Un repaso a la prensa: Snowden, vigilancia y Secretos de Estado

por  Media Lens, 28 de junio de 2013

Imagen: medialens.org
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La ira desatada por Washington contra el denunciante de la red de vigilancia de las comunicaciones, Edward Snowden, viene a señalar una de las verdades fundamentales sobre el poder. Noam Chomsky ha destacado el problema subyacente de la Democracia, de las llamadas sociedades libres:

Recuerde, en cualquier Estado, en cualquiera de ellos, el principal enemigo es su propia población” (1).

Cualquier persona que traspasa un límite, sobre todo si hay una resistencia hacia la autoridad, corre el riesgo de obtener un severo castigo. Sobre todo porque hay que dar ejemplo públicamente de disciplina, no sea que se convierta en un mal ejemplo y se corra el riesgo de contagio al resto de la sociedad.

Snowden fue denunciado por Dick Cheney, ex vicepresidente de los Estados Unidos, como un traidor, un espía al servicio de China. La senadora Dianne Feinstein, Presidenta del Comité de Inteligencia del Senado de los Estados Unidos, dijo a los periodistas que Snowden había cometido un acto de traición. Se notaba en muchos políticos estadounidenses una furia disimulada por el viaje de Snowden desde Hong Kong hasta Moscú. El General Keith Alexander, Director de la Agencia de Seguridad Nacional, se quejaba de que Snowden es “una persona que ha traicionado la confianza que teníamos en él. Se trata de una persona, en mi opinión, que no actúa de forma noble”.

Teniendo en cuenta el origen de estas acusaciones, funcionarios de alto nivel tanto de la actual como de la anterior Administración estadounidense, no se trata de una observaciones equilibradas. Norman Solomon lo señalaba correctamente:

Estado de Vigilancia y Guerra Perpetua es una y misma cosa. La justificación que da el Gobierno de los Estados Unidos de que realiza el espionaje en su lucha contra el terrorismo, no es otra cosa que el Estado de Guerra constante bajo el nombre que se quiera dar.

La cuestión central es que tenemos una Democracia paupérrima. ¿Cómo podemos consentir ser gobernados por gentes que se atrincheran en el secreto, el espionaje y el desprecio de la vida privada?”.

Washington y sus aliados, que se venden en los medios de comunicación como “la comunidad internacional”, son muy conscientes de los riesgos. La población debe estar sometida y mantenida en lo que consideran su lugar. Obama y sus funcionarios del Gobiernos, los servicios de inteligencia, tienen que insistir en que lo que ha hecho Snowden al revelar el Programa Secreto de Vigilancia es una ayuda al enemigo, que daña las relaciones internacionales.

Las revelaciones de Snowden fueron publicadas por el periodista de The Guardian Glenn Greenwald. Ya decía en las primeras noticias que se intentaría desviar la atención sobre el verdadero problema, el Programa de Vigilancia, denigrando a Snowden y sus defectos en el carácter. Y así fue: desertor de la Escuela Secundaria, que si dejó con el corazón roto abandonando a su novia bailarina… El 24 de junio, la primera edición de The Independent se refería a Snowden como un fugitivo, en un artículo de Shaun Walker y David Usborne. La BBC también se refirió a Snowden como fugitivo, cuando la palabra más correcta sería denunciante, cargando menos las tintas en otras cuestiones. Incluso The Guardian se refirió varias veces a Snowden como un prófugo.

Nick Cohen, un propagandista de la guerra cibernética, autor de ‘Fast and Furious’, que emplea un estilo heroico, retrata a Snowden como un cobarde:

Si huyes, es que eres un cobarde. Puede tener razones para comportarse como un cobarde. Puede ser que alguien en su misma situación hiciese lo mismo, huir lo más rápido y lejos que pueda. No hay nada malo en comportarse como un cobarde, o quizás es que Edward Snowden practica la desobediencia civil”.

Lo que Snowden ha hecho es un acto de valentía y un periodista decente destacaría el coraje que ha tenido. Solomon ha expuesto las vergüenzas de Cohen y sus secuaces:

Pocas veces se han destacado los ideales de lo violencia lo que ha movido a personas valientes como Edward Snowden o Bradley Manning a denunciar las irregularidades. El primero está inmerso en un peligroso viaje en busca de asilo político; el segundo está encarcelado y sometido a juicio militar…”.

En un admirable editorial en The Guardian, se defendía a Snowden diciendo:

Aquellos que revelan información oficial son condenados procesados o denigrados. Cuanto más grave el asunto, más ferozmente son perseguidos y mayor es el castigo”.

Pero esto mismo se puede aplicar a cualquier persona que desafíe al poder. Irónicamente, The Guardian está diciendo lo mismo que hizo a Noam Chomsky en el año 2005.

El editorial continúa:

Un debate sólo es posible si se exponen los hechos públicamente, no por un Gobierno, sino por un denunciante y lo que queda de una prensa independiente”.

Pero lo cierto es que cuando se hace una referencia a la prensa independiente, en tiempos pasados se hablaba simplemente de una prensa libre, es que los periodistas están reconociendo ante la opinión pública que todo lo que se ofrece está visto a través de la fachada que ofrece el sistema de propaganda.

Pero no solamente Snowden se ve lapidado, sino también el periodista que lo publicó, Greenwald, tanto por el New York Daily News como en el New York Times, que intentan exponer los puntos oscuros de este periodista. En un artículo sobre Greenwald, publicado en el sitio BuzzFeed, ilustrado con fotografías de aspecto siniestro, el periodista fue calificado, incluso por la izquierda, como un excéntrico de difícil trato. El artículo lleva una cita de alguien que dijo que Greenwald era “aterrador, pero enseguida me di cuenta de que quizás se debiese a su corte de pelo y su mirada intensa”.

En una entrevista en la televisión, Greenwald fue interpelado en la NBC News por David Gregory:

En la medida en que ha ayudado a Snowden, incluso en los momentos actuales, ¿por qué, señor Greenwald, no ha sido acusado de cometer un delito?

Greenwald respondió con firmeza:

Creo que es algo que está fuera de lugar, que alguien que se hace llamar periodista reflexione públicamente sobre si otro periodista debe ser acusado de cometer un delito grave. Su afirmación no se basa en ninguna prueba para decir que yo he ayudado e instigado a Snowden… Si desea mantener esa afirmación, eso significaría que todos los periodistas de investigación de los Estados Unidos que trabajan a partir de las fuentes, recibiendo información clasificada, están cometiendo actos delictivos. Y es precisamente lo que usted dice, su teoría, lo que está enrareciendo el clima, tan preocupante en los Estados Unidos. Por este motivo Jane Mayer en el The New Yorker dijo: “El periodismo de investigación ha llegado a un punto muerto”. Sus palabras vienen a corroborar las teorías a las que hago referencia”.

Greenwald dijo que entraron en su casa, y curiosamente sólo se llevaron un ordenador portátil:

No me sorprendería que el Gobierno de los Estados Unidos estuviese tratando de acceder a la información contenida en mi ordenador”.

La función primaria del Estado

De tanta importancia como la revelaciones de Edward Snowden, es la unidad del poder del Estado para perseguir sus propias estrategias, conjuntando los intereses empresariales y financieros, para así protegerse de la amenaza de una población, pero haciendo propaganda de que trabajan en beneficio de las personas.

El periodista independiente Jonathan Cook señala la misma idea ( en Facebook, el pasado 26 de junio de 2013), destacando el verdadero significado de las recientes revelaciones sobre la Vigilancia de las comunicaciones:

He estado diciendo desde el principio, desde las primeras noticias de Snowden sobre la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), que el objetivo de este Programa de Vigilancia no es para frustrar los ataques terroristas, sino para evitar todo esfuerzo que se haga para pedir responsabilidades, para que las elites empresariales sigan saqueando las comunidades y el planeta, con el único afán de enriquecerse”.

Cook señala en un artículo en The Guardian que existe una vínculo con la policía del Reino Unido, que dispone de una Unidad de Extremismo Doméstico Nacional, que controla a unos 9000 activistas políticos:

En los últimos años, se sabe que esta unidad ha empleado sus recursos en espiar a los defensores del medio ambiente, en particular a los participan en acciones directas y practican la desobediencia civil como medio para protestar contra el cambio climático”.

Cook concluye:

La intervención de nuestras llamadas telefónicas y las comunicaciones por Internet está siendo utilizada para fines espurios: para asegurarse de que nos mantenemos dóciles o intimidados frente a las elites políticas y financieras, que cada vez hacen más evidente su grado de depravación y de corrupción”.

El historiador Mark Curtis, que ha analizado con detalle las alcantarillas del Estado en varios libros, ha señalado que la función principal del Estado, su razón de ser durante siglos, es la de proteger a las empresas para conseguir “los recursos de otros países. Los servicios de Seguridad tienen un papel muy importante en el apoyo a los “intereses nacionales”:

Como dijo el Ministro de Justicia Lord Mackay a mediados de la década de 1990, el papel del M16 es la protección del bienestar económico de Gran Bretaña, manteniendo un particular cuidado en el acceso a los principales productos básicos, tales como el petróleo o los metales, y los beneficios de sus intereses empresariales internacionales” (2).

Pero ocurre los mismo en las llamadas grandes Democracias, y no menos en los Estados Unidos.

La corrupción a la que llegan las Grandes Empresas y sus aliados políticos sigue sin abordarse por los medios de comunicación corporativos. Y los propios periodistas han llegado ha dominar el arte de no establecer peligrosas conexiones, peligrosas para los intereses de los poderosos, claro. No es de extrañar que los principales partidos políticos no ofrezcan ninguna alternativa real: todo lo que representan es más de lo mismo, el machacar toda iniciativa de participación pública en la elaboración de las políticas.

Hacer del planeta un mundo inhabitable

En la introducción de su nuevo libro, Managing Democracy, Managing Dissent, Rebecca Fisher describe el dominio ejercido por el poder de las Corporaciones, incluido el sector de los medios de comunicación y sus cómplices políticos, en las Democracias. Fisher, activista de Corporate Watch, escribe:

Las vías legales para que nuestros supuestos representantes tengan en cuenta nuestras demandas, se limitan a grupos de presión o protestas, lo cual resulta muy ineficaz, sobre todo en cuestiones aisladas. De esta forma, el Sistema Capitalista es capaz de provocar enormes daños sobre las poblaciones y el medio ambiente, hasta el punto de amenazar la vida sobre el planeta, sin que exista una verdadera contestación a sus actuaciones.” (3).

El marco del actual Régimen, con sus instituciones reinantes, con sus políticas y sus prácticas, se da por supuesto en los medios corporativos. Algunos activistas, como Robert McChesney, apuntan a una resistencia persistente por parte de los periodistas a hacer una evaluación de que no todo vale en el Capitalismo. Realiza una comparación para ilustrar lo absurdo de esta situación:

Un erudito de la antigua Unión Soviética nunca olvidaría el monopolio del poder económico y político en manos del Partido Comunista y del Estado, para luego ocuparse de otros asuntos. La economía política es un asunto fundamental para realizar cualquier análisis creíble, pues correría el riesgo de ser considerado un charlatán. Lo mismo ocurre con cualquier otro estudio de una civilización antigua”. (4)

Pero en las raras ocasiones en las que el Sistema se pone en duda, dice McChesney, incluso los periodistas más críticos se sienten obligados a un juramento de lealtad al capitalismo:

Cuando un investigador examina su propia sociedad considera un tabú el desafiar las prerrogativas y privilegios de los que están por encima de él y se benefician de su status quo, incluso en la Democracia. Es tan cierto en los Estados Unidos, como lo fue en la antigua Unión Soviética”. (5)

Las observaciones de McChesney en referencia a los eruditos se aplican también a los profesionales de los medios de comunicación, como lo deja claro en su libro. Como ya hemos repetido muchas veces, no se puede esperar de los medios corporativos que informen honestamente o con precisión del mundo de la empresa.

Ficher advierte acertadamente que el sistema Corporativo “no puede coexistir con  una Democracia verdadera”:

El predominio de las Corporaciones ha facilitado el surgimiento de una forma de Democracia, la Democracia Liberal, que asegura mediante una cuidadosa gestión que las Corporaciones dominen la sociedad, y que el Sistema Capitalista siga cosechando enormes daños humanos y ambientales”.

En otras palabras, la llamada Democracia Liberal se ha convertido en un escudo letal que protege al Capitalismo de una participación significativa y real de las personas. Como hemos repetido muy a menudo, el poder corporativo nos ha sometido durante décadas a enormes campañas de desinformación, lo que llaman relaciones públicas, y a la presión política por parte de sus lobbies, para así crear la ilusión de un consenso y perseguir sus fines egoístas.

Afortunadamente, este Sistema tiene sus vulnerabilidades, ya que sólo se mantendrá mientras exista una aceptación pública a gran escala. Noam Chomsky lo expresa muy bien:

Incluso el sistema de propaganda más eficaz es incapaz de mantener sus mentiras durante mucho tiempo… Los problemas sociales y económicos no se pueden ocultar debajo de la alfombra de por vida” (6)

Hay, pues, mucho que decir acerca de la vida bajo este gigantesco sistema de vigilancia del Gobierno. Eso sí, no espere que los medios corporativos le den una explicación clara y precisa de la situación.

1.- Noam Chomsky, Understanding Power, edited by Peter R. Mitchell and John Schoeffel, The New Press, 2002, p. 70. [↩]

2.- Mark Curtis, Web of Deceit: Britain’s Real Role in the World, Vintage, 2003, pp. 210-211. [↩]

3.- Rebecca Fisher, editor, Managing Democracy, Managing Dissent: Capitalism, Democracy and the Organisation of Consent, Corporate Watch, London, 2013, p. 2 [↩]

4.- Robert McChesney, Digital Disconnect: How Capitalism Is Turning The Internet Against Democracy, The New Press, New York, 2013, p. 17 [↩]

5.- Ibid., p. 17 [↩]

6.- Noam Chomsky, Deterring Democracy, Vintage, 1993, pp. 134-135). [↩]

Media Lens es un organismo de control de los medios de comunicación del Reino Unido, encabezado por David Edwards y David Cromvell. El segundo libro de Media Lens, Neolengua en el siglo XXI, por David Edwards y David Cromwell, fue publicado en 2009 por Pluto Press. Visit Media Lens’s website.

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Fuente: http://dissidentvoice.org/2013/06/snowden-surveillance-and-the-secret-state/#more-49527