Archivo septiembre, 2018

Los investigadores establecen un vínculo entre el bisfenol A y el inicio de la diabetes de tipo 2

El controvertido estudio sugiere que la exposición al bisfenol A (BPA) podría alterar la cantidad de insulina producida y elevar el riesgo de diabetes tipo 2 en las personas.

Por Lynne Peeples, 13 de septiembre de 2018

Enviromental Health News

Un estudio único en su tipo de un pequeño grupo de personas expuestas a una cantidad muy pequeña de bisfenol A (BPA) está planteando interrogantes sobre la postura del gobierno federal de que bajas dosis de esta sustancia química común son seguras, así como sobre la ética de llevar a cabo un experimento de este tipo en seres humanos.

Los autores afirman que sus hallazgos, que enfatizan la necesidad de repetir, se basan en las crecientes pruebas de que las exposiciones continuas al BPA, ampliamente utilizado en plásticos, revestimientos de alimentos enlatados y papel para recibos, podrían aumentar el riesgo de que una persona desarrolle resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

“Vivimos en una época en la que la diabetes tipo 2 está muy extendida. He aquí una señal de un nuevo camino a explorar qué es lo que la está causando”, dijo Pete Myers, fundador, director ejecutivo y científico jefe de Environmental Health Sciences y coautor del estudio publicado hoy en Journal of the Endocrine Society. (Nota del editor: Myers también es el fundador de Environmental Health News, aunque la publicación es editorialmente independiente).

Más del 9 por ciento de la población estadounidense tiene diabetes (N. del T.: el 13,8% de la población española mayor de 18 años, lo que equivale a unas 5,3 millones de personas. Datos de la Fundación para la Diabetes) predominantemente diabetes tipo 2, lo que significa que el cuerpo lucha por producir o usar insulina. Múltiples factores pueden aumentar el riesgo de una persona de desarrollar diabetes tipo 2, incluyendo una dieta deficiente y falta de ejercicio.

Hasta este punto, la investigación del BPA se ha limitado a pruebas con animales y estudios epidemiológicos que comparan la salud de diferentes poblaciones de personas, sin exponer a ninguno de ellos a la sustancia química de forma intencionada. Esta es la primera vez que los investigadores han probado el BPA en humanos, que están expuestos diariamente a los productos químicos cuando comen, beben y compran.

“Encontramos un efecto con una dosis de BPA que no debería producir ningún efecto”

En el experimento, realizado en dos partes, los investigadores analizaron la producción de insulina -la hormona que evita que los niveles de azúcar en sangre suban o bajen demasiado- en respuesta a que la glucosa afecte al torrente sanguíneo. Se tomaron muestras de sangre de cada uno de los 16 participantes, tanto después de haber tomado un cóctel que contenía BPA como en una presentación separada, después de haber tomado un cóctel idéntico que no contenía BPA.

En ambos casos, después de ingerir el cóctel se administró glucosa por medio de una bebida para los ocho participantes en la primera parte del experimento y a través de vía intravenosa para los ocho participantes en la segunda parte.

La cantidad de insulina liberada, en promedio, difirió significativamente entre los análisis: mayor con la exposición al BPA en el primer experimento, que se centró en la liberación temprana de la hormona, y menor con la exposición en el segundo, que se centró en la fase posterior de la respuesta de la insulina. Y los participantes que ya tenían un control relativamente pobre del azúcar en sangre parecían más sensibles a los efectos del BPA.

“Encontramos un efecto con una dosis de BPA que no debería producir un efecto”, señaló Angel Nadal, profesor de fisiología de la Universidad Miguel Hernández de Elche (España) y coautor del estudio. La dosis que usó su equipo -0.05 miligramos de BPA por kilogramo de peso corporal- se presume segura por la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) y la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA).

El hecho de que encontraran alguna respuesta fisiológica en las personas a esa dosis, concluyeron los autores, “indicaría que las suposiciones clave en el proceso regulatorio son incorrectas”.

El Dr. Robert Sargis, endocrinólogo de la Universidad de Illinois en Chicago que no participó en el estudio, dijo que, aunque el experimento confirma lo que se ha visto en estudios anteriores que relacionan el BPA con la diabetes, “los resultados no son un hecho innegable”.

“No están diciendo que el BPA cause diabetes en una sola dosis”, dijo.

El BPA es una de las sustancias químicas capaces de imitar o bloquear los mensajes naturales de la insulina, el estrógeno y otras hormonas del cuerpo. Al final del embarazo, se cree que los cambios hormonales empujan a la mujer a un estado temporal de resistencia a la insulina para asegurar que una cantidad suficiente de azúcar atraviese la placenta y llegue al feto en rápido crecimiento. Los autores plantearon la posibilidad de que el BPA, si el cuerpo lo confunde con un esteroide, podría desencadenar efectos similares.

La sustancia química se ha relacionado con una variedad de problemas de salud, incluyendo trastornos reproductivos, problemas de comportamiento, enfermedades cardíacas y obesidad.

Anteriormente se había encontrado una asociación entre la exposición al BPA y la diabetes en estudios en animales y en estudios epidemiológicos. Sin embargo, la FDA y la EPA “no prestaron atención” a esos estudios, señaló Frederick vom Saal, profesor de biología de la Universidad de Missouri-Columbia, y otro coautor del nuevo estudio.

“Así que pensamos que teníamos que investigar en las personas.”

Vom Saal y varios otros científicos han estado trabajando con la FDA en otro estudio único en su tipo para determinar los verdaderos impactos del BPA. El proyecto, denominado Consortium Linking Academic and Regulatory Insights on BPA Toxicity, o CLARITY-BPA, fue iniciado con la intención de ayudar a los reguladores gubernamentales y a los investigadores académicos a llegar a un consenso sobre los daños potenciales para la salud del BPA.

Sin embargo, ese esfuerzo ha suscitado su primera controversia en los últimos meses. Investigadores académicos han expresado su preocupación de que los reguladores del gobierno estén nuevamente descartando sus hallazgos a favor de las propias conclusiones de la FDA, que siguen diciendo que el BPA es seguro.

Ética sobre la administración de BPA en las personas

El Consejo Americano de Química, que representa a los fabricantes de productos químicos, calificó de “especulativo” el nuevo estudio de exposición humana y subrayó que los resultados no demuestran que los efectos del BPA estén relacionados con la enfermedad.

El Consejo también cuestionó la ética de la administración de dosis a un grupo de voluntarios humanos, dada “la expectativa de que se produzcan efectos”, dijo Steven G. Hentges, director principal del Grupo Global de Policarbonato/BPA en la ACC.

Sheldon Krimsky, profesor de la Universidad de Tufts que estudia ética en ciencia y tecnología, expresó una preocupación similar. “Es el primer estudio de este tipo, pero me hace sentir incómodo”, dijo.

“Es un poco irónico que estén tratando de mostrar que niveles muy bajos de BPA podrían ser peligrosos, usando los criterios de las agencias que dicen que no es peligroso”, dijo. “Una de las justificaciones para hacer la prueba es que los niveles que administraron estaban dentro de las directrices federales.”

Vom Saal y sus colegas dicen que se tomaron muy en serio las consideraciones éticas: trabajaron durante más de dos años con la Junta de Revisión Institucional de la Universidad de Missouri para disipar cualquier preocupación sobre el diseño del estudio. La junta finalmente aprobó el experimento.

A los participantes del estudio se les instruyó sobre las formas de reducir su exposición al BPA durante dos días anteriores al experimento. Luego, los investigadores administraron una dosis baja, que se cree que los estadounidenses experimentan varias veces al día. “Nadie piensa que una administración única sea dañina”, dijo vom Saal. “Es que estamos expuestos repetidamente a este producto químico.”

La exposición experimental “sólo replico los niveles de exposición que un apersona habría tenido”, agregó Myers. “Este estudio necesita ser replicado. Las implicaciones son demasiado importantes.”

Aún así, en lugar de replicar el experimento en más personas, Krimsky sugirió que los investigadores busquen vías alternativas para recolectar datos humanos, como el monitoreo de personas que ya están expuestas a dosis relativamente altas de BPA. Los cajeros de los supermercados que manejan regularmente los recibos podrían ser uno de los grupos objetivo, ya que se ha demostrado que el producto químico que revuelve las hormonas se filtra del papel y penetra en la piel, especialmente en presencia de desinfectantes para manos u otros productos para el cuidado de la piel.

Sargis, mientras tanto, cuestionó la necesidad de cualquier estudio adicional en humanos. “¿Cuánto datos necesitamos conocer antes de hacer algo con respecto al BPA?”, dijo.

“No creo que debamos estar en un punto en el que tengamos que hacer deliberadamente estos estudios en humanos para probar que estos productos químicos son dañinos, cuando en realidad debería ser responsabilidad de los fabricantes probar que son seguros”.

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