La destrucción provocada por los cultivos de soja en la Argentina llega directamente a nuestros platos

El bosque del Gran Chaco argentino está siendo arrasado por la soja, que termina en Europa como alimento para animales, y en nuestros platos. Es la columna vertebral de la frágil economía argentina, pero ha tenido un enorme impacto en los indígenas que viven allí.

por Uki Goñi desde Salta, 26 de octubre de 2018

The Guardian

La magnitud de la destrucción es dolorosa de ver. Volando sobre el área alrededor de la comunidad indígena de El Corralito, sólo quedan finas franjas verdes entre vastos campos de tierra pálida, recién desmontada, unas líneas blancas paralelas de las cenizas de los árboles arrasados por los bulldozers.

Hace apenas unos años, esta extensión de tierra de la provincia de Salta, en el norte de Argentina, aún era bosque, hogar del pueblo wichí, y parte del gigantesco bosque del Gran Chaco que se extiende por el norte de Argentina y sus países vecinos Bolivia, Paraguay y Brasil. Segundo después de la Amazonia en Sudamérica por su tamaño y biodiversidad, el Gran Chaco cubre 250.000 millas cuadradas.

 32 permisos de deforestación han sido expedidos en Salta en los últimos años por las autoridades provinciales.

 Los científicos estiman que Salta ha perdido casi el 20% de su superficie verde en las últimas dos décadas, un total de más de 1,2 millones de hectáreas.

Desde 1996, cuando el gobierno autorizó la introducción de la soja transgénica, Argentina ha talado casi una cuarta parte de sus bosques nativos. Gran parte de esas tierras recién desmontadas ha sido destinada al cultivo de soja, que ha sido fundamental para la economía argentina, devastada por el ciclo económico. «Argentina se encuentra en una emergencia forestal», dice Natalia Machain, directora de Greenpeace Argentina.

Una vez cosechados, los pequeños granos se trituran. El aceite extraído se utiliza principalmente como combustible, mientras que la harina restante -la proteína- se utiliza para la alimentación animal. Sólo un pequeño porcentaje se convierte en productos alimenticios humanos, como la leche de soja. Alrededor de 43 millones de toneladas de harina de soja, aceite de soja y soja se inundan cada año desde Argentina hacia Rusia, Oriente Medio, Australia y Asia, y la mayor parte se destina a las explotaciones agrícolas de Europa y de Europa.

Argentina es el mayor proveedor europeo de harina de soja, con más de un tercio del total de las importaciones europeas de harina de soja, 9,8 millones de toneladas de un total de 27,1 millones en 2016.

Y el Reino Unido es particularmente dependiente de la soja argentina. Hasta agosto de 2018, según datos de la HMRC, algo más del 50% de toda la harina de soja importada procedía de Argentina; 1 millón de toneladas, por un valor de casi 300 millones de libras esterlinas. Los bosques argentinos están siendo reemplazados por los campos de soja, la cual sirve de alimento a los animales de las explotaciones europeas y llega hasta nuestros platos.

Varias de las principales empresas de alimentos, en particular la empresa de comida rápida McDonald’s, se han comprometido a eliminar aquellos alimentos que contribuyan a la deforestación de sus cadenas de suministro mundiales. La propia Unión Europea ha discutido mucho sobre el tema. Pero en lo que respecta a la gestión de la cadena de suministro, Argentina está muy por detrás de su vecino gigante, Brasil, que tiene más controles debido a su historia de deforestación en la Amazonia.

«La verdad es que actualmente la gestión de la soja en la cadena de suministro en Argentina es una caja negra, y aunque sigue siendo una caja negra, los bosques argentinos están bajo el hacha», dice Toby Gardner, experto en medio ambiente de la Iniciativa Ambiental de Estocolmo, cuyo objetivo es proporcionar un sistema de trazabilidad para las exportaciones de América del Sur. La Mesa Redonda sobre Soja Sostenible está trabajando para tratar de mejorar las cosas, pero ha tenido un éxito limitado.

Un equipo enviado a Argentina por la ONG estadounidense Mighty Earth se encontró con un muro de ladrillos recientemente tratando de determinar qué porcentaje de la soja argentina proviene de áreas deforestadas. «No existe ningún requisito legal para que las empresas documenten el origen geográfico de su soja o aporten pruebas de que ha sido producida legalmente», dice Mighty Earth en un informe sobre el viaje publicado a principios de este año. «Como tal, es actualmente imposible para las empresas europeas que se abastecen de estos comerciantes asegurarse de que la soja que están comprando no ha sido producida debido a la deforestación».

Las cadenas de supermercados europeas a menudo comercializan su carne y sus productos lácteos como sostenibles y producidos localmente, pero el alimento consumido por el ganado a menudo proviene de miles de kilómetros de distancia, dice Mighty Earth. «Como tal, el etiquetado local sólo representa la mitad de la verdad sobre el origen de esta carne.»

Mighty Earth dice que los compromisos medioambientales de las empresas alimentarias son difíciles de cumplir si el ganado criado en Europa se alimenta con harina de soja procedente de un país en el que la trazabilidad sigue siendo opaca. «Los consumidores quieren saber de dónde vienen los productos y quieren que sus alimentos sean producidos de una manera consistente con sus valores», dice Glenn Hurowitz de Mighty Earth. «Hemos hecho grandes avances en cuanto a la trazabilidad de la soja del Amazonas, pero hemos sido ciegos ante la deforestación que está ocurriendo en Argentina».

Sin futuro

Mientras tanto, el pueblo wichí se mantiene impotente mientras su tierra desaparece. «No tenemos futuro», dice Amancio Angel con desesperación. Está parado junto a un grupo de árboles, el único hogar que le queda a su clan después de que otra franja de verde fuera arrancada a principios de este año por unas excavadoras gigantes que arrastraban cadenas a través del bosque cada vez más escaso. «Utilizamos ese bosque para cazar y recolectar fruta, la gente de otras comunidades consiguió miel allí, ahora la vida se ha vuelto imposible», dice Amancio.

Ahora ya casi ha desaparecido, parte de las 9.000 hectáreas (un área de aproximadamente una vez y media el tamaño de la isla de Manhattan) destinadas a ser deforestadas por sólo uno de un total de 32 permisos de deforestación emitidos en los últimos años por las autoridades provinciales de Salta.

El problema es que con su economía en perpetuo cambio, Argentina depende de la soja para su sostenimiento financiero. La materia prima es la columna vertebral de su economía. La soja combinada, la harina de soja y el aceite de soja representan el 31% de las exportaciones del país. El auge de las exportaciones de productos básicos como la soja ayudó a la economía argentina a crecer un asombroso promedio anual del 7,7% entre 2004 y 2010, después de su catastrófico colapso económico de 2001-2002. Argentina gastó gran parte de los beneficios inesperados en el pago de la deuda, incluida la cancelación de toda su deuda con el FMI en 2006.

El problema es que con su economía en perpetuo cambio, Argentina depende de la soja para su sostenimiento financiero. La materia prima es la columna vertebral de su economía. La soja combinada, la harina de soja y el aceite de soja representan el 31% de las exportaciones del país. El auge de las exportaciones de productos básicos como la soja ayudó a la economía argentina a crecer un asombroso promedio anual del 7,7% entre 2004 y 2010, después de su catastrófico colapso económico de 2001-2002. Argentina gastó gran parte de los beneficios inesperados en el pago de la deuda, incluida la cancelación de toda su deuda con el FMI en 2006.

Pero como Argentina ha tenido que volver al FMI para obtener un rescate de 57.000 millones de dólares (43.000 millones de libras esterlinas) este año -el mayor préstamo en la historia del FMI-, es poco probable que el gobierno de centro-derecha del presidente Mauricio Macri tome ninguna medida para restringir el crecimiento de sus mayores exportaciones. Argentina cuenta con una cosecha récord en 2019 para salir de su última recesión económica después de una devaluación del 50% de su moneda en lo que va de año.

Sin embargo, en respuesta a la presión de los grupos ecologistas para detener la deforestación desenfrenada, el Congreso argentino aprobó una ley que entró en vigor en 2009 que divide la selva del país en áreas rojas (intocables), amarillas (de uso mixto) y verdes (disponibles para deforestar). Desafortunadamente para comunidades como El Corralito, la ley ha sido respetada más en su incumplimiento que en la observancia, con provincias autorizando grandes proyectos de deforestación en zonas protegidas rojas y amarillas. En Salta, por ejemplo, más de 170.000 hectáreas protegidas -un área más grande que el Gran Londres- han sido arrasadas por la excavadora desde que la ley entró en vigor.

A principios de este año, el gobierno nacional se vio obligado a intervenir y se estableció una moratoria en Salta. Pero la deforestación continúa, según Greenpeace Argentina. El gobernador local, Juan Manuel Urtubey, un político de 49 años, guapo y de voz baja, que ha gobernado Salta desde 2007, y es un probable candidato en las próximas elecciones presidenciales de Argentina en 2019, puede haber dado muchos permisos, aunque desaprueba la actitud de los terratenientes, que continuaron con el desmonte de las tierras después de que se impusiera en enero la suspensión de la moratoria.

«Las operaciones de limpieza realizadas fuera del marco de la ley son un delito y se están llevando a cabo instancias administrativas y judiciales para que quienes cometieron ese delito paguen su responsabilidad», dice.

El problema es que la ley sólo establece multas monetarias moderadas para los infractores. «Las multas no son en absoluto disuasorias, los productores simplemente las consideran como otro coste», dice Noemí Cruz, una activista indígena de Greenpeace.

Las estadísticas son preocupantes. Los científicos estiman que Salta ha perdido casi el 20% de su cobertura verde en las últimas dos décadas, un total de más de 1,2 millones de hectáreas. Las imágenes de satélite son devastadoras, con grandes manchas rojas de áreas deforestadas que se extienden como un reguero de pólvora por todo el territorio salteño.

«Lo que los productores han hecho para eludir la ley forestal es obtener declaraciones escritas de los jefes de las comunidades que aceptan la deforestación a cambio de casas y agua», dice Ana Álvarez, una abogada que defiende los derechos de los indígenas. «Estas declaraciones, a menudo firmadas con una huella dactilar por los wichis que no saben leer ni escribir en español, son utilizadas por los terratenientes para obtener permisos de deforestación de la provincia».

El gobernador Urtubey promete que se está tomando en serio el tema de la deforestación. «Estamos discutiendo una ley para duplicar el tamaño de las áreas protegidas en Salta», dijo Urtubey al diario The Guardian. «Así que tendremos 4 millones de hectáreas de áreas protegidas y 2 millones de hectáreas de agricultura. Estamos trabajando con el gobierno nacional, las organizaciones ambientales y los productores sobre cómo reducir el impacto ambiental de las actividades productivas evaluando caso por caso».

El efecto no sólo lo sienten los wichí. La soja ha provocado un éxodo rural de las zonas productoras de leche y carne de vacuno, desplazando a los agricultores locales en favor de la producción mecanizada por parte de gigantescos consorcios que ejercen una enorme influencia económica. El espectáculo del gaucho a caballo, el equivalente argentino del vaquero estadounidense, seguido por los perros, ha desaparecido del paisaje. Muchos terratenientes han derribado sus granjas para dar más espacio a la soja.

Durante un viaje de dos horas por caminos de tierra en Salta, una vez poblados por gauchos, familias campesinas, caballos y perros, el único tráfico que se encontró fue un camión con un remolque que transportaba una excavadora gigante para talar más bosque, seguido de un pequeño tractor que tiraba de una cisterna que transportaba combustible para el mata árboles.

El beneficio a corto plazo para la economía argentina tiene un alto precio. «La soja destruye los bosques nativos y disminuye la capacidad de infiltración de los suelos», dice el activista indígena Cruz. «Sus agroquímicos asociados contaminan la capa freática y los acuíferos. En el área del Gran Chaco hay poca agua para empezar, por lo que la contaminación de las fuentes naturales de agua es doblemente grave». La salinización del suelo, que lo hace inutilizable para la siembra, es otro problema asociado a la producción de soja.

John Palmer, un antropólogo británico que vive en Salta desde los años 90, dice que el mensaje para los wichí es: «Adiós a los indígenas. Este mundo no es un lugar para ti. El mundo es un lugar para nosotros, los grandes derrochadores, los que ganan mucho dinero, para eso está el mundo».

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Exposición ambiental al glifosato e impactos sobre la salud reproductiva en la población agrícola de Argentina

Autores: Medardo Avila-Vazquez, Flavia S. Difilippo, Bryan Mac Lean, Eduardo Maturano, Agustina Etchegoyen

scirp.org

Resumen

Argentina utiliza anualmente 240.000 toneladas de glifosato en la agricultura industrial y se observa un cambio en el perfil de morbilidad por parte de los médicos de las zonas agrícolas; ahora parecen prevalecer los trastornos reproductivos. El objetivo de este estudio es determinar la concurrencia de la exposición al glifosato y los trastornos reproductivos en un típico pueblo agrícola argentino (Monte Maíz). Se desarrolló un estudio ecológico con un análisis ambiental de las fuentes de contaminación, incluyendo mediciones de glifosato y otros pesticidas, y un estudio transversal de la prevalencia de abortos espontáneos y anomalías congénitas. Se detectó la presencia de glifosato en el suelo y en el polvo de los cereales y se comprobó que su concentración era aún mayor en el suelo de las aldeas que en el de las zonas rurales; en la región se utilizan anualmente 650 toneladas de glifosato y se contamina el suelo y el polvo en suspensión afecta también a los núcleos de población, lo que supone una carga de exposición ambiental al glifosato de 79 kg por persona y año. No encontramos otras fuentes relevantes de contaminación. Las tasas de aborto espontáneo y anormalidades congénitas son tres y dos veces más altas que el promedio nacional registrado por la salud nacional (10% vs. 3% y 3% – 4.3% vs. 1.4% respectivamente). Nuestro estudio verificó una alta exposición ambiental al glifosato en asociación con una mayor frecuencia de trastornos reproductivos (aborto espontáneo y anomalías congénitas) en la aldea agrícola argentina, pero es incapaz de hacer afirmaciones de causa-efecto. Se requieren estudios adicionales con diseños para tales propósitos.

Palabras clave

Glifosato, Abortos espontáneos, Anomalías congénitas, Exposición ambiental, Salud ambiental.

1. Introducción

En 1996, Argentina comenzó a cultivar semillas genéticamente modificadas (GM), y actualmente se emplean 25 millones de hectáreas donde viven 12 millones de personas; estos cultivos han provocado un aumento sustancial en el consumo de plaguicidas. En 2013, Argentina fumigó 240.000 toneladas de glifosato [1][2] . Se percibe un cambio en el perfil de morbilidad y mortalidad por parte de los médicos de las zonas agrícolas; ahora parecen prevalecer los trastornos reproductivos y el cáncer [3] y recientemente la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (International Federation of Gynecology and Obstetrics) expresó su preocupación por los efectos en la salud reproductiva por la exposición a productos químicos tóxicos del medio ambiente [4]. La ciudad de Monte Maíz (Distrito de Unión en la Provincia de Córdoba) se encuentra en el corazón del área agrícola argentina, la región de mayor productividad agrícola del país, donde se cultivan soja, maíz y trigo en el centro del país. En los últimos años, las autoridades del gobierno local, junto con los residentes locales y los médicos, han mostrado su preocupación por un aumento evidente en el número de abortos espontáneos, anormalidades congénitas y cáncer, por lo que solicitaron una evaluación del estado de salud a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). La comunidad había llevado a cabo un censo de salud en 2007 (no publicado), realizado por maestros y otros voluntarios, en el que se identificaron altas tasas de abortos espontáneos y cáncer. Existen pocos estudios epidemiológicos sobre la salud ambiental de las poblaciones rurales en Argentina y muy pocos han sido publicados hasta la fecha. El objetivo de este estudio es conocer la contaminación ambiental registrada en Monte Maíz, principalmente la presencia de glifosato y otros plaguicidas y comprobar si se ha incrementado la prevalencia de abortos espontáneos y de anomalías congénitas. Nuestro objetivo era verificar la concurrencia de la exposición ambiental al glifosato y esos trastornos reproductivos; también se midieron las tasas de cáncer y este resultado ya ha sido publicado recientemente por los autores [5].

2. Material y Métodos

Se realizó un estudio ecológico exploratorio sobre trastornos reproductivos y contaminación ambiental, consistente por un lado en un estudio epidemiológico (estudio transversal) con una encuesta de salud por hogares dirigida a toda la población (encuesta poblacional), diseñada para ubicar cada registro en la localidad mediante el uso de nueve ratios de censo (R) por parte del Censo del Instituto Nacional de Censos, que dividen el municipio en nueve sectores con mayor peso demográfico, tal y como se observa en el mapa de la Figura 1. A partir de la encuesta de hogares, se verificó la prevalencia del aborto espontáneo

Figura 1.

(mujeres de entre 15 y 45 años que han sufrido o inexplicables en los últimos 5 años y con 5 o más años de residencia en Monte Maíz) y prevalencia de anomalías congénitas (niños con anomalías congénitas mayores vivos en el momento de la entrevista), estas fueron variables dependientes, mientras que el sexo, la edad, la ocupación, la permanencia en la aldea, el tabaquismo, la proporción de residencia censal, el nivel educativo y la presencia de contaminantes ambientales fueron las variables independientes. Por otro lado, un análisis ambiental que registra las fuentes de contaminación tales como vertederos, antenas de telefonía móvil, transformadores de energía eléctrica, sitios industriales, reservas de granos, depósitos de pesticidas y máquinas de fumigación. Entrevistamos a las partes interesadas de la comunidad y del gobierno, dueños de negocios, representantes de la ciudad, maestros, agricultores y trabajadores que fumigaron pesticidas, con el fin de reconocer el funcionamiento de las industrias, los servicios públicos locales y los agronegocios (agua potable, manejo de alcantarillado, desechos domésticos, contaminación de las industrias, prácticas y dosis de uso de pesticidas). El Centro de Investigaciones Ambientales de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata recolectó y analizó muestras de matrices ambientales (agua, suelo, cáscara de granos), seleccionando doce sitios internos y periféricos de la ciudad para examinar la presencia de glifosato, su metabolito ácido aminometilfosfónico (AMPA), y los plaguicidas utilizados actualmente (clorpirifos, endosulfán, cipermetrina, atrazina, 2.4D, y epoxiconazol). Tanto el pretratamiento como el análisis de plaguicidas se realizaron bajo normas internacionales utilizando cromatografía líquida-espectrometría de masas [6] [7] . Se realizó una determinación de arsénico (As) en la red de agua doméstica mediante espectrometría de absorción atómica de generación de hidruros.

El área de estudio fue Monte Maíz, municipio ubicado en la Ruta Provincial N.º 11, 33˚12′ latitud Sur y 62˚36′ longitud Oeste de Greenwich, a una altura sobre el nivel del mar de 114 metros; el municipio tiene 113 años de antigüedad y cuenta con 7788 habitantes (8045 incluyendo residentes de zonas rurales circundantes). La agricultura es la principal actividad económica con industria metalúrgica complementaria que se encuentra en el extremo sur de la ciudad [8].

2.1. Análisis estadístico

Las tasas brutas se obtuvieron a través de una base de datos y una matriz numérica, se realizó un análisis de correlación bivariada Pearson para evaluar la asociación de abortos espontáneos y anomalías congénitas con variables independientes, incluida la distribución espacial de acuerdo a las razones del censo en el que se dividió la ciudad (R09-R18). Construimos mapas para abortos espontáneos y anormalidades congénitas y fuentes de contaminación usando el software Quantum GIS 2.4 y creamos tablas de contingencia para realizar mediciones relacionales entre la exposición y la enfermedad. Para ello se utilizó el siguiente software: INFOSTAT (UNC), SPSS y EPIDAT (OPS). Se compararon las tasas de abortos espontáneos y anormalidades congénitas de Monte Maíz con las tasas nacionales reportadas por el Registro Nacional de Anomalías Congénitas (RENAC) del Ministerio de Salud de la Nación [9].

2.2. Realización del estudio

Los médicos o estudiantes de medicina llevaron a cabo el trabajo de campo durante octubre de 2014; todas las encuestas de salud fueron realizadas por estudiantes de medicina de último año de la UNC y profesores de medicina. El estudio se realizó de acuerdo con la Declaración de Helsinki y en el marco de la Ley 9694 Artículo 2 de la Provincia de Córdoba de acuerdo con la Ley Reguladora de la Investigación Sanitaria y fue aprobado por el Comité de Bioética creado por esta ley para los estudios de observación[10]. Todas las encuestas se realizaron después de obtener el consentimiento informado.

3. Resultados

3.1. Análisis Ambiental

En Monte Maíz la red eléctrica está alimentada por energía de media tensión distribuida en el área urbana, con subestaciones de 33 kV a 380 w, sin alta tensión. Cuenta con un sistema de alcantarillado con una red de recogida doméstica que llega a todos los hogares; los residuos sólidos urbanos son gestionados por un servicio municipal que cuenta con una planta de Residuos Sólidos. El área cuenta con 45.000 ha de soja y 20.000 ha de maíz , que son los principales cultivos de verano y el trigo en una superficie de 15.000 ha como cultivo de invierno. Identificamos un vertedero abierto, a 800 metros al noreste del límite del pueblo, sin evidencia de incendio en los últimos 5 años. Hay una ausencia de silvicultura en la periferia de la ciudad, que es reemplazada por cultivos de soja y maíz, comenzando en el borde inmediato de las casas.

Figura 2.

Estos cultivos son frecuentemente tratados con pesticidas, con maquinaria terrestre y fumigadores. En el suroeste de Monte Maíz encontramos dos fincas ganaderas y, en el lado oeste, una zona de inundación, con estanques, un parque y una planta de tratamiento de aguas residuales entre los campos de cultivo, y dos industrias de equipos agrícolas, ubicadas en el extremo sur del pueblo, que utilizan gas metano como fuente de energía. Las fuentes de radiación electromagnética fueron dos torres de telefonía móvil, ubicadas en R9 y R12, que se destacan en el mapa de factores de contaminación de Monte Maíz en la Figura 2 (hay otras dos torres ubicadas fuera del área urbana). La población de Monte Maíz recibe agua potable de muy buena calidad, potable y libre de arsénico. Dentro de la aldea habitada, hay silos de cereales de donde se desprenden la soja y las hojas de maíz (polvo de cereal) que se muestran en el mapa de la Figura 2 y se identificaron veintidós depósitos para la fumigación y contenedores de pesticidas utilizados en la región. Agrónomos locales y aplicadores de agroquímicos informan que en Monte Maíz los cultivos de soja y maíz transgénicos utilizan 10 kilogramos de glifosato por hectárea y año. Seiscientas cincuenta toneladas de glifosato se pulverizan en la zona, lo que supone una carga general de exposición ambiental al glifosato de 79 kg por persona y año, que varía en función de la actividad agrícola o no agrícola y de la distribución espacial del glifosato. Esta región utiliza novecientas setenta y cinco toneladas de todos los plaguicidas cada año.

3.2. Análisis de Contaminantes Químicos

Se detectó glifosato del herbicida y AMPA en el 100% de las muestras de suelo y cáscara. En la cascarilla de los silos predominaron el glifosato y el AMPA (505 y 607 ppb), seguidos por el clorpirifós (14 ppb) y el epoxiconazol (2,3 ppb) como se muestra en la Tabla 1. El sitio de muestreo N˚ 6 (mapa en la Figura 2), perteneciente a un parque infantil, contenía 68 veces más glifosato que el sitio Nº 5, perteneciente a un campo de cultivo de maíz resistente al glifosato. De manera similar, el sitio N˚ 8, donde la muestra de suelo fue tomada de la acera al lado de los depósitos de pesticidas, tenía la concentración más alta de glifosato (3868 ppb), AMPA (3192 ppb), y otros pesticidas. El glifosato también presentó las concentraciones más altas entre todas las matrices estudiadas (3868 ppb), excediendo por mucho a los otros pesticidas: endosulfán II (337.7 ppb) y clorpirifos (242 ppb) (ver Tabla 1). Había concentraciones mínimas de pesticidas en el agua potable; también, el arsénico en el agua potable era menos de 5 ppb.

3.3. Análisis epidemiológico

En general, se visitaron el 92% de los hogares y el 4,8% corresponde a hogares que se negaron a contestar la encuesta. Algunas casas estaban deshabitadas en el momento de la visita. La información fue recabada de 4859 personas (62% de la población), sus características están disponibles en la Tabla 2.98. Los abortos espontáneos ocurrieron en los últimos 5 años entre 981 mujeres encuestadas en edad reproductiva; 62 de ellas tuvieron un solo episodio, 15 tuvieron dos y 2 de ellas tuvieron tres abortos, una tasa de prevalencia de abortos no intencionales del 10% por cada 100 mujeres en edad reproductiva; 79 mujeres entre 981 fueron las que sufrieron abortos espontáneos (8%).Entre la población estudiada hubo 853 nacimientos en los últimos 10 años, 25 niños presentaron anomalías congénitas mayores y estaban vivos en el momento del estudio (cuatro anomalías del sistema nervioso, cinco genitales, cuatro extremidades, tres renales y urinarias, dos digestivas, cuatro cardiopatías y una atresia biliar, labio leporino y quiste tiroglosal), una tasa de prevalencia del 3% (Tabla 3), sin incluir a los niños malformados que murieron durante este período. Incluyendo a los muertos ( doce casos) la tasa de anomalías congénitas alcanzaría el 4,3% porque la OMS estima una mortalidad por anomalías congénitas del 40% en diez años [11] Los abortos espontáneos que se muestran se correlacionan con las mujeres jóvenes y las mujeres que viven en R16 y R17 con una significación del 0,05%, estos radios (R) son en los que sopla el viento procedente de los almacenes de cereales. Las anormalidades congénitas no mostraron correlación significativa con variables independientes, los niveles de asociación se midieron como la tasa de prevalencia (OR) que surge de las tablas de contingencia (2 × 2); la OR para los abortos espontáneos en mujeres de Radio 16 y Radio 17 con respecto a otros Radios fue de 1,29 (IC: 0,71 – 2,34) con un valor p no significativo, por lo que a pesar de la existencia de riesgo aparente de aborto en esas áreas, no se pudo excluir la presencia de sesgo.

4. Comentarios

Las semillas manipuladas genéticamente que contienen un transgén tienen la capacidad de sobrevivir en ambientes saturados con glifosato, un herbicida utilizado para erradicar otras plantas. El glifosato interfiere con el metabolismo vital de las plantas, pero no con las plantas transgénicas para las que se generó una vía metabólica alternativa a través de la bioingeniería. Desde 1996, año en que se introdujo la soja transgénica en Argentina, su uso ha continuado expandiéndose debido a las altas ganancias generadas por su comercialización y fácil cosecha [12] a medida que aumenta la extensión de este cultivo, también lo hace el uso del glifosato. Actualmente, Argentina utiliza 240.000 toneladas de glifosato al año. Esto ha aumentado año tras año como consecuencia de las malezas resistentes a herbicidas que requieren dosis más altas de glifosato y el uso combinado de otros herbicidas como 2,4D, atrazina, etc. [13] . Este aumento se ha traducido en 5 kg de glifosato por persona al año como carga potencial de exposición para todos los habitantes del país, mayor en las zonas agrícolas.

Monte Maíz muestra los efectos de este modelo agrícola, así como el auge de la producción en la región, el alto nivel de vida de la población y la reubicación de los agricultores locales en la aldea, que abandonaron las zonas rurales y se trasladaron con los equipos y suministros, junto con sus familias. Los depósitos de maquinaría agrícola se están multiplicando dentro de la población (veintidós en total), los mayores depósitos de la ciudad están en R15 y son cinco sitios de almacenamiento de pesticidas. Un total de 650 toneladas de glifosato al año se concentran, manipulan y han rodeado el pueblo, que ahora enfrenta campos que son fumigados diariamente. El glifosato se encontró en el 100% de las muestras de suelo y polvo de la cáscara, la concentración fue 10 veces mayor que la de otros plaguicidas, lo que demuestra que, de todos los plaguicidas que contaminan el medio ambiente, el glifosato es el más frecuente. Las concentraciones encontradas en el centro de la ciudad son varias veces más altas que en el suelo de los campos cultivados (ver tabla 1), lo que reafirma la impresión de que la ciudad está en el centro de operaciones del área fumigada. El glifosato también es alto en el polvo de los cereales, también se acompaña de otros pesticidas cuya presencia conjunta descarta que el glifosato sea alto dentro del pueblo debido a su uso en jardinería.

En las fábricas de metalurgia, no se encontró contaminación significativa; la densidad por km2 de la fuente de radiación electromagnética, como el emplazamiento de las antenas de telefonía móvil, las líneas de alta tensión y los transformadores de tensión eléctrica, es baja en comparación con la densidad de la radiación electromagnética de la fuente en las grandes ciudades, lo que minimiza el valor de esta contaminación; por ejemplo, Nueva Córdoba, un barrio de la ciudad de Córdoba, que está ubicado en la misma superficie que Monte Maíz, con una mayor población, tiene nueve sitios de antenas de telefonía móvil, mientras que sólo hay dos torres en Monte Maíz [14], aunque una debilidad del estudio es la falta de mediciones directas de radiación electromagnética.

Además, el manejo de la basura doméstica, las aguas residuales y el agua libre de contaminantes (desde hace 16 años) eliminan la relación de estos factores contaminantes de las patologías observadas. Así, la contaminación con glifosato y en menor medida con otros plaguicidas es el factor predominante en el análisis de la contaminación ambiental de Monte Maíz.

La tasa de abortos espontáneos en cinco años (10%) en Monte Maíz fue tres veces superior a la reportada en un análisis nacional realizado en 2005 por el Ministerio de Salud Nacional (0,6% anual)[15] , y también superior a la de una encuesta socio-sanitaria realizada recientemente (2016) por nuestro equipo en un barrio de Córdoba donde la prevalencia de abortos espontáneos fue de 3,7% en 5 años [16] . La distribución espacial de los abortos muestra una acumulación de casos en el sector (R16 y R17) que está más contaminado con cáscara de grano impregnada de glifosato, aunque la asociación no es significativa. Esta mayor prevalencia es consistente con los hallazgos de Aiassa et al. que detectaron una tasa de abortos espontáneos del 19% entre 166 hogares de la localidad campesina de Las Vertientes (Córdoba, a 180 km de Monte Maíz)[17]. El «Ontario Farm Family Health Study» (Estudio de Salud Familiar en Granjas de Ontario) refería el 18,7% de la tasa de abortos espontáneos en familias de granjeros con un riesgo significativo de exposición al glifosato antes de la concepción [18]. En nuestra población, las madres jóvenes estaban vinculadas a este resultado perinatal y no al revés; el tabaquismo tampoco estaba vinculado al aborto. La población no es endogámica (es una gran ciudad formada por agricultores y siderúrgicos) y su estructura social muestra un excelente estatus socioeconómico medido en tasa de necesidades básicas insatisfechas. Ni la edad materna, ni los hábitos tóxicos, ni la pobreza pueden explicar la alta tasa de abortos espontáneos en Monte Maíz.

Parece haber una relación clara entre la exposición a plaguicidas, incluido el glifosato, y la interrupción del embarazo, similar a las observaciones realizadas por Settini en Italia [19] , o a las revisiones sistemáticas de la medicina basada en la evidencia de Sanborn et al. en la Universidad MacMaster, Canadá, en 2007 [20] y actualizada en 2012 [21].

Por otro lado, el Registro Nacional de Anomalías Congénitas de Argentina (RENAC) en 2014 informa que entre 281.249 recién nacidos se registraron un total de 4.120 anomalías congénitas estructurales mayores, con una prevalencia del 1,4% [9] ; en Monte Maíz la prevalencia (3%) fue el doble de la prevalencia nacional (ver Tabla 3). Vale la pena mencionar que nuestros datos no incluyen a los niños malformados que murieron, por lo que la diferencia seguramente podría ser aún mayor. Los tipos de anomalías congénitas no difieren significativamente de los reportados por el RENAC para toda la Provincia [9]. La tasa nacional de anomalías se genera a partir de informes mensuales emitidos por los servicios de neonatología, puede haber subregistro de casos. Por el contrario, nuestros datos pueden estar sesgados debido al hecho de que son auto-referenciados, y aunque esto es un factor limitante para cualquier estudio de la enfermedad a través de encuestas, es poco probable en alguna patología menos prevalente donde, por el contrario, el error más común es el tipo II. Los datos recopilados de manera diferente pueden reflejar discrepancias, generando así un sesgo de información. En cualquier caso, la mayor frecuencia de niños nacidos con anomalías congénitas en poblaciones expuestas a agroquímicos se describe en los registros de las maternidades [22], control de casos [23],[24], estudios ecológicos estadounidenses [25],[26], revisiones sistemáticas canadienses [21], entre otros.

En 2010 Paganelli demuestra cómo los herbicidas a base de glifosato producen efectos teratogénicos sobre los vertebrados al perjudicar la señalización del ácido retinoico [27] y en los últimos años se ha publicado información sobre la genotoxicidad del glifosato en modelos experimentales, información que antes se desconocía, utilizando pruebas de aberraciones cromosómicas, micronúcleos y ensayos de cometa han verificado el daño a las cadenas de ADN [28][29] incluso en células humanas [30][31]. Más recientemente, estos mismos estudios se llevaron a cabo en personas ambiental y ocupacionalmente expuestas a plaguicidas en general y al glifosato en particular, los cuales registraron tasas de daño genético muy superiores a las encontradas en poblaciones no expuestas a plaguicidas utilizados como grupos de referencia o de control [32][33].

El Grupo de Trabajo de Monografías de la IARC-OMS para la Evaluación de Riesgos Carcinogénicos en Humanos en 2015 revisó 1000 estudios sobre glifosato y escogió 200 trabajos relevantes para concluir que existe una sólida evidencia de que la exposición a formulaciones a base de glifosato o glifosato es genotóxica basándose en estudios en humanos in vitro y en estudios en animales experimentales [34], la aparición de daños en las cadenas de ADN que, cuando no se reparan o no se extraen las células, pueden conducir a mutaciones de las células germinales con impacto en la salud reproductiva. Cerca de Monte Maíz, en la ciudad de Marcos Juárez, estudios publicados mostraron una doble frecuencia de aberraciones cromosómicas y micronúcleos en personas ambientalmente expuestas al glifosato u otros plaguicidas[35] y genotoxicidad en niños expuestos a plaguicidas en comparación con los que no lo están [36].

Esta asociación es consistente con respecto a los abortos y malformaciones, la plausibilidad biológica es muy razonable para los problemas reproductivos en su relación causal con los 600.000 kg de glifosato que contaminan el medio ambiente de Monte Maíz, aunque se reconoce que la falacia ecológica no puede descartarse de este análisis y el diseño de este estudio es limitado por causalidad. El cambio en la secuencia temporal no se pudo establecer en este estudio transversal, pero los médicos locales notaron cambios en el perfil de la enfermedad desde la introducción de semillas transgénicas y el uso masivo de glifosato. Aunque las limitaciones metodológicas de esta exploración sugieren que reconocemos su alcance limitado, resalta la asociación a nivel de evidencia y debe ser considerada con cautela dado el pequeño tamaño de la población, la naturaleza autorreferenciada de la encuesta y la modalidad descriptiva del estudio. Los resultados de este estudio también son importantes porque describen un problema de salud en el ambiente donde vive la gente.

5. Conclusión

Esta investigación detectó un ambiente urbano severamente contaminado por glifosato y otros pesticidas con alta exposición ambiental al glifosato en los pobladores e identificó frecuencias elevadas de anormalidades congénitas y abortos espontáneos, sugiriendo un vínculo entre la exposición ambiental al glifosato y los problemas reproductivos, aunque este fue un diseño exploratorio y de observación incapaz de hacer afirmaciones causales directas. Sin embargo, desde el punto de vista de la salud colectiva, este vínculo requiere recomendar la aplicación cautelar de medidas para proteger a la población de esta exposición ambiental.

Agradecimientos

Al Programa SUMA 400, Secretaría de Extensión Universitaria de la UNC que hizo posible viajar con un equipo de 70 personas a Monte Maíz. A la Municipalidad de Monte Maíz, que facilitó la permanencia de nuestro equipo durante los 5 días de trabajo de campo. A los profesores y estudiantes de Medicina y Geografía de la ONU, a los profesores y estudiantes de Química de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, que realizaron el trabajo de campo en Monte Maíz. Y a «Ayni Translations» que realizó la traducción del original español al inglés.

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no tienen intereses financieros competidores reales o potenciales.

Citar este artículo

Avila-Vázquez, M. , Difilippo, F. , Lean, B. , Maturano, E. y Etchegoyen, A. (2018) Environmental Exposure to Glyphosate and Reproductive Health Impacts in Agricultural Population of Argentina. Journal of Environmental Protection, 9, 241-253. doi: 10.4236/jep.2018.93016.

Referencias

Consultar el artículo original.

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Denuncian en la ONU violación a los derechos humanos por el uso de agrotóxicos en la Argentina

Por Lucía Guadagno, 11 de junio de 2017

Periódico digital Pausa

Durante la 35° sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la ONG internacional CETIM pidió acciones urgentes para detener los “nefastos” impactos de los pesticidas en la salud en el país.

Estamos alarmados por la situación en la región de la llanura argentina”, dijo Rafaele Morgantini, integrante de la organización Centre Europe Tiers Monde (CETIM). Desde 1981, la ONG tiene estatus consultivo en la ONU, es decir, la posibilidad de denunciar violaciones a los derechos humanos y presentar propuestas.

En las zonas agrícolas se rocían venenos muy cerca de escuelas, casas y ríos, violando así las leyes sobre las distancias de aplicación de fitosanitarios”, advirtió Morgantini este martes durante la primera jornada del 35° período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. “Estudios académicos demuestran que se han triplicado las enfermedades crónicas por envenenamiento, el cáncer pasó a ser una de las causas más probables de muerte en la región y las enfermedades mentales relacionadas aumentaron copiosamente”.

Emergencia y pedido de investigación

La organización pidió que se declaren “con urgencia” las áreas fumigadas como zonas de emergencia sanitaria para evitar que los pueblos afectados sigan respirando venenos contra su voluntad. “Instamos al gobierno a que adopte medidas para poner fin a esta situación que atenta contra la salud de su pueblo, en conformidad con la ley general de ambiente, la de residuos peligrosos, el artículo 41° de la Constitución y el Pacto Internacional de derechos económicos sociales y culturales, ratificado por Argentina”, sostuvo.

Además, pidieron que la ONU visite la zona, a través de un relator especial por el derecho a la salud, “para investigar dichas violaciones de derechos humanos”.

El artículo 41 de la Constitución Nacional sostiene: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo”.

Desde Lucio V. López

La denuncia llegó a la ONU por la movilización de asambleas de pueblos fumigados locales. Paola Carizza, integrante de los Vecinos Autoconvocados de Lucio V. López (una localidad de 700 habitantes situada en el departamento Iriondo, a 44 kilómetros de Rosario y a 132 kilómetros de Santa Fe), contó a Pausa que lograron ser oídos por CETIM, con sede en Suiza, gracias a familiares y compañeros que viven en Ginebra y otras ciudades europeas. “Necesitamos que se escuche nuestro reclamo. Ante la falta de respuestas del Estado argentino decidimos recurrir a organismos internacionales”, dijo la mujer.

Al recibir la denuncia, la ONG tomó contacto con asambleas de pueblos fumigados, redes de médicos y abogados y elaboró una declaración oficial, cuyo fragmento se leyó durante la asamblea de la ONU.

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Alarma ante el incremento de malformaciones congénitas y de cáncer por la utilización de plaguicidas

Afirman que se ve incremento de cánceres y malformaciones en recién nacidos en el corazón sojero de la pampa húmeda, especialmente en la periferia de los pueblos. El caso de una malformación que rompió con todas las estadísticas en Baigorrita sumó preocupación.

Infocielo

Los casos de malformaciones en recién nacidos y la proliferación de enfermedades como el cáncer en el corazón sojero del país refuerzan los vínculos entre la aplicación de agroquímicos y el deterioro de la salud de las personas. En Baigorrita, una localidad 1.900 habitantes dentro de General Viamonte, un caso de atresia de esófago alarmó a los especialistas.

En diálogo con QM Noticias, Jorge Herce, doctor Responsable de Registro RENAC, HIGA Junín, y activista en contra de las fumigaciones, afirmó que hay “pruebas fehacientes” en torno al “incremento de algún tipo de malformaciones congénitas en recién nacidos, que según los estudios que se han realizado en otros lugares y de acuerdo a la expansión en los cultivos modificados genéticamente, se pueden vincular con el uso extensivo de agrotóxicos”.

En ese sentido, contó el caso de Baigorrita, donde se registraron dos casos de recién nacidos con atresia de esófago –la interrupción de la conexión entre el esófago y la boca- en menos de dos años. “Lo que llama la atención es el altísimo índice. Es una malformación que ocurre una vez cada 3.500 nacimientos, uno debería esperar 93 años para que se repita un caso, pero hubo dos en dos años”, explicó.

Desde lo epidemiológico vemos un incremento, este es un ejemplo que tiene especial valor porque uno de esos casos fue testigo en el Tribunal de La Haya”, agregó.

Los casos, sostuvo Herce, se ven en “pueblos pequeños de la zona del corazón sojero de la pampa, donde se ve un incremento de malformaciones congénitas y de casos de cáncer”. El especialista detalló que “cuando se hacen los mapeos sobre problemas de este tipo, uno encuentra que cuanto más en la periferia están ubicados, en las zonas que lindan con campos sembrados, donde habitualmente son fumigados hay más casos”.

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República Unificada de la Soja: el agronegocio cuestionado

Por Nazaret Castro, 12 de diciembre de 2016

equaltimes.org

A primeros de noviembre, el médico argentino Damián Verzeñassi vio cómo el decanato de la Universidad Nacional de Rosario decidió clausurar con cadenas la oficina donde se archivaban más de 96.000 historias clínicas de vecinos de cuatro provincias argentinas que, según las investigaciones de Verzeñassi, padecen enfermedades que no existían en la región antes de la instalación de las multinacionales Monsanto y Bayer.

Cristina K. y de la Sota: ¡Basta de saqueo y contaminación!, dice un cartel colocado en la cerca que rodea el área donde Monsanto quiere construir la mayor plantas de semillas de América Latina, el 26 de septiembre de 2015 (AP/Natacha Pisarenko)

Cristina K. y de la Sota: ¡Basta de saqueo y contaminación!, dice un cartel colocado en la cerca que rodea el área donde Monsanto quiere construir la mayor plantas de semillas de América Latina, el 26 de septiembre de 2015 (AP/Natacha Pisarenko)

La decisión del decanato, que el médico calificó de persecución, se producía días después de que el académico participase en el primer “Tribunal Internacional Monsanto” (TIM, una iniciativa de la sociedad civil) que tuvo lugar en La Haya. Verzeñassi había testificado en calidad de médico en este tribunal popular contra la estadounidense Monsanto.

Verzeñassi denunció que “el decano Ricardo Nidd inició una persecución ideológica y académica contra el equipo de docentes” y alumnos que vienen acompañando a “familias víctimas del modelo agropecuario dominante, con transgénicos y agroquímicos”, y afirmó que detrás de esa campaña hay “funcionarios provinciales y empresas del agronegocio«.

La sociedad civil no tardó en reaccionar y un conjunto de organizaciones de base, asociaciones ambientalistas y ONG lanzaron una declaración pública y abierta en repudio a lo sucedido a Verzeñassi. También un grupo de académicos críticos apoyó al investigador y comparó su caso con el del fallecido Andrés Carrasco, uno de los primeros científicos en probar en Argentina los riesgos del glifosato. Hoy reconocido y recordado, Carrasco fue duramente cuestionado por su contundente crítica al modelo sojero –pilar, hoy día, de las economías del Cono Sur–.

El 60% de la tierra cultivable en Argentina, un porcentaje similar en el sur de Brasil, y casi el 80% de Paraguay ya está sembrada con soja, y casi toda es transgénica. Fue Syngenta quien, en 2003, publicó un anuncio en los suplementos rurales de los dos diarios argentinos más vendidos bautizando con el nombre de “República Unida de la Soja” a los territorios del Cono Sur en los que se ha expandido el “nuevo oro verde”: Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia.

Después, fueron las resistencias al agronegocio las que utilizaron esa expresión, caracterizándola como expresión del “neocolonialismo” que reserva a América Latina el papel de exportador de materias primas con escaso valor añadido. En concreto, soja transgénica producida con biotecnología de los países ricos y exportada a China para dar de comer a los cerdos, o a Europa para producir biodiésel.

La versión más extendida es la soja patentada por Monsanto: la Intacta, que se caracteriza por ser resistente a uno de los agroquímicos más vendidos del mundo: el Roundup Ready, que tiene entre sus ingredientes el glifosato. Ese es el “paquete tecnológico” que se vende a los productores y garantiza la rentabilidad del monocultivo.

En 2013, en Argentina se emplearon 320 millones de litros de glifosato, según la Red Universitaria de Ambiente y Salud (REDUAS); en 2000, habían sido 145 millones de litros. La sustancia, según la REDUAS, afecta a 22 millones de hectáreas y, de modo directo o indirecto, a 13,4 millones de personas.

Para el ingeniero y académico Walter Pengue, el modelo sojero es parte de un sistema “neocolonial” por el cual los países del Sur global exportan su riqueza a los países ricos.

Pengue ha intentado cuantificar los nutrientes y el agua que se pierden con la exportación de soja: “El comercio agrícola mundial puede ser pensado como una gigantesca transferencia de agua, en forma de materias primas, desde regiones donde se la encuentra en forma relativamente abundante y a bajo costo, hacia otras donde escasea, es cara y su uso compite con otras prioridades”, afirma el académico, que califica la sojización de la región pampeana como “una maquinaria de hambre, deforestación y devastación socioecológica”.

Madres en pie contra los agrotóxicos

El daño de los ecosistemas ya es innegable: una investigación reciente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) confirmó que la cuenca del río Paraná ha sido contaminada con glifosato. Las evidencias del impacto sobre la salud son también sobradas, gracias al trabajo de Verzeñassi, de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, quien ha identificado, entre otros, el aumento de casos de cáncer y leucemia, malformaciones fetales y abortos espontáneos.

Las evidencias científicas también van en aumento: así, el pasado octubre, bioquímicos de la Universidad Nacional de Rosario detectaron alteraciones en el aprendizaje y la memoria de células nerviosas sometidas al glifosato.

Monsanto, mientras, mantiene la inocuidad del glifosato, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo incluyó en su lista de sustancias potencialmente cancerígenas.

Fueron las resistencias sociales las que empujaron a la comunidad científica al desarrollo de estudios críticos con la versión de las multinacionales y de los gobiernos de turno. En los países productores comenzaron a registrarse denuncias por un aumento de malformaciones genéticas, abortos espontáneos o cáncer en las regiones cercanas a los cultivos.

Tal vez la lucha más emblemática es la de las Madres de Ituzaingó Anexo, un barrio periférico de Córdoba donde las mujeres lideraron la oposición a la soja. “Comenzamos a apreciar que habían aumentado ciertas dolencias, y al principio pensábamos que era por causa del agua. Pero después empezamos a lograr que nos ayudaran expertos y, con ellos, determinamos que el causante de nuestros problemas era el glifosato”, narra una de las activistas.

En el epicentro de la expansión sojera, el pueblo cordobés ha demostrado su oposición a un modelo de desarrollo que pone en peligro su salud y su futuro.

Monsanto había escogido la localidad cordobesa de Malvinas Argentinas como sede de su nueva planta productora de semillas, pero, tras dos años de acampada militante, la multinacional desistió el pasado mes de agosto. No obstante, los miembros de la Asamblea Autoconvocados del Acampe han decidido permanecer en el lugar hasta comprobar que, tal como ha sido anunciado, el terreno será loteado con el objetivo de desarrollar un parque industrial para pymes.

Los grandes perdedores, los pueblos indígenas

Los grandes perdedores del modelo de desarrollo sojero son los pueblos indígenas, pues es sobre sus territorios sobre los que se expande la soja. En las provincias argentinas de Chaco y Formosa, el pueblo Qom ha denunciado la presión creciente sobre ellos, en forma de hostigamiento y agresiones, que investigadores como el periodista Darío Aranda han relacionado con el avance de la soja.

Unas 3.000 personas de etnia Guaraní-Kaiowá que habitan en el estado brasileño de Matto Groso do Sul, se enfrentan al hostigamiento de grupos armados ilegales y a la inacción de un Estado que no cumplió con el compromiso adquirido en 2009 de demarcar sus territorios, como ha denunciado FIAN Internacional.

En 2012, causó conmoción una carta abierta de una comunidad guaraní que amenazaba con el suicidio colectivo si se les desalojaba de sus territorios; pero desde entonces nada ha cambiado: el pueblo guaraní sigue amenazado por el avance del monocultivo o de otros emprendimientos extractivos, como las megarrepresas, que impiden que puedan proseguir con sus modos tradicionales de vida.

En Paraguay, el avance de la soja amenaza tanto al pueblo guaraní como a los campesinos, en un país donde la soja acapara ya el 80% de la tierra cultivable, y donde el 2% de la población concentra el 85% de la tierra. El avance de la agroindustria se ha vinculado a la muerte de 115 campesinos desde que terminó la dictadura en 1989, como ha denunciado Oxfam.

La sojización del país es, además, una de las principales causas de la deforestación del bosque atlántico paraguayo, que ha perdido el 85% de su extensión: de los 9 millones de hectáreas de superficie original, se conservan apenas 1,3 millones, según WWF.

En el juicio de la sociedad civil celebrado en La Haya, Monsanto fue señalado como responsable de violaciones de derechos contra los pueblos indígenas; la empresa negó la mayor: “Este juicio, simulado a través de un falso tribunal, distrae tanto del auténtico diálogo sobre las necesidades de la agricultura y los alimentos, como de una verdadera comprensión de los derechos humanos”, expresó la empresa en una carta abierta en la que enfatizó también las medidas tomadas para “mejorar la salud de las abejas” o para “evitar la deforestación ilegal y proteger a las especies locales”.

El consenso sojero

Pero, aunque las resistencias se hacen cada vez más fuertes en el ámbito académico y en los territorios afectados directamente por las fumigaciones, entre la clase política se mantiene el consenso en torno al modelo sojero, que en Argentina es la principal fuente de divisas: las exportaciones de derivados de la soja entre 2002 y 2013 sumaron 158.000 millones de dólares.

Así lo resume el intelectual uruguayo Raúl Zibechi: “El cultivo de soja creció exponencialmente durante el kirchnerismo; la diferencia es que al 50% de abajo le daban más planes sociales que los gobiernos de la derecha”, mientras que una de las primeras medidas del gobierno neoliberal de Mauricio Macri, en el poder desde diciembre de 2015, prefirió bajar las retenciones a las exportaciones a las empresas sojeras.

En las últimas semanas ha arreciado la polémica entre Monsanto y el Gobierno de Macri, pero la disputa no es en torno a la expansión de la soja, sino a los cánones que Monsanto impone a los productores. En Argentina, una gran parte de los productores no utilizan la soja patentada por Monsanto, sino otras similares, a las que la empresa viene cobrando cánones o regalías a través de contratos individuales cuya legitimidad ha sido puesta en cuestión por los productores; el Ministerio de Agricultura, con el aval de Macri, se posicionó a favor de estos últimos.

Como medida de presión, Monsanto ha anunciado que suspenderá el lanzamiento en Argentina de la nueva soja Roundup Ready 2 Xtend, y ha amenazado al Gobierno con lo que más le duele: que la confianza inversionista se vea afectada.

Mientras tanto, las resistencias en torno a Monsanto siguen sin aparecer en las portadas de los diarios y sin entrar en la agenda gubernamental, pero se fortalecen en los territorios.

El investigador Mauricio Berger, especialista en justicia ambiental, lo explica así: “Creo que la lucha asumirá un giro anticapitalista, porque se está llegando a la raíz: que el modelo genera desarrollo para unos pocos y daños ambientales y sobre la salud para las minorías. Se comienzan a visibilizar alternativas, cambios de modelo, formas de lucha, en los que se van concretando modos de auto-organización, como asambleas y trueques, que emergieron en la crisis de 2001, y que están ahí, latentes”.

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La guerra de los transgénicos: el impacto de los transgénicos en la salud humana y animal en todo el mundo (I)

Por el Dr. Mercola, 25 de septiembre de 2016

articles.mercola.com

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La Guerra de los Transgénicos” es un premiado documental realizado por el periodista francés Paul Moreira, quien ha realizado un recorrido por Europa y América Latina observando los efectos de los cultivos transgénicos en el ganado y la salud humana.

También habla de otras preocupaciones, como son el aumento en el uso de herbicidas a base de glifosato, atrazina y 2,4-D, este último ingrediente del conocido y devastador defoliante Agente Naranja, utilizado con profusión en la guerra de Vietnam.

Monsanto fue el más importante productor del Agente Naranja durante aquella guerra, aunque no es su única contribución a la guerra: participó en el Proyecto Manhattan y en el desarrollo de la bomba atómica. Esta ayuda explica por qué Monsanto es defendido de manera acérrima por el Gobierno de los Estados Unidos.

Una alianza destructiva y a menudo incomprensible que se mantiene hasta nuestros días, con el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos en el desarrollo y difusión de los cultivos transgénicos y de productos tóxicos por todo el mundo, de los que ahora se dice que son necesarios para la agricultura.

Monsanto es la empresa líder en semillas transgénicas y en los productos químicos asociados, algo que recibe adecuada atención durante todo el documental. El ex ecologista Patrick Moore, que pasó de formar parte de Greenpeace a ser un apologista de los transgénicos y entrar a formar parte de los lobbies, también aparece.

En un buen documental [1] que ha recibido más de 1,4 millones de visitas. En el documental también aparece el momento en el que Moreira le ofrece un vaso de Roundup a Patrick Moore, para comprobar su afirmación de que el glifosato es inofensivo. Moore se niega, diciendo que él no es tonto.

Criadores de ganado porcino de Dinamarca luchan contra una misteriosa enfermedad

El documental comienza en Dinamarca, donde los criadores de cerdos están luchando para determinar la causa de una misteriosa enfermedad que afecta a los cerdos, que se denomina simplemente “la muerte amarilla”. La enfermedad provoca una fuerte diarrea, y a menudo es letal para los cerdos a los que afecta.

Prácticamente todos los cerdos son alimentos con soja transgénica, y muchos sospechan que éste puede ser el origen del problema. Borup Pedersen es un criador de cerdos de Dinamarca con bastantes años de experiencia.

Cuando empezó a alimentar a sus cerdos con soja transgénica en la década de 1980, la mezcla sólo contenía aproximadamente un 20% de soja transgénica. Con los años la proporción ha ido aumentando, y ya en el año 2002 el 90% de la soja empleada para la alimentación era transgénica.

Del mismo modo que otros ganaderos, Pedersen se esforzó por erradicar la muerte amarilla, una enfermedad que podía llegar a matar hasta el 30% de los lechones nacidos cada año; hasta que un día decidió prescindir de la soja transgénica en la alimentación de sus cerdos. En muy poco tiempo los cambios fueros notables. No volvió a darse ni un solo caso de diarrea entre sus cerdos.

Durante los tres años que lleva alimentando a sus cerdos con piensos no transgénicos, no ha vuelto a aparecer ningún caso de muerte amarilla. Pedersen ha logrado suscitar dudas acerca de la seguridad de la soja transgénica entre los ganadores daneses. Pero Pedersen incluso puede haber profundizado más en el problema, al darse cuenta de dos intrigantes conexiones:

1.- Cuando la soja transgénica procede de Argentina, los ganaderos comprobaron la aparición de brotes de diarrea entre sus cerdos. ¿Qué es lo que hay en la soja transgénica de Argentina que es mucho peor que otras?

2.- Se han podido observar imágenes de niños argentinos con defectos de nacimiento, algo que médicos y científicos locales insisten en que está producido por los plaguicidas, ya que muchas personas viven rodeadas por campos donde se cultivan transgénicos y se emplean gran cantidad de productos químicos tóxicos, que se fumigan de manera impune.

Llama la atención la similitud entre estas deformaciones y las que muestran los lechones. ¿Podría ser que estuviese contaminada la soja transgénica con pesticidas y ser la causa de los problemas de los criadores de cerdos?

Aquí un avance del documental:

Soja transgénica: la destrucción de Argentina

Argentina es el tercer mayor productor mundial de cultivos transgénicos, y el segundo mayor productos de soja transgénica. Los cultivos transgénicos han alterado radicalmente el aspecto del país.

Los cultivos transgénicos han eliminado la necesidad de mucha mano de obra en las explotaciones agrarias, haciendo desaparecer pueblos enteros y extendiendo una pobreza masiva [2]. Ha acabo con la diversidad agrícola de Argentina, de lo cual presumía, reemplazándola por monocultivos transgénicos de maíz, soja y algodón.

Moreira visita Avia Terai, un pequeño núcleo rural rodeado de campos de cultivos transgénicos. En esta localidad se producen muchos nacimientos con raras enfermedades y otras degenerativas de origen desconocido. Una niña presenta enormes marchas por su cara y cuerpo, marcas que ha tenido desde su nacimiento.

Otra persona sufre una enfermedad degenerativa sin diagnóstico, de la que le dicen que es de origen genético, que se ve agravada por la exposición a los herbicidas. Muchos niños presentan deformaciones, y los ancianos mueren de cáncer.

La gente se refiere a Roundup de Monsanto como “el veneno” y hacen todo lo posible para que no sea rociado en los cultivos. Todos temen a los enormes tractores que fumigan los campos con herbicidas, y nadie sabe lo que están esparciendo.

Una mujer dice que se cierra en casa con sus hijos cuando oye el rugido del tractor. Aún así es difícil evitar los venenos cuando se está rodeado de campos y el viento dispersa los herbicidas, que se depositan en el agua potable y en la ropa colgada para secar.

Los agricultores argentinos reconocen que la soja transgénica no es apta para alimentación animal

Resulta revelador cuando un agricultor argentino, que es grabado en secreto por Moreira, dice que no alimenta con esta soja transgénica a sus animales: “Si usted alimenta a sus gallinas con ella, ya no podrá comer sus huevos”. Cuando se le preguntó por qué, dice que los huevos huelen tan mal que no se pueden comer. Esta es la razón por la cual se exporta la soja transgénica.

Mientras tanto, la gente de alrededor sufre las fumigaciones con regularidad. Los esfuerzos para dialogar con los productores de soja transgénica no han conseguido nada, y las empresas propietarias de los campos son tan ricas que las multas que les puedan imponer no les disuade de fumigar dentro del perímetro de seguridad en torno a las zonas residenciales.

En los 15 años de cultivos transgénicos en Argentina, sólo se han producido tres condenas por fumigación ilegal, a pesar de ser algo muy común. En el caso de Avia Terai, el pueblo se encuentra sólo a 200 metros de los campos de soja transgénica.

Por ley, no se permiten las fumigaciones a menos de 1,5 kilómetros de las zonas pobladas.

Pero no se trata de un caso único. De hecho, el problema es tan grave que el Gobierno de Argentina se ha visto obligado a subvencionar centros de discapacidad inducida por plaguicidas para gestionar la creciente crisis sanitaria. Estos centros están llenos de niños procedentes de pueblos donde la gente está expuesta a los productos químicos agrícolas. En general, los defectos de nacimiento son alrededor de un 350% mayor en estas zonas donde se cultivan los transgénicos en comparación con el resto del país [3].

Como señala una de las enfermeras de uno de estos centros de discapacidad situado en Sáenz Peña: “Exportamos nuestra soja transgénica a sus países para alimentar a los animales que luego se comen… Pero somos nosotros los que realmente estamos pagando el precio por ello”. La pediatra Dra. María del Carmen Seveso va más lejos y lo califica de genocidio, señalando que la situación en extremadamente preocupante.

Niños con deformaciones, cerdos con deformaciones, ¿son los herbicidas los culpables?

Fueron las imágenes publicadas en Internet de los niños con defectos de nacimiento lo que llevó a pensar a Pedersen, el criador danés de cerdos. Del mismo modo que otros criadores de cerdos, él también sufrió de muchos defectos de nacimiento en las crías.

Hasta entonces no había prestado mucha atención, aparte de reconocer que estas cosas suceden de vez en cuando, pero las deformaciones se habían convertido en algo muy común, y se vio impresionado por la similitud de las deformaciones que vio en los niños argentinos que habían estado expuestos a los pesticidas en el útero.

Cuando se trata de determinar qué pesticidas son los culpables, las preguntas son muy abiertas. El glifosato no es el único producto químico que se utiliza en los campos de soja transgénica de Argentina. A medida que ciertas plantas se hacen resistentes a estos herbicidas, muchos agricultores han recurrido a utilizar más productos químicos en la mezcla que se fumiga, y no está claro qué están utilizando.

La acción sinérgica de varios productos químicos normalmente aumenta la toxicidad de la mezcla, en comparación con un solo producto químico, pero no se han realizado estudios para determinar el nivel de riesgo de tales mezclas.

Moreira se dirige a un tractor que trabaja fumigando en un campo, y no sólo se encuentra que se está esparciendo Roundup de Monsanto, sino también la atrazina, que está prohibida en Europa, pero es muy utilizada en los Estados Unidos, y también 2,4-D.

Una cosa queda clara: la promesa de que los cultivos transgénicos iban a conducir a una agricultura más verde y a un menor uso de productos químicos, no se ha cumplido. En lugar de ello, cada vez se utilizan más para obtener nuestros alimentos y están presentes también en la alimentación del ganado.

Enemigos mutantes

Como los cultivos transgénicos se han apoderado de Argentina, las hierbas resistentes a los herbicidas se han convertido en un problema. Se cultivan en Argentina más de 30 millones de hectáreas de soja transgénica, y el glifosato se aplica en cada uno de esos cultivos al menos tres o cuatro veces al año. Esto ha dado lugar a la aparición de numerosas hierbas resistentes al glifosato, del mismo modo que también lo es el cultivo transgénico.

Para abordar el problema, los agricultores no sólo aplican más herbicida, sino que también los mezclan entre sí para prevenir esas plantas resistentes, ya que si no es uno será otro herbicida el que acabe con ellas. Como resultado, aparte del glifosato se añaden de 3 a 5 productos químicos más. Las nuevas semillas transgénicas están diseñadas para resistir estas tóxicas combinaciones (rasgos apilados).

Como se señala en el documental, no hay pruebas definitivas de que los productos químicos usados en la Agricultura sean los responsables de la crisis sanitaria en Argentina. Pero tampoco hay pruebas de lo contrario, de que no lo sean, y el Gobierno no ha hecho nada para determinar esa responsabilidad o ausencia de ella.

De hecho ocurre más bien lo contrario: el Gobierno de Argentina ha sido y continúa siendo un baluarte de la Industria de los Transgénicos, y los anuncios de Monsanto en la televisión de Argentina son algo común, donde aseguran que sus productos son seguros y efectivos. Sin embargo, se van acumulando cada vez más estudios para determinar si esta mezcla de productos químicos crea peligrosas interacciones o causan los graves problemas de salud que ahora se ven entre los niños de estas zonas agrícolas.

Un asombroso aumento de los casos de cáncer

La única investigación llevada a cabo de manera independiente sobre el impacto de los cultivos transgénicos ha sido realizada por estudiantes de la Universidad de Medicina de Rosario, encontrándose unas tasas de cáncer un 40% más altas en una de las localidades. En otra, la tasa de cáncer se disparó a unos niveles del 250% por encima de la media. Lo que estos dos pueblos tienen en común es que están rodeados por campos de cultivos transgénicos y se fumiga muy cerca de los lugares de residencia.

Desgraciadamente, la economía de Argentina depende ahora totalmente de los cultivos transgénicos. Según Alejandro Mentaberry del Ministerio de Ciencia, Argentina obtuvo en torno a 65 mil millones de dólares de los cultivos transgénicos entre 1996, año en que se introducen estos cultivos, y el año 2011. Mentaberry cree que el país debe su “milagrosa recuperación económica” a la exportación de los cultivos transgénicos.

Pero, ¿ a qué precio se ha producido esta bonanza económica? En abril de 2014, muchos argentinos salieron a las calles de la ciudad de Córdoba para protestar contra Monsanto y el uso de sus productos: ¡Fuera Monsanto, Sí a la vida, No a Monsanto, Monsanto nos envenena! ¡Monsanto es una empresa corrupta!, coreaban muchas personas mientras marchaban por las calles.

El documental pasa a examinar los poderes políticos que apoyan y dirigen a los países que aceptan los cultivos modificados genéticamente. Por ejemplo, Wikileaks reveló cómo los funcionarios del Gobierno de los Estados Unidos hacían el trabajo sucio a favor de la Industria Agroquímica, lanzando veladas amenazas en caso de necesidad. También se ha podido comprobar cómo responsables del Gobierno de los Estados Unidos actuaban como grupos de presión y portavoces de la Industria Biotecnológica.

La Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP) también puede acabar con las prohibiciones que se mantienen en algunos países contra los cultivos y productos transgénicos y productos químicos, sobre todo en Europa, donde las leyes de protección de la salud humana y el medio ambiente son más estrictas que en los Estados Unidos. Dependiendo del resultado final de estos acuerdos, es posible que ningún país sea capaz de oponerse a los transgénicos en el futuro, sin importar su coste humano o para el medio ambiente.

Parte 2

Este documental se puede ver completo hasta finales de septiembre en la página web del Dr. Mercola:

http://articles.mercola.com/sites/articles/archive/2016/09/24/transgenic-wars-gmo.aspx

Fuentes y referencias:

[1] Youtube, Lobbyist Claims Monsanto’s Roundup Is Safe To Drink, Freaks Out When Offered A Glass
[2] Organic Consumers Association, GE Soybeans Are Destroying Argentina’s Agriculture
[3] BBC May 14, 2014

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Transgelandia: el Congreso de AAPRESID por dentro

El gran encuentro anual del agronegocio transgénico expuso durante tres días y en Rosario su relato. Este año además inventaron un verbo: “resiliar”

Por Darío Aranda, agosto de 2016

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El salón es muy amplio, unos 50 metros de largo y 100 de ancho. Cinco pantallas gigantes, generoso escenario y todas las sillas ocupadas, a tope. Luz tenue, música épica y un locutor sobrio que propone: «Los invitamos a ponernos de pie. Entonaremos el Himno Nacional argentino». El público deja los asientos y comienza con un recitado tibio, pero finaliza con fuerza y la bandera argentina en las pantallas. El locutor retoma: «Damos inicios al vigésimo cuarto congreso de Aapresid (Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa)». Aplausos sostenidos. Bienvenidos al congreso anual de los empresarios rurales y engranaje fundamental de los agronegocios de Argentina. Durante tres días quedará aquí en claro que ellos se consideran la vanguardia técnica y moral del campo.Y que, aunque utilicen millones de litros de agroquímicos, en público hablan de «sustentabilidad» y «cuidado del ambiente».

El origen

Aapresid se presenta como una oenegé técnica » sin fines de lucro», nacida en 19S9 y promotora de la producción sin arar la tierra (siembra directa). Son usuales las palabras emprendedor, entusiasta, eficiencia, sustentabilidad. Desde sus orígenes se diferenció de las organizaciones tradicionales del agro porque no basa su importancia en la tenencia de tierras (llegaron a definirse «somos los Sin Tierra»), sino en el «conocimiento». Se trata de empresarios exitosos que aplican tecnología. Uno de ellos, quizás el más conocido, es Gustavo Grobocopatel, integrante del mayor pool de siembra.

Durante la crisis de 2001-2002 tuvieron una aparición masiva, mediante la «soja solidaria». De la mano de la iglesia católica, el Gobierno y diversas oenegés pusieron en marcha un plan de donación de soja para los comedores barriales y escuelas, daban cursos de cómo cocinada y publicitaban las supuestas bondades alimenticias. Recibió muchos cuestionamientos de organizaciones sociales y nutricionistas, que la acusaban de ofrecer a los chicos carenciados el alimento de los chanchos y aves de Asia y Europa: la soja transgénica. Incluso publicitaban como «leche de soja» al jugo de la oleaginosa, lo que generó toda una confusión respecto a si era equivalente a la leche de vaca. Finalmente, la leche de soja fue considerada no recomendable para menores de 5 años y contraindicada para menores de 2.

Durante «el conflicto del campo» por la resolución 125 (2008), Aapresid mantuvo un perfil propio. Mientras el Gobierno y las entidades tradicionales del campo (Sociedad Rural, Federación Agraria, Confederaciones Rurales y Coninagro-Mesa de Enlace) aumentaban en la escalada de confrontación, Aapresid no entraba al ring, pero fijaba posición: «Rechazamos por inconstitucionales las medidas adoptadas por el Gobierno y celebramos la manifestación espontánea de los ciudadanos del interior del país, con el apoyo de los centros urbanos, es una clara demostración de civismo y conciencia democrática». Llamaron a apoyar a la Mesa de Enlace «para continuar con este esfuerzo conjunto hasta lograr la indeclinable vuelta atrás de la Resolución 125».

Bienvenidos

Centro de Convenciones Metropolitano, parte del Alto Rosario Shopping. Las barreras de ingreso al estacionamiento, que suben y bajan como si fuera hora pico, tienen carteles publicitarios de empresas del agro. Autos último modelo y camionetas 4×4. Una calle interna y un gran arco de ingreso blanco: «Bienvenidos al 24 Congreso Aapresid». Y un auspicio en letras azules: Ministerio de Agroindustria de la Nación.

Un patio al aire libre con una decena de maquinarias. Cosechadoras, tractores («mosquitos») fumigadores gigantes (de unos tres metros de alto), tolvas. En la jerga, «los fierros».

Acreditación y la primera bolsa con folletería y publicidad. Al final del día, serán decenas de bolsas, carpetas, diarios, trípticos.

Cada sala tiene nombre de un auspiciante. La más importante es de Bayer. Le sigue Rizobacter. Tres salas llevan el nombre de productos de la empresa DuPont y otras tres de Basf.

El hall central es amplio, unos 200 metros de cada lado. Muy iluminado, estilo hipermercado. Los stand, de distintos tamaños. Todas las empresas: Syngenta, Bayer, Don Mario, DuPont, Nidera, Basf, YPF, Agrofina (Grupo Los Grobo), Rizobacter, Bioceres, Dow, entre otras. Y gobiernos: Ministerio de Agroindustria de Nación, gobiernos de Santa Fe y Córdoba, Banco Provincia de Buenos Aires. Folletería en abundancia y saturación de promotoras por metro cuadrado. Pantalones hiperajustados, sonrisas en abundancia.

Las mujeres asistentes son clara minoría: dos mujeres por cada ocho hombres. Se las ve poco en las charlas y la desproporción es más evidente en los pasillos.

Los hombres visten informal. Mucho jean, camisas, chalecos polar, zapatillas o zapatos informales. Muy poco traje y corbata. Los pasillos por momentos están saturados . Los organizadores señalan más de 4 000 inscriptos. El acceso tiene precio: 1.000 pesos los estudiantes, 2.600 pesos para las organizaciones amigas y 3.700 los no socios. En los intervalos se ofrecen gratis manzanas, jugo de naranja, café y magdalenas.

Para ingresar a las charlas primero hay que sortear a una joven (claro, promotora) con un lector láser en la mano. Ellas controlan el código de barras de la credencial y habilitarán el paso.

«Somos resilientes»

La inauguración es en la Sala Bayer. Luz tenue, símil cine. Larga fila de sillas. Unos 30 metros de largo y 100 de ancho. Un pasillo en el medio, desde la puerta de ingreso hasta el escenario. Cámaras como en un estudio de televisión, incluso una aérea. Cinco pantallas gigantes y, de un lado, tres publicidades móviles (como en las canchas de fútbol) con productos de Bayer.

La sala está colmada. No alcanzan las sillas. Baja la luz y sube el volumen de la música. Proyectan el video institucional del 24 Congreso. Muestran el proceso de una tortuga recién nacida, intentando desarrollarse, con dificultad. Sube aun más la música. La tortuga está dada vuelta, caparazón abajo, y sigue dando lucha. Intercalan las imágenes con las palabras «constancia», «adaptabilidad», «autoconocimiento», «estrategia», «recuperación». Hasta que la tortuga se sobrepone y se desarrolla. Patas al suelo, la tortuga camina, vive. El mensaje de Aapresid: «Somos sustentables, somos resilientes»

Crear sentido

Cada congreso tiene un eslogan o palabra guía. En 2013 fue «Otra tierra». En 2014 La misión. Y en 2015 Biosapiens, la era del suelo. Este congreso utilizó como verbo la palabra «resiliar». En el diccionario existe «resiliencia», entendida como «capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos».

No existe el verbo, pero Aapresid la creó para su congreso anual y le impuso un sentido: «Reaccionar, rebelarse, sobreponerse a la adversidad, esforzarse, confiar en nosotros mismos, adaptarse modificarse. Seguir adelante. Interactuar con el entorno y recuperar el equilibrio. Afrontar situaciones que nos ponen a prueba, que nos obligan a dar el máximo y generan incertidumbre respecto del futuro. Confiar porque podemos transformarnos y volver a estar en condiciones de superar las adversidades. Entonces se revela el funcionamiento del sistema y su capacidad de recuperarse. Cuidamos, evolucionamos, seguimos aprendiendo, podemos resiliar».

La palabra aparecía en todos los espacios, folleterías, talleres, charlas y era repetida por la mayoría de los expositores, funcionarios incluidos.

Argentinidad

El1 locutor invita a entonar el Himno Nacional. Las pantallas muestran paisajes de las distintas provincias. De norte a sur. Comienzan a cantar el Himno de manera tímida, como en los actos escolares, pero va tomando fuerza con las estrofas. Terminan con pasión al momento de «juremos con gloria morir». En las cinco pantallas flamea la bandera nacional. Aplauso sostenido. Nacionalismo recargado.

En el panel de apertura están el presidente de Aapresid, Pedro Vigneau; el secretario de Valor Agregado del Ministerio de Agroindustria, Néstor Roulet (faltó el ministro Ricardo Buryaile); el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz; y la intendenta de Rosario, Mónica Fein.

Vigneau, de saco y corbata, pasa al atriL Enumera logros de los últimos meses:

El trabajo de la Red de Malezas Resistentes, espacio comandado por Aapresid que estudia las plantas no deseadas. También participan INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), universidades, Senasa y empresas de transgénicos.

Certificación de «buenas prácticas agrícolas (BPA)» junto a Casafe (cámara de las empresas de agroquímicos). «BPA» es un término que justifica el uso masivo de plaguicidas y culpa al «mal uso» (y no al modelo) de las consecuencias sanitarias y ambientales.

Un trabajo conjunto a las facultades de Agronomía y Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires con » nuevos conocimientos para la sustentabilidad».

El crecimiento de Aapresid,con un grupo incluso en Brasil.

Y no le escapó a la coyuntura política: «Se siente un ambiente distinto. Se respira esperanza. Por primera vez en muchas décadas, la pelota esta de nuestro lado». El auditorio le respondió con aplausos.

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En casa

La intendente señaló que es un «gran orgullo» que Aapresid haya elegido Rosario y, en sintonía con el discurso de los productores, celebró la «innovación, la ciencia, las buenas prácticas agrícolas, la sustenbilidad». Y, por si quedaban dudas: «Coincido en que existen aires de cambio, que espero fortalezcan el diálogo para plasmar políticas de Estado. Comparto también con Aapresid el espíritu de resiliencia». Y pidió que Aapresid se sienta «como en su casa».

Néstor Roulet, ex vicepresidente de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) y actual secretario de Valor Agregado, recordó su participación como productor y como disertante en los congresos anteriores. «Es la primera vez que Argentina tiene política agroindustrial. Estamos trabajando en la presión impositiva (bajar impuestos) y mejorar el crédito», comenzó. Y arrancó las primeras señales de aprobación. Prometió que el país producirá más para llegar al «hambre cero», felicitó a Aapresid por ser parte de ese avance.

A tono con el congreso, reiteró la importancia de «cumplir en lo ambiental» y destacó que el país está en la vanguardia mundial de la biotecnología (transgénica).

Prometió avanzar en nuevas variedades de soja y en el «arroz dorado», transgénico muy cuestionado a nivel internacional.

El gobernador Lifschitz dio el discurso más largo, monocorde y complaciente. «Nuestra capital social es nuestra fortaleza. Y Aapresid es nuestro mejor ejemplo, que muestra la interacción privada, del Estado y científica»,celebró. Explicó que acortó su gira por Estados Unidos para estar presente en el panel de apertura. «Celebro esta nueva edición del congreso. Ustedes han sorteado todas las políticas y contratiempos (del gobierno anterior). Pero están acá, esta provincia es su casa. Compartimos sus metas de producir más alimentos, con menos recursos y con una agricultura sustentable». Y finalizó: «Celebro resiliar».

Aapresid crea conceptos y relatos. La clase política los hace propios, los repite e impulsa las políticas públicas sugeridas por la institución. Lo empresario se impone a lo público. Aapresid lo hizo.

Las críticas al agronegocios siempre fue catalogada por Aapresid como como «ideológicas» o «políticas». Por contraposición, Aapresid hizo (y hace) hincapié es su perfil técnico y no partidario. Pero llegó Cambiemos: Ignacio Garciarena, de la Regional Aapresid 25 de Mayo, asumió como Director Nacional de Agricultura. «Un orgullo para Aapresid», señaló la gacetilla de prensa de la entidad el 5 de enero. Muy activo en las redes sociales, el 17 de octubre twiteó: «Día de la lealtad clientelista».

Gran impacto produjo la designación de la saliente presidenta de Aapresid, María Beatriz Pilu Giraudo, en el Ministerio de Agroindustria. Se le creó un área especial –coordinadora de Políticas Públicas para el Desarrollo Sustentable- que depende directamente del ministro Ricardo Buryaile y tiene injerencia en todas las áreas de la cartera. Es la referente ambientaldel Ministerio.

Explicó que su principal tarea será implementar en todo el país las «buenas prácticas agrícolas» para fumigar a distancias mínimas de las viviendas y «sincronizar las diversas legislaciones». Las empresas del agro desean desde hace años una ley naciónal que legitíme las fumigaciones.

«Tenemos que enamorar a los argentinos, convencerlos de que no contaminamos», explicó Giraudo al sitio Agrovoz y explicó el objetivo en la función pública: «En definitiva, vamos a tomar lo que veníamos impulsando desde Aapresid como política pública y convertirlo en una marca país».

Lo no dicho

Durante los tres días se hizo eje en la agricultura sustentable, el cuidado del ambiente e, incluso, cómo el modelo agropecuario ayudaría a mitigar el cambio climático. Ningún dirigente de Aapresid, ni asociado ni expositor vinculó el modelo impulsado por la entidad con hechos menos publicitados:

Aumento de uso de agroquímicos. 70 millones de litros en 1996. Más de 300 millones de litros en 2012.

Desmontes. El agronegocios avanzó sobre zonas extra pampeanas, conocido como «corrimiento de la frontera agropecuaria». Más de 5 millones de hectáreas desmontadas.

Concentración de tierras en pocas manos: el 2% de las explotaciones agropecuarias concentran el 50% de la tierra cultivada. El 57% delaschacras sólo tienen el 3%

Desalojos y represión sobre campesinos y pueblos indígenas. Solo en el norte del país, donde más avanzó el modelo agropecuario, existen once millones de hectáreas en disputa. Relacionado: profundización del éxodo del campo a la ciudad. El propio INTA, brazo técnico-estatal del agronegocios, alertó en diciembre pasado: «El principal objetivo del modelo agropecuarioactuales maximizar la renta con una mirada de corto plazo, poniendo en situación crítica al sistema agroalimentario (…) No se ha tenido en cuenta que el uso excesivo de plaguicidas pone en serio riesgo al recurso suelo «.

Postales transgénicas

Resumen de la veintena de entrevistados en los pasillos. Asistentes: productores-empresarios de Bolívar, Totoras, Paraná, San Jorge, Río Cuarto, Marcos Juárez y Junín, entre otros. Conceptos recurrentes: sustenlabilidad, eficiencia, tecnología en el agro, producir para combatir el hambre del mundo. Al mismo tiempo que impulsan el uso masivo de transgénicos y agroquímicos (lo llaman «fitosanitarios»), niegan consecuencias del modelo. Ninguno vive en el campo, si en los pueblos o ciudades cercanas a la explotación agropecuaria. No se definen como empresarios, sí como productores o «emprendedores». Otra coincidencia: rechazo al kirchnerismo y apoyo a Macri.

El 6,7,8, agropecuario: stand de los diarios La Capital (Rosario), La Nación, Clarín; radios La Red, Continental, Mitre, Cadena 3; Agro TV, Infocampo y Chacra, entre otros. Medios de apoyo explícito al modelo agropecuario y con generosas pautas de las mismas empresas. Hubo un panel específico sobre periodismo: Desafíos en la comunicación del campo a la sociedad, a cargo de Casafe y Nidera. El eje: cómo comunicar mejor las bondades del agronegocios.

Uso correcto de fitosanitarios para el cuidado de las comunidades y el ambiente fue el nombre del panel donde Edda Vülaamil Lepori (Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA) y Olga Heredia (Facultad de Agronomía de la UBA) exhibieron parte de los resultados de un trabajo sobre agroquímicos en Pergamino y Chivücoy. Ambas científicas (junto a otros de la UBA), fueron cuestionadas por la Asamblea por la Protección de la Vida, la Salud y el Ambiente de Pergamino. Entre muchas críticas (detalladas en lavaca. org) demostraron que las académicas no buscaron los químicos más usados en la actualidad (glifosato, atrazina, 2-4-D), no realizaron estudios imprescindibles (de orina y de daño genético) y minimizaron los resultados. Fue un «estudio» para legitimar a los agroquímicos.

En el mismo panel, Ramiro Cid (INTA) y Eduardo Moavro (Ministerio de Agroindustria) celebraron el proyecto de ley con media sanción en Buenos Aires que permite fumigar hasta diez metros de las viviendas y despreciaron a los críticos: «Son malintencionados que carecen de fundamentos científicos-técnicos». El ministro de Agroindustria de Buenos Aires y ex gerente de Monsanto, Leonardo Sarquís, adelantó que la Cámara de Diputados bonaerense transformará en ley este proyecto.

El ministro de Ambiente, Sergio Bergman, también estuvo presente. A tono con los dueños de casa, celebró las «buenas prácticas» agrícolas y pidió que «las iniciativas de la sociedad civil, como Aapresid, se transformen en políticas públicas».

En síntesis: el 24 Congreso de Aapresid emito un discurso técnico y supuestamente apolítico. Utilizó términos ambientales y relatos de superación. Exhibió su alianza con medios de comunicación, políticos, transnacionales y científicos. Expuso su darwinismo empresario, construcción de hegemonía e impulso de políticas públicas en favor de las empresas.

Tres jornadas en las que Aapresid ratificó por qué es un engranaje fundamental del agronegocios local, cómo acumula poder y promete ir por más.

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Argentina: nuevas denuncias de graves problemas de salud debidos al uso de los pesticidas

Por Jean-Jerome Destouches, 27 de junio de 2016

news.vice.com

Ángel Cano, el padre de Aixa, trabaja en un taller de fabricación de ladrillos situado cerca de su casa. Dice que las avionetas que rocían pesticidas pasan varias veces al día, aunque la frecuencia depende del estado del tiempo. “Hubo una reunión en Avia Terai en la que se acordó que los agricultores nos advertirían antes de rociar los productos químicos, para que nos diese tiempo a protegernos y también nuestra agua, pero nunca lo hicieron. Conocí a un tipo que cultivaba soja y utilizaba mucho Roundup, pero tuvo que dejarlo porque su piel comenzó a quemarse. Fue al médico y le dijo que tenía cáncer de piel”. (Todas las fotos de Jean-Jerome Destouches // Hans Lucas Studio / VICE News)

Ángel Cano, el padre de Aixa, trabaja en un taller de fabricación de ladrillos situado cerca de su casa. Dice que las avionetas que rocían pesticidas pasan varias veces al día, aunque la frecuencia depende del estado del tiempo. “Hubo una reunión en Avia Terai en la que se acordó que los agricultores nos advertirían antes de rociar los productos químicos, para que nos diese tiempo a protegernos y también nuestra agua, pero nunca lo hicieron. Conocí a un tipo que cultivaba soja y utilizaba mucho Roundup, pero tuvo que dejarlo porque su piel comenzó a quemarse. Fue al médico y le dijo que tenía cáncer de piel”. (Todas las fotos de Jean-Jerome Destouches // Hans Lucas Studio / VICE News)

Los vecinos residentes en la localidad de Avia Terai, en la provincia argentina del Chaco, viven rodeados de cultivos de soja transgénica. Dicen que estos cultivos son pulverizados de manera regular con plaguicidas, lo que habría acarreado muchos problemas de salud en esta pequeña comunidad rural, más de los que serían de esperar normalmente.

Estas gentes han permitido al fotógrafo Jean-Jerome Destouches registrar con su cámara la vida cotidiana.

María del Carmen Seveso, médico de la ciudad de Sáenz Peña, a unos 20 kilómetros de Avia Terai, dice que no tiene ninguna duda de que los plaguicidas causan cáncer y otras graves enfermedades. También afirma que el número registrado de recién nacidos con enfermedades congénitas en el hospital en el que trabajaba pasó de 46 en 1998, época en la que comenzaron las fumigaciones con pesticidas en esta zona, a 186 en 2009.

Estas conclusiones se incluyeron en un Informe publicado por la Comisión Nacional de Salud, para cuya elaboración se entrevistó a 2000 personas residentes en la zona. Se encontró que el 31% de los entrevistados en Avia Terai informaban de algún familiar con cáncer en la última década. La cifra era de sólo el 3% en otro pueblo llamado Cheradai, lejos de los cultivos de soja.

El Dr. Damien Verzeñassi, de la Universidad de Rosario, dijo que el análisis inicial de los datos recogidos en un estudio que incluyó a 120.000 personas que viven en un radio de 1 kilómetro de los cultivos fumigados, apreciaba unas tasas de cáncer tres veces por encima del promedio nacional. Este estudio, agregó, todavía no se ha publicado.

Las autoridades de Argentina, por su parte, han dicho que se necesitan más estudios como estos para que se produzcan cambios en la política de cultivos. El país es uno de los mayores exportadores de aceite de soja y la Agricultura Industrial tiene un importante papel en la economía.

No puedo decir cuántos documentos y estudios he leído, los documentales que he visto en contra de la Biotecnología, artículos en medios de comunicación, de Universidades, tanto de Argentina como de Gran Bretaña. Y la verdad, si usted lee todo le parece una especie de ensalada, donde todo resulta muy confuso”, dijo el ex Secretario de Agricultura Lorenzo Basso en una rueda de prensa del año 2013.

Los agricultores de la región del Chaco suelen recurrir a herbicidas que llevan glifosato en su composición, tales como Roundup, un herbicida producido por el gigante de la Agroindustria Monsanto.

La Empresa siempre ha insistido en que el glifosato es seguro si se maneja de manera adecuada. Monsanto tiene el respaldo de parte de la comunidad científica, así como de las Agencias de Regulación de todo el mundo. Entre ellas, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos, que ha aprobado el uso de Roundup.

Sin embargo, la controversia sobre esta sustancia química se ha calentado en los últimos años, cuando su uso se ha vuelto muy común.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que forma parte de la Organización Mundial de la Salud, se pronunció en marzo de 2015 diciendo que el glifosato es “probablemente cancerígeno”. Sin embargo, inmediatamente surgió la controversia, cuando la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó su evaluación del glifosato diciendo que “es poco probable que exista riesgo carcinógeno para los seres humanos”. Sin embargo, sólo se hacía referencia al consumo de los productos obtenidos de los cultivos rociados con este producto químico.

El glifosato ha vuelto a estar en el candelero a principios de este mes, cuando la Unión Europea se negó a tomar una decisión sobre la solicitud de nuevo permiso para el uso del herbicida, mientras no se realicen nuevos estudios por parte de la Agencia Europea de Sustancias Químicas. Se espera una nueva votación en breve.

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Silvia Ponce vive en Avia Terai con sus siete hijos en una casa que se encuentra a sólo 20 metros del cultivos rociados con glifosato, Ponce recuerda que una vez, cuando estaba embarazada de Aixa, que ahora tiene 9 años de edad, fue rociada directamente con los pesticidas y sintió que era algo asfixiante. Su bebé nació con el cuerpo cubierto de lunares con gran cantidad de pelo, algunos de los cuales han resultado ser cancerígenos y han tenido que extirpárselos mediante cirugía. Aixa también sufre de fiebres y se quema casi de inmediato si se expone al sol, que es algo difícil de evitar en una región donde las temperaturas alcanzan los 40º en verano. Ponce dice que otro niño de su barrio también tiene el mismo tipo de dolencia. “Me dijeron los médicos que su enfermedad de la piel podía deberse a los pesticidas rociados en los cultivos de soja y algodón. Sin embargo, demostrar esto al 100% es algo casi imposible”.

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Muchos de los habitantes de Avia Terai no tienen agua corriente en sus viviendas. Así que recogen el agua del lluvia, a menudo de los canalones situados en los tejados. Esto puede provocar la ingestión de los pesticidas disueltos en agua después de la pulverización realizada con avionetas y que el viento lleva hasta la población.

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La soja no es el único cultivo transgénico producido en Avia Terai. El algodón también se cultiva en grandes extensiones y se rocía de manera regular con glifosato. Un laboratorio cercano está especializado en el desarrollo de nuevas semillas de algodón.

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Camila Verón nació hace 5 años con el síndrome de Lowe, lo que significa que sufre glaucoma, disfunción renal y discapacidades cognitivas. La madre de Camila, Silvia Achaval, dice que los primeros médicos que observaron a su hija le dijeron que no podían dar una explicación de por qué la niña sufría tal dolencia, pero sí me preguntaron si vivíamos cerca de los cultivos de soja. “Cuando me lo preguntaron entendí por qué mi hija estaba enferma”.

Los médicos de la Red Universitaria de Medio Ambiente y Salud estiman que 12 millones de argentinos se enfrentan a riesgos de salud derivados de la exposición a los pesticidas. “Cuando llegamos aquí nadie nos dijo que era peligroso para nuestra salud. Nuestros hijos juegan todos los días en los cultivos de soja y algodón”, dice Silvia Ponce.

Marisa Gutman dirige un centro en la cercana ciudad de Sáenz Peña, dedicado a la atención de los niños de Avia Terai con discapacidades y de otros pueblos de la zona, muchos de los cuales están rodeados de cultivos transgénicos fumigados con glifosato. “Muchos de los niños de nuestro centro sufren de severas enfermedades congénitas. Tienen múltiples discapacidades. Para nosotros, soja significa enfermedad”.

Siga a Jean-Jerome Destouches en Twitter: @DestouchesJJ

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Procedencia del artículo:

https://news.vice.com/article/in-photos-argentine-villagers-blame-pesticide-spraying-of-soybean-for-serious-health-problems?utm_content=buffer57fe4&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer


La Policía intimidó a periodistas italianos en San Salvador (Entre Ríos)

Desde el sábado un equipo de la televisión italiana, acompañado por el escritor Patricio Eleisegui, investiga los daños causados por el glifosato en poblaciones entrerrianas. 

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En San Salvador, donde los casos de cáncer se multiplican y dos universidades nacionales acaban de ofrecer resultados respecto a niveles de contaminación, los periodistas fueron intimidados por el accionar de la policía provincial. Los siguieron en la mayoría de sus recorridos y recogieron sus datos personales en el hotel. “Se ve que alguien se puso nervioso”, dijo Eleisegui.

No es casualidad que un equipo de televisión italiana eligiera Entre Ríos y en particular la localidad de San Salvador para realizar un informe sobre el daño que provoca el glifosato en la salud de las personas.

“San Salvador es un lugar paradigmático en cuanto a contaminación”, explicó Patricio Eleisegui, periodista y escritor, que oficia como guía y hombre de consulta para los reporteros extranjeros, que intentar contar qué pasa en las tierras donde se cosecha la soja que se consume en Italia.

Eleisegui es autor del libro “Envenenados, una bomba química nos extermina en silencio”, que lleva en tapa la imagen de Fabián Tomasi, el trabajador de Basabilvaso que ha dado testimonio con sus padecimientos físicos sobre las daños que provoca el glifosato y cuya imagen ha recorrido ampliamente redes sociales y medios del mundo. El caso de Tomasi, justamente, se conoció a través del libro de Eleisegui.

A raíz de “Evenenados…”, la producción del programa televisivo italiano “Le Lene” (“La Hiena”, en italiano, una versión del clásico CQC, que se emite por el canal Italia 1), se contactó con el escritor para avanzar en una investigación periodística sobre la incidencia de los agrotóxicos en la salud de las personas y los problemas que se padecen en Argentina en ese sentido.
Por la experiencia y la información recogida en su libro, Eleisegui orientó a los visitantes hacia Entre Ríos y en particular a San Salvador, en principio “por los altos indicadores de enfermedades como el cáncer, vinculadas a la utilización de herbicidas como el glifosato”, explicó el periodista en dialogo con este sitio.

En este momento la Municipalidad de San Salvador publica los resultados de estudios realizados por la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad Nacional de La Plata motorizados a raíz de la movilización popular fundada en los crecientes casos de cáncer en la población y el temor creciente por la contaminación en suelo, agua y aire.

Policías en acción
El sábado pasadas las 2 de la madrugada el equipo de producción de Le Lene, junto con Eleisegui, llegó a San Salvador. Se hospedaron en el Hotel 3 de Febrero de esa ciudad y por la mañana comenzaron con la tarea, ahora también acompañados por Andrea Kloster, una vecina de la ciudad con fuerte participación entre los vecinos autoconvocados frente al drama de la contaminación por agrotóxicos.

Recorrieron campos, hablaron con algunas personas y también hicieron una suerte de prueba: poner el micrófono ante vecinos que encontraban en la calle para preguntarles sobre el tema. El resultado, asegura Eleisegui, fue asombroso.

“Todos sabían del tema, pero por tener un familiar o un conocido con cáncer y todos sabían que estaba vinculado al glifosato”.

El periodista dice que casi de inmediato se dieron cuenta de una presencia policial permanente. “A 60 o 100 metros, pero estaban, todo el tiempo”, señaló el escritor.
Este sábado también el convoy de investigación salió a recorrer campos de arroz por caminos vecinales. Estaban en esa tarea, cuando se cruzan con dos autos que metros más adelante se detienen. Sus ocupantes, pudieron observar, fotografiaron los vehículos.

“Ahora están llamando a la policía, me dijo Andrea Kolster y me anticipó que de momento a otro iban a aparecer”, narró Eleisegui. A los diez minutos llegó el patrullero y pidió explicaciones a los periodistas sobre la tarea que estaban realizando. La excusa, implementada por los uniformados, fue las frecuentes denuncias en la zona por cuatrerismo.

El accionar de la policía provincial no se limitó a vigilar a los periodistas e interceptarlos con preguntas inapropiadas. Cuando el equipo de producción volvió al hotel, recibió una información aún más preocupante que la presencia a distancia de los uniformados: la policía había estado en el lugar y se había llevado todos los datos personales de los visitantes. Vestían de civil y pertenecían a Investigaciones, les dijeron.

Este domingo, otra vez, la policía estuvo siguiendo de cerca la tarea periodística. Esa presencia permanente e intimidatoria, será referida y retratada en un canal de televisión italiano.

Eleisegui denunció la situación por redes sociales y en diálogo con este sitio reconoció que “me llamó mucho la atención, claramente fue una situación de marcarnos que no teníamos libertad absoluta de movimiento. Este trabajo tiene estas situaciones, pero el hecho de tener una custodia así, por decirlo de alguna manera, era preocupante”, señalo el periodista y analizó que “cuando vieron que filmábamos las arroceras, se ve que alguien se puso nervioso”.

http://entreriosahora.com/grave-la-policia-intimido-a-periodistas-italianos-en-san-salvador

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Argentina: demanda colectiva al Estado, Monsanto y las corporaciones sojeras

Daniel_SalaberryReconstrucción de la red ferroviaria, saneamiento de suelos, agua y aire, una indemnización multimillonaria a la sociedad en concepto de daño moral, la prohibición de eventos transgénicos y de fumigaciones, obligación del etiquetado de los alimentos para que podamos elegir si comer o no transgénicos. Esas son algunas de las medidas que plantea una inédita demanda colectiva contra el Estado, Monsanto, Syngenta y un total de once corporaciones que imponen el modelo transgénico en el país. Daniel Sallaberry, del grupo de abogados que inició la demanda, y datos para entender cómo podría hacerse justicia.

Parte 1:

(Haga clic en una u otra imagen para acceder al audio)

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Parte 2:

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Entrevista al Dr. Ávila Vázquez: está aumentando el número de muertes producidas por el glifosato

El glifosato es el plaguicida más utilizado en todo el mundo, tanto en los cultivos de soja como de algodón de Argentina. Según el pediatra Ávila Vázquez, está causando más cánceres, abortos involuntarios y defectos de nacimiento.

Por Gero Rueter, 15 de abril de 2016

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Deutsche Welle (DW): ¿Cuál es su experiencia con el herbicida glifosato, particularmente en lo que se refiere a Argentina?

Dr. Ávila Vázquez (AV): Se puede ver con claridad un aumento de personas enfermas y la aparición de nuevas enfermedades, todo ello debido al glifosato. Muchas de ellas padecen cáncer, sobre todo de pulmón, de mama y de colon. Hemos analizado esta relación en varios estudios.

La gente que vive en las zonas rurales padece hasta tres veces más cánceres que antes, siendo el cáncer la principal causa de muerte en algunas zonas donde se cultiva la soja. Por ejemplo, en la pequeña localidad de Monte Maíz, en 2014 se produjeron 35 casos de cáncer. Según el Ministerio de Salud sólo se habrían producido 11 casos, pero nosotros encontramos otros 24 casos adicionales.

DW: Los niños y los aún no nacidos se ven particularmente afectados por las toxinas ambientales ¿Cuál es su análisis de esta situación?

AV: Alrededor de 12 millones de argentinos viven en las regiones donde se cultiva la soja. Viven en pueblos rodeados de campos de soja, en los que se fumiga glifosato. Son los llamados pueblos fumigados. En esos lugares, hemos observado que el número de abortos involuntarios ha aumentado considerablemente. En términos generales, la tasa de abortos involuntarios en los seres humanos y los animales es del 2%, pero en estos lugares la tasa de aborto se sitúa entre el 5% y el 6%.

Además, el número de defectos de nacimiento en esos lugares también se ha incrementado mucho. En la provincia de Chaco, donde se cultiva la soja, se ha encontrado que el número de casos de defectos de nacimientos se ha cuadruplicado entre 1997 y 2008. Durante ese mismo período de tiempo, el cultivo de soja se multiplicado por siete. Yo trabajo en una clínica pediátrica, y veo muchos niños que mueren.

DW: ¿Y cuál es la respuesta política?

AV: El problema es que los políticos protegen el comercio de la soja y el glifosato. Obtienen muchas ganancias con los cultivos de soja y el Estado recibe cuantiosos ingresos por los impuestos. El Gobierno resta importancia a estos problemas de salud, y trata de ocultarlos. Pero cada vez le resulta más difícil, ya que el problema sigue aumentando.

DW: ¿Qué problemas se pueden presentar en un futuro?

AV: Este tipo de agricultura tiene unos enormes costes en términos de salud, que sin embargo no pagan aquellos que contaminan. Eso supone un problema. Por otra parte, vemos que los alimentos están contaminados por el glifosato, superando los límites legales permitidos.

Incluso el algodón contiene grandes cantidades de glifosato, encontrando residuos de glifosato en los tampones y apósitos estériles. Esto es muy peligroso, porque el glifosato es cancerígeno.

DW: ¿Cuáles son las alternativas?

AV: La agricultura tiene que estar libre de productos tóxicos. Tanto nuestros hijos, como vecinos y conciudadanos deben consumir unos alimentos sanos, no contaminados. Por esta razón, el glifosato debe ser prohibido. Una agricultura con menor cantidad de estos productos es posible, aunque quizás requiera de más cuidados y atención.

DW: ¿En qué dirección cree usted que va a ir el debate sobre el glifosato en Argentina?

AV: Hay un fuerte movimiento que rechaza la fumigaciones con glifosato. Algunos pueblos han prohibido las fumigaciones en su región, y levantan obstáculos para que los equipos de fumigación no entren en los pueblos.

Se trata de un conflicto entre el pueblo y las grandes empresas agroindustriales como Monsanto, Syngenta y Bayer. Los ciudadanos solicitan una protección por parte del Estado. Se trata también de un conflicto entre el derecho humano a la salud y la agroindustria, que quiere hacer dinero de manera rápida.

Hasta ahora, los Gobiernos de América del Sur y de la Unión Europea vienen protegiendo los intereses comerciales. Pero los Gobiernos deberían actuar. Una sociedad con una buena reputación debiera proteger los derechos humanos y no sólo los intereses del Capital.

Medardo_avila El Dr. Medardo Ávila Vázquez trabaja en un hospital de Córdoba, Argentina. Es farmacólogo y especialista en Pediatría, y está llevando a cabo una investigación epidemiológica sobre los efectos de los plaguicidas sobre la salud. Pertenece a la Red de Médicos de Pueblos Fumigados de Argentina.

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