Entries Tagged 'Agricultura ecológica' ↓

Proteger los cultivos con depredadores, no con venenos

Atraer a las aves de presa a los cultivos puede mantener a raya a los insectos, roedores y otros animales molestos, disminuyendo el uso de venenos y pesticidas.

Por Andy McGlashen, 15 de marzo de 2018

ehn.org

Los coches llenos de turistas que buscan los dulces y mermeladas locales son bienvenidos a la región de producción de la cereza del noroeste de Michigan. Pero otros visitantes también hambrientos son menos bienvenidos: gorgojos, moscas de la fruta, saltamontes y aves que causan un daño significativo a los cultivos.

El ampelis americano, los petirrojos americanos y otras aves por sí solas suponen para los productores de tartas y dulces de cereza más de 4,3 millones de dólares al año. Para proteger sus cultivos de las aves molestas, los agricultores de la fruta despliegan un peculiar arsenal.

Los cañones de propano asustan a las bandadas (y vecinos) mediante grandes explosiones, se graban llamadas de socorro de las aves, se pintan globos con los ojos amenazantes. Pero los inteligentes pájaros enseguida aprenden de estas artimañas y reanudan su festín.

Sin embargo, desde principios de la década de 1990, algunos horticultores han tenido mayor éxito con la ayuda de cooperantes naturales: cernícalos americanos, pequeños halcones que se instalan con entusiasmo cuando los agricultores colocan nidos y se aprovechan de una amplia variedad de plagas agrícolas. Para los agricultores, los depredadores brindan un importante servicio a bajo coste. Y para los cernícalos, el ave de presa más extendido por América del Norte, pero cuyo número se ha reducido a casi la mitad en el último medio siglo, tal hábitat es ideal.

Los productores de cerezas no son los únicos que forman estas alianzas con las aves. En un reciente artículo aparecido en la revista Agricultura, Ecosistema y Medio Ambiente, científicos de la Universidad Estatal de Michigan revisaron investigaciones pasadas y concluyeron que los agricultores que colocan estructuras para atraer aves a sus tierras, murciélagos y otros vertebrados, pueden aumentar sus ingresos, reducir el uso de pesticidas y conservar la fauna silvestre.

Catherine Lindell, bióloga y autora principal de artículo, dice:

Hay especies que, particularmente cuando viven en zonas agrícolas, nos brindan servicios, de los que a veces ni siquiera nos damos cuenta. Cuanto más comprendamos acerca de estos servicios que nos brindan, más podremos mejorar esos servicios brindándoles los recursos que necesitan”.

De Nueva Zelanda a California

Lindell y los coautores ponen varios ejemplos. Cuando los científicos reintrodujeron una especie de halcón nativo que estaba amenazado en los viñedos de Nueva Zelanda, expulsaron al 80% de las aves no nativas y redujeron el daño de los cultivos en un 95%, lo que supuso un ahorro para algunos viticultores de más de 300 dólares por hectárea. Otros investigadores descubrieron cernícalos que ayudaban a controlar a los roedores en los cultivos de España.

Las aves rapaces no son las únicas con las que se obtienen beneficios en el control de plagas: la instalación de cajas nido para el carbonero común, un pequeño pájaro cantor, reduce el daño producido por las orugas a la mitad en los manzanos de los Países Bajos; las áreas cercanas a las cajas de nidificación del pájaro azul en un viñedo de California tenían una menor cantidad de insectos herbívoros.

Otros investigadores están investigando las formas de gestiones las zonas agrícolas en general para atraer a las aves beneficiosas. Los estudios demuestran, por ejemplo, que colocar hábitat naturales, tales como setos en las tierras de cultivo, puede atraer a las aves que se alimentan de insectos dañinos.

Desde el año 2012, Lindell y la estudiante Megan Shave han estado trabajando para comprender mejor el papel que las aves rapaces pueden desempeñar para favorecer la industria frutícola de Michigan. Los resultados preliminares muestran que las aves que suponen una plaga son menos abundantes en los huertos protegidos por cernícalos. El daño que se evita en los cultivos sería suficiente para obtener unos 2,2 millones de dólares de ingresos adicionales, si todos los productores de cereza instalasen las cajas nido.

Valor anual estimado de la cosecha de cerezas en Michigan (en azul)
Valor estimado añadido a la cosecha por la colocación de cajas nido (en rojo)

A diferencia de los fuertes ruidos o los globos pintados, los cernícalos son una verdadera amenaza, y su sola presencia es suficiente para asuntar a las bandadas de aves dañinas, dijo el productor de cerezas Jim Nugent, quien instaló una caja nido en su huerto de Suttons Bay, Michigan, de 90 acres. El nido ha sido ocupado casi todos los años desde entonces.

Nuestros problemas con las aves han disminuido. Los cernícalos son bastante efectivos, y no requieren de muchos cuidados por parte del agricultor”, dijo.

Menos venenos y pesticidas

La idea no es nueva: el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos estableció una unidad de “ornitología económica” en la década de 1880 para estudiar las aves para el control de las plagas. Pero ese cuerpo se disolvió en 1940, es decir, por los años en los que los plaguicidas sintéticos, como el DDT, estaban haciendo su aparición en el mercado y se les aclamaba como la maravilla para el control de los insectos, que propagaban enfermedades y arruinaban los cultivos.

En la década de 1960, los científicos comenzaron a ver los graves efectos ecológicos de esos compuestos químicos. El famoso libro de Rachel Carson, Primavera silenciosa (pdf), de 1962, detallaba cómo el DDT afectaba a los huevos de las aves, de modo que sus cáscaras eran demasiado delgadas como para proteger a los polluelos, y su título hacía referencia a un futuro privado del canto de los pájaros. Una década más tarde, se prohibió el DDT, y las poblaciones de aves rapaces y otras aves comenzaron a recuperarse.

Pero otros pesticidas llegaron al mercado. Actualmente se usan más de mil millones de libras de pesticidas cada año, sólo en los Estados Unidos, y 5.600 millones de libras en todo el mundo. Los científicos señalan que cada vez hay más peligros potenciales para la salud por su uso generalizado, ya que ciertos pesticidas se han relacionado con cambios genéticos, cáncer, alteraciones endocrinas, trastornos nerviosos, problemas de salud mental y problemas reproductivos.

En respuesta, algunos productores e investigadores se han interesado cada vez más por los beneficios que pueden aportar las aves a los cultivos.

No está claro cuánto se podría disminuir la utilización de pesticidas por el empleo de depredadores naturales, dijo Lindell, quien describe a las aves beneficiosas como “una herramienta más dentro del juego disponible de herramientas” en un enfoque integrado de control de plagas.

Sin embargo, tanto ella como otros advierten que si los agricultores atraen depredadores a sus tierras de cultivo, deberían evitar la utilización de productos tóxicos para el control de las plagas, ya que los venenos pueden afectar a la cadena alimentaria y matar a los pájaros y otros animales. Un estudio realizado por el Estado de California encontró que las ¾ partes de las aves rapaces, gatos monteses, coyotes y otros animales silvestres mostraron la presencia de rodentocidas. Lisa Owens Viani, directora de Raptors Are the Solution, un proyecto que se lleva a cabo en California por parte de la OND Earth Island, un Instituto que intenta detener el uso de los rodenticidas, dijo:

A la gente le encanta pensar que puede disponer de veneno como una herramienta más, y les decimos que no pueden hacer ambas cosas. Creemos que es injusto colocar una caja para los búhos, atraerlos a un lugar donde se está utilizando venenos. En conclusión: ¿queremos que nos ayudan a controlar los roedores, o queremos envenenarlos?”.

Owns Viani dijo que, al menos en algunos casos, las aves rapaces son suficientes para controlar a los roedores. Hizo referencia a un reciente estudio realizado por el Distrito de Protección de Cuencas Hidrográficas del Condado de Ventura, en California, que trabaja para controlar a los roedores que excavan y pueden provocar daños a diques y represas. En los descubrimientos publicados en diciembre pasado, la agencia informó que los lugares donde habían instalado perchas para atraer a las aves rapaces tenían menores daños provocados por las ardillas que aquellas áreas tratadas con rodenticidas. El estudio pedía que se reemplazan los venenos por aves rapaces, y señalaban que el condado ahorraría 7.500 dólares al año por cada milla de dique.

En otro estudio realizado en California, las lechuzas formaron una colonia en el sitio de investigación después de que se instalaran nidos, con una población de 102 búhos en un viñedo de 100 acres. Las aves mataron a más de 30.000 roedores en el transcurso de tres temporadas de cría, con un menor coste que atraparlos o envenenarlos, dijo el investigador principal Mark Browning, un biólogo que anteriormente trabajaba en el Zoológico de Pittsburgh y que ahora es dueño de Barn Owl Company, que vende los nidos.

Eso sugiere, al menos en algunas situaciones, que los depredadores naturales podrían hacer innecesarios los rodenticidas, dijo.

Lo maravilloso de utilizar un animal como la lechuza común es que hacen su trabajo sin ningún tipo de presión. No tienes que despertarlas por la mañana o decirlas que no se mueven lo suficientemente rápido. Y la presión que ejercen las lechuzas sobra la población es implacable, particularmente en el momento en el que los roedores están aumentado su número”.

Simplemente, no se trata de ningún inconveniente

Como horticultor retirado del Servicio de Extensión Agrícola del Estado de Michigan, Nugent dijo que las cajas nido de los cernícalos son una de las razones por las que ha observado que otros agricultores han abandonado el uso de rodenticidas para matar a los ratones de campo, ratones que pueden matar a los árboles frutales mordiendo su corteza y las raíces.

Los cernícalos migratorios deberían regresar a las tierras de cultivo de Nugent aproximadamente en un mes, donde encontrarán virutas de madera fresca, que puso cuando limpió el nido en otoño. Esta tarea anual es prácticamente el único mantenimiento necesario para mantener a los trabajadores alados dispuesto a realizar su tarea.

No es un proyecto muy grande. Simplemente, no se trata de ningún inconveniente”, dijo.

————————————–

Cómo una pequeña ciudad prohibió los plaguicidas, preservó su patrimonio alimentario e inspiró un movimiento

Por Allison Wilson, 19 de febrero de 2017

independentsciencenews.org


Era el primer día de las dos semanas del período de votación. El municipio rural de Malles Venosta,en los Alpes italianos, estaba a punto de considerar una posibilidad revolucionaria: votar a favor de un “Malles libre de plaguicidas”. En caso de que se votase sí, se terminaría con el uso de pesticidas en Malles y por lo tanto se iniciaría una transición completa a una agricultura ecológica diversificada.

Los mallesis, al despertarse, se encontraron con el pueblo cubierto por brillantes girasoles amarillos. Las flores aparecían en las puertas y flotaban en las fuentes. Algunos se habían pintado en las tapas de las alcantarillas, otras estaban sobre palos en los jardines públicos. La policía ordenó que se retiraran rápidamente, pero las flores “volvían a crecer” misteriosamente cada noche hasta que se terminó el período de votación de dos semanas.

Esta escaramuza de los girasoles fue el final de una controversia que se desencadenó en el pueblo tras la plantación de los primeros manzanos industriales en Malles. Con este monocultivo también empezaron a rociarse pesticidas muy tóxicos. Estos productos químicos, directa o indirectamente, suponían una amenaza para la cultura tradicional de Malles y para la salud y bienestar de sus gentes. Sin embargo, desafiar el cultivo industrial de la manzana era desafiar el mito del progreso, la creencia de que la adopción de nuevas tecnologías es algo esencial e inevitable.

Una historia de prudencia para todos

Philip Ackerman-Leist publicó “Una historia de prudencia” en noviembre de 2017. Subtitulado Cómo una pequeña ciudad prohibió los plaguicidas, conserva su patrimonio alimentario e inspiró un movimiento”, apareció en el mejor momento. A principios de 2017, tres grupos de los Estados Unidos publicaron fragmentos de documentos sobre la Industria Química (The Poison Papers, Toxidocs y los Documentos de Monsanto). Estas bases de datos exponen no sólo la extrema toxicidad de los productos químicos sintéticos, muchos de ellos utilizados en la Agricultura Industrial, pero la connivencia entre la Industria y las Agencias de Regulación ha logrado mantener a estos productos químicos en el mercado.

Por lo tanto, surge la pregunta: “¿Cómo pueden las personas y las comunidades protegerse a si mismos cuando los sistemas de regulación no lo hacen?”. Una historia de prudencia proporciona una respuesta creativa e inspiradora.

Malles

Malles es el nombre del mayor núcleo rural de un total de 11 poblaciones que forman el municipio de Malles. Se encuentra en la región de los Alpes italianos, formando parte del Alto Valle de Venosta, con un solo alcalde y con una cultura tirolesa única.

Durante siglos, estos pueblos prosperaron dentro de un agroecosistema distintivo formado por pequeñas granjas familiares, pero diversificadas. Incluso hoy en día, las vacas, las cabras, los cerdos y las aves de corral pastan en pequeños campos, donde unos campos se intercalan con otros. También se entremezclan campos de vegetales, campos de cultivos con cereales locales y heno. Castillos históricos, un monasterio y la arquitectura medieval proporcionan vínculos visuales con el pasado. Abundan las montañas y la vida silvestre, algo que atrae a los turistas.

El municipio había elegido recientemente a un joven alcalde en una plataforma de sostenibilidad. Líneas de tren, carriles bici, y muchos agricultores habían iniciado un período de transición hacia una agricultura ecológica. El ecoturismo se convirtió en un negocio en crecimiento.

Buena parte del libro Una historia de prudencia se ocupa de los enérgicos retratos que Ackerman-Leist hace de los temibles mallesis. Las descripciones de sus personalidades, sus medios de vida y sus esfuerzos creativos en nombre de “Un Malles libre de pesticidas”, hacen del libro algo muy agradable de leer.

Ackerman-Leist visita a la conservadora de semillas Edith Berhard, por ejemplo, quien durante décadas ha recolectado y cultivado tomates, hierbas, verduras, frutas y bayas como una reliquia de las semillas locales tradicionales. Sus huertos de exhibición son un derroche de biodiversidad, con tomates que varían en color desde el negro al blanco, y más de 250 hierbas que todavía conserva.

En el año 2000, Edith comenzó a especializarse en cereales históricos de la región del Valle de Venosta. Uno de sus triunfos fue el de lograr rescatar dos cabezas con semillas de espelta que tenían más de 100 años, desarrollándolas en una variedad que llamó Dinkel Burgeis. Se las entregó un albañil que las encontró envueltas en un periódico de 1895 en el ático de una casa vecina. Dinkel Burgeis está siendo cultivada nuevamente por los agricultores del Valle de Venosta. Los panaderos regionales usan granos históricos como la espelta y el centeno, con los que hacen panes tradicionales, y variedades antiguas de frutas como la pera Palabirne.

Antes de la segunda mitad del siglo XX, el pan se horneaba sólo dos o tres veces al año. Era difícil llegar hasta los molinos, hornear el pan era un trabajo duro, y la harina molida debía usarse antes de que se estropeara. Uno de los panes más distintivos de la región era uno de centeno que se podía almacenar durante mucho tiempo. Era tan difícil de cortar que requería de una tabla especial para cortar, con un cuchillo sujeto por su punta para “cortar de manera segura”. La tabla tenía tres lados más altos para atrapar los trozos de pan que saltaban al cortar. Estos trozos de pan se mojaban en sopa, leche o vino antes de comer, presumiblemente para evitar romperse los dientes.

Desde el punto de vista cultural, la región de Malles tenía mucho que perder tras la intromisión de la Agricultura Industrial de la manzana.

La Agricultura Industrial de la manzana

Mientras que la región alpina de Malles fortalecía su economía local, la parte más baja del Valle de Venosta estaba siendo controlada por la Industria de la manzana del Tirol. Un valle con una agricultura tan diversificada en otros tiempos, ahora su parte baja se había transformado en un monocultivo ordenado por vallas, postes de cemento y manzanos enanos dispuestos en espalderas.

En el Valle de Venosta, la Agricultura Industrial de la Manzana había cambiado algo más que la vista. Los productores de manzanas podían rociar legalmente hasta 30 pesticidas diferentes. También podían rociar cada pesticida individualmente de 12 a 14 veces al año. En consecuencia, las tierras adyacentes a los cultivos de manzanas estaban sujetas a la contaminación por los plaguicidas. El impacto podía ser devastador.

Para los agricultores ecológicos del Valle de Venosta, los cultivos de manzanas era una amenaza directa para su sustento. La familia Gluderer, por ejemplo, había desarrollado una próspera empresa de hierbas ecológicas durante muchos años. Cuando aquellos cultivos rodearon su granja, sus hierbas comenzaron a dar positivo en la presencia de plaguicidas. Intentaron bloquear la contaminación mediante la instalación de grandes setos. Sin embargo, ni las barreras ni las zonas de amortiguamiento obligatorias fueron suficientes. Como último recurso, la familia Gluderer cubrió las hierbas con un enorme invernadero de plástico. Sin esa protección, sus hierbas estaban demasiado contaminadas como para poderlas vender.

Su experiencia ofreció una clara advertencia a los agricultores ecológicos de Malles.

La Agricultura Industrial de la manzana plantea serias preguntas en Malles

Eventualmente, los primeros cultivos industriales aparecieron en Malles. Para los agricultores, la Agricultura Industrial de la manzana ofrecía la promesa de grandes ganancias con poca mano de obra. Los precios de la tierra, antes relativamente bajos, comenzaron a aumentar. Algunos mallesis comenzaron a inquietarse. Cuando se puso un cultivo industrial al lado del suyo ecológico y dio positivo en la presencia de pesticidas, Günther Wallnöfer fue a ver al alcalde.

Así se inició un diálogo público sobre el futuro de Malles. La cuestión finalmente involucró a todo el municipio, así como a los propietarios de los huertos y de la Industria de la manzana del Tirol. Su culminación fue una iniciativa para declarar a “Malles libre de pesticidas”.

Al principio, todos esperaban la coexistencia: con una debida atención, los propietarios de los cultivos podían evitar que los cultivos de sus vecinos se contaminaran con los tóxicos pesticidas. Esto permitiría a cada agricultor elegir su forma de agricultura, desde los manzanos industriales hasta las granjas convencionales u ecológicas diversificadas.

Par probar esta posibilidad, un grupo ecologista recogió más de 300 muestras de tierra adyacente a los cultivos industriales. Cada muestra mostró contaminación con mezclas complejas de pesticidas altamente tóxicos: pesticidas organofosforados clorpirifós y el fungicida mancozeb, entre otros. Muchos de estos residuos estaban por encima de los niveles legales. Las muestras también mostraron contaminación con pesticidas en el patio de la escuela de Malles.

Los datos de Malles sobre la presencia de plaguicidas en los cultivos adyacentes, en los cursos de agua, caminos, parques y otras áreas públicas, hizo ver que la coexistencia no era posible.

Guerra de cosmovisiones

Preservar el sistema agrícola diversificado de Malles era esencial para los planes del municipio, que pretendía una economía sostenible basada en la alimentación y el ecoturismo. Sin embargo, la Industria de la manzana del Tirol tenía la intención de continuar su expansión en Malles. Tenía el respaldo del Gobernador de la Provincia de Tirol del Sur al que pertenece Malles. Dos cultivos industriales ya habían sido plantados: su propósito era el de probar qué manzanas y otras frutas se adaptaban mejor a la zona. Las gentes de Malles se dieron cuenta de que tenían que actuar rápido si querían tener alguna opción en cambiar las cosas.

En respuesta, más de 60 residentes formaron el Comité de Defensa de un Malles sin plaguicidas. Solicitaron al alcalde que aprobara leyes que: 1.- protegieran la salud de las personas, la biodiversidad y la economía; 2.- promover una agricultura ecológica y biodinámica; y 3) prohibir pesticidas químicos tóxicos dentro de los límites del municipio.

Entre los partidarios de la iniciativa había agricultores, farmacéuticos, padres y pediatras, hasta conservadores de semillas, ecologistas y propietarios de pequeños negocios locales, Una historia de prudencia describe cómo cada uno aportó algo crucial en el debate. Se buscaron opiniones y análisis de expertos, hubo discusiones públicas, se escribieron cartas en el periódico local y a políticos, se llevaron a cabo diferentes acciones y se celebraron festivales para destacar la cultura y la historia únicas de Malles.

El apoyo popular le dio al alcalde la fuerza necesaria para realizar un referéndum legalmente vinculante sobre la iniciativa “Malles libre de Pesticidas”.

Malles sin pesticidas

Mientras que Ackerman-Leist describe los esfuerzos de la Industria de la manzana para bloquear dicha iniciativa, su historia se centra en los orígenes de la campaña a favor de un Malles sin pesticidas, sus tácticas audaces pero prácticas, y su triunfo final. Cuando llegó el momento del recuento de votos, un 75% había votado sí frente a un 25% que votó no.

Como resultado de la nueva legislación, las escuelas de Malles y otras instituciones públicas servirían alimentos ecológicos. Además, las granjas ecológicas y aquellas que estaban en proceso de convertirse en ecológicas, recibirían apoyo financiero. Esta medida estaba destinada beneficiar a todos los agricultores de Malles, incluidos los que inicialmente se opusieron a la iniciativa, y para alentar el desarrollo de nuevas empresas sostenibles.

¿Un mundo libre de plaguicidas?

¿Cómo pudo imponerse la idea revolucionaria de un Malles sin plaguicidas frente a la poderosa Agricultura Industrial de la manzana? Las tácticas utilizadas por el movimiento Malles Libre de Pesticidas tuvieron éxito, precisamente porque era la táctica de un movimiento mundial más amplio a favor de la alimentación. Si bien no todas las comunidades tienen una cultura histórica tan intacta como la de Malles, todas las comunidades necesitan tierra, agua y aire sanos, alimentos sanos, y una economía inclusiva sostenible. Una historia de precaución proporciona un ejemplo concreto de como el pensamiento holístico y el poder democrático del movimiento a favor de la alimentación podría eliminar los productos químicos tóxicos de la agricultura.

Incluyendo un elocuente llamamiento de la científica y activista Vandana Shiva y un útil “Manual del activista”, con consejos adicionales para activistas, Una historia de prudencia es una guía práctica para un cambio positivo.

Revisión: Allison Wilson, cofundadora y Directora del Proyecto de Recursos Bioscience.

Para obtener más información y fotos que documentan los hechos contados en Una historia de prudencia, vea: Derribar a Goliat.

Para obtener más información sobre pesticidas, problemas y soluciones, ver

PAN, Pesticide Action Network International y Más allá de los Pesticidas.

———————————————

Monsanto, Bayer y el Neoliberalismo: hacia un modelo Corporativo de Agricultura Industrial

Por Colin Todhunter, 11 de enero de 2017

Global Research

Un profesional de Marketing que trabaja en Bayer dijo recientemente en Twiter que los críticos de los transgénicos restringían las opciones de los agricultores. Es una acusación bastante corriente entre el lobby protransgénicos. Ya en el artículo anterior hice notar la idea de que los cultivos transgénicos ofrecen más posibilidades a los agricultores es errónea, ya que las corporaciones como Bayer o Monsanto restringen esas posibilidades. Hay numerosas pruebas de que los cultivos transgénicos llevan al agricultor a un callejón sin salida.

Sin embargo, frente a los interminables debates sobre el cómo y los porqués de los transgénicos, se pasa por alto el hecho de que los cultivos transgénicos se inscriben dentro de un modelo particular que cada vez está más cuestionado. Para citar un reciente artículo de Charles Eisenstein, que de lo que deberíamos hablar es de “la elección entre dos sistemas muy diferentes de producción de alimentos, dos visiones de la sociedad y dos formas fundamentalmente diferentes de relacionarse con las plantas, los animales y el suelo” (en la tabla que se ofrece aquí se proporciona una visión concisa de estas dos posturas).

El hecho de que alguien elija comerciar con una gigantesca empresa multinacional dice mucho sobre su lealtad y fe en el poder de las Corporaciones, y mucho menos sobre un sistema económico en el que predomina el beneficio de la empresa y el modelo agrícola que promueve. Aquellas visiones del mundo inspiradas en el modelo de las Corporaciones tienden a definir el tipo de elección: un modelo del mundo dentro de unos parámetros muy estrictos.

Elección, desarrollo y futuro de la agricultura en la India

Si las tendencias actuales continúan en la India, podría significar que la mayor parte la población viviría en megaciudades de hasta 40 millones de habitantes, de modo que sólo del 15-20% de la población (en comparación con el actual 60% o más) viviría en núcleos rurales, un campo vacío. También podría significar que cientos de millones de antiguos residentes en las zonas rurales se quedarían sin trabajo.

Gracias a un modelo de agricultura basado en el lema del “crecimiento”, la trayectoria de este país puede implicar un futuro con vastas extensiones de monocultivos, en las que se desarrollarían cultivos modificados genéticamente tratados con cóctel de plaguicidas patentados, suciedad y polvo.

Monsanto, Bayer , Cargill y otras grandes Corporaciones decidirán qué se debe comer y cómo se deben producir y procesar los alimentos. Desde las semillas hasta el plato, las Corporaciones están tomando el control de la cadena alimentaria, de modo que todo el proceso puede acabar en sus manos.

Eisenstein aprecia las consecuencias de este modelo agrícola que están implantando las Corporaciones:

“… una sucesión interminable de nuevos productos químicos y transgénicos para compensar las consecuencias de una agricultura química mecanizada, que lleva a un agotamiento del suelo, mayor cantidad de hierbas resistentes a los herbicidas y de insectos resistentes a los insecticidas”.

En otras palabras, a medida que los agricultores quedan atrapados en una cadena de alta tecnología impregnada de productos químicos para la agricultura, las opciones cada vez se van restringiendo más en un flujo interminable de insumos patentados, que bajo la bandera de la “innovación” tratarán de abordar los problemas y las fallas resultantes de la aplicación de la tecnología “de vanguardia “ de las Corporaciones.

En la India, el sistema productivo existente basado en un modelo de agricultura a pequeña escala y el procesamiento de los alimentos a pequeña escala, será todo menos un recuerdo, mientras los que resistan se verán exprimidos, trabajando para la proveedores mundiales de semillas y productos agroquímicos, que dominan el mercado.

Los agricultores independientes y los procesadores que trabajan a nivel de las aldeas se habrán visto forzados a abandonar el sistema: la Agricultura Industrial será la norma, a pesar de toda la devastación social, ambiental y sanitaria, con los elevados costes externos que conlleva este modelo.

El modelo de agricultura que se promueve en la actualidad sirve para integrar aún más a la India en un sistema político mundial dominado por los Estados Unidos, que ha desempeñado un papel muy importante en la creación de regiones ricas en alimentos y otras con déficit de alimentos. En gran parte del mundo, el sistema globalizado impuesto por el Capitalismo, con la ayuda de la OMC, el FMI y el Banco Mundial, ha llevado a una desigualdad estructural y a la pobreza: la privatización de las semillas, del conocimiento, de la tierra y el agua; unas políticas desleales de comercio internacional que ha devastado la agricultura indígena; la marginación de los pequeños agricultores, que son la columna vertebral de la producción mundial de alimentos; la especulación con los productos básicos, lo que resulta en una escasez de alimentos; y una agricultura orientada a la exportación y la deuda, que ha minada las economías rurales.

Desafiando la Agenda Neoliberal

No ha ayudado el hecho de que desde la década de 1990 la India se haya atado cada vez más a un sistema de globalización Neoliberal, un sistema insostenible y plagado de crisis que alimenta la deuda nacional y se basa en la transferencia (desmonetización) hacia los Bancos y las Corporaciones. Un sistema basado en una economía de consumo basado en el crédito/deuda, la especulación financiera, los derivados, con países que ya no pueden llevar a cabo sus propias políticas, atados por unos acuerdos comerciales antidemocráticos, comprometidos con las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y siguiendo el camino prescrito por el Banco Mundial, independientemente de cualquier otra voluntad de la gente. Un sistema por el cual los gobiernos se paralizan, ya que sus ojos están puestos en la “confianza de los mercados” y temerosos de la fuga de capitales.

Surge la pregunta sobre qué se podría hacer para evitar que esta futura distopía neoliberal arraigue en la India.

Los autores de este artículo argumentan que las medidas que a largo plazo se pueden llevar a cabo serían: una reforma agraria y la corrección de un mercado manipulado que está en contra de los agricultores:

Se requieren iniciativas políticas perspicaces y sostenidas para proporcionar a los agricultores medios dignos de vida. En una economía impulsada por el crecimiento sin que se cree empleo, la migración de ingentes cantidades de personas a las ciudades se debe a menudo a una migración provocada por una situación angustiosa. Estos migrantes se convierten en los nuevos “siervos” de los servicios informales y del sector de la construcción, mientras que los problemas rurales y agrarios siguen sin resolverse”.

Dichas iniciativas de políticas bien podrían basarse en soluciones agroecológicas que podrían desarrollarse y ampliarse para ir más allá de la dinámica de una pequeña explotación agrícola y formar parte de una agenda más amplia que aborde los problemas políticos y económicos más amplios que afectan a los agricultores y la agricultura.

Varios informes oficiales han argumentado que para alimentar a los hambrientos y asegurar la seguridad alimentaria en las regiones de bajos ingresos se necesita apoyar a las pequeñas explotaciones agrícolas y a los métodos agroecológicos sostenibles, fortaleciendo las economías alimentarias locales [ver este informe del Relator Especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación y este informe (IAASTD)].

Olivier De Schutter, es Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, dijo:

Las evidencias científicas muestran que los métodos agroecológicos superan al uso de fertilizantes químicos, aumentando la producción de alimentos allí donde viven personas que pasan hambre, especialmente en los entornos más desfavorables”.

El éxito de la agroecología indica lo que podría lograr cuando el desarrollo se pone en manos de los propios agricultores: un sistema descentralizado de producción nacional de alimentos con acceso a los mercados rurales locales, respaldado por accesos, almacenamiento y otras infraestructuras adecuadas, todo ello con prioridad y por delante de los explotadores de los mercados internacionales y las cadenas de suministro dominadas y diseñadas para satisfacer las necesidades de los negocios agrícolas mundiales.

Si los encargados de diseñar las políticas priorizaran y promovieran la agroecología en la misma medida que han apoyado e impulsado las prácticas y las tecnologías de la “Revolución Verde”, podrían resolverse muchos de los problemas que rodean a la pobreza, el desempleo, el aumento de la población y la migración urbana. Con esto en mente, los lectores pueden leer algunas de las cosas importantes que el agricultor y activista Bhaskar Save ha dicho al respecto.

Sin embargo, mientras la agroecología y el compromiso con lo local y la autosuficiencia local/regional continúen marginados, no necesitamos mirar más allá de México para saber lo que puede pasar en la India. Además de destruir la salud del país y la cadena de suministro de alimentos de producción propia, el “libre comercio” establecido en virtud del TLCAN permitió que el maíz estadounidense fuertemente subvencionado se importase al país, alimentando del desempleo y transformando al antiguo campesinado en un grupo problemático.

En lugar de arrastrarse hacia una sentencia de muerte para muchos agricultores provocada por el modelo Neoliberal, la India debe tratar de desvincularse de la globalización capitalista, gestionar el comercio exterior para satisfacer sus propios intereses y expandir la producción nacional, lo cual puede lograrse protegiendo y alentando a los pequeños productores indígenas, y no menos importantes, los pequeños agricultores.

Al fomentar lo local, la autosuficiencia y el apoyo a este tipo de agricultores, se puede generar un trabajo que tenga significado para la mayoría. Lo opuesto a la agenda de la globalización (decenas de millones de personas están en peligro de ver cómo desaparecen sus medios de subsistencia a media que las Corporaciones toman el control).

Una mejor elección

Charles Eisenstein argumenta que si creemos que las principales instituciones de la sociedad están establecidas sólidamente, entonces es irracional oponerse al modelo agrícola de alta tecnología (transgénicos) y el uso intensivo de productos químicos. De manera implícita, también es irracional cuestionar las nociones de “progreso” y “desarrollo” que actualmente impulsan la agenda de globalización neoliberal. Y si damos por hecho la justificación de la continua despoblación del campo, en lugares como en la India, hay pocas alternativas al actual sistema insostenible de destrucción de los medios de subsistencia.

Una vez que se haya prometido lealtad al poder de las Corporaciones y al Capitalismo Neoliberal, y todo lo que eso conlleva, todo encajará en su lugar: cualquier opción ofrecida discurrirá dentro de los estrechos parámetros establecidos por los conglomerados mundiales de alimentos y agronegocios. Mientras lanza la retórica sobre la posibilidad de elegir entre diferentes opciones, cualquier otra alternativa estará siendo marginada.

Sin embargo, una vez que se reconoce la falta de solidez de las instituciones sociales, que las instituciones científicas y los organismos gubernamentales han sido corrompidos constantemente por el dinero, y que la Agenda Neoliberal ha sido poco más que un receta para el saqueo por parte de las Corporaciones, entonces se está en posición de apreciar otras opciones frente a ese futuro distópico de capital desregulado y conglomerados corporativos que no rinden cuentas, y una forma totalmente diferente de ver el mundo y el papel de la agricultura y el papel que ésta debe desempeñar.

————————————————-

 

 

Agricultura para un Planeta Pequeño

Por Frances Moore Lappé

localfutures.org

(AFP/Getty Images)

La gente aspira a alternativas a la agricultura industrial, pero supone un motivo de inquietud. Consideran que las explotaciones a gran escala que dependen de los insumos químicos suministrados por las empresas son el único modelo agrícola de alta productividad. Otro enfoque podría ser más respetuoso con el medio ambiente y de menos riesgo para los consumidores, pero, suponen, no estaría a la altura de la tarea de proporcionar todos los alimentos que necesita la creciente población mundial.

Contrariamente a esas suposiciones, hay abundantes pruebas de que un enfoque alternativo -la agricultura ecológica, o más ampliamente la «agroecología» – es en realidad la única manera de garantizar que todas las personas tengan acceso a una alimentación suficiente y saludable. La ineficiencia y la destrucción ambiental están presentes en el modelo industrial. Pero, más allá de eso, nuestra capacidad para satisfacer las necesidades del mundo está sólo parcialmente determinada por las cantidades que se producen en los campos, pastos y vías fluviales. Unas reglas y normas sociales más amplias determinan en última instancia si una cantidad determinada de alimentos producidos se utiliza realmente para satisfacer las necesidades de la humanidad. De diferentes maneras, la forma en que cultivamos los alimentos determina quién puede comer y quién no, sin importar cuánto producimos. Resolver nuestras múltiples crisis alimentarias requiere, por lo tanto, un enfoque integral, de modo que los ciudadanos de todo el mundo rehagan lo que entendemos y lo que es la práctica de la democracia.

Hoy en día, el mundo produce -principalmente de granjas pequeñas y baja utilización de insumos agrícolas- más que suficientes alimentos: 2.900 calorías por persona al día. La disponibilidad de alimentos per cápita ha seguido aumentando a pesar del continuo crecimiento demográfico. Además, este amplio suministro de alimentos se obtiene a pesar de que aproximadamente la mitad de todos los cereales se utilizan para alimentar al ganado o se utiliza para fines industriales, como los agrocombustibles.[1]

A pesar de esta abundancia, 800 millones de personas en todo el mundo sufren deficiencias calóricas a largo plazo. Uno de cada cuatro niños menores de cinco años tiene raquitismo, una afección que a menudo trae consigo problemas de salud de por vida, y es el resultado de una nutrición deficiente y la incapacidad para absorber nutrientes. Dos mil millones de personas presentan deficiencias en al menos un nutriente esencial para la salud, y una de cada cinco muertes maternas se debe a la carencia de hierro.[2]

El abastecimiento total de alimentos por sí solo no dice mucho sobre si los pueblos del mundo son capaces de satisfacer sus necesidades nutricionales. Tenemos que preguntarnos por qué el modelo industrial deja tantos rezagados, y luego determinar qué preguntas deberíamos plantear para llegar a soluciones a la crisis alimentaria mundial.

Amplias, Ineficacias ocultas

El modelo de agricultura industrial -definido aquí por la importante aportación de capital y la dependencia de los insumos adquiridos, tales como semillas, fertilizantes y pesticidas- genera múltiples fuentes de ineficiencia que no se aprecian a primera vista. Las fuerzas económicas contribuyen de manera importante en este modelo de agricultura industrial: opera dentro de lo que comúnmente se conoce como «economías de libre mercado», en las cuales la empresa está impulsada por un objetivo primordial, a saber, asegurarse el retorno de la mayor cantidad de dinero posible. Esto conduce inevitablemente a una mayor concentración de la riqueza y, a su vez, a una mayor concentración de la capacidad de controlar la demanda del mercado en el sistema alimentario.

Además, la producción concentrada desde el punto de vista económico y geográfico, que requiere de una larga cadena de suministro e implica desechar aquellos alimentos que no responden a un criterio estético, genera un enorme desperdicio: más del 40 por ciento de los alimentos cultivados para el consumo humano en los Estados Unidos nunca llegan a la boca de su población.[3]

La razón que subyace y por la que la agricultura industrial no puede satisfacer las necesidades alimentarias de la humanidad se debe a su lógica estructural: sus partes se consideran elementos disociados, no elementos interactivos. Por lo tanto, es incapaz de determinar su impacto destructivo en los procesos regenerativos de la naturaleza. Por lo tanto, la agricultura industrial es un callejón sin salida.

Consideremos ahora el uso del agua en la agricultura. Aproximadamente el 40 por ciento de los alimentos del mundo depende de la irrigación, que proviene en gran medida de las reservas de agua subterránea, denominadas acuíferos, que constituyen el 30 por ciento del agua dulce del mundo. Lamentablemente, las aguas subterráneas se están agotando rápidamente en todo el mundo. En los Estados Unidos, el acuífero de Ogallala -uno de los mayores recursos de agua- abarca ocho estados de las Altas Llanuras y abastece casi un tercio del agua subterránea utilizada para el riego en todo el país. Los científicos advierten que en los próximos treinta años, más de un tercio de la región meridional de las Llanuras Altas no podrá mantener el riego. Si las tendencias actuales continúan, alrededor del 70 por ciento del agua subterránea de Ogallala en el estado de Kansas podría agotarse en el año 2060.[4]

La agricultura industrial también depende de la aplicación masiva de fertilizantes de fósforo, otro punto muerto en el horizonte. Casi el 75 por ciento de la reserva mundial de roca de fosfato, que se extrae para abastecer la agricultura industrial, se encuentra en una zona del norte de África centrada en Marruecos y el Sáhara Occidental. Desde mediados del siglo XX, la humanidad ha extraído este recurso «fósil», lo ha procesado utilizando combustibles fósiles dañinos para el clima, lo ha extendido a una velocidad cuatro veces mayor en el suelo de lo que ocurre naturalmente, y no ha logrado reciclar el exceso. Gran parte de este fosfato se escapa de los campos de cultivo y termina en sedimentos oceánicos, donde permanece inaccesible para los seres humanos. En este siglo, la trayectoria industrial conducirá a un «pico del fósforo» -el punto en el que los costes de extracción son tan altos, y los precios fuera del alcance de tantos agricultores- que la producción mundial de fósforo comenzará a disminuir.[5]

Más allá del agotamiento de nutrientes específicos, la pérdida del suelo mismo es otra crisis inminente para la agricultura. A nivel mundial, el suelo se está erosionando a un ritmo diez a cuarenta veces más rápido de lo que se está formando. Para decirlo en términos visuales, cada año se arrastra suficiente tierra de los campos en todo el mundo para llenar aproximadamente cuatro camionetas para cada ser humano de la tierra.[6]

El modelo de agricultura industrial no es un camino viable para satisfacer las necesidades alimentarias de la humanidad por otra razón más: contribuye a casi el 20 por ciento de todas las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero, incluso más que el sector del transporte. Las emisiones más significativas de la agricultura son el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso. El dióxido de carbono se libera por la deforestación y su posterior combustión, principalmente para el cultivo de alimentos, así como de plantas en descomposición. El metano es liberado por el ganado rumiante, principalmente a través de su flatulencia y eructos, así como por el estiércol y en el cultivo de arrozales. El óxido nitroso se libera en gran medida por el estiércol y los fertilizantes. Aunque el dióxido de carbono recibe la mayor parte de la atención, el metano y el óxido nitroso también son un asunto serio. El metano es, molécula por molécula, 34 veces más potente como gas de efecto invernadero y el óxido nitroso unas 300 veces más potente que el dióxido de carbono.[7]

Nuestro sistema de obtención de alimentos también implica cada vez más al transporte, procesamiento, envasado, refrigeración, almacenamiento, operaciones de venta al por mayor y al por menor, y manejo de desechos, todos los cuales emiten gases de efecto invernadero. El total de la contribución del sistema alimentario a las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, desde la tierra hasta los vertederos, podría alcanzar el 29%. Sorprendentemente, las emisiones de los alimentos y la agricultura están creciendo tan rápidamente que, si continúan aumentando al ritmo actual, podrían suponer sobrepasar las emisiones seguras de todos los gases de efectos invernadero para el año 2050. [8]

Estos graves inconvenientes son meros síntomas. Fluyen de la lógica interna del propio modelo. La razón por la que la agricultura industrial no puede satisfacer las necesidades del mundo es que las fuerzas estructurales que la impulsan están mal coordinadas con la naturaleza, incluida la naturaleza humana.

La historia social ofrece claras evidencias de que el poder concentrado tiende a provocar el peor de los comportamientos humanos. Ya sea desde los matones en el patio de recreo o los autócratas en el gobierno, la concentración de poder está asociado con la insensibilidad e incluso la brutalidad, no en unos pocos de nosotros, sino en la mayoría [9]. La lógica del sistema de la agricultura industrial, que concentra el poder social en unas pocas manos, es por lo tanto un gran riesgo para el bienestar humano. En cada etapa, lo grande se hace aún mayor y los agricultores se vuelven cada vez más dependientes de cada vez menos proveedores, perdiendo poder y la capacidad de dirigir sus propias vidas.

El mercado de semillas, por ejemplo, ha pasado de un escenario competitivo de pequeñas empresas familiares a un oligopolio en el que sólo tres empresas -Monsanto, DuPont y Syngenta- controlan la mitad del mercado mundial de semillas patentadas. A nivel mundial, entre 1996 y 2008, un puñado de corporaciones absorbió más de doscientas empresas independientes más pequeñas, lo que elevó el precio de las semillas y otros insumos hasta el punto de que sus costes para los agricultores pobres del sur de la India ahora representan casi la mitad de los costos de producción [10]. Y el coste en términos reales por acre para los usuarios de cultivos de bioingeniería dominados por una corporación, Monsanto, se triplicó entre 1996 y 2013.

El modelo industrial no sólo canaliza los recursos hacia usos ineficientes y destructivos, sino que también alimenta la raíz misma del hambre: la concentración del poder social. Esto resulta en la triste ironía de que los pequeños agricultores -aquellos con menos de 2 hectáreas (5 acres)- controlan el 84 por ciento de las granjas del mundo y producen la mayor parte de los alimentos en valor, pero controlan sólo el 12 por ciento de las tierras agrícolas y constituyen la mayoría de los hambrientos del mundo[11].

El modelo industrial tampoco aborda la relación entre la producción de alimentos y la nutrición humana. Impulsados a buscar los mayores rendimientos financieros inmediatos posibles, los agricultores y las empresas agrícolas se dirigen cada vez más hacia monocultivos de bajo contenido en nutrientes, como el maíz -el cultivo dominante en los Estados Unidos- que a menudo se procesa en «productos alimenticios» vacíos de calorías. Como resultado, entre 1990 y 2010, el crecimiento de los patrones de alimentación poco saludables superó las mejoras dietéticas en la mayor parte del mundo, incluidas las regiones más pobres. La mayoría de las causas principales de las enfermedades no transmisibles están ahora relacionadas con la dieta, y para 2020 se prevé que esas enfermedades representen casi el 75 por ciento de todas las muertes en todo el mundo [12].

Una alternativa mejor

¿Qué modelo de agricultura puede poner fin a las privaciones nutricionales mientras restaura y conserva los recursos alimenticios para nuestra progenie? La respuesta radica en el modelo emergente de la agroecología, a menudo llamada agricultura orgánica o ecológica. Al escuchar estos términos, muchas personas se imaginan simplemente un conjunto de prácticas agrícolas que renuncian a la compra de insumos agrícolas, basándose en las interacciones biológicas beneficiosas entre plantas, microbios y otros organismos. Sin embargo, la agroecología es mucho más que eso. El término tal como se usa aquí sugiere un modelo de cultivo basado en la suposición de que dentro de cualquier dimensión de la vida, la organización de las relaciones dentro de todo el sistema determina los resultados. El modelo refleja un cambio de una manera de pensar disociada a una relacional que surge en muchos campos dentro de las ciencias físicas y sociales. Este enfoque de la agricultura está cobrando vida en un número cada vez mayor de agricultores y científicos agrícolas de todo el mundo que rechazan la estrecha visión productivista que arrastra el modelo industrial.

Estudios recientes han disipado el temor de que una alternativa ecológica al modelo industrial no produzca el mismo volumen de alimentos por el que es valorado el modelo industrial. En 2006, un importante estudio seminal en el Sur Global comparó los rendimientos de 198 proyectos en 55 países y encontró que la agricultura ecológica incrementaba el rendimiento de los cultivos en un promedio de casi un 80 por ciento. Un estudio mundial realizado en 2007 por la Universidad de Michigan concluyó que la agricultura ecológica podría sostener a la población humana actual, y que se espera que aumente sin ampliar las tierras cultivadas. Luego, en 2009, en un informe minuciosamente elaborado durante cuatro años por cuatrocientos científicos, en el que se pedía apoyo para «sustitutos biológicos de productos químicos industriales o combustibles fósiles», el Banco Mundial y cincuenta y nueve gobiernos y organismos, entre ellos el Banco Mundial, aprobaron de manera sorprendente la agricultura ecológica. Estos hallazgos deberían disipar las preocupaciones de que la agricultura ecológica no pueda producir suficientes alimentos, especialmente dado su potencial de productividad en el Sur Global, donde estas prácticas agrícolas son más comunes.

La agricultura ecológica, a diferencia del modelo industrial, no produce de manera inherente una concentración de poder. En cambio, como una práctica en evolución de cultivo de alimentos dentro de las comunidades, el poder se dispersa, y realza la dignidad, el conocimiento y las capacidades de todos los involucrados. La agroecología puede así abordar la impotencia que está en la raíz del hambre.

La aplicación de este tipo de enfoque sistémico a la agricultura une la ciencia ecológica con la sabiduría tradicional comprobada en el tiempo, arraigada en las experiencias actuales de los agricultores. La agroecología también incluye un movimiento de agricultores social y políticamente comprometidos, que crece y arraiga en distintas culturas alrededor del mundo. Como tal, no puede reducirse a una fórmula específica, sino que representa una gama de prácticas integradas, adaptadas y desarrolladas en respuesta al nicho ecológico específico de cada explotación. Se entreteje el conocimiento tradicional y los avances científicos continuos basados en la ciencia integradora de la ecología. Al eliminar progresivamente todos o la mayoría de los fertilizantes y pesticidas químicos, los agricultores agroecológicos se liberan a sí mismos -y, por lo tanto, todos nosotros- de la dependencia de los combustibles fósiles que alteran el clima, así como de otros insumos comprados que representan riesgos ambientales y para la salud.

Otro aspecto socia positivo, la agroecología es especialmente beneficiosa para las mujeres agricultoras. En muchas áreas, particularmente en África, casi la mitad o más de los agricultores son mujeres, pero con demasiada frecuencia carecen de acceso a créditos [14]. La agroecología -que elimina la necesidad de crédito para comprar insumos sintéticos- puede marcar una diferencia significativa para ellas.

Las prácticas agroecológicas también mejoran las economías locales, ya que las ganancias de las compras de los agricultores ya no se filtran de los centros corporativos a otros lugares. Después de cambiar a prácticas que no dependen de insumos químicos comprados, los agricultores del Sur Global comúnmente fabrican pesticidas naturales usando ingredientes locales – mezclas de extracto de árbol de neem, chile y ajo en el sur de la India, por ejemplo. Los agricultores locales compran alternativas caseras y mantienen el dinero circulando dentro de su comunidad, beneficiando a todos [15].

Además de estas ganancias cuantificables, la confianza y la dignidad de los agricultores también se mejoran a través de la agroecología. Sus prácticas se basan en los criterios de los agricultores basados en el creciente conocimiento de sus tierras y su potencial. El éxito depende de que los agricultores resuelvan sus propios problemas, no de seguir las instrucciones de las compañías comerciales de fertilizantes, pesticidas y semillas. Desarrollando mejores métodos agrícolas a través del aprendizaje continuo, los agricultores también descubren el valor de las relaciones de trabajo colaborativo. Libres de la dependencia de los insumos comprados, son más propensos a recurrir a variedades de semillas compartidas por los vecinos y a compartir experiencias de lo que funciona y lo que no funciona para prácticas como el compostaje o el control natural de plagas. Estas relaciones fomentan una mayor experimentación para la mejora continua. A veces, fomentan la colaboración más allá de los campos, como en el desarrollo de cooperativas de comercialización y procesamiento que mantienen más beneficios financieros en manos de los agricultores.

Yendo más allá de esta colaboración localizada, los agricultores agroecológicos también están construyendo un movimiento global. La Vía Campesina, cuyas organizaciones afiliadas representan a 200 millones de campesinos, lucha por la «soberanía alimentaria», que sus participantes definen como «el derecho de los pueblos a una alimentación sana y culturalmente apropiada, producida a través de métodos ecológicos y sostenibles». Este enfoque coloca a quienes producen, distribuyen y consumen alimentos -más que a los mercados y a las empresas- en el centro de los sistemas y políticas alimentarias, y defiende los intereses y la inclusión de la próxima generación.

Una vez que los ciudadanos se den cuenta de que el modelo de agricultura industrial es un callejón sin salida, el desafío consiste en fortalecer una rendición de cuentas con el fin de desviar los recursos públicos. En la actualidad, esas subvenciones son enormes: según un cálculo aproximado, casi medio billón de dólares de impuestos en los países de la OCDE, más Brasil, China, Indonesia, Kazajstán, Rusia, Sudáfrica y Ucrania [16]. Imagínese el impacto transformador si una parte significativa de esas subvenciones comenzara a ayudar a los agricultores en la transición hacia la agricultura agroecológica.

Cualquier evaluación precisa de la viabilidad de una agricultura más ecológicamente armonizada debe dejar a un lado la idea de que el sistema alimentario ya está tan globalizado y dominado por las empresas que es demasiado tarde para ampliar un modelo agrícola relacional y de dispersión del poder. Como se señaló anteriormente, más de las tres cuartas partes de todos los alimentos cultivados no cruzan las fronteras. En cambio, en el Sur Global, el número de granjas pequeñas está creciendo y los pequeños agricultores producen el 80 por ciento de lo que se consume en Asia y el África Subsahariana [17].

El camino correcto

Cuando abordamos la cuestión de cómo alimentar al mundo, debemos pensar en vincular los modos de producción actuales con nuestras capacidades futuras para producir, y vincular la producción agrícola con la capacidad de todas las personas para satisfacer su necesidad de contar con alimentos nutritivos y vivir dignamente. La agroecología, entendida como un conjunto de prácticas agrícolas acordes con la naturaleza e integradas en relaciones de poder más equilibradas, desde el nivel del pueblo hacia arriba, es por lo tanto superior al modelo industrial. Este modelo relacional emergente ofrece la promesa de un amplio suministro de alimentos nutritivos que se necesitan ahora y en el futuro, y un acceso más equitativo a los mismos.

Volver a enmarcar las preocupaciones acerca del suministro inadecuado es sólo el primer paso hacia un cambio necesario. Las cuestiones esenciales acerca de si la humanidad puede alimentarse bien son sociales o, más precisamente, políticas. ¿Podemos rehacer nuestra comprensión y práctica de la democracia para que los ciudadanos se den cuenta y asuman su capacidad de autogobierno, empezando por la eliminación de la influencia de la riqueza concentrada en nuestros sistemas políticos?

La gobernanza democrática -responsable ante los ciudadanos y no ante la riqueza privada- hace posible el debate público y la elaboración de normas necesarias para reincorporar los mecanismos de mercado dentro de los valores democráticos y los sólidos conocimientos científicos. Sólo con esta base pueden las sociedades explorar la mejor manera de proteger los recursos alimenticios -suelo, nutrientes, agua- que el modelo industrial está destruyendo. Sólo entonces las sociedades pueden decidir cómo producir los alimentos nutritivos, distribuidos en gran medida como un producto básico de mercado, pueden también ser protegidos como un derecho humano básico.

Este artículo es una adaptación de un ensayo escrito originalmente para Great Transition Initiative.

Frances Moore Lappé es coautora, junto con Adam Eichen, del nuevo libro “Daring Democracy: Igniting Power, Meaning and Connection for the America We Want”. Entre sus numerosos libros anteriores están: “EcoMind: Changing the Way We Think to Create the World We Want” (Nation Books) y la aclamada “Dieta para un Planeta Pequeño”. También es editora y colaboradora.

Notas:

1. Food and Agriculture Division of the United Nations, Statistics Division, “2013 Food Balance Sheets for 42 Selected Countries (and Updated Regional Aggregates),” accessed March 1, 2015, http://faostat3.fao.org/download/FB/FBS/E; Paul West et al., “Leverage Points for Improving Global Food Security and the Environment,” Science 345, no. 6194 (July 2014): 326; Food and Agriculture Organization, Food Outlook: Biannual Report on Global Food Markets (Rome: FAO, 2013), http://fao.org/docrep/018/al999e/al999e.pdf.

2. FAO, The State of Food Insecurity in the World 2015: Meeting the 2015 International Hunger Targets: Taking Stock of Uneven Progress (Rome: FAO, 2015), 8, 44, http://fao.org/3/a-i4646e.pdf; World Health Organization, Childhood Stunting: Context, Causes, Consequences (Geneva: WHO, 2013), http://www.who.int/nutrition/events/2013_ChildhoodStunting_colloquium_14Oct_ConceptualFramework
_colour.pdf?ua=1
; FAO, The State of Food and Agriculture 2013: Food Systems for Better Nutrition (Rome: FAO, 2013), ix, http://fao.org/docrep/018/i3300e/i3300e.pdf.

3. Vaclav Smil, “Nitrogen in Crop Production: An Account of Global Flows,” Global Geochemical Cycles 13, no. 2 (1999): 647; Dana Gunders, Wasted: How America Is Losing Up to 40% of Its Food from Farm to Fork to Landfill (Washington, DC: Natural Resources Defense Council, 2012), http://www.nrdc.org/food/files/wasted-food-IP.pdf.

4. United Nations Environment Programme, Groundwater and Its Susceptibility to Degradation: A Global Assessment of the Problem and Options for Management (Nairobi: UNEP, 2003), http://www.unep.org/dewa/Portals/67/pdf/Groundwater_Prelims_SCREEN.pdf; Bridget Scanlon et al., “Groundwater Depletion and Sustainability of Irrigation in the US High Plains and Central Valley,” Proceedings of the National Academy of Sciences 109, no. 24 (June 2012): 9320; David Steward et al., “Tapping Unsustainable Groundwater Stores for Agricultural Production in the High Plains Aquifer of Kansas, Projections to 2110,” Proceedings of the National Academy of Sciences 110, no. 37 (September 2013): E3477.

5. Dana Cordell and Stuart White, “Life’s Bottleneck: Sustaining the World’s Phosphorus for a Food Secure Future,” Annual Review Environment and Resources 39 (October 2014): 163, 168, 172.

6. David Pimentel, “Soil Erosion: A Food and Environmental Threat,” Journal of the Environment, Development and Sustainability 8 (February 2006): 119. This calculation assumes that a full-bed pickup truck can hold 2.5 cubic yards of soil, that one cubic yard of soil weighs approximately 2,200 pounds, and that world population is 7.2 billion people.

7. FAO, “Greenhouse Gas Emissions from Agriculture, Forestry, and Other Land Use,” March 2014, http://fao.org/resources/ infographics/infographics-details/en/c/218650/; Gunnar Myhre et al., “Chapter 8: Anthropogenic and Natural Radiative Forcing,” in Climate Change 2013: The Physical Science Basis (Geneva: Intergovernmental Panel on Climate Change, 2013), 714, http://www.ipcc.ch/pdf/assessment-report/ar5/wg1/WG1AR5_Chapter08_FINAL.pdf.

8. Sonja Vermeulen, Bruce Campbell, and John Ingram, “Climate Change and Food Systems,” Annual Review of Environment and Resources 37 (November 2012): 195; Bojana Bajželj et al., “Importance of Food-Demand Management for Climate Mitigation,” Nature Climate Change 4 (August 2014): 924–929.

9. Philip Zimbardo, The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn Evil (New York: Random House, 2007).

10. Philip Howard, “Visualizing Consolidation in the Global Seed Industry: 1996–2008,” Sustainability 1, no. 4 (December 2009): 1271; T. Vijay Kumar et al., Ecologically Sound, Economically Viable: Community Managed Sustainable Agriculture in Andhra Pradesh, India (Washington, DC: World Bank, 2009), 6-7, http://siteresources.worldbank.org/EXTSOCIALDEVELOPMENT/Resources/244362-1278965574032/CMSA-Final.pdf.

11. Estimated from FAO, “Family Farming Knowledge Platform,” accessed December 16, 2015, http://www.fao.org/family-farming/background/en/.

12. Fumiaki Imamura et al., “Dietary Quality among Men and Women in 187 Countries in 1990 and 2010: A Systemic Assessment,” The Lancet 3, no. 3 (March 2015): 132–142, http://www.thelancet.com/pdfs/journals/langlo/PIIS2214-109X%2814%2970381-X.pdf.

13. Jules Pretty et al., “Resource-Conserving Agriculture Increases Yields in Developing Countries,” Environmental Science & Technology 40, no. 4 (2006): 1115; Catherine Badgley et al., “Organic Agriculture and the Global Food Supply,” Renewable Agriculture and Food Systems 22, no. 2 (June 2007): 86, 88; International Assessment of Agricultural Knowledge, Science and Technology for Development, Agriculture at a Crossroads: International Assessment of Agricultural Knowledge, Science and Technology for Development (Washington, DC: Island Press, 2009).

14. Cheryl Doss et al., “The Role of Women in Agriculture,” ESA Working Paper No. 11-02 (working paper, FAO, Rome, 2011), 4, http://fao.org/docrep/013/am307e/am307e00.pdf.

15. Gerry Marten and Donna Glee Williams, “Getting Clean: Recovering from Pesticide Addiction,” The Ecologist (December 2006/January 2007): 50–53,http://www.ecotippingpoints.org/resources/download-pdf/publication-the-ecologist.pdf.

16. Randy Hayes and Dan Imhoff, Biosphere Smart Agriculture in a True Cost Economy: Policy Recommendations to the World Bank (Healdsburg, CA: Watershed Media, 2015), 9, http://www.fdnearth.org/files/2015/09/FINAL-Biosphere-Smart-Ag-in-True-Cost-Economy-FINAL-1-page-display-1.pdf.

17. Matt Walpole et al., Smallholders, Food Security, and the Environment (Nairobi: UNEP, 2013), 6, 28, http://www.unep.org/pdf/SmallholderReport_WEB.pdf.

—————————————————


Entrevista a Jonathan Latham, investigador y agricultor, sobre los movimientos por la alimentación

Acres U.S.A. Febrero de 2017

Obtenida a través de jonathanlatham.net

Jonathan Latham

ACRES USA. ¿Cuáles son sus antecedentes y en qué consiste el Proyecto de Recursos de Ciencias Biológicas (Bioscience Resource Project)?

LATHAM. Soy biólogo molecular. Obtuve mi doctorado en Inglaterra en el Instituto John Innes, famoso por su ingeniería genética y la moderna biología molecular. Pero mi inclinación era hacia la ecología. Quería ser ecologista cuando estudiaba la licenciatura, pero mi profesor me dijo que si me dedicaba a la ecología no conseguiría trabajo y acabaría siendo contable.

Y creo que tenía razón, porque casi nadie apoya hoy en día las posiciones propias de la ecología, comparado con las grandes cantidades de dinero que se destinan a secuenciar el ADN y a desarrollar plantas modificadas genéticamente. Por ejemplo, hay países que están liberando transgénicos que tienen efectos sobre los organismos objetivo, y nadie sabe qué organismos están en los campos y qué especies hay, o incluso ni siquiera tienen una idea aproximada de cómo son los ecosistemas. Pienso en lugares como Brasil. Así que hay una gran cantidad de trabajo por hacer en ecología que no tiene financiación.

ACRES USA. ¿Qué dirección tomó después de su formación inicial?

LATHAM. Terminé mi formación universitaria en 1988. Nuestro departamento acababa de contratar a su primer biólogo molecular, y la manipulación genética se estaba convirtiendo en un gran problema. Mi educación fue anterior a esa época, así que mientras que el campo de la investigación se llenaba de fondos destinados a la genética molecular, me financiaron para hacer un Máster en genética de cultivos y luego un doctorado en virología molecular. En ese laboratorio solía desarrollar plantas transgénicas. Pero el problema de hacer estas plantas en el laboratorio era que nunca teníamos contacto directo con la agricultura. Nunca visitamos un campo agrícola, ningún agricultor vino a visitar el laboratorio, y por lo tanto había una profunda desconexión entre la biología que se suponía que estábamos haciendo y cómo esto beneficiaría a los agricultores. Algunas personas del laboratorio ni siquiera habían conocido a uno. Esto se hacía para los propósitos de las empresas de producción, no para los propósitos de los mismos agricultores. Eso es todo lo que ocurría, toda esa revolución de la biología molecular que estaba siendo financiada por la NSF y el USDA. Básicamente, hice mi investigación para que alguien pudiera hacer una planta transgénica y patentarla – realmente no había otro propósito en la investigación. La mayor parte de la investigación que se lleva a cabo en Cornell ahora mismo se hace con ese objetivo. A nadie le importa lo que haga un químico en particular dentro del laboratorio, a menos que la información sea útil para un ingeniero genético.

ACRES USA. ¿Qué hizo después de que se diera cuenta de esta realidad?

LATHAM. Me desilusioné con toda la investigación. Luego fui a estudiar genética en la Universidad de Wisconsin, pero lo mismo ocurría con la medicina que con la agricultura. Todo el mundo estaba haciendo sus investigaciones tratando de desarrollar productos para la industria farmacéutica, sin tener ni idea de lo que los pacientes realmente querían o necesitaban o lo que sería bueno para la sociedad. Eso también fue profundamente decepcionante, así que terminé abandonando la universidad, aunque me seguía atrayendo. Mi pareja y yo publicamos un artículo sobre las consecuencias genéticas de la modificación genética. Se denominó «Mutaciones inducidas por la transformación en plantas transgénicas: Análisis e implicaciones para la bioseguridad (2006)». Luego tuvimos un hijo y fuimos a trabajar a una finca ecológica comunitaria en Inglaterra. Así que básicamente hacíamos agricultura, pero continuamos siendo empujados de vuelta a todo el escenario de la ingeniería genética y la biología molecular porque había un montón de personas que necesitaba de nuestra experiencia, con nuevos cultivos y nuevas leyes sobre los transgénicos que se aprobaron y un poco de conmoción en Inglaterra sobre lo que el gobierno estaba haciendo. Se nos pedía que habláramos con la gente o que explicáramos técnicas o escribiéramos artículos. Terminamos decidiendo que, en lugar de hacer esto sobre una base reactiva, lo haríamos de forma proactiva.

ACRES USA. ¿Ahora vive en Ithaca, Nueva York, pero no está en la facultad de Cornell?

LATHAM. Correcto, no tenemos ninguna conexión formal con Cornell. Mi compañera es de Ítaca y tiene familia aquí. Cornell es un lugar fantástico para observar la investigación en biología molecular y la investigación y desarrollo de la investigación agrícola. Es el hogar de organizaciones malévolas como la ISAAA y la Cornell Alliance for Science, que realizan actividades de divulgación y relaciones públicas para la industria biotecnológica. Y todo está profundamente conectado con el desarrollo internacional. El proyecto de los negocios agrícolas es llevar estas tecnologías a la India e Indonesia, a Europa del Este y a Sudamérica, y todo eso está relacionado con lo que está sucediendo en Cornell.

ACRES USA. Ha escrito varios artículos que describen el movimiento por la alimentación (Ver: Por qué el movimiento alimentario es imparable). ¿Qué hace que el movimiento por la alimentación sea diferente en su opinión, globalmente, que otros movimientos políticos o de justicia social como el movimiento por los derechos civiles, el movimiento contra el apartheid o el movimiento ecologista en sus inicios?

LATHAM. En muchos sentidos, reúne lo mejor de cada uno de todos esos movimientos. La mayoría de esos movimientos tienen estructuras organizativas y tienen fuentes de financiación. Por ejemplo, los sindicatos tienen instituciones bastante amplias en torno a las cuales todo está organizado, o el movimiento ecologista ha tenido grupos como el Sierra Club o Greenpeace en torno a los cuales se organizaron, y la información se canalizó a través de ellos, y el dinero se canalizó también a través de instituciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Fund) y otras como la Nature Conservancy. Un problema, sin embargo, es que la energía de cualquier movimiento social puede ser absorbida por sus instituciones, y eso no es muy bueno. Debido a que pueden ser cooptadas – el Fondo Mundial de Vida Silvestre ha sido cooptado, Conservación Internacional ha sido cooptada, la Conservación de la Naturaleza ha sido cooptada por los agronegocios, la industria petrolera, y así sucesivamente. Pero el movimiento por la alimentación es diferente, es fundamentalmente más amplio y está más repartido. Ni siquiera es un movimiento de base, ya que la clase alta también forma parte del movimiento por la alimentación. Tampoco está organizado a través de instituciones, se organiza principalmente a través de individuos -individuos en Facebook, individuos que eligen alimentos para la cafetería de su escuela, individuos que empiezan a cultivar huertos en su escuela local-, casi todo es muy local y con un presupuesto muy bajo. Un paquete de semillas y una parcela de tierra o una página de Facebook es todo lo que necesitas para empezar el movimiento por la alimentación.

ACRES USA. ¿Está usted argumentando que un movimiento extremadamente disperso se convierte en un blanco mucho más difícil para los oponentes del movimiento? Aquí tenemos agricultores conservadores en el Medio Oeste y profesores universitarios de Berkeley y el Príncipe de Gales, todos en un acuerdo fundamental.¿Al ser un blanco en movimiento se convierte en un objetivo inalcanzable?

LATHAM. Sí, la historia de los movimientos sociales ha sido subvertida por el establishment. Lo que sucedió con el Día de la Tierra es que fue cooptado por las instituciones, y el Senador Gaylord Nelson, y esa clase de gente, así que en vez de que el Día de la Tierra se convirtiera en un vasto movimiento educativo, se convirtió en recoger basura. Los movimientos están maduros para tomar el control. Toda la historia de los movimientos antielitistas en los Estados Unidos, pero también en otros países, es que uno por uno han sido cooptados por el establishment. Los sindicatos habrían tenido más éxito si hubieran sido olvidados por el FBI. El movimiento de derechos civiles fue debilitado por la Fundación Ford. El feminismo casi seguro que por la CIA. En muchos de estos casos, el compromiso de los movimientos estuvo organizado por el gobierno de los Estados Unidos.

ACRES USA. Usted habla de que sus líderes son sobre todo referentes intelectuales en lugar de líderes como los de los movimientos tradicionales. También escribe sobre como el movimiento por la alimentación desafía los patrones dominantes en nuestros días. ¿Puede explicarnos más sobre este asunto?

LATHAM. En los albores de la era industrial, más o menos en 1600, Europa experimentó una transformación filosófica que iba de la mano de la industrialización. Las dos cosas estaban entrelazadas. Los comerciantes y otras personas adineradas querían asumir la industrialización, pero al mismo tiempo necesitaban una justificación para cambiar la forma en que se organizaba la sociedad. Comienzas con una sociedad feudal, y de repente necesitas que la gente se mueva y compita entre sí. Estos comerciantes necesitaban una mejor comprensión de una sociedad que empezaba a girar en torno a las máquinas, cosas que cumplían con unos tiempos establecidos, cosas organizadas jerárquicamente y gente que acudía a trabajar puntualmente por las mañanas. Los industriales y demás personas detrás de esta revolución adoptaron más o menos la política y la filosofía de la Ilustración, que era reduccionista, atomista y materialista. Ya no les servía la Iglesia como instrumento de control, y no les servía para que la gente tomara sus propias decisiones. Estas dos transformaciones -la transformación industrial y la transformación de la Ilustración- se apoyaban la una a la otra. Occidente forjó la ideología de la Ilustración en torno a la maquinaria, del lado de la idea de un universo mecánico y así sucesivamente. Desarrollaron una filosofía, en definitiva, que ignoraba la biología. No necesitaban de la biología porque se trataba de máquinas y aparatos. Continúa hasta el día de hoy – nuestro mundo sigue funcionando como si la biología no fuera importante. Como si los cultivos y los ciclos de cultivo no importaran, como si tu propia biología no importara, como si tu cuerpo no importara, como si tu mente no importara. La gente trabaja hasta en tres empleos, por ejemplo, sin que apenas se de cuenta de que tiene una familia. Toda nuestra sociedad se ha organizado en torno a esta forma mecanicista de pensar sobre las personas que es esencialmente inapropiada sobre quienes somos. Somos organismos biológicos, y el mundo natural se basa en la coexistencia de organismos biológicos, no por la competencia entre ellos.

ACRES USA. Para hacer el papel de abogado del diablo, ¿no podríamos argumentar que esa interdependencia de los organismos biológicos no era tan obvia en ese momento para las personas cuya vida era muy dura y el atractivo de las máquinas era comprensible? La gente quería liberarse de las tareas onerosas, y la tragedia de las consecuencias involuntarias desempeña un papel importante en esta historia.

LATHAM. Sí, no quiero argumentar que las motivaciones de la gente fueran todas negativas. Mucha gente podía ver que la miseria humana se podía aliviar de este modo Pero mucha de la miseria humana que existía en tiempos feudales se autoimponía porque unos oprimían a otros. Los señores y los nobles oprimían a los campesinos y no compartían lo que tenían o lo desperdiciaban en la guerra. Más tarde, la opresión y la miseria que sucedió en la década de 1850, los tiempos de Dickens, lo que llevó a implantar el materialismo para justificar la liberación de esa opresión, de los desastres de la contaminación y las duras condiciones de trabajo. Había gente en ese momento, como Thomas Huxley, un biólogo famoso, que tenía una concepción materialista de cómo se podía mejorar la vida de las personas. Hasta cierto punto estaba motivado por una perspectiva humanitaria. Pero estas personas no consideraron a la biología en su interpretación de las cosas, al contrario. No ha cambiado mucho hoy en día. Nuestra comprensión del clima, por ejemplo, no está en consonancia con la forma en que se produce el clima. El movimiento climático es un debate contante sobre las chimeneas y la quema de combustibles fósiles, es decir, fuentes artificiales y soluciones artificiales a la contaminación. Mientras que el clima en sí mismo está generado por organismos biológicos. Cada elemento de nuestro clima -el nitrógeno creado por las bacterias, el dióxido de carbono liberado por los organismos vivos, el oxígeno creado por la fotosíntesis- cada elemento de nuestra atmósfera está generado por los organismos que viven en nuestro planeta. Así que me parece, como biólogo, que las soluciones obvias al cambio climático sean biológicas: se cuide el suelo, se cuiden los bosques, etcétera. Eso no tiene nada que ver, o poco que ver, con las deliberaciones de las personas que quieren resolver los problemas climáticos. Básicamente ignoran esos factores y piensan en chimeneas y combustibles fósiles.

ACRES USA. ¿Qué hay de otras causas y movimientos?

LATHAM. Incluso en los movimientos sociales de nuestros días, estamos muy lejos de tener una comprensión biológica del mundo. Incluso en la medida en que tenemos una comprensión del funcionamiento biológico del mundo, esa comprensión resulta ser regresiva. Los biólogos post-Darwinianos, como Huxley, construyeron una realidad mental de cómo los organismos interactúan, una concepción básicamente competitiva, que encajaba con la política de la época, y desempeñaba su papel en el desplazamiento del papel de la religión en el ámbito de la filosofía y la política. Pero la nueva realidad que construyeron de cómo los organismos interactúan era básicamente una visión negativa. Todo se trataba de competencia y así sucesivamente. Establece que las personas compiten entre sí, que las especies compiten entre sí, y no deja ningún papel para las sinergias entre organismos. Sin embargo, si realmente se estudia la biología adecuadamente, se descubre que la sinergia está en el corazón de cada interacción. Acepto que hay organismos que van de un lado a otro y se comen unos a otros, y hay organismos que compiten entre sí, pero si documentamos las interacciones entre organismos y entre ellos encontraremos que el 99 por ciento de ellos son sinérgicas. No vemos eso, porque es demasiado obvio, y no se nos enseña eso en nuestras clases de biología. Vemos nuestras interacciones con otras especies como negativas y competitivas. El movimiento alimentario está desechando esa idea. Dice que las interacciones entre especies y organismos son positivas y sinérgicas y constructivas, como el compostaje y las familias. Es una ruptura fundamental con toda la ideología de la Ilustración. Es básicamente el derrocamiento del neo-Darwinismo y en gran medida también del materialismo.

ACRES USA. En interés del argumento, consideremos el caso del crecimiento. Si una concepción de la sinergia está en el corazón de la agroecología y de todo lo que queremos hacer, ¿cómo se relaciona con el enorme problema de la humanidad, nuestra adicción al crecimiento? No es difícil ver que el crecimiento económico perpetuo es canceroso y destruye el planeta. El crecimiento económico parece querer recuperar los procesos biológicos, el crecimiento biológico que la gente siempre observa a su alrededor.

LATHAM. La analogía entre crecimiento biológico y crecimiento económico se basa en una metáfora. Es como si la economía creciera de la misma manera que crece una planta y crece un animal. Eso no es estrictamente cierto. El propósito de una economía es permitir la acumulación de riqueza. A los poderes les gusta que su riqueza sea asimilada como que también es la nuestra, así que introducen todos estos conceptos en la economía que nos ayudan a mezclar esas cosas. Hay una diferencia entre el flujo de dinero a través de una economía, la acumulación de riqueza y bienes materiales, y la acumulación de felicidad. Esos tres componentes de una economía son esencialmente independientes entre sí. Pero los poderes quieren mezclarlos, de manera que nos identifiquemos con «la economía» como algo que necesitamos proteger y alimentar y nutrir, cuando lo que realmente necesitamos proteger es nuestra felicidad y nuestra necesidad de ser económicamente independientes a medida que conseguimos la parte que nos corresponde. Su economía puede estar creciendo sin que eso suponga beneficio para otras personas. Al mismo tiempo, usted puede estar beneficiando a otras personas sin que se produzca crecimiento económico. Son conceptos separados.

ACRES USA. ¿Está usted argumentando que la cosmovisión biológicamente fundamentada de la agroecología y del movimiento por la alimentación representa esta última idea en el mundo real, ya que los agricultores involucrados participan en un ciclo, más que en la extracción? Incluso la comida desperdiciada se descompone. No termina flotando para siempre en un manchón sobre el Océano Pacífico dos veces más grande que Texas.

LATHAM. Sí. Puedes concebir dos formas de manejar el mundo. Uno basado en los combustibles fósiles y la minería y los conceptos mecanicistas, o se puede concebir un sistema enteramente basado en la biología. Y ambos pueden satisfacer las mismas necesidades. Pero una de esas economías genera enormes cantidades de carbono, es tremendamente ineficiente, es enormemente destructiva para la tierra y casi inevitablemente muy contaminante. La otra es mayormente benéfica y genera pocos problemas. Se puede pensar en destruir el planeta con esta última forma de economía, pero sería una forma bastante difícil de hacerlo. Mientras que la que se basa en la minería y la extracción y así sucesivamente, es difícil imaginar que no destruya el planeta. El movimiento por la alimentación representa esa segunda economía.

ACRES USA. Como ideal, ¿no es difícil de llevar a cabo?

LATHAM. Ciertamente hay maneras de hacer que cada uno contribuya de alguna manera apropiada. Asumiendo un papel de acuerdo con los procesos biológicos se puede tener acceso a un suministro de alimentos, mientras que con el mecanicista es difícil determinar cómo podría hacerlo.

ACRES USA. Hablando en términos prácticos en vez de teóricos, tenemos cifras sólidas que muestran cómo la agricultura ecológica, la agroecología o regenerativa pueden alimentar al mundo.

LATHAM. Es muy importante para la gente saber que una agricultura sana puede alimentar al planeta varias veces.

ACRES USA. ¿Cuál es su visión del movimiento hacia una agricultura urbana?

LATHAM. Se está difundiendo la idea de que necesitamos el suelo de las ciudades para la producción de alimentos. No hay una necesidad fundamental de que las ciudades proporcionen lo que el país proporciona. Muchas noticias sobre ciudades que se proveen de alimentos por sí mismas son excusas para difundir el mito de la escasez de alimentos que se avecina en nuestro futuro. Caen en la misma trampa que las historias que dicen que necesitamos insectos para alimentar al mundo, y todo el mundo tendrá que empezar a comer insectos. Eso es ridículo, y lo mismo ocurre con la idea de que las ciudades tendrán que empezar a alimentarse por sí mismas. Pueden alimentarse por sí mismas si lo desean, o los hogares pueden alimentarse por sí mismos si lo desean. Es una elección totalmente local. Nadie debería tomar estas decisiones basándose en las necesidades teóricas nacionales o supuestas necesidades internacionales.

ACRES USA. Pero muchas personas subempleadas y mal pagadas se agrupan en las ciudades porque allí es donde encuentran trabajo cuando lo hay, y los servicios sociales cuando no lo están. El hacinamiento y las enormes brechas de riqueza no desaparecerán pronto. ¿Acaso las metas del movimiento por la alimentación no encajan con la idea de que estas personas cultiven algo de su propia comida en la ciudad para complementar sus bajos salarios? Si puedes cultivar algo de lo que comes, tienes una ventaja, y el proceso de cultivo es mejor para ti que simplemente matar el tiempo con las diversiones urbanas estándar. Quizá sea una esperanza tonta.

LATHAM. No es una tontería. Como una manera práctica para que la gente se cuide a sí misma, no hay muchas mejores maneras que encontrar la forma de cultivar frutas y verduras. Sin embargo, es importante entender que si se tiene una economía de base biológica en la que la gente cultiva alimentos y cuida la tierra, se necesita mucha gente para hacerlo. La gente se ha trasladado a las ciudades bajo falsas esperanzas. Lo que hay que hacer es hacer del campo un lugar más atractivo y acogedor. Y también poner la tierra a disposición de la gente para que se cuide a sí misma. Una de las razones por la que la gente en todo el mundo va a las ciudades es porque están siendo expulsados de la tierra. Entonces se quedan aislados del campo y ya no pueden volver atrás. Pero el campo en muchos sentidos es el lugar donde debería estar la mayoría de la gente, y si queremos detener la agricultura industrial necesitaremos más mano de obra en el campo.

ACRES USA. Vamos a repasar las cuatro leyes ecológicas de Barry Commoner : 1.- Todo está relacionado con todo lo demás. 2.- Todas las cosas han de ir a parar a alguna parte. 3.- La naturaleza es la más sabia. 4.- En todos los procesos dentro de la biosfera, al final tendremos un déficit en términos de materia y energía. Usted ha argumentado que el primero y el cuarto no se ajustan realmente al movimiento por la alimentación, mientras que el segundo y el tercero sí lo harían.

LATHAM. La primera ley necesita modificación porque todas las cosas no están conectadas por igual. Mi conexión con usted, por ejemplo – estamos físicamente distantes pero resulta que estamos al teléfono, pero mi conexión con mi vecino es mucho mayor. Mi conexión con mi finca es mucho mayor, y mi conexión con mi tierra es mucho mayor. Hay un vínculo químico y social con esas personas que no existe con ustedes, e igualmente mi conexión con los otros siete mil millones de personas en el planeta es aún más tenue que con ustedes porque hemos hablado por teléfono un par de veces. El principio del movimiento por la alimentación es que estamos conectados por los alimentos que comemos. Todos contribuimos al ecosistema, pero estas conexiones no se reflejan adecuadamente en la simple afirmación de que todo está conectado. En cuanto a su cuarta ley, lo que el movimiento por la alimentación está diciendo es que hay alimentos disponibles ahí fuera. Hay ciclos en los ecosistemas, y si se comprenden los principios de la permacultura, la agricultura y los ecosistemas en general, se pueden aprovechar esas técnicas y sistemas para generar grandes cantidades de alimentos a partir de un pedazo muy pequeño de tierra.

ACRES USA. ¿Saber cómo usar esos ciclos produce excedentes, y los excedentes son un tipo de alimento que está disponible?

LATHAM. Sí, eso es precisamente. En cuanto a la segunda ley de Commoner sobre todo lo que va a algún lado, no hay ninguna disputa entre él y el movimiento por la alimentación. Ahora estamos descubriendo, lentamente, todas las formas en que los productos químicos y materiales sintéticos siempre terminan en alguna parte. Si se quiere hacer una economía basada en la extracción de carbón y petróleo, etc., y sintetizar sustancias artificiales a partir de él, hay que ser consciente y tener muy claro dónde acaban esas sustancias químicas y esos materiales.

ACRES USA. Entonces, ¿el movimiento por la alimentación está reforzando y difundiendo la idea de que, como todo debe ir a algún lado, es mejor prestar mucha atención a las transformaciones que se ponen en marcha cuando se deja que ciertas sustancias vayan de un lugar a otro?

LATHAM. Esa es una afirmación totalmente cierta. No diría que es el mensaje más contundente del movimiento por la alimentación, pero es cierto y el mensaje podría hacerse más potente. La gente lo dice, y es perfectamente cierto – esa es una de las razones por las que la gente quiere practicar la agricultura ecológica. Mira los neonicotinoides, que ahora sabemos que están afectando a más organismos que las abejas melíferas.

ACRES USA. Lo que nos lleva a «la naturaleza es la más sabia», el corazón de la materia.

LATHAM. Lo es. El movimiento por la alimentación no discute esa afirmación de ninguna manera.

ACRES USA. ¿Qué es lo hace que el movimiento por la alimentación sea una fuerza imparable?

LATHAM. Permítanme darles un ejemplo. La gente está haciendo dinero porque están siguiendo los procesos naturales. Los agricultores que trasladan sus animales a los pastizales y los sacan de las CAFOs [Operaciones Concentradas de Alimentación Animal], gente como Joel Salatin, la gente que hace pastoreo, como consecuencia de aprovechar las sinergias entre organismos, está ganando dinero. Un agricultor que emplea los sistemas CAFO utiliza básicamente combustibles fósiles para sustituir numerosos servicios de los ecosistemas y luego depende de subsidios para salvarse a sí mismo, porque tales sustituciones son costosas. Las CAFOs ignoran el modelo alternativo donde si usted opera correctamente las fuerzas biológicas, puede ganar dinero. Las personas pueden ganar dinero, incluso en un entorno hostil y no subvencionado, creando un círculo en el que producen alimentos que saben mejor y benefician a la salud humana junto con el medio ambiente y el bienestar de los animales. Esta combinación de lógica sólida y poder práctico es difícil de resistir y el movimiento por la alimentación la está poniendo en acción. Sin embargo, no es sólo en estas prácticas que el movimiento por la alimentación está teniendo éxito y creciendo. Por ejemplo, el movimiento por la alimentación tiene escasos impedimentos de entrada, además es una de las pocas áreas de la economía donde elegir este tipo de alimentación puede ser efectivo.

ACRES USA. De alguna manera, como usted señaló en su artículo, esto se está logrando en gran medida sin que los adinerados patrocinadores estén aportando grandes cantidades de capital.

LATHAM. Algunas personas con dinero se están moviendo ahora en este sentido pero no está siendo financiado al mismo nivel que el movimiento climático, por ejemplo. El movimiento por la alimentación está formado por personas que hacen cosas por sí misma porque realmente quieren hacerlo. A muchos de ellos no se les paga – están organizando cosas en Facebook, escribiendo a sus miembros del Congreso, ayudando a alimentar a los hambrientos, o lo que sea. Este es un compromiso de la gente común y corriente, y eso es una ventaja. Otra ventaja es que es mucho más difícil cooptar a esa clase de gente. Es difícil concebir cómo Monsanto podría financiar una fundación para persuadir a las organizaciones del movimiento por la alimentación de que hagan lo incorrecto y beneficien a Monsanto. La Fundación Kellogg le dio a Slow Food USA un millón de dólares hace un año, una semana después de que Slow Food USA despidiera a su director general, que se expresaba abiertamente sobre temas de justicia alimentaria. Deberían esperar ver cosas así, pero sospecho que será difícil, quizás imposible, que los agronegocios se infiltren y destruyan el movimiento por la alimentación

ACRES USA. ¿Está usted de acuerdo en que la idea central detrás del movimiento por la alimentación, de que los alimentos pueden ser utilizados como una forma de salir de la trampa que hemos creado durante siglos intentando el dominio técnico de la naturaleza- una idea que se traslada fácilmente a través de barreras culturales, barreras lingüísticas, educativas y de clase?

LATHAM. Sí. La comida es tan fundamental en la vida de todos, lo sepan o no.

ACRES USA. ¿Cuáles son sus planes a corto plazo?

LATHAM. Nosotros, aquí en el Proyecto de Recursos de Ciencias Biológicas, vemos nuestro papel en cómo tratar de articular las ideas que son necesarias para un mundo seguro y un sistema alimentario justo, y la mayoría de ellos concuerdan en torno al movimiento por la alimentación. A veces eso significa articular las críticas científicas sobre los transgénicos o el uso de productos químicos, a veces significa ayudar a la gente a entender la genética, que es un concepto ideológico central del control social, y a veces eso significará analizar el movimiento por la alimentación más a fondo.

—————————————————–

Cómo la alimentación y la agricultura regenerativas pueden invertir la despoblación y la pobreza de las zonas rurales

La alimentación y la agricultura regenerativas son la nueva referencia de lucha contra el cambio climático y para una agricultura respetuosa con el medio ambiente y el uso de la tierra en todo el mundo”

Por Ronnie Cummins, 5 de noviembre de 2017

commondreams.org

“Las prácticas regeneradoras apoyan los métodos de producción ecológica y la permacultura, que excluyen el uso de pesticidas, semillas transgénicas y técnicas de agricultura industrial”, escribe Cummins (Foto: Jason Johnson/Flickr/cc)

Uno de los debates con mayor carga política hoy en día, sobre todo en los Estados Unidos y Europa, es la llamada «crisis de inmigración»: 250 millones, el 3 % de los 7600 millones de personas que hay en el mundo hoy en día, son inmigrantes. Aproximadamente el 20 %, lo que representa 47 millones de personas, viven en los EE. UU. Otros 35 millones viven en Europa.

Un informe de Inter Press News Service dice:

Las recientes elecciones en todo el mundo han mostrado claramente un creciente apoyo público a los candidatos y partidos políticos que abogan por la deportación de los migrantes y por restricciones más duras contra la inmigración, incluyendo paralizarla por completo. Al mismo tiempo, la oposición, los desafíos y la resistencia a las deportaciones y las restricciones de inmigración se han extendido, y se han hecho más visibles”.

En los EE. UU., Donald Trump ha consolidado su apoyo a los racistas blancos y los conservadores al desacreditar repetidamente a los 10 millones de inmigrantes indocumentados mexicanos y centroamericanos, al calificarlos como «criminales y violadores» y ha prometido construir un muro a lo largo de la frontera mexicana y deportar a todos los «extranjeros ilegales», incluyendo a 800.000 «soñadores» -inmigrantes latinoamericanos que llegaron a los EE. UU. cuando eran niños y niñas- y a los inmigrantes latinos que habían sido deportados.

«Un número creciente de dirigentes de

organizaciones agrícolas y de la alimentación

han descrito la agricultura regenerativa como la’ próxima etapa’

de la agricultura y la alimentación ecológicas.»

Trump y los partidarios de las deportaciones masivas no reconocen que la política exterior de los Estados Unidos -específicamente la fallida Guerra contra las Drogas; el apoyo desde hace mucho tiempo a los regímenes corruptos, la policía y las fuerzas militares en México y Centroamérica; y los llamados Tratados de Libre Comercio (TLCAN y CAFTA)- han provocado el empobrecimiento sistemático de los pequeños agricultores y habitantes rurales al sur de la frontera, provocando la violencia de las pandillas y los cárteles de las drogas, forzando a millones a cruzar a los Estados Unidos.

Mientras tanto, los trabajadores inmigrantes que carecen de documentos de ciudadanía o de trabajo en los Estados Unidos pagan miles de millones de dólares en impuestos, fortalecen a las comunidades inmigrantes y de bajos ingresos, envían miles de millones de dólares en remesas a sus familias y comunidades de origen cada año. A menudo trabajan en varios puestos de trabajo, proporcionando un gran impulso para la economía estadounidense, especialmente en los sectores agrícola, procesamiento de alimentos, restaurantes, salud y construcción, donde el trabajo es duro y los salarios bajos.

En la reciente Cumbre Regional sobre Migrantes y Retornados celebrada en Quetzaltenango (Xela), Guatemala, del 20 al 21 de octubre, surgió una nueva y prometedora solución a la «crisis migratoria» global: la creación de proyectos locales de desarrollo económico impulsados por las bases y basados en prácticas de alimentación, agricultura y uso de la tierra regenerativas.

La alimentación y la agricultura regenerativas son la nueva referencia de una agricultura y uso del suelo respetuosos con el clima y el medio ambiente en todo el mundo. Un número cada vez mayor de dirigentes de organizaciones agrícolas y de alimentación han descrito la agricultura regenerativa como la «próxima etapa» de la agricultura y la alimentación ecológicas.

Las prácticas regenerativas son esencialmente métodos mejorados de producción ecológica y de permacultura que excluyen el uso de pesticidas, semillas transgénicas y técnicas agrícolas industriales. Las prácticas regenerativas se centran en mejorar la salud del suelo, la retención de agua y la conservación del agua de lluvia, así como en el uso de la rotación de cultivos, la agrosilvicultura y el pastoreo rotativo planificado, con la intención de retener el exceso de carbono presente en la atmósfera.

Un número creciente de explotaciones agrícolas regenerativas de todo el mundo están demostrando cómo los agricultores y pastores pueden restaurar la salud del suelo, mejorar la nutrición alimentaria y aumentar los rendimientos, mientras que fortalecen los sistemas alimentarios locales y las prácticas tradicionales (tales como el ahorro de semillas y la cría de animales a pequeña escala), empoderan a las mujeres y los jóvenes, y restauran o mejoran la seguridad alimentaria de la comunidad.

Los participantes en la Cumbre de Migrantes en Guatemala discutieron cómo un programa de financiamiento transfronterizo de «tres por uno» a base de fondos comunes o de préstamos, apoyado por inmigrantes, repatriados, ciudadanos y autoridades locales podría potencialmente proveer los recursos para una transformación importante de las prácticas alimentarias, agrícolas y de uso de la tierra de la región.

Los líderes de la recién formada alianza, Regeneración Guatemala, explicaron que la restitución del carbono y la fertilidad del suelo, la conservación del agua, la captación de lluvias y la utilización de prácticas ecológicas y «más allá de la producción ecológica» de cereales, sistemas agroforestales y ganadería regenerativa (especialmente avícola) podrían hacer de Guatemala un líder agrícola en la región. Al regenerar el sistema agrícola guatemalteco, el país podría abastecer a sus 16 millones de habitantes con alimentos asequibles, de alta calidad y ricos en nutrientes, así como proporcionar empleo y un desarrollo económico muy necesario en el campo y en las zonas urbanas adyacentes, donde la pobreza y la delincuencia son los principales factores que impulsan la migración forzada.

Guatemala es una nación predominantemente rural, indígena y agrícola, similar a otras naciones de África, Asia y el Medio Oriente, donde la migración forzada se ha convertido en un tema crítico. Un 67 por ciento de los ciudadanos guatemaltecos, así como la mayoría de los más de dos millones de inmigrantes guatemaltecos en Estados Unidos (75% de los cuales están potencialmente sujetos a deportación por el gobierno de Trump) provienen de comunidades rurales donde la pobreza, la desnutrición y la degradación ambiental son la norma. Una situación similar en toda la región ha impulsado a millones de mexicanos, salvadoreños y hondureños durante las últimas décadas a exiliarse forzosamente en los Estados Unidos y Canadá.

Como los participantes en la Cumbre de Xela recalcaron una y otra vez, muchos de sus compatriotas enl exilio forzado en El Norte estarían felices de regresar con sus familias y comunidades de origen, si hubiera empleo y estabilidad social.

Los más de 1.500 delegados reunidos en Quetzaltenango aplaudieron con entusiasmo cuando los oradores señalaron que la llamada Revolución Verde de Guatemala, que incluye el uso intensivo de pesticidas tóxicos, fertilizantes químicos, monocultivos, transgénicos y el modelo agroexportador, ha tenido un efecto desastroso en sus comunidades y naciones de origen. La reacción fue la misma cuando los oradores hablaron sobre el modelo de comida chatarra, representado por Coca-Cola, McDonald’ s, KFC y Burger King, y los llamados Tratados de Libre Comercio, incluyendo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y los Tratados de Libre Comercio de Centroamérica.

Los asistentes a la conferencia, representando a una amplia muestra representativa de comunidades indígenas, pequeños agricultores, cooperativas agrícolas, estudiantes, activistas religiosos, defensores de los derechos de los migrantes y retornados (inmigrantes que han regresado o han sido deportados de los Estados Unidos), apoyaron con entusiasmo la idea de utilizar prácticas agrícolas tradicionales y regenerativas para restaurar la seguridad alimentaria, la salud pública, la estabilidad climática y la prosperidad rural en las zonas empobrecidas de México y Centroamérica, donde la migración forzada se ha convertido en la norma.

Como lo expresó el guatemalteco Reginaldo Haslett-Marroquín del Proyecto Principal de Calles de Minnesota y Regeneración Internacional, que desarrollando sistemas de agricultura regenerativa, como el Proyecto Avícola Regenerativo, en todo los Estados Unidos y México «se puede provocar una revolución de ideas y un flujo de capital» en comunidades rurales empobrecidas por las prácticas agrícolas intensivas en el empleo de energía y productos químicos, la llamada Revolución Verde, algo que ha fracasado. (Diario La Hora del 21 de octubre de 2017).

Más allá de la discusión del muro de Trump, las deportaciones masivas y la discriminación racista a la que se enfrentan millones de latinos indocumentados en Estados Unidos, los asistentes a la Cumbre de Migrantes respondieron con entusiasmo a la idea de que las comunidades «de aquí y de allá» podrían unirse y «plantar la semilla» para un nuevo sistema de alimentación y agricultura saludables, amigables con el clima y económicamente viable.

Aprendí en la Cumbre que los migrantes guatemaltecos de los Estados Unidos ya envían cerca de 7 mil millones de dólares al año en transferencias de dinero a sus familias y comunidades de origen, dos veces la cantidad de dinero que los agroexportadores guatemaltecos reciben por todas sus exportaciones de productos como café y las bananas. Los migrantes salvadoreños envían una cantidad similar, mientras que los migrantes mexicanos envían más de 70 mil millones de dólares a sus comunidades de origen este año. Canalizar un porcentaje estratégico de estas remesas a proyectos agrícolas regenerativos basados en la comunidad, junto con la presión a los gobiernos locales y federales para que igualen estas remesas de migrantes, podrían no sólo restablecer la esperanza y la vitalidad de estas comunidades rurales, sino también reducir drásticamente el número de migrantes forzosos. Incluso los seguidores de las deportaciones de Donald Trump podrían tener problemas para rechazar este tipo de financiación transfronteriza para el desarrollo económico autosuficiente local.

Lo que ahora se llama agricultura regenerativa

o agricultura ecológica, ya fue practicada hace miles de años

por los mayas y otros pueblos indígenas

en toda América”.

Como les expliqué a los asistentes a la conferencia durante la sesión plenaria final, la agricultura regenerativa no es un nuevo invento de los agricultores de prácticas ecológicas del Norte. Es la adaptación de las antiguas prácticas agrícolas, como el sistema maya tradicional aplicado a los sistemas agroforestales, el cultivo de la milpa (maíz, frijoles, calabaza y otras hortalizas), el compost natural y el manejo holístico de aves de corral y ganado.

Una forma de lo que ahora se conoce como agricultura regenerativa, o agricultura ecológica regenerativa, ya fue practicada hace miles de años por los mayas y los pueblos indígenas de toda América. Los mayas sobrevivieron y prosperaron en armonía con la Tierra -sin pesticidas, fertilizantes químicos, transgénicos o confinamiento concentrado de animales. Se alimentaron a sí mismos manteniendo al mismo tiempo un ciclo de carbono adecuado (un equilibrio entre el CO2 en la atmósfera y el carbono en el suelo y los bosques) y un medio ambiente biológicamente sano y diverso.

Nuestra misión hoy como «regeneradores» en América y el resto del mundo, es retomar, restablecer y ampliar estas prácticas tradicionales. Debemos modificarlas para que se ajusten a las condiciones ecológicas y de mercado específicas de nuestras zonas y regiones locales. De esta manera podemos regenerar el suelo, mejorar drásticamente los rendimientos y la calidad de los alimentos, restaurar la salud pública, eliminar las presiones que causan la migración forzosa y, por último, pero no menos importante, reducir y secuestrar suficiente exceso de carbono de la atmósfera a través de una fotosíntesis y reforestación mejorada de las plantas para revertir el calentamiento global y la alteración del clima.

Más allá del sueño todavía utópico de fronteras abiertas, los guatemaltecos y las comunidades indígenas han comenzado a discutir en términos prácticos lo que podemos hacer ahora mismo para mitigar y eventualmente poner fin a la migración forzosa. Les debemos a ellos y a nosotros mismos cambiar el debate sobre la «crisis de la inmigración» y la construcción de muros y la deportación hacia la solidaridad y la regeneración transfronterizas.

Ronnie Cummins es un veterano activista veterano, autor y organizador. Es el Director de la Asociación Internacional de Consumidores Orgánicos y su filial de México, Vía Organica.


Noticias relacionadas:

https://aliciaatravespantalla.blogspot.com.es/p/ecologia-soberania-alimentaria.html

—————————————–

Los alimentos ecológicos no tienen mayores niveles de micotoxinas que los convencionales

Por Claire Robinson, 15 de junio de 2017

GMWatch

Un nuevo estudio muestra que los ataques contra los alimentos ecológicos por parte de los grupos de presión de la Agricultura Industrial no eran acertados.

Las micotoxinas son toxinas producidas por mohos que pueden causar enfermedades e incluso la muerte en los seres humanos y los animales. Pueden desarrollarse en los cultivos y por este motivo las Agencias de Regulación de todo el mundo han establecido unos límites a la cantidad de micotoxinas que pueden estar presentes en alimentos y piensos.

Durante años, los grupos de presión de la Agricultura Industrial han afirmado que los productos ecológicos eran más propensos a tener unos niveles más altos de micotoxinas que los cultivados con productos químicos, ya que en la agricultura ecológica no se utilizan fungicidas, o lo que se utilizan son menos eficaces.

Pero este nuevo estudio nos dice todo lo contrario, que esa afirmación no es cierta. Los investigadores midieron las micotoxinas en los alimentos ecológicos y en los producidos de manera convencional, y encontraron que “A pesar de no utilizar fungicidas, la agricultura ecológica es capaz de mantener muy bajos los niveles de contaminación por micotoxinas”.

Este estudio no analizó los niveles de micotoxinas de los cultivos transgénicos.

Las micotoxinas en los cultivos ecológicos de cereales frente a los convencionales y algunos otros cultivos de las regiones templadas.

G. Brodal, IS Hofgaard, GS Eriksen, A. Bernhoft y L. Sundheim

World Mycotoxin Journal 9 (5): 1-16, junio de 2016

Resumen

En este artículo se presentan estudios comparados entre el contenido de desoxinivalenol (DON), toxinas T-2/HT-2, zearalenona (ZEA), nivalenol (NIV), ocratoxina A (OTA) y fumonisinas en los granos de cereal y patulina (PAT) en manzanas y productos a base de manzana, producidos en los cultivos ecológicos y convencionales de las regiones templadas. Algunos de los estudios se basan en datos recogidos en ensayos controlados de campo, sin embargo, la mayoría se han realizado en explotaciones agrícolas y de los datos recogidos de la cesta de la compra. Casi la mitad de los estudios se han ocupado de los niveles de desoxinivalenol presentes en los cereales. La mayoría de estos estudios no encontraron diferencias significativas en el contenido de desoxinivalenol en el grano de los cereales empleando una u otra técnica de cultivo, pero algunos sí mostraron unos niveles menores de desoxinivalenol en los productos ecológicos que en los cereales producidos convencionalmente. Varias de esas investigaciones ofrecen datos de unos bajos niveles de desoxinivalenol en los cereales, muy por debajo de los límites legales permitidos en los alimentos por la UE. Muchos autores sugirieron que las condiciones climáticas, la ubicación, las prácticas agrícolas y la rotación de cultivos son factores más importantes para el desarrollo de desoxinivalenol que el tipo de cultivo. La avena producida de manera ecológica contenía niveles más bajos de toxinas T-2/HT-2 que la avena producida convencionalmente. La mayoría de los estudios sobre la presencia de zearalenona no mostró diferencias importante entre una técnica agrícola y otra, ni concentraciones más bajas en el cereal producido ecológicamente. Para el resto de micotoxinas en los cereales, principalmente en los niveles más bajos, no se observaron diferencias entre los dos métodos de cultivo. Algunos estudios mostraron una mayor contaminación por patulina en los manzanos cultivadas ecológicamente que en los cultivados convencionalmente. La diferencia puede deberse a un control más eficaz de los mohos en los huertos convencionales. No se puede concluir que ninguno de los sistemas de cultivo incremente el riesgo de contaminación por micotoxinas. A pesar de no utilizarse fungicidas, el cultivo ecológico parece ser capaz de mantener unos niveles bajos de contaminación por micotoxinas. Se necesitan unas comparaciones más sistemáticas y ensayos de campos controlados científicamente para aclarar si hay diferencias en los riesgos de contaminación por micotoxinas entre los cultivos producidos de manera ecológica y convencional.

Este estudio está disponible en:

https://www.researchgate.net/publication/304562681_Mycotoxins_in_organically_versus_conventionally_produced_cereal_grains_and_some_other_crops_in_temperate_regions?focusedCommentId=5935c57f82999cd4857057f1

——————————————————

Un informe del Parlamento Europeo apoya el consumo de los alimentos ecológicos y advierte que los herbicidas son mucho más peligrosos de lo que se pensaba

Por Laura Donnelly, 2 de junio de 2017

The Telegraph

Los consumidores deben considerar la opción de consumir alimentos ecológicos porque los pesticidas presentes en los alimentos son mucho más peligrosos de lo que se pensaba, pudiendo provocar daños en el cerebro humano, según se sugiere en un importante estudio.

La investigación, publicada por el Parlamento Europeo (pdf), advierte de los “elevados riesgos” de los actuales niveles de exposición a los plaguicidas, especialmente para los niños y la mujeres embarazadas.

Esto podría dar lugar a una modificación en los niveles legales de plaguicidas o a cambios en el etiquetado de los productos alimenticios, conforme a las leyes de la UE, que han solicitado que el Reino Unido revise sus políticas el próximo año.

El estudio señala que los daños provocados por los plaguicidas utilizados en la agricultura en toda la UE ascienden a unos 143.000 millones de euros al año, sobre la base de la pérdida de ingresos debido a tales daños.

El informe advierte de las cada vez más sólidas evidencias de que los residuos de los insecticidas están dañando el cerebro de las personas y reduciendo su cociente intelectual. Y también plantea serias preocupaciones sobre los efectos de estos productos químicos, que pueden causar cáncer y daños en el sistema reproductivo.

La investigación, encargada por el Parlamento Europeo, es una revisión de los estudios científicos sobre el impacto de los alimentos ecológicos en la salud humana.

Se dice que los intentos previos para evaluar el impacto de los plaguicidas se han ignorado en las investigaciones, lo que plantea preocupaciones de que las normas de regulación aprobadas sobre los insecticidas sean insuficientes.

El estudio fue llevado a cabo por la Unidad de Prospectiva Científica del Parlamento, dirigida por la Universidad Sueca de Agricultura Científica.

Al menos se conocen unos 100 plaguicidas diferentes que provocan daños neurológicos en los adultos, y todas estas sustancias deben, por tanto, también ser sospechosas de causar daño en el cerebro en desarrollo”, dice el Informe.

Es probable que estos efectos adversos sean duraderos y uno de los principales daños es el déficit cognitivo, a menudo expresado en términos de CI. Las evidencias sugieren que las actuales exposiciones a ciertos plaguicidas utilizados en la UE pueden suponer un coste de unos 143.000 millones de euros al año, calculado a partir de la pérdida de por vida debido a un menor cociente intelectual asociado a una exposición durante el embarazo”.

En el Informe se sigue diciendo que este cálculo es una subestimación, ya que no se han considerado las posibles contribuciones de los plaguicidas a la enfermedad de Parkinson, la diabetes y ciertos tipos de cáncer.

Los investigadores recomiendan limitar la exposición a las frutas y hortalizas no ecológicas, y dicen que la mujeres embarazadas y los niños deben tener especial cuidado.

Los estudios revisados en este informe muestran que una menor exposición de la población en general sería deseable desde la perspectiva de la salud humana a la luz de los descubrimientos de los estudios epidemiológicos, que indican unos costes muy elevados por los niveles actuales de exposición a los plaguicidas”, dice el informe.

Los anteriores intentos de evaluar los riesgos no han tenido debidamente en cuenta los estudios epidemiológicos, que evalúan la salud de amplias capas de la población, limitándose a los ensayos científicos.

Es motivo de preocupación que las evaluaciones de riesgo no hayan tenido en cuenta las evidencias aportadas por los estudios epidemiológicos, que muestran los efectos negativos de la exposición a bajos niveles a los insecticidas organofosforados en el desarrollo cognitivo de los niños, a pesar de los altos costes que supone el déficit cognitivo para la sociedad”.

Y plantea la preocupación de que las evaluaciones de riesgo hayan sido insuficientes, al no examinarse adecuadamente el aumento de riesgo de cáncer, así como los impactos en el sistema hormonal y el sistema nervioso.

También es motivo de preocupación que las evaluaciones de riesgo hayan sido inadecuadas para abordar las exposición a la mezcla de varios plaguicidas, específicamente los efectos cancerígenos, la neurotoxicidad, así como los efectos que alteran el sistema endocrino. Además, existe la preocupación de que los protocolos de evaluación de riesgos estén por detrás de los estudios científicos independientes, algo que no se considera adecuadamente y se aceptan con demasiada facilidad las lagunas existentes en los datos”, advierten los autores.

El autor principal del estudio, el Profesor Asistente Axel Mire, dijo:

Las prácticas de la agricultura ecológica, en particular por el empleo de una menor cantidad de plaguicidas y antibióticos, ofrecen beneficios para la salud humana”.

Los responsables políticos deben apoyar el uso de estas prácticas y su introducción en la agricultura convencional y asegurarse de que la agricultura ecológica sirva para el desarrollo de futuros sistemas alimentarios saludables”.

En virtud de una directiva de la UE sobre el uso sostenible de los plaguicidas, los Estados miembros deben publicar cada cinco años un plan nacional para reducir los riesgos por el uso de los plaguicidas, y el Reino Unido debe actualizar sus restricciones en el año 2018.

Varios estudios realizados en los Estados Unidos han demostrado que la exposición de las mujeres a los plaguicidas durante el embarazo, lo cual se ha comprobado mediante análisis de orina, estaba asociado con impactos negativos en el CI de sus hijos y en el desarrollo neuroconductual. Un estudio sobre el crecimiento estructural del cerebro encontró que la materia gris era más delgada en los niños cuyas madres habían tenido una mayor exposición a los plaguicidas organofosforados, que se utilizan ampliamente en los plaguicidas.

Peter Melchett, director de políticas de la Soil Association dijo:

Este informe es muy importante para los agricultores ecológicos y para todos aquellos que se alimentan de productos ecológicos. Las ventas de alimentos ecológicos llevan creciendo con fuerza durante cinco años, y una de las razones clave para que la gente compre productos ecológicos es que se sienten mejor, tanto ellos como sus familias, una de las razones por las que la mitad de los alimentos para bebés que se venden en el Reino Unido es ecológica. Esta nueva revisión científica independiente confirma que la gente tiene razón”.

Los plaguicidas están entre los productos más estrictamente regulados en el mundo, con rigurosas evaluaciones de seguridad y estudios científicos llevados a cabo para asegurar que cualquier residuo que permanezca en los alimentos no plantee ningún problema”, dijo Chris Hartfield, consultor senior de asuntos normativos de la National Farmers Union.

Es importante señalar que este informe del Parlamento Europeo deja muy claro que sabemos muy poco en estos ámbitos, que las evidencias no son concluyentes y que las conclusiones para la seguridad pública no están claras”.

———————————–

 

El suelo como nuevo elemento integrador

Degradación del suelo: la perjudicial práctica de la quema de rastrojos

Por Lisa Palmer, Noticias de Salud Ambiental

truth-out.org

Carlos Hernando Molina apoyó su bota en el borde la pala y la hincó en el suelo. Sacudió el mango y volteó la tierra que había recogido, señalando los gusanos, insectos y las fibras vegetales que estaban presentes en ella.

Era una tierra viva. Los gusanos se enroscaron y los escarabajos corrían a esconderse. Había gran cantidad de microorganismos, pero no se les podía ver trabajando para descomponer las fibras vegetales, de modo que el suelo estuviera listo para suministrar los nutrientes a las plantas. Una pala llena de una tierra así es un claro ejemplo de una tierra saludable, pero no siempre ocurre esto.

Gran parte de las tierras agrícolas dedicadas al pastoreo que se encuentran alrededor de la finca de Molina, en Latinoamérica, y los pastos en los Estados Unidos, no se parecen a las suyas, que presentan una gran cantidad de árboles y una densa capa de arbustos, hierbas y cobertura vegetal. Pero la norma son amplias praderas sin arbolado o extensas tierras de monocultivos.

Pero una tierra sin una buena cobertura vegetal es susceptible de perder la capa superficial del suelo por la acción del viento o las lluvias torrenciales, se pierde humedad durante los ciclos cada vez más amplios de sequía, con una disminución de los nutrientes que los cultivos necesitan para desarrollarse. En las zonas costeras, está aumentando la salinidad de los suelos. En las áreas resecas, el suelo se lo lleva lejos el viento.

Los agricultores, los investigadores y las agencias de desarrollo están considerando la importancia del suelo, estudiando la manera en que se utiliza y gestiona. Pero la mayor parte de los agricultores siembran monocultivos, realizando menos rotaciones en sus tierras, con pérdida de carbono y unos acuíferos muy mermados.

Molina y otros agricultores con los que me he reunido a lo largo de los años están revirtiendo esta tendencia. Su mayor atención hacia el suelo ha sido una decisión importante, que conduce a un aumento en la producción y los rendimientos, y les ayuda a soportar unas condiciones climáticas extremas.

En una reciente encuesta, 2020 agricultores de todos los Estados Unidos mostraron su entusiasmo por la cubertura vegetal para ayudar a mejorar los suelos, por cuarto año consecutivo, y advirtieron un aumento del rendimiento en el maíz y la soja después de utilizar cultivos de cobertura.

En el oeste de Texas, por ejemplo, Barry Evans hace 20 años que no ara sus campos. Deja los rastrojos secos en el suelo donde cultiva sorgo y algodón, diciendo que son excelentes “reservas de agua”, ya que retienen la humedad y las preciosas gotas de la lluvia. Al no arar los campos, los residuos del algodón, el sorgo, y el trigo sirven como cubierta vegetal y ha creado una capa orgánica que protege al suelo del viento y rompiendo las gotas de lluvia a medida que caen, dispersando suavemente el agua y permitiendo que se filtre lentamente en el acuífero.

En el norte de Punjab, la India, me reuní con Joginder Singh, que había utilizado un nuevo método para plantar arroz en medio de los rastrojos de trigo que quedaron después de la cosecha de la temporada anterior. El suelo se había degradado después de décadas de arado y quema de los rastrojos. Al no arar el suelo después de la recogida del trigo, los suelos pueden drenarse más fácilmente y de este modo mantiene mejor el agua, que está a disposición de las plantas.

Al llegar la época de las fuertes lluvias, otros campos que no tenían tanta materia orgánica se inundaron, mientras que en sus campos el agua no se encharcaba. La capacidad para que los suelos absorban la humedad significa que hay que tiene que regar menos su cosecha de arroz.

Molina, Evans y Singh se encuentran entre los muchos agricultores que están adoptando nuevas técnicas para mejorar la calidad, la función y los procesos del suelo. Están combatiendo las amenazas a la calidad del suelo y mejorando a su vez lo que producen sus tierras, enriqueciendo el suelo con materia orgánica, protegiendo los suelos donde cultivan y utilizando cultivos de cobertura.

Mejorar la salud del suelo es como aumentar nuestros activos”

El suelo es un mundo oculto, como los océanos. Los suelos forman vastas extensiones y son la base de la agricultura y de la biodiversidad, pero poco se sabe de ellos. Los suelos se comportan de manera diferente en diferentes regiones del mundo.

Kate Tully, profesora de agroecología en la Universidad de Maryland, trabaja con los agricultores para mejorar el suelo en áreas vulnerables de todo el mundo, incluyendo los Estados Unidos y las regiones tropicales. Ha estudiado los suelos en áreas que van desde Brasil a Kenia, que tienen suelos profundos y una gran capacidad de absorción de nutrientes. Los suelos tienen entre 10 y 12 metros de profundidad. Compare esto con lo que ocurre en el este de Maryland, donde puede perforar a un metro de profundidad y encontrarse con el agua.

Los suelos “son un gran elemento de integración. Las plantas crecen en ellos, el agua se mueve a través del suelo, y resulta fundamental que tengamos una mejor comprensión de los tipos y distribuciones de los suelos en todo el planeta”, dijo Tully.

Paul West, codirector y científico principal de la Iniciativa de Paisajes Globales en el Instituto de Medio Ambiente de la Universidad de Minnesota, dijo que mantener los suelos saludables es un acto de equilibrio. Es mejor aumentar la cantidad de materia orgánica en el suelo porque se incrementa la capacidad de estos para retener agua.

También dijo que la importancia de los suelos no debe ser subestimada.

Para la agricultura y el desarrollo sostenible, “mejorar la salud de suelo es como aumentar nuestro patrimonio. El suelo que permanece en nuestras tierras de cultivo permite que nuestros ríos estén limpios de sedimentos, pesticidas y fertilizantes. La cobertura vegetal, las zonas arboladas y otras prácticas para mantener el suelo en su lugar también proporcionan un hábitat para la vida silvestre y extraen dióxido de carbono del aire y se almacena en el suelo”, dijo West.

Unos suelos más ricos significa que las plantas disponen de más agua, ya que la materia orgánica es capaz de mantener los nutrientes, explico West. “La materia orgánica actúa como un banco de nutrientes, tales como el nitrógeno, el fósforo, el calcio y el potasio, que se liberan más lentamente y estos nutrientes están disponibles durante toda la estación, mientras que los fertilizantes nitrogenados no permanecen en el suelo durante mucho tiempo”.

Evans sabe que el cuidado del suelo es un importante activo. Fue uno de los primeros de su región, en High Plains, Texas, que forma parte del antiguo “Dust Bowl”, en adoptar la agricultura de conservación después de la tormenta de mayo de 1996, que arrastró buena parte del suelo en el que había cultivado. Perdió casi toda su cosecha. Desde entonces viene utilizando las técnicas de conservación de suelos y agua con el método de siembra directa del algodón y el sorgo conjuntamente con otros agricultores vecinos.

El agua es un bien valioso para Evans. Cuando visité su granja en el otoño de 2012, sólo habían caído 127 l/m² el año anterior y 254 l/m² ese mismo año. El agua que se utiliza para regar el algodón proviene del acuífero de Ogallala, que se enfrenta a una crisis. En 2012, un estudio del Servicio Geológico de los Estados Unidos estimó que el agotamiento de Ogallala significa que no se podrá regar el 35% de las tierras del sur de las Llanuras en los próximos 30 años.

En la India, algunos de los vecinos de Joginder Singh van mucho más allá con los métodos de siembra directa para mejorar la resistencia de los cultivos. Están sembrando el poroto chino o judía mungo entre las cosechas para absorber nitrógeno y agregar otra capa de materia orgánica al suelo.

Los agricultores de esta región habitualmente emplean gran cantidad de fertilizantes, agua y pesticidas, en parte porque estos productos químicos, y la energía para bombear el agua, están subvencionados por el Gobierno. Los nutrientes adicionales condujeron a unos mayores rendimientos durante las dos últimas décadas, pero todo ello ha tenido un elevado coste ecológico. Las aguas subterráneas están contaminadas y los rendimientos se han estancado.

La cooperación entre agricultores se concentra en añadir nutrientes al suelo mediante cobertura vegetal y siembra directa, mirando con sumo cuidado la cantidad de fertilizantes aplicados a los campos, probando su contenido en humedad antes del riego y utilizando periódicamente máquinas niveladoras del suelo guiadas por láser, para conservar el agua del riego.

Escarabajos del estiércol en funcionamiento

Cuando me encontré con Molina, agarró una pala mientras íbamos de su casa a un pastizal. No sabía para qué quería la pala, que es una herramienta común entre los agricultores, pero no esperaba que un productor de leche la utilizase.

Molina es un ranchero del Valle del Cauca, Colombia. La conservación del suelo y el agua aumenta la cantidad de leche que obtiene de su ganado lechero. Solía confiar en los pastizales abiertos, pero años de sequía hicieron desaparecer la capa superficial, actuó la erosión con las lluvias torrenciales, el pastoreo excesivo en algunas áreas y la compactación de los suelos.

Decidió hacer cambios plantando un sistema de pastoreo mixto que mejoró la calidad, funciones y procesos del suelo. Ahora, las capas de plantas, árboles y arbustos forman una rica cobertura nutritiva junto a una mezcla de hierba estrella e hierba de Guinea, que proporcionan forraje para el ganado lechero y al mismo tiempo enriquecen el suelo.

Los pastizales abiertos y el pastoreo excesivo conducen a una suciedad compactada, a erosión y desertificación. Cuando se forma una capa densa, el agua no puede filtrarse y llegar hasta las raíces de las plantas.

Un pastizal convencional se encuentra a un lado de la granja de Molina. Las vacas han comido la hierba hasta la punta, las boñigas de las vacas cubren el suelo, y la pala de Molina apenas puede penetrar en una tierra tan compactada.

La leucaena es un árbol de la familia de las leguminosas cuyas raíces alcanzan una profundidad de 1 metro y fija el nitrógeno para que la planta se fertilice naturalmente, algo que fue fundamental para mejorar el suelo de la granja de Molina. Capas de hierba y leucaenas, plantadas muy juntas unas a otras, forman una densa capa de alimento para el ganado. Las plantas dan sombra al suelo, y cuando Molina señaló a una boñiga de vaca me di cuenta de que los escarabajos del estiércol estaban realizando activamente su trabajo, echando la materia orgánica con rapidez al suelo. El escarabajo del estiércol mueve los residuos de los animales en uno o dos días.

Volví a pensar inmediatamente en los círculos de estiércol que había en el campo de al lado y que se tostaban al sol.

Lisa Palmer es una periodista independiente y becaria en el Centro Nacional de Síntesis Sociambiental (SESYNC) en Annapolis. Escribe sobre energía, cambio climático, medio ambiente y negocios sostenibles para publicaciones como Slate, Scientific American y The Guardian. Con anterioridad escribió sobre cómo las plantas adventicios podrían mejorar el suministro de alimentos frente al cambio climático y si los grandes incendios en Indonesia pueden ayudar a reducir una deforestación desbocada.

—————————————————–

Documental: El suelo en la agricultura ecológica, de Alejandro Gallego.

 

—————————————

Artículos relacionados:

https://www.pagina12.com.ar/32250-el-suelo-no-absorbe-el-agua

—————————————————-

Nuevo Informe del Parlamento Europeo: Un sistema de alimentación ecológica ofrece claros beneficios para la salud

Los pesticidas pueden dañar el cerebro de los niños

Por Elisabeth Grossman, 8 de marzo de 2017

civileats.com

¿Los alimentos ecológicos son mejores para nosotros? Un número cada vez mayor de estudios científicos parecen confirmar que así es.

Y las últimas evidencias para apoyar esta información vienen de un nuevo Informe del Parlamento Europeo, redactado por científicos de diferentes Universidades Europeas, entre ellos uno que también es profesor en Harvard. El equipo de científicos revisó los estudios existentes sobre los alimentos y la agricultura ecológica y concluyó que un sistema de alimentación ecológica ofrece claros beneficios para la salud.

Los Informes anteriores examinaron de manera selectiva los beneficios potenciales de los alimentos y la agricultura ecológica, su sostenibilidad medioambiental o la presencia o no de residuos de plaguicidas, por ejemplo. Este Informe, sin embargo, comprende una visión mucho más amplia de la gama completa de posibles beneficios, desde la nutrición hasta la ausencia de sustancias tóxicas. También se basa en cientos de estudios que incluyen análisis de alimentos y estudios epidemiológicos y de laboratorio.

Sus conclusiones son más claras cuando de trata de minimizar la exposición a los plaguicidas y a los antibióticos en la producción ganadera. Pero el Informe también encontró que los productos cultivos de manera ecológica tienden a contener menos metales pesados como el cadmio, del que los autores dijeron que es “de gran relevancia para la salud humana”.

Más sorprendentes son los hallazgos que sugieren que los alimentos ecológicos pueden ayudar a proteger a los niños de los efectos que alteran las funciones cerebrales provocados por los plaguicidas. Y aunque hay evidencias de que los alimentos ecológicos tienen mayor cantidad de nutrientes, particularmente la leche y la carne, así como otros beneficios en la salud, estas diferencias parecen ser menos significativas que el hecho de que los alimentos ecológicos tienen una menor cantidad de productos químicos peligrosos.

Cuando se trata de plaguicidas, resistencia a los antibióticos y exposición al cadmio, los autores escriben:

Si no se toman las medidas adecuadas, estaríamos perdiendo la oportunidad de abordar algunos importantes problemas de salud pública”.

El Informe ha sido concebido especialmente para los ciudadanos europeos, pero sus conclusiones se pueden aplicar perfectamente a los estadounidenses. “Han hecho un trabajo muy completo de búsqueda de información en la literatura científica, así que no creo que nada del Informe no se pueda aplicar”, dijo la profesora universitaria de salud comunitaria y ambiental de la Boise State University, Cynthia Curl, que investiga los vínculos entre la dieta y la exposición a los pesticidas.

Los plaguicidas pueden dañar el cerebro de los niños

El beneficio inmediato de los alimentos y la agricultura ecológica “es evitar la exposición a los pesticidas que pueden dañar el desarrollo cerebral de los niños”, dijo uno de los coautores del Informe, Philippe Grandjean, profesor de la Universidad del Sur de Dinamarca y de la Harvard T.H. Chan School of Public Health.

Si bien se permite el uso de algunos plaguicidas en la agricultura ecológica, la mayoría de los más utilizados no son tóxicos, y los que se permiten lo son en pequeña cantidad. (Los análisis de alimentos han confirmado que los alimentos ecológicos tienen menor cantidad de residuos de plaguicidas que los alimentos cultivados convencionalmente). Una clase de pesticidas que los agricultores ecológicos deben evitar son los organofosforados. Son del tipo de plaguicidas más utilizado en los Estados Unidos, e incluyen los clorpirifos, utilizados en grandes cantidades en las uvas, los cítricos, las nueces, el brócoli, las espinacas, los arándanos y las fresas.

Los científicos también han encontrado que la exposición prenatal

a los clorpirifos puede alterar físicamente las áreas de desarrollo

del cerebro que controlan el comportamiento,

las emociones, el lenguaje y la memoria

Los organofosforados son muy tóxicos para el sistema nervioso. Varios estudios han examinado el impacto de los clorpirifos en el desarrollo cerebral de los niños, encontrando que cualquier nivel de exposición puede afectar severamente a su cociente intelectual.

Los científicos también han encontrado que la exposición prenatal a los clorpirifos puede alterar físicamente las áreas de desarrollo del cerebro que controlan el comportamiento, las emociones, el lenguaje y la memoria. También se ha descubierto que la exposición prenatal a los clorpirifos causa temblores en los brazos de los niños, lo cual es otro signo de daño neurológico. La exposición a los clorpirifos se ha relacionado con problemas de comportamiento, incluyendo el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). En una entrevista en el sitio web de la Universidad de Harvard, Grandjean calificó estos impactos como “bastante aterradores”.

La exposición a los clorpirifos se ha relacionado

con problemas de comportamiento,

incluyendo el trastorno por déficit de atención

con hiperactividad (TDAH)

Por otro lado, las personas que consumen alimentos ecológicos tienen en sus cuerpos menor presencia de pesticidas, incluyendo los organofosforados, que aquellas personas que consumen alimentos convencionales. Y aunque tales estudios no pueden establecer unos vínculos definitivos con su impacto en la salud, muestra que comer alimentos ecológicos reduce la exposición a los pesticidas.

Aunque el alcance de estas observaciones es limitado, es algo evidente que tanto la exposición a los pesticidas como los riesgos para la salud son muchos menores para los productos ecológicos que para los productos convencionales”, dice el Informe.

Como consecuencia de la reducción de la exposición a los pesticidas, los alimentos ecológicos contribuyen a evitar efectos adversos en la salud y los costes asociados para la sociedad”, escriben los autores, señalando que la investigación sugiere que estos costes están “muy subestimados”.

Los alimentos ecológicos pueden hacer una mella en la resistencia de los antibióticos

Cuando se trata de antibióticos, “estamos observando un preocupante aumento en la resistencia de algunos microorganismos, y el uso agrícola es una de las razones”, dijo Grandjean. La Directora de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan, ha calificado al aumento de la resistencia a los antibióticos como “una crisis de carácter global”. De hecho, según la OMS, ahora se utilizan más antibióticos en la producción de alimentos que en la atención médica.

El Informe explica que la ganadería de producción ecológica no es tan intensiva y permite la disponibilidad de más espacio para cada animal. Cita estudios que demuestran que por estas y otras razones, la ganadería de producción ecológica “tiene consecuencias positivas en relación con el bienestar y la salud animal”, incluyendo la reducción de la incidencia de enfermedades, por lo que se reduce el uso de antibióticos. Y agregan:

Respecto al uso de antibióticos, los estándares de la producción ecológica de los Estados Unidos son más estrictos que los estándares de la UE. Con carácter general, ningún animal que haya recibido tratamiento con antibióticos puede ser etiquetado como de producción ecológica en los Estados Unidos”.

Los autores concluyen que “la producción ecológica puede ofrecer una forma de restringir e incluso disminuir la prevalencia de resistencia a los antibióticos”. Sin embargo, reconocen que la producción ecológica es “sólo una parte de la solución a la cuestión de la resistencia a los antibióticos”.

Cadmio: mayores cantidades en los alimentos de lo que pensamos.

Aunque es un tema del que no se habla muy a menudo, los alimentos es una importante fuente de exposición al cadmio (Cd). En los Estados Unidos, las hortalizas de hoja, las patatas, los cacahuetes y los cereales, son una importante fuente primaria de exposición al cadmio, según la Agencia para las Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. El Cadmio es un probable carcinógeno para los seres humanos, tóxico para los riñones, los pulmones, los huesos y cerebro de los niños, especialmente si están expuestos en el período prenatal o a través de la leche materna.

En el Informe se dice que los productos cultivados ecológicamente tienden a tener cantidades menores de cadmio que los productos cultivados convencionalmente, debido a las diferencias en el uso del suelo y los fertilizantes.

Una menor disponibilidad de materia orgánica en el suelo tiende a aumentar la disponibilidad de cadmio en las plantas cultivadas, y las tierras manejadas de manera ecológica tienden a tener una mayor cantidad de materia orgánica en el suelo que aquellas cuyos métodos de producción son los convencionales”, explican los autores.

Los productos cultivados ecológicamente tienden

a tener cantidades menores de cadmio

que los productos cultivados convencionalmente.

Algunos fertilizantes, incluyendo aquellas que están diseñados para suministrar fósforo al suelo, debido al contenido en minerales, puede aumentar la cantidad de cadmio en los cultivos. Si bien quedan por hacer muchas investigaciones en esta área, el Informe dice que la agricultura ecológica podría ayudar a reducir la exposición al cadmio presente en los alimentos.

Un apoyo a la producción ecológica, pero se necesitan más investigaciones

Los autores del Informe dejan claro que tanto las personas como la salud pública pueden verse beneficiados de los productos ecológicos. Pero la accesibilidad a dichos productos sigue siendo la cuestión. Y cuando se trata de la exposición a los plaguicidas, los científicos dicen que hay que hace más por prevenir las actuales exposiciones perjudiciales.

Está cambiando el uso de los plaguicidas y debemos asegurarnos de que los pesticidas utilizados de ahora en adelante no constituyan un peligro para los niños y las mujeres embarazadas. Actualmente, los plaguicidas no se prueban de manera rutinaria sobre sus efectos en el desarrollo cerebral y eso es algo que debemos cambiar”, dijo Grandjean.

Boise State’s Curl está de acuerdo: “Debemos tener un suministro de alimentos que sea seguro para todos, independientemente de lo que se compre”.

———————————————-