Misterio arqueológico en Ghana: ¿Por qué durante anteriores períodos de sequía no se pasaba hambre?

Por Winifred Bird, 20 de julio de 2016

npr.org

Cereales, perlas y brazaletes desenterrados en el sitio arqueológico de Banda, Ghana, hablan de un tiempo en el que las sequías no traían períodos de hambruna. Los arqueólogos Amanda Logar y Osei Kofi excavan en el suelo de una casa de los años 1500. Imagen: Ann Stahl/Universidad de Northwestern

Cereales, perlas y brazaletes desenterrados en el sitio arqueológico de Banda, Ghana, hablan de un tiempo en el que las sequías no traían períodos de hambruna. Los arqueólogos Amanda Logan y Osei Kofi excavan en el suelo de una casa de los años 1500. Imagen: Ann Stahl/Universidad de Northwestern

En el distrito de Banda en Ghana, en el centro-oeste del país, julio es la temporada en la que se pasa hambre. El sorgo, el ñame y el mijo están todavía verdes, a la espera de las lluvias, y para la mayor parte de los agricultores la cosecha del año anterior ya se ha consumido. Las personas sobreviven a base de mandioca: se muelen las raíces y se cocina una especie de papilla parecida a la polenta llamada tuo zaafi removiendo las hojas. Pero no siempre hay suficiente para todos; además es una comida que carece de proteínas. Es difícil saber si en otoño llegarán los alimentos: las lluvias caídas en banda han sido muy erráticas y las cosechas escasas. La región lleva sometida a una sequía que ya dura 40 años.

Quizás esto nos lleve a pensar que la vida ha sido siempre de esta manera en Banda, un distrito pobre, sobre todo agrícola, que se encuentra a unas 10 horas en coche de la próspera capital de Ghana, Accra. Pero de acuerdo con la arqueólogo Amanda Logan de la Universidad de Northwestern, nada podría estar más lejos de la verdad.

Logan dice que es probable que ese período de hambruna no se haya producida en épocas anteriores. De hecho, su investigación muestra que hasta la mitad del siglo XIX, la gente de aquí tenía suficiente para comer, aun cuando escasearan las lluvias.

En un artículo publicado el pasado miércoles en la revista American Anthropologist, Logan informa que la seguridad alimentaria en Banda alcanzó su punto máximo hace aproximadamente 500 años, justo cuando se estaba produciendo una larga sequía. Por el contrario, un período de sequía mucho más suave está causando estragos en las dietas locales.

Logan ha pasado los últimas ocho años examinando restos arqueológicos, desenterrados por ella y por otros arqueólogos antes que ella, correspondientes a un período que abarca unos 1.000 años, en busca de pistas indirectas de la abundancia y escasez de alimentos.

Comenzó examinando los granos carbonizados, los sobrantes de la cocina y de los incendios que se pudieron producir en la cocina. Estos cereales proporcionan una información sobre los hábitos alimenticios de los residentes. Las más de 300 muestras obtenidas en 10 sitios representan diferentes períodos de tiempo, y Logan ha podido determinar el tipo de cereales y los cambios en sus cantidades relativas. Quería saber cuando las personas comían alimentos de los que disfrutaban, y cuando tuvieron que cambiar a otros que preferían menos, una señal clave de inseguridad alimentaria (Algo parecido a cambiar una hamburguesa de carne por otra de queso porque dispones de poco dinero).

Entre los siglos XI a XV encontró que la mayoría de las personas consumían el mijo perla, un grano que históricamente ha sido muy apreciado por las comunidades de todo el África Occidental. Otros restos arqueológicos, tales como perlas de Afganistán y brazaletes de hierro de fabricación local, muestran que durante este período los comerciantes establecieron redes comerciales, y los artesanos locales tenían abundante trabajo. Esto sugiere que había suficiente comida para alimentar a un número significativo de personas que no eran agricultores. En otras palabras, Banda era una región próspera.

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A mediados del siglo XV comenzó una sequía que duró dos siglos. Los registros sedimentarios de la cercana Bosumtwi revelan esta situación.

Esta sequía, en términos de su intensidad y duración no es nada comparable a lo que hayamos visto en el África Moderna. Fue muy intensa”, dice Logan.

Pero he aquí el misterio: el registro arqueológico de este período no muestra signos de escasez de comida, no se observa un aumento en el consumo de plantas silvestres, que es a lo que recurren las personas a menudo para obtener alimento en época de hambruna. La gente seguía comiendo mijo. Y también se encuentran una gran cantidad de utensilios de hierro, cobre, cerámica, marfil y tela, lo que muestra que el comercio y la producción artesanal todavía prosperaba.

No fue hasta mediados o finales de 1800, mucho después de que terminase la sequía, cuando Logan ha encontrado pruebas de escasez de alimentos. Los residentes actuales de Banda todavía hablan de sus antepasados, que tuvieron que comer plantas silvestres para sobrevivir, y el registro arqueológico dispone de una copia de seguridad. Cuatro nuevos tipos de semillas de plantas silvestres aparecen en las viviendas de esa época. Un poco más tarde, la gente empezó a comer maíz en lugar de mijo, un alimento que históricamente se ha consumido en épocas más desfavorecidas. También empezaron a consumir mandioca, que tampoco está entre sus alimentos preferidos. Hoy en día, la estación del hambre se ha convertido en un hecho más de la vida de los habitantes de Banda.

¿Qué fue lo que ocurrió entre los siglos XV y XXI para explicar estos cambios?

Según Logan, fueron dos cosas fundamentales:

esclavitudLa trata de esclavos desplazó a muchos jóvenes agricultores y artesanos, y Banda se incorporó a las colonias de la Costa de Oro de Gran Bretaña a finales de los años 1800. Los británicos querían ampliar los mercados para sus propios bienes industriales, tales como el hierro y los tejidos, lo que socavó la producción local de estos artículos.

Hace 500 años, Banda era una zona de producción, así como de consumo de materias muy solicitadas, como el oro, el marfil, el hierro y el cobre. Pero llegamos a la época colonial, y Banda deja de ser una zona de producción, excepto de productos agrícolas y utensilios de consumo local, como la cerámica”.

Estos cambios debilitaron la economía de Banda, y en consecuencia mermaron la capacidad de los residentes para sobrevivir a las sequías y otros desastres. La región se mantuvo dependiente de la agricultura, incluso después de que Ghana alcanzase la independencia en 1957.

Hoy en día, más del 70% de los residentes se dedican a la agricultura, la pesca o la silvicultura. Venden buena parte de su cosecha para obtener dinero, de modo que las familias suelen quedarse sin alimentos para sí mismos y tienen que comprarlos en el mercado. Si las cosechas son escasas o los precios suben, entonces se pasa hambre.

Volviendo a la sequía de los años 1400, Logan cree que las personas pudieron utilizar los ingresos de la producción artesanal para comprar alimentos. O que los ingresos no agrícolas les permitía no tener que vender sus cosechas, de modo que tenían lo suficiente para alimentarse durante todo el año. También pueden haber compartido los alimentos, de manera que los más pobres no morían de hambre. El geógrafo Michael Watts ha demostrado que esta última estrategia era muy común en el norte de Nigeria antes de que esta región se convirtiese en una colonia británica.

Scott MacEachern, profesor de antropología en la Universidad de Bowdoin y Presidente de la Sociedad de Arqueólogos africanistas, dice que Logan dispone de sólidas evidencias que documentan la progresiva disminución de la seguridad alimentaria en Banda. Y el argumento esgrimido para dar una explicación del declive es convincente.

Un vídeo en el que Milton Friedman responde a una pregunta relacionada con el colonialismo y la esclavitud. Milton Friedman fue uno de los máximos defensores de las doctrinas de libre mercado, y líder de la llamada Escuela de Chicago.

Encaja muy bien en el registro histórico”, dice MacEachern, que no participó en el estudio. “Tendemos a pensar en la colonización como un proceso aséptico, que se redujo a unos cambios de gobierno. En realidad fueron unos procesos enormemente perturbadores en los patrones de la vida cotidiana. Así que es totalmente plausible que la disminución de la seguridad alimentaria tenga que ver con aquellos procesos”.

Logan no es la primera que pone de relieve el papel del colonialismo en la seguridad alimentaria de algunas partes del mundo. Geógrafos como Watts y economistas como Amartya Sen han relacionado la política colonial con el hambre desde hace décadas. Pero Logan es la primera que lo hace a través de las evidencias arqueológicas, dice MacEachern.

El nuevo estudio es importante porque amplía la historia hacia el pasado, dice la arqueóloga de la Universidad del Estado de Arizona Michelle Hegmon.

Los hallazgos de Logan, dice Hegmon, en paralelo a lo que muchos economistas e historiadores ya han dicho, revelan que la inseguridad alimentaria no está causada únicamente por la sequía.

Está causado por la economía y el colonialismo y la forma en la que la gente tiene producir para el mercado y cosas por el estilo”, dice ella.

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Procedencia del artículo:

http://www.npr.org/sections/thesalt/2016/07/20/486670144/an-archaeological-mystery-in-ghana-why-didn-t-past-droughts-spell-famine

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Argentina: carta enviada al Papa sobre la posición de la Iglesia respecto a los transgénicos

GMWatch, 31 de julio de 2013

http://www.gmwatch.org/index.php?option=com_content&view=article&id=15001:cardinal-turkson-say-qnoq-to-gmos

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Querido David Andrews,

A raíz de su carta abierta al cardenal Peter Turkson, queremos compartir con ustedes la carta abierta que algunos miembros del Grupo de Reflexión Rural de Argentina envió al Papa Francisco hace unos meses.  Sabemos que la carta fue recibida por su oficina, pero no se sabe si Francisco leyó.  No dude en hacer circular nuestra carta y ponerse en contacto con nosotros si cree que será útil para el propósito de detener la aprobación por parte del Vaticano de las semillas modificadas genéticamente por favor.
Con los mejores deseos,
Stella Semino

Buenos Aires, Rep. Argentina, abril 2013

Su Santidad,

En primer lugar, ofrecemos a nuestros afectuosos saludos y felicitaciones por su elección como Obispo de Roma por el Colegio de Cardenales.  Creemos que va a guiar al pueblo de Dios con caridad, y la esperanza de que su mandato es de una gratificante.  Como siempre, te pedimos que usted será capaz de llevar a cabo la enorme tarea que tiene por delante.

Nos gustaría recordarle una reunión que tuvimos con usted en la Arquidiócesis de Buenos Aires, donde estuvimos acompañados por Mario Cafiero y su esposa Amalia.  En esa ocasión, le presentamos las conclusiones de una larga campaña que estábamos llevando a cabo en contra del uso de agrotóxicos para la fumigación.  La campaña se denomina DETENER LA FUMIGACIÓN y fue coordinado por el Grupo de Reflexión Rural.  Durante nuestro encuentro, os hablamos de las dolorosas consecuencias de esta proyección.  Hemos descrito lo que habíamos registrado a lo largo de varios años de recopilación de información y las campañas en contra de este monocultivo y su modelo de agricultura química, la expulsión forzada de poblaciones, y la contaminación ambiental.  Las pruebas que hemos reunido nos ha afectado profundamente, como hemos descubierto los efectos y consecuencias de las fumigaciones químicas en poblaciones enteras, sobre todo en los niños graves y generalizadas.

No era conveniente ampliar este tema en la reunión, ya que no queremos sobrecargar a usted.  Sin embargo, ahora se ha convertido en relevante para llevar este asunto a su atención, teniendo en cuenta las responsabilidades que llevas a nivel mundial en su nuevo papel como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.  En nuestra reunión hemos hablado de la aplicación en la Argentina del modelo de producción y modo de vida introducidas durante esta fase de la llamada globalización económica.  Nos referimos a algo que, desde una perspectiva rural, que se conoce como agroindustria, y es parte del modelo extractivo que destruye los medios de vida, la paz y la felicidad de las comunidades campesinas.  Este modelo se implementó en Argentina durante la década de 1990 en la parte trasera de las ruinas dejadas por el Terrorismo de Estado, y que implicaba la creación de una economía agro-exportación de materias primas y bienes primarios para satisfacer las necesidades de los mercados globales.  En nuestro país, el modelo se basa en la decisión política que Argentina, que había sido una vez la canasta de cereales del mundo y un productor de alimentos sanos y de alta calidad, se puede transformar en un productor de forraje animal, en primer lugar, para proporcionar forraje para el ganado europeo, y luego para el ganado en China.  Estas decisiones fueron tomadas sin el conocimiento del pueblo argentino.  De la misma manera, se toman medidas similares en todo el mundo, a espaldas de la opinión pública, sin permitir que la población de su derecho soberano y la libertad de elegir los métodos de producción y las formas de vida que les garanticen una vida digna y que respeten y el cuidado de la Creación.  Esto implica el sometimiento a las corporaciones multinacionales, una sumisión que, no nos cabe duda, significará nuevas y más terrible forma de colonización.

En Argentina, los monocultivos de soja y otras semillas genéticamente modificadas han avanzado a un ritmo tremendo.  Aunque imperceptible para las personas que viven en las ciudades, la tragedia es que han diezmado las poblaciones rurales.  El área cubierta por estos monocultivos ha alcanzado la cifra aterradora de 24 millones de hectáreas, y que ocupan una gran parte de nuestras tierras agrícolas.  Lo que está en riesgo aquí no es la Soberanía Alimentaria, que se perdió hace años, pero la seguridad alimentaria de la población.  Estos desiertos verdes no familiares se rigen por la biotecnología y los derechos de patentes aplicadas a la vida por las corporaciones multinacionales.  Nada es sagrado para ellos, y han desplazado a millones de personas que ahora están desarraigados y desterritorializado.  Estas poblaciones rurales están amontonados alrededor de las periferias urbanas de los nuevos súper-ciudades.  Las consecuencias de la urbanización compulsiva que confunde la vida urbana con el supuesto progreso es responsable de la marginación, la fragmentación social, la inseguridad extrema, la mala alimentación, el aumento de los niveles de la enfermedad, la trata de personas, programas de ayuda, y el narco-poder en los barrios de chabolas.  Además, los desastres ambientales recurrentes atribuibles al cambio climático se agravan por las prácticas destructivas de desarrollo de esta nueva agricultura y el desinterés político de los supuestos líderes.  Estas son las consecuencias naturales de la urbanización compulsiva que confunde la vida urbana con el supuesto progreso.  Millones de seres humanos han sido condenados a una vida en la que cada día está lleno de adversity.They vivo dentro de una sociedad de consumo que carece de cualquier rastro de la dirección espiritual, y sus perspectivas de futuro parecen consistir en sucesivas catástrofes.

A nivel global, la imposición de los modelos impulsados ​​por las corporaciones y los mercados globales ha aumentado las cifras de hambre en el mundo a más de mil millones de seres humanos.  La gran mayoría de los afectados también han sufrido de la expatriación, la desertificación de la tierra, la contaminación de sus aguas.  Muchos se han visto obligados a abandonar sus raíces y recuerdos y encontrar trabajo como empleadas en metrópoli distante.  Esta situación no sólo es terrible, sino que también es global.  La declaración hecha por monseñor Turkson el 5 de enero de 2011 es prueba de ello:

* «Si los agricultores africanos tuvieron un mayor acceso a la tierra cultivable fértil, a salvo de los conflictos armados y los contaminantes, no necesitarían los cultivos genéticamente modificados con el fin de producir alimentos».  Obligar a los agricultores a comprar semillas patentadas

* «Reproduce el clásico juego de la dependencia económica», que de alguna manera es como «una nueva forma de esclavitud»

* A pesar de esto, muchos gobiernos del Tercer Mundo han sido conquistados por las promesas de prosperidad asumido que este llamado progreso traerá.  Están regalando sus tierras más fértiles a la agroindustria ya los fondos de inversión que garantizan alimentos para los ricos y poderosos, aunque esto implica costos sociales y ecológicos de proporciones monstruosas.  Esta situación se está produciendo en nuestro país, tanto como en África y en Asia.  Las poblaciones rurales parecen ser excedente para las necesidades de este modelo de saqueo y genocidio.

El hecho de que más de mil millones de seres humanos padecen hambre es una estadística impactante.  Es comprensible que, como una institución que actúa como una brújula moral de la justicia y la armonía social, la Iglesia se verá afectado por esto y, más recientemente, se han tratado de encontrar soluciones a esta terrible tragedia a través de sus Academias Pontificias.  Existe el riesgo de que, en lugar de abordar estos temas cruciales y reflexionar sobre los acontecimientos que nos han llevado a esta terrible situación, aceptamos propuestas engañosas que nos dicen que tenemos que seguir por el camino que sin duda nos llevarán hacia el abismo del mundial catástrofe y la pérdida de nuestra propia humanidad.  Por desgracia, nos tememos que algunos miembros de la Iglesia han tomado este camino.  En mayo de 2009, cuando Su Santidad estuvo en Roma, le enviamos un documento que contiene información sobre este tema.  Lamentablemente, no hemos podido confirmar que en realidad lo hubieras recibido.  Enviamos el documento con nuestro embajador en la Santa Sede.  En él hemos hablado en contra de una reunión que tendrá lugar en ese momento, la Semana de Estudio de las plantas transgénicas para la seguridad alimentaria en el contexto del desarrollo «, que también fue sub-titulado» Limitaciones para Introducción Biotech para el Alivio de la Pobreza.  Esta reunión científica presuntamente se llevaba a cabo en la Academia Pontificia de las Ciencias y se incluye una amplia representación de la Corporación Monsanto y el biotecnólogo Moisés Burachik, que representaba el gobierno argentino.  Durante semanas se intentó, sin éxito, para que nuestro desacuerdo oído, o que se le permita participar para que otros puntos de vista pueden ser escuchados, pero no recibió respuesta.  El tema en cuestión no es insignificante.  Estamos convencidos de que ciertas corporaciones mundiales necesitan el apoyo moral de los líderes religiosos, a fin de impulsar las políticas de biotecnología que son aún más audaz que las políticas que han aplicado hasta la fecha.  Los supuestos éxitos científicos que se promueven a través de la propaganda ocultan las consecuencias devastadoras de las políticas corporativas.  También pasan por alto el hecho de que, cada día, cada vez hay más pruebas que demuestran que las teorías sobre la modificación transgénica no sólo son obsoletos, pero completamente equivocada, ya que se basan en suposiciones que ahora se han demostrado ser falsa, por ejemplo, la identificación mecánica de características específicas de un gen.  Sin embargo, el problema actual es el inmenso poder global de la industria de la biotecnología y su enorme capacidad para influir en el pensamiento y para ganar contratos.

Aparte de los posibles riesgos de OGM a la humanidad, queremos subrayar nuestra convicción sobre el creciente problema del «hambre en el mundo».  La solución no vendrá de un número creciente de empresas agropecuarias.  Por el contrario, hay una necesidad de aumentar el número de trabajadores rurales y los pequeños y medianos productores que tienen vínculos de larga data con la tierra y el cultivo de alimentos.  Como comunidad y como Iglesia, no podemos dejar de lado este tema.  Creemos que la estrategia de la Academia Pontificia de las Ciencias dentro de este campo debe someterse a una reorganización radical.  Además, hay que re-enfocado para que incorpore otros puntos científicos de referencia cuya prioridad es el amor por la vida, la humanidad y la creación, y que no están motivados por las ganancias corporativas, la eficiencia tecnológica o ganancia científica.

Esto puede requerir un poco de esfuerzo por parte de Su Santidad, y le pedimos que contar con nosotros y nos tenga en cuenta para proporcionar todo el apoyo necesario.  En los últimos años, se ha difundido el concepto de Ecoteología en reuniones ecuménicas y de Internet para animar a los católicos a recuperar sus valores de cuidado de la creación y buscar inspiración espiritual en la Naturaleza y la environment.We respetuosamente a nuestro Santo Padre para escuchar nuestras palabras y confían en que van a estar de servicio.  Pedimos la bendición de Su Santidad.

Muy respetuosamente,
Adolfo Boy
Stella Semino
Lilian Joensen
Fernando Rovelli
Federico Aliaga
Jorge E. Rulli
GRR Grupo de Reflexión Rural

Los alimentos usados como combustible: una forma segura de producir una crisis alimentaria

Por Jean Ziegler y Siv O’Neall, 27 de diciembre de 2011

http://axisoflogic.com/artman/publish/Article_64191.shtml

 

 Jean Ziegler [1] , en su reciente libro “Destrucción masiva, la Geopolítica del hambre” [2], denuncia la estrategia brutal que los amos del mundo están utilizando para aniquilar la resistencia y así dirigirlo como mejor les parezca.

Jean Ziegler es un luchador incansable por los derechos humanos y el derecho a la alimentación, tal y como se indica en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y como ha recogido en sus números libros anteriores sobre diversos temas, pero sobre todo la extrema crueldad del Imperio. Su último libro es una denuncia de la Agroindustria en sus diversos aspectos: los biocombustibles y la industria de los transgénicos, y va a hacer todo lo posible para que este mensaje llegue a todas las partes del mundo. El profesor Ziegler ha hablado con voz alta y clara en las Naciones Unidas denunciando el neoliberalismo y la pobreza que engendra en todo el mundo. Esto le ha granjeado numerosos enemigos, pero también amigos. ¿Qué se está haciendo en nombre del neoliberalismo, sino un asesinato calculado? El título del libro lo dice claramente.

 

El profesor Ziegler denuncia los tres factores principales que contribuyen a la escasez y a la carestía de los productos alimenticios.

El acaparamiento de tierras para cultivos como la caña de azúcar y otros, especialmente en Estados Unidos, para la producción de biocombustibles (etanol), siendo una de las principales causas de la escasez de alimentos, ya que priva a los pequeños propietarios de sus tierras y reduce la cantidad de alimentos disponibles. La pérdida de tierras cultivables para la producción de biocombustibles ha contribuido al escandaloso aumento de los precios de los alimentos. Menos tierra, menos alimentos: precios más altos. A ello se suma también el hecho de que los biocombustibles aumentan el daño a la Tierra, que sus defensores de forma deshonesta tratan de ocultar.

La especulación sobre los alimentos, así como de las tierras de cultivo, también debe ser denunciado con fuerza, siendo otro importante factor que contribuye al aumento espectacular de los precios de los alimentos básicos, hecho que se viene produciéndose desde mediados de 2007. Por lo tanto, no sólo se priva a los agricultores de sus tierras, a menudo sin ningún tipo de compensación, sino que también los precios de los alimentos aumentan, así que no pueden adquirir los productos que necesitan para sobrevivir.

La tercera causa es la desertificación, la degradación del suelo, proceso que es acelerado por la sustitución de los cultivos tradicionales por grandes extensiones de monocultivos, bien para biocombustibles o para cultivos transgénicos, con enormes demandas de agua. Ríos y lagos se están secando y un número cada vez mayor de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable.

Los siguientes textos son extractos de cuatro capítulos del libro “Destrucción masiva”, un resumen de los argumentos que el profesor Ziegler plantea frente a los intentos monstruosos de matar de hambre a ingentes cantidades de personas, con la sola finalidad de aumentar la riqueza y el poder de unos pocos. Yo agregaría también, con la finalidad de mantener a las masas a raya, ignorantes y sumisos.

La mentira

Oro verde se ha considerado desde hace varios años como un complemento a la rentabilidad del oro negro.

Las industria de los biocombustibles lanza un argumento que pareciera irrefutable: la sustitución de los combustibles fósiles por energía procedente de las plantas, es un arma contra el rápido deterioro del clima y el daño irreversible que se está haciendo al medio y a los seres humanos.

Algunas cifras

Más de 100 millones de litros de bioetanol y biodiésel se produjeron durante 2011. En el mismo año, 100 millones de hectáreas de cultivos agrícolas se utilizaron para producir biocombustibles. La producción mundial de biocombustibles se ha duplicado en los últimos cinco años, de 2006 a 2001.

La degradación del clima es una realidad

A nivel mundial, la desertificación y la degradación del suelo afecta ya a más de mil millones de personas en más de 100 países situados en zonas áridas. Las regiones áridas o semiáridas son particularmente susceptibles a la degradación, representando más del 44% de las tierras cultivables del planeta.

La destrucción de los ecosistemas y la degradación de extensas zonas agrícolas en todo el mundo, y especialmente en África, es una tragedia para los pequeños agricultores y ganaderos. En África, la ONU estima que hay 25 millones de refugiados ambientales o migrantes ambientales, es decir, seres humanos que se han visto obligados a abandonar sus hogares a causas de desastres naturales (inundaciones, sequías, desertificación) y que han de luchar por la supervivencia en los suburbios de las grandes ciudades. La degradación de la tierra es causa de conflictos, sobre todo entre los ganaderos y los agricultores.

Empresas transcontinentales para la producción de biocombustibles han convencido a la mayoría de la opinión pública mundial y a la mayor parte de los Estados occidentales, de que la energía producida a partir de las plantas es un arma milagrosa contra la degradación del clima. Pero este argumento es falso. No tienen en cuenta los métodos ni los costes ambientales de la producción de biocombustibles, ni el agua ni la energía que se requiere para ello.

Sin embargo, por todas partes del planeta el agua potable es cada vez más escasa. Una de cada tres personas bebe agua contaminada. 9000 niños menores de diez años mueren cada día al consumir agua no apta para el consumo.

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Según la OMS, un tercio de la población mundial aún carece de acceso al agua potable a un precio asequible, y la mitad de la población mundial no tiene acceso al agua potable. Aproximadamente 285 millones de personas que viven en el África subsahariana no tienen acceso regular al agua potable [3].

Y por supuesto, son los pobres los que sufren con más severidad la falta de agua.

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Sin embargo, si tenemos en cuenta las reservas mundiales de agua, la producción cada año de decenas de miles de millones de litros de biocombustibles es una verdadera catástrofe. Se necesitan 4000 litros de agua para producir un solo litro de bioetanol.

Un estudio detallado de la OCDE, Organización de los estados más industrializados, con sede en París, calcula la cantidad de energía fósil necesaria para producir 1 litro de bioetanol. Es una cantidad enorme. The New York Times, también señaló en su día la gran cantidad de energía que se requiere para producir etanol y además indicando que “los biocombustibles aumentan la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera en lugar de contribuir a reducirlo”.

La obsesión de Barack Obama

Las mayores corporaciones multinacionales productoras de biocombustibles tienen su sede en los Estados Unidos. Cada año reciben miles de millones de dólares en ayudas gubernamentales. En el discurso de Obama a la Nación en 2011 dijo que el bioetanol y el biodiésel son una causa nacional, y que entra dentro de la seguridad nacional.

En 2011, se subsidiaron con 6 mil millones de dólares procedentes de fondos públicos, utilizándose el 38,3% de la cosecha nacional de maíz para la producción de biocombustibles, frente al 30,7% en 2008. Desde el año 2008, los precios del maíz en el mercado mundial se han incrementado un 48%.

 Estados Unidos es con mucho la potencia industrial más dinámica y la mayor productora a nivel mundial. A pesar de que tiene un número relativamente bajo de habitantes, 300 millones, en comparación con los 1,3 millones de China o la India, Estados Unidos produce más del 25% de todos los productos industriales fabricados en un año en todo el planeta.

La materia prima de esta impresionante máquina es el petróleo

Estados Unidos quema diariamente 20 millones de barriles, alrededor de un cuarto de la producción mundial. El 61% de esta cantidad, más de 12 millones de barriles al día, son importados [4].

Para el Presidente de Estados Unidos, esta dependencia exterior es, obviamente, una preocupación. Y lo más preocupante es el hecho de que el petróleo importado procede de regiones con una elevada inestabilidad política o donde los estadounidenses no son bien recibidos, en una palabra, la producción y la exportación a los Estados Unidos no están garantizados.

George W. Bush fue el que inicio este programa de biocombustibles. En enero de 2007 estableció la meta a alcanzar: en los 10 años siguientes Estados Unidos tenía que reducir en un 20% el consumo de combustibles fósiles y multiplicar por 7 la producción de biocombustibles.

La quema de millones de toneladas de alimentos en un planeta donde cada cinco segundos un niño menor de 10 años muere de hambre es, obviamente, un escándalo.

Los partidarios de los biocombustibles están tratando de desarmar los argumentos de los críticos. No niegan que no sea ético desviar alimentos para su uso como fuente de energía, pero dicen que no hay de qué preocuparse, ya que pronto habrá una segunda generación de biocombustibles que se obtendrán a partir de los residuos forestales, o de plantas como la jatrofa, que sólo crece en tierras áridas (donde no es posible cultivar alimentos). Y luego añaden que las técnicas de que ya se disponen permiten el tratamiento de los tallos de la planta de maíz, sin emplear la semilla… ¿Pero a qué coste? (La producción de biocombustibles requiere una enorme cantidad de agua y energía).

Lo de una nueva generación es una terminología, en este caso, que da lugar a engaño. La segunda generación de biocombustibles no existe, y por contra la producción de los mismos será aún más costosa. Así que en un mercado donde manda la maximización de beneficios, estos cultivos tendrán un papel marginal.

El depósito de combustible de un automóvil mediano tiene una capacidad de 50 litros. Para fabricar 50 litros de bioetanol se requieren 358 kilogramos de maíz.

En México y en Zambia el maíz es el alimento básico. Con 358 kilogramos de maíz un niño de Zambia o de México puede comer durante un año.

Amnistía Internacional resume mi punto de visto: “Biocombustibles: depósito lleno y estómagos vacíos”.

La maldición de la caña de azúcar

No sólo los biocombustibles consumen cada año cientos de millones de toneladas de alimentos como el maíz, el trigo y otros, y se lanzan a la atmósfera millones de toneladas de dióxido de carbono, sino que además se causan desastres sociales en los países donde las empresas transcontinentales que fabrican biocombustibles se hacen fuertes.

Tomemos por ejemplo el caso de Brasil.

La lucha de los trabajadores de engenho Trapiche es un ejemplo. Las vastas tierras que antaño fueron propiedad del Estado, la Terra da União, estaba dividida en parcelas agrícolas de 1 a 2 hectáreas, cultivadas por pequeños agricultores en una economía de subsistencia. Las familias vivían pobremente, pero disfrutaban de un cierto grado de bienestar y de relativa libertad.

A través de su excelentes relaciones con Brasilia, las empresas han logrado el desmantelamiento y la privatización de estas tierras. Los pequeños agricultores de frijoles y cereales que vivían aquí fueron deportados a los barrios pobres de Recife, excepto aquellos que aceptaron convertirse en cortadores de caña de azúcar. Hoy en día son trabajadores que se encuentran en situación de sobreexplotación.

En Brasil, el programa de producción de biocombustibles se considera una prioridad. Y la caña de azúcar es uno de los cultivos más rentables para la producción de bioetanol.

El programa brasileño para el incremento de la producción de bioetanol tienen un curioso nombre: Plan Pro-alcohol. Es el orgullo del Gobierno. En 2009, Brasil consumió 14 mil millones de litros de bioetanol (y biodiésel) y exportó por valor de 4 mil millones de dólares.

El sueño del Gobierno es exportar 200 mil millones de litros

El Gobierno de Brasilia quiere aumentar a 26 millones de hectáreas la superficie cultivada de caña de azúcar. En lucha contra los gigantes del bioetanol, los cortadores de caña de azúcar en la plantación de Trapiche no tienen ninguna oportunidad.

El Plan Pro-alcohol brasileño ha provocado la concentración de las tierras en unas pocas manos de indígenas y empresas transnacionales.

Esta monopolización aumenta las desigualdades y exacerba la pobreza rural ( al igual que la pobreza urbana, como resultada de la migración de las zonas rurales). Además, la exclusión de los pequeños productores amenaza la seguridad alimentaria del país, ya que son los que mediante la agricultura pueden garantizar su sustento.

En cuanto a los hogares de las zonas rurales, encabezados por la mujeres, tienen menos acceso a la tierra y sufren mayor discriminación.

En resumen, el desarrollo y producción del llamado “oro verde” es un modelo que enriquece únicamente a los dueños de las explotaciones y que empobrece a los pequeños agricultores y en O boiafrio [6] incluso se va más lejos. En realidad, se ha firmado la sentencia de muerte para las pequeñas explotaciones familiares y las medianas empresas, y por lo tanto se pone en peligro la soberanía alimentaria del país.

Pero además de los dueños de las explotaciones, el Programa Pro-alcohol produce enormes beneficios a las grandes empresas extranjeras transcontinentales, tales como Louis Dreyfus, Bunge, Noble Group, Archer Daniels Midland, y para los grupos financieros de Bill Gates y George Soros, así como los fondos soberanos de China.

En un país como Brasil, donde millones de personas están exigiendo el derecho a tener un pedazo de tierra, donde se ve amenazada la seguridad alimentaria, la apropiación de tierras por las corporaciones transnacionales y los fondos soberanos es un escándalo adicional. [7]

En el Consejo de Derechos Humanos de la ONU se luchó contra el Plan Pro-alcohol [8].

Incluso el Presidente Luis Inácio Lula da Silva, durante su visita al Consejo en 2007, me atacó desde lo más alto del podio.

Vanucci y Lula tenían un poderoso argumento: “¿Por qué preocuparse por el avance del cultivo de la caña de azúcar, tal y como dice el Relator Especial para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, si el Plan Pro-alcohol nada tiene que ver con la comida, la caña de azúcar no lo es? A diferencia de los norteamericanos, los brasileños no quemamos ni maíz ni trigo”. [9]

Para obtener nuevas tierras, los grandes propietarios y las Empresas Transcontinentales queman la selva. Decenas de miles de hectáreas cada año.

La destrucción es definitiva. Los suelos de la cuenca del Amazonas y de Mato Grosso [10], cubiertos de bosques primarios, sólo tienen una fina capa de humus. Incluso en el improbable caso de que las autoridades tuvieran un arrebato de lucidez, ya no se podría restablecer la Selva Amazónica, los pulmones del planeta. De acuerdo con los datos del Banco Mundial, al ritmo actual de quema de la selva, el 40% de la Selva Amazónica habrá desaparecido en 2050.

En la medida en que Brasil ha ido sustituyendo progresivamente los cultivos para la producción de alimentos por la caña de azúcar, se ha entrado en el círculo vicioso del mercado internacional de alimentos: se ven obligados a importar alimentos que ya no producen, y se aumenta la demanda mundial… que a su vez provoca un aumento de los precios.

La inseguridad alimentaria, de la que una gran parte de la población brasileña son victimas, está directamente relacionada con el Programa Pro-alcohol. Esto afecta especialmente a las zonas en las que se cultiva la caña de azúcar, ya que los alimentos de primera necesidad con casi exclusivamente importados, estando sujetos a fluctuaciones muy significativas de los precios. Muchos pequeños agricultores y trabajadores agrícolas deben comprar alimentos, ya que no tienen tierras suficientes para producir los alimentos que necesitan sus familias. Así, en 2008, los campesinos no pudieron comprar los suficientes alimentos debido a la subida repentina de los precios.

Con la finalidad de reducir costes, los productores de biocombustibles explotan a los trabajadores migrantes, según el modelo de agricultura ultra-liberal capitalista. No sólo se pagan bajos salarios, sino que los horarios son inhumanos, no hay infraestructuras de apoyo y las condiciones de trabajo rayan en la esclavitud.

Postdata: El infierno de Gujarat

Las condiciones de esclavitud de los cortadores de caña de azúcar no son exclusivas de Brasil. Miles de migrantes de otros países están siendo explotados de la misma manera.

En la plantación de la Fábrica de Azúcar Bardoli, situada en Surat, Guajarat, India, la mayoría de los hombres que trabajan pertenecen a los pueblos indígenas de los adivasi, famosos por su dominio del arte de la cestería y la fabricación de muebles de caña.

Las condiciones de vida en la plantación son terribles: comida infestada de gusanos, agua potable en estado deficiente, falta de madera para cocinar los alimentos. Los adivasi y sus familias viven en chabolas en unas condiciones deplorables.

¿Denunciarlo en los tribunales?

Los adivasi tienen mucho miedo al Mukadam, el agente de contratación de la explotación. Tal es la magnitud de desempleo en Guajarat que a la menor protesta el cortador de caña crítica es sustituido por otro más dócil.

Recolonización

Durante la XVI sesión del Consejo de Derechos Humanos de marzo de 2011, Vía Campesina, junto con otras organizaciones no gubernamentales, FIAN y CETIM, organización un evento paralelo: una consulta oficiosa sobre la protección de los agricultores (derecho a la tierra, semillas, agua, etc).

El Embajador de Sudáfrica encargado de los derechos humanos, el obstinado Pizo Moved, dijo en esa ocasión: “Primero se llevaron a los hombres, luego nos quitaron la tierra. Estamos viendo la era de la recolonización de África”.

En realidad la maldición del oro verde se extiende por Asia, América Latina y África.

En casi todas las partes,, pero especialmente en Asia y América Latina, el acaparamiento de tierras por parte de las empresas transcontinentales va acompañada de violencia.

La selva de África Central es la segunda más grande del mundo después de la del Amazonas y es un importante sumidero de carbono [11] del mundo. Hay que comprender que muchas comunidades dependen de ella, su biodiversidad es enorme y es sustento mediante la caza y la recolección. Estas comunidades están en peligro de desaparición.

Conclusión

Tenemos que actuar rápidamente frente al intento de control de los nuevos amos del mundo, hacer frente al neoliberalismo insensible y codicioso [12]. Tenemos que abrir los ojos y tener las mentes abiertas frente a estos depredadores que acaparan el mundo y nos convierten en sus rehenes, en un intento absurdo de aumentar su riqueza y la dominación del planeta. Debemos unirnos y trabajar sin descanso, sin perder la esperanza, sin perder el objetivo de salvar la Tierra. No hay que dejarse engañar por el ensordecedor gritería de las máquinas de propaganda. Debemos mantenernos firmes y juntos. Es la única manera de poder salir de este infierno.

Notas:

[1] Jean Ziegler, a former professor of sociology at the University of Geneva and the Sorbonne, Paris, is member of the UN Human Rights Council’s Advisory Committee with an expertise on economic, social and cultural rights. For the period 2000-2008, Jean Ziegler was the UN Special Rapporteur on the Right to Food. In March 2008, Jean Ziegler was elected Member of the UN Human Rights Council’s Advisory Committee. One year later, the Human Rights Council decided, by acclamation, to re-elect Jean Ziegler as a member of the Advisory Committee, a post he will now hold until 2012. In August 2009, the members of the Advisory Committee elected Jean Ziegler as Vice-President of the forum.

[2] DESTRUCTION MASSIVE – GÉOPOLITIQUE DE LA FAIM, Jean Ziegler – ÉDITIONS DU SEUIL published on October 13, 2011

[3] 248 million in South Asia are in the same situation, 398 million in East Asia, 180 million in South Asia and the East Pacific, 92 million in Latin America and the Caribbean, and 67 million in Arab countries.

[4] Only 8 million barrels are produced from Texas, the Gulf of Mexico (offshore) and Alaska.

[5] Engenho is a colonial-era Portuguese term for a sugar mill and the associated facilities. The word engenho usually only referred to the mill, but it could also describe the area as a whole including land, a mill, the people who farmed it.

[6] Landless workers (boia = ox ; frio= cold) He’ll be working like an ox and he’ll be eating cold food

[7] A sovereign wealth fund (SWF) is a state-owned investment fund composed of financial assets such as stocks, bonds, property, precious metals or other financial instruments. Sovereign wealth funds invest globally.

[8] Sitting in front of me was the government minister Paulo Vanucci, a friend, a former guerrilla of the VAR-Palmarès (Vanguardia Armada Revolucionaria) and hero of the resistance against the dictatorship. He was sincerely sorry.

[9] This argument is not valid, since the agricultural frontier in Brazil moves continuously: the sugar cane moves toward the interior of the continental shelf and the cattle which for centuries have been grazing there, migrates to the west and the north.

[10] Mato Grosso is a state in the center-west of Brazil, bordering on Bolivia and Paraguay.

[11] A carbon sink is anything that absorbs more carbon that it releases, whilst a carbon source is anything that releases more carbon than it absorbs.

[12] See ‘Les Nouveaux maîtres du monde et ceux qui leur résistent’ de Jean Ziegler (Editions Fayards), 2005

http://axisoflogic.com/artman/publish/Article_64191.shtml