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Vacunación (II)

Por la Dra. Suzanne Humphries

drsuzanne.net

Parte 1

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Los médicos que están a favor de la vacunación a menudo citan “la literatura científica revisada por pares” para demostrar sus puntos de vista, pero una observación más atenta a esa literatura a menudo viene a demostrar lo contrario – al mismo tiempo que se cuidan de no hacer referencia a la población enferma de niños vacunados.

Además, una observación atenta a los manuales médicos que se vienen utilizando desde hace décadas, revela una interesante tendencia. En los años 1920 y 1930, los médicos a menudo daban poca importancia a ciertas enfermedades que hoy se consideran más mortales que una plaga. Muchos abuelos se quedan sorprendidos por el modo en el que la profesión médica de hoy en día trata ciertas infecciones, que antes no eran otra cosa que unos días sin escuela.

Esto quiere decir que las consecuencias no eran muy serias. A veces las tenían. Sin embargo, hoy la mayor parte de los padres creen que suponen un grave riesgo para los niños, cuando los abuelos las consideraban un fastidio pasajero.

El sistema médico considera ahora que el sarampión es más peligroso que una plaga y la enfermedad más peligrosa que haya conocido el hombre. No hay motivo para tal preocupación, porque los niños bien alimentados tienen suficiente vitamina A a su disposición para recuperarse sin mayores problemas. El aburrimiento podría ser un problema más serio.

También he descubierto que la tos ferina no es una enfermedad de la que tampoco haya que asustarse. En aquellos tiempos en los que única herramienta de la que disponía eran los antibióticos, entonces sí que tenía algo de preocupación, pero hoy en día no. Hoy muchos padres tratan la tos ferina con dosis altas de vitamina C, y de vez en cuando con algún remedio homeopático. Observan una mejora rápida y sin complicaciones serias. Pero nada de esto leerá en la literatura científica revisada por pares y su médico tampoco le dirá nada, porque los niños enfermos es lo único que aparece en las estadísticas de morbilidad. Los niños sanos que se recuperan sin mayores problemas, y al no ser atendidos por el sistema médico no entran en las cuentas.

Las consecuencias más serias de las enfermedades infantiles provienen de unas pocas cosas: los preparados para lactantes, la leche de vaca, los medicamentos más comunes, sobre todo los antibióticos, la desnutrición y las vacunas, y también el desconocimiento de ciertos cuidados muy sencillos para llevar a cabo en casa.

Todas estas barreras que se ponen para una sencilla recuperación se pueden evitar, tanto en Estados Unidos como en otros países, y es por eso que muchas veces vemos a niños sanos que nunca se vacunaron, cuando nos tomamos un tiempo para considerarlo.

La mortalidad por las enfermedades comunes es algo que ya había descendido considerablemente mucho antes de que se introdujera la vacunación.

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Gráficos similares y su interpretación aparecen en la entrada: La historia olvidada de las vacunas

Algunos errores muy comunes sobre los no vacunados:

* Ponen en peligro a otras personas no vacunadas. ¿En peligro de qué? ¿De contraer la varicela? Pregunte a su abuela si conoció a alguien que muriese de sarampión. Las diferentes enfermedades tienen diferentes grados de gravedad en función de la edad. La falsa idea de que “si no se vacuna pone en riesgo a otras personas” está basada en la consideración de que la gente vacunada no va a contraer la enfermedad porque ha sido vacunada contra esa enfermedad. ¿Sabía usted que un estudio controlado publicado en BMJ (British Medical Journal) realizado entre los niños en edad escolar mostró que entre todos los casos detectados de tos ferina más del 86% de los niños estaban vacunados contra esta enfermedad? Hay estudios similares que muestran que las paperas y los brotes epidémicos de sarampión a menudo afectan a los vacunados. Las personas vacunadas han sufrido cambios en su sistema inmunológico, de modo que pueden ser más susceptibles a otras enfermedades infecciosas, pero también les puede hacer vulnerables a la enfermedad de la que se vacunaron, debido a un fenómeno que se conoce como “pecado original antihigiénico”. ¿Qué es el pecado original antihigiénico? Consiste en que el antígeno presente en la vacuna y que se inyecta en el cuerpo para que se produzca una reacción, a veces ésta es incompleta y diferente a la respuesta natural ante una infección. Cuando el vacunado entra en contacto otra vez con la enfermedad, es incapaz de dar una respuesta eficaz al patógeno, porque los primeros pasos vitales han fallado. La vacuna de la tos ferina es un ejemplo claro de esto.

Un estudio digno de tener en consideración, del año 2013, realizado con mandriles, que también son susceptibles como las personas de contraer la tos ferina, es el estudio de Warfel. En este estudio se expuso a los mandriles a la bacteria de la tos ferina, tanto a los vacunados como a los que no, algo que no se puede hacer con las personas por razones éticas, pero que dieron unos importantes resultados. Como era de esperar, los mandriles que no habían sido vacunados se infectaron por la bacteria de la tos ferina y estuvieron colonizados por la bacteria durante un período máximo de 38 días. Los mandriles que sí habían sido vacunados e inmunizados mediante la vacuna, estuvieron colonizados por la bacteria durante un período más largo, 42 días. Sin embargo, los mandriles no vacunados que se recuperaron de manera natural y que más tarde fueron expuestos de nuevo a la bacteria de la tos ferina, no volvieron a ser colonizados por dicha bacteria: cero días.

Viendo esto, ¿quiénes proporcionan una mejor inmunidad de grupo ante la exposición bacteriana? ¿Los individuos vacunados que se supone que son inmunes, y que sin presentar síntomas están colonizados por las bacterias 42 días y, por tanto, propagándolas? ¿Los niños no vacunados que se infectan y permanecen colonizados durante 38 días? ¿O aquellos que se recuperan de manera natural que ya no son de nuevo colonizados y que por lo tanto no propagan las bacterias después de una nueva exposición? La convalecencia natural genera una inmunidad de más larga duración que la provocada por la vacunación.

A los entusiastas de la vacunación les gusta recurrir al término “inmunidad de grupo” para argumentar que aquellos que no se vacunan presentan un riesgo para los vacunados. Pero el concepto de inmunidad de grupo no tiene relevancia para los vacunados, ya que el término se acuñó para referirse a la inmunidad natural de las poblaciones, tendiendo hacia una menor incidencia de las epidemias.

* Propagación de enfermedades por lo no vacunados. Cuando en realidad es todo lo contrario. Se conocen casos de vacunados con microorganismos vivos que se han transmitido a las personas cercanas. Este es un ejemplo reciente:

Las vacunas de microorganismos vivos pueden propagar la enfermedad

Parte 3

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Procedencia del artículo:

http://drsuzanne.net/dr-suzanne-humphries-vaccines-vaccination/

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Obesidad: 30 años de mentiras de los Gobiernos y la Industria

Redacción de docbuzz.fr

Ilustración: ENEKO

Ilustración: ENEKO

La lucha contra la obesidad, debido a las consecuencias sobre la salud humana, se inició hace 30 años. El resultado de esta lucha es recogido por un estudio elaborado por un equipo de científicos del Imperial College de Londres y publicado en el revista The Lancet, y deja poco espacio para la duda: un fracaso total. Las razones de este fracaso bien merece la pena conocer.

Una importante asociación de pacientes de lucha contra la obesidad, “The National Obesity Forum y Colaboración en Salud Pública”, han denunciado el fraude: Gobiernos y la Industria han participado en la manipulación de la gente mediante la difusión de mensajes con falsas recomendaciones basadas en estudios e interpretaciones erróneos ¿Consecuencias? La obesidad no sólo no se ha reducido, sino que sigue aumentando y supone un inmenso gasto para la Seguridad Social. Un reciente debate en Francia sobre el etiquetado de los productos alimenticios condujo a una decisión a favor de la Industria, lo que tiende a confirmar el alcance de esta colusión de intereses, a expensas de nuestra salud, en todos los países occidentales.

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El Informe de la “National Obesity Forum” dice, por ejemplo, que muchos estudios han demostrado que el consumo de grasa no conduce necesariamente a la obesidad, y sabemos que esa lucha contra las grasas fue organizada por funcionarios de la Salud Pública de nuestros Gobiernos, estrechamente relacionados con la Industria Alimentaria. 30 años de consejos de los responsables de Salud instándonos a adoptar una dieta baja en grasa y reducir el colesterol, cuando esa dieta en realidad ha tenido “efectos catastróficos en la salud”. Solicitan un amplio debate sobre este asunto y sobre las recomendaciones médicas, actualmente basadas en falsas afirmaciones que han contribuido a aumentar el consumo de azúcares y de comida basura.

El estudio epidemiológico realiza una evaluación de la obesidad desde el año 1975, y ha sido publicado en la revista The Lancet, confirmándose una clara tendencia en todo el mundo que resulta sospechosa. En el estudio participaron 19 millones de adultos de 186 países, encontrándose que a nivel mundial la masa corporal aumentó un 12% desde el año 1975, la prevalencia de la obesidad se ha triplicado en 40 años y ahora el 2,3% de los hombres y el 5% de las mujeres tienen obesidad severa (MC≥35 kg/m2). Así que en realidad, no sólo no se ha controlado la obesidad, sino que ha aumentado y ahora es una patología mucho más extendida.

ImprimirComercializando alimentos enriquecidos con azúcares, a menudo de forma camuflada, y alabando la no presencia de grasas (0% de grasa), los pacientes, incluyendo los diabéticos, deberían tener una dieta completa, que también conlleve su parte normal de grasas. Según el Dr. Malhotra, cardiólogo del “National Obesity Forum”, al permitirse por parte de los responsables sanitarios la venta de productos 0% de grasa, eso quizás se haya convertido en el mayor error de la medicina moderna. Desgraciadamente, este mensaje se sigue difundiendo. Pero esa no sería la única mentira que se ha dicho sobre los alimentos: la contabilización de las calorías es uno de los argumentos utilizados por la Industria para favorecer un mayor consumo de alimentos. He aquí 6 consejos que se pueden seguir:

* Deje de contar calorías (todas las calorías no son iguales y al contrario de lo que uno cree, dar a su cuerpo calorías en forma de proteínas o calorías en formas de azúcares, no tiene en todas las personas los mismos efectos sobre el hambre y el organismo).

* El consumo de grasas no le hace más obeso.

* Las grasas saturadas no generan patologías cardíacas y los productos lácteos pueden incluso proteger su corazón.

* Siempre evitar los alimentos procesados que lleven las palabras “0% grasas”, o “bajo en colesterol”.

* Reduzca el consumo de azúcares asociados con almidones y con los alimentos procesados, para prevenir el desarrollo de la diabetes.

* Evite consumir alimentos entre comidas, incluso los niños, es una de las causas de obesidad.

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Trends in adult body-mass index in 200 countries from 1975 to 2014: a pooled analysis of 1698 population-based measurement studies with 19·2 million participants

NCD Risk Factor Collaboration (NCD-RisC)

The Lancet 2016; 387: 1377–96

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Procedencia del artículo:

http://www.docbuzz.fr/2016/05/28/123-obesite-30-ans-de-mensonge-des-gouvernements-et-des-industriels/

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Fukushima: los peligros de la exposición interna a la radiación (II)

El material radiactivo lanzado en las explosiones de la Central Nuclear de Fukushima es entre cientos y miles de veces mayor que en la explosión de la bomba atómica de Hiroshima.

Por Yagasaki Katsuma, 15 de mayo de 2016

The Asia-Pacific Journal

Parte 1

Fukushima1

Yagasaki_KatsumaYagasaki Katsuma, nacido en 1943, es profesor emérito de la Universidad de Ryukyus. Lleva trabajando en la Universidad desde 1974, donde ha ocupado el cargo de Director de la Facultad de Ciencias. Está especializado en Física de la materia condensada. Desde 2003 viene declarando en los pleitos colectivos sobre la radiación interna de los sobrevivientes de la bomba atómica. En mayo de 2011, intervino como testigo en la Cámara Baja ante el Comité Especial de Ciencia y Tecnología y ante el Comité de Presupuestos de la Cámara. En febrero de 2012 recibió el Premio de la Cultura Médica. Entre sus obras: “Qué les pasa a los niños de Irak”, “Municiones con uranio empobrecido y Exposición interna a la radiación”; “Un argumento contra el Sistema ICRP desde el punto de vista científico”. Ha participado en la conferencia sobre Ciencia y Asuntos Internacionales de 2015.

Han pasado cinco años desde el accidente en la central nuclear de Fukushima Daiichi, y nos encontramos ante una situación anormal en la cual tanto TEPCO (la empresa propietaria de la central) como el Gobierno están obligando a la gente a aceptar de manera silenciosa su papel de víctimas.

La Ley Fundamental de la Energía Atómica señala que el límite anual máximo de exposición para las personas es de 1 milisievert. Pero a la gente se le está obligando a aceptar la nueva revisión del umbral, que se ha aumentado en 20 veces, es decir, que se ha establecido en 20 milisierverts al año.

En la Prefectura de Fukushima, la cancelación de las compensaciones económicas y el levantamiento de la prohibición de evacuación de regiones muy contaminadas, ha obligado a la gente a volver, del mismo modo que los apoyos a los evacuados también han finalizado. Por supuesto, no hay ningún tipo de medidas para tratar la radiactividad fuera de la Prefectura del Fukushima.

El accidente de la central nuclear de Chernobyl en 1986, llevó a Ucrania (también a Bielorrusia y Rusia) a establecer unas leyes de protección de los derechos humanos, algo que se ha mantenido y que contrasta con la situación de los derechos humanos que rodean al accidente de la central nuclear de Fukushima Daiichi.

Después de lo que está diciendo el Gobierno japonés, uno se queda sin palabras. “Si ha estado expuesto a menos de 100 becquerelios, venda el producto… Si no lo vende no será capaz de tener un medio de vida… Si habla de radiactividad no será capaz de vender sus productos… No hable de radiactividad”. Los mensajes que aparecen en los medios de comunicación están controlados por el Gobierno, y la gente lo único que puede hacer es permanecer en silencio.

La consideración de los efectos de la radiación como psicológicos

Los artículos publicados por los medios de comunicación con motivo del Quinto Aniversario del accidente de 11 de marzo de 2011 contienen muchas referencias a algo que aquí se denomina «fūhyō higai«, es decir, daños causados por los rumores sobre la radiación, algo que obstaculiza el proceso de reconstrucción ¿Por qué no se llama por sus palabras, por lo que es, daños por la radiactividad? El «fūhyō higai» es un término que se usa para considerar los efectos de la radiación como problemas psicológicos. Bajo mandato de la OIEA, Shigematsu Itsuzō (ya fallecido), ex presidente de RERF (antes ABCC), realizó una encuesta de salud entre los residentes de Chernobyl. Comentaba en un Informe que presentó en 1990 que “apenas hay enfermedades producidas por la radiación, pero se debe prestar atención al estrés psicológico que produce la continua angustia de saber si uno ha recibido o no radiación”. La teoría de que el estrés psicológico produce la enfermedad es un método usado para ocultar a las víctimas de la radiación en la Era Nuclear.

En Chernobyl se distribuyó comida no contaminada entre los residentes en las áreas contaminadas. Los viajes de descanso también están pagados por el Estado. Y, sin embargo, en Fukushima hay una enorme presión para que se consuman los productos de la zona (tabete ouen) y la Administración ha puesto en práctica una política de cultivo en la localidad y de consumo de productos de la localidad por los niños en los comedores escolares. Japón no intenta evitar la exposición interna como hicieron los Estados afectados por la catástrofe de Chernobyl. En lugar de eso hacen lo contrario: exposición directa.

…la Administración ha puesto en práctica una política de cultivo en la localidad y de consumo de productos de la localidad por los niños en los comedores escolares. Japón no intenta evitar la exposición interna como hicieron los Estados afectados por la catástrofe de Chernobyl. En lugar de eso hacen lo contrario: exposición directa”.

Seguramente no haya mayor violación de los derechos humanos que forzar a los productores, en contra de su voluntad, a producir alimentos que podrían afectar negativamente a la salud humana por la contaminación radiactiva”.

¿Qué hay en el fondo de estos comportamientos? Habría que proteger a los residentes de la exposición a la radiación, desmantelar el núcleo fundido del reactor, o tratar la contaminación de las aguas subterráneas, pero no, hay muchas cosas que hacer para emplear los presupuestos ante los juegos olímpicos que se celebrarán en Tokio. El Gobierno japonés trata de vencer todos estos obstáculos gastando lo menos posible para evitar el sufrimiento de la gente. En la base de todo esto está el Utilitarismo, una Ideología que prioriza la economía por encima de los derechos y las vidas humanas, una filosofía que abandona a la gente a su suerte.

Después de lo que está diciendo el Gobierno, uno se queda sin palabras. “Si ha estado expuesto a menos de 100 becquerelios, venda el producto… Si no lo vende no será capaz de tener un medio de vida… Si habla de radiactividad no será capaz de vender sus productos… No hable de radiactividad”. Los mensajes que aparecen en los medios de comunicación están controlados por el Gobierno, y la gente lo único que puede hacer es permanecer en silencio.

Una de las misiones de la agricultura es la de proporcionar unos alimentos seguros. Seguramente no haya mayor violación de los derechos humanos que forzar a los productores, en contra de su voluntad, a producir alimentos que podrían afectar negativamente a la salud humana por la contaminación radiactiva. No hay otra solución ante esta injusticia que deshacerse de este sistema impuesto por decreto. Aunque las labores de los agricultores hayan hecho disminuir la contaminación radiactiva en sus productos, las tragedias seguirán mientras se considere una contaminación aceptable la de 100 becquerelios/kg.

una cantidad que se denomina “dosis efectiva”, un número que resulta de la división de la dosis de exposición por los diversos órganos corporales. Además, se ha hecho una estimación objetiva del tiempo que la gente permanece dentro y fuera de sus casas y crearon una nueva lectura, “dosis sustancial”, que reduce de nuevo los niveles en otro 60%. En el fondo de estas maquinaciones está la voluntad de mentir por parte de la Industria Internacional de la Energía Nuclear.

Tal estándar proviene de ese pensamiento que considera el dinero por encima de la salud. La radiactividad, incluso a pequeñas dosis, puede causar daño. La Comisión Internacional de Protección Radiológica dice que la carcinogénesis comienza con una mutación del ADN en una sola célula. La susceptibilidad humana a la radiactividad depende de los individuos y algunos son más vulnerables que otros, pero en particular lo son los fetos. Los niveles de abortos espontáneos involuntarios se han elevado en las cuatro prefecturas desde el 11 de marzo en un 13% (5).

La ingestión de 1 becquerel de C-137 (con un período de vida media biológica de aproximadamente 80 días) al día, supone una acumulación interna de 140 becquerelios en un período de unos 2 años. Si tuviésemos que establecer un patrón de radiactividad aceptable en los alimentos, deberíamos usar las pautas recomendadas por la Sociedad Alemana de Protección Radiológica: “Ningún alimento con una concentración de más 4 becquerelios de Cesio-137 por kg debe ser consumido por lactantes, niños y adolescentes. A los adultos se les recomienda no ingerir alimentos con más de 8 becquerelios por kilogramo de concentración de Cesio-137”. (6)

Las falsas mediciones de dosimetría

La filosofía del Gobierno japonés ha sido la de abandonar a su suerte a los ciudadanos y una respuesta negativa a confiar en ellos. En otras palabras, los ve como a personas poco inteligentes. Con el temor de que se extendiera el pánico, no anunció los datos SPEEDI (sistema de predicción de radiación en el aire), ni distribuyó pastillas de yodo sólidas. Es decir, se puso por encima la estabilidad emocional sobre la protección de los residentes del peligro de la radiación. Además, inmediatamente puso en práctica un cuidadoso control de la información.

Y no es que simplemente  vea a los residentes como ignorantes. El Gobierno ha traicionado, incluso de manera activa, su confianza. Un ejemplo típico de tales actuaciones por parte del Estado es la presentación de los datos de los niveles de contaminación radiactiva en el ambiente. El Gobierno estableció estaciones de medición en la prefectura de Fukushima y en las prefecturas vecinas e informaba dando los datos oficiales. Junto con Yoshida Kunihiro y otros del Proyecto de Seguridad y Confianza, en otoño de 2011, comprobamos las mediciones dadas por las estaciones de medición. Encontramos claras evidencias de que los datos públicos disponibles a partir de esas estaciones sólo mostraban el 54% de los niveles de contaminación que nosotros medimos.

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Comparación de las lecturas de las dosis de radiación a partir de los puestos oficiales de medición y las dosis medidas por nosotros.

Eje X: cantidad de radiación (microsieverts/hora)

Eje Y: dosis recibidas por los residentes y medidas aportadas por los puestos oficiales de medición

Línea de puntos negra: dosis real absorbida por los residentes

Línea de puntos roja: Medidas oficiales de los puestos de medición, sin descontaminación

Línea roja: Lectura oficial de los puestos de medición, con descontaminación

[Cuando ponemos juntos los datos de la radiación tomados por los autores en los puestos de medición (raya en negro; dosis absorbida por los residentes), y las dadas oficialmente en los mismos puestos de medición, se observa una diferencia de un 58% en caso de áreas no descontaminadas y de un 51% en las áreas descontaminadas]

[Otoño de 2011, mediciones realizadas con un contador escintilador certificado, modelo HITACHI-ALOKA YCS172B]

Además de todo esto, también se está produciendo un menosprecio deliberado en el procesamiento por parte del Gobierno de los datos numéricos. El nivel de contaminación en el suelo está directamente relacionado con la contaminación radiactiva del aire, y una medida objetiva de ésta se debe obtener de los niveles medidos en el aire. Sin embargo, suponen que hay unas dosis de exposición uniformes en todo el cuerpo, de modo que las lecturas se someten a una corrección, llegando al 60% de la cantidad total en base a la dosis proyectada, una cantidad que se denomina “dosis efectiva”, un número que resulta de la división de la dosis de exposición por los diversos órganos corporales. Además, se ha hecho una estimación objetiva del tiempo que la gente permanece dentro y fuera de sus casas y crearon una nueva lectura, “dosis sustancial”, que reduce de nuevo los niveles en otro 60%. En el fondo de estas maquinaciones está la voluntad de mentir por parte de la Industria Internacional de la Energía Nuclear.

De una encuesta de salud realizada por el Comité de Evaluación de la Salud de la Prefectura de Fukushima, se desprende que los problemas siguen aumentando y que ya serían 163 los casos de cáncer. Desde el punto de vista científico, está claro que estos casos están producidos por la radiactividad. También encontré, entre los casos de cáncer tanto en hombres como en mujeres, que el 75% de dichos cánceres fueron inducidos por la radiación. A pesar de todo esto, el Comité de Evaluación sigue afirmando de que no hay pruebas de que estos cánceres se deban al accidente de la central nuclear.

Como el Comité insiste en que los numerosos casos de cáncer de tiroides no se deben a la radiación, también intentarán enterrar bajo tierra el resto de efectos adversos en la salud.

Parte 3

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Procedencia del artículo:

http://apjjf.org/2016/10/Yagasaki.html

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Vacunación (I)

Por la Dra. Suzanne Humphries

drsuzanne.net

vacuna2Después de mi experiencia en el sistema hospitalario y viendo el debate en torno a la vacunación desde ambos lados, está claro que este asunto todavía no está resuelto, a pesar de lo que sugiere la profesión médica.

La historia de la vacunación es mucho más complicada de lo que pudiera parecer en un principio. El movimiento contra la vacunación se remonta a varios cientos de años, y tuvo su momento culminante en torno a 1800, cuando los padres del Reino Unido se mostraron hartos de que sus hijos sanos enfermaran, murieran o contrajeran poco después de la vacunación de la viruela la misma enfermedad para la que habían sido vacunados. Los padres y los médicos que rechazaron las vacunas de la viruela, se arriesgaron a perder su casa, sus enseres, su medio de vida, o a ser encarcelados, si un juez se interponía en su camino.

Las vacunas de la viruela se hacían con el pus recogido al raspar las llagas del vientre de las vacas enfermas, que podían estar contaminadas por materiales procedentes de otros animales, o incluso de otras personas. La historia de la vacuna de la viruela quizás no sea la que usted piensa que es.

Se supone que los médicos y personas que administran las vacunas lo hacen con un consentimiento informado antes de vacunar. Pero tal consentimiento informado no es posible porque no se da a los padres toda la información necesaria para que puedan entender las cuestiones más importantes.

Yo nunca digo a la gente si debe vacunarse o no; nunca les digo que no se vacunen.

Lo que pretendo es que entiendan el por qué de las vacunas y a partir de ahí tomen una decisión personal. Esta no ha sido la postura de los Servicios Públicos de Salud. De hecho, hay numerosa documentación que indica lo contrario, que se trata de obviar cualquier duda que pudiera surgir, fuera ésta fundamentada o no.

En el documento que aparece más abajo, que pertenece a los Servicios Públicos de Salud estadounidenses, del año 1984, se establecen las directrices para la campaña de vacunación de la polio, después de tres décadas de controversia.

“Ante las posibles dudas, aunque tengan fundamento, sobre la seguridad de las vacunas, no se tendrán en cuenta, ya que hay que asegurar la continuidad de la vacunación para el cumplimiento de los objetivos propuestos por los Servicios Públicos de Salud”.

“Ante las posibles dudas, aunque tengan fundamento, sobre la seguridad de las vacunas, no se tendrán en cuenta, ya que hay que asegurar la continuidad de la vacunación para el cumplimiento de los objetivos propuestos por los Servicios Públicos de Salud”.

Pues bien, determinadas prioridades han puesto en peligro numerosas vidas por la administración de vacunas, algo que ha sido pasado por alto por los responsables de las políticas de vacunación.

Todavía existe un gran desconocimiento sobre los fundamentos científicos de las vacunas. Todavía no he encontrado a un pediatra que entienda ambos lados del debate para así dar la información que permita un consentimiento informado. La inmunidad infantil ha sido mal entendida por los inmunólogos, algo que reconoce la ciencia Inmunológica. Sólo recientemente se han podido contestar a algunas importantes preguntas sobre por qué el sistema inmunológico infantil no funciona como el de los adultos. Hay muy buenas razones por las cuales su sistema inmunológico presenta una mayor tolerancia, y la respuesta es que no debemos interrumpir el proceso con aluminio y vacunas para acelerarlo.

Ahora se sabe que todo eso tiene consecuencias a largo plazo. Hay una ausencia de estudios que comparen a los niños no vacunados con los niños parcial o totalmente vacunados. Los estudios de seguridad de las vacunas acarrean un importante problema: la mayor parte de ellos emplean otra vacuna como placebo de control o usan la sustancia en la que se prepara la vacuna. Sólo hay un estudio reciente (Cowling, 2012) en el que se ha usado un placebo salino como placebo, en lugar de otra vacuna o el fluido que contiene el antígeno principal de la vacuna. Este estudio no mostró ninguna diferencia en las infecciones por el virus de la gripe, pero asombrosamente se reveló que eran de 5 a 6 veces más altas las infecciones por virus no gripales en los vacunados. Quizás sea ésta una de las razones por las que no se emplean verdaderos placebos en las investigaciones sobre las vacunas.

En este artículo, “Resultados neonatales después de la inmunización contra la gripe durante el embarazo: un ensayo aleatorio controlado”, vemos un claro ejemplo de cómo los falsos placebos se usan con regularidad. Ni que decir tiene, que administrar vacunas no probadas que a menudo están contaminadas involuntariamente, es un experimento médico que violaría los principios fundamentales del Código de Nuremberg (consentimiento informado e inequívoco). Las mayor parte de las vacunas no se han sometido a las pruebas de carcinogenicidad, por ejemplo, y del mismo modo, raramente se estudian en mujeres embarazadas, de modo que a la gente se le administran las vacunas ante una emergencia sanitaria, o por una emergencia dictada por la OMS, o por amenaza ante la pérdida de unos derechos sobre los hijos o el temor al encarcelamiento, o por una amenaza de abandono por los profesionales médicos, que son los que supuestamente deben proporcionar cuidados.

El consentimiento informado actualmente carece de sentido, ya que las personas son engañadas para que se les administre la vacuna o se les proporciona una información deformada.

Los padres deben aprenden a cuidar de la salud de sus hijos cuando aparecen las enfermedades más comunes de la infancia, estén vacunados o no, ya que los niños vacunados también pueden contraer las enfermedades contra las cuales se vacunaron. En el caso de los niños no vacunados, que contraigan alguna enfermedad de la infancia, los cuidados en casa suelen ser suficientes para que se recuperen de forma natural, y en la mayoría de los casos, los niños tendrán una inmunidad casi permanente.

Algunas políticas de vacunación han privado a los adolescentes y adultos de la oportunidad de estar expuestos de nuevo y continuar con la inmunización natural. Por ejemplo, en madres que se vacunaron del sarampión, la transferencia por la placenta de anticuerpos se limitó a unos meses en lugar a más de un año en los madres que obtuvieron la inmunidad de forma natural.

Lo dicho anteriormente ejemplifica lo dicho, que nos enfrentamos a muchas consecuencias potencialmente adversos debido a la vacunación contra el sarampión y otras enfermedades infantiles, como la rubéola.

En las Facultades de Medicina no se enseña sobre la eficacia, necesidad y peligros de las vacunas. La mayor parte de los médicos se asustan cuando aparecen las enfermedades naturales de la infancia, porque no saben cómo afrontarlas sin poner en peligro a sus pacientes, y las opciones convencionales de tratamiento a menudo provocan más daños que la propia enfermedad en sí. He descubierto otros métodos que funcionan muy bien, pero de lo que nunca me hablaron durante mi formación como médica.

En el breve artículo “Descubriendo los secretos del sistema inmunológico”, se explican las limitaciones de la Inmunología con detalle. La gente está mal informada, o se les asusta con tal de que participen en las campañas de vacunación. Se emplean todo tipo de tácticas. Una de las más utilizadas es la de decir que mediante la vacunación se protege a los no vacunados. Esto se conoce vulgarmente como “inmunidad de rebaño”. Aquí un artículo que habla de este tema.

Los médicos no se cansan de repetir: “Tenemos que vacunarnos mientras somos jóvenes, cuando los niveles de absorción son altos”. Otro ejemplo es un artículo para el cual fui entrevistada y donde aparecía un supuesto experto de Maine dando unos consejos poco adecuados. El artículo aparecido en Bangor Metro, titulado Un disparo al corazón” (pdf), se dice:

Las preocupaciones sobre si el sistema inmunológico de un niño puede responder adecuadamente ha provocado que algunos padres pospongan las vacunaciones. Pero Fanburg indica que no hay datos médicos para apoyar tales prácticas, añadiendo que es más beneficioso vacunar a los niños antes de que se hagan mayores. Los niños tienen una mayor capacidad de absorción de las vacunas en sus dos primeros años de vida. Son más altas las tasas de inmunogenicidad, que es la capacidad del niño de producir anticuerpos al antígeno de la vacuna”.

Parece que este experto en vacunas carece de los conocimientos de cómo funciona el sistema inmunológico de los niños, cómo se desarrolla y por qué. Si lo supiera, se lo pensaría dos veces antes de hacer declaraciones tan dogmáticas.

El sistema inmunológico de un bebé produce sólo pequeñas cantidades de IL-1B (interleucina-1 beta) y TNF-alfa (factor de necrosis tumoral-alfa). Hubo un tiempo en el que los expertos creían que esto era un defecto de todos los recién nacidos. En el año 2004, un estudio de Chelvarajan sugirió que si los fabricantes añadían potenciadores del sistema inmunológico en las vacunas, eso iba a resolver el problema, que por otro lado es absolutamente normal, aunque a menudo se describan como defectuosos o inadecuados, cuando es lo propio de su edad, y una característica que es compartida por todos los mamíferos de la tierra.

Vacunas como la de la hepatitis B, neumonía estreptocóccica, haemophilus influenzae tipo b (Hib) y la meningocócica, llevan adyuvantes, como el aluminio. Sin ellos, el sistema inmunológico del bebé no respondería y no haría nada. Un adyuvante crea una situación de alerta que obliga al sistema inmunológico innato del niño a responder de una manera distinta a como lo haría normalmente durante el primer año de vida. Los inmunólogos que están a favor de las vacunas no ven nada anormal en esto.

Sin embargo, en el año 2007, (Chelvarajan, 2007), vio las cosas de un modo diferente y decía en el último párrafo que si bien en el pasado esto se consideró un defecto, ahora se considera que forma parte del importante programa de desarrollo:

Este fenotipo antiinflamatorio puede ser beneficioso para el neonato en un período en el que el crecimiento de los tejidos y los sucesos de remodelación se suceden con mucha rapidez… así que la ausencia en el neonato de respuesta a las infecciones de bacterias encapsuladas puede ser el riesgo que corra el organismo para llevar a cabo de forma positiva el desarrollo”.

A fin de adaptarse al mundo de manera apropiada, un fenotipo antiinflamatorio es algo crítico para el niño. La leche materna suple el papel del sistema inmunológico innato, protegiendo al bebé de las enfermedades producidas por toxinas y otras, suministrando sustancias antiinflamatorias en la leche materna junto con otras partículas inmunes que impedirían a las bacterias y a los virus adherirse, o destruyéndolos completamente.

Esto protege al bebé, sirviendo como una defensa in situ, mientras el sistema inmunológico infantil se está preparando para saber más de sí mismo y del otro. Este mismo modelo de desarrollo se ha observado en los mamíferos no humanos estudiados en el laboratorio, y sería algo común a todos los mamíferos, mostrando que el fenotipo antiinflamatorio es crucial para la supervivencia, tanto a corto como a largo plazo.

Un reciente estudio de Elahi, 2013, muestra que las células inmunes de los niños tienen una plena capacidad funcional, pero se reprime con un objetivo más importante, aprender quién soy yo, cuáles son los microorganismos comensales saludables, y qué es lo que más tarde se debe atacar.

Durante este período de ajuste, que dura aproximadamente 2 años en los seres humanos (extrapolando a partir de los estudios realizados en animales), el niño se encuentra bien protegido por la leche de la madre, que respeta el proceso de aprendizaje y se deshace de los organismos no deseados. ¿Cuál sería entonces el efecto de las vacunas, que interfieren en este plan maestro del sistema inmunológico del niño, añadiendo grandes cantidades de aluminio?

Con el apoyo de la leche materna, el sistema inmunológico infantil se desarrolla de manera apropiada y sistemáticamente, a su debido tiempo, según el programa genético presente en los bebés desde el mimo momento de la concepción. ¿Cuál sería ese plan maestro? Permitir que el niño realice una transición sin peligro hacia la independencia inmunológica, con los menores niveles de inflamación posibles. ¿Se puede interferir en este proceso? Sí se puede ¿Qué puede interferir en el sistema inmunológico neonatal? Algo que provoque una respuesta inflamatoria en la madre mientras se encuentra embarazada y en el bebé por la administración de vacunas.

La investigación médica tiene muy clara una cosa. No sería en sí la infección lo que supone un problema. Es la activación del sistema inmunológico. ¿Cómo saben que no es sólo la infección? Como el estrés, las toxinas y otros antígenos no infecciosos, pueden provocar una reacción en cascada en el sistema inmunológico, de modo muy similar a como lo haría una infección.

Si es importante para el desarrollo favorable del bebé permitir el riesgo de infección al no activarse dos mecanismos clave de defensa ante una infección primaria, ¿cuál sería el otro riesgo que se asume si se fuerza al sistema inmunológico a hace algo que se supone no debiera hacer? Una vacuna, por definición, provoca una inflamación repetida, en diferentes intervalos de tiempo. Las vacunas están diseñadas para provocar una inflamación periférica, y los adyuvantes presentes en las vacunas y los antígenos pueden provocar inflamación cerebral, producir alergias y autoinmunidad, causar una inflamación constante en algunas zonas del cuerpo. En algunos niños, las vacunas también pueden provocar que las mitocondrias no trabajen correctamente.

Dicho esto, podrá pensar lo siguiente… si falta la respuesta del bebé ante las toxinas producidas por una infección bacteriana, ¿qué posibilidades tiene el bebé de sobrevivir en este mundo? Si quiere aprender más sobre la inmunidad neonatal, lea estos tres artículos del blog, y tome nota de los artículos médicos de referencia:

Desarrollo del sistema inmunológico infantil

Parte 2

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Procedencia del artículo:

http://drsuzanne.net/dr-suzanne-humphries-vaccines-vaccination/

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Fukushima: los peligros de la exposición interna a la radiación (I)

El material radiactivo lanzado en las explosiones de la Central Nuclear de Fukushima es entre cientos y miles de veces mayor que en la explosión de la bomba atómica en Hiroshima.

Por Yagasaki Katsuma, 15 de mayo de 2016

The Asia-Pacific Journal

Fukushima1

Yagasaki_Katsuma Yagasaki Katsuma, nacido en 1943, es profesor emérito de la Universidad de Ryukyus. Lleva trabajando en la Universidad desde 1974, donde ha ocupado el cargo de Director de la Facultad de Ciencias. Está especializado en Física de la materia condensada. Desde 2003 viene declarando en los pleitos colectivos sobre la radiación interna de los sobrevivientes de la bomba atómica. En mayo de 2011, intervino como testigo en la Cámara Baja ante el Comité Especial de Ciencia y Tecnología y ante el Comité de Presupuestos de la Cámara. En febrero de 2012 recibió el Premio de la Cultura Médica. Entre sus obras: “Qué les pasa a los niños de Irak”, “Municiones con uranio empobrecido y Exposición interna a la radiación”; “Un argumento contra el Sistema ICRP desde el punto de vista científico”. Ha participado en la conferencia sobre Ciencia y Asuntos Internacionales de 2015.

Yagaski Katsuma, profesor emérito de la Universidad de Ryukyu, no ha dejado de hacer sonar la alarma sobre los problemas de la exposición interna a la radiación en relación con las pruebas nucleares y la generación de electricidad mediante la energía nuclear. Desde la explosión de la Central nuclear de Fukushima Daichii, se ha servido de su experiencia para llevar a cabo investigación de campo y para apoyar a los evacuados a Okinawa. Aquí expone una reflexión sobre los cinco años transcurridos desde el accidente de Fukushima Daichii, y los problemas que aún quedan por delante.

Doce días después de la explosión

El 17 de marzo de 2011, un amigo que vivía en la ciudad de Fukushima se puso en contacto conmigo: “Hablan de contaminación radiactiva, pero no sabemos nada sobre ello. Necesitamos dosímetros, pero no hay manera de conseguirlos”.

Así que acabé por acercarme a Fukushima con varios dosímetros para medir los niveles de radiactividad. Conseguí poner en marcha los dosímetros. Fukushima se encontraba con restricciones en el suministro de combustibles, de modo que no podía moverme con libertad. Necesitaba un vehículo de emergencia para poder usarlo. Salí de Okinawa el 24 de marzo, y fui desde Osaka en avión hasta el aeropuerto de Fukushima, y llegué a la ciudad de Fukushima en un autobús que pasó por Koriyama. Los trenes de Japan Railways (JR) no circulaban. Habían pasado doce días desde la primera explosión. Que se produjo en el Reactor Número 1 de la Central Nuclear de Fukushima Daichii. A la mañana siguiente se puso a nevar y pude medir unos elevados niveles de radiactividad, 12 microsieverts/hora, que caía despiadadamente en los espacios vitales de los ciudadanos de Fukushima.

Desde el 25 al 31 de marzo acudí a ocho zonas diferentes para medir las dosis de radiación en el aire, las tierras de cultivo y el agua: la ciudad de Fukushima, Iwaki, Aizu-Wakamatsu, Kitakata, Minami-Soma, Koriyama, Itate Village y Kita-Shiobara. Discutí con los agricultores y otros habitantes sobre los pasos que podían tomar.

En otras palabras, yo creo que van a hacer todo lo posible

por decir que los daños en la salud son mínimos en los residentes de Fukushima

y van a apoyar las políticas del Gobierno japonés,

abandonando a su propios ciudadanos.

Esto fue lo que me hizo apresurarme por llegar a Fukushima.

En ese momento, las lecturas de las niveles de radiación en las tierras de cultivo se redujeron a la mitad al eliminar la capa superior de hierbas y paja. Excavando a 3 centímetros de profundidad, las lecturas se redujeron en un 80%. Esto sugería que si la gente no plantaba ese año y se retiraban 5 centímetros de la capa superior de tierra, se podría prevenir que los futuros cultivos tuviesen contaminación radiactiva. Estaban ante una situación en la que los Gobiernos nacionales y locales no sabían cómo actuar, ni que contramedidas se podían llevar a cabo, y no tenían prácticamente ninguna política de actuación. Al final, a parte de un pequeño número de agricultores que siguieron mis recomendaciones, la mayoría de los propietarios se sintieron obligados a plantar, arando el suelo y difundiendo la radiactividad hasta 20 centímetros de profundidad.

De los dos dosímetros que había traído conmigo para llevar a cabo mis investigaciones, presté uno de ellos a un agricultor durante un año, haciendo lo que pude por ellos como una forma de asistencia temporal.

Sin medidas para proteger a los residentes

Una de las cosas que más me desquiciaron fue la idea del mito de la seguridad. A pesar de que caía el polvo radiactivo, casi nadie sabía cómo proteger su cuerpo. Los Gobiernos locales no tenían ni un solo dosímetro. El manual de evacuación en caso de accidente en una central nuclear utilizado en las escuelas primarias de la ciudad de Fukushima era el mismo manual de evacuación en caso de terremoto.

Por otra parte, todos los intentos para hablar sobre los peligros de las centrales nucleares fueron categóricamente erradicados. Ahí reside el por qué no se tomaron medidas para proteger a los residentes de la radiactividad, no se distribuyeron tabletas de yodo, sin SPEEDI (Sistema de Información para la Predicción de los Niveles de Emergencia Ambiental) que informase, y un largo etcétera.

Recomendaciones del ECRR 2003

Los Efectos sobre la Salud de

la Exposición a Radiación de

Bajas Dosis para Propósitos de Protección de la Radiación

(Descarga en pdf)

Antes del accidente, había publicado un libro titulado La exposición oculta a la radiación, en 2009, junto con Shin Nihon Shuppansha, en el que se exponía que la exposición interna es un tipo de exposición oculta más peligrosa que la exposición externa.

La Comisión de Siniestros de la Bomba Atómica (ABCC) y la Fundación de Investigación de Efectos de la Radiación (RERF) han ocultado información sobre las víctimas de los bombardeos atómicos. La Comisión Internacional de Protección Radiológica ( la ICRP) ha ocultado el tema de la exposición interna a la radiación, haciéndose sumisa a la estrategia nuclear de Estados Unidos (1). El accidente de la Central Nuclear de Fukushima Daichii, después de numerosas explosiones, ha dispersado entre cientos y varios miles de veces más materiales radiactivos que la bomba de Hiroshima en el medio ambiente, lo que resulta en daños a la salud causados por la exposición interna a la radiación. Esto conducirá inevitablemente a la Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y a la CIPR a hablar de baja exposición interna a la radiación. En otras palabras, yo creo que van a hacer todo lo posible por decir que los daños en la salud son mínimos en los residentes de Fukushima y van a apoyar las políticas del Gobierno japonés, abandonando a su propios ciudadanos. Esto fue lo que me hizo apresurarme por llegar a Fukushima.

El accidente en los programas de televisión

Durante dos años, en 2011 y en 2012, he dado más de 120 conferencias al año, y he concedido entrevistas a los medios de comunicación. Los medios de comunicación informaron sobre la situación y los peligros de la exposición interna a la radiación, pero un preocupante incidente ocurrió durante este proceso. Esto sucedió durante mi aparición el 2 de julio de 2011 como invitado en las noticias semanales de Insights de la NHK Television.

El gráfico que desapareció en las noticias de NHK (2)

El gráfico que desapareció en las noticias de NHK (2)

Yo le solicité que pusieran una serie de imágenes mostrando los datos sobre cómo las tasas de muerte por cáncer infantil en Japón se habían disparado cinco años después de los bombardeos atómicos de 1945, aumentando en tres veces las tasas iniciales (véase el gráfico). Los datos demostraban claramente que estos niños fueron las primeras bajas del mundo por la exposición interna a la radiación. La noche anterior a la aparición en televisión, entregué un guión y estuve en una reunión discutiendo el programa hasta después de las 10 de mañana. Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando me dirigía a la NHK, el director me dijo que por falta de tiempo no se podía seguir el guión que se había discutido la noche anterior. Al entrar en el estudio, quise ver las imágenes que habían preparado, pero me dijeron que eso no podía ser. Como sólo faltaban 30 segundos para el comienzo del programa, no tenía más remedio que aparecer sin conocer los datos que no habían sido incluidos.

Está claro como el día que no debiera permitirse la utilización de la energía nuclear. En estos 5 años, se ha extendido un Régimen contaminado, que se manifiesta en cosas como su falta de inteligencia y la atención por parte del Gobierno japonés; el utilitarismo que coloca el dinero y el poder por encima de los derechos humanos, y la ocultación del peor desastre ambiental en la historia de la energía nuclear.

Al día siguiente, cuando solicité una explicación por escrito de lo que había ocurrido, la HNK no me la ofreció. Aún en contra de mi voluntad por encontrarme en una situación semejante, creo firmemente que fui responsable por no ser capaz de tratar de manera adecuada con la cadena.

La sociedad Vidas que se Conectan

Mi esposa ha fallecido, Okimoto Yaemi, que creó una sociedad llamada “Vidas que se conectan” – La sociedad para la conexión de Okinawa con lugares donde se ha producido un desastre- junto con Ito Michiko, un evacuado de Fukushima, y otros. Exigieron que la Tokyo Electric Power Company (TEPCO) se explicase antes las demandas de indemnización a las víctimas del desastre y que incluso viniesen a Okinawa a dar explicaciones a los evacuados, Fue la primera vez que los responsables de TEPCO viajaron fuera de la prefectura de Fukushima para realizar una sesión informativa. En Okinawa, un grupo de demandantes solicitaban “volver a nuestros medios de vida, volver a nuestra región”. Ellos también se unieron (3).

A pesar de todo su trabajo, siempre Okimoto vino a buscarme y me recogía en el aeropuerto de Naha. Ahora que se ha ido, he asumido el papel de representante de la sociedad “Vidas que se conectan”.

Tras el accidente, el núcleo del reactor fundido tiene tales niveles de radiación que no puede ser manipulado. Está claro como el día que no debiera permitirse la utilización de la energía nuclear. En estos 5 años, se ha extendido un Régimen contaminado, que se manifiesta en cosas como su falta de inteligencia y la atención por parte del Gobierno japonés; el utilitarismo que coloca el dinero y el poder por encima de los derechos humanos, y la ocultación del peor desastre ambiental en la historia de la energía nuclear.

Parte 2

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Procedencia del artículo:

http://apjjf.org/2016/10/Yagasaki.html

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Estimados Escépticos

Un periodista científico realiza una mirada escéptica sobre el Escepticismo, con E mayúscula

Por John Horgan, 16 de mayo de 2016

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Las cuerdas y los multiversos no se pueden detectar experimentalmente. Las teorías que no son falsables las hace pseudocientíficas, como la Astrología o el Psicoanálisis freudiano. Crédito: parameter_bond/Flickr

Las cuerdas y los multiversos no se pueden detectar experimentalmente. Las teorías que no son falsables las hace pseudocientíficas, como la Astrología o el Psicoanálisis freudiano. Crédito: parameter_bond/Flickr

Ayer hablé en la Conferencia del Noreste sobre Ciencia y Escepticismo (NECSS), una “celebración de la Ciencia y el pensamiento crítico”, que se llevó a cabo del 12 al 15 de este mes de mayo en la ciudad de Nueva York. Massimo Pigliucci, a quien conocí hace poco, me invitó, algo que podría lamentar porque pensaba hablar con escepticismo de los escépticos. Originalmente había titulado mi conferencia “El escepticismo: ponérselo difícil contra objetivos fáciles”. Las referencias al Bigfoot que se hacen en el título están inspiradas en una conversación que tuve durante la conferencia con Jamy Ian Swiss antes de entrar en el salón de conferencias. Me preguntó sobre lo que yo tenía previsto decir, y se lo dije, y en ese momento empezó a argumentar en contra de las creencias en los Bigfoot (Pies Grandes). No estaba bromeando. No es que yo sacase a relucir el tema, pero decidí hablar de él en mi conferencia. Swiss no me hizo más preguntas, pero prometió a la audiencia que publicaría la conferencia aquí (con pequeñas modificaciones) y daría la bienvenida a los comentarios y correos electrónicos de los escépticos (Vea también mis mensajes de respuesta aquí y aquí) – John Horgan.

No me gusta hablar para los conversos, y si de budistas se tratase, contra ellos hablaría. Como esta vez hay escépticos, voy a hablar del escepticismo.

Soy un periodista científico. No celebro la Ciencia, la critico, porque la Ciencia necesita más bien críticos que aduladores. Meto el dedo cuando observo una falta de concordancia entre el bombo que se da a ciertos descubrimientos científicos y la realidad. Eso me mantiene ocupado, porque como usted sabrá, la mayoría de las afirmaciones científicas revisadas por pares descubren que son incorrectas.

Así que soy un escéptico, pero de los de e minúscula, no Escéptico con E mayúscula. No pertenezco a sociedades de escépticos, ni me relaciono con personas que se identifican con el Escepticismo con E mayúscula. O ateos. O racionalistas.

Cuando gente de esta se reúne, se convierten en una tribu. Se dan palmaditas en la espalda y se adulan unos a otros diciendo lo inteligentes que son en comparación con aquellos que están fuera de la tribu. Sin embargo, la pertenencia a una tribu a veces te hace más tonto.

He aquí un ejemplo que involucra a dos ídolos del Escepticismo con E mayúscula: el biólogo Richard Dawkins y el físico Lawrence Krauss. Krauss ha escrito un libro hace poco, Un Universo desde la nada, en el que afirma que la Física responde a la vieja pregunta: ¿Por qué hay algo en lugar de nada?

El libro de Krauss no se acerca ni de lejos a cumplir la promesa recogida en su título, pero a Dawkins le encantó. Escribe en el epílogo del libro: “El origen de las Especies fue un golpe mortal de la Biología contra el supernaturalismo, de modo que podemos llegar a ver “El Universo desde la nada” como su equivalente en la Cosmología”.

Para que quede claro: Dawkins está comparando a Lawrence Krauss con Charles Darwin. ¿Por qué Dawkins diría semejante estupidez? Porque odia la religión tanto que eso le afecta a su juicio científico. Sucumbe a lo que podríamos llamar Delirio Científico.

El Delirio Científico es algo muy común entre los Escépticos con E mayúscula. Algo que no aplican por igual a su Escepticismo. Son muy críticos con la creencia en Dios, en los fantasmas, el cielo, la percepción extrasensorial, la homeopatía y los BigFoot. También atacan la incredulidad en el calentamiento global, las vacunas y los alimentos modificados genéticamente.

Tanto unas creencias como otras merecen su crítica, pero son los que yo llamo objetivos fáciles. Esto se debe a que, en su mayor parte, atacan a la gente que no forma parte de su tribu, a los que se ignora. De modo que terminan predicando a los conversos.

Mientras tanto descuidan lo que yo llamo objetivos difíciles. Me refiero a esas afirmaciones dudosas o incluso perjudiciales que se ven apoyadas por destacados científicos e instituciones. Durante el resto de esta conferencia, les voy a dar ejemplos de objetivos difíciles en Física, Medicina y Biología. Terminaré con una queja sobre la guerra, el objetivo más difícil de todos.

Multiversos y Singularidad

En primer lugar, hablaré de Física. Durante décadas físicos como Stephen Hawking, Brian Greene y Leonard Susskind han defendido la Teoría de Cuerdas y la teoría del multiverso, como las más destacadas descripciones de la realidad.

Aquí está el problema: las Cuerdas y los Multiversos no se pueden detectar experimentalmente. Ambas teorías no son falsables, lo que las haría pseudocientíficas, como la Astrología y el Psicoanálisis freudiano.

Algunos defensores de la teoría de Cuerdas y de los multiversos, como Sean Carroll, han argumentado que la falsabilidad debe ser desechada como método científico para distinguir entre Ciencia y Pseudociencia. Si uno pierde en el juego, trata de cambiar las reglas.

Los físicos incluso están defendiendo la idea de que nuestro Universo sería una simulación creada por extraterrestres superinteligentes. El mes pasado, Neil de Grasse Tyson dijo que “la probabilidad es muy alta”, la de que estemos viviendo en una simulación. Una vez más, no se trataría de Ciencia, sería un experimento mental de un fumeta pretendiendo hacer Ciencia.

Lo mismo ocurriría con la Singularidad, la idea de que estamos al borde de la digitalización de nuestra psique para luego cargarla en un ordenador, en el que podríamos vivir para siempre. Algunas personas poderosas creen en ello, como el Director de Ingeniería de Google, Ray Kurzweil. Pero la Singularidad es un culto apocalíptico: la Ciencia como sustituto de Dios.

Cuando científicos que ocupan un lugar preeminente defienden ideas un tanto excéntricas, como la Singularidad y el Multiverso, hacen daño a la Ciencia. Socavan su credibilidad en temas como el calentamiento global.

Sobrediagnóstico del cáncer

Ahora echemos un vistazo a la Medicina, no el fácil objetivo de la medicina alternativa, sino el difícil objetivo de la Medicina Convencional. Durante el debate sobre los cambios en el sistema de salud propuestos por Obama, a menudo hemos oído decir que la medicina estadounidense es la mejor del mundo. Eso es algo que es mentira.

Estados Unidos gasta más en atención sanitaria per cápita que cualquier otro país del mundo. Y sin embargo, ocupa el puesto 34 en longevidad. Estamos junto a Costa Rica, que gasta una décima parte de lo que gastamos nosotros por persona. ¿Cómo puede pasar esto? Tal vez porque la Industria de la Salud da prioridad a los beneficios económicos por encima de la salud.

Durante el último medio siglo, los médicos y los hospitales han introducido costosas pruebas de diagnóstico, cada vez más sofisticadas. Dicen asegurar una detección más temprana de la enfermedad y que daría lugar a una mejor salud.

Pero estas pruebas de diagnóstico a menudo hacen más daño que bien. Por cada mujer cuya vida se prolongue por la detección de un tumor, hasta 33 mujeres recibirán un tratamiento innecesario, incluyendo biopsias, cirugía, radiación y quimioterapia. Para los hombres diagnosticados con cáncer de próstata después de una prueba de PSA, la proporción es de 47 a uno. Datos similares se desprenden de las colonoscopias y de otras pruebas de diagnóstico.

Los europeos tienen menores tasas de mortalidad por cáncer que los estadounidenses, a pesar de que fuman más y gastan menos en tratamientos contra el cáncer. Los estadounidenses están sobretratados y sobrecargados.

Si desea obtener más información sobre este gran problema, lea Sobrediagnóstico de Gilbert Welch, un valiente analista en temas de salud, de Dartmouth, con el subtítulo: “Cómo la gente enferma puede mejorar su salud”.

Enfermedad mental y sobremedicación

En el campo de la salud mental, los problemas son similares. Durante las últimas décadas, la Psiquiatría estadounidense se ha transformado en una rama más del Marketing de las Grandes Empresas Farmacéuticas.

Empecé mi crítica contra los medicamentos para las enfermedades mentales hace más de 20 años, señalando que antidepresivos como el Prozac apenas son más efectivos que un placebo.

Mirando en retrospectiva, mi crítica era demasiado suave. Las drogas psiquiátricas ayudan a algunas personas a corto plazo, pero con el tiempo agudizan la enfermedad. El periodista Robert Whitaker llegó a esta conclusión en su libro Anatomía de una epidemia.

Se ha documentado el gran aumento en la prescripción de medicamentos psiquiátricos desde finales de 1980. El mayor incremento ha sido en los niños. Si los medicamentos realmente funcionasen, las tasas de enfermedad mental debieran disminuir. ¿No es así?

En cambio, las tasas de discapacidad mental han aumentado considerablemente, sobre todo entre los niños. Whitaker construye un argumento de peso, señalando que los medicamentos son causantes de una epidemia.

Teniendo en cuenta los defectos de la Medicina Convencional, ¿se puede culpar a la gente de que haya regresado a las medicinas alternativas?

La Ciencia de los genes prodigiosos

Otro objetivo difícil que necesita su atención es la genética del comportamiento, que se encuentra a la búsqueda de los genes que explicarían nuestro comportamiento. Yo los llamo los genes prodigiosos, porque a los medios de comunicación y a la gente es algo que le encanta.

Durante las últimas décadas, los genetistas han anunciado el descubrimiento de genes virtualmente para explicar cualquier rasgo o trastorno. Hemos oído hablar del gen de Dios, del gen de lo homosexualidad, del gen del alcoholismo, el gen del guerrero, el gen liberal, el gen de la inteligencia, el gen de la esquizofrenia, y así sucesivamente.

Ninguno de estos vínculos, entre los genes individuales y los rasgos complejos o trastornos, se ha confirmado. ¡Ninguno! Pero se sigue hablando de los genes prodigiosos.

El año pasado, The New York Times publicó dos artículos sobre los genes prodigiosos, firmados por Richard Friedman, psiquiatra del Cornell Medical College. Afirmaba que los científicos han encontrado el gen del sentirse bien, el gen de la felicidad, y también el gen de la infelicidad, que hace que las mujeres engañen a sus maridos. The Times debería avergonzarse de publicar tales cosas.

La teoría de las raíces profundas de la guerra

La teoría biológica que más encandila es la teoría de las raíces profundas de la guerra. De acuerdo con esta teoría, la violencia del grupo está en nuestros genes. Sus raíces se remontan a millones de años, recorriendo el camino hasta nuestro ancestro el chimpancé.

Esta teoría de las raíces profundas de la guerra es apoyada por pesos pesados como Steven Pinker, científico de Harvard, Richard Wrangham y Edward Wlson. El Escéptico Michael Shermer, también defiende la teoría, a los medios de comunicación les encanta, porque habla de historias espeluznantes sobre unos chimpancés sedientos de sangre y de la Edad de Piedra de los seres humanos.

Sin embargo, hay evidencias abrumadoras de que la guerra fue una innovación cultural, como la agricultura, la religión o la esclavitud, que surgió hace menos de 12.000 años.

No me gusta la teoría de las raíces profundas de la guerra, no sólo porque no sea cierta, sino porque habla del fatalismo de la guerra. La guerra es nuestro más urgente problema, más urgente que el calentamiento global, la pobreza, las enfermedades o la opresión. La guerra hace que estos y otros problemas empeoren, directa o indirectamente, mediante la desviación de los recursos necesarios para su solución.

Pero la guerra es un objetivo de los difíciles. La mayoría de la gente, la mayoría de ustedes, probablemente consideren que la paz mundial es una quimera. Tal vez consideren que tal teoría tenga unas raíces profundas. Si la guerra fuese tan antigua e innata, entonces sería inevitable, ¿no es así?

También cabría hablar del fanatismo religioso, en especial del fanatismo musulmán, la mayor amenaza para la paz para algunos. Es la opinión de críticos de la religión, como Dawkins, Krauss, Sam Harris, Jerry Coyne, y el último, un gran belicista, Christopher Hitchens.

Sin embargo, considero que la mayor amenaza para la paz es Estados Unidos. Desde el 11 de septiembre las guerras de Estados Unidos en Afganistán, Irak y Pakistán, han matado a más de 370.000 personas, incluidos 270.000 civiles, muchos de ellos niños. Y son estimaciones muy conservadoras.

Lejos de resolver el problema del fanatismo musulmán, las intervenciones de Estados Unidos lo han empeorado. ISIS es una reacción a la violencia contra los musulmanes por parte de Estados Unidos y sus aliados.

Estados Unidos gasta tanto en lo que mal llamamos defensa como el resto de naciones juntas, y somos el principal innovador y vendedor de armas. Barack Obama, que se comprometió a liberar al mundo de las armas nucleares, ha aprobado un plan de 1 billón de dólares para modernizar nuestro arsenal.

El movimiento contra las guerra es muy dé4bil. No hay un solo candidato contra la guerra en esta campaña electoral, incluido Bernie Sanders. Muchos estadounidenses apoyan el militarismo de su país. Celebraron la película El Francotirador, un asesino de mujeres y niños.

En el sigo pasado, prominentes científicos se pronunciaron contra el militarismo estadounidense y pidiendo el fin de la guerra: científicos como Einstein, Linus Pauling, y el gran escéptico, Carl Sagan. ¿Dónde están sus sucesores? Noam Chomsky todavía critica el Imperialismo estadounidense, pero casi tiene 90 años. ¡Hace falta un repuesto!

Lejos de criticar el militarismo, algunos estudiosos, como el economista Tyler Cowen, dicen que apoyar la guerra es algo beneficioso, ya que estimula la innovación. Eso es algo así como argumentar a favor de los beneficios económicos de la esclavitud.

Por lo tanto, para recapitular: estoy pidiendo a los escépticos que dediquen menos tiempo a criticar los objetivos fáciles como la homeopatía y los Bigfoot y más tiempo a criticar los objetivos difíciles, como los multiversos, las pruebas de diagnóstico del cáncer, los medicamentos psiquiátricos y la guerra, el objetivo más difícil de todos.

No espero que estén de acuerdo con mi forma de ver las cosas. Todo lo que les pido es que ustedes examinen sus puntos de vista con escepticismo. Y háganse la siguiente pregunta: en el caso de que la guerra no termine siendo un imperativo moral, ¿cómo acabar con la esclavitud o el sometimiento de la mujer? ¿Cómo no poner fin a la guerra?

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Actualización (23 de mayo de 2016)

Para más información sobre las reacciones a este artículo, y mis respuestas, por favor, lea los mensajes aquí y aquí. Estoy introduciendo estas actualizaciones porque estoy respondiendo a reacciones especialmente importantes, y quiero que llegue al mayor número de lectores.

Mi respuesta a Steven Pinker

Steve Pinker demuele la visión de John Horgan sobre la guerra”. Este es el cuarto ataque que dirigen contra mí desde el blog de Jerry Coyne Por qué la evolución es cierta. Tengo un gran respeto por Pinker. En una revisión para Slate, titulada Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza, documentaba que la disminución histórica de las guerras y otras formas de violencia era un logro extraordinario que “debería hacer pensar a los más pesimistas en su negra visión del futuro”. Pero también he criticado a Pinker por defender una perspectiva hobbesiana, según la cual la civilización, especialmente encanada por Occidente, sobre todo en el período posterior a la Ilustración, nos está ayudando a superar nuestra naturaleza salvaje. Este compromiso ideológico conduce a Pinker a exagerar la violencia en la Prehistoria y quita importancia a la violencia en los Estados modernos, en particular de Estados Unidos.

Una cosa más: Pinker dice que he “refrendado la incongruencia”, al decir que si la guerra es innata también es inevitable. Como se sabe, porque he discutido el tema con él, yo no respaldo este punto de vista fatalista, y sé que Pinker tampoco. Sin embargo, otras muchas personas tienen una profunda base fatalista, desde mis estudiantes a Barack Obama, que al aceptar el Premio Nobel de la Paz (¡) dijo que la guerra “apareció con el primer hombre… y que no vamos a erradicar los conflictos violentos nunca”. Esta es la razón por la cual estoy molesto con Pinker y otros destacados científicos, que continúan propagando la teoría de las profundas raíces de la guerra, a pesar de su falta de apoyo empírico. (Para críticas más detalladas del trabajo de Pinker, consulte aquí, aquí y aquí. Además, si desea saber algo más sobre la historia de Napoleon Chagnon, a la que alude Pinker, acuda aquí).

Mi respuesta (más reciente) a David Gorski y Steven Novella

Ya que David Gorski sigue criticándome, he mirado con más detenimiento sus escritos y los de su colega medico-escéptico Steven Novella. Como dejan claro en los recientes mensajes en su blog Medicina con base científica, su objetivo principal es la medicina alternativa, a la que atacan agresivamente, y con razón.

El problema es que no son igual de agresivos en su crítica a la Medicina Convencional, sobre la cual extienden un manto protector. Gorski y Novella se preocupan de que las críticas a la Medicina Convencional sirva de apoyo y consuelo a charlatanes, pero terminan adhiriéndose a una doble moral que socava su credibilidad.

Este doble estándar surge cuando Gorski y Novella descartan pruebas de que los fármacos psiquiátricos podrían estar haciendo más daño que bien, y cuando Gorski resta importancia a un estudio reciente sobre las muertes causadas por los errores médicos. Del mismo modo, cuando Gorski, cirujano del cáncer de mama, discute sobre las mamografías, siempre acaba afirmando su valor, que sin embargo es limitado.

Los escépticos que buscan unas evaluaciones más objetivas de la Medicina, deben examinar la inestimable colaboración Cochrane, que consta de 37.000 expertos médicos dedicados a la producción (según el sitio web) e información accesible sobre la salud, libre del patrocinio industrial y otros conflictos de interés.

Peter Gotzsche, médico e investigador médico, que dirige la rama nórdica de la Colaboración Cochrane, ha llegado a la conclusión de que tanto las mamografías y los antidepresivos pueden hacer más daño que bien. Gotzsche es un verdadero escéptico. No es que sea necesariamente correcto, pero yo confío más en su juicio que en el de Gorski y Novella.

Lecturas adicionales:

A Dig Through Old Files Reminds Me Why I’m So Critical of Science.

Everyone, Even Jenny McCarthy, Has the Right to Challenge “Scientific Experts.”

Should the Humanities Embrace Scientism? My Postmodern Response to Pinker’s Patronizing Plea.

Is Lawrence Krauss a Physicist, or Just a Bad Philosopher?

My Modest Proposal for Solving the ‘Meaning of Life Problem’—and Reducing Global Conflict.

Bayes’s Theorem: What’s the Big Deal?

AI Visionary Eliezer Yudkowsky on the Singularity, Bayesian Brains and Closet Goblins.

Scott Aaronson Answers Every Ridiculously Big Question I Throw at Him.

What is it like to be a skeptic at a consciousness conference?

Meta-Post: Horgan Posts on War and Peace

Meta-Post: John Horgan Posts on Cancer, Etcetera

Meta-Post: Horgan Posts on Antidepressants and Other Therapies for Mental Illness

Meta-Post: Horgan Posts on Physics, Cosmology, Etcetera

Was I Wrong about “The End of Science”?

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Procedencia del artículo:

http://blogs.scientificamerican.com/cross-check/dear-skeptics-bash-homeopathy-and-bigfoot-less-mammograms-and-war-more/

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Una acreditada reputación: Hayes, Syngenta y la Atrazina (y V)

Después de que Tyrone Hayes dijese que un producto químico era nocivo, su fabricante arremetió contra él

Por Rachel Aviv, febrero de 2014

The New Yorker

Parte 1, Parte 2 , Parte 3, Parte 4

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta “La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió David Michaels.

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta
“La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió David Michaels.

En el año 2010, escribía en un correo electrónico enviado al grupo de científicos del panel EcoRisk: “Acabo de iniciar el que será el evento académico más importante de esta batalla”. Tenía otra documento que iba a ser publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, en el que describía cómo los renacuajos machos que habían estado expuestos a la atrazina se desarrollaron para convertirse en hembras con trastornos en la fertilidad. Escribió a la Empresa para que iniciase lo antes posible otra campaña de relaciones públicas: “Es bueno saber que en este entramado económico puedo dar empleo a tantas personas”, escribió. Citó a Tupac Shakur y al rey sudafricano Shaka Zulu: “Nunca abandones la base del enemigo o regresará de nuevo para lanzarse sobre tu garganta”.

El Jefe de Seguridad de los productos de Syngenta escribió una carta al editor de las Actas de la Academia Nacional de Ciencias y al Presidente de la Academia Nacional de Ciencias, expresando su preocupación de que un “estudio con debilidades tan obvias hubiese logrado publicarse en una revista científica de tan buena reputación”. Un mes más tarde, Syngenta presentó una demanda ética ante el rector de Berkeley, alegando que los correos electrónicos de Hayes violaban las normas de conducta ética de la Universidad, sobre todo por la falta de respeto a los demás. Syngenta ha publicado más de 80 de los correos electrónicos de Hayes en su página web y envió unos cuantas en su carta al Rector. En uno de ellos, con el asunto “¿Están ustedes preparados?”, Hayes escribió: “Ya fulla my j*z right now!”. En otro, decía a los científicos de Syngenta que había estado tomando algo con sus amigos republicanos después de la conferencia, que querían saber algunos datos que había utilizado en un artículo: “As long as you followin me around, I know I’m da sh*t”, “Por cierto, dejo sus preguntas preescritas en la mesa”.

Berkeley no tomó medidas disciplinarias contra Hayes. El abogado de la Universidad recordó a Syngenta en una carta que “todas las partes tienen la misma responsabilidad en actuar de manera profesional”. David Wake dijo que había leído muchos de los correos electrónicos y los encontró “bastante jocosos”: “Les habla como a los punks en la calle, cuando ellos se ven a sí mismos como capitanes de la Industria. Cuando le dan un toque, va derecho a ellos”.

Michelle Boone, profesora de ecología de ecosistemas acuáticos de la Universidad de Miami, que formó parte del panel de asesores científicos de la EPA, dijo: “Todos seguimos el drama de Tyrone Hayes, y algunas personas habrán dicho, “Sólo debe dedicarse a cuestiones científicas”. Pero la Ciencia no habla por sí misma. La Industria tiene recursos ilimitados y un poder abusivo. Tyrone ha sido el único que ha dicho las cosas por su nombre. Sin embargo, algunas personas sienten que ha perdido buena parte de su objetividad”.

Keith Solomon, profesor emérito de la Universidad de Guelph, Ontario, que ha recibido financiación de Syngenta y que formó parte del parte del panel EcoRisk, señaló que los académicos que se niegan a recibir dinero de la Industria no son inmunes a los prejuicios, están bajo presión para producir nuevos trabajos, ya que deben conseguir cargos y promocionarse. “Si hago un ensayo miro los datos en todas las direcciones, y si no encuentro nada va a ser difícil publicar algo. Las revistas quieren excitación. Quieren que sucedan cosas desagradables”-.

Hayes, que había engordado más de 22 kilos desde que se convirtió en profesor titular, llevaba bufandas, brillantes, un elegante traje y pendientes de plata del Tíbet. Al final de sus conferencias se echaba unas rimas: “Veo una estratagema/ construida intencionalmente para ponernos en un dilema/ de modo que estoy dispuesto a resolver el problema/ para poder elegir uno u otro esquema/ y demostrar la objetividad de mi sistema”. En algunas conferencias, Hayes advirtió de las consecuencias del uso de la atrazina, que afectaban principalmente a las gentes de color: “Si usted es un negro o un hispano, es más probable que viva o trabaje en zonas en las que esté expuesto a esa basura… Por un lado estoy tratando de jugar según las reglas de la torre de marfil, y por otro lado la gente está empleando un conjunto diferente de reglas”. Syngenta habla directamente al público, mientras que los científicos publican sus investigaciones en “revistas que usted no puede comprar en Barnes and Noble”.

Hayes confiaba que en la próxima audiencia de la EPA se encontrasen las suficientes pruebas como para prohibir la atrazina, pero en el año 2010 la Agencia encontró que los estudios sobre riesgos en los seres humanos eran muy escasos. Dos años después, durante otra revisión, la EPA determinó que la atrazina no afectaba al desarrollo sexual de las ranas. En ese momento, se disponía de setenta y cinco estudios publicados sobre el tema, pero la EPA excluyó la mayor parte de ellos, debido a que no cumplían con los requisitos de calidad que la Agencia había establecido en 2003. Así que la conclusión se basaba casi exclusivamente en los estudios financiados por Syngenta y dirigidos por Werner Kloas, profesor de Endocrinología de la Universidad de Humboldt, Berlín. Uno de los coautores fue Alan Hosmer, científico de Syngenta, cuyo trabajo, de acuerdo con la evaluación de rendimiento, incluía la defensa de la atrazina e influencia en la EPA.

Después de la audiencia, dos de los expertos independientes que habían participado en el grupo de asesoramiento científico de la EPA, junto con otros quince científicos, escribieron un documento ( aún no publicado) quejándose de que la Agencia había ignorado de forma repetida las recomendaciones del panel, colocando “la salud humana y el medio ambiente a merced de la Industria… La EPA trabaja con la Industria para establecer la metodología de tales estudios, de modo que la Industria es la única institución que puede permitirse el lujo de realizar las investigaciones”. El estudio de Kloas fue el más completo de su clase: sus investigaciones habían sido examinadas por un auditor externo, y sus datos en bruto entregados a la EPA. Pero los científicos escribieron que datos sobre una sola especie “no era como para construir un edificio lo suficientemente sólido y montar sobre él una evaluación de seguridad”. Citando un artículo de Hayes, que había hecho un análisis de dieciséis estudios sobre la atrazina, escribieron que “la mejor forma de predecir si el herbicida atrazina tiene efectos significativos es mirar la fuente de financiación”.

En otro artículo publicado en Policy Perspective, Jason Rohr, un ecologista de la Universidad de Florida del Sur, que formó parte de un panel de la EPA, ha criticado las prácticas de la Industria mediante la compra de científicos al servicio de su lucrativo negocio y ponen en duda los datos de otros. Escribió que de una revisión de la literatura científica sobre la atrazina, financiada por Syngenta, no podía entender que se hubiesen falsificado más de cincuenta estudios y realizado ciento cuarenta y cuatro declaraciones inexactas o falsas, de las cuales “el 96,5% favorecían a Syngenta”. Rohr, que ha llevado a cabo varios estudios sobre la atrazina, dijo que en sus conferencias “me veía asaltado de manera regular por los compinches de Syngenta, tratando de desacreditar mi investigación. Trataban de descubrir las lagunas en la investigación, más que apreciar los efectos adversos de los productos químicos… Tengo colegas que he intentado colaboren conmigo, pero me han dicho que no están dispuestos a entrar en este tipo de investigaciones, ya que no quieren los dolores de cabeza por la defensa constante de la credibilidad”.

Deborah Cory-Slechta, ex miembro de la Junta de Asesoramiento Científico de la EPA, dijo que pudo comprobar cómo Syngenta intentó desacreditar su trabajo. Profesora de la Universidad del Rochester Medical Center, Cory-Slechta ha estudiado cómo el herbicida Paraquat puede causar daños en el sistema nervioso: “La gente de Syngenta me estuvo siguiendo en mis conferencias y no paraba de decirme que no estaba usando dosis relevantes para los humanos. Abordaban a mis estudiantes y trataban de intimidarlos. Había una campaña constante para intentar que lo que yo hacía pareciera no legítimo”.

Syngenta se ha negado repetidas veces a concedernos entrevistas, pero Ann Bryan, Gerente de Comunicaciones, me dijo en un correo electrónico que algunos de los estudios que yo citaba eran poco fiables o de escasa solidez científica. Cuando le mencioné un reciente artículo aparecido en la revista American Journal of Medical Genetic, que mostraba una asociación entre la exposición de la madre a la atrazina y la posibilidad de que su hijo tuviera un pene más pequeño, testículos no descendidos, o una deformidad en la uretra, defectos que han aumentado en las últimas décadas, dijo que el estudio había sido “revisado por científicos independientes, encontrando numerosos defectos”. Me recomendó que hablase con el autor de la revisión, David Schwartz, neurólogo, que trabaja para Innovative Science Solutions, una empresa de consultoría especializada en la defensa de los productos y en estrategias “que le darán el poder de proponer los mejores datos”. Schwartz me dijo que los estudios epidemiológicos no pueden eliminar variables confusas o hacer afirmaciones sobre la causalidad: “Hemos sido muchas veces engañados por este tipo de estudios”.

En el año 2012, como resolución de las demandas colectivas, Syngenta acordó el pago de 105 millones de dólares para indemnizar a más de un millar de sistemas de abastecimiento de agua por el coste adicional de filtrar la atrazina del agua potable, pero la Empresa negó que su comportamiento fuese premeditado. Bryan me dijo que “la atrazina no tiene efectos adversos en la salud en los niveles a los que la gente está expuesta en el mundo real… Mostró la preocupación de que se hubiese sugerido que alguna vez intentasen desacreditar a alguien. Nuestro enfoque ha sido siempre el de revelar los conocimientos científicos y dejar las cosas claras… Cada marca, cada producto, tiene su propio programa de comunicaciones. La atrazina no es diferente”.

El año pasado (se refiere al año 2013), Hayes dejó en suspenso la realización de más experimentos. Dijo que los gastos para el cuidado de los animales habían aumentado ocho veces en una década, y que no podía permitirse el lujo de mantener su programa de investigación. Acusó a la Universidad de cargarle más gastos que al resto de Departamentos de investigación. En respuesta, el Director de la oficina de atención de los animales de laboratorio, envió cartas detalladas que ilustraban que se cobraba según unas tasas estándar en todo el campus universitario, que han aumentado para todos los investigadores en los últimos años. En un artículo de opinión aparecido en la revista Forbes, Jon Entine, un periodista que aparece en los registros de Syngenta como un apoyo por parte de terceros, acusó a Hayes de dar crédito a las teorías conspiratorias, y de dirigir a la comunidad reguladora internacional hacia una búsqueda inútil, algo que linda con lo criminal.

A finales de noviembre, el laboratorio de Hayes reanudó el trabajo. Se sirvió de donaciones privadas para apoyo de sus estudiantes, más que para el pago de honorarios, pero el laboratorio empezó a acumular deudas. Dos días antes del Día de Acción de Gracias, Hayes y sus estudiantes discutieron su plan de vacaciones. Llevaba una sudadera naranja de gran tamaño, pantalones cortos y zapatillas de deporte, y una antigua alumna, Diana Salazar Guerrero, comía patatas fritas que había dejado otro estudiante sobre la mesa. Hayes la animó a acudir a la cena de Acción de Gracias y acudir a la habitación de su hijo, que ahora es estudiante en Oberlin. Guerrero acaba de entregar la mitad del depósito del alquiler de un nuevo apartamento, y Hayes se sintió un tanto perturbado por la descripción de su nuevo compañero de apartamento: “¿Estás segura de que puedes confiar en él?”

Hayes acababa de regresar de Mar del Plata, Argentina. Había hecho un viaje de quince horas y conducido doscientas cincuenta millas para dar una conferencia de treinta minutos sobre la atrazina. Guerrero dijo: “Ahora que había más científicos documentándose sobre la atrazina, supuse que estaría dispuesto a seguir adelante. Al principio era un tipo loco de Berkeley… pero ahora las cosas están cambiando”.

En un reciente artículo aparecido en Journal of Steroid Biochemistry and Molecular Biology, Hayes y otros veintiún científicos, aplicando los criterios de Sir Austin Bradford Hill, quien en 1965 se refirió a las condiciones necesarias para establecer una relación causal, en este caso entre los estudios de la atrazina y diferentes clases de vertebrados, argumentaron que los estudios independientes mostraban de manera consistente que la atrazina perturba el desarrollo reproductivo de los machos. El laboratorio de Hayes estaba trabajando en otros dos estudios que exploraban cómo la atrazina afecta al comportamiento sexual de las ranas. Cuando le pregunté que haría si la EPA, que estaba llevando a cabo otra revisión de seguridad de la atrazina, y prohibiese el herbicida, bromeó diciendo: “probablemente me vuelva a deprimir”.

No hace mucho tiempo, Hayes vio lo que decía de él mismo la Wikipedia, observando una falta de respeto, y no estaba seguro de si se trataba de un ataque por parte de Syngenta o si simplemente había gente que pensaba que hacía mal las cosas. Se sintió deprimido cuando se acordó de los argumentos que había empleado con los expertos financiados por Syngenta: “Una cosa es que estén en desacuerdo con mis planteamientos científicos o que crean que estoy dando la alarma sobre algo que no debiera. Pero ni siquiera tienen sus propias opiniones. Pagan porque alguien tome una determinada postura”. Se preguntó si había algo inherentemente desquiciado en la denuncia de irregularidades; tal vez los locos persisten. Estaba preparado para la lucha, pero parecía buscar a su oponente.

Uno de los primeros estudiantes graduados, Nigel Noriega, que dirige una organización dedicada a la conservación de los bosques tropicales, me dijo que todavía se estaba recuperando de la experiencia de la investigación de la atrazina, de eso hace ya una década. Veía la Ciencia como una cultura rígida, “un club selecto, una sociedad de la élite… pero Tyrone no se ajustaba al estándar de lo que se considera un científico”. Noriega, preocupado porque la gente sepa muy poco del contexto en el que se dan los descubrimientos científicos, dijo: “No es provechoso para nadie pensar que los científicos han de ser autoritarios. Un buen científico pasa toda su vida cuestionando sus propios descubrimientos. Una de las cosas más peligrosas que puede hacer es tener fe”.

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Procedencia del artículo:

http://www.newyorker.com/magazine/2014/02/10/a-valuable-reputation

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Carta abierta de la UCCSNAL sobre las nuevas tecnologías de modificación genética

UCCSNAL – UNIÓN DE CIENTÍFICOS COMPROMETIDOS CON LA SOCIEDAD Y LA NATURALEZA DE AMÉRICA LATINA

uccsnal.org, 10 de mayo de 2016

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En homenaje a Andrés Carrasco a dos años de su fallecimiento

Desde hace algunos meses se ha iniciado con mucha fuerza una campaña publicitaria para promover un grupo de nuevas biotecnologías (como la edición de genes, la biología sintética, CRISPR-Cas, el uso de micro ARN, la manipulación de la expresión genética a través de la intervención en los complejos procesos involucrados en epigénetica, por mencionar algunos ejemplos), presentándolas como “superadoras” de la transgénesis.

Tal como ocurrió hace dos décadas, cuando los promotores de los transgénicos nos presentaron un largo menú de promesas que nunca llegaron a cumplirse, los mismos sectores que desde entonces vienen defendiendo los transgénicos, hoy nos dicen que estas nuevas biotecnologías “superadoras” son mucho más precisas, seguras y eficientes; que con apenas un “rasguño” se puede obtener resultados extraordinarios. Ellas, se dice, podrían ser la respuesta a la cura de diversas enfermedades, al incremento en la producción agrícola; se eliminaría el uso de plaguicidas, se podría desarrollar nuevos combustibles que, por un lado no se agoten y por otro, ayuden a enfrentar el cambio climático. Todas estas promesas son las mismas que hace 20 años acompañaron el lanzamiento de los cultivos transgénicos y todas demostraron a lo largo de estas décadas su falsedad.

Contrariamente a lo anunciado, con la introducción de los transgénicos en la agricultura industrial, se fortaleció el poder corporativo en el sistema agroalimentario, se dio una rápida expansión de monocultivos de soya, maíz y algodón y canola (que fueron los únicos cultivos biotecnológicos que tuvieron un éxito comercial) y que, además de desplazar cultivos alimenticios, profundizaron los impactos que provocados por la revolución verde: la emergencia de súper malezas, súper plagas y nuevas enfermedades, el incremento del uso de agrotóxicos, se intensificó el poder monopólico sobre las semillas a través de la imposición de derechos de propiedad intelectual y otros mecanismos legales, la aceleración del proceso de acaparamiento de la tierras, la ultra-tecnificación del agro, lo que devino en un masivo abandono del campo, porque el resultado final ha sido la instauración de un modelo agrícola sin agricultores.

Estas nuevas biotecnologías aplicadas al mundo rural, no harán sino acentuar esta tendencia ya que todas ellas están concebidas para ser aplicadas en modelos de monocultivos industriales.

Cuestionamos la seguridad de esta tecnología, que juega con la manipulación genética a pesar del gran desconocimiento que existe sobre su funcionamiento, y sobre los efectos que su aplicación podrían desencadenar a nivel celular, del organismo de la salud humana y del ambiente.

No pedimos para estas tecnologías la aplicación de normas de bioseguridad ni el desarrollo de estrictas evaluaciones de riesgo, sino la suspensión de toda la experimentación en este campo. Cuestionamos el exagerado rol que se da a “la ciencia” y al sistema científico tecnológico en el proceso de toma de decisiones relacionado con la adopción de estas nuevas tecnologías, pues sabemos que la investigación científica encarna las mismas relaciones de poder que se dan en la sociedad, y que las principales líneas de investigación son decididas por quienes las auspician y financian.

Desde la UCCSNAL proponemos un nuevos modelo de Ciencia Digna que en un diálogo de saberes con los campesinos y campesinas del mundo que han alimentado a la humanidad por miles de años y hoy lo siguen haciendo. Hacemos nuestras las palabras de Andrés Carrasco en el documento que sirvió de base para la creación de nuestra organización: “En este contexto existe la necesidad urgente de establecer una red de científicos, con concepciones más respetuosas de la complejidad y con capacidad de interpelar a las empresas y las comunidades científicas que sostienen y promueven los OGM, denunciando las limitaciones de la tecnociencia biotecnológica, discutiendo, refutando y develando las falacias simplificadoras y reduccionistas que pretenden formar un corpus “teórico y científico” de la tecnología de manipulación genética, con el fin inconfeso de reemplazar la naturaleza a medida de las grandes corporaciones y gobiernos y blindar los procesos de apropiación por despojo del territorio y su gente a cualquier precio, incluso la muerte por exterminio”.

Es hora que los agricultores y la sociedad recuperen las iniciativas de la investigación científica basada en técnicas agroecológicas, basadas en las fortalezas locales, que reviertan el acelerado proceso de descampesinización; que los temas emergentes de salud sean tratados desde un punto de vista integral abordando los procesos de determinación social y ambiental que promueven la salud y los que generan la enfermedad.

Es impensable que los impactos y problemas sociales, ambientales y sanitarios que han sido generados por la expansión acrítica de un modelo basado en la tecnociencia de mercado, cuya principal motivación es la maximización de la ganancia económica, puedan solucionarse o atenuarse, sumando las nuevas quimeras de la revolución biotecnológica.

Nuestra contrapropuesta, es la agroecología que prescinde del uso de pesticidas y fertilizantes derivados de la industria química, son sustentables en el tiempo, hacen un manejo racional de recursos naturales, brindando productos sanos y manteniendo o incrementando la fertilidad de los suelos. Los informes de Olivier de Schutter, relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, y del IAASTD señalan sin ambigüedades la alta capacidad productiva de la agricultura campesina y ecológica. Al mismo tiempo, consideran que ésta permite un mejor acceso a los alimentos, al apostar por una producción y comercialización local, con prácticas que respetan, conservan y mantienen la naturaleza.

En realidad, no solo la agricultura campesina y ecológica puede alimentar al mundo sino que es la única capaz de hacerlo. No se trata de un retorno romántico al pasado ni de una idea bucólica del campo sino de hacer confluir los métodos campesinos de ayer con los saberes del mañana y democratizar radicalmente el sistema agroalimentario.


Una acreditada reputación: Hayes, Syngenta y la Atrazina (IV)

Después de que Tyrone Hayes dijese que un producto químico era nocivo, su fabricante arremetió contra él

Por Rachel Aviv, febrero de 2014

The New Yorker

Parte 1, Parte 2 , Parte 3

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta “La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió David Michaels.

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta
“La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió David Michaels.

 En junio de 2003, Hayes se pagó él mismo el viaje a Washington para presentar allí su trabajo ante una audiencia de la EPA sobre la atrazina. La Agencia había evaluado 17 estudios. Doce de esos estudios habían sido financiados por Syngenta, y todos menos dos confirmaban que la atrazina no tenía efectos en el desarrollo sexual de las ranas. El resto de los experimentos, el de Hayes y el de investigadores de dos Universidades, indicaban lo contrario. En una presentación en PowerPoint, Hayes dio a conocer un correo electrónico de carácter privado que envió a uno de los científicos del panel EcoRisk, profesor de la Escuela Tecnológica de Texas, en el que decía: “Estoy de acuerdo con usted en que la cuestión más importante para todos los involucrados es el hecho de tener que reconocer ( y no es una cuestión menor) que los laboratorios independientes han demostrado el efecto de la atrazina en la diferenciación de las gónadas en las ranas. Esto es algo que no se puede negar”.

La EPA encontró que los 17 estudios sobre la atrazina, incluyendo el de Hayes, tenían defectos metodológicos – contaminación de los grupos de control, variabilidad en los parámetros de valoración, cría animal inadecuada – y solicitaba que Syngenta financiase un experimento a mayor escala para obtener unos resultados más definitivos. Darcy Kelly, miembro del grupo de asesoramiento de la EPA y profesora de Biología de la Universidad de Columbia, dijo en ese momento: “No creo que la EPA tomase una decisión correcta”. Los estudios realizados por los científicos de Syngenta tenían defectos que “ponían en duda su capacidad para llevar a cabo los experimentos. No pudieron replicar los efectos, que era tan fácil como dejarse caer de un tronco”. Piensa que los experimentos de Hayes eran mucho más sólidos, aunque no estaba convencida de las explicaciones de Hayes sobre el mecanismo biológico que causaba las deformidades.

La EPA aprobó el uso de la atrazina en octubre de ese año, el mismo mes en el que la Comisión Europea optó por retirarlo del mercado. La Unión Europea, en términos generales, aplica un enfoque preventivo en los riesgos ambientales, eligiendo la moderación en un contexto de incertidumbre. En Estados Unidos, las persistentes dudas científicas justifican los retrasos en las decisiones sobre las normas de regulación. Desde mediados de los años 1960, la EPA sólo ha publicado normas que restringen el uso de 5 productos químicos industriales de los más de 80.000 que se comercializan actualmente. La Industria tiene un peso más importante en el proceso de regulación estadounidense – pueden demandar a las Agencias de Regulación si observan errores en el registro científico – y los análisis del balance costes/beneficios forman parte integral de las decisiones: se asigna un valor monetario a cada enfermedad, a los daños producidos, al acortamiento de la vida, todo ello pesa en contra de las restricciones en la comercialización de un producto químico. Lisa Heinzerling, que formaba parte del Consejo sobre políticas climáticas de la EPA en 2009 y administradora asociada a la Oficina de Políticas en 2009 y 2010, dijo que los modelos de análisis de los costes/beneficios parecen “algo objetivo y neutral, una manera de liberarse del caos de la política”. Sin embargo, a pesar de los complejos algoritmos utilizados “se ocultan una enorme cantidad de riesgos”. Añadió que la influencia de la Oficina de Administración y Presupuesto que supervisa las decisiones importantes sobre regulación, se ha hecho mayor en los últimos años. “De poco sirven los estudios científicos si finalmente deciden los análisis de coste/beneficio… todo esto tiene un efecto tremendo y desmoralizador en la cultura de la EPA”.

En el año 2003, un comité de desarrollo de Syngenta, en Basilea, aprobó una estrategia para mantener la atrazina en el mercado, “al menos hasta el año 2010”. Una presentación preparada por el Gerente de Syngenta explicaba que “necesitamos seguir comercializando la atrazina para asegurarnos nuestra posición en el mercado del maíz. Sin la atrazina no podemos defender y ampliar nuestro negocio en Estados Unidos”. Sherry Ford, Gerente de comunicaciones, escribió en su cuaderno de notas que la Empresa “no debe desprenderse de la atrazina hasta que sepamos algo más del herbicida Paraquat, que también es motivo de controversia, debido a que algunos estudios muestran que podría estar asociado con la enfermedad de Parkinson. También hizo notar que la atrazina “impedía que se pusiese la atención en otros productos”.

Syngenta empezó a mantener reuniones semanales sobre la atrazina después de la primera demanda presentada en 2004. En las reuniones estuvieron presentes toxicólogos, abogados de la Empresa, personal de comunicaciones y el Jefe de los asuntos relacionados con las normas de regulación. Para amortiguar la publicidad negativa de la demanda, el grupo discutió la forma en que podrían invalidar las investigaciones de Hayes. Sherry Ford recoge anotaciones tan curiosas como “lleva el abrigo puesto” o “¿Es el camino correcto?”. “Si Tyrone Hayes quisiera obtener resultados positivos y tuviese lo necesario, él lo habría mostrado cuando se le preguntó”. Observó que Hayes se estaba “relacionando cada vez más estrechamente con grupos de defensa del medio ambiente” y que habría que buscar la forma “de que mostrase su verdadera rostro”.

En 2005, Sherry Ford hizo una relación de métodos para desacreditarlo, como que “sus investigaciones sean auditadas por terceras partes”, “solicitar a las revistas la retractación de sus artículos”, “tendiéndole una trampa para obligarle a demandarnos”, “investigar su financiación”. “investigar a su esposa”. Las iniciales de los diferentes empleados aparecen en los márgenes, presumiblemente debido a que se les había asignado una tarea u otra. Otra serie de ideas, discutidas en varias reuniones, fue la de llevar a cabo “refutaciones sistemáticas después de todas las apariciones de Tyrone Hayes (TH)”. Uno de los consultores de comunicaciones de la Empresa dijo en un correo electrónico que quería el calendario de reuniones de Hayes, de modo que Syngenta podría “acudir a las presentaciones mostrando los errores frente a la Hoja de la Verdad”, proporcionando evidencias de que sus mensajes eran patrañas (Syngenta dice que muchas de las cosas recogidas en los documentos hechos públicos hacen referencia a ideas que nunca se llevaron a cabo).

Para redirigir la atención sobre los beneficios financieros de la atrazina, la Empresa pagó a Don Coursey, economista titular de la Harris School of Public Policy, de la Universidad de Chicago, la cantidad de 500 dólares a la hora para que estudiase cómo podría afectar a la Economía la prohibición del herbicida. En 2006, Syngenta suministro a Coursey datos y un conjunto de estudios, y corrigió su artículo, que fue presentado como un Documento de Trabajo de la Escuela de Harris (efectivamente, reveló que Syngenta le había financiado). Después de presentar un proyecto, Coursey fue advertido mediante un correo electrónico de que tenía esforzarse más en su estudio para poder articular una “una contundente declaración que se derivase de las conclusiones de su análisis”. Coursey publicó más tarde nuevos datos en un encuentro en el National Press Club, en Washington, y dijo a la audiencia que había una “cuestión muy básica: la prohibición de la atrazina a nivel nacional tendría un efecto devastador, devastador sobre la economía del maíz de Estados Unidos”.

Hayes pasó a ocupar el puesto de profesor titular en 2003, un logro que le produjo una leve depresión. Se había pasado los 10 años anteriores haciendo valer sus logros académicos, y había alcanzado cada uno de ellos. Ahora se sentía sin rumbo. Su esposa dijo que podía ver en su vida “la vida corriente de un científico de éxito”. No estaba motivado por la idea de “escribir artículos y libros, en los que sólo veía un comercio entre unos y otros”.

Empezó a dar más conferencias al año, no sólo para el público sino también para científicos, institutos de política, departamentos de historia, clínicas de salud de la mujer, preparadores de alimentos, agricultores y escuelas secundarias. Casi nunca declinó una invitación, a pesar de la distancia. Decía a su audiencia que estaba desafiando las instrucciones de su asesor, quien le había dicho: “Deje que la Ciencia hable por sí misma”. Tenía un don para contar historias sensacionales, eligiendo frases como “escena del crimen” y “castración química”, y parecía deleitarse en detalles sobre los conflictos de interés de Syngenta, presentando teorías como si estuviera relatando chismorreos a sus amigos (Syngenta escribió una carta a Hayes y su decano, señalando inexactitudes: “A medida que descubrimos nuevos errores en sus presentaciones, esperamos volver a ponernos en contacto con usted otra vez”).

En sus conferencias, Hayes notó que uno o dos hombres presentes en la audiencia vestían más elegantemente que el resto de científicos. Hacían preguntas que parecían expresamente preparadas para avergonzarle: ¿Por qué nadie puede replicar sus investigaciones? ¿Por qué no comparte sus datos? Un ex estudiante, Ali Stuart, dijo que “en todas partes había un tipo haciendo preguntas a Tyrone para burlarse de él. Le llamábamos el Hombre del Hacha”.

Hayes pensaba que estos científicos trabajaban para Syngenta, y una vez se acercó a uno de ellos en un torpe desafío. Escribió gran cantidad de correos electrónicos, informándoles de las conferencias que pensaba dar y ofreciéndoles consejos sobre cómo desacreditarle. “Usted no puede acercarse a su presa pensando como un depredador. Tiene que convertirse en su presa”. Describió un reciente viaje suyo a Carolina del Sur diciendo que “mi amigo de la infancia me informó de quién había muerto, quién se encontraba en una difícil situación, quién estaba en la cárcel”. Escribió: “He aprendido a hablar como usted (mejor que usted… como usted admite), escribir como usted (una vez más, mejor que usted)… y sin embargo no conoce a nadie como yo… aún tiene que pasar un día en mi mundo”. Después de que en un correo electrónico un grupo de presión lo caracterizase como “negro y bastante elocuente”, comenzó a firmar sus correos electrónicos: “Tyrone B. Hayes, Doctor, ABM, un negro muy elocuente”.

Syngenta empezó a preocuparse por correos electrónicos de Hayes y encargo aun contratista externo que le hiciese un perfil psicológico. En sus notas, Sherry Ford lo describió como “bipolar/ maníaco depresivo” y “paranoide esquizofrénico y narcisista”. Roger Liu, estudiante de Hayes, dijo que pensaba que Hayes escribió aquellos correos para aliviar su ansiedad. Hayes mostraba a menudo los correos electrónicos a sus estudiantes, en los que apreciaban un sentido del humor rebelde. Liu dijo: “Tyrone tenía a todos esos fans en su laboratorio, animándole. Yo era de los que desde atrás decía: “No le incitéis. No hagáis que salga la bestia””.

Syngenta intensificó su campaña de relaciones públicas en 2009, cuando empezó a mostrar su preocupación por los ecologistas, que defendían una nueva Ciencia y habían desarrollado una nueva línea de ataque. Ese año, en un artículo publicado en Acta Paediatrica, una revisión de los registros nacionales de treinta millones de nacimientos, encontró que los niños concebidos entre abril y junio, cuando son mayores las concentraciones de atrazina (mezclada con otros pesticidas) en el agua, eran más propensos a padecer defectos genitales de nacimiento. El autor del artículo, Paul Winchester, profesor de Pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana, recibió una citación de Syngenta, que le pidió les entregara todos los correos electrónicos que había escrito sobre la atrazina en la última década. Los medios de comunicación de la Empresa hablaron de un estudio como “la llamada de la Ciencia” que no pudo encontrar la “prueba de la carcajada”. Winchester dijo: “Por supuesto que no vamos a discutir que no he demostrado esa cuestión. Los epidemiólogos no tratan de demostrar las cuestiones, sino la de buscar los problemas”.

Unos meses después de aparecer el estudio de Winchester, The Times publicó una investigación que sugería que los niveles de atrazina superaban con frecuencia el umbral máximo permitido legalmente en el agua potable. El artículo hacía referencia a estudios anteriores publicados en Environmental Health Perspectives y la Revista de Cirugía Pediátrica, encontrándose que las madres que vivían cerca de fuentes de agua que contienen atrazina eran más propensas a tener bebés con bajo peso o tenían algún defecto intestinal u otros órganos.

El día de la publicación del artículo, Syngenta planeó dar cuenta de 1) todas las inexactitudes y 2) las declaraciones falsas. Ya habría alguien que refutaría tales afirmaciones. Elizabeth Whelan, Presidenta del Consejo Americano de Ciencia y Salud, que solicitó 100.000 dólares a Syngenta, apareció en MSNBC declarando que el artículo de The Times no estaba basado en evidencias científicas: “Soy una profesional de la salud. Me ha molestado mucho que The New York Times haya publicado en la primera página de su edición del domingo un artículo que habla de falsos riesgos”.

El equipo de relaciones públicas de Syngenta escribió editoriales sobre los beneficios de la atrazina y sobre la endeble Ciencia de sus críticos, y luego los envió a su aliados, que aceptaron firmarlos y aparecieron en el Washington Times, el Rochester Post-Bulletin, el Des Moines Register, y el St. Cloud Times. Como alguno de esos artículos sonaba demasiado agresivo, un consultor de Syngenta advirtió que “algunos de los términos utilizados en esos artículos sugieren su procedencia, algo que se debiera de evitar a toda costa”.

Después de que apareciese el artículo en The Times, Syngenta contrató a una consultora de comunicación, el White House Writers Group, que ha representado a más de sesenta Empresas de Fortune 500. En un correo electrónico enviado a Syngenta, Josh Gilder, un Director de la Empresa y un ex redactor de los discursos de Ronald Reagan, escribió: “ Tenemos que emprender nuestra propia batalla”. Advertía que prohibir la atrazina sería destruir la economía de las zonas rurales; por otro lado, trató de crear “un estado de cosas tal que la nueva dirección política de la EPA se sintiese cada vez más aislada”. Esta Empresa celebró “cenas con influyentes personas de Washington” y trató con miembros del Congreso para impugnar el fundamento científico en la próxima revisión de la EPA sobre la atrazina. En una nota en la que se describe la estrategia, el grupo de escritores de la Casa Blanca, escribió que: “Respecto a la Ciencia…. Hay que decir que los principales actores de Washington no entienden de Ciencia”.

Parte 5

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http://www.newyorker.com/magazine/2014/02/10/a-valuable-reputation

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El fracaso de las políticas de control y regulación de los productos químicos: del DDT al BPA (y IV)

La captura por parte de las Corporaciones las hace inútiles; estaríamos mejor sin esas Agencias de Regulación. Se trataría de Agencias de protección del que contamina.

Por Jonathan Latham, 16 de mayo de 2016

independentsciencenews.org

Parte 1, Parte 2, Parte 3

Las evaluaciones de riesgo de los productos químicos son en sí un problema. Así que se puede explicar fácilmente por qué se emiten señales de advertencia frente a productos químicos aprobados cuando se someten a un proceso científico, y también entenderemos por qué los productos químicos de sustitución no son menos perjudiciales. Ciertos productos químicos específicos, como el BPA, son, pues, los mensajeros, y disparar de uno en uno no sólo resulta inútil, sino contraproducente.

Las evaluaciones de riesgo de los productos químicos son en sí un problema. Así que se puede explicar fácilmente por qué se emiten señales de advertencia frente a productos químicos aprobados cuando se someten a un proceso científico, y también entenderemos por qué los productos químicos de sustitución no son menos perjudiciales. Ciertos productos químicos específicos, como el BPA, son, pues, los mensajeros, y disparar de uno en uno no sólo resulta inútil, sino contraproducente.

“Solicitar la prohibición de una determinada sustancia química, tal como el herbicida atrazina, es probable que sea un error estratégico. Si la evaluación de los riesgos de los productos químicos es ineficaz, exigir la prohibición no tiene sentido porque lo único que se logra es la sustitución de un producto químico por otro, que no resulta mejor. Pero lo que es peor, si las evaluaciones de productos químicos son ineficaces, este tipo de campañas minan algo que tiene una mayor consideración: se sugiere que las regulaciones de productos químicos protegen de la contaminación a las personas y ponen unos límites”.

Denuncia de irregularidades en la EPA

Varios informantes de la EPA han descrito con detalle las característica específicas de la apropiación de su antigua organización por diversas ramas de la Industria Química.

Denunciantes como William Sanjour han descrito cómo las fallas en el sistema de regulación se han permitido por una estructura organizativa impuesta a la EPA en los inicios de la Administración Nixon. La estructura de la EPA entra en un conflicto inherente, ya que tiene una doble función: la redacción como en el cumplimiento de las directrices. La falta de voluntad para hacer cumplir con unos estándares más estrictos llevó a sus superiores a que ordenasen a Sanjour a que de forma intencional dejase lagunas en esas normas de regulación. Más recientemente, la EFSA de la Unión Europea se ha visto también atrapada de manera similar, proponiendo lagunas en la normativa sobre los disruptores endocrinos. Se trataría de una práctica habitual la inclusión de lagunas en la redacción de las normas de seguridad de los productos químicos.

En el mismo artículo, Sanjour también propuso que, dado que esa captura por parte de las Corporaciones las hace inútiles, estaríamos mejor sin esas Agencias de Regulación. En una línea similar, el ex científico de la EPA Evaggelos Vallianatos calificó a su antiguo empleador como “la Agencia de protección del que contamina”. Otro denunciante de la EPA, David Lewis, de la Oficina del Agua de la EPA, ha mostrado documentos en los que se puede observar que científicos de la EPA encubrieron pruebas e incluso muertes con el fin de establecer directrices que permitían la aplicación en los suelos de lodos de depuradoras. Estos lodos están contaminados con patógenos, metales pesados, productos químicos e industriales, productos farmacéuticos, retardantes de llama y otras sustancias cuya peligrosidad es conocida. La corrupción en la reglamentación de los lodos de las aguas residuales se extiende más allá de la EPA. Salpica a otras Agencias federales, varias Universidades, la Academia Nacional de Ciencias y a municipios. David Lewis finalmente obtuvo una sentencia en la que se decía que la Ciudad de Augusta, Georgia, había amañado las pruebas de toxicidad de sus propios lodos procedentes de las aguas residuales con el fin de cumplir las directrices dela EPA. La ciudad había solicitado una petición a la EPA.

En otro reciente caso, DesmogBlog obtuvo, a través de una solicitud según la Ley de Libertad de información (FOIA), documentos internos que mostraban cómo la EPA ofreció el acceso a sus proyectos de estudio de la fractura hidráulica:

Estos chicos forman parte de nuestro equipo”, escribió un representante de la EPA a Chesapeake Energy, que juntos planificaron los estudios en octubre de 2013: “Por favor, escriba lo que considere más adecuado”.

Incluso más recientemente, el denunciante de la EPA y química, Dra. Cate Jenkins y la organización no lucrativa de Empleados Públicos para la Responsabilidad Ambiental (PEER) demandaron con éxito a la EPA por ocultar información sobre los efectos tóxicos en los primeros en prestar ayuda tras los atentados del 11 de septiembre. El caso terminó con una sentencia que mostraba que la EPA había creado, entre otros espantosos actos, cuentas de correo falsas (incluyendo la máxima responsable de la EPA, Lisa Jackson) para evitar rendir cuentas. Según el juez Chambers, la EPA:

No pudo o fracasó estrepitosamente durante mucho tiempo en el cumplimiento de sus obligaciones de información… y las solicitudes del Tribunal”.

El juez Chambers también encontró que la EPA intentó engañar al Tribunal por medio de numerosas afirmaciones falsas o inexactas, que después de un examen no se correspondían con “ninguno de los documentos proporcionados”. El juez también encontró que la EPA destruyó de forma deliberada e ilegalmente un número desconocido de documentos que debieran haberse proporcionado durante el litigio.

El efecto final de todos estos defectos institucionales es que las evaluaciones de riesgos de productos químicos en Estados Unidos y Europa proporcionan una protección tan baja que casi nunca las Agencias de Regulación rechazan la aprobación de una sustancia química. Al contrario, estas mismas Instituciones utilizan unas normas tan estrictas para retirar un producto químico del mercado, que tal cosa casi nunca ocurre. Sin embargo, si los dos estándares se basasen exclusivamente en las pruebas científicas, como dicen es, ambas protecciones debieran tener la misma importancia.

Este doble estándar representa un abrumador sesgo del Sistema. En cada etapa del proceso de evaluación de los riesgos de los productos químicos, desde la financiación de la investigación hasta la decisión final para aprobar un producto químico, el proceso está dominado por las preocupaciones comerciales y no por las científicas (como se ha demostrado recientemente y una vez más).

Más allá de toda duda imaginable, las influencias externas inapropiadas embarran los contenidos científicos e impiden la misión de protección de las evaluaciones de riesgos químicos.

Evaluaciones de riesgos de productos químicos: ¿todavía se puede salvar el espectáculo?

Por lo tanto, parece claro que encuadrar a ciertos productos químicos como malos actores es algo incorrecto. Las evaluaciones de riesgo de los productos químicos son en sí un problema. Así se puede explicar fácilmente por qué se emiten señales de advertencia frente a productos químicos aprobados cuando se someten a un proceso científico, y también entenderemos por qué los productos químicos de sustitución no son menos perjudiciales. Ciertos productos químicos específicos, como el BPA, son, pues, los mensajeros, y disparar de uno en uno no sólo resulta inútil, sino contraproducente. Supone una distracción y quita valor a algo infinitamente más importante, que las Instituciones, los métodos, y por lo tanto toda la supervisión de la regulación de productos químicos no está cumpliendo con lo que debiera hacer, que es la protección de todos nosotros frente a cualquier daño.

Es importante destacar que los sistemas de regulación de sustancias químicas no sólo están fallando, sino que son una ruina imposible de reparar. Incluso con las mejores intenciones, como la plena cooperación de todas las Instituciones mencionadas aquí y de toda la comunidad científica de investigación, remediar los problemas técnicos sería una tarea hercúlea que está más allá de nuestras fuerzas.

Considere sólo esto: las evaluaciones de sustancias químicas en combinación con otras. Las pruebas con mezclas sería la mejor manera, algo sugerido por ONG y miles de investigaciones científicas, lo que mostraría que ésta en una consideración importante. El pesticida Clordecona, por ejemplo, aumenta la toxicidad, por otro lado inconsecuente, de un contaminante muy común, el tetracloruro del carbono… (Curtis et al., 1979).

Pero probar las mezclas correctamente sería algo muy caro y, sorprendentemente, algo enormemente costoso para los animales objeto de experimentación. De acuerdo con el Programa Nacional de Toxicología de Estados Unidos, los estudios estándar de 13 semanas sobre las interacciones entre 25 sustancias químicas requeriría la realización de 33 millones de experimentos, con un coste de 3 billones de dólares. Esto se debe a que cada producto químico debería ser probado en todas las combinaciones posibles con el resto. Para el estudio de las mezclas de los 11.000 productos químicos clorados existentes en el mercado, se requeriría la realización de 103311 experimentos. Son más experimentos que átomos hay en el Universo. Todo nuestro planeta tendría que dedicarse a la experimentación con animales y tal trabajo se extendería casi sin fin a lo largo de los tiempos (Yang 1994). Incluso en tal caso sólo dispondríamos de la toxicidad de los compuestos organoclorados en una sola especie de prueba. ¿Serían los resultados extrapolables a cualquier otra especie? Bueno, podríamos comprar otro planeta y probarlo.

Imagínese también que se desarrollase una prueba adecuada para las productos químicos sintéticos y fue llevada a cabo por entidades competentes. ¿Pasaría la prueba alguna sustancia química? Los múltiples efectos nocivos del BPA (Bisfenol A), y la frecuencia con la que los sustitutos químicos resultan igualmente dañinos, sugiere que pasarían la prueba muy pocos productos químicos. Esta conclusión, por supuesto, contradice la presunción de inocencia que subyace en toda regulación de un producto químico. Pero debemos tener claro que tal presunción es arbitraria y por lo tanto puede ser incorrecta. ¿Resulta increíble, después de todo, proponer que todos los productos químicos artificiales causan una disfunción en dosis bajas en un grupo significativo de organismos biológicos de la tierra?

Estrategias para el éxito

Obviamente, las implicaciones de estos descubrimientos son muchas, pero hay una de singular importancia para los defensores del medio ambiente: que solicitar la prohibición de una determinada sustancia química, tal como el herbicida atrazina, es probable que sea un error estratégico. Si la evaluación de los riesgos de los productos químicos es ineficaz, exigir la prohibición no tiene sentido porque lo único que se logra es la sustitución de un producto químico por otro, que no resulta mejor. Pero lo que es peor, si las evaluaciones de productos químicos son ineficaces, este tipo de campañas minan algo que tiene una mayor consideración: se sugiere que las regulaciones de productos químicos protegen de la contaminación a las personas y ponen unos límites.

El mensaje es extremadamente importante. Si la gente se entera de que las regulaciones de productos químicos solo son eficaces para la Industria Química, entonces probablemente no creyese en ellas. Sin embargo, como lo oyen incluso por parte de los movimientos ecologistas, que hablan de la importancia de las evaluaciones de los riesgos de productos químicos, entonces la gente se lo cree. ¿Por qué los movimientos ecologistas hablarían de la eficacia de las evaluaciones de riesgos si no lo fueran? Y de hecho, los movimientos ecologistas refuerzan este mensaje, además, cuando solicitan más pruebas.

A la luz de estas revelaciones, si aceptamos las evidencias científicas acumuladas, los defensores de la salud pública y del medio ambiente que hacen campañas a favor de las prohibiciones o restricciones de productos químicos, tienen la oportunidad de repensar sus estrategias y replantear sus actividades. Esto no significa necesariamente el abandono de los debates en torno a los productos químicos, pero al menos sí destacaría explícitamente que esas sustancias químicas no es que sean malos actores, sino que son síntomas de un problema mucho mayor, una regulación incompetente y disfuncional, con todo lo que eso implica.

Este desafío supone una gran oportunidad. Análisis más científicos y rigurosos crean una base más sólida y poderosa para organizar y elaborar estrategias. Por lo tanto, dentro de su alcance aporta unas más ambiciosas metas de salud ambiental. Los defensores del medio ambiente pueden elegir entre una gama más amplia de posibles enfoques e involucrar a un sector más amplio de la población. Pueden establecer cierta distancia intelectual clara y evidente entre sus propias estrategias de protección de la salud pública y a la tierra en contra de los inadecuados puntos de vista de la Industria Química. Por ejemplo, sin duda es más fácil explicar a un lego los absurdos genéricos de la evaluación de riesgos químicos ( y así ganar su apoyo) que explicar las sutilezas toxicológicas del glifosato (Roundup) o 2,4-D, o de las 80.000 sustancias químicas que se fabrican. Dicen que la verdad puede liberarnos, pero en el mundo de las sustancias químicas es algo que todavía no se ha probado. Soy optimista, por tanto, de que esta marea se pueda activar.

A finales de 1990, Greenpeace adoptó la novedosa posición de que todos los hidrocarburos clorados debieran ser prohibidos, con el argumento de que hasta ahora cada vez que se había investigado uno de ellos se había demostrado que era toxicológicamente problemático. A hacer esto llevaron su campaña contra los productos químicos a un nuevo nivel. Greenpeace estaba amenazando a miles de productos químicos de la Industria con un objetivo estratégico: la mejora de la calidad de nuestro medio ambiente. Si hubieran tenido éxito con los neonicotinoides, quizás ahora no estuviesen omnipresentes en el medio ambiente, ni se habría permitido el DDT. Tampoco lo sería el 2,4-D, pero es improbable que su estándar de vida material fuese más bajo, sino incluso más alto.

Greenpeace se vio afectado por una campaña de espionaje por parte de las Corporaciones. Sus oficinas fueron intervenidas, colocados micrófonos, sus comunicaciones interceptadas, y se infiltraron en la organización falsos voluntarios. La Industria Química se asustó. Finalmente, Greenpeace dio marcha atrás, pero al hacer caso de las evidencias científicas había mostrado el camino.

El libro El veneno de Pandora explica con detalle algunas de las ambiciosas ideas para erradicar la contaminación que Greenpeace intentó, pero sin llegar nunca al extremo de la carretera. Es hora de aprender de las lecciones del pasado y emprender campañas de seguridad de los productos químicos fuera de la zona de confort de la Industria Química, que es donde deberían darse.

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Procedencia del artículo:

https://www.independentsciencenews.org/health/unsafe-at-any-dose-diagnosing-chemical-safety-failures-from-ddt-to-bpa/

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