100.000 páginas de secretos de la Industria Química han permanecido durante décadas en un granero de Oregón, hasta ahora

Por Sharon Lerner, 26 de julio de 2017

The Intercept


Durante décadas, algunos de los secretos más sucios y oscuros de la Industria Química han permanecido en el granero de Carol Van Strum. El edificio tiene 80 años de antigüedad, y conserva más de 100.000 páginas de documentos obtenidos en las demandas judiciales presentadas contra Dow, Monsanto, la Agencia de Protección Ambiental (EPA), el Servicio Forestal de los Estados Unidos, la Fuerza Aérea y empresas de fabricación de celulosa y papel, entre otros.

Pero a partir de ahora, estos documentos y otros que han sido archivados por ecologistas estarán a disposición del público a través de un proyecto denominado Poison Papers ( Documentos de los tóxicos). Unos y otros documentos hacen más de 200.000 páginas de información y “recogen la historia de 40 años de engaños y corrupción, en lo que han estado envueltos la Industria Química y las Agencias de Regulación, que se suponía estaban protegiendo la salud pública y el medio ambiente”, dijo Peter von Stackelberg, un periodista que junto con el Centro de Medios de Comunicación y Democracia y el Proyecto de Recursos de Biocencia, ayudó a publicar el contenido de estos documentos.

Van Strum no se propuso recoger dicha documentación para luego lanzarla contra la Industria Química. Ella se trasladó a una casa en el bosque nacional de Siuslaw en 1974 para vivir una vida sencilla. Pero poco después de que llegara, se dio cuenta de que el Servicio Forestal rociaba con una herbicida llamado 2,4,5-T, lanzándolo en una ocasión directamente contra sus cuatro hijos mientras pescaban en el río.

Este producto químico es uno de los ingredientes activos del Agente Naranja, que el Ejército Estadounidense usó en la guerra de Vietnam y que dejó de usar tras las protestas públicas por el hecho de que causaba cáncer, defectos de nacimiento y otros daños a las personas, los animales y el medio ambiente. Pero en los Estados Unidos, el Servicio Forestal lo siguió utilizando, tanto este herbicida como el otro ingrediente activo del Agente Naranja, el 2,4-D, contra las hierbas adventicias. Entre 1972 y 1977, el Servicio Forestal roció unos 9.000 kg de 2,4,5-T en un área de 1.600 millas cuadradas que incluían la casa de Van Strum y el pueblo cercano de Alsea.

Del mismo modo que ocurrió en Vietnam, estos productos químicos dañaron a las personas y los animales de Oregón, así como a las plantas que se trataba de erradicar. Inmediatamente después de ser rociados, los hijos de Van Strum tuvieron hemorragias nasales, diarrea sanguinolenta y dolores de cabeza, y otros muchos vecinos también se pusieron enfermos. Varios mujeres de la zona tuvieron abortos involuntarios poco después de producirse el rociado. Las personas del aquellas región buscaron animales muertos o que tenían extrañas deformidades, patos con las patas vueltas al revés, pájaros con picos deformes y alces ciegos; gatos y perros comenzaron a sangrar por sus ojos y oídos. En una reunión de la comunidad, los residentes decidieron escribir al Servicio Forestal detallando los efectos que habían presenciado debido a la fumigación.

Pensábamos que si supieran lo que nos estaba pasando ya no lo harían más”, dijo Van Strum, antes de soltar una de sus muchas carcajadas que jalonan su conversación. Estábamos sentados no lejos del río donde sus hijos correteaban hace más de 40 años. A pesar de que el Servicio Forestal rociaba, su finca se mantuvo más o menos igual que antes de que se fumigase: una montaña cubierta por alisos y arces y esa misma araucaria que ya estaba allí y daba sombra al camino de tierra.

Pero Van Strum, que ahora tiene 76 años, ha cambiado mucho desde entonces, desde que solicitó cortésmente a la Agencia Federal que dejase de fumigar. Después de que el Servicio Forestal rechazase su petición para que se dejasen de usar estos herbicidas, ella y sus vecinos presentaron una demanda que consiguió una prohibición temporal del 2,4,5-T en la zona donde vivían en 1977, y finalmente un prohibición de su uso en 1983.

Para Van Strum esto supuso el comienzo de una vida de lucha contra la Industria Química. El abogado que llevaba su demanda le ofreció una tarifa reducida a cambio de la asistencia en las investigaciones no pagadas por parte de Van Strum. Y descubrió que tenía facultades para analizar documentos y llevar un registro de grandes cantidades de información. Van Strum también proporcionó orientación a otros que también presentaron demandas por las fumigaciones realizadas por el Servicio Forestal y también ayudó en otra demanda en la que se decía que la EPA había aprobado el 2,4-D y otros herbicidas en base a datos falsos que había proporcionado una llama denominada Industrial Bio-Test Laboratories. La sentencia de este caso llevó a una prohibición de fumigaciones aéreas por parte del Servicio Forestal.

No nos considerábamos unos ecologistas, ni siquiera esa palabra se usaba entonces. Simplemente no queríamos ser envenenados”, dijo Van Strum.

Sin embargo, Van Strum de pronto recibió solicitudes de ayuda en otras demandas presentadas por personas que habían sido dañadas por los herbicidas y otros químicos. “La gente me llamaba y me decía: ¿Tienes información sobre esto o sobre aquello? Y yo lo iba guardando en mis cajas”, dijo Van Strum, que a menudo adquirió documentos a través de estas solicitudes, y todo lo fue almacenando en su granero.

En este recorrido, acumuló pruebas inquietantes sobre los peligros de los productos químicos industriales y las prácticas de las Empresas que los fabrican. Dos documentos, por ejemplo, detallan los experimentos realizados por Dow, que contrató a un dermatólogo de la Universidad de Pensilvania para comprobar en los prisioneros, allá por los años 1960, los efectos del TCDD [2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina], un contaminante particularmente tóxico que se encuentra en el 2,4,5-T. Otro documento de 1985, muestra que Monsanto vendió un producto que estaba contaminado con TCDD a los fabricantes de Lysol, los cuales, aparentemente desconocedores de su toxicidad, lo usaron como ingrediente en un spray desinfectante durante 23 años. Otro documento de 1990 detalla la política de la EPA de permitir el uso de residuos peligrosos como ingredientes inertes en los herbicidas y otros productos, bajo determinadas circunstancias.

De todos modos, había límites a lo que Van Strum podía obtener. La EPA inició un estudio sobre la relación entre la exposición a los herbicidas y abortos espontáneos y había tomado muestras de agua, de tejidos animales, de un feto y de un bebé nacido sin cerebro en la zona. La EPA nunca publicó los resultados completos del “Estudio Alsea”, que así se denominó, e insistió en que había perdido muchos de los datos. Sin embargo, un químico de laboratorio proporcionó a Van Strum lo que él dijo era el análisis de los resultados de la prueba que la EPA había contratado para hacer el estudio, los cuales mostraban que las muestras de agua, varios animales y “productos de la concepción” estaban contaminados de manera significativo con TCDD.

Cuando sacó a relucir los datos que había obtenido, la EPA afirmó que había habido una confusión y que las muestras eran de otra zona. Van Strum presentó una solicitud según la Ley de Libertad de Información (FOIA) para tener acceso a los resultados, y durante años luchó en los tribunales para llegar al fondo del asunto. Aunque la EPA proporcionó más de 34.000 páginas en respuesta a su petición (que Van Strum numeró cuidadosamente y almacenó en su granero), la Agencia nunca divulgó los resultados del estudio ni explicó lo que había sucedido o dónde se habían recogido las muestras contaminadas. Y finalmente, Van Strum se rindió. La EPA se negó a comentar estos hechos.

Tuvo que ceder y hacer frente a su propia tragedia personal: en 1977 su casa sufrió un incendio y murieron sus cuatro hijos. Los bomberos que vieron la escena dijeron que un fuego que se había extendido tan rápidamente por toda la vivienda seguramente había sido provocado. Pero nunca se llevó a cabo una investigación de las causas del incendio.

Van Strum cree que quizás algunos de sus adversarios podía haberla prendido fuego. Fue una época de una intensa actividad: movilizaciones, conflictos de los empleados de las empresas madereras, fabricantes de productos químicos y Agencias gubernamentales regulando la aplicación de los herbicidas. Un grupo de residentes indignados destruyeron un helicóptero del Servicio Forestal, uno de lo que utilizaban para las fumigaciones. Y en una ocasión, Van Strum pudo comprobar cómo algunos de los defensores del uso de los herbicidas atacaban su propiedad.

Ya he aceptado que nunca sabré la verdad”, dijo Van Strum, que nunca reconstruyó su casa y ahora vive en una dependencia situada junto al lugar donde antes estuvo su casa. Pero su compromiso en la lucha contra los productos químicos tóxicos sobrevivió a la prueba. “Si fue un acto intencionado, eso fue lo peor que pudo pasarme. Después de lo ocurrido no hubo nada que pudiera detenerme”.

Sin embargo, después de todos estos años, Van Strum consideró que era el momento de dar a conocer el contenido de sus documentos, algunos de los cuales todavía pueden estar de actualidad en las batallas que se libran hoy en día, para que otros “tomen el relevo en esta lucha”. Y esa semilla de lucha contra los productos químicos tóxicos puede crecer con la ayuda de los documentos almacenados en el granero. El escándalo de los Laboratorios de Análisis Biológicos es un asunto fundamental en las demandas sobre la carcinogenicidad del herbicida Roundup de Monsanto, por ejemplo. O el caso del 2,4-D, el otro ingrediente activo del Agente Naranja, que todavía se sigue utilizando.

Mientras tanto, la empresas madereras continúan utilizando tanto el 2,4-D como Roundup, aunque no dentro de la Reserva Nacional. Van Strum ha formado parte de esa lucha por prohibir las fumigaciones aéreas en el condado, y está hablando en nombre de los ecosistemas locales en una demanda relacionada.

Tengo que interpretar a El Lorax. Va a ser muy divertido”.

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20 años de soja transgénica en el Cono Sur de Latinoamérica: 20 razones para su prohibición definitiva

Por GRAIN, 21 de mayo de 2017

Common Dreams

El Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones Biotecnológicas (ISAAA) acaba de publicar su informe anual, que confirma que el Cono Sur de Latinoamérica es la región del mundo que produce la mayor cantidad de cultivos transgénicos y que tiene la mayor superficie con un monocultivo: más de 54 millones de hectáreas de soja transgénica en Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y el sur de Bolivia.

De lo que la ISAAA no habla, ya que se trata de un brazo de propaganda de las grandes corporaciones de Biotecnología, es de los impactos que este modelo está teniendo en toda la región y en todo mundo después de 20 años de cosechas.

GRAIN, juntos con otras muchas organizaciones, ha estado evaluando e informando sobre las consecuencias socioambientales del modelo de cultivos transgénicos de la Agricultura Industrial, incluso desde antes de que se pusiera en práctica.

Con motivo de este aniversario del cultivo de la soja transgénica resistente al glifosato en el Cono Sur (aproximadamente 175 millones de toneladas), hemos preparado un cartel con el fin de presentar 20 argumentos en contra de este cultivo y su erradicación de una vez por todas.

Descarga del cártel(700 KB), que puede compartir.

1.- En Argentina fue aprobada de forma ilegítima por una Agencia (la Comisión Nacional Consultiva de Biotecnología Agrícola, o CONABIA) formada por representantes de las corporaciones químicas. Y en cuanto a su expansión por Brasil y Paraguay, esta tecnología nunca fue sometida a debate, simplemente empezó su cultivo a gran escala de manera ilegal.

2.- Su imposición ha generado un enorme desierto verde que se extiende por 54 millones de hectáreas, una región que ha sido bautizada como “República Unida de la Soja” por las multinacionales.

3.- Con la introducción de la soja transgénica, el uso del glifosato (que recientemente ha sido clasificado por la Organización Mundial de la Salud como probablemente carcinógeno), aumentó a más de 550 millones de litros al año, con consecuencias dramáticas para la salud de sus habitantes.

4.- Millones de campesinos se han visto obligados a abandonar sus tierras y miles más han dejado de producir alimentos locales, siendo incapaces de coexistir con la soja transgénica.

5.- Cientos de campesinos han sido criminalizados, perseguidos y asesinados en su lucha por defender la tierra, al ser desposeídos por el monocultivo de la soja.

6.- Millones de hectáreas de bosque nativo han sido devastadas en todo el Cono Sur, aradas para dar paso a las explotaciones de soja.

7.- Monsanto ha presionado (y lo sigue haciendo) para que se modifiquen las leyes sobre las semillas para poder controlarlas y tener un monopolio sobre ellas. En Argentina, ha llevado a cabo una campaña de presión durante 15 años para conseguir estas enmiendas, lo que le permite recaudar los derechos a cada productor que guarda las semillas para cultivar de nuevo.

8.- Enfermedades y aumento de la mortalidad se han extendido por toda la región, debido al uso de los productos químicos, provocando las protestas de las comunidades donde se fumigan dichos productos.

9.- Los Gobiernos que trataron de evitar la propagación de la soja y otros cultivos transgénicos fueron agredidos, siendo Paraguay un caso paradigmático de esta interferencia política.

10.- Los suelos han sido agotados y destruidos debido a esta forma de agricultura extractiva, con una pérdida de nutrientes sin precedentes.

11.- Se ha producido una concentración de la propiedad de la tierra. De nuevo el caso paradigmático es Paraguay, donde el 0,4% de los terratenientes se han apropiado del 56% de la tierra.

12.- El pastoreo, que antes se practicaba en rotación con la agricultura, se ha desplazado hacia ecosistemas mucho más frágiles (el Amazonas, el Chaco paraguayo, los humedales, etc), provocando amplia devastación en estas áreas.

13.- Se ha consolidado una alianza entre las Corporaciones que promueven los monocultivos de soja y los medios de comunicación, con el resultado de que apenas ha habido un debate o publicidad sobre los impactos de este modelo.

14.- Los cultivos transgénicos resistentes a los herbicidas han demostrado su completo fracaso desde el punto de vista agronómico: gran cantidad de plantas adventicias han desarrollado resistencia al glifosato, lo que requiere del empleo de mayores cantidades de este y otros herbicidas.

15.- Los estudios científicos que sustentan el desarrollo de los cultivos transgénicos han sido cuestionados por su enfoque mecanicista y una excesiva simplificación de los complejos sistemas genómicos.

16.- Todos los estudios comparativos realizados hasta la fecha han encontrado que las variedades de soja transgénica son menos productivas que las variedades convencionales.

17.- La seguridad alimentaria de la soja transgénica nunca ha sido demostrada. Las dudas no han sido resueltas por los estudios sesgados realizados por las Corporaciones. Cada día que pasa resulta más difícil mantener la falacia de la “equivalencia sustancial”.

18.- La producción en grandes cantidades de soja transgénica ha promovido la expansión de la producción industrial de carne, con graves impactos ambientales, sanitarios y climáticos en todo el mundo.

19.- Cientos de millones de consumidores de todo el mundo se están alimentando esencialmente con soja transgénica, ya que se ha incorporado a los alimentos procesados sin su consentimiento.

20.- Toda la cadena de producción de soja transgénica ha provocado el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, exacerbando la crisis climática mundial.

Notas:

4.- En el año 2007, sólo en Paraguay, el avance del monocultivo de la soja expulsó a 143.000 familias campesinas de su tierra, mientras que en Argentina provocó un éxodo de más de 200.000 campesinos y trabajadores rurales.

5.- En Paraguay, entre 2013 a 2015, 4105 personas fueron desalojadas por la policía debido a conflictos relacionados con la tierra. En Brasil, en 2016, con 60 muertos (un 20% más que el año anterior), se convirtió en el año más violento en el campo desde 2003, cuando 71 personas fueron asesinadas por la promoción de la reforma agraria y la defensa de sus tierras tradicionales.

6.- En el Chaco paraguayo, 6500 hectáreas se han deforestado cada año en los últimos 10 años. En Argentina, desde 2007 a 2014, se han deforestado 2.107.208 hectáreas.

8.- En la provincia meridional de Santa Fe (Argentina), los estudios epidemiológicos realizados por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario determinaron que la tasa de cáncer en el año 2013 era de casi el doble del promedio nacional (397,4 casos frente a los 217 casos por cada 100.000 habitantes). En Brasil, se registraron 34.147 casos de intoxicación por plaguicidas entre 2007 y 2014.

9.- En 2012, en el curso de un conflicto relacionado con la tierra en Curuguaty, Paraguay, murieron 17 personas bajo el fuego de los mercenarios de las Corporaciones, debido a los intentos de limitar estos negocios agrícolas (en contra de la aprobación del maíz transgénico, límites a las fumigaciones con plaguicidas) por parte del Presidente Lugo, que fue depuesto después de un golpe parlamentario ilegítimo.

10.- En Argentina, el monocultivo de la soja está provocando el rápido agotamiento del suelo, con una pérdida de 19 a 30 toneladas de suelo debido a un manejo inadecuado de los cultivos, como cultivar en pendientes muy pronunciadas y las condiciones climáticas. El agua virtualmente utilizada en el riego de los granos ascendió a 42,5 mil millones de metros cúbicos en la temporada 2004-2005.

11.- En el año 2010, en Argentina, más del 50% de la producción de soja estaba controlada por el 3% de los productores, con explotaciones de más de 5.000 hectáreas. En Uruguay, en el mismo año, el 1% de los productores poseían o controlaban el 35% de la superficie cultivada de soja.

12.- En Paraguay, la mayor expansión ganadera se está produciendo en El Chaco, la tierra ancestral de los pueblos originarios. Ahora hay más de 10 millones de cabezas de ganado en 23 millones de hectáreas.

14.- Durante la temporada 2010-2011, en Argentina, se utilizaron aproximadamente 256 millones de litros de glifosato, lo que representa un 1200% de aumento en sólo 5 años.

16.- Según una revisión de más de 8200 ensayos de diferentes variedades de soja realizados en los Estados Unidos, los cultivos transgénicos Roundup Ready presentan un déficit en los rendimientos de un 6-10% en comparación con las variedades no transgénicas. Faltan estudios similares en el Cono Sur.

18.- Por lo menos la mitad de la carne producida en Argentina proviene de fincas de engorde de animales.

20.- Un informe sobre la situación del medio ambiente en Argentina en el año 2016, encontró que el 44% de las emisiones de gases de efecto invernadero están provocadas por la deforestación y el monocultivo.

Más información

1. Darío Aranda, “15 años de soja: La prueba del delito”, 24 de marzo, 2011, http://www.lavaca.org/notas/15-anos-de-soja-la-prueba-del-delito/

2. GRAIN, “La República Unida de la soja recargada”, 2 de junio, 2013, https://www.grain.org/es/article/entries/4739-la-republica-unida-de-la-soja-recargada

Este material será una infografía que sirva de herramienta para la discusión práctica con grupos, comunidades y organizaciones. Su versión completa con bibliografía y referencias, ver www.grain.org

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Círculo tóxico

Una mirada a la poderosa Industria de los pesticidas, sus efectos sobre el mundo en desarrollo y las luchas de los pequeños agricultores.

aljazeera.com, 18 de noviembre de 2016

Un documental de Evan Mascagni y Shannon Post. Este documental se puede ver en la página de Aljazeera (en inglés): http://www.aljazeera.com/programmes/specialseries/2016/11/circle-poison-pesticides-developing-world-161115084547144.html

Un documental de Evan Mascagni y Shannon Post. Este documental se puede ver en la página de Aljazeera (en inglés): http://www.aljazeera.com/programmes/specialseries/2016/11/circle-poison-pesticides-developing-world-161115084547144.html

En las últimas décadas los nocivos plaguicidas se han dispersado por los países en vías de desarrollo provocando tremendos daños a las poblaciones y los ecosistemas.

Llevo 25 años trabajando en el tema de la biodiversidad, trabajando para construir sistemas de agricultura ecológica, es decir, sistemas agrícolas libres de productos químicos, que favorezcan los procesos ecológicos, que intensifican la biodiversidad y que producen más alimentos por superficie de suelo. Esto es lo que debiéramos promocionar.

Vandana Shiva, activista y autora de Veneno en los alimentos.

En el año 2013, los datos de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) mostraron que los pesticidas que están prohibidos, restringidos su uso o no registrados en los Estados Unidos, se fabricaban en 23 estados para su exportación a otros países.

Utilizados para el cultivo del café, frutas, té y otros productos, es probable que estos mismos plaguicidas regresen a los Estados Unidos como residuos presentes en los alimentos importados.

Sólo el 2% de los productos importados es inspeccionado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Es un círculo tóxico.

El medio ambiente no conoce fronteras. Usted sabe que el polvo y la contaminación de China se propaga hasta los Estados Unidos… la radiación nuclear de Chernobyl llegó hasta Islandia. Todo lo presente en el medio ambiente es proclive en dar la vuelta al mundo”, dice David Weir, periodista y coautor de “Círculo tóxico: los pesticidas y las personas en un mundo hambriento”.

El documental Círculo tóxico examina como empezaron a proliferar los plaguicidas después de la Segunda Guerra Mundial, las lagunas legales que permiten la fabricación de insecticidas, considerados inseguros para los estadounidenses, para la exportación a países en desarrollo y la devastación causada por estas sustancias tóxicas.

Todo lo que está prohibido o fuertemente regulado o restringido su uso o no registrado en los Estados Unidos, está siendo permitido por el Gobierno de los Estados Unidos, y de hecho alentado, para su exportación, casi como una compensación para las empresas estadounidenses por haber perdido el mercado interior”, dice Weir sobre la exportación por parte de Estados Unidos de pesticidas peligrosos.

El documental nos lleva hasta Kasaragod, una ciudad situada en el estado indio de Kerala, donde después de décadas de fumigación del pesticida endosulfán en las explotaciones de anacardo, han causado deformidades en cientos de niños. Muchos países han prohibido este peligroso insecticida. En el año 2010, los Estados Unidos tomaron medidas para prohibir esta sustancia, que se venía utilizando desde hacía 60 años. Todavía es legal su fabricación en los Estados Unidos, pero sólo para su exportación.

Nos encontramos con niños que tienen enfermedades relacionadas con los pesticidas y se habla con los activistas ambientales del grupo Thanal, que conciencia a la gente sobre estos problemas de salud y lucha por el consumo de unos alimentos sanos.

Los pesticidas son defendidos sobre la base de que es la manera más moderna de la práctica agrícola. Recuerdo que hace años leí en un libro que la India estaba poco desarrollada, ya que no utilizaba pesticidas”, dice la ecologista india Vandana Shiva.

Hemos hecho de los productos tóxicos la medida del progreso”

En el Valle del Río Yaqui, en México, se observa cómo los pesticidas han provocado enfermedades a los niños nacidos de mujeres que trabajan en los campos. En la ciudad argentina de Ituzaingo, donde el uso de agroquímicos en los cultivos de soja ha aumentado exponencialmente a lo largo de los años, las tasas de cáncer son 41 veces el promedio nacional. Pero los activistas locales están dando la batalla. El grupo de Madres de Ituzaingo ha logrado que se prohibiera la fumigación de pesticidas a menos de 2.500 metros de las viviendas.

Tampoco los Estados Unidos es inmune a la exposición a los plaguicidas. En el estado de Louisiana, los residentes que viven en uno de los corredores de las instalaciones industriales donde se fabrican los plaguicidas para la exportación, han sufrido exposición crónica a los productos químicos, lo que ha llevado a una alta incidencia de cáncer.

Círculo tóxico profundiza en la historia política de los plaguicidas en los Estados Unidos y en las maquinaciones de la Industria.

Actualmente, al menos el 75% del comercio mundial de plaguicidas está controlado por seis grandes empresas agroquímicas: Monsanto, Dow, Bayer, Syngenta, DuPont y BASF. Estas corporaciones forman poderosos grupos de presión que impulsan y conforman la legislación que regula la agricultura y la producción de alimentos. Esta influencia ha servido de protección a la Industria, sobre todo en los Estados Unidos.

En septiembre de 2016, la gran empresa estadounidense Monsanto firmó un acuerdo con el fabricante alemán de productos químicos para los cultivos y de productos farmacéuticos, Bayer, un acuerdo de 66.000 millones de dólares, el mayor acuerdo del año entre Corporaciones. De ser aprobado por las Agencias de Regulación, esto crearía la mayor empresa de semillas y de plaguicidas de todo el mundo.

Pero hay gente que está luchando por abrir alternativas frente al complejo Industrial agroquímico

Pequeños agricultores de todo el mundo recurren a métodos sostenibles de agricultura después de observar la devastación provocada por el uso de pesticidas. Se trata de cooperativas ecológicas en México o Argentina, o el creciente movimiento del mercado de los agricultores en la India, pero una de las batallas más llamativas contra los plaguicidas se está llevando a cabo en un país del Himalaya, Buthán. Se han propuesto el desafío de convertirse en el primer país del mundo con un sistema agrícola totalmente ecológico.

En los Estados Unidos, está surgiendo una estructura de negocios para la industria de la agricultura ecológica, con resultados rentables.

Lo que pensé que podría suceder y esperaba que así fuese, sucedió: un proyecto de ley sobre agricultura ecológica. La gente empezó a prestarla mayor atención. Y este tipo de afición, como la denominan sus detractores, se ha convertido en un negocio de 30 mil millones de dólares al año en los Estados Unidos, siendo el único negocio agrícola que está en aumento, pero también, y lo que es más importante, la gente empieza a hacerse preguntas”, dijo el senador de Vermont, Patrick Leahy.

Círculo tóxico ofrece el panorama de los Estados Unidos, la India, Argentina, México y Buthán, con gran cantidad de entrevistas a activistas de estos países, personas afectadas por la fumigaciones, y expertos que han declarado la guerra contra los pesticidas, entre ellos el ex Presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, Patrick Leahy, Noam Chomsky y Vandana Shiva. El documental supone una importante mirada a la forma en que los peligrosos pesticidas se han impuesto en los países en desarrollo y cómo la gente está luchando contra ellos.

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Una vaca argentina, o de cualquier otro lugar del mundo

Artículo enviado por un maestro, que nos indica no se cite su nombre

vaca_nina

Hace unos días, hacía la introducción a un nuevo tema en una clase de 2º curso de Educación Primaria mediante un cuento que aparece en el libro de texto, un cuento que habla de una niña y una vaca. Se titula “Estela, la vaca argentina”.

En el cuento se narra la historia de una niña, Diana, muy amiga de la vaca Estela, a la que cuida, con la que se divierte y cuenta historias que a la vaca embelesan. En definitiva, una hermosa amistad.

Pero un día, la vaca bebe agua de un río cercano, el río Atuel, que por lo que compruebo es el nombre de un río argentino que discurre principalmente por la provincia de Mendoza, y enferma, de tal modo que se puso a mugir y dar coces, vomitó y finalmente quedó postrada en un estado lamentable.

El cuento había enganchado a los niños: no se oía ni una mosca en clase. Pero yo también estaba estupefacto y no me podía creer lo que allí se estaba diciendo, o mejor dicho, lo que allí se estaba tratando, un asunto candente en la Argentina, y en otras partes del mundo, la contaminación de las aguas de los ríos y los daños que esto produce en la salud humana y otros seres vivos.

Suponía que la vaca se había puesto enferma al ingerir agua contaminada por los residuos de plaguicidas (como el conocido glifosato) u otras sustancias que se vierten a los ríos o llegan por las aguas de escorrentía…

Durante su postración, la niña cuida de la vaca, no se aparta de ella, la habla y consuela, y finalmente se recupera, sin aparentes secuelas para su salud.

Pero suponía mal, no podía ser que una conocida editorial tuviese la valentía de tratar este asunto y convertirse en una voz crítica y que concienciase a los niños frente a este problema, un problema que sufren miles de niños argentinos al verse obligados a consumir aguas contaminadas y sometidos a fumigaciones de productos tóxicos muy cerca de las escuelas donde acuden o lo barrios donde viven, como han denunciado en repetidas ocasiones destacados científicos, organizaciones, o en los Encuentros Nacionales de Médicos de Pueblos Fumigados de la Argentina.

No, todo era más convencional, y el final de cuento nos lo descubre: los turistas, unos excursionistas, habían tirado unos plásticos al río y la vaca los había ingerido, por eso se había puesto enferma.

Era gente venida de fuera, los extraños, los que con sus costumbres y actitudes habían provocado el desconsuelo de una niña y el malestar de una vaca. Nada de cosas que ocurran allí mismo, de responsables locales y actitudes cuya única mira es el negocio sin importarles los daños que eso puede producir en la salud humana y el medio ambiente.

Los que vienen de fuera, no sé si indocumentados o no, si vienen en barco o en patera… ¿no les suena?

Por lo menos, al final me quedó algo de consuelo: que en definitiva el cuento denunciase ese turismo depredador que acaba también por constituirse en un grave problema ambiental, como se ha puesto de relieve este verano, y otros muchos, en aquellos lugares que se han visto invadidos por una auténtica marabunta de turistas venidos de fuera con sus aviones y vehículos, siendo ejemplo de una situación insostenible, por mucho que sea la alegría de restaurantes, hoteles y tiendas de moda.

La niña, Estela, no echa a los turistas, sino que toma una actitud mucho más amigable con ellos: les entrega una nota informativa en la que les pide por favor que no tiren desperdicios al río Atuel. Desde luego que es una niña encantadora, pero me hubiese gustado que, como niña argentina, hubiese denunciado la situación que sufren muchos niños de su mismo país, y de otros muchos lugares del mundo.

Pero no pudo ser…

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La guerra de los transgénicos: el impacto de los transgénicos en la salud humana y animal en todo el mundo (I)

Por el Dr. Mercola, 25 de septiembre de 2016

articles.mercola.com

transgenic_wars

La Guerra de los Transgénicos” es un premiado documental realizado por el periodista francés Paul Moreira, quien ha realizado un recorrido por Europa y América Latina observando los efectos de los cultivos transgénicos en el ganado y la salud humana.

También habla de otras preocupaciones, como son el aumento en el uso de herbicidas a base de glifosato, atrazina y 2,4-D, este último ingrediente del conocido y devastador defoliante Agente Naranja, utilizado con profusión en la guerra de Vietnam.

Monsanto fue el más importante productor del Agente Naranja durante aquella guerra, aunque no es su única contribución a la guerra: participó en el Proyecto Manhattan y en el desarrollo de la bomba atómica. Esta ayuda explica por qué Monsanto es defendido de manera acérrima por el Gobierno de los Estados Unidos.

Una alianza destructiva y a menudo incomprensible que se mantiene hasta nuestros días, con el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos en el desarrollo y difusión de los cultivos transgénicos y de productos tóxicos por todo el mundo, de los que ahora se dice que son necesarios para la agricultura.

Monsanto es la empresa líder en semillas transgénicas y en los productos químicos asociados, algo que recibe adecuada atención durante todo el documental. El ex ecologista Patrick Moore, que pasó de formar parte de Greenpeace a ser un apologista de los transgénicos y entrar a formar parte de los lobbies, también aparece.

En un buen documental [1] que ha recibido más de 1,4 millones de visitas. En el documental también aparece el momento en el que Moreira le ofrece un vaso de Roundup a Patrick Moore, para comprobar su afirmación de que el glifosato es inofensivo. Moore se niega, diciendo que él no es tonto.

Criadores de ganado porcino de Dinamarca luchan contra una misteriosa enfermedad

El documental comienza en Dinamarca, donde los criadores de cerdos están luchando para determinar la causa de una misteriosa enfermedad que afecta a los cerdos, que se denomina simplemente “la muerte amarilla”. La enfermedad provoca una fuerte diarrea, y a menudo es letal para los cerdos a los que afecta.

Prácticamente todos los cerdos son alimentos con soja transgénica, y muchos sospechan que éste puede ser el origen del problema. Borup Pedersen es un criador de cerdos de Dinamarca con bastantes años de experiencia.

Cuando empezó a alimentar a sus cerdos con soja transgénica en la década de 1980, la mezcla sólo contenía aproximadamente un 20% de soja transgénica. Con los años la proporción ha ido aumentando, y ya en el año 2002 el 90% de la soja empleada para la alimentación era transgénica.

Del mismo modo que otros ganaderos, Pedersen se esforzó por erradicar la muerte amarilla, una enfermedad que podía llegar a matar hasta el 30% de los lechones nacidos cada año; hasta que un día decidió prescindir de la soja transgénica en la alimentación de sus cerdos. En muy poco tiempo los cambios fueros notables. No volvió a darse ni un solo caso de diarrea entre sus cerdos.

Durante los tres años que lleva alimentando a sus cerdos con piensos no transgénicos, no ha vuelto a aparecer ningún caso de muerte amarilla. Pedersen ha logrado suscitar dudas acerca de la seguridad de la soja transgénica entre los ganadores daneses. Pero Pedersen incluso puede haber profundizado más en el problema, al darse cuenta de dos intrigantes conexiones:

1.- Cuando la soja transgénica procede de Argentina, los ganaderos comprobaron la aparición de brotes de diarrea entre sus cerdos. ¿Qué es lo que hay en la soja transgénica de Argentina que es mucho peor que otras?

2.- Se han podido observar imágenes de niños argentinos con defectos de nacimiento, algo que médicos y científicos locales insisten en que está producido por los plaguicidas, ya que muchas personas viven rodeadas por campos donde se cultivan transgénicos y se emplean gran cantidad de productos químicos tóxicos, que se fumigan de manera impune.

Llama la atención la similitud entre estas deformaciones y las que muestran los lechones. ¿Podría ser que estuviese contaminada la soja transgénica con pesticidas y ser la causa de los problemas de los criadores de cerdos?

Aquí un avance del documental:

Soja transgénica: la destrucción de Argentina

Argentina es el tercer mayor productor mundial de cultivos transgénicos, y el segundo mayor productos de soja transgénica. Los cultivos transgénicos han alterado radicalmente el aspecto del país.

Los cultivos transgénicos han eliminado la necesidad de mucha mano de obra en las explotaciones agrarias, haciendo desaparecer pueblos enteros y extendiendo una pobreza masiva [2]. Ha acabo con la diversidad agrícola de Argentina, de lo cual presumía, reemplazándola por monocultivos transgénicos de maíz, soja y algodón.

Moreira visita Avia Terai, un pequeño núcleo rural rodeado de campos de cultivos transgénicos. En esta localidad se producen muchos nacimientos con raras enfermedades y otras degenerativas de origen desconocido. Una niña presenta enormes marchas por su cara y cuerpo, marcas que ha tenido desde su nacimiento.

Otra persona sufre una enfermedad degenerativa sin diagnóstico, de la que le dicen que es de origen genético, que se ve agravada por la exposición a los herbicidas. Muchos niños presentan deformaciones, y los ancianos mueren de cáncer.

La gente se refiere a Roundup de Monsanto como “el veneno” y hacen todo lo posible para que no sea rociado en los cultivos. Todos temen a los enormes tractores que fumigan los campos con herbicidas, y nadie sabe lo que están esparciendo.

Una mujer dice que se cierra en casa con sus hijos cuando oye el rugido del tractor. Aún así es difícil evitar los venenos cuando se está rodeado de campos y el viento dispersa los herbicidas, que se depositan en el agua potable y en la ropa colgada para secar.

Los agricultores argentinos reconocen que la soja transgénica no es apta para alimentación animal

Resulta revelador cuando un agricultor argentino, que es grabado en secreto por Moreira, dice que no alimenta con esta soja transgénica a sus animales: “Si usted alimenta a sus gallinas con ella, ya no podrá comer sus huevos”. Cuando se le preguntó por qué, dice que los huevos huelen tan mal que no se pueden comer. Esta es la razón por la cual se exporta la soja transgénica.

Mientras tanto, la gente de alrededor sufre las fumigaciones con regularidad. Los esfuerzos para dialogar con los productores de soja transgénica no han conseguido nada, y las empresas propietarias de los campos son tan ricas que las multas que les puedan imponer no les disuade de fumigar dentro del perímetro de seguridad en torno a las zonas residenciales.

En los 15 años de cultivos transgénicos en Argentina, sólo se han producido tres condenas por fumigación ilegal, a pesar de ser algo muy común. En el caso de Avia Terai, el pueblo se encuentra sólo a 200 metros de los campos de soja transgénica.

Por ley, no se permiten las fumigaciones a menos de 1,5 kilómetros de las zonas pobladas.

Pero no se trata de un caso único. De hecho, el problema es tan grave que el Gobierno de Argentina se ha visto obligado a subvencionar centros de discapacidad inducida por plaguicidas para gestionar la creciente crisis sanitaria. Estos centros están llenos de niños procedentes de pueblos donde la gente está expuesta a los productos químicos agrícolas. En general, los defectos de nacimiento son alrededor de un 350% mayor en estas zonas donde se cultivan los transgénicos en comparación con el resto del país [3].

Como señala una de las enfermeras de uno de estos centros de discapacidad situado en Sáenz Peña: “Exportamos nuestra soja transgénica a sus países para alimentar a los animales que luego se comen… Pero somos nosotros los que realmente estamos pagando el precio por ello”. La pediatra Dra. María del Carmen Seveso va más lejos y lo califica de genocidio, señalando que la situación en extremadamente preocupante.

Niños con deformaciones, cerdos con deformaciones, ¿son los herbicidas los culpables?

Fueron las imágenes publicadas en Internet de los niños con defectos de nacimiento lo que llevó a pensar a Pedersen, el criador danés de cerdos. Del mismo modo que otros criadores de cerdos, él también sufrió de muchos defectos de nacimiento en las crías.

Hasta entonces no había prestado mucha atención, aparte de reconocer que estas cosas suceden de vez en cuando, pero las deformaciones se habían convertido en algo muy común, y se vio impresionado por la similitud de las deformaciones que vio en los niños argentinos que habían estado expuestos a los pesticidas en el útero.

Cuando se trata de determinar qué pesticidas son los culpables, las preguntas son muy abiertas. El glifosato no es el único producto químico que se utiliza en los campos de soja transgénica de Argentina. A medida que ciertas plantas se hacen resistentes a estos herbicidas, muchos agricultores han recurrido a utilizar más productos químicos en la mezcla que se fumiga, y no está claro qué están utilizando.

La acción sinérgica de varios productos químicos normalmente aumenta la toxicidad de la mezcla, en comparación con un solo producto químico, pero no se han realizado estudios para determinar el nivel de riesgo de tales mezclas.

Moreira se dirige a un tractor que trabaja fumigando en un campo, y no sólo se encuentra que se está esparciendo Roundup de Monsanto, sino también la atrazina, que está prohibida en Europa, pero es muy utilizada en los Estados Unidos, y también 2,4-D.

Una cosa queda clara: la promesa de que los cultivos transgénicos iban a conducir a una agricultura más verde y a un menor uso de productos químicos, no se ha cumplido. En lugar de ello, cada vez se utilizan más para obtener nuestros alimentos y están presentes también en la alimentación del ganado.

Enemigos mutantes

Como los cultivos transgénicos se han apoderado de Argentina, las hierbas resistentes a los herbicidas se han convertido en un problema. Se cultivan en Argentina más de 30 millones de hectáreas de soja transgénica, y el glifosato se aplica en cada uno de esos cultivos al menos tres o cuatro veces al año. Esto ha dado lugar a la aparición de numerosas hierbas resistentes al glifosato, del mismo modo que también lo es el cultivo transgénico.

Para abordar el problema, los agricultores no sólo aplican más herbicida, sino que también los mezclan entre sí para prevenir esas plantas resistentes, ya que si no es uno será otro herbicida el que acabe con ellas. Como resultado, aparte del glifosato se añaden de 3 a 5 productos químicos más. Las nuevas semillas transgénicas están diseñadas para resistir estas tóxicas combinaciones (rasgos apilados).

Como se señala en el documental, no hay pruebas definitivas de que los productos químicos usados en la Agricultura sean los responsables de la crisis sanitaria en Argentina. Pero tampoco hay pruebas de lo contrario, de que no lo sean, y el Gobierno no ha hecho nada para determinar esa responsabilidad o ausencia de ella.

De hecho ocurre más bien lo contrario: el Gobierno de Argentina ha sido y continúa siendo un baluarte de la Industria de los Transgénicos, y los anuncios de Monsanto en la televisión de Argentina son algo común, donde aseguran que sus productos son seguros y efectivos. Sin embargo, se van acumulando cada vez más estudios para determinar si esta mezcla de productos químicos crea peligrosas interacciones o causan los graves problemas de salud que ahora se ven entre los niños de estas zonas agrícolas.

Un asombroso aumento de los casos de cáncer

La única investigación llevada a cabo de manera independiente sobre el impacto de los cultivos transgénicos ha sido realizada por estudiantes de la Universidad de Medicina de Rosario, encontrándose unas tasas de cáncer un 40% más altas en una de las localidades. En otra, la tasa de cáncer se disparó a unos niveles del 250% por encima de la media. Lo que estos dos pueblos tienen en común es que están rodeados por campos de cultivos transgénicos y se fumiga muy cerca de los lugares de residencia.

Desgraciadamente, la economía de Argentina depende ahora totalmente de los cultivos transgénicos. Según Alejandro Mentaberry del Ministerio de Ciencia, Argentina obtuvo en torno a 65 mil millones de dólares de los cultivos transgénicos entre 1996, año en que se introducen estos cultivos, y el año 2011. Mentaberry cree que el país debe su “milagrosa recuperación económica” a la exportación de los cultivos transgénicos.

Pero, ¿ a qué precio se ha producido esta bonanza económica? En abril de 2014, muchos argentinos salieron a las calles de la ciudad de Córdoba para protestar contra Monsanto y el uso de sus productos: ¡Fuera Monsanto, Sí a la vida, No a Monsanto, Monsanto nos envenena! ¡Monsanto es una empresa corrupta!, coreaban muchas personas mientras marchaban por las calles.

El documental pasa a examinar los poderes políticos que apoyan y dirigen a los países que aceptan los cultivos modificados genéticamente. Por ejemplo, Wikileaks reveló cómo los funcionarios del Gobierno de los Estados Unidos hacían el trabajo sucio a favor de la Industria Agroquímica, lanzando veladas amenazas en caso de necesidad. También se ha podido comprobar cómo responsables del Gobierno de los Estados Unidos actuaban como grupos de presión y portavoces de la Industria Biotecnológica.

La Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP) también puede acabar con las prohibiciones que se mantienen en algunos países contra los cultivos y productos transgénicos y productos químicos, sobre todo en Europa, donde las leyes de protección de la salud humana y el medio ambiente son más estrictas que en los Estados Unidos. Dependiendo del resultado final de estos acuerdos, es posible que ningún país sea capaz de oponerse a los transgénicos en el futuro, sin importar su coste humano o para el medio ambiente.

Parte 2

Este documental se puede ver completo hasta finales de septiembre en la página web del Dr. Mercola:

http://articles.mercola.com/sites/articles/archive/2016/09/24/transgenic-wars-gmo.aspx

Fuentes y referencias:

[1] Youtube, Lobbyist Claims Monsanto’s Roundup Is Safe To Drink, Freaks Out When Offered A Glass
[2] Organic Consumers Association, GE Soybeans Are Destroying Argentina’s Agriculture
[3] BBC May 14, 2014

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Zika: Millones de abejas muertas después de fumigar con insecticidas

No puedo llegar a entender el hecho de que fumiguemos venenos desde el cielo”, dijo un apicultor

Por Nika Knight, 1 de septiembre de 2016

commondreams. Org

Un apicultor local perdió 46 colmenas, unos 2.500.000 de abejas (Foto: Flowertown Bee Farm y Suministros / Facebook)

Un apicultor local perdió 46 colmenas, unos 2.500.000 de abejas (Foto: Flowertown Bee Farm y Suministros / Facebook)

Millones de abejas han muerto en el condado de Dorchester, Carolina del Sur, y los apicultores locales dicen que esta gran mortalidad es el resultado de fumigar la comarca con el polémico pesticida naled el pasado domingo por la tarde, en los esfuerzos por combatir los mosquitos que propagan el virus del Zika.

Si se produjo ese daño a las abejas, no quiero ni pensar cómo afectará a la gente, la fauna y el ecosistema”, dijo la residente Kristina Solara Litzerberger.

The Washington Post informó que:

el patrón (de mortalidad de las abejas) coincide con intoxicaciones agudas por plaguicidas…

Un científico de la Universidad de Clemson recogió muestras del suelo de Flowertown el pasado martes, de acuerdo con WCBD-TV, para seguir investigando las causas de la mortalidad. Sin embargo, para los apicultores las razones son evidentes. Las abejas habrían sido envenenadas por los esfuerzos de combatir los mosquitos portadores de enfermedades mediante la utilización de insecticidas”.

Un apiario situado en Summerville, Carolina del Sur, perdió 2.500.000 abejas de sus 46 colmenas, de acuerdo con los comentarios de un residente en la zona a través de Facebook. Kristina Solara Litzenberger dijo que visitar las colmenas después de la fumigación “fue como visitar un cementerio, absoluta tristeza”.

Sin abejas peligra nuestra alimentación. Además se puede deducir que si ese fue el daño causado a las abejas, no quiero ni pensar en el daño causado a la gente, la fauna y el ecosistema”, añadió Litzenberger.

Se supone que ante cualquier fumigación debiera advertirse a los apicultores, para que protejan sus colmenas. Pero estos dicen que no se les transmitió ninguna advertencia sobre la fumigación del pasado domingo, de acuerdo con la cadenas de noticias WCBD, siendo la primera vez que se realiza una fumigación por medios aéreos en lugar de utilizar camiones.

El uso generalizado de pesticidas ha dado lugar a consecuencias no deseadas en el pasado, y tiene el potencial de dañar la salud pública y el medio ambiente”.

– Tiffany Finck-Haynes, de Amigos de la Tierra

De haber sabido de antemano (que se iban a producir las fumigaciones) habría estado esperando para gritar que estas cosas no se pueden hacer”, dijo un apicultor a la WCSC.

Estuvo indignado todo el día, simplemente pensando en la idea de que podamos rociar venenos desde el cielo”, dijo otro apicultor.

Tiffany Finck-Haynes, activista de Amigos de la Tierra, en correos enviados a Common Dreams dijo que “el uso generalizado de pesticidas ha dado lugar a consecuencias no deseadas en el pasado y tiene el potencial de dañar la salud pública y el medio ambiente. Para hacer frente a plagas no deseadas, es importante emplear principalmente las estrategias de control alternativo de plagas, que se centran en su prevención mediante medios culturales, biológicos, estructurales y mecánicos, y el uso de los tóxicos pesticidas debiera ser el último recurso”.

El naled es un pesticida particularmente peligroso, como The Miami Herald informó a principios de este mes:

Varios estudios sugieren que la exposición a largo plazo, incluso a niveles bajos, del naled puede tener graves efectos para la salud de los niños y los bebés, así como la vida silvestre, incluyendo daños a mariposas y abejas, para los que tal exposición puede ser letal. Otros estudios sugieren que puede tener efectos neurológicos dañinos y afectaría al desarrollo del feto, incluyendo el tamaño del cerebro (microcefalia), señalando las graves consecuencias de los métodos utilizados para erradicar el mosquito Aedes aegyti que transmite el virus del Zika”.

Esto es lo que dice la revista Journal Of Pesticide Reform acerca del naled:

Como todos los organofosfatados, el Naled (Dibrom) es tóxico para el sistema nervioso. Los síntomas por la exposición incluyen dolores de cabeza, náuseas y diarrea. El Naled es más tóxico cuando la exposición se produce al respirar aire contaminado que cuando se trata de otros tipos de exposición.

En pruebas de laboratorio, la exposición al Naled aumentó la agresividad y produjo un deterioro de la memoria y el aprendizaje.

El producto de descomposición del Naled es el diclorvos (otro insecticida organofosfatado) que interfiere en el desarrollo del cerebro en la fase prenatal. En animales de laboratorio, una exposición de tan sólo 3 días durante el embarazo, que es cuando el cerebro está creciendo rápidamente, redujo su tamaño un 15%.

El diclorvos también causa cáncer, según la Agencia Internacional para la Investigación sobre cancerígenos. En pruebas de laboratorio, causó leucemia y cáncer pancreático. Dos estudios independientes han demostrado que los niños expuestos en casa a tiras insecticidas que contienen diclorvos presentan una mayor incidencia de cáncer cerebral que los niños no expuestos”.

Mientras que la EPA ha dejado de lado las preocupaciones en torno a los perjuicios que puede causar a los seres humanos y las abejas por el uso del Naled, la Unión Europea ha prohibido el uso de esta sustancia desde el año 2012, debido a que sus investigaciones encontraron que este plaguicida “plantea un riesgo potencial e inaceptable para la salud humana y el medio ambiente”.

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Transgelandia: el Congreso de AAPRESID por dentro

El gran encuentro anual del agronegocio transgénico expuso durante tres días y en Rosario su relato. Este año además inventaron un verbo: “resiliar”

Por Darío Aranda, agosto de 2016

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El salón es muy amplio, unos 50 metros de largo y 100 de ancho. Cinco pantallas gigantes, generoso escenario y todas las sillas ocupadas, a tope. Luz tenue, música épica y un locutor sobrio que propone: «Los invitamos a ponernos de pie. Entonaremos el Himno Nacional argentino». El público deja los asientos y comienza con un recitado tibio, pero finaliza con fuerza y la bandera argentina en las pantallas. El locutor retoma: «Damos inicios al vigésimo cuarto congreso de Aapresid (Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa)». Aplausos sostenidos. Bienvenidos al congreso anual de los empresarios rurales y engranaje fundamental de los agronegocios de Argentina. Durante tres días quedará aquí en claro que ellos se consideran la vanguardia técnica y moral del campo.Y que, aunque utilicen millones de litros de agroquímicos, en público hablan de «sustentabilidad» y «cuidado del ambiente».

El origen

Aapresid se presenta como una oenegé técnica » sin fines de lucro», nacida en 19S9 y promotora de la producción sin arar la tierra (siembra directa). Son usuales las palabras emprendedor, entusiasta, eficiencia, sustentabilidad. Desde sus orígenes se diferenció de las organizaciones tradicionales del agro porque no basa su importancia en la tenencia de tierras (llegaron a definirse «somos los Sin Tierra»), sino en el «conocimiento». Se trata de empresarios exitosos que aplican tecnología. Uno de ellos, quizás el más conocido, es Gustavo Grobocopatel, integrante del mayor pool de siembra.

Durante la crisis de 2001-2002 tuvieron una aparición masiva, mediante la «soja solidaria». De la mano de la iglesia católica, el Gobierno y diversas oenegés pusieron en marcha un plan de donación de soja para los comedores barriales y escuelas, daban cursos de cómo cocinada y publicitaban las supuestas bondades alimenticias. Recibió muchos cuestionamientos de organizaciones sociales y nutricionistas, que la acusaban de ofrecer a los chicos carenciados el alimento de los chanchos y aves de Asia y Europa: la soja transgénica. Incluso publicitaban como «leche de soja» al jugo de la oleaginosa, lo que generó toda una confusión respecto a si era equivalente a la leche de vaca. Finalmente, la leche de soja fue considerada no recomendable para menores de 5 años y contraindicada para menores de 2.

Durante «el conflicto del campo» por la resolución 125 (2008), Aapresid mantuvo un perfil propio. Mientras el Gobierno y las entidades tradicionales del campo (Sociedad Rural, Federación Agraria, Confederaciones Rurales y Coninagro-Mesa de Enlace) aumentaban en la escalada de confrontación, Aapresid no entraba al ring, pero fijaba posición: «Rechazamos por inconstitucionales las medidas adoptadas por el Gobierno y celebramos la manifestación espontánea de los ciudadanos del interior del país, con el apoyo de los centros urbanos, es una clara demostración de civismo y conciencia democrática». Llamaron a apoyar a la Mesa de Enlace «para continuar con este esfuerzo conjunto hasta lograr la indeclinable vuelta atrás de la Resolución 125».

Bienvenidos

Centro de Convenciones Metropolitano, parte del Alto Rosario Shopping. Las barreras de ingreso al estacionamiento, que suben y bajan como si fuera hora pico, tienen carteles publicitarios de empresas del agro. Autos último modelo y camionetas 4×4. Una calle interna y un gran arco de ingreso blanco: «Bienvenidos al 24 Congreso Aapresid». Y un auspicio en letras azules: Ministerio de Agroindustria de la Nación.

Un patio al aire libre con una decena de maquinarias. Cosechadoras, tractores («mosquitos») fumigadores gigantes (de unos tres metros de alto), tolvas. En la jerga, «los fierros».

Acreditación y la primera bolsa con folletería y publicidad. Al final del día, serán decenas de bolsas, carpetas, diarios, trípticos.

Cada sala tiene nombre de un auspiciante. La más importante es de Bayer. Le sigue Rizobacter. Tres salas llevan el nombre de productos de la empresa DuPont y otras tres de Basf.

El hall central es amplio, unos 200 metros de cada lado. Muy iluminado, estilo hipermercado. Los stand, de distintos tamaños. Todas las empresas: Syngenta, Bayer, Don Mario, DuPont, Nidera, Basf, YPF, Agrofina (Grupo Los Grobo), Rizobacter, Bioceres, Dow, entre otras. Y gobiernos: Ministerio de Agroindustria de Nación, gobiernos de Santa Fe y Córdoba, Banco Provincia de Buenos Aires. Folletería en abundancia y saturación de promotoras por metro cuadrado. Pantalones hiperajustados, sonrisas en abundancia.

Las mujeres asistentes son clara minoría: dos mujeres por cada ocho hombres. Se las ve poco en las charlas y la desproporción es más evidente en los pasillos.

Los hombres visten informal. Mucho jean, camisas, chalecos polar, zapatillas o zapatos informales. Muy poco traje y corbata. Los pasillos por momentos están saturados . Los organizadores señalan más de 4 000 inscriptos. El acceso tiene precio: 1.000 pesos los estudiantes, 2.600 pesos para las organizaciones amigas y 3.700 los no socios. En los intervalos se ofrecen gratis manzanas, jugo de naranja, café y magdalenas.

Para ingresar a las charlas primero hay que sortear a una joven (claro, promotora) con un lector láser en la mano. Ellas controlan el código de barras de la credencial y habilitarán el paso.

«Somos resilientes»

La inauguración es en la Sala Bayer. Luz tenue, símil cine. Larga fila de sillas. Unos 30 metros de largo y 100 de ancho. Un pasillo en el medio, desde la puerta de ingreso hasta el escenario. Cámaras como en un estudio de televisión, incluso una aérea. Cinco pantallas gigantes y, de un lado, tres publicidades móviles (como en las canchas de fútbol) con productos de Bayer.

La sala está colmada. No alcanzan las sillas. Baja la luz y sube el volumen de la música. Proyectan el video institucional del 24 Congreso. Muestran el proceso de una tortuga recién nacida, intentando desarrollarse, con dificultad. Sube aun más la música. La tortuga está dada vuelta, caparazón abajo, y sigue dando lucha. Intercalan las imágenes con las palabras «constancia», «adaptabilidad», «autoconocimiento», «estrategia», «recuperación». Hasta que la tortuga se sobrepone y se desarrolla. Patas al suelo, la tortuga camina, vive. El mensaje de Aapresid: «Somos sustentables, somos resilientes»

Crear sentido

Cada congreso tiene un eslogan o palabra guía. En 2013 fue «Otra tierra». En 2014 La misión. Y en 2015 Biosapiens, la era del suelo. Este congreso utilizó como verbo la palabra «resiliar». En el diccionario existe «resiliencia», entendida como «capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos».

No existe el verbo, pero Aapresid la creó para su congreso anual y le impuso un sentido: «Reaccionar, rebelarse, sobreponerse a la adversidad, esforzarse, confiar en nosotros mismos, adaptarse modificarse. Seguir adelante. Interactuar con el entorno y recuperar el equilibrio. Afrontar situaciones que nos ponen a prueba, que nos obligan a dar el máximo y generan incertidumbre respecto del futuro. Confiar porque podemos transformarnos y volver a estar en condiciones de superar las adversidades. Entonces se revela el funcionamiento del sistema y su capacidad de recuperarse. Cuidamos, evolucionamos, seguimos aprendiendo, podemos resiliar».

La palabra aparecía en todos los espacios, folleterías, talleres, charlas y era repetida por la mayoría de los expositores, funcionarios incluidos.

Argentinidad

El1 locutor invita a entonar el Himno Nacional. Las pantallas muestran paisajes de las distintas provincias. De norte a sur. Comienzan a cantar el Himno de manera tímida, como en los actos escolares, pero va tomando fuerza con las estrofas. Terminan con pasión al momento de «juremos con gloria morir». En las cinco pantallas flamea la bandera nacional. Aplauso sostenido. Nacionalismo recargado.

En el panel de apertura están el presidente de Aapresid, Pedro Vigneau; el secretario de Valor Agregado del Ministerio de Agroindustria, Néstor Roulet (faltó el ministro Ricardo Buryaile); el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz; y la intendenta de Rosario, Mónica Fein.

Vigneau, de saco y corbata, pasa al atriL Enumera logros de los últimos meses:

El trabajo de la Red de Malezas Resistentes, espacio comandado por Aapresid que estudia las plantas no deseadas. También participan INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), universidades, Senasa y empresas de transgénicos.

Certificación de «buenas prácticas agrícolas (BPA)» junto a Casafe (cámara de las empresas de agroquímicos). «BPA» es un término que justifica el uso masivo de plaguicidas y culpa al «mal uso» (y no al modelo) de las consecuencias sanitarias y ambientales.

Un trabajo conjunto a las facultades de Agronomía y Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires con » nuevos conocimientos para la sustentabilidad».

El crecimiento de Aapresid,con un grupo incluso en Brasil.

Y no le escapó a la coyuntura política: «Se siente un ambiente distinto. Se respira esperanza. Por primera vez en muchas décadas, la pelota esta de nuestro lado». El auditorio le respondió con aplausos.

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En casa

La intendente señaló que es un «gran orgullo» que Aapresid haya elegido Rosario y, en sintonía con el discurso de los productores, celebró la «innovación, la ciencia, las buenas prácticas agrícolas, la sustenbilidad». Y, por si quedaban dudas: «Coincido en que existen aires de cambio, que espero fortalezcan el diálogo para plasmar políticas de Estado. Comparto también con Aapresid el espíritu de resiliencia». Y pidió que Aapresid se sienta «como en su casa».

Néstor Roulet, ex vicepresidente de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) y actual secretario de Valor Agregado, recordó su participación como productor y como disertante en los congresos anteriores. «Es la primera vez que Argentina tiene política agroindustrial. Estamos trabajando en la presión impositiva (bajar impuestos) y mejorar el crédito», comenzó. Y arrancó las primeras señales de aprobación. Prometió que el país producirá más para llegar al «hambre cero», felicitó a Aapresid por ser parte de ese avance.

A tono con el congreso, reiteró la importancia de «cumplir en lo ambiental» y destacó que el país está en la vanguardia mundial de la biotecnología (transgénica).

Prometió avanzar en nuevas variedades de soja y en el «arroz dorado», transgénico muy cuestionado a nivel internacional.

El gobernador Lifschitz dio el discurso más largo, monocorde y complaciente. «Nuestra capital social es nuestra fortaleza. Y Aapresid es nuestro mejor ejemplo, que muestra la interacción privada, del Estado y científica»,celebró. Explicó que acortó su gira por Estados Unidos para estar presente en el panel de apertura. «Celebro esta nueva edición del congreso. Ustedes han sorteado todas las políticas y contratiempos (del gobierno anterior). Pero están acá, esta provincia es su casa. Compartimos sus metas de producir más alimentos, con menos recursos y con una agricultura sustentable». Y finalizó: «Celebro resiliar».

Aapresid crea conceptos y relatos. La clase política los hace propios, los repite e impulsa las políticas públicas sugeridas por la institución. Lo empresario se impone a lo público. Aapresid lo hizo.

Las críticas al agronegocios siempre fue catalogada por Aapresid como como «ideológicas» o «políticas». Por contraposición, Aapresid hizo (y hace) hincapié es su perfil técnico y no partidario. Pero llegó Cambiemos: Ignacio Garciarena, de la Regional Aapresid 25 de Mayo, asumió como Director Nacional de Agricultura. «Un orgullo para Aapresid», señaló la gacetilla de prensa de la entidad el 5 de enero. Muy activo en las redes sociales, el 17 de octubre twiteó: «Día de la lealtad clientelista».

Gran impacto produjo la designación de la saliente presidenta de Aapresid, María Beatriz Pilu Giraudo, en el Ministerio de Agroindustria. Se le creó un área especial –coordinadora de Políticas Públicas para el Desarrollo Sustentable- que depende directamente del ministro Ricardo Buryaile y tiene injerencia en todas las áreas de la cartera. Es la referente ambientaldel Ministerio.

Explicó que su principal tarea será implementar en todo el país las «buenas prácticas agrícolas» para fumigar a distancias mínimas de las viviendas y «sincronizar las diversas legislaciones». Las empresas del agro desean desde hace años una ley naciónal que legitíme las fumigaciones.

«Tenemos que enamorar a los argentinos, convencerlos de que no contaminamos», explicó Giraudo al sitio Agrovoz y explicó el objetivo en la función pública: «En definitiva, vamos a tomar lo que veníamos impulsando desde Aapresid como política pública y convertirlo en una marca país».

Lo no dicho

Durante los tres días se hizo eje en la agricultura sustentable, el cuidado del ambiente e, incluso, cómo el modelo agropecuario ayudaría a mitigar el cambio climático. Ningún dirigente de Aapresid, ni asociado ni expositor vinculó el modelo impulsado por la entidad con hechos menos publicitados:

Aumento de uso de agroquímicos. 70 millones de litros en 1996. Más de 300 millones de litros en 2012.

Desmontes. El agronegocios avanzó sobre zonas extra pampeanas, conocido como «corrimiento de la frontera agropecuaria». Más de 5 millones de hectáreas desmontadas.

Concentración de tierras en pocas manos: el 2% de las explotaciones agropecuarias concentran el 50% de la tierra cultivada. El 57% delaschacras sólo tienen el 3%

Desalojos y represión sobre campesinos y pueblos indígenas. Solo en el norte del país, donde más avanzó el modelo agropecuario, existen once millones de hectáreas en disputa. Relacionado: profundización del éxodo del campo a la ciudad. El propio INTA, brazo técnico-estatal del agronegocios, alertó en diciembre pasado: «El principal objetivo del modelo agropecuarioactuales maximizar la renta con una mirada de corto plazo, poniendo en situación crítica al sistema agroalimentario (…) No se ha tenido en cuenta que el uso excesivo de plaguicidas pone en serio riesgo al recurso suelo «.

Postales transgénicas

Resumen de la veintena de entrevistados en los pasillos. Asistentes: productores-empresarios de Bolívar, Totoras, Paraná, San Jorge, Río Cuarto, Marcos Juárez y Junín, entre otros. Conceptos recurrentes: sustenlabilidad, eficiencia, tecnología en el agro, producir para combatir el hambre del mundo. Al mismo tiempo que impulsan el uso masivo de transgénicos y agroquímicos (lo llaman «fitosanitarios»), niegan consecuencias del modelo. Ninguno vive en el campo, si en los pueblos o ciudades cercanas a la explotación agropecuaria. No se definen como empresarios, sí como productores o «emprendedores». Otra coincidencia: rechazo al kirchnerismo y apoyo a Macri.

El 6,7,8, agropecuario: stand de los diarios La Capital (Rosario), La Nación, Clarín; radios La Red, Continental, Mitre, Cadena 3; Agro TV, Infocampo y Chacra, entre otros. Medios de apoyo explícito al modelo agropecuario y con generosas pautas de las mismas empresas. Hubo un panel específico sobre periodismo: Desafíos en la comunicación del campo a la sociedad, a cargo de Casafe y Nidera. El eje: cómo comunicar mejor las bondades del agronegocios.

Uso correcto de fitosanitarios para el cuidado de las comunidades y el ambiente fue el nombre del panel donde Edda Vülaamil Lepori (Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA) y Olga Heredia (Facultad de Agronomía de la UBA) exhibieron parte de los resultados de un trabajo sobre agroquímicos en Pergamino y Chivücoy. Ambas científicas (junto a otros de la UBA), fueron cuestionadas por la Asamblea por la Protección de la Vida, la Salud y el Ambiente de Pergamino. Entre muchas críticas (detalladas en lavaca. org) demostraron que las académicas no buscaron los químicos más usados en la actualidad (glifosato, atrazina, 2-4-D), no realizaron estudios imprescindibles (de orina y de daño genético) y minimizaron los resultados. Fue un «estudio» para legitimar a los agroquímicos.

En el mismo panel, Ramiro Cid (INTA) y Eduardo Moavro (Ministerio de Agroindustria) celebraron el proyecto de ley con media sanción en Buenos Aires que permite fumigar hasta diez metros de las viviendas y despreciaron a los críticos: «Son malintencionados que carecen de fundamentos científicos-técnicos». El ministro de Agroindustria de Buenos Aires y ex gerente de Monsanto, Leonardo Sarquís, adelantó que la Cámara de Diputados bonaerense transformará en ley este proyecto.

El ministro de Ambiente, Sergio Bergman, también estuvo presente. A tono con los dueños de casa, celebró las «buenas prácticas» agrícolas y pidió que «las iniciativas de la sociedad civil, como Aapresid, se transformen en políticas públicas».

En síntesis: el 24 Congreso de Aapresid emito un discurso técnico y supuestamente apolítico. Utilizó términos ambientales y relatos de superación. Exhibió su alianza con medios de comunicación, políticos, transnacionales y científicos. Expuso su darwinismo empresario, construcción de hegemonía e impulso de políticas públicas en favor de las empresas.

Tres jornadas en las que Aapresid ratificó por qué es un engranaje fundamental del agronegocios local, cómo acumula poder y promete ir por más.

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Argentina: demanda colectiva al Estado, Monsanto y las corporaciones sojeras

Daniel_SalaberryReconstrucción de la red ferroviaria, saneamiento de suelos, agua y aire, una indemnización multimillonaria a la sociedad en concepto de daño moral, la prohibición de eventos transgénicos y de fumigaciones, obligación del etiquetado de los alimentos para que podamos elegir si comer o no transgénicos. Esas son algunas de las medidas que plantea una inédita demanda colectiva contra el Estado, Monsanto, Syngenta y un total de once corporaciones que imponen el modelo transgénico en el país. Daniel Sallaberry, del grupo de abogados que inició la demanda, y datos para entender cómo podría hacerse justicia.

Parte 1:

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Parte 2:

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Procedencia del artículo:

http://www.lavaca.org/deci-mu/la-demanda-colectiva-al-estado-monsanto-y-las-corporaciones-sojeras/

Transgénicos en la Argentina: Un negocio atendido por sus dueños

Por Darío Aranda, 5 de enero de 2015

agenciaacta.org

Lista de miembros de la Agencia de Regulación de los transgénicos de Argentina, Conabia (Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria ), que ha obtenido el periodista Darío Aranda de informaciones del sector privado. Según Darío Aranda, el Gobierno argentino no quiere revelar estos nombres.

Lista de miembros de la Agencia de Regulación de los transgénicos de Argentina, Conabia (Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria ), que ha obtenido el periodista Darío Aranda de informaciones del sector privado. Según Darío Aranda, el Gobierno argentino no quiere revelar estos nombres. (Imagen: GMWatch )


Un organismo clave en la autorización de transgénicos está dominado por las empresas del agro y por científicos vinculados al sector privado. Monsanto, Syngenta, Ledesma y Dow, entre otras corporaciones, se ubican a ambos lados del mostrador. Los conflictos de intereses y el Estado cómplice.

Las multinacionales Monsanto, Bayer, Syngenta y Dow son algunas de las empresas que tienen injerencia en la aprobación de los transgénicos que esas mismas empresas impulsan. Se trata de la Conabia (Comisión Nacional de Biotecnología), donde también participan empresas “nacionales” (Biosidus y Don Mario) y las cámaras empresarias. También figuran “investigadores independientes”, pero con claras vinculaciones con empresas. El Gobierno y las compañías publicitan la Conabia como un “espacio pionero con un marco regulatorio sólido y de base científica”. De los 47 integrantes, más de la mitad (27) pertenecen a las empresas o tienen clara vinculación con las mismas firmas que deben evaluar.

Conflictos de intereses, y complicidades, en la aprobación de transgénicos en Argentina.

Conabia

La Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia) funciona desde 1991, depende del Ministerio de Agricultura y actúan en tándem con la Dirección de Biotecnología (también del Ministerio). Tienen como objetivo “garantizar la bioseguridad del agroecosistema”.

Según la propia información oficial, la Conabia “analiza y evalúa las solicitudes presentadas para desarrollar actividades con OGM (organismos genéticamente modificados -transgénicos-). En base a información científico-técnica y a datos cuantitativos respecto de la bioseguridad del OGM emite un dictamen” para la continuación o rechazo del pedido empresario.

La Conabia reconoce que cuenta con representantes del sector público y privado y los denomina “expertos”. La Conabia aclara en su página de internet que “los miembros deben expresar cualquier tipo de conflicto de interés que pudiera surgir en la evaluación de las solicitudes presentadas. Esto es imprescindible para garantizar la transparencia e imparcialidad de los dictámenes”.

Integrantes

Son dos hojas A4. Una lista de nombres, apellidos y pertenencia institucional. Aunque son integrantes de un espacio oficial, la información no provino de ninguna oficina de gobierno (que esconde los nombres), sino del sector privado. En la lista figuran 47 personas. De ellas depende, en gran medida, la aprobación de transgénicos en Argentina. Y, paradoja, 27 de ellas son de las mismas empresas que impulsan el modelo transgénico o de científicos con estrechos lazos con las mismas empresas.

También hay 12 técnicos y funcionarios del Senasa (Servicio de Sanidad y Calidad Agroalimentaria), Inase (Instituto Nacional de Semillas), INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria). Todos espacios con frondosos antecedentes de colaboración con el sector privado y transgénico.

Monsanto

Miguel Alvarez Arancedo es ingeniero agrónomo recibido en la UBA. Participa en la Conabia como parte de Casafe (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes). Su lugar de trabajo real es Maipú 1210, la oficina central de Monsanto en Argentina. Arancedo es desde 2004 el director de Asuntos Regulatorios de la principal multinacional transgénica del mundo y también es vicepresidente de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA, espacio de articulación y lobby político de las multinacionales y empresas locales).

En marzo de 2012, Arancedo celebró que la nueva soja de Monsanto (Intacta RR2 Pro) comenzaría a sembrarse en breve y se refirió al sistema de liberación del transgénico: “Tenemos la aprobación de Conabia, así que venimos muy bien en los tiempos. Creemos que podría llegar a estar a disposición de los productores el año que viene (2013)”.

Arancedo no aclaró que él mismo participa en la Conabia y en el sistema de aprobación.

El Gobierno Nacional autorizó la soja ese mismo 2012.

Syngenta

Juan Kiekebusch está inscrito en Conabia como miembro de ASA. Lo cual es cierto. Pero también es director del Comité Ejecutivo de Syngenta, una de las mayores corporaciones del agro. En el Biotech Forum (publicitado como el “primer foro internacional del negocio de la biotecnología” ), Kiekebusch reclamó acelerar los tiempos de aprobación de transgénicos: “Un avance biotecnológico que en Japón tarda un año y medio en ser aprobado, aquí y en Europa lleva cinco años«.

En el XVIII Congreso de Aapresid, el directivo de Syngenta e integrante de Conabia reclamó “decisiones política” para un marco regulatorio que contemple la “protección de derechos de propiedad intelectual” para así facilitar nuevos transgénicos.

Aacrea

Juan Balbín figura en la Conabia como representante de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea), espacio institucional de pequeños y medianos empresarios del agro. En mayo de 2013 integró la comitiva oficial a China (encabezada por el ex ministro de Agricultura y presidente de la Cámara de Diputado, Julián Domínguez).

También formaron parte del viaje Pablo Vaquero (presidente de Monsanto), Gastón Fernández Palma (presidente de Aapresid y vicepresidente de Maizar -reúne a las empresas del sector-), Miguel Calvo (titular de Acsoja -empresas de soja-) y Manuel Mihura, director de Nuevos Negocios de la semillera Don Mario, entre otros. El motivo del viaje fue exponer la bondades de la soja Intacta, que no contaba aún con la aprobación en China, y al mismo tiempo convencer a los funcionarios chinos de las (supuestas) ventajas de los eventos transgénicos para maíz.

Por Aacrea también está Bernardo Debenedetti. La organización se autodefine como “una asociación de empresarios agropecuarios que trabajamos en grupo, y compartimos nuestras experiencias y conocimientos para aumentar la rentabilidad y lograr el crecimiento económico sustentable de nuestras empresas”. Debenedetti también integra el “Grupo Biotecnología”, espacio que se reúne en la Bolsa de Cereales, y donde participan Casafe, Aapresid, Ciara (exportadores), ASA, y Maizar, entre otras. En resumen: todas las empresas del sector.

Animales transgénicos

Biosidus es una empresa de referencia en la clonación de animales o, también llamados, “animales transgénicos”. Con más de tres décadas en el mercado, se autodefine como “una compañía de biotecnología argentina que ha desarrollado un negocio global en el suministro de biofármacos de alta calidad en territorios de Asia, África, Europa del Este y América Latina”. Señala que ha desarrollada “novedosas plataformas tecnológicas en animales transgénicos, terapia génica y biodiversidad” y se ufana de contar con una” sólida política de propiedad intelectual”.

Uno de sus más publicitados trabajos fue “la primera vaca clonada”, en 2002, bautizada “Pampa”. En esa iniciativa participó Lino Barañao y siempre fu público su trabajo y su cercanía con Biosidus (es curioso que en su CV no aparezca su desempeño en la empresa de biotecnología).

Andrés Bercovich es bioquímico de la UBA, desde hace 23 años trabaja en Biosidus (desde 2008 es Gerente de Investigación y Desarrollo) y también tiene una silla en la Conabia. Bercovich estuvo a cargo del proyecto de los clonados terneros llamados “Patagonia I, II, III y IV”, publicitados como material genético para obtener insulina humana. La publicidad empresaria prometía que con 2500 vacas similares se podría abastecer de insulina a todo el mundo.

Los argentinos somos muy abiertos a todo lo nuevo en tecnología. No es un país miedoso” , afirmaba el científico en una entrevista publica y daba un ejemplo: “La soja transgénica tiene una trascendencia económica enorme para el país. Y aquí en la Argentina la mayor parte de los cultivos son de plantas transgénicas y nadie tiene problemas en consumirla ni cultivarlas. Hay una historia, una apertura mental. La biotecnología trae soluciones trascendentes, como en el caso de la soja o de los biofármacos”.

En 2010, formó parte del equipo que clonó el “primer caballo en Latinoamérica”, llamado “Ñandubay Bicentenario”. Era de la raza Ñandubay, utilizados para selectos deportes (polo y salto).

El ministro Barañao estuvo presente en en la rueda de prensa y, sin que nadie pregunte, resaltó que “la clonación no presenta ningún tipo de riesgo en la salud del animal ni para el medioambiente”. En el caballo clonado también participó Daniel Salamone, también con nexos con Biosidus e integrante de Conabia.

Caña transgénica y DDHH

Atilio Castagnaro es referente de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (INTA Tucumán). En 2011 formó parte de un equipo de científicos del Mercosur que creó que un robot que busca las plantas de soja más aptas para resistir la sequía. «Un gran resultado de este proyecto es el haber sido capaces de construir un robot o plataforma automática para la evaluación masiva de genotipos de soja, respecto de su capacidad de tolerar el déficit hídrico o sequía«, dijo Castagnaro. Cada día, el robot recorre simultáneamente 120 macetas con plantas de soja, determina su consumo hídrico para regarlas con la cantidad precisa de agua, y les toma fotografías estereoscópicas para documentar el crecimiento.

En el grupo de trabajo (y patentamiento) participaron dos empresas: Nidera (una de las grandes multinacionales del agro) e Indear (Instituto de Agrobiotecnología de Rosario), espacio de referencia en cuando al impulso de los transgénicos. Indear, a su vez, pertenece a la empresa Bioceres, donde están presentes Gustavo Grobocopatel (unos de los mayores pooles de siembra del continente) y Víctor Trucco (presidente honorario de Aapresid).

Castagnaro coordina el proyecto de la “Cadena Oleaginosa de Biotecsur (BiotecSojaSur)”, un espacio promovido por el Ministerio de Ciencia donde confluyen académicos, ámbitos estatales y, claro, empresas del agro.

Castagnaro es un férreo impulsor de la caña de azúcar transgénica para agrocombustibles (iniciativa muy cuestionada por movimientos campesinos y organizaciones sociales por sus efectos sociales y ambientales). «El objetivo con las cañas transgénicas fue hacer más eficiente y sostenible la producción. Dar sustentabilidad económica, social y ambiental y dar un impulso a un cultivo que es clave para producir biocombustibles«, resumió Atilio Castagnaro en una charla del Congreso de Aapresid en 2013, en Rosario, y propuso que el 50 por ciento de la matriz energética de Argentina sea en base a agrocombustibles.

Precisó que existen las tradicionales regiones azucareras de Tucumán, Salta y Jujuy, con 550 mil hectáreas de producción. «Hay un potencial de crecimiento de área cercano a los 4,4 millones de hectáreas«, aseguró y detalló la expansión de la frontera agrícola de la caña de azúcar transgénica sobre Misiones y norte de Santa Fe.

Le salió al cruce la organización socioambiental tucumana ProEco (de la Red Nacional de Acción Ecologista). “Un modelo que se expande para fumigarnos a todos”, fue el título del comunicado y señaló que la liberación comercial de caña de azúcar transgénica implica que “el modelo del agronegocio se reinventa una vez más” en el sector agropecuario tucumano. Denunció los acuerdos entre la Estación Experimental Obispo Colombres y Monsanto, rechazó el uso de agrotóxicos en Tucumán y apuntó de lleno contra Castagnaro (que también es presidente de la Asociación Permanente por los Derechos Humanos -APDH- de Tucumán): “Aprendió a modificar los derechos humanos genéticamente”. La ONG se preguntó cómo “la preocupación por los derechos humanos y el promover el aumento de ventas de agrotóxicos pueden cohabitar en un mismo individuo”. Y le recordaron que el modelo transgénico acapara territorios, desaloja indígenas y campesinos y desmonta. “Es una contradicción militar por los derechos humanos y promover la fumigación de grandes territorios provinciales”, cuestionó Roque Vicente Pondal, de ProEco.

Junto a Castagnaro trabaja Bjorn Welin, también parte de la Conabia.

Ingenio Ledesma

Ricardo Fernández de Ullibarri figura como participante de la Conabia por la Chacra Experimental Agrícola Santa Rosa (Salta). La Chacra es el “instituto de investigación” del Ingenio Ledesma e integra también la ASA (Asociación Semilleros Argentinos, donde están todas las grandes empresas internacionales). “El objetivo principal (de la Chacra) es crear variedades que mejoren la productividad, competitividad y rentabilidad de los ingenios del norte argentino”, remarca la presentación de la empresa.

Fernández de Ullibarri es un impulsor de los organismos genéticamente modificados. “Ya tenemos nuestras propias cañas transgénicas, pero aún no las sacamos comercialmente. En todo el mundo se está trabajando sobre eso, pero nadie aún se animó a cultivarlas comercialmente por los prejuicios que hay. Lo más lento es toda la burocracia relacionada a las normas de bioseguridad y legales, no la investigación en sí«, se quejó Ullívarri en 2007 .

Y tomó postura sobre los que critican a los OGM: “Hay que trabajar con empresas y consumidores en lo que es imagen, porque hay muchos prejuicios sobre los transgénicos entre la gente«.

Cuadro de Monsanto

Hugo Permingeat figura en Conabia como “Investigador Científico de la Facultad de Ciencias Agrarias de Rosario”.

Hugo Permingeat, como secretario general de la Facultad y junto a la decana (Liliana Ramírez), justificó abiertamente la incidencia privada en la universidad pública: “Monsanto forma sus cuadros aquí. Son ingenieros agrónomos a los que les brinda la capacitación de posgrado y Monsanto valora esa capacitación que brindamos” .

Fue la forma de justificar que Monsanto, Pioneer y Syngenta hayan “donado” un laboratorio de biotecnología en la Facultad y equipamiento por 300 mil dólares. “Antes no teníamos nada, así que en verdad es nuestro orgullo. Cuando golpeamos la puerta (de Monsanto) para que nos ayuden, no tienen miramientos y nos ayudan a hacer cosas como el laboratorio«.

Permingeat, como parte de Conabia, debe autorizar o rechazar pedidos de Monsanto.

¿Ecologista?

Diego Ferraro es ingeniero agrónomo e integra la Conabia como representante de la Asociación Argentina de Ecología (AAE). Curioso es que nadie dentro del mundo socioambiental, asambleas, ONG y académicos conozca a la AAE.

La dirección postal de la Asociación de Ecología es San Martín 4453. Es la misma dirección de la Facultad de Agronomía de la UBA y, también, la dirección del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas (Ifeva), un espacio de estudio con explícita vinculación a las empresas del agro y ferviente defensor del modelo de agronegocios.

El director del Ifeva es Claudio Ghersa, un reconocido impulsor de los transgénicos y con publicaciones científicas junto a Monsanto.

Diego Ferraro trabaja en el Ifeva junto a Ghersa, y tienen media decena de publicaciones científicas en coautoría.

Ante el avance de las malezas resistentes a agroquímicos (uno de los grandes problemas irresueltos del agronegocios), en febrero de 2014 se relanzó la Asociación Argentina de la Ciencia de las Malezas (Asacim). Entre otros, la integran Ghersa y Ferraro. Y también participan las empresas. Entre otras: Aacrea y Aapresid.

ILSI, Monsanto, Bayer…

María Fernanda Foresto figura como integrante de la Conabia como referente por la Chacra Experimental Agrícola Santa Rosa (del Ingenio Ledesma). Pero hay otro conflicto de intereses. Foresto integra el Comité de Biotecnología de ILSI (Instituto Internacional de Ciencias de la Vida), uno de los grandes centros internacionales de lobby científico en favor de los transgénicos. El ILSI está auspiciado y financiado por Monsanto, Dow Agrosciences, Bayer y Syngenta.

INTA

Dalia Marcela Lewi es parte del Instituto de Genética del INTA y forma parte de la Conabia. En el libro “Biotecnología y mejoramiento vegetal II”, Capítulo X, escribe un texto académico titulado “Aplicaciones de la biotecnología en el control de insectos”. Remarca los beneficios de los transgénicos en el control biológico, reducción de plaguicidas, aumento del rendimiento y, como si fuera poco, también remarca el menor uso de agua.

Lewi firma el artículo en coautoría con Clara Rubinstein, de Monsanto Argentina.

También investigó, junto a la empresa Bioceres (otras de las referentes del agronegocios), la resistencia del maíz transgénico al frío y a la salinidad.

Lewi también forma parte del Comité de Biotecnología de ILSI, junto a investigadores de Monsanto, Syngenta, Bayer y Dow Agrosciences.

Escribió un breve artículo en el periódico de la Sociedad Argentina de Apicultores (una de las producciones más afectadas por las fumigaciones). Lewi intentó llevar tranquilidad a los apicultores perjudicados: “Los cultivos genéticamente modificados producen alimentos seguros para el consumo humano y animal. Se han estudiado cuidadosamente y cumplen con las normas de seguridad ambiental y alimentaria. Toda la evaluación está basada estrictamente en criterios científicos. Vale la pena destacar que no existen peligros de toxicidad o alergenicidad”.

Dalia Ewi firmó el artículo como “miembro de Conabia”. Omitió sus vinculaciones con las empresas transgénicas.

Popurrí

Teresita Martín figura como parte de Conabia en representación del Foro Argentino de Bioteconología. No específica que es referente de la empresa DuPont Pioneer. En Conabia también participan (y deciden) Luis Negruchi (Aapresid) y Alejandro Petek (Aapresid).

Guillermo Mentruyt firma como integrante de ASA (Semilleros), no aclara que es gerente de Asuntos Regulatorios de Dow AgroSciences

En julio de 2012, Dow AgroSciences anunció “la inminente comercialización” de los primeros híbridos de maíz con hasta cinco características “modificadas a través de la biotecnología”. Mentruyt Explicó que los maíces ya había pasado “todas las evaluaciones pertinentes relacionadas con la bioseguridad para el agroecosistema (a cargo de la Conabia)”.

Omitió que la misma Syngenta integra la Comisión.

Lucas Lieber es egresado de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Rosario. Su CV detalla su trabajo en Indear y Bioceres. También está presente en Conabia.

La bióloga Magdalena Sosa Beláustegui aparece como parte de Casafe. También es, desde 2004, parte de la multinacional Bayer. En su CV resalta que en 2013 recibió el “Premio Bayer a la Innovación en Asuntos Regulatorios”.

Fernando Bravo Almonacid (Conicet) es investigador “independiente del Conicet en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (Ingebi-UBA) y trabaja en la mejora genética de la papa. Luego de seis años de trabajo, en 2013 logró una nueva variedad, que sería más resistente a los virus del campo. Todo lo referido a la aprobación en Conabia quedó a cargo dela empresa Tecnoplant (del Grupo Sidus). Almonacid también forma parte de Conabia.

Cómo “observadores” de la Conabia figuran dos integrantes de la Cámara Argentina de Biotecnología). Gerónimo Watson (desde hace nueve años con el cargo de “líder en desarrollo” de la empresa Indear) y Mirta Antongiovanni (gerente de Asuntos Regulatorios de la semillera Don Mario).

UBA S.A.

Eduardo Pagano es agrónomo, doctor en ciencias biológicas y fue, hasta marzo pasado, vicedecano de la Facultad de Agronomía de la UBA. También integra la Conabia y es profesor a cargo de la Cátedra de Bioquímica de Agronomía de la UBA. Desde esa cátedra, trabaja junto a la semillera Don Mario (una de las grandes empresas argentinas del sector) en cultivos de trigo y soja. «Elegimos vincularnos con Don Mario porque es una empresa nacional que apuesta a la formación de recursos humanos y porque esta relación nos ofrece una posibilidad concreta de trasferir el conocimiento que generamos y de llegar con nuestras investigaciones al medio productivo«, afirmó Eduardo Pagano .

El director de Investigación de Don Mario, Marcos Quiroga, también celebró el trabajo conjunto: «Generamos tecnologías que sirven para dar soluciones concretas a problemas muy importantes para el cultivo de soja en la Argentina, Estados Unidos y Brasil«, ejemplificó.

Pagano fue más allá y celebró que estudiantes de la UBA hagan sus tesis en la empresa Don Mario: «En nuestra cátedra participan estudiantes que recién comienzan a cursar, así como otros que están haciendo su trabajo de intensificación para finalizar la carrera, o realizan maestrías, doctorados y posdoctorados. El hecho de que haya investigadores instalados en una empresa haciendo su posgrado es novedoso en el sistema científico argentino«.

Pagano nunca expresó conflictos de intereses para aprobar transgénicos en Conabia.

Denuncias y relatos

Desde la aprobación de la soja RR con uso de glifosato en 1996, el accionar de la Conabia siempre fue blanco de denuncias por organizaciones sociales y científicos no vinculados al sector privado. Desde los Gobiernos siempre relativizaron la incidencia empresaria pero también siempre ocultaron la nomina de integrantes y nunca precisaron la forma de funcionamiento de la Comisión. Mucho menos hacen públicas las actas y la forma de aprobar los pedidos empresarios.

El Centro de Estudios Legales del Medio Ambiente (Celma) denunció en 2013 ante la Justicia Federal la forma “irregular” en la que fue aprobada la semilla de soja “Intacta RR2” de la empresa Monsanto (en 2012). Cuestionó la inexistencia de consulta pública (como establece la ley argentina), la carencia del debido estudio de impacto ambiental y la omisión de frondosa bibliografía científica sobre los efectos negativos en salud y ambiente de los transgénicos.

El Celma accedió al expediente administrativo de aprobación de la soja de Monsanto, denunció que la semilla aprobada “no posee una debida declaración de impacto ambiental” por parte de la Conabia y explicó que la aprobación “se sustenta en estudios sólo de Monsanto”. El Estado no realizó ningún estudio. Fernando Cabaleiro, del Celma, cuestionó el rol de la Conabia y del Senasa (Servicio de Sanidad y Calidad Agroalimentaria ). “Se basan sólo y exclusivamente en los estudios realizados por la propia firma solicitante, Monsanto. No existe ninguna observación ni pregunta sobre los trabajos presentados por la empresa”, afirmó el abogado y mostró la foja 37, documento de decisión con el que la Conabia aprobó la nueva soja. Se visualizan once garabatos-firmas, sin aclaración de nombres, especialidad ni cargos. “Pudo ser cualquiera. Es insólito la impunidad con la que dan luz verde a una semilla que abarcará millones de hectáreas”, cuestionó el abogado.

La Conabia aprobó más de 30 eventos transgénicos (maíz, soja y algodón), pero se niega a hacer públicos los expedientes de aprobación. El Periódico de CTA llamó al secretario ejecutivo de la Conabia y director de Biotecnología del Ministerio de Agricultura, Martín Lema. Pero éste no devolvió los llamados.

En 31 de octubre pasado, el Ministerio de Agricultura envío una gacetilla elocuente, titulada “el trabajo de la biotecnología Argentina fue reconocido por la FAO ( Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). Celebraba que la Conabia había sido seleccionada como “centro de referencia” de la FAO para la “bioseguridad” de transgénicos. La Conabia pasará a “prestar asesoramiento técnico y científico” a la FAO.

El comunicado del Ministerio de Agricultura se autoelogiaba. “Reafirma a nuestro país como uno de los principales líderes a nivel mundial en biotecnología” y definió a la Conabia como “un espacio pionero a nivel mundial en materia de aprobación de OGM, que prioriza la seguridad para el agroecosistema y la inocuidad para el consumo humano y animal”.

Este artículo fue publicado en el Periódico de la CTA Nº 107, correspondiente a los meses de noviembre-diciembre 2014

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Recordando al profesor Carrasco: Andrés Carrasco vs. Monsanto

GMWatch, 4 de octubre de 2014

Andres_CarrascoEl profesor Andrés Carrasco tuvo enemigos muy poderosos, pero también muchos amigos en un país que depende en gran medida de la soja transgénica.

A continuación mostramos el homenaje que le han rendido en un medio de comunicación de Venezuela. después de su muerte el pasado mes de mayo. La prensa corporativa argentina ha mantenido silencio sobre su muerte y su trayectoria, por las razones que se explican en el artículo.

Las investigaciones de Andrés Carrasco han sido fundamentales para que el mundo conociese los terribles daños que en la salud de las personas causa la fumigación de Roundup en los cultivos transgénicos.

Extracto: Las autoridades han estado rechazando de forma repetida las denunciadas presentadas, considerándolas como meras expresiones de paranoia o de exageraciones. Como los principales medios de comunicación, periódicos y canales de televisión, son parte interesada en el comercio agrícola, también les ha ignorado.

Andrés Carrasco tenía un gran sentido de la responsabilidad ética ante la sociedad: el papel del científico debiera ser el de trabajar por el bienestar general. Fue un feroz crítico de la idea de que la Ciencia debe estar al servicio de las empresas o del crecimiento económico per se.

Andres Carrasco vs. Monsanto

por Ezequiel Adamovsky

Telesur (Venezuela), 1 de octubre 2014

El profesor Andrés Carrasco se ganó muchos enemigos en un país que depende en gran medida de la agricultura, en su mayoría dominada por los cultivos transgénicos, ocupando la soja el primer lugar.

Cuando el profesor Andrés Carrasco murió el pasado mes de mayo, a los 67 años de edad, el Washington Post, publicó un artículo titulado “Muere el científico argentino que desafió a Monsanto”. Otros periodistas estadounidenses y de todo el mundo, desde el Times de la India a La Jornada de México, y docenas de sitios web (incluyendo Fox News y Salon), publicaron artículos similares. Hasta hace unos años, Andrés Carrasco, biólogo molecular de la Universidad de Buenos Aires y expresidente del Consejo Científico de Argentina (CONICET), era conocido únicamente entre los expertos en desarrollo embrionario, su campo de investigación. Pero a partir del año 2009 ganó notoriedad mundial por su estudio de los efectos del glifosato, uno de los herbicidas más utilizados en el mundo, y que comercializa Monsanto. Las investigaciones de Carrasco han demostrado que cantidades mínimas de glifosato pueden causar daños neurológicos en los embriones de rana, lo que sugiere muchos de los defectos de nacimiento que se han detectado en las comunidades agrícolas de Argentina. No en vano, sus descubrimientos se convirtieron en un grave problema de relaciones públicas con Monsanto, cada vez más preocupada por el aumento de las evidencias científicas que apuntan en esa dirección.

Contrariamente a la atención internacional, los lectores del periódico de Argentina más leído, Clarín, ni siquiera les informó de la muerte de Carrasco, que hasta el día de hoy no ha dicho nada sobre este asunto. La Nación, el segundo diario más leído en Argentina, sólo publicó un breve obituario cuatro días después del fallecimiento. La mitad de este texto se emplea en desacreditar las conclusiones de Carrasco, una cosa bastante extraña cuando se trata de un obituario. Ambos periódicos pertenecen a empresas con vínculos directos con los agronegocios y tratan de forma reiterada en desacreditar toda información crítica y opiniones relacionadas con las actividades de Monsanto en Argentina. De hecho, el profesor Andrés Carrasco se ganó muchos enemigos en un país que depende en gran medida de la agricultura, en su mayoría dominada por los cultivos transgénicos, entre ellos la soja ocupando el primer lugar.

La primera variedad de soja transgénica tolerante al glifosato (Roundup) fue aprobada por el Estado argentino en 1996 durante el segundo mandato del neoliberal Carlos Menem. El proceso de aprobación fue sorprendentemente rápido: los únicos estudios de toxicidad que se consultaron fueron los aportados por Monsanto. Desde entonces, la proporción de tierra agrícola argentina que va siendo ocupada por la soja transgénica creció de forma espectacular, hasta alcanzar el máximo hoy en día, que se estima en torno al 50%. Como todos estos cultivos requieren de fumigaciones con glifosato, sus efectos tóxicos se hicieron cada vez más evidentes. Al cabo de unos años, las comunidades rurales empezaron a notar un aumento de casos de malformaciones, generalmente raras, y de casos de cáncer, enfermedades neuronales y respiratorias. Pero su voz no se oía: como una gran parte de los ingresos del Estado provienen de los impuestos sobre las exportaciones agrícolas, de la soja en particular, ninguno de los posteriores presidentes hizo mucho por analizar seriamente la situación, mientras que los gobernadores y alcaldes de todas las tendencias políticas no están particularmente interesados en desafiar el poder de los agricultores y empresas que pagan impuestos. La actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, se ha convertido en una de las mayores fans de Monsanto, una Corporación que menciona en sus discursos de una forma amistosa, como un inversor que trae ingresos y tecnología. Así que las denuncias de las personas corrientes siguen siendo desechadas por las autoridades: meras expresiones de paranoia o exageraciones ambientalistas.

Andrés Carrasco tenía un gran sentido de la responsabilidad ética ante la sociedad: el papel del científico debiera ser el de trabajar por el bienestar general. Fue un feroz crítico de la idea de que la Ciencia debe estar al servicio de las empresas o del crecimiento económico per se. Dándose cuenta de las preocupaciones de las comunidades rurales, decidió centrar sus investigaciones sobre los posibles efectos del glifosato en la salud humana, utilizando para ello embriones de rana. Al descubrir los efectos teratogénicos, dio a conocer estos resultados: se puso en contacto con Darío Aranda, uno de los pocos periodistas que estaban prestando atención a las comunidades rurales, y en abril de 2009 alcanza la primera plana del diario Página 12, el principal periódico progresista de Argentina. Su anterior vida tranquila de científico cambió para siempre. De inmediato abogados de CASAFE (una asociación que reúne a las principales corporaciones de agroquímicos, incluyendo a Monsanto) asaltaron literalmente su laboratorio en busca de documentos y pruebas de investigación. Pero siendo un hombre valiente y de fuerte temperamento, logró echarlos con rapidez. Después vinieron las amenazas anónimas y las intimidaciones por teléfono, Pero lo peor de todo fueron los ataques a su integridad y a su reputación como científico. Nada menos que el Ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, declaró públicamente que las investigaciones de Carrasco no merecían ninguna credibilidad. Por otro lado, el Ministro envió un correo electrónico privado a la Comisión Nacional de Ética en Ciencia y Tecnología, sugiriendo que debían evaluar el comportamiento de Carrasco por razones éticas. Pero al filtrarse el correo a la prensa, el Comité dio marcha atrás. Carrasco se defendió diciendo que el argumento del supuesto incumplimiento ético, es decir, la divulgación de información científica antes de ser publicada en una revista académica seria, no era válido, ya que el suyo fue un acto ético. La importancia del descubrimiento requería de medidas urgentes: no cabía esperar el largo proceso de publicación académica. Poco después anunció que su investigación estaba bajo consideración de una reconocida revista internacional ( no mentía, ya que se publicó en la revista estadounidense revisada por pares Chemical Research in Toxicology) Los funcionarios estatales argentinos no fueron sus mayores enemigos. Gracias a Wikileaks, Andrés Carrasco se enteró de que la Embajada de Estados Unidos en Argentina también había ejercido presiones contra él. Otras formas de hostigamiento continuaron durante los dos años posteriores. En agosto de 2010, casi fue linchado por una turba de hombres de negocios y políticos locales cuando iba a dar una charla en la provincia de Chaco. El último insulto le llegó en 2013, cuando la junta del CONICET declinó su petición de ocupar la categoría más alta dentro del sistema público de investigación ( algo para lo que tenía sobradas cualificaciones).

Sin embargo, Carrasco también hizo muchos amigos durante estos años. Desde 2009, los movimientos sociales, organizaciones campesinas, asociaciones de vecinos fumigados, los indígenas expulsados de sus tierras debido a la expansión de la Agroindustria, activistas y científicos afines, estudiantes y periodistas, se interesaron por su trabajo. Fue invitado a docenas de Universidades y dio multitud de conferencias científicas para presentar sus hallazgos, tanto en Argentina como en el extranjero; pero también lo hizo en escuelas rurales y en asambleas de vecinos de todo el país. Aprovechó cada oportunidad que le dieron para advertir a la gente de los efectos del glifosato, incluso cuando su salud empeoró. De ser un científico apenas conocido, en pocos años de convirtió en un figura pública, para muchos en un héroe.

El pasado mes de junio, la Escuela de Medicina de la Universidad de Rosario ( la tercera ciudad más grande de Argentina) estableció el día 16 de junio, el día del cumpleaños de Carrasco, como el Día de la Ciencia Digna (Día de la Dignidad en la Ciencia), para así celebrar el papel del conocimiento y los servicios prestados por los científicos a la comunidad ( no sólo el servicio de obtener ganancias). Otras Universidades argentinas ya han acordado conmemorar también ese día. Teniendo en cuenta que las Universidades y los científicos de todo el mundo están bajo presión para convertirse en un mecanismo de las empresas, que proporcionan una investigación barata, sería una gran oportunidad que en todo el mundo se conmemorase tal día: el Día de la Dignidad en la Ciencia.

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Procedencia del artículo:

http://www.telesurtv.net/english/opinion/Andres-Carrasco-vs-Monsanto-20141001-0090.html

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Un pequeño homenaje de todos los estudiantes y docentes que formamos parte de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UBA. Serás un eterno referente para aquellos que creemos que un cambio es posible y necesario!!!!
Queremos recordarte con alegría y por eso elegimos una Canción de Canario Luna y Tabare Cardozo » El tiempo me enseñó»

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