcciones señala que el Dr. John Acquavella fue «pagado directamente por Monsanto» por su participación en uno de los paneles de expertos. Acquavella recibió 20.000 dólares por su trabajo en el documento de revisión. Sin embargo, no fue el único autor de la revisión que aceptó dinero de Monsanto. Larry Kier recibió más de 27.000 dólares de Monsanto para escribir una de las críticas. Otro correo electrónico de Monsanto confirma que el Dr. Kier era un «consultor» que trabajaba en «la misma función que Acquavella para el panel de expertos». Un tercer autor de la revisión, el Dr. Tom Sorahan, también puede haber recibido un pago directamente de Monsanto basado en un intercambio de correos electrónicos entre Acquavella y Heydens. Los pagos que Monsanto hizo a Kier y posiblemente a Sorahan no han sido corregidos.

– Otra corrección afirma que el científico de Monsanto William Heydens «señaló algunos errores tipográficos». Basándonos en los documentos que tenemos, Heydens hizo algo más que unas correcciones, y trabajar en la edición y organización de las revisiones. En la correspondencia por correo electrónico con el Dr. Ashley Roberts de Intertek, Heydens admite haber escrito «un borrador del capítulo de introducción» para la serie de reseñas, y luego pregunta a Roberts «quién debería ser el autor final» del capítulo de introducción que escribió como escritor fantasma. La participación del Dr. Heydens en estas revisiones sigue sin corregirse a pesar de que muchas de sus ediciones y revisiones se encuentran en el manuscrito final publicado.

– Las revisiones fueron concebidas como parte de un plan de la empresa para desacreditar a la IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer) mucho antes de que la agencia llegara a la conclusión de que el glifosato es un probable carcinógeno humano. Uno de los objetivos del plan era «orquestar las protestas contra la decisión de la IARC, mientras que otro plan dejaba claro que la empresa buscaba una «retractación de la OMS» y daba prioridad a «invalidar la relevancia de la IARC». Una «Reunión Post-IARC» de Monsanto detalla a aquellos científicos que Monsanto califica como de autores potenciales. La presentación de la reunión también plantea la siguiente pregunta: «¿Cuánto pueden escribir los científicos de Monsanto para ayudar a mantener bajos los costes? En un correo electrónico bajo el título «Actividades post-IARC para apoyar el glifosato», el ejecutivo de Monsanto Michael Koch escribió que la revisión de los datos obtenidos en los estudios con animales citados por la IARC debería ser «iniciada por MON empleando escritores fantasma», y que «esto tendría más validez si fuera escrito por científicos de fuera de Monsanto (por ejemplo, Kirkland, Kier, Williams, Greim y quizás Keith Solomon).

– Los autores de estos documentos citaron reseñas anteriores que fueron escritas por Monsanto. En un correo electrónico en el que se discutía el plan para los artículos de la revisión, Heydens escribió: «Una opción sería añadir Greim y Kier o Kirkland para que sus nombres figuren en la publicación, pero mantendráimso bajo los costes si nosotros los escribiéramos y ellos simplemente editarían y firmarían sus nombres por así decirlo». Recuerden que así es como manejamos a Williams, Kroes & Munro, 2000″.

Aunque nos complace que la revista tome medidas para corregir algunas de las falsedades de la declaración original de conflictos de interés y reconocimiento, y encomiamos a los autores que se disculparon por su violación de los requisitos de divulgación, la integridad científica de esta «revisión» se vio comprometida el día de su publicación y, por lo tanto, es necesaria una divulgación completa de la participación de Monsanto, la redacción fantasma y los pagos a los expertos que socavan cualquier afirmación de su independencia.

Nuestra publicación de los Documentos de Monsanto y su parte en el reciente veredicto de Monsanto claramente presionó a estos autores para que tomaran al menos estos pasos para corregir la falsa impresión de que sus revisiones eran ajenas a la participación y dirección de Monsanto. Es una pena que Monsanto y ahora Bayer se nieguen a disculparse por su papel en este asunto. Seguiremos presionando a Monsanto y a Bayer para que reivindiquen los derechos de nuestros clientes”.

Las acusaciones de escritura fantasma ha sido asunto central en el veredicto del herbicida Roundup contra Monsanto

Monsanto ha mantenido durante mucho tiempo que la revisión del glifosato de 2016 en Critical Reviews in Toxicology era independiente, y la Declaración de Intereses inicial subrayaba la afirmación de la empresa:

«Los expertos fueron contratados por Intertek y actuaron como consultores de Intertek, y no fueron contratados directamente por la Compañía Monsanto. La financiación para esta evaluación fue proporcionada a Intertek por la empresa Monsanto, que es un productor primario del glifosato y de productos que contienen este ingrediente activo. Ni los empleados de la compañía Monsanto ni los representantes legales revisaron los manuscritos del Panel de Expertos antes de enviarlos a la revista».

Pero según documentos internos de la compañía obtenidos durante el litigio contra el herbicida Roundup de Monsanto, es evidente que «An Independent Review of the Carcinogenic Potential of Glyphosate» era cualquier cosa menos independiente.

En la primera demanda de Monsanto Roundup se presentaron alegaciones recogidas en la literatura científica escrita por escritores fantasma sobre el glifosato y Roundup. La demanda, presentada por el jardinero de California, Dewayne «Lee» Johnson, culminó en un veredicto que obligada a Monsanto al pago de 289,2 millones de dólares.

Los documentos internos de la compañía que ahora forman parte de los Documentos de Monsanto muestran que el científico y ejecutivo de Monsanto, William Heydens, no sólo se limitó a revisar la evaluación del glifosato, sino que en realidad redactó y editó el trabajo sin revelar su participación ni la de su empresa.

En una comunicación por correo electrónico entre Heydens y el Dr. Ashley Roberts, Heydens escribió:

«OK, he repasado todo el documento e indicado lo que creo que debería quedarse, lo que puede quedar, y en un par de lugares edité el contenido. Me esforcé en añadir un pequeño texto: en la página 10 para abordar los comentarios de John sobre el uso de los criterios de Hill’s por parte de los toxicólogos…»

Heydens también discutió con uno de los autores del documento, el Dr. John Acquavella, acerca de las declaraciones que quería incluir sobre la IARC. En los comentarios de un borrador del documento, Acquavella consideró que las afirmaciones «inflamatorias» y «no necesarias», a las que Heydens se refería, » Yo ignoraría el comentario de John».

Durante una declaración, Heydens admitió que se le enviaron borradores de los manuscritos de la revisión del glifosato, y que leyó «partes de ellos» antes de que se publicara el artículo. Cuando se le preguntó si había editado partes del manuscrito, Heydens dijo: «No lo recuerdo».

«Aunque estoy contento de que la revista haya constatado que fueron engañados al publicar estos artículos, una retractación está más que justificada por esta situación», dijo Nathan Donley, científico principal del Centro para la Diversidad Biológica. Donley fue uno de los cuatro científicos que envió una carta a los editores de Critical Reviews in Toxicology el año pasado pidiendo una retractación.

«Además, la revista parece estar permitiendo que la frase ‘una revisión independiente’ permanezca en el título del número. No hay nada independiente en esta revisión, ni por asomo».

Revisiones actualizadas con nuevas secciones de Agradecimientos y Declaración de Intereses

Varios de los autores presentaron sus disculpas en las secciones actualizadas de la Declaración de intereses de tres de los cinco documentos de revisión, entre ellos:

Keith R. Solomon (ha trabajado como consultor para Monsanto)

David Brusick (ha trabajado como consultor para Monsanto)

Marilyn Aardema

Larry Kier (ha trabajado como consultor para Monsanto)

David Kirkland (ha trabajado como consultor para Monsanto)

Gary Williams (ha trabajado como consultor para Monsanto)

John Acquavella (antiguo empleado de Monsanto, ha trabajado como consultor para Monsanto)

David Garabrant

Gary Marsh

Tom Sorahan (antiguo empleado de Monsanto, ha trabajado como consultor para Monsanto)

Douglas L. Weed (ha trabajado como consultor para Monsanto)

Las correcciones del artículo de revisión se pueden ver a continuación:

Corrección: Revisión del panel de expertos en el estudio epidemiológico sobre el glifosato: una revisión sistemática del peso de las pruebas de la relación entre la exposición al glifosato y el linfoma no Hodgkin o el mieloma múltiple (Acquavella J, Garab

Corrección: Glifosato en la población general y en aplicadores: una revisión crítica de los estudios sobre exposiciones (Solomon, KR)

Corrección: Revisión del panel de expertos sobre genotoxicidad: ponderación de las pruebas de evaluación de la genotoxicidad del glifosato, las formulaciones a base de glifosato y el ácido aminometilfosfónico (Brusick D, Aardema M, Kier LD, Kirkland DJ, W

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Los investigadores establecen un vínculo entre el bisfenol A y el inicio de la diabetes de tipo 2

El controvertido estudio sugiere que la exposición al bisfenol A (BPA) podría alterar la cantidad de insulina producida y elevar el riesgo de diabetes tipo 2 en las personas.

Por Lynne Peeples, 13 de septiembre de 2018

Enviromental Health News

Un estudio único en su tipo de un pequeño grupo de personas expuestas a una cantidad muy pequeña de bisfenol A (BPA) está planteando interrogantes sobre la postura del gobierno federal de que bajas dosis de esta sustancia química común son seguras, así como sobre la ética de llevar a cabo un experimento de este tipo en seres humanos.

Los autores afirman que sus hallazgos, que enfatizan la necesidad de repetir, se basan en las crecientes pruebas de que las exposiciones continuas al BPA, ampliamente utilizado en plásticos, revestimientos de alimentos enlatados y papel para recibos, podrían aumentar el riesgo de que una persona desarrolle resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

«Vivimos en una época en la que la diabetes tipo 2 está muy extendida. He aquí una señal de un nuevo camino a explorar qué es lo que la está causando», dijo Pete Myers, fundador, director ejecutivo y científico jefe de Environmental Health Sciences y coautor del estudio publicado hoy en Journal of the Endocrine Society. (Nota del editor: Myers también es el fundador de Environmental Health News, aunque la publicación es editorialmente independiente).

Más del 9 por ciento de la población estadounidense tiene diabetes (N. del T.: el 13,8% de la población española mayor de 18 años, lo que equivale a unas 5,3 millones de personas. Datos de la Fundación para la Diabetes) predominantemente diabetes tipo 2, lo que significa que el cuerpo lucha por producir o usar insulina. Múltiples factores pueden aumentar el riesgo de una persona de desarrollar diabetes tipo 2, incluyendo una dieta deficiente y falta de ejercicio.

Hasta este punto, la investigación del BPA se ha limitado a pruebas con animales y estudios epidemiológicos que comparan la salud de diferentes poblaciones de personas, sin exponer a ninguno de ellos a la sustancia química de forma intencionada. Esta es la primera vez que los investigadores han probado el BPA en humanos, que están expuestos diariamente a los productos químicos cuando comen, beben y compran.

«Encontramos un efecto con una dosis de BPA que no debería producir ningún efecto»

En el experimento, realizado en dos partes, los investigadores analizaron la producción de insulina -la hormona que evita que los niveles de azúcar en sangre suban o bajen demasiado- en respuesta a que la glucosa afecte al torrente sanguíneo. Se tomaron muestras de sangre de cada uno de los 16 participantes, tanto después de haber tomado un cóctel que contenía BPA como en una presentación separada, después de haber tomado un cóctel idéntico que no contenía BPA.

En ambos casos, después de ingerir el cóctel se administró glucosa por medio de una bebida para los ocho participantes en la primera parte del experimento y a través de vía intravenosa para los ocho participantes en la segunda parte.

La cantidad de insulina liberada, en promedio, difirió significativamente entre los análisis: mayor con la exposición al BPA en el primer experimento, que se centró en la liberación temprana de la hormona, y menor con la exposición en el segundo, que se centró en la fase posterior de la respuesta de la insulina. Y los participantes que ya tenían un control relativamente pobre del azúcar en sangre parecían más sensibles a los efectos del BPA.

«Encontramos un efecto con una dosis de BPA que no debería producir un efecto», señaló Angel Nadal, profesor de fisiología de la Universidad Miguel Hernández de Elche (España) y coautor del estudio. La dosis que usó su equipo -0.05 miligramos de BPA por kilogramo de peso corporal- se presume segura por la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) y la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA).

El hecho de que encontraran alguna respuesta fisiológica en las personas a esa dosis, concluyeron los autores, «indicaría que las suposiciones clave en el proceso regulatorio son incorrectas».

El Dr. Robert Sargis, endocrinólogo de la Universidad de Illinois en Chicago que no participó en el estudio, dijo que, aunque el experimento confirma lo que se ha visto en estudios anteriores que relacionan el BPA con la diabetes, «los resultados no son un hecho innegable».

«No están diciendo que el BPA cause diabetes en una sola dosis», dijo.

El BPA es una de las sustancias químicas capaces de imitar o bloquear los mensajes naturales de la insulina, el estrógeno y otras hormonas del cuerpo. Al final del embarazo, se cree que los cambios hormonales empujan a la mujer a un estado temporal de resistencia a la insulina para asegurar que una cantidad suficiente de azúcar atraviese la placenta y llegue al feto en rápido crecimiento. Los autores plantearon la posibilidad de que el BPA, si el cuerpo lo confunde con un esteroide, podría desencadenar efectos similares.

La sustancia química se ha relacionado con una variedad de problemas de salud, incluyendo trastornos reproductivos, problemas de comportamiento, enfermedades cardíacas y obesidad.

Anteriormente se había encontrado una asociación entre la exposición al BPA y la diabetes en estudios en animales y en estudios epidemiológicos. Sin embargo, la FDA y la EPA «no prestaron atención» a esos estudios, señaló Frederick vom Saal, profesor de biología de la Universidad de Missouri-Columbia, y otro coautor del nuevo estudio.

«Así que pensamos que teníamos que investigar en las personas.»

Vom Saal y varios otros científicos han estado trabajando con la FDA en otro estudio único en su tipo para determinar los verdaderos impactos del BPA. El proyecto, denominado Consortium Linking Academic and Regulatory Insights on BPA Toxicity, o CLARITY-BPA, fue iniciado con la intención de ayudar a los reguladores gubernamentales y a los investigadores académicos a llegar a un consenso sobre los daños potenciales para la salud del BPA.

Sin embargo, ese esfuerzo ha suscitado su primera controversia en los últimos meses. Investigadores académicos han expresado su preocupación de que los reguladores del gobierno estén nuevamente descartando sus hallazgos a favor de las propias conclusiones de la FDA, que siguen diciendo que el BPA es seguro.

Ética sobre la administración de BPA en las personas

El Consejo Americano de Química, que representa a los fabricantes de productos químicos, calificó de «especulativo» el nuevo estudio de exposición humana y subrayó que los resultados no demuestran que los efectos del BPA estén relacionados con la enfermedad.

El Consejo también cuestionó la ética de la administración de dosis a un grupo de voluntarios humanos, dada «la expectativa de que se produzcan efectos», dijo Steven G. Hentges, director principal del Grupo Global de Policarbonato/BPA en la ACC.

Sheldon Krimsky, profesor de la Universidad de Tufts que estudia ética en ciencia y tecnología, expresó una preocupación similar. «Es el primer estudio de este tipo, pero me hace sentir incómodo», dijo.

«Es un poco irónico que estén tratando de mostrar que niveles muy bajos de BPA podrían ser peligrosos, usando los criterios de las agencias que dicen que no es peligroso», dijo. «Una de las justificaciones para hacer la prueba es que los niveles que administraron estaban dentro de las directrices federales.»

Vom Saal y sus colegas dicen que se tomaron muy en serio las consideraciones éticas: trabajaron durante más de dos años con la Junta de Revisión Institucional de la Universidad de Missouri para disipar cualquier preocupación sobre el diseño del estudio. La junta finalmente aprobó el experimento.

A los participantes del estudio se les instruyó sobre las formas de reducir su exposición al BPA durante dos días anteriores al experimento. Luego, los investigadores administraron una dosis baja, que se cree que los estadounidenses experimentan varias veces al día. «Nadie piensa que una administración única sea dañina», dijo vom Saal. «Es que estamos expuestos repetidamente a este producto químico.»

La exposición experimental «sólo replico los niveles de exposición que un apersona habría tenido», agregó Myers. «Este estudio necesita ser replicado. Las implicaciones son demasiado importantes.»

Aún así, en lugar de replicar el experimento en más personas, Krimsky sugirió que los investigadores busquen vías alternativas para recolectar datos humanos, como el monitoreo de personas que ya están expuestas a dosis relativamente altas de BPA. Los cajeros de los supermercados que manejan regularmente los recibos podrían ser uno de los grupos objetivo, ya que se ha demostrado que el producto químico que revuelve las hormonas se filtra del papel y penetra en la piel, especialmente en presencia de desinfectantes para manos u otros productos para el cuidado de la piel.

Sargis, mientras tanto, cuestionó la necesidad de cualquier estudio adicional en humanos. «¿Cuánto datos necesitamos conocer antes de hacer algo con respecto al BPA?», dijo.

«No creo que debamos estar en un punto en el que tengamos que hacer deliberadamente estos estudios en humanos para probar que estos productos químicos son dañinos, cuando en realidad debería ser responsabilidad de los fabricantes probar que son seguros».

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