Entries from mayo 2016 ↓

El fracaso de las políticas de control y regulación de los productos químicos: del DDT al BPA ( III)

Por Jonathan Latham, 16 de mayo de 2016

independentsciencenews.org

Códigos de identificación y símbolos de los diferentes tipos de plástico. De la lectura del artículo se desprende que uno no puede fiarse siquiera de los plásticos que son considerados más seguros. Los sistemas de regulación de los productos químicos están fallando estrepitosamente. Cabe poner en duda, por tanto, la labor de las Agencias de Regulación

Códigos de identificación y símbolos de los diferentes tipos de plástico. De la lectura del artículo se desprende que uno no puede fiarse siquiera de los plásticos que son considerados más seguros. Los sistemas de regulación de los productos químicos están fallando estrepitosamente. Cabe poner en duda, por tanto, la labor de las Agencias de Regulación

Parte 1, Parte 2

Sustituyendo las dudas por falsas certidumbres

Resumiendo, el proceso de evaluación de riesgos químicos se basa en la estimación de la exposición en el mundo real y su potencial para causar daño por extrapolación de uno o unos pocos experimentos simples realizados en el laboratorio. Las estimaciones resultantes vienen acompañadas de una gran incertidumbre. En muchos casos, los resultados han sido muy criticados y se ha demostrado su dudosa valía o ciertamente improbables (Chandrasekera y Pippin, 2013). Sin embargo, se siguen realizando las extrapolaciones, a pesar de que conocemos múltiples errores, frente a la alternativa de realizar las evaluaciones en especies diferentes, usando diferentes mezclas y bajo diferentes circunstancias. Teniendo en cuenta el desafío que esto supone, es comprensible que sigamos dependiendo de unos supuestos simplistas.

Sin embargo, se podría pensar que tales limitaciones e importantes supuestos se tendrían en cuenta como una advertencia en las evaluaciones de riesgo. Así debería ser, pero no lo es. Tras el traumático y desastroso brote de encefalopatía espongiforme bovina (EEB, enfermedad de las vacas locas) en la década de 1980, durante el cual la mayor parte de la población del Reino Unido se vio expuesta a los infecciosos priones siguiendo un asesoramiento científico muy cuestionable, estas recomendaciones se recogieron en el Informe Phillips. Lord Philips propuso que estas advertencias se debieran explicar a los receptores no científicos de dictámenes científicos. En la práctica, el Informe Philips no cambió nada.

Cuando un documento científico inusual promueve una discusión acerca de las limitaciones de las evaluaciones de riesgos de los productos químicos (por ejemplo, como el fracaso para explicar las interacciones entre los plaguicidas y las extrapolaciones entre especies estrechamente relacionadas), rápidamente se hace evidente hasta qué punto nuestro conocimiento y comprensión son mínimos en comparación con la complejidad biológica y real de los sistemas. Como cualquier biólogo esperaría, los errores se han multiplicado y las hipótesis estándar de evaluación de riesgos se han visto desbardadas por las situaciones de la vida ordinaria.

Por una buena razón, muchos expertos científicos están preocupados por el número y la cantidad de productos químicos artificiales presentes en nuestros cuerpos. Recientemente la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia ha establecido un vínculo entre la exposición a productos químicos y la aparición de nuestras enfermedades y trastornos. Mencionan de manera específica la obesidad, la diabetes, hispospadias y disfunciones reproductivas, y señalaron: “La salud mundial y la carga económica que suponen los productos químicos tóxicos presentes en el ambiente es de varios millones de muertes” (Di Rienzo et al., 2015). La Federación reconocía que se trataba de una subestimación, sin tener en cuenta las discapacidades producidas.

Los conflictos de interés en la evaluación de los riesgos de los productos químicos

Además de las dificultades técnicas, también existe el problema de que los científicos que realizan los estudios de evaluación tienen conflictos de interés económicos ( y otros). Estos conflictos de interés conllevan, como sabemos, un importante sesgo que tiene un importante impacto en la Ciencia, mucho antes de que se incorporase a la evaluación de riesgos (por ejemplo, Lesser et al., 2007).

Un ejemplo fascinante de parcialidad inconsciente se ha manifestado en la reciente revisión entre las publicaciones científicas sobre los efectos no deseados de los cultivos transgénicos que producen sus propios pesticidas (cultivos Bt) en la experimentación a campo abierto. El estudio fue encargado por el Gobierno holandés (COGEM 2014) . En el Informe se observa que la mayor parte de los investigadores han ignorado las consecuencias negativas de los cultivos transgénicos Bt, incluso estando incluidas entre sus propias conclusiones y fueran estadísticamente significativas. Aún más interesante para los autores holandeses fue el hecho de que las razones aducidas para tal comportamiento carecían de toda lógica. En líneas generales, los investigadores utilizaron métodos experimentales especializados en la detección de los efectos ecotoxicológicos locales o transitorios, pero cuando los investigadores encontraron tales efectos desestimaron sus propios resultados por ser transitorios o locales. El Informe COGEM presenta indicios razonables de que los investigadores de una determinada disciplina académica estaban rechazando aquellas conclusiones que ponían en duda las opiniones convencionales sobre los cultivos transgénicos Bt. Al parecer, los investigadores de los cultivos Bt mostraron parcialidad para no encontrar ningún tipo de daño, una parcialidad que se supone no debieran tener.

Apropiación Corporativa y disfuncionalidad institucional

La regulación de los productos químicos es realizado por un relativamente pequeño número de instituciones gubernamentales de regulación o independientes.

De todas estas, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) es el ejemplo más destacado y más ampliamente imitado. La EPA presenta muchos defectos institucionales y procesales que impiden que sea una Agencia de regulación que actúe con eficacia. Tal vez, el mayor defecto sea el permitir que las Empresas Químicas lleven a cabo sus propios experimentos y proporcionen esos datos para la evaluación de los riesgos. Esto les permite seleccionar ( o incluso mentir) los resultados. Como ha señalado Melvin Reuber, ex consultor de la EPA, es extraordinariamente fácil en la obtención de unos datos para comercialización de un producto, introducir un sesgo o amañar los resultados en un estudio toxicológico en beneficio del cliente.

Cómo ha permitido la EPA que sean las propias Empresas las que presenten sus propios datos para la evaluación de riesgos es una historia que merece la pena conocer

En la década de 1980 Industrial Bio-Test Laboratories (IBT) era el mayor laboratorio independiente de pruebas comerciales de todo Estados Unidos. Un científico de la FDA, Adrian Gross, descubrió que IBT (y otras empresas) engañaba de forma consciente y deliberada a la EPA y la FDA. Sirviéndose de prácticas tales como el alquiler de un químico por parte de Monsanto para que amañase las conclusiones de los estudios sobre el PCB, IBT hacía creer que muchos productos químicos eran seguros, como muchos pesticidas. Muchos de ellos todavía se siguen utilizando. Entre ellos se encuentran Roundup, la atrazina y 2,4-D, de uso muy común en la agricultura estadounidense. Sin embargo, las Agencias de Regulación canadienses elaboraron una lista de 106 registros químicos de carácter dudoso, y la FDA identificó 618 estudios realizados en animales como no válidos debido a “numerosas discrepancias entre la realización de los estudios y los datos obtenidos”. Ambas Agencias de Regulación desecharon estos descubrimientos.

Los altos directivos de IBT fueron encarcelados, pero lo que el escándalo había revelado es que cada vez que los resultados mostraban evidencias de daños, lo cual era frecuente, las Agencias de Regulación los eludían, siendo una práctica habitual.

De mayor repercusión que el propio escándalo fue la respuesta de la EPA. En lugar de elaborar sus propios estudios, lo cual parecía la respuesta lógica ante el fallo de todo el sistema de pruebas comerciales independientes, la EPA creó un sistema bizantino de informes externos y resúmenes presentados por las Corporaciones. El laberinto burocrático resultante asegura que ningún funcionario de la EPA tiene a la vista los experimentos originales o los datos primarios, y sólo dispone de un puñado de resultados resumidos. Este sistema trae como consecuencia que se excluya la posibilidad formal de denuncia de irregularidades por parte de los empleados federales o por las solicitudes FOIA (Ley de Libertad de Información), que podrían revelas pruebas fraudulentas o resultados problemáticos. La EPA de manera calculada hizo la vista gorda ante cualquier potencial irregularidad futura, con pleno conocimiento de que el Sistema de Regulación Química era sistemáticamente corrupto.

Probablemente a los lectores les resulte más familiar el término “apropiación de los organismos reguladores”. Esta apropiación (captación) tiene múltiples formas, desde el ofrecimiento de favores a los empleados públicos y la recompensa de futuros puestos de trabajo, al estímulo de interferencias políticas desde arriba hacia abajo con las Agencias de Regulación. El efecto principal es asegurarse de que la voluntad política dentro de estas Agencias para proteger a las personas quede diluida.

La apropiación de los Organismos de Regulación puede llegar a ser una característica permanente de una Institución. Por ejemplo, en los países miembros de la OCDE hay un acuerdo llamado de aceptación mutua de datos (MAD). MAD (demente) es un nombre apropiado. Tiene el efecto de excluir explícitamente de la consideración de las directrices de regulación la mayor parte de la literatura científica revisada por pares (Myers et al., 2009a). El objetivo que pretendía MAD era el de mejorar las prácticas experimentales, exigiendo la certificación de Buenas Prácticas de Laboratorio (BPL), que fue el procedimiento introducido después del escándalo de IBT (Wagner y Michaels, 2004). BPL es una mezcla de protocolos de manejo y fiabilidad que establece los estándares en los laboratorios industriales, pero rara vez en las Universidades u otros lugares. Sin embargo, la consecuencia de aceptar MAD ha sido excluir específicamente de la consideración de los Organismos de Regulación de las pruebas y datos no producidos por la Industria.

El acuerdo MAD explica en gran medida la ineficacia reguladora del Bisfenol A (BPA) Debido a MAD, la FDA ( y también su equivalente europeo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)) ha ignorado los cientos de estudios revisados por parte sobre los efectos del BPA, ya que no cumplirían las BPL, frente a sólo dos de la Industria. Estos dos estudios de la Industria, cuya credibilidad y conclusiones han sido cuestionadas públicamente por científicos independientes, no muestran efectos nocivos del BPA (Myers et al., 2009b).

Parte 4

——————————————-

Procedencia del artículo:

Unsafe at any Dose? Diagnosing Chemical Safety Failures, from DDT to BPA

——————————————-

El fracaso de las políticas de control y regulación de los productos químicos: del DDT al BPA (II)

Por Jonathan Latham, 16 de mayo de 2016

independentsciencenews.org

Parte 1

Códigos de identificación y símbolos de los diferentes tipos de plástico. De la lectura del artículo se desprende que uno no puede fiarse siquiera de los plásticos que son considerados más seguros. Los sistemas de regulación de los productos químicos están fallando estrepitosamente. Cabe poner en duda, por tanto, la labor de las Agencias de Regulación

Códigos de identificación y símbolos de los diferentes tipos de plástico. De la lectura del artículo se desprende que uno no puede fiarse siquiera de los plásticos que son considerados más seguros. Los sistemas de regulación de los productos químicos están fallando estrepitosamente. Cabe poner en duda, por tanto, la labor de las Agencias de Regulación

 La Regulación de productos químicos en la teoría y en la práctica: los límites de la Toxicología

Un enfoque alternativo para evaluar los sistemas de regulación en base a sus resultados consiste en analizar directamente su lógica interna y su rigor. ¿No podrá así saberse de las limitaciones técnicas de la Toxicología y del rigor científico de las evaluaciones de riesgos de los productos químicos? Y en segundo lugar, uno puede dirigir su atención hacia las prácticas sociales e institucionales de la regulación de los productos químicos. ¿Las evaluaciones de riesgo de los productos químicos, por ejemplo, están aplicadas por organismos competentes y bien intencionados?

Las limitaciones técnicas de evaluación de riesgos químicos rara vez se discuten (véase Buonsante et al., 2014). Una discusión en detalle sería larguísima, pero algunas de las más importantes limitaciones se recogen a continuación.

Los ensayos estándar de toxicología implican la administración (generalmente por vía oral) de los productos químicos en fase de pruebas durante un plazo de 90 días para cepas definidas de organismos (con mayor frecuencia ratas y ratones). Estos organismos en los que se prueban los productos químicos son de una edad específica y son alimentados con dietas estandarizadas.

Los resultados son extrapolados a otras dosis, a otros grupos de edad y otros ambientes. Tales estudios sirven para realizar una estimación de los daños. Los niveles de exposición junto con la estimación de daños forman la esencia de la evaluación de los riesgos de los productos químicos. Cuando ciertos productos químicos son considerados de una atención especial, entonces se pueden utilizar otras técnicas. Entre ellas se encuentran los estudios epidemiológicos, la experimentación con cultivos celulares, y el modelado biológico, pero la base de la evaluación de riesgos se encuentra siempre en el cálculo de la exposición y la estimación de daños. Decir que ambas estimaciones están sujetas a error, sin embargo, se trataría de un eufemismo.

Parte I: límites de la estimación de la exposición a productos químicos

Hace 50 años, nadie sabía que muchos productos químicos sintéticos se evaporan en el ecuador y se condensan en los polos, donde se encuentran los ecosistemas polares. Tampoco los científicos se dieron cuenta que todos los productos sintéticos solubles en las grasas se bioacumulan a través de la cadena alimentaria, de modo que alcanzan concentraciones dentro de los seres vivos a veces millones de veces por encima de los niveles de referencia. Tampoco hasta hace poco se entendía que las criaturas marinas, tales como los peces y los corales, se iban a convertir en grandes consumidores de partículas de plástico que son vertidos en los ríos. Todos estos malentendidos son algunos ejemplos de los errores históricos de la exposición en el mundo real a las sustancias tóxicas.

Una limitación general y amplia de estas estimaciones es que las exposiciones en el mundo real son muy complejas. Por ejemplo, los productos químicos comerciales contienen impurezas o no están bien definidos. Los plásticos de PVC son una mezcla compleja de polímeros y pueden mezclarse con cadmio o plomo ( en concentraciones variables). Una consecuencia de esto es que resulta imposible que en los estudios se haga una evaluación de riesgos realista. La razón es que la exposición real es siempre única para cada organismo y varía enormemente en su magnitud, duración, variabilidad y velocidad de inicio, todo lo cual influye en el daño que causan. ¿Cómo imitar una realidad específica?

Además, muchas de las decisiones sobre regulación no reconocen que la exposición a los productos químicos individuales proviene normalmente de múltiples fuentes. Esta deficiencia queda al descubierto después de accidentes graves o casos de contaminación. Las Agencias de Regulación afirman que las dosis reales relacionadas con los accidentes que se producen actualmente no exceden los límites de seguridad. Sin embargo, estas declaraciones suelen ignorar que la normativa vigente actualmente funciona como un permiso para contaminar, y muchas personas pueden haber estado recibiendo exposiciones significativas de ese producto químico antes del accidente.

Volviendo al caso específico del BPA, nadie apreció hasta el año 2013 que la principal vía de exposición al BPA en los mamíferos se realiza en la boca y no en el intestino. La boca es una ruta de exposición, cuyo suministro de sangre venosa pasa por el hígado, y esto permite que circule el BPA no metabolizado por el torrente sanguíneo (Gayrard et al., 2013). Antes de que esto fuera conocido, muchos toxicólogos negaban explícitamente la plausibilidad de las mediciones que mostraban altas concentraciones de BPA en la sangre humana. Ellos habían asumido que el BPA se absorbía a través del intestino y que se degradaba rápidamente en el hígado.

Parte II: límites en la estimación de daños

También hay obstáculos significativos en la estimación de daños. Muchos de estos obstáculos se originan en el hecho evidente de que los organismos y los ecosistemas son biológicamente muy diversos.

La solución adoptada por la evaluación de riesgo de los productos químicos es la extrapolación. La extrapolación permite que los resultados de uno, o unos pocos experimentos, valga para otras especies y otras condiciones ambientales.

La mayor parte de las veces se dan unos supuestos para realizar tales extrapolaciones, sin embargo, nunca se han validado científicamente. Esta falta de validación es más evidente para las especies aún no descubiertas o las que están en peligro de extinción. Pero en otros casos, se conoce bien que no son válidas (por ejemplo, Seok et al., 2013).

Por ejemplo, en las respuestas en las ratas a determinados productos químicos, los resultados no se pueden extrapolar a los seres humanos. De hecho, incluso no se pueden extrapolar a otras ratas. Es decir, diferentes cepas de ratas responden de manera diferente (se acaban habituando), sino también porque las ratas jóvenes y las viejas responden de manera diferente. Lo mismo ocurre con las ratas macho y las hembra (vom Saal et al., 2014). Lo mismo sucede con las ratas alimentadas con dietas no estándar (Mainigi y Campbell, 1981).

Incluso se realizan extrapolaciones extremas en toxicología ecológica. Por ejemplo, los datos sobre las abejas adultas se suelen extrapolar a todas las etapas del ciclo de vida de la abeja, a todas las demás especies de abejas, y a veces a todos los polinizadores, sin que los experimentadores citen evidencias que las apoyen. Tales extrapolaciones pueden parecer absurdas, pero son la base principal de la afirmación de que las evaluaciones de riesgo de productos químicos son incompletas.

Hay otras muchas limitaciones para realizar una estimación de daños. Hasta que ya fue demasiado tarde, los científicos no fueron conscientes de que en un ser humano con una vida útil de ochenta años podía tener una vulnerabilidad a una sustancia química específica durante un período tan corto como cuatro días. Tampoco se sabe a ciencia cierta qué efectos pueden tener los productos químicos si se ingieren a una u otra hora del día.

Otra limitación que es de vital importancia: por razones presupuestarias y prácticas los toxicólogos necesariamente miden un limitado número de parámetros específicos. Los parámetros específicos son aquellos que el experimentador opta por medir. Estos parámetros específicos son la mortalidad, los cánceres, el peso del organismo, y el peso de los órganos. Pero incluso estos parámetros pueden ser mediciones más sutiles, como la neurotoxicidad. Hay toda una política asociada con la elección de los criterios de valoración, lo que reflejaría su importancia en Toxicología, incluyendo acusaciones de que los parámetros a veces se eligen por su falta de sensibilidad en lugar de por lo contrario. Pero lo indudable es que no importa tanto los parámetros que se elijan, pues hay un universo mucho más amplio de parámetros que no son medidos. Entre estos estarían: carencias de aprendizaje, disfunción inmunológica, disfunción reproductiva, efectos multigeneracionales, y así sucesivamente. En última instancia, la mayoría de los daños potenciales no los miden los toxicólogos y por lo tanto no entran dentro de las evaluaciones de riesgo.

Otro ejemplo de las dificultades para estimar los daños que se producen en la vida real es que los seres vivos están expuestos a mezclas de toxinas (Goodson et al., 2015). La cuestión de las mezclas de toxinas es extremadamente importante (Kortenkamp, 2014). Todas las exposiciones químicas de la vida real se producen en combinaciones, ya sea debida a la exposición anterior a los contaminantes o a causa de la presencia de toxinas naturales. Por otra parte, muchos productos comerciales, como los pesticidas, sólo están disponibles como formulaciones ( es decir, mezclas), cuyo principal objetivo es mejorar la potencia del producto. Las evaluaciones de riesgo, sin embargo, evalúan sólo el ingrediente activo (Richard et al., 2005).

Tenga en cuenta también que todas las estimaciones de daños dependen fundamentalmente de una relación lineal ( o simple) entre dosis-respuesta en los efectos de cada sustancia química. Esto es necesario para estimar los daños a dosis más altas, más bajas, o incluso entre las dosis probadas. El supuesto de una respuesta lineal rara vez ha sido probado, sin embargo, para numerosas toxinas ( en particular, los disruptores endocrinos) una relación dosis-respuesta lineal es algo que ha sido refutado. Por lo tanto, la pregunta que hay que hacerse para cualquier evaluación de riesgos es si el supuesto es fiable para el nuevo compuesto sometido a examen (revisión de Vanderberg et al., 2012).

Parte 3


Procedencia del artículo:

Unsafe at any Dose? Diagnosing Chemical Safety Failures, from DDT to BPA

El fracaso de las políticas de control y regulación de los productos químicos: del DDT al BPA (I)

Por Jonathan Latham, 16 de mayo de 2016

independentsciencenews.org

Códigos de identificación y símbolos de los diferentes tipos de plástico. De la lectura del artículo se desprende que uno no puede fiarse siquiera de los plásticos que son considerados más seguros. Los sistemas de regulación de los productos químicos están fallando estrepitosamente. Cabe poner en duda, por tanto, la labor de las Agencias de Regulación

Códigos de identificación y símbolos de los diferentes tipos de plástico. De la lectura del artículo se desprende que uno no puede fiarse siquiera de los plásticos que son considerados más seguros. Los sistemas de regulación de los productos químicos están fallando estrepitosamente. Cabe poner en duda, por tanto, la labor de las Agencias de Regulación

Poco a poco, y por fin, los fabricantes de productos químicos han empezado a retirar el bisfenol A (BPA), que es un conocido disruptor endocrino, del plástico de los productos que venden. Sunoco ya no vende BPA para los productos utilizados por los niños menores de tres años. Francia ha prohibido la utilización de BPA en los envases de alimentos. La Unión Europea ha prohibido el Bisfenol A en los biberones. Estas prohibiciones y retirada de productos es el resultado de una épica investigación científica y una intensa campaña por parte de los grupos de defensa ambiental. Sin embargo, esta serie de restricciones no suponen una victoria para la salud humana. Ni siquiera suponen pérdidas para la Industria Química.

Por un lado, la Industria Química ahora se beneficia de la venta de productos libres de BPA con un incremento en el precio. Esto se hace generalmente utilizando otro producto químico sustituto, el BPS, que las actuales investigaciones sugieren que es aún más peligroso para la salud que el BPA. Pero desde luego, el BPS ha sido menos estudiado que el BPA, de modo que es probable que pasen muchos años antes de que se puedan reunir las suficientes pruebas para su prohibición.

Pero el verdadero escándalo del BPA es que esto se viene repitiendo una y otra vez: se prohíben los productos sintéticos o son retirados del mercado, pero enseguida son sustituidos por otros que son igual de perjudiciales, e incluso peores. Los neonicotinoides, que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) les hace responsables de una enorme catástrofe ambiental, están siendo sustituidos por los plaguicidas organofosforados. Los organofosforados ya habían sido anteriormente los sustitutos del DDT y otros plaguicidas organoclorados, de cuyos efectos muchas especies de aves sólo se empiezan a recuperar ahora.

Producción de productos químicos en Estados Unidos, 1945-2007

Producción de productos químicos en Estados Unidos, 1945-2007

Así que la pregunta más importante y urgente es la siguiente: si las prohibiciones de productos químicos no son efectivas ( o incluso peores), ¿qué debemos hacer cualquiera de nosotros para protegernos, y a los demás, de los retardantes de llama, de los pesticidas, de los herbicidas, de los disruptores endocrinos, de los plásticos y un largo etcétera, pero que no esperan recibir ayuda de los Gobiernos ni de aquellos que contaminan?

¿Cuál será la estrategia básica eficaz para la protección de las personas y de los ecosistemas frente a la exposición de sustancias tóxicas? ¿El objetivo debiera ser la reducción de la exposición de toda la población o la venta de una menor cantidad de productos químicos? ¿O se debiera extender la prohibición, afectando a clases químicas enteras? ¿O se debieran prohibir para usos específicos (por ejemplo, en todos los alimentos y en la agricultura)? ¿O prohibir el uso de productos químicos en algunas zonas en particular (por ejemplo, en zonas cercanas a las escuelas)? ¿O tal vez fuese mejor solicitar el desmantelamiento de las Agencias de Regulación ( con o sin su sustitución), tales como la actual EPA (Agencia de Protección Ambiental)? ¿O debiera considerarse el homicidio químico como un crimen legalmente establecido? ¿O todo lo anterior en su conjunto? Y por último, pero no menos importante, ¿cómo se podrían lograr estos objetivos dado el Régimen político y económico actual?

La primera etapa de una campaña en contra de la utilización de productos químicos tóxicos sería acabar de una vez por todas con la actual mitología en torno a la Ciencia Toxicológica y la evaluación de los riesgos químicos. De hacer esto nos daríamos cuenta de que las regulaciones de los productos químicos no han funcionado. La principal razón, algo fácil de demostrar, es que la experimentación realizada por los toxicólogos son incapaces de generar predicciones de seguridad que con carácter de utilidad se puedan aplicar a otras especies, o incluso a la misma especie cuando habita otros entornos o si se alimenta de otras dietas. Numerosos experimentos científicos han demostrado estas deficiencias, y por lo tanto el elemento más básico de la evaluación de riesgos por exposición a productos químicos es científicamente inválido. Por esta razón, y otras, la supuesta protección que darían las evaluaciones de riesgo químico es una pretensión. Como mostraré, la evaluación de los riesgos no es una realidad, se trata más bien de una compleja ilusión.

Este diagnostico parece ciertamente improbable y también deprimente, pero en cambio revela nuevas oportunidades para poner fin a la contaminación y crear un mundo más sostenible. Porque incluso en un mundo repleto de contaminación química, la verdad puede llegar a desvelarse.

La subsiguiente discusión, hay que hacer notar, no debiera realizar ningún esfuerzo significativo en distinguir los efectos en la salud humana de los efectos sobre los sistemas ecológicos. Mientras que las evaluaciones de riesgos se tratan a menudo en jurisdicciones reguladores independientes, en la práctica los riesgos para las personas y los ecosistemas son difíciles, por no decir imposibles de separar.

La historia de las alertas toxicológicas que rodean al BPA, que son muchas y científicamente muy bien documentadas, crea un excelente punto de partida para esta tarea.

Haciendo caso omiso de la extrema toxicidad del BPA

De acuerdo con la literatura científica, la exposición al BPA en la edad adulta tiene numerosos efectos: induce defectos en las células y en los espermatozoides (seres humanos), produce cáncer de próstata ( en los seres humanos), riesgo de cáncer de mama ( en los seres humanos y en las ratas), aumenta la presión arterial ( en los seres humanos), produce tumores de hígado y obesidad (en los seres humanos y las ratas) (Grun y Blumberg 2009; Bhan et al., 2014; Prins 2014). Sin embargo, los fetos expuestos al BPA sufren un espectro significativamente diferente de daños: van desde la alteración en el desarrollo de órganos (en los monos) a intolerancia en los alimentos ( en los seres humanos) (Ayyanan et al., 2011; Menard 2014; vom Saal et al., 2014). También en los seres humanos, a edades tempranas, la exposición a BPA puede dar lugar a efectos que, no obstante, se retrasan hasta períodos posteriores de la vida, incluidas anormalidades psiquiátricas, sociales y comportamientos que indicarían funciones cerebrales alteradas ( Braun et al., 2011; Perera et al., 2012; Evans et al., 2014).

Estos son sólo algunos ejemplos de los múltiples estudios científicos realizados. Se estiman unas 200 publicaciones ( otros hablan de unas 1000) las que han estudiado los daños producidos por el BPA. La cantidad de resultados encontrados, la diversidad de especies estudiadas, las consecuencias, las metodologías científicas utilizadas, todo ello representa una masiva acumulación de pruebas científicas de que el BPA es dañino (revisión de Vandenberg et al., 2012). Por tanto, son muchas las evidencias científicas en contra de la seguridad del BPA, con una documentación científica irreprochable.

Sin embargo, a pesar de tener tantas evidencias científicas, las campañas contra el empleo del BPA han tenido sólo un éxito parcial. Todas las prohibiciones o que se deje de comercializar, no tienen en cuenta los hallazgos científicos más alarmantes. Por ejemplo, la prohibición de su uso en los biberones no evitaría la exposición del feto. Tampoco se evitarían los daños incluso por dosis muy bajas de BPA.

Haciendo caso omiso de la toxicidad del BPS

El producto químico más frecuentemente usado para sustituir al BPA es el llamado BPS. Como su nombre indica, el BPS es muy similar en estructura química al BPA (ver Fig 1). Sin embargo, el BPS parece que es absorbido más fácilmente por el cuerpo humano que el BPA y ya se ha podido detectar en el 81% de los estadounidenses (Liao et al., 2012).

Figura1: A la izquierda la estructura química del BPA, y a la derecha del BPS

Figura1: A la izquierda la estructura química del BPA, y a la derecha del BPS

La investigación toxicológica del BPS está todavía en sus primeras fases, pero parece ser que es probable que el BPS sea aún más tóxico que el BPA (Rochester y Bolden, 2015). Como el BPA, el BPS también parece interferir en la actividad hormonal de los mamíferos (disruptor endocrino). En mayor medida que el BPA, el BPS altera la formación de las células nerviosas del hipotálamo en el pez cebra y produce hiperactividad en el comportamiento de las larvas del pez cebra expuestas al BPS (Molina-Molina et al., 2013; Kinch et al., 2015). Estos últimos resultados se observaron a concentraciones químicas extremadamente bajas, del orden de 0.0068uM. Esto es unos niveles 1000 veces menores que los niveles aceptables oficialmente aprobados en Estados Unidos. La dosis fue elegida por los investigadores, ya que es la concentración de BPA encontrada en el río cercano al laboratorio.

La sustitución de un producto químico sintético por otro, de modo que el sustituto se convierte más tarde en peligroso, no es una historia nueva. De hecho, una gran parte de los productos químicos a los que se oponen los ecologistas (tales como el herbicida Roundup de Monsanto), aún consideran algunas Industrias que pueden ser sustituidos por otros productos más seguros ( tales como el 2,4, 5-T), todavía no muy difundidos.

Por lo tanto, cuando la UE prohibió el herbicida atrazina, Syngenta lo reemplazó por la terbutilazina. La terbutilazina es químicamente muy similar, y de acuerdo con el investigador Tyrone Hayes de la Universidad de Columbia, parece tener efectos ecológicos y de salud muy similares.

El producto químico diacetilo se tuvo que retirar del mercado por causar “cáncer de pulmón por las palomitas de maíz”. Sin embargo, ha sido sustituido por dímeros y trímeros de la misma estructura química. Desgraciadamente la seguridad de estos multímeros es bastante dudosa, ya que se cree que se descomponen en diacetilo.

Los pesticidas Bt producidos por los cultivos transgénicos son considerados ( por los agricultores y la Agroindustria) como sustitutos más seguros que los organoclorados, carbamatos y los insecticidas organofosforados. Estos productos químicos reemplazaron al DDT, prohibido su uso en la agricultura tras la publicación de Primavera Silenciosa de Rachel Carson. Así mismo, el DDT era un sustituto del plomo-arseniato. Se pueden encontrar muchos otros ejemplos de lamentables sustituciones.

La prohibición de productos químicos ( o con frecuencia la retirada del producto por parte del fabricante) y la consecuente sustitución por otros, a veces es celebrada como una victoria. Pero los fabricantes de productos químicos saben que la sustitución de un producto por otro es parte normal de su negocio. Debido a la resistencia a las malas hierbas y a las plagas, se suelen buscar sustitutos independientemente de la presión de los grupos de defensa del medio ambiente.

Los fabricantes también saben que, dado que las aprobaciones y los permisos iniciales se basan principalmente en la documentación aportada por el solicitante (que a menudo es incompleta), los problemas de seguridad se suelen manifestar más tarde, cuando se realizan estudios independientes y se van acumulando datos. Teniendo en cuenta el actual Sistema, es casi inevitable que los productos químicos que fueron desarrollados hace más tiempo (o más ampliamente utilizados) tengan un historial de seguridad más dudoso, mientras que los nuevos sean considerados más seguros.

Malos actores: la defensa de las manzanas podridas en Toxicología

En estos ciclos de sustitución de un producto tóxico por otro, probablemente el BPA se convierta en todo un clásico.

Grupos de defensa del medio ambiente se convierten en participantes activos en esa cinta transportadora de productos tóxicos cuando se consideran ciertas sustancias químicas como las manzanas podridas. Algunos se refieren explícitamente a determinadas sustancias químicas como malos actores. Un producto químico considerado un mal actor implica de manera muy pronunciada que los organismos de regulación de productos químicos no tendrían la culpa.

Pero hagámonos una pregunta, ¿en qué sentido químico o biológico se puede considerar al BPA un mal actor? ¿Hay, por ejemplo, una explicación específica de cómo pasó los controles de la red de protección?

La respuesta a esta pregunta, en muy pocas palabras: basta con recordar los resultados obtenidos anteriormente. El BPA es un disruptor endocrino y que afecta a la reproducción de los mamíferos; altera las funciones cerebrales; tiene impacto en el desarrollo de las células; causa obesidad, y probablemente cáncer; también está relacionado con la disfunción eréctil. Son muchos los trabajos de investigación sobre los efectos nocivos del BPA, diversos, reproducibles y cuyos efectos se extienden a muchas especies. En resumen, son fáciles de detectar (por ejemplo, vom Saal et al., 2014).

Así pues, mientras que los científicos que se encuentran fuera del circuito de la regulación han encontrado problemas, el sistema formal de regulación nunca ha establecido, aunque pueda parecer sorprendente, que el BPA, antes de que se usara en los plásticos, que sea un disruptor endocrino, es decir, que altera las funcionales hormonales. Y a pesar de las aplastantes evidencias científicas publicadas al respecto, las Agencias de Regulación no consideran al BPA como un peligro para la salud. De modo que la respuesta más clara a la pregunta de que el BPA sería un mal actor, es que no hay ninguna razón especial para que el BPA haya podido pasar los controles de la red de protección. En lugar de eso, lo que sugiere lo que ha ocurrido con el BPA, es que disponemos de un sistema de regulación disfuncional.

Enmarcando el problema, la consideración de la contaminación causada por unos pocos productos químicos que serían malos actores es algo incompatible con los hechos observando en otros casos. Hay muchos productos químicos aprobados inicialmente por los Sistemas reguladores, que más tarde han sido restringidos o prohibidos (siempre bajo la presión pública): la atrazina, endosulfán, Roundup (glifosato), lindano, bromuro de metilo, yoduro de metilo, 2,4,5-T, clorpirifos, el DDT y otros. Sobre otros muchos otros productos químicos también recaen muchas evidencias científicas de ser nocivos, sin embargo nada se ha hecho al respecto. Y por supuesto, las Agencias de Regulación han encontrado una ingente cantidad de malos actores: los pesticidas organofosforados, PCB, pesticidas organoclorados, los clorofluorocarbonos, neonicotinoides, los ftalatos, retardantes de llama, compuestos perfluorados, y así sucesivamente.

¿Cuántos malos actores deben contabilizarse antes de que consideremos malo todo el espectáculo?

Parte 2


Procedencia del artículo:

Unsafe at any Dose? Diagnosing Chemical Safety Failures, from DDT to BPA

—————————————————-

Argentina: demanda colectiva al Estado, Monsanto y las corporaciones sojeras

Daniel_SalaberryReconstrucción de la red ferroviaria, saneamiento de suelos, agua y aire, una indemnización multimillonaria a la sociedad en concepto de daño moral, la prohibición de eventos transgénicos y de fumigaciones, obligación del etiquetado de los alimentos para que podamos elegir si comer o no transgénicos. Esas son algunas de las medidas que plantea una inédita demanda colectiva contra el Estado, Monsanto, Syngenta y un total de once corporaciones que imponen el modelo transgénico en el país. Daniel Sallaberry, del grupo de abogados que inició la demanda, y datos para entender cómo podría hacerse justicia.

Parte 1:

(Haga clic en una u otra imagen para acceder al audio)

salaberry1

Parte 2:

salaberry2

Procedencia del artículo:

http://www.lavaca.org/deci-mu/la-demanda-colectiva-al-estado-monsanto-y-las-corporaciones-sojeras/

Una acreditada reputación: Hayes, Syngenta y la Atrazina (III)

Después de que Tyrone Hayes dijese que un producto químico era nocivo, su fabricante arremetió contra él

Por Rachel Aviv, febrero de 2014

The New Yorker

Parte 1, Parte 2

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta “La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió David Michaels.

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta
“La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió David Michaels.

En junio de 2002, dos meses después de la publicación del artículo de Hayes sobre la atrazina, Syngenta anunció en un comunicado de prensa que habían aparecido tres trabajos que refutaban las investigaciones de Hayes. En una carta al editor de Actas de la Academia Nacional de Ciencias, ocho científicos del panel EcoRisk escribieron que el estudio de Hayes tenía “poca credibilidad como para considerar una relación de causalidad”, de carecía de datos estadísticos, que había mal empleado el término dosis, que sus referencias eran vagas y bastante ingenuas, en definitiva, que tenía poca validez. Dijeron que las afirmaciones de Hayes de que su estudio tenía “implicaciones significativas para la salud pública y ambientalno habían sido “demostradas científicamente”. Steven Milloy, un periodista independiente sobre temas científicos que dirige una organización sin ánimo de lucro, a la que Sygenta había donado varios miles de dólares, escribió un artículo en Fox News bajo el título “Freaky Frog-Fraude” , donde hacía referencia al artículo de Hayes publicado en Nature, diciendo que no había una clara relación entre la concentración de atrazina y los efectos sobre las ranas. Milloy caracteriza a Hayes como un científico de Ciencia Basura, y rechazó sus patéticas conclusiones como “uno de los trucos de Hayes”.

Estas críticas contra ciertos experimentos científicos se ha convertido en una parte fundamental de una campaña que se ha dado en llamar Ciencia Sólida, un esfuerzo de los grupos de interés y la Industria para frenar el ritmo de las regulaciones. David Michaels, Secretario Auxiliar de Seguridad en el Trabajo y Salud Ocupacional, escribió en su libro “La duda es su producto” (2008), que las Empresas han desarrollado sofisticadas estrategias para “fabricar y extender la incertidumbre”. En los años 80 y 90, la Industria del Tabaco se defendió de las regulaciones al dirigir la atención científica hacia los fumadores pasivos. Muchas empresas han adoptado esta táctica. “La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió Michaels.

En el verano de 2002, dos científicos de la EPA visitaron el laboratorio de Hayes y revisaron sus datos sobre la atrazina. Thomas Steeger, uno de los científicos, dijo sobre el estudio de Hayes: “Su investigación puede afectar potencialmente al balance de riesgos y beneficios de uno de los más controvertidos plaguicidas utilizados en Estados Unidos”. Pero una organización denominada Centro para la Eficacia de las Regulaciones, solicitó a la EPA (Agencia de Protección Ambiental) que ignorase los hallazgos de Hayes: “Hayes ha matado y sigue matando a miles de ranas para la validación de sus estudios que no tienen un valor probado”. El Centro argumentaba que los estudios de Hayes violaban la Ley de Calidad de Datos, aprobada en el año 2000, que exige que las decisiones regulatorias se basen en estudios con cumplan altos estándares de “calidad, objetividad, utilidad e integridad”. El Centro está dirigido por un grupo de presión de la Industria y fue el consultor de Syngenta Jim Tozzi el que propuso los términos de la Ley de Calidad de Datos a un Congresista que lo patrocinó.

La EPA cumplió con la Ley de Calidad de Datos y revisó su evaluación de riesgo ambiental, por lo que estaba claro que una alteración hormonal no sería motivo suficiente para restringir el uso de este producto químico hasta que “los protocolos adecuados de ensayo se hubiesen establecido”. Steeger dijo que Hayes estaba preocupado por la circularidad de la crítica del Centro. En un correo electrónico escribía: “Todo esto me recuerda al argumento expuesto por el filósofo George Berkeley, que se manifestó en contra del empirismo al señalar que depender de la observación científica es algo erróneo, ya que el vínculo entre las observaciones y las conclusiones es algo intangible y por lo tanto, inconmensurable”.

No obstante, Steeger parecía resignado a las frustraciones con las normas de regulación y traspasó suavemente el idealismo de Hayes. Cuando Hayes se quejó de que Syngenta no había considerado sus conclusiones sobre el hermafroditismo de las ranas con la suficiente rapidez, respondió que era “lamentable, pero no es raro que los solicitantes de un registro no tengan en cuenta datos que pueden considerar adversos y por tanto acarrear la no aceptación del público de sus productos”. Escribió que “La Ciencia puede ser manipulada para servir a ciertos intereses. Lo único que podemos hacer es rechazar toda incredulidad” (La EPA dice que no hay “ninguna indicación de que la información no se considerara debidamente).

Después de consultar con sus colegas de Berkeley, Hayes decidió que ya que Syngenta estaba desacreditando su trabajo, haría un movimiento preventivo. Apareció en dos revistas, Discovery y The San Francisco Chronicle, sugiriendo que las investigaciones realizadas por Syngenta no eran objetivas. Ambos artículos destacaban su biografía personal, sobre su color de piel y su estilo muy personal: en ese momento llevaba trenzas en el pelo. Hayes hizo poco para parecer desinteresado. La objetividad científica exige lo que el filósofo Thomas Nagel ha dado en llamar “una visión desde ninguna parte”, pero Hayes mantuvo la atención sobre sí mismo, haciendo comentarios tan tempestuosos como que “Tyrone sólo puede ser Tyrone”. Presentó a Syngenta como el villano, pero él no protagonizó el papel de héroe. Hiperactivo y un tanto frenético, siempre parecía estar con prisas, a punto de que algo se le olvidase, y mantuvo a idea de que se podía derribar a los grandes con una especie de celo juvenil.

Los ecologistas elogiaron el trabajo de Hayes y le ayudaron a llamar la atención de los medios. Pero estaban preocupados por la brusquedad de sus formas. Un cofundador de Environmental Working Group, una organización de investigación sin fines lucrativos, dijo a Hayes que “parase lo que estaba haciendo y se tomase un tiempo para desarrollar un plan” o “de lo contrario acabará usted con su culo en una bandeja”. Steeger le advirtió que aquel vigilantismo le podía distraer de sus investigaciones: “¿Puede usted permitirse emplear tanto tiempo y dinero en batallas donde es claramente superado, y para ser sinceros, no lleva ventaja?. La mayor parte de la gente preferiría pasar un tiempo en el purgatorio. No conozco a nadie que quiera ir a sabiendas al infierno”.

Hayes trabajó durante toda su vida para construirse una sólida reputación científica, y ahora parecía estar al borde del colapso. “No puedo explicar en términos razonables lo que todo esto significa para mí”, le dijo a Steeger. Se esforzó en demostrar que los estudios de Syngenta no habían replicado los suyos: se utilizó una población diferente de animales, fueron criados en diferentes tipos de estanques, con temperaturas más frías, y con un horario diferente de alimentación. Al menos en tres ocasiones, propuso a los científicos de Syngenta compartir los datos: “Si realmente queremos realizar una replicación de los estudios, compartamos animales y soluciones”.

A principios de 2003, Hayes fue propuesto para un puesto de trabajo en la Escuela Nicholas de Medio Ambiente, en Duke. Visitó por tres veces el Campus, y la Universidad contrató a un agente inmobiliario para que le mostrase la posible residencia para él y su esposa. Cuando Syngenta supo que Hayes podía trasladarse a Carolina del Norte, donde tiene sus oficinas centrales de protección de las cosechas, Gary Dickson, Vicepresidente de la Empresa de Evaluación de Riesgos Globales, quien un año antes había concedido una dotación de 50.000 dólares, financiados por Syngenta, se puso en contacto con el decano de Duke. De acuerdo con los documentos dados a conocer en las demandas colectivas, Dickson informó al decano del “estado de las relaciones entre el Dr. Hayes y Syngenta”. La Empresa “quería proteger nuestra reputación dentro de la comunidad y entre nuestros empleados”.

Había otros candidatos para el puesto de trabajo además de Hayes, y cuando no lo consiguió, llegó a la conclusión de que fue debido a la influencia de Syngenta. Richard de Giulio, profesor de Duke, que estuvo presente en la primera visita de Hayes, dijo que se sintió molesto por la sugerencia de Hayes: “Un pequeño regalo de 50.000 dólares no influirá en la titularidad de un contrato. Eso no sucederá… No me sorprende que a Syngenta no le hubiese gustado que Hayes estuviese en Duke, ya que estamos sólo a una hora de camino de ellos. El conflicto de Hayes con Syngenta era un ejemplo extremo de la clase de controversias que no son poco comunes en las ciencias ambientales. La diferencia estriba en que el debate científico afectó a la vida emocional de Hayes”.

Parte IV

—————————-

Procedencia del artículo:

http://www.newyorker.com/magazine/2014/02/10/a-valuable-reputation

Una acreditada reputación: Hayes, Syngenta y la Atrazina (II)

Después de que Tyrone Hayes dijese que un producto químico era nocivo, su fabricante arremetió contra él

Por Rachel Aviv, febrero de 2014

The New Yorker

Parte I

 Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta. Hayes escribió: “ La ciencia tiene como principio y es un proceso de búsqueda de la verdad. La verdad no puede ser comprada, sino más bien la búsqueda de toda una vida. Las personas con las que he trabajado diariamente ejemplifican y me recuerdan esta promesa”.

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta. Hayes escribió: “ La ciencia tiene como principio y es un proceso de búsqueda de la verdad. La verdad no puede ser comprada, sino más bien la búsqueda de toda una vida. Las personas con las que he trabajado diariamente ejemplifican y me recuerdan esta promesa”.

Syngenta, con sede en Basilea, tiene unas ventas anuales de unos 14 mil millones de dólares en semillas y pesticidas, y financia investigaciones en cuatrocientas instituciones académicas de todo el mundo. Cuando Hayes accedió a realizar los estudios para la Empresa (que en ese momento formaba parte de una Corporación mucho mayor, Novartis), los estudiantes de su laboratorio mostraban preocupación de que las Empresas de Biotecnología estuviesen “comprando las Universidades” y que la financiación de la Industria pudiese comprometer la objetividad de las investigaciones. Hayes les aseguró que los fondos aportados por la Empresa, 125.000 dólares, harían que el trabajo del laboratorio fuese más riguroso. Podrían contratar a más estudiantes, comprar equipos nuevos, y criar más ranas. A pesar de que su laboratorio estaba bien financiado, el apoyo federal para las investigaciones cada vez era más inestable, y del mismo modo que muchos académicos y administradores, sintió que debía buscar nuevas fuentes de ingresos. Hayes me dijo: “Consideremos esto como si se tratase de un pintor que va a realizar un servicio. Usted hizo el encargo, y debemos obtener unos resultados. Hagan lo que quieran con ellos. Es su responsabilidad, no la mía”.

atrazina La atrazina es el segundo herbicida más utilizado en Estados Unidos, donde las ventas se estiman en torno a los 300 mil millones de dólares al año. Comercializado en 1958, es barato de producir y controla una amplia variedad de hierbas ( El glifosato, producido por Monsanto, es el herbicida de mayor empleo). Un estudio realizado por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) encontró que sin la atrazina el rendimiento del maíz descendería un 6%, generando una pérdida anual de casi 2 mil millones de dólares. Sin embargo, este herbicida se degrada muy lentamente en el suelo y con frecuencia es arrastrado a arroyos y lagos, donde no se disuelve fácilmente. La atrazina es uno de los contaminantes más comunes del agua potable. Se estima que unos 30 millones de estadounidenses están expuestos a pequeñas cantidades de esta sustancia química.

En 1994, la EPA expresó preocupaciones sobre los efectos en la salud de la atrazina, anunciando que iba a iniciar una revisión científica. Syngenta reunió a un grupo de científicos y profesores, a través de una empresa de consultoría llamada EcoRisk, para estudiar el herbicida. Hayes finalmente se unió a este grupo. Su primer experimento demostró que los renacuajos macho expuestos a la atrazina desarrollaban menos masa muscular alrededor de las cuerdas vocales, y se planteó la hipótesis de que el producto químico tenía el potencial de reducir los niveles de testosterona. “He estado perdiendo muchas horas de sueño con todo esto. Soy consciente de las implicaciones, y por supuesto hay que asegurarse de que todo ha sido bien pensado y controlado”, escribió un miembro del panel de EcoRisk. Después de una conferencia, quedó sorprendido de que la Empresa siguiese manteniendo sus críticas y considerando triviales los resultados de sus investigaciones. Hayes quiso repetir y validar sus experimentos, quejándose de que la Empresa le estaba retrasando en su trabajo y que científicos independientes publicaran resultados similares antes de que pudiera hacerlo él. Renunció a su presencia en ese panel de científicos, escribiendo una carta en la que decía no querer sentirse atrapado: “Temo que mi reputación quede muy dañada si continúo mi relación con Novartis y siga con una baja productividad. Va a parecer que formo parte de un plan junto a mis colegas para ocultar datos importantes”.

Hayes repitió los experimentos utilizando los fondos de Berkeley y de la Fundación Nacional de Ciencias. Después escribió al panel de científicos: “A pesar de que de momento no quiera publicar los resultados hasta que no tenga todos los datos analizados y decodificados, creo que les debo advertir que algo muy extraño les sucede a estos animales”. Después de la disección de las ranas se dio cuenta de que en algunas de ellas no podía distinguirse fácilmente el sexo macho o hembra: ambos tenían testículos u ovarios. Otras tenían múltiples testículos, que aparecían deformados.

En enero de 2001, los empleados de Syngenta y miembros del panel EcoRisk viajaron a Berkeley para discutir con Hayes sus nuevos descubrimientos. Syngenta solicitó reunirse con él en privado, pero Hayes insistió en que estuvieran presentes sus alumnos, algunos colegas, y su esposa. Había tenido con anterioridad una amigable reunión con los miembros del panel científico -uno de ellos había sido colega suyo-, y comenzó la reunión en una gran sala del Museo de Zoología de Vertebrados de Berkeley, como si se tratase de una gran conferencia académica. Llevaba un traje nuevo y fueron atendidos por un servicio de comidas.

Después del almuerzo, Syngenta presentó a su orador invitado, un consultor estadístico, que apreció numerosos errores en el Informe de Hayes y llegaba a la conclusión de que los resultados no eran estadísticamente significativos. La esposa de Hayes, Katherine Kim, dijo que el consultor parecía estar tratando de “hacer que Tyrone pareciese lo más tonto posible”. Wake, el profesor de Biología, dijo que los hombres que formaban parte del panel EcoRisk parecían cada vez más incómodos: “Tenían la suficiente experiencia para saber que los problemas que planteaba el consultor estadístico eran rutinarios y ridículos. Un par de errores se presentaron como si aquello fuera el no va más. He sido científico académico durante cuarenta años, y nunca he visto algo así. Iban detrás de Tyrone”.

Hayes, más tarde, envió un correo electrónico a tres de los científicos, en el que les decía: “Me sentí insultado, me sentí injustamente condenado, y de hecho sentí que allí había algo deshonesto y poco ético”. Cuando le explicó a Theo Colborn lo que le había sucedido, el científico que popularizó la teoría de los productos químicos industriales que alteran el sistema hormonal, le aconsejó: “No vaya a su casa dos veces por el mismo sitio”. Colborn estaba convencido de que su oficina había sido pinchada, y que los representantes de la Industria le seguían. Le dijo a Hayes que “estuviese siempre pendiente, que tuviese mucho cuidado a quién dejaba entrar en su laboratorio. Tiene que protegerse usted mismo”.

Hayes publicó su trabajo sobre la atrazina en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, un año y medio después de abandonar el panel. Escribió sobre lo que denominó hermafroditismo inducido en las ranas por la exposición a la atrazina a niveles treinta veces por debajo de los permitidos legalmente por la EPA en el agua. Se planteó la hipótesis de que este producto químico pudiese ser un factor de disminución de las poblaciones de anfibios, un fenómeno observado en todo el mundo. En un correo electrónico enviado el día anterior al de la publicación, felicitó a los estudiantes de su laboratorio por haber mantenido una postura ética al continuar el trabajo por su cuenta: “Nosotros (y nuestros principios) hemos sido probados, y no sólo creo que hemos aprobado, sino que hemos superado las expectativas. La ciencia tiene como principio y es un proceso de búsqueda de la verdad. La verdad no puede ser comprada, sino más bien la búsqueda de toda una vida. Las personas con las que he trabajado diariamente ejemplifican y me recuerdan esta promesa”.

Él y sus estudiantes continuaron el trabajo, viajando a las diferentes regiones agrícolas de todo el Medio Oeste, recogiendo ranas en estanques y lagos, y luego enviando trescientos cubos de agua congelada de nuevo a Berkeley. En las revistas Nature y Environmental Health Perspectives publicó artículos sobre la aparición de ranas con anormalidades sexuales en lugares contaminados con atrazina en Illinois, Iowa, Nebraska y Wyoming: “Ahora que sé detrás de lo que estamos, no puedo parar. Ha adquirido entidad propia”. Hayes empezaba a trabajar en su laboratorio a las 3 y media de la mañana y allí permanecía durante 14 horas. Tenía dos niños pequeños, que a veces iban y se dedicaban a codificar los contenedores con códigos de colores.

De acuerdo con los correos electrónicos, Syngenta estaba consternada por los trabajos de Hayes. Su equipo de relaciones públicas compiló una base de datos con más de un centenar de “terceras partes interesadas”, incluyendo veinticinco profesores, que podían defender la atrazina o actuar como portavoces contra Hayes. Este equipo de relaciones públicas sugirió que la empresa comprase el término Tyrone Hayes, de modo que al hacer una búsqueda en Internet lo primero que saliese fuese el material de la Empresa. “La propuesta más tarde fue ampliada para incluir frases, tales como Hayes y anfibios, ranas y atrazina, feminización de la rana” (Hoy en día [este artículo es el año 2014], al hacer la búsqueda, nos lleva a un anuncio que dice: “Tyrone Hayes no tiene credibilidad”).

Parte 3

—————————-

Procedencia del artículo:

http://www.newyorker.com/magazine/2014/02/10/a-valuable-reputation

————————————

Una acreditada reputación: Hayes, Syngenta y la Atrazina (I)

Después de que Tyrone Hayes dijese que un producto químico era nocivo, su fabricante arremetió contra él

Por Rachel Aviv, febrero de 2014

The New Yorker

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta. Diversas notas de la Empresa revelan que estudió diversas maneras de desacreditarlo. Fotografía de Dan Winters.

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta. Diversas notas de la Empresa revelan que estudió diversas maneras de desacreditarlo. Fotografía de Dan Winters.

 En el año 2001, siete años después de entrar a formar parte de la Facultad de Biología de la Universidad de California, Berkeley, Tyrone Hayes dejó de hablar de sus investigaciones con las personas en las que no confiaba. Dijo a los estudiantes de su laboratorio, donde criaba tres mil ranas, que si al descolgar el teléfono oían un chasquido es que una tercera persona podía estar a la escucha. Otros científicos parecían recordar los acontecimientos de una manera diferente, de modo que empezó a llevar una grabadora cuando asistía a alguna reunión. “El secreto de una vida feliz y de éxito frente a la paranoia es vigilar de cerca a los que te persiguen”, le gustaba decir.

Tres años antes , Syngenta, una de las mayores empresas agrícolas del mundo, había solicitado a Hayes que llevase a cabo experimentos con el herbicida Atrazina, que se aplicaba a más de la mitad del maíz cultivado en Estados Unidos. Hayes tenía en ese momento treinta y un años y ya había publicado veinte artículos sobre la endocrinología de los anfibios. David Wake, un profesor del Departamento de Hayes, dijo que Hayes “podía haber desarrollado su máximo potencial en cualquier campo”. Pero cuando Hayes descubrió que la atrazina podía impedir el desarrollo sexual de las ranas, sus relaciones con Syngenta se volvieron tensas, y en noviembre del año 2000 puso fin a su relación con la Empresa.

Hayes continuó estudiando la atrazina por su cuenta, y pronto pudo comprobar que los representantes de Syngenta le seguían en las conferencias que daba por todo el mundo. Le preocupaba que la Empresa estuviese preparando una campaña para destruir su reputación. Se quejaba de que no era extraño que en el fondo de la sala siempre hubiese alguien tomando anotaciones. En un viaje que realizó a Washington D.C., en 2003, pernoctó cada noche en un hotel diferente. Todavía mantenía contacto con un par de científicos de Syngenta, y después de advertir de que conocían muchos detalles sobre su trabajo y sus horarios, empezó a sospechar de que leían sus correos electrónicos. Para confundirlos, pidió a un estudiante que escribiese correos electrónicos como señuelo desde su ordenador mientras él estuviese de viaje. Envió copias de seguridad de sus datos y notas a sus padres en cajas selladas. En un correo electrónico dirigido a un científico de Syngenta, escribió que había “arriesgado su reputación, su nombre… algunos dicen que incluso mi vida, ya que lo que pensaba, y ahora sé, era correcto”. Algunos científicos ya habían hecho con anterioridad experimentos que anticipaban los realizados por Hayes, pero nadie había observado con anterioridad tales efectos extremos. En otro correo electrónico a Syngenta, reconoció que podía sufrir un “complejo de Napoleón” o “delirios de grandeza”.

Durante años, a pesar de sus descubrimientos, Hayes siempre pareció estar fuera de lugar. En el ámbito académico, consideraba que sus colegas actuaban según un código de conducta bastante frívolo: un habla muy formal, decían de sí mismo que eran investigadores independientes, y rara vez admitían que no sabían algo. Creció en Columbia, Carolina del Sur, en una zona donde menos del cuarenta por ciento de los niños no terminaban la Educación Secundaria. No fue hasta que cursó el 6º grado, cuando fue aceptado en un programa para niños superdotados, en otro barrio, cuando mantuvo una conversación con un niño blanco de su edad. Él y sus amigos solían hablar de cómo “los blancos hacen esto, o los blancos hacen aquello”, haciendo como que lo sabían. Después continuó sus estudios avanzados, y los niños negros se burlaban de él diciendo: “Mira, se cree que es un blanco”.

Estaba fascinado por la metamorfosis, y pasó gran parte de su adolescencia recogiendo renacuajos y ranas, y cruzando diferentes especies de saltamontes. Crió ranas en el porche de la casa de sus padres, y examinó cómo los lagartos respondían a los cambios de temperatura ( usando un secador de pelo) y a la luz ( colocándolos en la caseta del perro). Su padre, un instalador de moquetas, sacudía la cabeza y solía decir: “Hay una línea muy fina de separación entre un genio y un tonto”.

Hayes recibió una beca de la Universidad de Harvard, y en 1985 comenzó lo que para él fueron los cuatro peores años de su vida. Muchos otros estudiantes negros habían ido a escuelas privadas, procedentes de familias acomodadas. Se sentía al margen y mal preparado, estuvo en un período de prácticas, hasta que se convirtió en profesor de Biología, y después se animó a trabajar en el laboratorio. De cinco pies de alto y muy delgado, Hayes se diferenciaba por vestir de una forma extravagante, como Prince. En un artículo en The Harvard Crimson sobre una fiesta en el Campus, escribió que parecía pertenecer a la “atmósfera roquera de la Danceteria de Nueva York”. Pensó en abandonar, pero poco después empezó a salir con una compañera de clase, Katherine Kim, estudiante de Biología coreana-estadounidense de Kansas. Se casaron dos días después de graduarse.

Se mudaron a Berkeley, donde Hayes se había inscrito en el programa de Biología Integrativa de la Universidad. Terminó su doctorado en tres años y medio, y fue contratado de inmediato por su Departamento. “Era una fuerza de la naturaleza, con un talento increíble y muy trabajador”, dijo Paul Barber, un colega que ahora es profesor en la UCLA. Hayes se convirtió en uno de los pocos profesores titulares de Biología de raza negra. Ganó el premio más destacado de Berkeley en la enseñanza, y dirigió el laboratorio con mayor diversidad racial de su Departamento, atrayendo a estudiantes que eran los primeros de su familia que acudían a la Universidad. Nigel Noriega, un ex estudiante ya graduado, dijo que el laboratorio era una zona de confort para los estudiantes que se asfixiaban en Berkeley, porque se sentían alienados por la cultura académica.

Hayes se había acostumbrado a no considerar en demasía los elogios de sus colegas, pero cuando Syngenta puso en duda su trabajo, empezó a preocuparse por las viejas ansiedades. Creía que la Empresa estaba tratando de aislarlo de otros científicos y “se aprovechaban de mis inseguridades, el temor de que no lo estuviese haciendo bien, o que todo el mundo creyese que era un fraude”. Dijo a sus colegas que sospechaba que Syngenta mantuvo reuniones para buscar sus posibles vulnerabilidades. Roger Liu, que trabajó en el laboratorio de Hayes durante una década, dijo que tanto como de estudiante como ya graduado: “En un principio estaba muy preocupado por su seguridad. Pero no podía discernir dónde terminaba la realidad y empezaban las exageraciones”.

Liu y otros ex estudiantes dijeron que se mantuvieron escépticos acerca de las acusaciones de Hayes hasta el verano pasado, cuando apareció un artículo en Noticias de Salud Ambiental (en colaboración con 100Reporters)*, que se había elaborado a partir de los registros internos de Syngenta. Cientos de notas de Syngenta y correos electrónicos fueron hechos públicos en 2012 tras la presentación de dos demandas colectivas interpuestas por veintitrés ciudades y pueblos del Medio Oeste, que acusaban a Syngenta de “ocultar los verdaderos peligros de la atrazina” y por contaminación del agua potable. Stephen Tillery, el abogado que llevó los casos, dijo: “El trabajo de Hayes nos sirvió de base científica en la demanda”.

Hayes dedicó los últimos quince años de su vida a estudiar la atrazina, y durante ese tiempo científicos de todo el mundo han realizado nuevos descubrimientos, de modo que hoy en día se relaciona a este producto químico con defectos de nacimiento en los seres humanos y en los animales. Los documentos de la Empresa muestran que mientras Hayes realizaba sus investigaciones sobre la atrazina, Syngenta le vigilaba muy de cerca, como él siempre sospechó. El equipo de relaciones públicas de Syngenta había elaborado una lista con cuatro objetivos. El primero, desacreditar a Hayes. En un cuaderno de espiral, la Gerente de Syngenta, Sherry Ford, quien se refiere a Hayes por sus iniciales, escribió que la Empresa podía “evitar la publicación de los datos por parte de TH diciendo que no eran creíbles”. Era un tema frecuente de conversación en las reuniones de la Empresa. Syngenta buscó varias formas de explotar los fallos y errores de Hayes. “Si TH se ve envuelto en un escándalo, los ecologistas le dejarán al margen”, escribió Ford. También observó que Hayes “creció en un mundo (S.C. [Carolina del Sur]) que no lo aceptaba”, “necesita adulación”, “no duerme”, “está marcado de por vida”. Y escribió: “¿Qué es lo que motiva a Hayes? Esa es la pregunta esencial”.

Parte 2

—————————–

Procedencia del artículo:

http://www.newyorker.com/magazine/2014/02/10/a-valuable-reputation


Artículos relacionados:

http://apiculturauruguay.blogspot.com.es/2011/03/la-atrazina-cambia-el-sexo-de-las-ranas.html

—————————————

Anatomía de una campaña de propaganda

Por Media Lens, 12 de mayo de 2016

dissidentvoice.org

propaganda

Vivimos unos tiempos en los que los intereses de los organismos estatales y de las Corporaciones están actuando de manera conjunta en campañas de propaganda destinadas a demonizar y destruir a los enemigos de los grupos de poder (Establishment).

Vamos a examinar los cinco componentes clave de una campaña de propaganda eficaz de este tipo:

1: Nuevas evidencias de especial interés

2: El tono y la intensidad emocional

3: La fabricación de un consenso

4: Consentimiento en la demonización

5: Momento oportuno y extrañas coincidencias

1: Nuevas evidencias de especial interés

Una campaña de propaganda a menudo se pone en marcha después de haberse revelado “nuevas evidencias de especial interés”, lo que significa que un enemigo del Establishment debe ser considerado como alguien despreciable y cuyo único objetivo es la acción.

En el infame Expediente de septiembre de 2002 del Gobierno de Blair sobre las armas de destrucción masivas de Irak, se hacían cuatro menciones a la afirmación de que Irak era capaz de desplegar esas armas de destrucción masiva contra los ciudadanos británicos en 45 minutos. Pero destacados funcionarios de los Servicios de Inteligencia revelaron después que esa afirmación de los 45 minutos se refería al tiempo que podría haber llevado a los iraquíes en disparar un misil Scud. Los Servicios de Inteligencia nada habían dicho hasta entonces de si Irak poseía armas químicas o biológicas para su uso en este tipo de cohetes. De un peligro puramente hipotético, de repente se convirtió en una amenaza inmediata y mortal.

En el año 2011, se empezó a afirmar que el Gobierno de Libia estaba preparando una masacre en Bengasi, exactamente el tipo de acción que Gadafi sabía podía desencadenar una intervención Occidental. El periodista de investigación Gareth Porter comentaba:

Cuando el Gobierno de Obama inició sus preparativos para derrocar a Gadafi, no pidió públicamente un cambio de Régimen, sino que simplemente dijo que estaba tratando de evitar la muerte de funcionarios de la Administración, algo que podía alcanzar niveles para que fuese considerado un genocidio. Sin embargo, la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), que era el principal agente que informaba de la situación en Libia, no encontró pruebas para apoyar tales temores y concluyó que se basaban únicamente en argumentos especulativos”.

En 2013, se dijo que se había iniciado un ataque con armas químicas en Ghouta, Damasco, casi al mismo tiempo que los expertos en armas químicas de la ONU estaban de visita en la ciudad del Gobierno sirio. Se alegó que Assad habría superado las líneas rojas establecidas muy claramente por Obama para apoyar la intervención – una guerra que habría destruido al Gobierno sirio y posiblemente habría dado como resultado la muerte violenta de Assad. El periodista de investigación Seymour Hersh informaba sobre el ataque de Ghouta:

Las noticias que hablan de ese ataque por parte de Bashar al-Assad, simplemente no son ciertas”.

Los considerados disidentes por Occidente se ven sometidos repetidas veces a este tipo de estratagemas, a veces con una campaña de propaganda en toda regla.

En 2012, el fundador de Wikileaks, Julian Assange, pidió asilo en la embajada de Ecuador en Londres, y los medios Corporativos casi al unísono se levantaron para calificarle como un narcisista vil y un bufón. Siempre polémico, los periodistas no han perdido la oportunidad de presentar a Assange como una persona a la que odiar en toda regla.

En 2013, un solo comentario por parte de Russell Brand en una entrevista, que hasta entonces habría estado promoviendo una forma de resistencia contra las Corporaciones, produjo un revuelo, de modo que periodistas de todo el espectro llegaron a la conclusión de que era un vicioso machista, un narcisista y un idiota. La intensidad de estos ataques contra él llevó a la desaparición de su programa.

No hay dudas de que Assange, Brand y otros están en el punto de mira de la propaganda del Estado y de las Corporaciones, ya que suponen un reto al poder de ambos. ¿Cómo podemos entonces explicar el hecho de que muchos periodistas y parlamentarios hayan apoyado y votado a favor de guerras que han destruido países enteros y sin embargo nada se dice de todo esto? No sólo es que las críticas hacia Assange, Brand y otros hayan sido desproporcionadas, sino que no se han producido críticas en absoluto contra aquellas personas que han provocado tanta muerte, tantos daños y el desplazamiento de millones de seres humanos. Pero cuando Brand bromeó acerca de la que entonces era su novia, “Cuando me pidieron que modificase una cuestión de New Statesman, dije que sí, porque era una mujer hermosa la que me lo pedía”, estas palabras fueron consideradas mucho más despreciables por los medios de comunicación que las acciones políticas llevadas a cabo por aquellos que son responsables de la destrucción de países enteros.

El líder laborista Jeremy Corbyn ha sido también objeto de una implacable y casi surrealista campaña de propaganda. Como veremos en la Parte 2, esta campaña ha tomado la forma de acusaciones de que “El Partido Laborista parece ser una fiesta que atrae a los antisemitas como moscas a un pozo negro”.

Estas campañas de propaganda se desarrollan con gran rapidez, y están destinadas a causar el máximo daño. Los propagandistas del Estado y de las Corporaciones saben que la atención mediática se centrará en las nuevas evidencias de especial interés, por lo que la duración de las reclamaciones no es motivo de excesiva preocupación. Los blogs de medios marginados y de artículos que se salen de la corriente principal pueden exponer rápidamente las exageraciones, pero la mayor parte de los medios de comunicación no lo tendrán en cuenta y no aprenderán la lección de que afirmaciones similares deben ser recibidas con extrema cautela. Un buen ejemplo de ello fue la campaña de justificación de la guerra contra Libia en 2011, que no produjo ningún tipo de escepticismo en los medios corporativos, sólo ocho años después de la decepción de la guerra de Irak.

2: El tono y la intensidad emocional

Un componente crucial de las campañas de propaganda es el tono de los comentarios políticos y de las Corporaciones, siempre vehementes, incluso histéricos. Los altos niveles emocionales se utilizan para dar idea de unas fuertes convicciones, alimentadas por una intensa indignación moral.

La razón está bastante clara: dejando a un lado el desequilibrio emocional, un comportamiento de este tipo sería un signo de que alguien tiene buenas razones para estar enfadado. La gente, por lo general, no se muestra demasiado enfadada cuando tiene dudas. Así que el mensaje que se quiere enviar a la gente es el de que no tenemos dudas. Las constantes irrupciones ante el ultraje moral exigiendo que hay que hacer algo para salvar Libia o Siria de una inminente matanza, algo publicado por los periodistas de una forma alegremente indiferente a las consecuencias de los ultrajes morales anteriores, por ejemplo, Irak. Así la presencia de “Fascistas en el corazón envenenado del Partido Laborista” con un odio racista escalofriante.

3.- La fabricación de un consenso

El tercer componente de una campaña de propaganda es la afirmación de que existe un consenso informado. La afirmación exagerada, dada con certeza y recurriendo al ultraje, se repite normalmente desde la derecha hasta el otro lado del espectro político y de los medios de comunicación. Esta cruzada de todo el espectro afirmando la existencia de un consenso da la impresión de que todo el mundo sabe que la campaña de propaganda hunde sus raíces en la Realidad. Por esta razón, el mito del espectro de los medios de comunicación es tan importante.

Mientras que una campaña de propaganda para demonizar algo o a alguien puede surgir del espectro político de la derecha y de los medios de comunicación, la propaganda para acabar con las dudas de la gente proviene de los periodistas liberales de izquierdas, como los de The Guardian, The Independent, la BBC y Channel 4. Una vez más la lógica que hay detrás está clara: si incluso reconocidos periodistas, famosos por sus puestos y calcetines de colores, se unen a las denuncias, entonces debe haber algo cierto en sus afirmaciones. Llegados a este punto, se hace difícil dudar de ellos.

Así, en el año 2002, The Guardian publicaba como un hecho que Irak conservaba armas de destrucción masiva que podrían suponer una amenaza, a pesar del hecho de que ambas afirmaciones eran fácilmente refutables.

En el año 2007. George Monbiot escribía en The Guardian: “Creo que Irán está intentando fabricar una bomba atómica”. En octubre de 2011, Monbiot escribió sobre la guerra de la OTAN en Libia: “Siento que se está haciendo lo correcto por razones equivocadas”. En un momento crucial de agosto de 2013, Monbiot afirmaba: “Hay pruebas evidentes de que Assad está utilizando armas químicas contra los civiles”. Y posteriormente escribió en The Guardian sobre “la larga serie de crímenes horribles, incluyendo el uso de armas químicas por parte del Gobierno de Assad”.

La noticia de la muerte de varios Ministros del Gobierno sirio por la explosión de una bomba fue recibida por Owen Jones de The Guardian con un “Adiós, Assad (espero)”. Jones tuiteaba que “esto es un levantamiento popular, no siendo apoyado por detrás con los misiles occidentales, sus tanques y sus balas”. Como ha quedado claro, Jones estaba mal informado, Occidente es responsable directamente, y a través de sus aliados regionales, de la enorme violencia que se ha desatado. Como si hubiera leído el manual de estrategias de la OTAN, Jones añadió:

Estoy a favor del derrocamiento de dictaduras brutales ilegítimas y que la gente del propio país restablezca la Democracia”.

Estas son las razones y la mitología empleada por los liberales de izquierdas de The Guardian o The Independent, un puñado de progresistas, retóricos de ruidosos demagogos, y por esta razón nos empeñamos en destaparlas. Es por este motivo que la aparición de artículos en The Guardian de destacadas figuras como Noam Chomsky o Russell Brand sirva de apoyo a este medio.

La gente ni por un momento se deja engañar por el consenso de la extrema derecha, pero sí por todos los bienpensantes, incluyendo los izquierdistas de The Guardian.

4. Consentimiento en la demonización

Se uno desafía las campañas de propaganda corre el riesgo de convertirse en el blanco de dichas campañas. Los disidentes se pueden calificar como tontos útiles, apologistas, negadores del genocidio.

Cualquiera que saque a la luz las campañas contra Julian Assange y Russell Brand, corre el riesgo de ser etiquetado de machista, misógino, y en el caso de Assange, de apologista de las violaciones. Y eso a pesar de lo dicho, Oliver Kamm, de The Times, tuiteó que Media Lens es un medio de comunicación que repetidas veces “ha negado el genocidio, y ha mostrado actitudes misóginas y xenófobas”.

De hecho se nos ha acusado de disculpar desde los crímenes de Stalin a los de Milosevic y apoyar la dictadura de los ayatolás en Irán o las dictaduras de Corea del Norte, Assad. Gadafi, Saddam y así sucesivamente. Parece que estamos tan desquiciados que apoyamos movimientos e ideologías políticas completamente contradictorias, incluso a enemigos que se desprecian entre sí. Esto puede ser debido a que nuestro odio lo dirigimos hacia Occidente, o tal vez porque estamos desafiando a los medios Corporativos y la propaganda del Estado.

Cuando el ultraje moral se dirige contra personas que desafían las campañas de propaganda, la reputación puede ser fácilmente dañada de manera irreparable. El público se puede quedar con la vaga sensación de que el objetivo es poco fiable y casi moralmente antihigiénico. El desprestigio puede durar el resto de su carrera o incluso de la vida de una persona.

5: Momento oportuno y extrañas coincidencias

Las nuevas evidencias de especial interés que alimentan las campañas de propaganda a menudo salen a la luz pública en el peor momento para los objetivos del Establishment. Podría parecer que se trata de una coincidencia absurda: ¿por qué el enemigo oficial provocaría en el momento más inadecuado invasiones, bombardeos o desastres electorales?

Pero recuerde, estamos hablando de gente con malas entrañas, que como todo el mundo sabe, son famosos por su perversidad. Forma parte del modo de pensar del Dr. Maligno, que provoca y se ríe de los desastres. Los comportamientos idiotas son ciegamente autodestructivos, que precisamente es lo que hacen estas gentes de malas entrañas. Así que este momento por inverosímil que parezca resulta oportuno para que la gente piense: estos tipos realmente están locos. Mucho periodismo que se ocupa de los enemigos oficiales dicen cómicamente que son caricaturas, exactamente de esta manera.

No tenemos ninguna duda de que, con los recursos adecuados, los analistas de los medios de comunicación podrían con facilidad demostrar que las campañas de propaganda aparecen en el momento más oportuno, justo en el momento clave de una votación en la ONU, en el Parlamento o en las elecciones.

En noviembre de 2002, antes de la votación en la ONU de la Resolución 1441, que marcaba la cuenta atrás para el inicio de una guerra, el Régimen de Blair comenzó a emitir advertencias diarias de inminentes ataques terroristas contra transbordadores del Reino Unido, el metro y en grandes eventos públicos. En 2003, Blair rodeó el aeropuerto de Heathrow con tanques, acción que justificó como una respuesta a un aumento de las amenazas terroristas, ataques con misiles, de los que nada se supo posteriormente. Incluso los editores de The Guardian expresaron escepticismo sobre esta oleada repentina de amenazas:

No se puede descartar que Blair tenga sus razones políticas para mostrar signos de inquietud, con la finalidad de justificarse en caso de que haya una guerra contra Irak, que sólo está respaldada por un votante de cada tres” (1).

John Pilger citó a un ex oficial de inteligencia que describía las advertencias terroristas del Gobierno como “preparación del proceso antes de la guerra de Irak y un juego de mentiras a gran escala” (2). De hecho, Blair estaba desarrollando una forma de terrorismo psicológico entre los suyos.

Del mismo modo, las alegaciones de las atrocidades cometidas en Siria alcanzaron su momento culminante cuando Estados Unidos se fue acercando a los escenarios de los combates en verano de 2013. Después de que Obama decidiese no bombardear, fue algo asombroso ver cómo de las primeras páginas desaparecían las informaciones sobre esas atrocidades.

En 2012, la milicia pro-Assad, la shabiha, se hizo mundialmente famosa cuando fue acusada de la masacre de Holua en mayo de 2012. En septiembre de 2014, mediante la herramienta Lexis se pudo comprobar que en los tres años anteriores la shabiha había sido mencionada en 993 artículos publicados en la prensa nacional. Sin embargo, desde septiembre de 2013 a septiembre de 2014, en un momento en el que el punto de mira de Occidente se desplazó de Assad al Estado islámico, sólo se produjeron 28 menciones de la Shabiha (búsqueda de Media Lens, septiembre de 2014). En el último año, la herramienta Nexis sólo ha encontrado 12 artículos que mencionen los términos Siria y shabiha en toda la prensa nacional del Reino Unido.

En la Segunda Parte, vamos a comprobar cómo la campaña de propaganda contra Jeremy Corbyn ha coincidido perfectamente con las elecciones locales en el Reino Unido, con objeto de dañar sus posibilidades.

Todo unido, las nuevas evidencias de especial interés, el ultraje moral y el aparente amplio consenso, todo ello tiene un impacto considerable.

La mayoría de las personas desconocían la existencia o no de las armas de destrucción masiva en Irak, las intenciones de Gadafi en Libia, o lo que piensa Corbyn sobre el antisemitismo. Con esta incertidumbre, no es de extrañar que la gente se quede impresionada por las explosiones de indignación moral de tantos políticos y expertos en los medios de comunicación.

Las expresiones de odio de estas gentes de malas entrañas y sus apologistas persuaden a la gente a que no agache la cabeza. Saben que incluso con un moderado escepticismo, incluso si se solicitase una aclaración, eso puede provocar que los Gigantes Corporativos le señalen con el dedo. Tal vez, incluso, sean acusados de ser partidarios de la tiranías, apologistas de la negación del genocidio, racistas y machistas. La posibilidad de denunciar intimida mucho y puede resultar especialmente desastroso para una persona que depende de un empleo o del patrocinio de las Corporaciones. Las Corporaciones, y en particular los anunciantes, no desean verse relacionados con ninguna controversia desagradable. Es notable ver cómo personas de cierta notoriedad social, con capacidad de difundir un mensaje, se mantienen a menudo en silencio.

Es fácil imaginar que la gente diga a menudo que tal cuestión no es de importancia para ellos, o que no saben mucho acerca de ella, para evitar meterse en problemas. Y como ya se ha discutido, es natural imaginar que los periodistas profesionales que tienen acceso a una gran cantidad de información, y experiencia, prefieran guardar silencio. Este es el efecto de rápido enfriamiento de una campaña de propaganda desarrollada con rapidez.

Propaganda y cambio climático

Sin embargo, el impacto más preocupante se produce en la percepción pública de las amenazas.

Una serie de campañas de propaganda ha ensañado a la gente a asociar una situación alarmante con la irrupción al unísono de muestras de preocupación y de indignación por parte de los partidos políticos y los medios de comunicación. Supone un problema, porque las verdaderas amenazas no provocan esas campañas de propaganda, de modo que parece que es algo menos urgente y que supone una amenaza menor de lo que realmente es. Y esto es exactamente lo que ha ocurrido con el cambio climático.

A pesar de que los registros nos hablan una y otra vez del aumento de las temperaturas y de que se están produciendo fenómenos meteorológicos extremos, a pesar de los intentos cada vez más urgentes de advertir a la gente de una verdadera emergencia climática, los científicos no son capaces de crear una situación de alarma generalizada como lo hacen las orquestadas campañas de propaganda.

Estas campañas se sirven del gran poder y de la gran cantidad de recursos que poseen los grupos de poder, y su enorme codicia. Se mueven por la necesidad de despejar aquellos obstáculos que impidan la obtención de beneficios, el control de los recursos naturales, para justificar su enormes presupuestos militares (socialismo para los ricos). Desde luego, está claro que una campaña de propaganda no va a servir para perjudicar sus propios intereses, los de la élite.

Como la respuesta ante el cambio climático por parte de las Corporaciones y de los Estados está muy clara, las campañas de propaganda no se dirigen realmente para intentar reducir las amenazas. Resulta tragicómico el hecho de ver a los altos funcionarios del Estado y los comentarios en los medios corporativos haciendo hincapié en las preocupaciones por la seguridad, mientras que poco o nada se hace frente a una amenaza que pone en peligro nuestra propia existencia, como es la del cambio climático. Se trataría por tanto de un tipo de amenaza que no debiera darse y que por tanto no requiere de la atención que precisaría.

El resultado es que la emergencia climática es percibida por la gente como un problema menor rodeado de muchas incertidumbres. Una encuesta de YouGov del pasado mes de enero encontró que el “público británico está mucho más preocupado por la amenaza que representa el crecimiento de la población que por el problema del cambio climático”. Vienen al caso las nuevas evidencias de especial interés, las expresiones con alto contenido emocional, o la existencia de un amplio consenso científico sobre el cambio climático, todo ello justificado en esta ocasión, pero las denuncias de esas gentes de malas entrañas caen en saco roto.

Este es el increíble precio que tenemos que pagar por la dominación a que estamos sometidos por las Corporaciones, los Partidos Políticos y los Medios de Comunicación. Aunque las víctimas sean los mismos propagandistas y la gente engañada por ellos.

En la Parte Segunda veremos la reciente campaña de propaganda dirigida contra Corbyn, que se ajusta perfectamente al patrón descrito anteriormente.

————————————-

Notas:

  1. Leading article, ‘Gloom in Guildhall,’ The Guardian, November 12, 2002. []

  2. Pilger, ‘Lies, damned lies and government terror warnings,’ Daily Mirror, December 3, 2002. []

————————————

Media Lens es un organismo de control de los medios de comunicación del Reino Unido, encabezado por David Edwards y David Cromvell. El segundo libro de Media Lens, Neolengua en el siglo XXI, por David Edwards y David Cromwell, fue publicado en 2009 por Pluto Press. Visite Media Lens’s website.

————————————-

Procedencia del artículo:

http://dissidentvoice.org/2016/05/anatomy-of-a-propaganda-blitz/

———————————-

Los grandes medios contraatacan. Misión: limpiarle la cara al TTIP

Las filtraciones de Greenpeace sobre los documentos de las negociaciones del tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Europa (TTIP por sus siglas en inglés), donde se puede ver como la primera presiona a la segunda para que rebajé estándares de calidad, han conseguido sacar a la luz una polémica que los grandes medios ignoraban. Estas filtraciones han obligado a estos medios a hablar sobre el tratado y estos han pasado de ignorarlo a defenderlo de diferentes modos.

TTIP5

Para manipular la opinión pública no hace falta mentir. Los grandes medios no necesitan hablar bien o mal sobre un asunto para influir sobre la opinión pública, sólo necesitan ignorar el tema. Que los grupos de comunicación no publiquen nada sobre algo puede relegar esa noticia a que pase desapercibida. Si ellos no hablan sobre algo, tal cosa no existe para la gran mayoría de la población.

Esa ha sido la estrategia que han usado los grandes medios con el TTIP. No escribir ni hablar sobre el tratado de libre comercio, como si no existiera. Esta técnica les ha funcionado bastante bien viendo que la gran mayoría de la población sigue ignorando de qué trata este tratado. Les ha funcionado bien. Hasta ahora.

Las filtraciones de Greenpeace de los documentos del TTIP -y la insistencia de algunos medios minoritarios- han cambiado por completo el panorama y han obligado a los grandes medios a poner encima de la mesa la polémica que rodea a este tratado. En las dos últimas semanas hemos visto como grandes medios, que habían ignorado hasta el momento las noticias referentes al tratado, publican varios artículos diarios sobre este y otros tratados de libre comercio. La estrategia de ignorar la noticia ya no funciona y ahora los medios empiezan su contraataque, el de defender el tratado y el libre comercio.

Lectura del artículo completo

—————————

Intermediarios de la Ciencia Basura

Dos revistas científicas son conocidas por sus estrechos vínculos con la Industria, convirtiéndose en las publicaciones donde acuden los investigadores para minimizar los riesgos de ciertos productos químicos tóxicos

Por Jie Jenny Zou, 18 de febrero de 2016

publicintegrity.org

 

 Volúmenes encuadernados de las revistas Critical Reviews in Toxicology y Regulatory of Toxicology de la Biblioteca Nacional de Medicina, una de las mayores bibliotecas médicas del mundo, en Bethesda, Maryland. Las colecciones de esta biblioteca incluyen más de siete millones de libros, revistas, reportes médicos y técnicos, manuscritos, filmes, fotografías e imágenes de medicina y ciencias relacionadas incluyendo algunos de los trabajos más antiguos y excéntricos en lo concerniente a medicina.

Volúmenes encuadernados de las revistas Critical Reviews in Toxicology y Regulatory of Toxicology de la Biblioteca Nacional de Medicina, una de las mayores bibliotecas médicas del mundo, en Bethesda, Maryland. Las colecciones de esta biblioteca incluyen más de siete millones de libros, revistas, reportes médicos y técnicos, manuscritos, filmes, fotografías e imágenes de medicina y ciencias relacionadas incluyendo algunos de los trabajos más antiguos y excéntricos en lo concerniente a medicina.

Las revistas especializadas forman parte de un selecto grupo de publicaciones médicas que entran a formar parte de los índices de consulta de los Institutos Nacionales de Salud, y pertenecen a asociaciones internacionales cuyos miembros se comprometen a defender unas consideraciones éticas y unos estándares científicos. Los artículos tienen un precio: un tema de Critical Reviews tiene un coste de 372 dólares, mientras que una suscripción anual a Regulatory of Toxicology cuesta 275 dólares.

Sin embargo, los críticos también afirman que hay revistas que son proveedoras de Ciencia Basura, pseudociencia mediante artículos respaldados por la Industria, que amenazan la salud pública al minimizar los peligros de conocidas sustancias tóxicas, tales como el plomo y el amianto. Los artículos a menudo se utilizan para paralizar los esfuerzos de regulación y a los que recurrir en las causas judiciales.

Un análisis realizado por el Centro de Integridad Pública encontró que la mitad de todos los artículos estaban escritos por científicos de la empresa de consultoría Gradient desde el año 1992, ya haya sido en Critical Reviews o en Regulatory of Toxicology. Ninguna otra revista ha ido tan pertinaz en este sentido.

Hay que estar muy ciego para no ver que los temas están relacionados con las políticas que podrían afectar a los beneficios de fuentes muy poderosas… La creación de dudas es una actividad que se repite una y otra vez, mientras tanto, la gente muere de manera innecesaria”, dijo la activista contra el uso del amianto Kathleen Ruff.

Los Consejos Editoriales de ambas revistas están constituidos por científicos y abogados que trabajan para la Industria, convirtiendo en vulnerables a los defensores de la sanidad pública. Entre los miembros que actualmente forman parte de sus Consejos Editoriales hay consultores privados, que han recibido comisiones para que actúen como peritos en los Tribunales.

Estas prácticas enturbian la literatura científica independiente. Tratan de llevar el agua a su molino”, dijo Jennifer Sass, científico de Natural Resources Defense Council, un grupo de defensa ambiental.

Los responsables de las revistas niegan que sus relaciones con la Industria comprometan su independencia científica.

Es un cuestión recurrente, algo realmente lamentable, el considerar que todo lo que apoya la Industria está corrompido. Las percepciones lo impregnan todo”, dijo David Warheit, miembro de Critical Reviews y científico en Chemours, empresa que se dedica a la fabricación de dióxido de titanio, un ingrediente de los protectores solares.

Warheit dijo que cada artículo que se envía a la revista es evaluado por cuatro o cinco revisores, frente a los dos o tres en los casos típicos. “He revisado algunos artículos para Critical Reviews in Toxicology, y no consiguieron ser publicados”.

El veterinario de Nuevo México y editor de Critical Reviews, Roger McClellan, rechazó la solicitud de una entrevista con este Centro, aunque envió un correo en el que decía sentirse orgulloso de los 45 años de historia de la revista. “Mi curriculum científico habla por sí solo”, agregó, proporcionándonos una extensa copia de 64 páginas con su vida profesional y de su biografía.

Gio Gori, editor de Regulatory Toxicolgy también se negó a comentar y dirigió todas las preguntas a la Editorial Elsevier. Un portavoz citó un editorial del año 2003, firmado por Gori, en el que hacía referencia a la objetividad de la revista y que “más de 600 científicos internacionales ayudan generosamente en el proceso de revisión por pares de la revista”.

Caos y confusión

El epidemiólogo Philippe Grandjean fue uno de los 42 científicos que firmaron una carta a finales de 2002 en la que se criticaba el frecuente fracaso de Regulatory Toxicology para dar a conocer los conflictos de interés y los vínculos con la Industria, comenzando por Gori.

Este ex Director del Instituto Nacional del Cáncer, ganó varios millones de dólares como consultor de la Industria del tabaco, cuestionando los peligros de los fumadores pasivos en revistas científicas, así como en The Washington Post.

Gori es el tipo de persona dispuesta a escribir editoriales en las que reprueba a científicos honestos, por considerarlo algo fuera de lugar. Es algo descaradamente sesgado a favor de la Industria y en contra de la Ciencia abierta y transparente”, dijo Grandjean, epidemiólogo danés.

Elsevier se mantuvo al margen de la revista, pero aplicó una política de divulgación en 2003.

Una década más tarde, Grandjean redactó una nueva carta, en esta ocasión para expresar sus preocupaciones sobre Critical Reviews, donde formó parte del Consejo Editorial.

Profesor Adjunto en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, e investigador pionero del mercurio, Grandjean dijo que accedió a formar parte de Critical Reviews hace más de 30 años, a pesar de su reputación de ser muy permisible con la Industria, porque pensó que tenía sentido su colaboración y tenía algo que decir del contenido de la revista.

Pero eso cambió en 2012, cuando la revista publicó dos artículos como réplica a una investigación del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, en los que se establecía un vínculo entre el cáncer de pulmón y los humos de los vehículos diésel. Grandjean dijo que la publicación “no era por el bien de la Ciencia”, sino una manera de poner en duda las conclusiones del NIOSH.

Sus quejas no fueron tenidas en cuenta por parte del editor McClellan o el entonces editor de Informa Health, de los cuales dijo Granjeand que incumplieron sus promesas de llevar a cabo una revisión independiente. Taylor & Francis, el actual editor de la revista, declinó hacer comentarios. En 2012, McClellan defendió las políticas de divulgación de la revista y dijo que la queja de Grandjean había sido transmitida al resto de miembros del Consejo Editorial, pero que “ninguno de ellos compartía las opiniones expresadas por el Dr. Grandjean”.

Grandjean renunció en 2012, poniendo fin a una relación positiva que se inició con el editor fundador, Leon Golberg. “Pensé que si McClellan me invitaba es porque consideraba útiles mis consejos, pero esto cambió, y si me mantenía era porque daba un cierto prestigio al aparecer mi nombre en la cabecera, justificando así que se trataba de una revista equilibrada”.

Como la revista que él fundó, la carrera de Golberg estuvo estrechamente ligada a la Industria. Natural de Chipre, ocupó varios cargos académicos en Sudáfrica y Gran Bretaña, finalizando su carrera en la Universidad de Duke. Y supervisó Critical Reviews desde la primera edición de septiembre de 1971, publicada por The Chemical Rubber Co.

La revista se presentó como “la voz de la razón” en una era de “caos y confusión”.

Nunca antes de habían aprobado o propuesto tantas normas de regulación, algunas demasiado tarde, otras antes de tiempo, lo que desconcertaba a los consumidores y tuvo un fuerte impacto sobre la Industria”, escribió Golberg.

Ese mismo año, se produjo una crisis de salud pública cuando la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA) emitió una advertencia contra el dietilestibestrol (DES), una hormona sintética utilizada desde hacía décadas por las mujeres embarazadas para combatir las náuseas del embarazo y prevenir abortos involuntarios o partos prematuros, y en cuya primera síntesis participó Golberg en 1938. Nada menos que 10 millones de personas estuvieron expuestas al dietilestibestrol antes de que se relacionase con un raro cáncer vaginal y otros problemas de fertilidad, provocando innumerables pleitos.

El papel de Golberg en los daños causados por el dietilestibestrol es menos conocido que sus logros posteriores. Entre ellos se encuentra la fundación del Instituto de la Industria Química de Toxicología (CIIT), los Institutos Hamner de Ciencias de la Salud, un grupo de investigación fundado y financiado por la Industria Química, según Research Triangle Regional Partnership. También puso en funcionamiento la Asociación Industrial de Investigación Biológica Británica, una empresa de consultoría entre cuyos clientes se encontraba ExxonMobil y Procter & Gamble.

En la década de 1970, Golberg participó en una campaña, ahora desacreditada, a favor de unos cigarrillos más seguros, de la Compañía de tabacos R.J. Reynolds, que todavía financia becas en su honor en Wake Forest y Duke. Murió en 1987 de mesotelioma, un cáncer agresivo que está relacionado con la exposición al amianto.

McClellan sucedió a Golberg, y tanto uno como el otro, editores de Critical Reviews y de CIIT, trabajaron conjuntamente con grupos comerciales, como el American Chemistry Council. Critical Reviews se ha convertido en una de las revistas de toxicología más citadas, al mismo tiempo que ha recibido multitud de críticas.

Ruff, un abogado que trabaja en los pleitos relacionados con el amianto, censuró a Critical Reviews en mayo por lo que él considera una divulgación indebida de un artículo sobre el amianto en 2013. En un testimonio de un proceso judicial se supo que la Industria había pagado a los autores casi 180.000 dólares en honorarios por la redacción de dicho artículo, que estos calificaron como donaciones. Citó esta circunstancia como una razón para que se publiquen estudios más estrictos y honestos.

Como editor de la revista Critical Reviews, McClellan se ha mostrado contrario a las normas de regulación. Ha declarado en el Congreso unas 20 veces. En 2011, se manifestó en contra de una propuesta de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) para disminuir la presencia de ozono a nivel del suelo, o la contaminación, señalando que era algo demasiado costoso, pidiendo a los legisladores que “una Economía saneada con personas empleadas es la piedra angular de una población sana”.

Vínculos con la Industria

Desde su aparición en 1981, Regulatory Toxicology se ha convertido en una fuente de credibilidad y de objetividad para una amplia audiencia. Sus coeditores se comprometieron en ocuparse de la Ciencia, en lugar de la política o de la mitología.

La seguridad es algo relativo, no absoluto”, dijo el investigador del SIDA Frederick Coulston y el científico de la FDA, el Dr. Albert Kolbye Jr., escribió en la edición que inauguraba la revista: “La seguridad es un objetivo en movimiento”.

La revista se ha mostrado desde sus inicios favorable a los puntos de vista de la Industria. En su primera edición, el Editor asociado lamentaba: “Siempre se ha producido una cierta competencia entre el Gobierno y la Industria, pero siempre con un elevado respeto mutuo. En los años sesenta esa competencia se transformó en posturas adversas, y el respeto se convirtió en desconfianza”.

Regulatory Toxicology es la publicación oficial de la Sociedad Internacional de Regulación Toxicológica y Farmacológica, una asociación entre cuyos directivos hay un Ejecutivo de Coca-Cola, consultores de las Corporaciones y abogados.

En un correo dirigido a este Centro, el Presidente Sue Ferenc negó que la sociedad jugase algún papel relevante en el editorial de la revista. Al margen de este sociedad, Ferenc encabeza el Consejo de Productoress y Distribuidores de Agrotecnología, un grupo relacionado con los pesticidas que posee su propio comité de acción política.

Pero se ha producido un solapamiento entre la sociedad y la revista, durante años.

Gary Yingling, ex fiscal de la FDA que ahora representa a clientes de la Industria, ha sido miembro del consejo editorial de Regulatory Toxicology desde 1981, mientras que también ha sido asesor general de la sociedad. Otro miembro del Consejo, Terry Quill, es abogado de la Industria y ex Presidente de la Sociedad, que dirigió la campaña de la sociedad contra el etiquetado del cloroformo como cancerígeno. La EPA ha clasificado al cloroformo, un subproducto de la cloración del agua, como probablemente carcinógeno para los seres humanos.

Uno de los beneficiarios del Premio a los Logros es una figura muy conocida de la revista, McClellan, uno de nuestros críticos, que también pertenece al plantel de Regulatory Toxicology. La sociedad le atribuye la creciente popularidad de la revista como fuente importante de su éxito y de la estima.

En respuesta a las preguntas sobre el apoyo financiero de la Industria a la sociedad, el entonces Presidente Christopher Borgert escribió en una hoja informativa de 2008: “La Ciencia tiene un medio objetivo de evaluar la información, pero nada tiene que ver con quién tiene el dinero y el porqué… El proceso científico deja al margen al científico, con sus conflictos de interés y su mirada parcial, en la medida de lo humanamente posible [sic] en el proceso de generación de datos y de su interpretación”.

Los editores de la revista Regulatory Toxicology también han ocupado un espacio en las noticias: Adicto al tabaco, en una entrevista concedida a The Wall Street Journal en 1997, Coulston decía que la nicotina no era adictiva y que el tabaco no causaba cáncer. En 2001, al laboratorio de Nuevo México que trabajaba con chimpancés le fueron retirados los fondos federales al ser acusado de maltrato animal.

Gori se convirtió en editor de Regulatory Toxicology tras la muerte de Coulston en 2003, y también ha ejercido de Presidente de la Sociedad. En el año 2013, él y otros 17 editores de revistas de toxicología escribieron un editorial criticando los planes de la Unión Europea de regular las sustancias químicas conocidas como disruptores endocrinos. De los 18 editores, sólo uno no tenía vínculos con la Industria.

Todo ese ruido”

Si usted recibe una llamada y observa que se trata de un número oculto, entonces puede sospechar e ignorar esa llamada”, escribió Grandjean en 2012. “La profesión de escritor científico debe ser así de simple para que podamos concentrar nuestra atención en las fuentes en las que confiamos”.

Sin embargo, los representantes de la EPA, FDA y Seguridad Ocupacional y Administración Sanitaria, dijeron que sus Agencias tienen en cuenta por igual a las fuentes científicas, independientemente de donde proceda la financiación. Se aconseja la divulgación científica por los tres organismos, pero no es algo obligatorio.

Se solicita de los portavoces de la FDA que revelen sus pertinentes relaciones financieras, pero la Agencia no impide su presencia a aquellos que no las quieran hacer públicas.

Las fuentes científicas de la EPA y de la OSHA se evalúan sobre una base, caso por caso. Por parte de la EPA se pide que los autores revelen “sus fuentes de financiación y otros intereses pertinentes”, mientras que la OSHA pide que los que proponen normas proporcionen información en sus comunicaciones.

Lo que debe o no ser conocido es objeto de debate. “No hay acuerdo sobre qué es un conflicto de intereses. De la divulgación científica se dice actualmente: voy a revelar que recibo financiación de la Industria, ya que es una fuente potencial de parcialidad en las investigaciones. El lector tendrá que decidir por sí mismo si efectivamente es así o no. Buena suerte. Este es el sentimiento actual, la demonización de aquel que trabaja al lado de la Industria”, dijo Arthur Caplan, Director fundador de la División de Ética Médica del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, y agregó que no tenía en cuenta el posible sesgo por recibir dinero de las fundaciones privadas o del Gobierno.

No existen políticas de divulgación para eliminar la parcialidad, dijo Sheldon Krimsky, Profesor de la Universidad de Trufts, que estudia la Ciencia y las políticas públicas, para que la gente pueda evaluar los posibles conflictos que pueden haber influido en los resultados: “La Ciencia no es una cuestión de esto o de aquello, sino que hay todo tipo de matices. Se pueden sacar conclusiones más allá de lo que digan los datos le puedan decir a uno”.

Las propias investigaciones de Krimsky han descubierto que los estudios respaldados por la Industria generalmente producen unos resultados que refuerzan las consideraciones de la Industria. “Las Empresas quieren que usted obtenga unos resultados determinados. No van a publicar ese estudio si usted no lo hace así”.

Incluso si la comunicación se hace de forma adecuada, la evaluación de la credibilidad de un estudio requiere tiempo, dijo Sass del NRDC: “Al final, todos tenemos que pasar por esta prueba de méritos; así lo piden la EPA y otras Agencias federales. Esto nos obliga a comprobar los vicios, artículo por artículo”.

En el proceso de regulación de las Agencias federales, esto implica varias audiencias y reuniones públicas adicionales, en las que los activistas tienen que dar la cara, y a menudo son superados por los representantes de la Industria.

El Sistema no puede manejar todo ese ruido. La Ciencia tiende a quedar en un segundo plano, y son la política y la economía las que salen ganando. Cuando hay mucho ruido presente, otros factores no objetivos entran en juego”.

——————————-

Procedencia del artículo:

https://www.publicintegrity.org/2016/02/18/19307/brokers-junk-science

———————————