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Carta de Miquel Amorós a Tomás Ibáñez sobre el “Procés”

La cuestión que cabría preguntarse no es por qué un sector local de la clase dominante decide resolver sus diferencias con el Estado por la vía de la movilización callejera, sino por qué una porción considerable de gente con intereses contrapuestos, principalmente jóvenes, actúa como decorado escenográfico y fuerza de choque de la casta que ha patrimonializado Cataluña, clasista, católica, corrupta y autoritaria como la que más.

Por Miguel Amorós, 27 de septiembre de 2017

Compañero Tomás

Tus “perplejidades intempestivas” son el mayor exponente leído por mí del sentido común y del seny revolucionario que debieran reinar no sólo entre los libertarios, sino entre todos aquellos que quieren abolir esta sociedad en lugar de administrarla. No obstante, no me extraña que un mogollón de gente que se dice anarquista se haya apuntado a la movida nacionalista y proclame con bríos el derecho a decidir el material del que estarán hechas sus cadenas: ¡hay de Ricardo Mella y “la ley del número”!. Tampoco escasearon los que en su día se subieron al carro de Podemos o al del plataformismo y cambiaron los harapos de la lucha de clases por la ropa nueva de la ciudadanía. Es propio del anarquismo filisteo ante la menor encrucijada histórica el optar por hacerle el juego al Poder establecido. La guerra civil española es el ejemplo más palmario de ello. Confusión, atracción irresistible del jaleo, desclasamiento, táctica del mal menor, el enemigo de mi enemigo, lo que sea. El resultado final es ese: una masa de paletos esclavos de cualquier causa ajena y un montón de egos enfermizos estilo Colau o Iglesias que pagarían por venderse. En fin, negras tormentas agitan los aires y nubes oscuras nos impiden ver. Intentemos disiparlas.

La cuestión que cabría preguntarse no es por qué un sector local de la clase dominante decide resolver sus diferencias con el Estado por la vía de la movilización callejera, sino por qué una porción considerable de gente con intereses contrapuestos, principalmente jóvenes, actúa como decorado escenográfico y fuerza de choque de la casta que ha patrimonializado Cataluña, clasista, católica, corrupta y autoritaria como la que más. El juego del patriotismo catalán no es difícil de desentrañar y quienes lo promueven y aprovechan nunca han pretendido ocultarlo. El “Procès” ha sido una arriesgada operación de clase. La consolidación de una casta local asociada al desarrollo económico exigía un salto cualitativo en materia autonómica que la estrategia del “peix al cove” (“pájaro que vuela…”) no podía lograr. La negativa de la plutocracia central a “dialogar”, o sea, a transferir competencias, principalmente financieras, bloqueaba el ascenso de dicha casta y mermaba peligrosamente su influencia y capacidad política de cara a unos empresarios, industriales y banqueros dispuestos a dejarse liderar por soberanistas con tal de triplicar sus beneficios. La decisión por la cúspide de ir al “choque de trenes” significó una ruptura radical de la política pactista del catalanismo político. Aunque no iba en serio, es decir, que nunca tuvo como finalidad la declaración unilateral de independencia, necesitó de un aparato movilizador bien montado con el fin de inocular una mística patriotera que pusiera a hervir de forma controlada el caldo identitario. La demagogia independentista, armada con el marketing de la identidad, supo prolongarse en un ciudadanismo democrático con el que pudo sacar a la calle a masas demasiado domesticadas para hacerlo por propia voluntad. Con gran habilidad tocó la fibra oscura de las emociones reprimidas y los sentimientos gregarios que anidan en los siervos del consumo, es decir, supo remover en provecho suyo el poso de la alienación. El objetivo, según mi punto de vista, ha tenido éxito, y la casta dirigente estatal está mucho más dispuesta a modificar la constitución del posfranquismo para mejor encaje de la casta catalanista, aunque para ello ésta tendrá que sacrificar algunas figuras por el camino, quizás al mismo Puigdemont. Poderosos representantes del gran capital (por ejemplo, Felipe González) así parecen indicarlo.

El nacionalismo está manejado por timadores, pero en sí mismo no es un timo. Es el reflejo sentimental de una situación frustrante para una mayoría de subjetividades pulverizadas. No actúa de forma racional, puesto que no es fruto de la razón; es más una psicosis que un pálpito de liberación. La explicación de la eclosión emocional patriótica en la sociedad catalana habrá que irla a buscar en la psicología de masas y para ello nos serán más útiles Reich, Canetti o incluso Nietzsche, que teóricos como Marx, Reclus o Pannekoek. La convicción y el entusiasmo de la multitud no provienen de fríos razonamientos lógicos o de rigurosos análisis socio-históricos; más bien tiene que ver con las descargas emocionales sin riesgo, la sensación de poder que producen los amontonamientos, el fetichismo de la bandera u otros símbolos, la catalanidad virtual de las redes sociales, etc., características de una masa desarraigada, atomizada y desclasada, y, por lo tanto, sin valores, objetivos e ideales propios, predispuesta a comulgar con las ruedas de molino que se repartan. La vida cotidiana colonizada por el poder de la mercancía y del Estado es una vida repleta de conflictos latentes e interiorizados, dotados de un exceso de energía que los hace emerger en forma de neurosis individuales o colectivas. El nacionalismo, de cualquier signo, ofrece un excelente mecanismo de canalización de esos impulsos que, si se hicieran conscientes, constituirían un temible factor de revuelta.

El nacionalismo divide la sociedad en dos bandos paranoicos enfrentados artificialmente por sus obsesiones. Los intereses materiales, morales, culturales, etc., no cuentan. Nada que ver con la justicia, la libertad, la igualdad y la emancipación universales. El pueblo catalán es algo tan abstracto como el pueblo español, un ente que sirve de coartada para una soberanía de casta con su policía notablemente represora. Un pueblo únicamente se define contra todo poder que no emane de él o que se separe de él. Por consiguiente, un pueblo con Estado no es un pueblo. Convendrás conmigo en que la historia la hace la gente común mediante asambleas y organismos nacidos de ellas, pero tal como están las cosas, la historia es de quien la manipula mejor. Lo que dicha gente hace es proporcionar el marco popular de una mala función de teatro donde se ventila un prosaico reparto de poder. Cualquiera puede hacer sus cálculos y navegar en consideración dentro o fuera de las aguas nacionalistas de una turbulencia más bien calma, pero nunca deberá perder de vista el meollo de la cuestión.

Fraternalmente, Miquel Amorós, Alacant, 27-09-2017.

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Perplejidades intempestivas 

Por Tomás Ibáñez, 26 de septiembre de 2017

Cuando acontecen en Catalunya cambios tan drásticos como los que se han producido desde las multitudinarias manifestaciones del 15 de mayo de 2011 resulta difícil no experimentar cierta perplejidad.

¿Qué ha podido ocurrir para que algunos de los sectores más combativos de la sociedad catalana hayan pasado de “rodear el Parlament” en el verano del 2011 a querer defender las Instituciones de Catalunya en septiembre del 2017?

¿Qué ha podido ocurrir para que esos sectores hayan pasado de plantar cara a los mossos d’escuadra en la plaza Catalunya, y de recriminarles salvajadas, como las que padecieron Esther Quintana o Andrés Benítez, a aplaudir ahora su presencia en las calles y a temer que no tengan plena autonomía policial?

¿Qué ha podido ocurrir para que parte de esos sectores hayan pasado de denunciar el Govern por sus políticas antisociales a votar hace poco sus presupuestos? ¿Pero, también, que ha podido ocurrir para que ciertos sectores del anarcosindicalismo hayan pasado de afirmar que las libertades nunca se han conseguido votando a defender ahora que se dé esa posibilidad a la ciudadanía?

La lista de preguntas se podría ampliar enormemente y se podrían aportar múltiples respuestas a las pocas que aquí se han formulado. En efecto, se pueden aducir factores tales como el agotamiento del ciclo del 78, la crisis económica con sus correspondientes recortes y precarizaciones, la instalación de la derecha en el gobierno español con sus políticas autoritarias y sus recortes de libertades, la escandalosa corrupción del partido mayoritario etc. etc.

Sin embargo me parece que sería ingenuo excluir de esas respuestas la que pasa por tomar en cuenta, también, el extraordinario auge del sentimiento nacionalista. Un auge que, sin duda alguna, han contribuido a potenciar los factores a los que acabo de aludir pero que también ha recibido muy importantes dosis de combustible desde las propias estructuras del gobierno catalán y desde su control de las televisiones públicas catalanas. Varios años de persistente excitación de la fibra nacionalista no podían no tener importantes efectos sobre las subjetividades, tanto más cuanto que las estrategias para ampliar la base del independentismo nacionalista catalán han sido, y siguen siendo, de una extraordinaria inteligencia. La potencia de un relato construido a partir del derecho a decidir, en base a la imagen de las urnas y a la exigencia de la libertad de votar, era extraordinaria y conseguía disimular perfectamente el hecho de que era todo un aparato de gobierno el que se volcaba en promover ese relato.

Hoy, la estelada (roja o azul) es sin la menor duda el símbolo cargado de emotividad bajo el cual se movilizan las masas, y es precisamente ese aspecto el que no deberían menospreciar los que sin ser nacionalistas ven en las movilizaciones pro referéndum una oportunidad que los libertarios no deberían desaprovechar para intentar abrir espacios con potencialidades, sino revolucionarias, por lo menos portadoras de una fuerte agitación social, y se lanzan por lo tanto en la batalla que enfrenta los gobiernos de España y de Catalunya.

No deberían menospreciarlo porque cuando un movimiento de lucha incluye un importante componente nacionalista, y este es, sin duda alguna, el caso en el presente conflicto, las posibilidades de un cambio de carácter emancipatorio son estrictamente nulas.

Me gustaría compartir el optimismo de los compañeros que quieren intentar abrir grietas en la situación actual para posibilitar salidas emancipatorias, sin embargo no puedo cerrar los ojos ante la evidencia de que las insurrecciones populares y los movimientos por los derechos sociales nunca son transversales, siempre encuentran a las clases dominantes formando piña en un lado de las barricadas. Mientras que en los procesos de autodeterminación, y el actual movimiento es claramente de ese tipo, siempre interviene un fuerte componente interclasista.

Esos procesos siempre hermanan a los explotados y a los explotadores en pos de un objetivo que nunca es el de superar las desigualdades sociales. El resultado, corroborado por la historia, es que los procesos de autodeterminación de las naciones siempre acaban reproduciendo la sociedad de clases, volviendo a subyugar las clases populares después de que estás hayan sido la principal carne de cañón en esas contiendas.

Eso no significa que no haya que luchar contra los nacionalismos dominantes y procurar destruirlos, pero hay que hacerlo denunciando constantemente los nacionalismos ascendentes, en lugar de confluir con ellos bajo el pretexto de que esa lucha conjunta puede proporcionarnos posibilidades de desbordar sus planteamientos y de arrinconar a quienes solo persiguen la creación de un nuevo Estado nacional que puedan controlar. Que nadie lo dude, esos compañeros de viaje serán los primeros en reprimirnos en cuanto no nos necesiten, y ya deberíamos estar escarmentados de sacarles las castañas del fuego.

Tomás Ibáñez

Barcelona, 26 de septiembre de 2017

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La conquista árabe es un ‘cuento’: “La Mezquita la construyeron los cordobeses”

– Un documental incide en cómo la construcción de un Estado unitario hizo saltar por los aires siglos de convivencia en Al Ándalus.

– Con el drama de los refugiados de fondo y el referéndum catalán, la cinta aborda el rechazo al otro y a la diversidad.

Por Olivia Carballar, 29 de septiembre de 2017

Es un escritor andaluz”, dicen de García Lorca en una clase de secundaria. “Es el que escribió Platero y yo, otro escritor andaluz”, cuentan de Juan Ramón Jiménez. Aunque aún no han dado Filosofía, todos aseguran conocer a Aristóteles y a Platón. ¿Y Averroes? ¿Alguien sabe quién es Averroes? Comienzan los titubeos. Un alumno dice que le suena a africano. “Pues no, Averroes es un filósofo muy importante y nació en Córdoba”, explica el profesor de Derecho Civil Antonio Manuel.

La secuencia, grabada en un instituto de la localidad cordobesa de Palma del Río, resume la esencia de Las llaves de la memoria (Almutafilm), un documental dirigido por Jesús Armesto, andaluz residente en Cataluña, que revisa la historia que hasta ahora nos habían contado sobre Al Ándalus. La cinta –presentada este jueves en la Fundación Tres Culturas, en Sevilla– incide sobre todo en cómo la construcción de un Estado unitario hace saltar por los aires siglos de convivencia en la diversidad. “Por cierto, he visto más banderas españolas al llegar hoy a Sevilla que catalanas en Barcelona”, avisa el director.

Hablar de la conquista árabe de la Península Ibérica es una impostura, es un relato literario asumido como histórico. Sirve para justificar la caída del régimen visigodo y se convierte en necesario cuando se relaciona con un término posterior, que será la reconquista. El pivote fundamental de la esencia nacionalcatólica de España es que el mal siempre viene de fuera, que los otros son los que han venido a romper el ritmo histórico de la Península Ibérica, y ahora es completamente necesario para mantener esa impostura. Nada documenta una invasión, sino una progresiva arabización”, sostiene en el documental el historiador Emilio González Ferrín, que argumenta que el relato de la conquista se escribió 150 años después del 711, a través de fuentes no primarias. “La reconquista es una falacia, una campaña publicitaria, inventa un pasado lejano para negar el pasado reciente”, añade.

Lectura del artículo completo en:

https://www.lamarea.com/2017/09/29/conquista-arabe-cuento-mezquita-construyeron-cordobeses

 

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 Una crítica del libro de Emilio González Ferrín por A. García Sanjuán.

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Entrevista a Carey Gillam: Monsanto, cáncer y corrupción en la Ciencia

Por El Editor, 28 de septiembre de 2017

corporatecrimereporter.com

Cincuenta y cinco años después de que Rachel Carson en «Primavera Silenciosa» advirtiera sobre los peligros del DDT y el uso descontrolado de pesticidas, una antigua reportera de Reuters está enarbolando la bandera roja sobre la presencia de pesticidas en la cadena alimentaria que no podemos eliminar.

En “Encubrimiento: La Historia de un herbicida, Cáncer y Corrupción en la Ciencia” (Island Press, 2017), la periodista de investigación Carey Gillam expone los detalles sobre la campaña de 40 años de duración del plaguicida más popular del mundo: el glifosato, conocido comúnmente como Roundup de Monsanto.

Gillam es actualmente directora de investigación en US Right to Know.

Gillam dice que el glifosato es el producto agroquímico más ampliamente utilizado en la historia, un plaguicida presente en el aire, el agua, los alimentos e incluso en nuestro propio cuerpo.

En Whitewash, Gillam explora las demandas legales de miles de estadounidenses que creen que Roundup les provocó cáncer, y expone la influencia de una industria multimillonaria que ha trabajado durante décadas para mantener a los consumidores en la oscuridad y mantener a las Agencias de Regulación bajo control.

Gillam desvela las comunicaciones de la industria y los documentos normativos que revelan los vínculos corporativos con un elenco de jugadores, desde periodistas y reguladores hasta blogueros y científicos de las universidades públicas.

Gillam rastrea lo que ella llama la «corrupción en la Ciencia», descubriendo historias de cómo los agronegocios se han aprovechado de los empleados útiles del Gobierno y censurando científicos o desacreditándolos para ocultar las pruebas de los daños.

Gillam muestra cómo la influencia de la política ha estado trabajando durante años en las agencias reguladoras como la Food and Drug Adminnistration (FDA), el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), y la Environmental Protection Agency (EPA) -la misma agencia creada como resultado de los hallazgos de Carson en su libro Primavera Silenciosa.

Tanto la EPA como la Comisión Europea están analizando actualmente si mantener el glifosato en el mercado o limitar su uso, y las afirmaciones de que provoca cáncer en los EE. UU. se están produciendo en medio de un creciente interés en saber la verdad sobre este plaguicida tan ampliamente extendido.

En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer -parte de la Organización Mundial de la Salud– llegó a la conclusión de que el glifosato probablemente es cancerígeno.

– Editor: ¿Qué quiere decir cuando habla de corrupción en la Ciencia?

Hemos desvelado documentos a través de la Ley de Libertad de Información (FOIA) y solicitudes estatales de registros. Y tenemos documentos que han salido a la luz en litigios que ahora están pendientes contra Monsanto. Es abrir los ojos, impactantes evidencias de que Monsanto ha estado trabajando muy duro durante muchos años para enterrar toda prueba de daño de este producto químico y difunde su propia investigación.

Los documentos muestran que Monsanto ha formado un ejército de sustitutos y soldados -profesores, investigadores- personas que parecen ser independientes de Monsanto, pero que de hecho, detrás de las cortinas, están canalizado dinero hacia sus organizaciones, a sus universidades, a sus programas de investigación. A cambio, algunos de ellos firman los artículos que Monsanto redacta. Elaborar borradores que Monsanto modificará y su nombre aparecerá como una revisión positiva e independiente del glifosato. De hecho, Monsanto los escribió. Eso no se dice en ninguna parte. Los documentos muestran que Monsanto usó el término «escritura fantasma» para ciertos trabajos de investigación. Ellos esencialmente contratarn científicos, les pagan dinero, y ponen sus nombres en informes de investigación. Pero Monsanto se encarga de la escritura y la edición. Monsanto lo expone en sus documentos internos.

Podría seguir y seguir. El caso es que Monsanto quiso fundar una organización que pareciera ser independiente de Monsanto y que escribiera informes o artículos que criticaran a científicos o periodistas u otros que escribieran cosas que no fueran positivas sobre el glifosato o los transgénicos.

En sus correos electrónicos, dicen – no puedes dejar que nadie sepa que Monsanto está detrás de esto, tenemos que mantener a Monsanto en segundo plano.

– ¿Qué pasa con los periodistas?

Monsanto ha realizado un esfuerzo concertado para capacitar a los periodistas sobre cómo informar sobre la Industria. Están llevando a cabo campamentos de entrenamiento y llevando a estos profesores supuestamente independientes y a otros para entrenar a estos periodistas y a otros en cómo pensar sobre la ciencia y estos temas. Están intentando influir en la cobertura informativa de la prensa

Cuando se dieron cuenta de que no iba a seguir la narrativa corporativa, trataron de presionarme e intimidarme. Muchos ofrecen exclusivas y artículos que son señuelos que les harán quedar bien a los ojos de los Editores. Mientras el periodista se ciña a una cierta narrativa, está bien. Intimidan a los periodistas que no siguen la narrativa. Me dijeron más de una o dos veces que no había hechos erróneos en mis artículos. Dijeron que el problema con mis artículos era algo llamado falso equilibrio. No debería estar presentando dos lados de una historia. Sólo debería estar presentando su lado.

– ¿Quién le dijo eso?

Oí eso de la gente de Monsanto . Lo escuché de la gente de relaciones públicas de la industria en BIO. Lo he oído de numerosos actores de Monsanto y de la Industria Química. Escribieron sobre esto en uno de los documentos. Lo llamaban Carey Gillam y su falso equilibrio

Me acusaron de presentar ambos lados de un suceso cuando sólo debía de presentar uno.

– ¿Cuándo dejó Reuters?

– A finales de 2015.

– ¿Por qué se fue?

La presión de la industria fue parte de la razón. Cada vez era más difícil convencer a los editores de que los artículos eran válidos. Durante los primeros doce o trece años, tuve un editor sólido que no temía las críticas de la Industria, que no tenía miedo a las presiones. La dirección editorial cambió en los últimos dos años antes de que me fuera. Era diferente. Tenía un editor que no tenía experiencia en agricultura, que no conocía la Industria, que me dijo por ejemplo que el glifosato no era una gran historia, que no iba a ser una historia, que nadie se preocupaba por el glifosato. Eso fue poco antes de 2015, cuando la clasificación de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer se convirtió en una noticia de primer nivel en todo el mundo. Se estaba haciendo difícil hacer mi trabajo. Así que fui a un lugar donde pudiera hacer mi trabajo «.

– Usted utiliza el término corrupción en la Ciencia. Pero, ¿qué pasa con la corrupción en el Gobierno? ¿Por qué el Gobierno no ha actuado con firmeza y se ha opuesto al glifosato?

Hay una larga historia dentro de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) protegiendo los intereses corporativos. Por supuesto, todo vuelve a ser una cuestión de dinero. Y en algunos de los documentos, Monsanto es claro – queremos que la EPA haga una cosa «.

Hay una larga historia dentro de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) protegiendo los intereses corporativos. Por supuesto, todo vuelve a ser una cuestión de dinero. Y en algunos de los documentos, Monsanto es claro – queremos que la EPA haga una cosa.

Y Monsanto gasta mucho dinero en grupos de presión y contribuciones a campañas. Y en apoyos a determinados legisladores. Y van a apoyarse en estos responsables designados públicamente dentro de la EPA. Y van a decirle a la EPA – queremos que esto suceda. Y eso se ve en esos documentos internos.

También está las puertas giratorias. Cuando los responsables dejan la EPA, pueden obtener trabajos lucrativos dentro de la Industria Química – si son amistosos, si son útiles. Hubo un responsable de la EPA que supervisaba la revisión de cáncer del glifosato. Dejó la EPA y casi inmediatamente comenzó a trabajar en la Industria Química. Y Monsanto amaba a este tipo. Hablan de ello en sus documentos internos, de lo útil que podría ser. Y cómo querían que él fuera con el que tratar, en lugar de otro, en el tema del glifosato.

Hubo tres altos cargos de la EPA a los que Monsanto acudió para tratar de impedir una revisión del glifosato realizada por otra agencia federal. Ellos no la querían. Dijeron que les preocupaba que esta otra agencia federal estuviera de acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer y que encontrara problemas con el glifosato. Y le pidieron a las tres personas más importantes de la EPA que ayudaran a impedir la revisión. Y esos tipos realizaron las maniobras adecuadas y lo impidieron.

No lo sé. ¿Es corrupción? ¿Es colusión de intereses? ¿Es una colaboración? ¿Es cuestión de que son buenos amigos? No sé, pero parece que hayan servido mejor a las Corporaciones que a la gente.

– ¿En qué situación se encuentra actualmente la demanda presentada en los Estados Unidos contra Monsanto?

Hay alrededor de 3.000 demandantes en los Estados Unidos que alegan que Monsanto sabía y encubrió las evidencias de que el glifosato les provocó, a ellos o a sus seres queridos, cáncer. Obviamente, algunas de estas personas han muerto, así que sus familiares han presentado la demanda. Algunos de ellos están vivos y sufren de cáncer ahora mismo. Varios cientos de estos juicios se han consolidado en la corte federal de California. Y ahí es donde hemos visto salir a la luz el grueso de estos documentos que desvelan todo el entramado. Y Monsanto ha estado luchando con uñas y dientes para mantenerlos en secreto y mantenerlos sellados. Y ha sido una verdadera batalla en los tribunales. Pero han salido varios cientos de páginas de documentos sin sellar.

– ¿Algunos de estos casos ya han sido resueltos o se está desarrollando el juicio?

No. Los primeros juicios están programados para junio de 2018.

– ¿Cuándo se presentó el primer caso?

Los primeros casos se presentaron en 2015, después de que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificara el glifosato como probablemente cancerígeno. Los procesos previos se han desarrollado con rapidez. Se han presentado casos casi todas las semanas. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer encontró una relación positiva entre el glifosato y el linfoma no Hodgkin. Todos estos demandantes lo hacen por un linfoma no Hodgkin.

– Veo en su sitio web que comparecerá ante el Parlamento Europeo el próximo mes. ¿Qué es lo que va a decir?

La agenda ha cambiado un par de veces. El presidente de Monsanto, Hugh Grant, fue invitado a participar en una mesa redonda conmigo ante los miembros del Parlamento Europeo. Y se negó a asistir. Están cambiando un poco los asuntos de discusión. Se supone que la discusión tiene que ver con las regulaciones de la EPA y cómo se ha manejado la ciencia y cómo se ha manejado la regulación. Me referiré a ese tema, a lo que hemos descubierto: el chantaje y la influencia que Monsanto ha ejercido sobre la agencia que determina la seguridad del producto químico «.

[Para leer la entrevista completa a Carey Gillam, ver Corporate Crime Reporter 37 (10), de 25 de septiembre de 2017, solamente en la edición impresa]

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Todos los estudios revisados por pares sobre alteración hormonal fueron excluidos en la evaluación del glifosato por parte de la UE

Por Claire Robinson, 26 de septiembre de 2017

GMWatch.org

El 100% de los estudios científicos fueron rechazados por razones no científicas

El experto en productos químicos Tony Tweedale, de RISK Consultancy, ha hecho un comentario sobre nuestro artículo en el que se informa de la conclusión de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) de que el glifosato no es un disruptor endocrino. Tweedale ha analizado el informe de la industria en el que se basó la conclusión de la EFSA. Nos dice que todos los estudios revisados por pares fueron excluidos de la evaluación de la EFSA. Sin embargo, una proporción significativa de estos estudios señala que el glifosato y sus formulaciones comerciales tienen efectos perturbadores endocrinos.

La evaluación de la EFSA fue promovida por la Comisión Europea, que solicitó una revisión bibliográfica actualizada de las posibles alteraciones hormonales del glifosato. La revisión fue realizada por la firma consultora Knoell para el Grupo de Trabajo sobre Glifosato (GTF), la coalición de compañías de pesticidas que está tratando de conseguir la reaprobación del glifosato en Europa.

La revisión identificó 104 estudios publicados.

Tweedale dijo a GMWatch:

«Dos fueron excluidas por una evaluación que decía no responder a la pregunta del estudio. Otros cinco quedaron excluidos por la evaluación de la fiabilidad del texto. Pero los 97 restantes (93%) se excluyeron sólo mediante la evaluación del título y/o el resumen, es decir, antes de que se realizara cualquier evaluación de la calidad del estudio. El número de estudios publicados que se consideró lo suficientemente fiable como para ser un estudio clave, es decir, para establecer una dosis segura o tomar otra decisión de evaluación del riesgo, fue precisamente de cero «.

La EFSA no puso en tela de juicio esta amplia eliminación de datos científicos.

La relevancia y la fiabilidad está definida por la Industria

Seguramente la «pertinencia» y la «fiabilidad» son cualidades deseables en cualquier estudio utilizado para la evaluación de riesgos. Bueno, depende de quién defina y utilice los criterios.

Tres empleados de la empresa química BASF definieron los criterios para juzgar la pertinencia y fiabilidad de las pruebas de toxicidad para su inclusión en la evaluación de riesgos en un documento publicado en 1997. Este artículo se conoce como el papel de Klimisch, por aparecer como primer autor.

Se recomienda que los criterios de Klimisch se utilicen en la evaluación de riesgos por la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA) y por la EFSA.

Según Tweedale, cuando los criterios de Klimisch fallan, es porque definen la «fiabilidad» simplemente como el cumplimiento de las directrices de ensayo establecidas por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Estas directrices establecen los protocolos que la industria debe seguir para llevar a cabo estudios de toxicidad realizados en animales de laboratorio con fines de regulación. Incluyen el requisito de que los experimentos se realicen de acuerdo con las Buenas Prácticas de Laboratorio (BPL), un conjunto de reglas de gestión de laboratorio que fueron introducidas por los reguladores en la década de 1970 en respuesta al grave fraude de la industria en las pruebas de seguridad química.

Los científicos que trabajan fuera de la industria generalmente no utilizan las directrices de la OCDE, dice Tweedale, porque prueban dosis altas y poco realistas y tienen otras deficiencias. Por lo tanto, los únicos estudios que se adhieren a estas directrices son los estudios de la industria realizados con fines regulatorios. Por lo tanto, los criterios de Klimisch rechazan todos los estudios no realizados por considerarlos poco fiables o en los que se puede confiar «con restricciones», es decir, menos fiables que un estudio conforme a la OCDE.

En el caso de la revisión de la alteración endocrina del glifosato, se descartaron 99 estudios utilizando un puñado de criterios que son atribuciones de los estudios de la OCDE. Los cinco estudios restantes se consideraron «no confiables» o confiables sólo «con restricciones», mediante el uso explícito de una «Evaluación Klimisch».

Tweedale dice:»En general, Knoell descartó algunas docenas de conclusiones significativas sobre el glifosato o la alteración endocrina , basadas en gran medida en los criterios de Klimisch: la sujeción a las directrices de la OCDE y / o directrices establecidas por la EPA de EE. UU.«.

Tweedale dice que el problema no se limita al glifosato, sino que se aplica prácticamente a todas las reautorizaciones de plaguicidas. Algunas revisiones de la industria no encuentran docenas o cientos de resultados publicados de toxicidad. En la medida en que los encuentran, los descartan casi todos antes de evaluarlos, típicamente según los criterios de fiabilidad de Klimisch «.

Los registros de sustancias químicas bajo el reglamento REACH (Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Sustancias Químicas) de la UE son igual de malos, dice Tweedale, con un gran número de estudios revisados por pares que se ignoran o rechazan sobre la base de los criterios de Klimisch.

Tweedale dice:

«En general, Knoell descartó algunas docenas de conclusiones significativas sobre el glifosato o la alteración endocrina , basadas en gran medida en los criterios de Klimisch: la sujeción a las directrices de la OCDE y / o directrices establecidas por la EPA de EE. UU.».

Tweedale dice que el problema no se limita al glifosato, sino que se aplica prácticamente a todas las reautorizaciones de plaguicidas. Algunas revisiones de la industria no encuentran docenas o cientos de resultados publicados de toxicidad. En la medida en que los encuentran, los descartan casi todos antes de evaluarlos, típicamente según los criterios de fiabilidad de Klimisch «.

Los registros de sustancias químicas bajo el reglamento REACH (Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Sustancias Químicas) de la UE son igual de malos, dice Tweedale, con un gran número de estudios revisados por pares que se ignoran o rechazan sobre la base de los criterios de Klimisch.

Lo que dicen los reglamentos

El reglamento de la UE sobre plaguicidas exige que los estudios revisados por pares se tengan en cuenta durante el proceso de aprobación de plaguicidas. Incluso se permite recurrir a ellos para prohibir un plaguicida. La ECHA tiene los mismos requisitos para evaluar todos los datos disponibles. Tweedale dice:»Ambas leyes han fracasado, con un 75-80% de los resultados publicados sin ser reconocidos, y cada uno de las que se descubren ha sido rechazado por motivos no científicos«.

Si bien las Orientaciones de la EFSA establecen que los demandantes de la industria no deben descartar un estudio como irrelevante sólo porque no se lleven a cabo de acuerdo con las directrices de la OCDE o las BPL [Buenas Prácticas de Laboratorio], también recomiendan los criterios de Klimisch como herramienta principal para evaluar la calidad de los estudios.

Al permitir el uso de los criterios de Klimisch, la EFSA y la ECHA permiten la práctica de descartar los estudios sin necesidad de una evaluación completa. Debemos tener cuidado, dice Tweedale, porque «la exposición a dosis bajas de productos químicos es la norma. Pero eso es precisamente lo que las pruebas de la industria no examinan «.

En Canadá, menos del 1% son tenidos en cuenta
Los comentarios de Tweedale vienen a colación porque dos investigadores han acusado al gobierno canadiense de ignorar la mayoría de los estudios publicados revisados por pares en su reaprobación del glifosato.

La Agencia Reguladora del Manejo de Plagas (PMRA) del gobierno canadiense declaró:

«Una evaluación de la información científica disponible encontró que los productos que contienen glifosato no presentan riesgos preocupantes para la salud humana o el medio ambiente cuando se usan de acuerdo con las instrucciones de la etiqueta«.

Louise Vandelac, profesora de ciencias ambientales y sociología y Marie-Hélène Bacon, investigadora del grupo de investigación interdisciplinario GRETESS, ambos de la Universidad de Quebec en Montreal, realizaron su propio análisis de la literatura científica publicada para averiguar cuántos de los estudios fueron analizados por el PMRA para llegar a su decisión. Encontraron que la agencia consideró «menos del 1% de la abundante literatura científica sobre los efectos de salud y ambientales del glifosato y los herbicidas a base de glifosato (GBH), publicados desde principios de la década de 1970″ – una situación que ellos describen como «altamente problemática«.

Vandelac y Bacon argumentan que los estudios científicos considerados son antiguos y anticuados y que el documento de decisión

«esencialmente consiste en documentos confidenciales de 1970 a 1990 procedentes de la industria, que es el principal beneficiario económico de la decisión», factores que «ponen en tela de juicio el rigor científico y la independencia del enfoque«. Añaden que la decisión de aprobar el glifosato se tomó, por lo tanto,»sobre la base de 95 referencias presentadas por empresas que datan de hace más de 20,30 o 40 años… lo que, dada la rápida evolución de la investigación sobre el impacto sanitario de determinadas sustancias químicas y cócteles químicos, no se corresponde en absoluto con los requisitos científicos«.

Además, Vandelac y Bacon agregan que el proceso de regulación es inadecuado ya que considera principalmente el glifosato solo, aunque las formulaciones de herbicidas de glifosato que se venden y usan pueden ser hasta 1000 veces más tóxicas.

Sin embargo, Tweedale dice que vislumbra la luz al final del túnel. Afortunadamente, una revisión sistemática, un concepto tomado prestado de la medicina, desafía el sistema regulatorio de las sustancias químicas. Consiste en una evaluación exhaustiva y rigurosa de todos los datos disponibles, basada en criterios científicos objetivos.

Si este sistema se aplicara a los plaguicidas, sería mucho más difícil para la industria excluir los resultados de los estudios revisados por pares. “Y la salud pública y el medio ambiente serían los ganadores «.


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El Partido Popular Europeo propone que no se financie a las ONG que “actúan en contra de los intereses de la UE”

Por Paola Tamma, 21 de septiembre de 2017

EUROACTIV.com

El 14 de septiembre, los eurodiputados votaron en contra de las enmiendas destinadas a reforzar los controles sobre las organizaciones no gubernamentales (ONG) financiadas por la UE que actúan «en contra de los intereses de la UE«. Una indagación para comprobar quiénes propusieron estas medidas apuntan a un grupo de presión pro-israelí y a un partidario del glifosato.

Las enmiendas fueron presentadas en el último minuto por el Partido Popular Europeo de centro-derecha, y algunas han sido sacadas directamente de un informe anterior del diputado alemán Markus Pieper (EPP).

En su informe original, Pieper quiso poner fin a la financiación de la UE a las ONG «cuyos objetivos son contrarios a los valores fundamentales de la Unión Europea, la democracia, los derechos humanos y/o los objetivos estratégicos comerciales y de política de seguridad de la UE«.

El informe Pieper fue bloqueado por los eurodiputados verdes y de izquierda, que querían esperar a que el Tribunal de Cuentas presentara «datos fiables» sobre el tema.

Pero sin esperar, el PPE trató de impulsar las mismas enmiendas en el informe sobre «Transparencia, responsabilidad e integridad en las instituciones de la UE», votado en el Parlamento el 14 de septiembre.

Una enmienda de última hora de este tipo abogaba por restringir la financiación a las organizaciones «sólo si se argumentaba mediante hechos verificables«. El PPE también pidió que no se concediera financiación a «las organizaciones que demuestren que difunden falsedades o cuyos objetivos sean contrarios a los valores fundamentales u objetivos políticos de la UE«.

Otra enmienda solicitaba la introducción de un «código de conducta» para las ONG que solicitan financiación de la UE, proporcionando orientación sobre cómo cumplir las «obligaciones legales y de transparencia«. Todas fueron rechazados por mayoría de votos.

El PPE denunció esto como un intento de «mantener en secreto la financiación de las ONG«.

Markus Pieper dijo:»No deberíamos financiar organizaciones que luchan contra Europa y sus valores, ni personas que difunden noticias falsas. El Grupo PPE quiere transparencia. De eso se tratan nuestras enmiendas «.

Puestos en contacto con él para aclarar lo que Pieper quería decir con los valores de la UE contrarrestados por las acciones de las ONG, o las noticias falsas que supuestamente circulan, la oficina del eurodiputado respondió:

«Esta es una pregunta retórica. Los ejemplos de negación del cambio climático y las declaraciones falsas sobre los acuerdos de libre comercio son bien conocidos «.

Sin embargo, cuando se les pidió que aclarara sus acusaciones, la oficina del Parlamento Europeo no respondió.

¿Quiénes están detrás de los ataques a las ONG?

Cuando la Plataforma Europea de la Sociedad Civil que representa a las organizaciones de la sociedad civil, pidió al colaborador de Pieper que revelara las fuentes del informe, reconoció que Pieper recibió «contribuciones de expertos externos«, dijo a EURACTIV Carlotta Besozzi, coordinadora de la Sociedad Civil Europa.

Los colaboradores de Markus Pieper, preguntados por EURACTIV sobre esos expertos externos, decidieron no responder.

Durante un seminario titulado «Evaluating Impact: EU funding to NGOs«, organizado por la eurodiputada de centro-derecha Patricja Sulin en junio, el PPE invitó a los siguientes expertos, que podrían arrojar alguna luz sobre los intereses estratégicos y comerciales de la UE que Markus Pieper pretende defender.

Boicot a Israel”

Uno de los conferenciantes fue un representante de la ONG Monitor, una organización con sede en Jerusalén cuyo propósito declarado en el registro de interés de la UE es «promover la exigencia de responsabilidades y apoyar el debate sobre los informes y actividades de las ONG que afirman promover los derechos humanos y las agendas humanitarias«.

Su único interés recogido es el estudio de la Comisión de Control Presupuestario (CONT) del Parlamento sobre la financiación de la UE, es decir, el informe Pieper.

Su presidente, Gerald Steinberg, publicó un artículo de opinión en el Jerusalem Post criticando la aportación de «millones de euros a las ONG radicales de defensa política que[…] promueven las imágenes de la victimización palestina y la opresión israelí«.

Según Steinberg, «estas políticas de financiación de la UE promueven activamente el boicot y el aislamiento de Israel«.

Sus afirmaciones (recordadas por el entonces embajador de la UE en Israel como «inexactas y confusas») se dirigieron al entonces presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, a quien Steinberg invitó a «tomar medidas para poner fin al papel de la UE en la guerra política contra Israel«.

Parece que la ONG Monitor encontró afinidad en Pieper: a principios de este año, publicó un documento de opinión que acoge con satisfacción la iniciativa de Pieper, afirmando que «muchas ONG que gozan de apoyo financiero europeo promueven agendas políticas marginales que son contrarias a las políticas oficiales de los gobiernos europeos, como el BDS antiisraelí (boicot, desinversión y sanciones)«.

Una redacción muy similar a la del informe Pieper.

Promoción del glifosato

El otro orador presente en la audiencia en el Parlamento fue el canadiense David Zaruk, profesor asistente de comunicación en la Universidad Saint-Louis de Bruselas.

Según su perfil de Linkedin, ha estado «en el Grupo de Ética Horizonte 2020 de la Comisión Europea para la Investigación y a menudo hace de experto, ponente, asesor o asesor ético para diversos proyectos de investigación financiados por Europa«, incluyendo la directiva sobre plaguicidas.

Es consultor en comunicación y gestión de riesgos, pero dice: «Sólo trabajo con amigos».

Zaruk ha sido entrevistado para el blog de Monsanto, que lo citó en apoyo al glifosato. En su blog personal, escrito bajo el apelativo de Risk-Monger, acusó a la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de estar plagada de activistas impulsando una determinada agenda.

En un puesto, atacó a «European Sugar-Daddy» por financiar a las ONG que «atacan las políticas comerciales, industriales, energéticas y agrícolas de la UE«.

También elogió el «excelente informe Pieper«, que -afirma- «reconoce el problema que había señalado de cómo las ONG crean estas complejas redes en las que el dinero se mueve secretamente, sin ningún posible control de las autoridades de financiación«.

También puede que haya encontrado otro oyente entusiasta en la defensa de los «objetivos comerciales» de la UE.

Cuando se le pidió que detallara qué podía decir sobre las iniciativas de Markus Pieper, y en nombre de quién estaba actuando, David Zaruk decidió no hacer comentarios.

Transparencia

La propuesta, argumenta la Sociedad Civil Europa, es preocupante porque se dirige específicamente a las ONG, a pesar de que todos los beneficiarios de la UE están sujetos al reglamento de la UE sobre normas de financiación.

Al centrarse en las ONG, estas enmiendas desviaron la atención de la influencia excesiva de los intereses empresariales y del deber que tienen las propias instituciones de la UE de respetar la transparencia y evitar el riesgo de conflictos entre los intereses privados y públicos «, afirmó un portavoz de la Sociedad Civil Europa.

» Es inquietante que el PPE haya votado casi en bloque a favor de estas enmiendas «.

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Científicos y médicos advierten de los posibles efectos graves en la salud de las redes 5G

La lista de los científicos firmantes se puede consultar en: http://www.peccem.org/DocumentacionDescarga/Cientificos/Declaraciones/170913_scientist_5g_appeal_final.es.pdf

 

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Cómo Monsanto preparó una “tormenta de protestas e indignación” con antelación a la clasificación del glifosato como probablemente carcinógeno por parte de la IARC

Por Carey Gillam, 19 de septiembre de 2017

The Huffington Post

Hace tres años que los ejecutivos de Monsanto Co. se dieron cuenta de que tenían un grave problema entre sus manos.

Era septiembre de 2014, el producto químico más vendido por la Empresa, el herbicida a base de glifosato, Roundup, había sido seleccionado para ser sometido a un proceso de evaluación de riesgos por parte de la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud (IARC). Monsanto llevaba décadas defendiendo la seguridad del glifosato y desacreditando a aquellos investigadores que por el contrario decían que esta sustancia química puede causar cáncer y otras enfermedades. Y a pesar de que todavía faltaban unos meses para que se realizase la revisión por parte de la IARC, los científicos de Monsanto sabían perfectamente cual iba a ser el resultado, y sabían que no sería nada bueno.

Documentos internos de la Empresa muestran no sólo el temor de Monsanto ante la inminente revisión, sino que los responsables de la Empresa esperaban que los científicos de la IARC descubrieran algunas conexiones entre el cáncer y el glifosato. Los científicos de la Empresa vieron que sus esfuerzos en defensa del glifosato eran vulnerables, en medio de múltiples investigaciones desfavorables realizadas en personas y animales expuestos al herbicida. Además de los estudios epidemiológicos, “también hay vulnerabilidades potenciales en otras áreas que la IARC puede considerar, a saber, la exposición, la toxicidad para los genes, y el modo de acción…”, escribió un científico de Monsanto en octubre de 2014. En ese mismo correo electrónico se discutía la necesidad de buscar aliados y organizar un contraataque, eso meses antes de la reunión de la IARC en marzo de 2015.

Y Monsanto predijo, a nivel interno, antes de que la IARC llegara a la conclusión de que la revisión de los estudios científicos resultase en la decisión de que el glifosato “probablemente” fuese carcinógeno. Los responsables de Monsanto establecieron un plan interno ante la más que probable decisión de la IARC, advirtiendo a sus colegas de “debían asumirla y prepararse para el resultado…”. Este documento muestra que Monsanto pensó que lo más probable es que la IARC clasificara al glifosato como “posible carcinógeno para los seres humanos”. La clasificación de probable carcinógeno les pareció “posible pero menos probable”, según un Informe de Monsanto. La IARC clasificó finalmente al glifosato como “probablemente carcinógeno para los seres humanos”.

A medida que avanzaba la reunión de la IARC, documentos internos muestran que Monsanto no esperó a la decisión final de la IARC para actuar. Fichó a un equipo de relaciones públicas, expertos en grupos de presión (lobbies), científicos y otros para la preparación de un plan destinado a crear lo que fue denominado como una tormenta de “protestas” y muestras de “indignación” ante la clasificación por parte de la IARC. La IARC tenía detrás de sí una historia de “sentencias cuestionables y políticamente comprometidas”, dice el Informe del Monsanto.

El plan consistía en provocar la suficiente controversia como para desacreditar la evaluación de la IARC, porque los responsables de Monsanto sabían que las Agencias de Regulación estarían influenciadas por la IARC y podían ponerse en riesgo las ventas del producto químico más vendido y utilizado en todo el mundo.

Es posible que la decisión de la IARC tenga influencia en futuras decisiones de las Agencias de Regulación”, decía Monsanto en su correspondencia interna.

Era un momento crítico porque en 2015 tanto la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) como la Comisión Europea estaban revaluando las autorizaciones para la venta del herbicida de Monsanto. A la espera de la decisión de la IARC, tanto la Unión Europea como la EPA retrasaron sus decisiones finales sobre el glifosato en medio de un debate sobre su seguridad química.

Lo que esto indica es que era obvio para Monsanto que había pruebas de carcinogenicidad. Me parece que a Monsanto no le gusta que la gente se entere de los riesgos de contraer cáncer”, dijo Peter Infante, un epidemiólogo que trabajó durante 24 años para el Gobierno estadounidense estudiando los riesgos de cáncer en los trabajadores expuestos a sustancias tóxicas.

Después de la decisión del IARC, estalló una tormenta de protestas por parte de varios individuos y organizaciones junto con los aullidos de indignación de Monsanto. Algunos cuestionaron las fuentes de financiación de la IARC y Monsanto reiteró falsas informaciones de que el presidente del grupo de trabajo de la IARC había ocultado información crítica al equipo.

El rastro de documentos, que incluye correos electrónicos internos, informes y otras comunicaciones obtenidas de Monsanto por los abogados de los demandantes a través de litigios pendientes en los Estados Unidos, deja claro que el debate sobre la clasificación de la IARC y su impugnación no surgió espontáneamente, sino que fue fabricado por Monsanto antes de la decisión de la IARC y continuado después. El objetivo era – y es – convencer a los reguladores de que descarten los hallazgos del equipo de expertos científicos independientes que formaron el equipo de la IARC que evaluó el glifosato.

Los registros internos obtenidos a través de litigios, junto con los documentos obtenidos a través de la Ley de Libertad de Información (FOIA) y las solicitudes de registros estatales también muestran que las acciones emprendidas para desacreditar a la IARC formaron parte de un patrón de décadas de tácticas fraudulentas de Monsanto para persuadir a los reguladores, legisladores y miembros de la prensa y el público de que el glifosato y el Roundup son seguros. La compañía ha utilizado estas tácticas varias veces a lo largo de los años para desacreditar a varios científicos cuya investigación ha encontrado efectos nocivos asociados con el glifosato.

Protesta organizada

El plan de ataque a la IARC, que fue presentado en un Informe de febrero de 2015, no sólo incluía profesionales de relaciones públicas, científicos y expertos en marketing, sino también a una amplia variedad de actores de la Industria, a los cuales se les asignaron unas determinadas tareas. Las “estrategias y tácticas” incluían:

“Protesta organizada” ante la decisión de la IARC. La Industria llevará a cabo un amplia divulgación en los medios de comunicación social sobre procesos y resultados.

Los documentos muestran que uno de esos “expertos”, el científico Henry Miller, recibió un borrador del artículo para su publicación en Forbes bajo su nombre y sin mencionar la implicación de Monsanto. Forbes se enteró del engaño el mes pasado y rompió sus relaciones con Miller.

Informar/Inocular/Comprometerse con socios de la industria – En particular, los socios de la industria incluidos en la lista eran tres organizaciones que supuestamente son independientes de Monsanto, pero que durante mucho tiempo han sido vistas por los críticos como grupos de vanguardia para la empresa – Monsanto nombró a Academics Review y el Proyecto de Alfabetización Genética, ambos con sede en los Estados Unidos, y Sense About Science, que ha llevado a cabo operaciones en el Reino Unido y los Estados Unidos, como grupos para colaborar en su misión. De hecho, Sense About Science fue el grupo identificado por Monsanto para liderar la respuesta de la industria y «proporcionar una plataforma para los observadores de la IARC» Los grupos hicieron lo que Monsanto había planeado, publicando duros ataques sobre la IARC en sus sitios web.

Compromiso con las agencias reguladoras – Monsanto planificó que las asociaciones de productores/agricultores «escriban a los reguladores con un llamamiento para que se mantengan atentos a la ciencia, no a la decisión políticamente sustentada de la IARC«.

“Presionar en los principales diarios el mismo día de la decisión de la IARC” con la ayuda de la empresa de marketing del Grupo Potomac.

El plan también incluía el apoyo al «desarrollo de tres nuevos documentos sobre el glifosato centrados en epidemiología y toxicología«. Como se había planeado, poco después de la decisión de la IARC, Monsanto dispuso que varios científicos -muchos de ellos ex empleados o consultores asalariados- para que redactaran y publicaran documentos de investigación en apoyo de la seguridad del glifosato. Monsanto, a través de documentos obtenidos, se descubrió que hablaba de escritores fantasma en los periódicos. En un correo electrónico, el científico de la empresa William Heydens dijo a sus colegas que la compañía podía «escribir artículos fantasma que llevarían los nombres de científicos de fuerasimplemente editarían y firmarían con sus nombres por así decirlo «, escribió. Citó como ejemplo un estudio de 2000 que ha sido considerado influyente por las Agencias de Regulación. Los documentos muestran la participación de Monsanto en la labor de redacción y edición en la revisión supuestamente «independiente».

Monsanto ha negado categóricamente la escritura fantasma, pero un informe de agosto de 2015 de los archivos del científico de Monsanto David Saltmiras en realidad usa ese término, afirmando que él «escribió el artículo de revisión, firmado por científicos fantasma, Greim et al (2015)» refiriéndose a un artículo que mostró la autoría del científico alemán Helmut Greim junto con Saltmiras. (Monsanto ha reconocido que Greim trabajó como consultor de la empresa y que parte de su trabajo consistía en publicar datos revisados por pares sobre el glifosato).

Otro correo electrónico interno ilustra la escritura por parte de un científico de Monsanto de un artículo de investigación titulado «Developmental and Reproductive Outcomes… after Glyphosate Exposure» (Resultados reproductivos y del desarrollo… después de la exposición al glifosato) La científica, Donna Farmer, hizo un trabajo exhaustivo, incluyendo lo que ella llamó «cortar y pegar» cierta información. Pero su nombre no se incluyó como autora antes de que el artículo fuera enviado a una revista. La versión publicada, concluyó que no había «ninguna evidencia sólida que vincule la exposición al glifosato con efectos adversos en el desarrollo o la reproducción«.

El registro de documentos también muestra que Monsanto temía que una agencia de salud estadounidense que planeaba revisar el glifosato en 2015 pudiera estar de acuerdo con la IARC y colaboró con la EPA para bloquear a esa agencia – la Agencia de Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades (ATSDR) – para que no hiciese su revisión. “Estamos tratando de hacer todo lo posible para evitar que ocurra otro incidente como el de la IARC», escribió un responsable de la Empresa.

El registro también muestra que, mucho antes de lo de la IARC, Monsanto ya había reclutado a redes de científicos en los Estados Unidos y Europa para que defendiesen los productos de Monsanto, incluyendo su herbicida, sin declarar sus colaboraciones con Monsanto. Y que estos soldados silenciosos ayudaron a Monsanto a desacreditar a los científicos que revelaron investigaciones que mostraban daños asociados con el glifosato y Roundup, incluyendo en la propuesta de Monsanto intentar la retractación de un estudio del científico francés Gilles-Éric Séralini publicado en una revista científica en septiembre de 2012. La compañía incluso descartó las preocupaciones de uno de sus propios consultores pagados que encontró evidencias de la genotoxicidad del glifosato y se negó a hacer las pruebas adicionales que recomendó.

Si lo que Monsanto dice es cierto, que el glifosato es tan seguro, y que no hay evidencias de que cause cáncer u otros problemas de salud, entonces ¿por qué todo el humo y los espejos? ¿Por qué necesitaría la compañía escribir documentos de investigación para presentarlos a los reguladores? ¿Por qué necesitaría Monsanto establecer redes de científicos para promover la seguridad del glifosato y destruir a los científicos cuya investigación plantea preocupaciones? ¿Por qué Monsanto intentaría bloquear una revisión del glifosato por parte de la ATSDR estadounidense?

Dos comisiones del Parlamento Europeo han programado una audiencia para el 11 de octubre en Bruselas para profundizar en estas y otras cuestiones, ya que la Comisión Europea se enfrenta a la inminente decisión sobre la reautorización del glifosato antes de finales de 2017.

Los legisladores deben tomar nota de las evidencias de que su propia agencia de seguridad alimentaria (EFSA) parece haber dejado de lado las evaluaciones independientes de la investigación sobre el glifosato. Los registros muestran que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) descartó un estudio que relacionaba el herbicida de Monsanto con el cáncer, por recomendación de un responsable de la EPA que Monsanto consideró «útil» y que ahora forma parte de una investigación sobre una posible colusión entre la EPA y Monsanto.

También deberían prestar atención a la noticia de que la EFSA basó su recomendación sobre el glifosato en un informe que copió y pegó de un estudio de Monsanto.

El presidente de Monsanto, Hugh Grant, fue invitado a dirigirse a la reunión del Parlamento en octubre, pero se negó a comparecer o a enviar a cualquier otra persona de Monsanto. El Dr. Roland Solecki, jefe de seguridad química del Instituto Federal Alemán para la Evaluación de Riesgos (BfR), también ha declinado la invitación, según los organizadores. Tengo previsto participar, al igual que un representante de la IARC y varios otros.

A lo largo de este debate, vale la pena recordar que las preocupaciones acerca de la seguridad del glifosato tienen raíces profundas que datan desde al menos 1985 cuando los toxicólogos de la EPA examinaron datos que mostraban tumores raros en ratones con dosis de glifosato y determinaron que el glifosato era «posiblemente cancerígeno para los humanos».

Las protestas de Monsanto finalmente invirtieron esa clasificación, pero a la luz de todas las tácticas fraudulentas reveladas recientemente en los documentos, las palabras de un científico de la EPA hace más de 30 años merecen ser consideradas hoy en día:»El glifosato es sospechoso… el argumento de Monsanto es inaceptable«.

El científico de la EPA en ese informe de 1985 también escribió:

«Nuestro punto de vista es el de proteger la salud pública cuando vemos datos sospechosos. No es nuestro trabajo proteger a los solicitantes de registro…«

Los legisladores europeos debieran recordar estas palabras.

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Las semillas de Siria desafían el régimen europeo de patentes

Por Mark Schapiro, 13 de septiembre de 2017

thefern.org

Salvatore Ceccarelli sabía que su acto era ciertamente subversivo cuando en el año 2010 se llevó dos sacos de 20 kilos con semillas trigo duro de un banco de semillas de las afueras de Alepo, Siria, a Italia durante una visita a su país de origen. Siete años más tarde, las semillas de la Media Luna Fértil, el lugar donde se cree surgió la agricultura, con miles de años de evolución, está preparado para desafiar el sistema de patentes de las plantas de Europa.

Ceccarelli, uno de los principales expertos en semillas del mundo, y becario honorario en Biodiversity International, ha consultado con los gobiernos sobre las políticas para fomentar la biodiversidad. También es uno de los defensores del mejoramiento participativo de las plantas, que como él mismo describe supone involucrar a los agricultores en el proceso de selección de nuevas variedades de cultivos, en lugar de dejarlo en manos de las grandes Empresas de semillas.

Ceccarelli llegó a Siria en 1984 y permaneció allí durante 25 años como técnico superior e investigador en el Centro Internacional de Investigaciones Agrícolas en Zonas Áridas (ICARDA), uno de los nueve organismos especializados de las Naciones Unidas fundados para proteger las semillas desarrolladas a nivel regional. Su especialidad es el trigo, la cebada y otros cereales, cultivados para climas secos y cálidos – precisamente las condiciones que muchas de las tierras de cultivo afrontan ahora, cuando el cambio climático eleva las temperaturas y altera los patrones de precipitaciones.

ICARDA tenía su sede en Tal Hadya, una ciudad a unas 20 millas de Aleppo, hasta que fue abandonada el año pasado cuando la ciudad se convirtió en el centro de la brutal contraofensiva del gobierno de Assad contra los rebeldes sirios y el Estado islámico. Ceccarelli se fue en el momento en el que los últimos científicos sirios se vieron forzados a huir, pero se aseguró que al menos una parte del legado del banco de semillas estuviera en Italia. (El trabajo de ICARDA continúa en Marruecos y Líbano y una colección de sus semillas se almacena en la Bóveda Global de Semillas Svalbard en Noruega).

En cada uno de esos sacos que Ceccarelli cogió de Siria había docenas de variedades de diferentes trigos. Trabajando con una ONG de la Toscana, la Red de Semillas Rurales (Reto Semali Rurali, RSR) Ceccarelli organizó la plantación de las semillas con un agricultor en Sicilia y otro de la Toscana.

El RSR y una coalición de ONG ecologistas del Reino Unido, Alemania, Austria, Dinamarca y Francia, se movilizaron en Bruselas para convencer al Consejo de Ministros -el órgano ejecutivo de la UE- de que modificara una disposición clave que exige que todas las semillas vendidas en Europa se registren como semillas únicas con características uniformes, distintas y estables. En otras palabras, cada semilla sigue siendo uniforme y distinta de otras variedades año tras año, un requisito de registro que es también un precursor clave de lo que a menudo es el siguiente paso: la patente. Pero esta uniformidad, argumentó la coalición, resulta inapropiada a los cambios extremos en las condiciones de desarrollo provocados por el cambio climático, una cuestión candente en Italia y en gran parte de Europa, que se ha visto sometida a temperaturas récord y, en algunas regiones como Italia, a una sequía plurianual.

En 2014, la coalición tuvo éxito. La UE acordó modificar esos requisitos de registro de cuatro cultivos, lo que describió como «un experimento temporal… para la comercialización de las especies vegetales de trigo, cebada, maíz y avena». Por primera vez, las poblaciones de semillas, evolucionando, cambiando y compartiendo genes en la forma en que las plantas lo hacen naturalmente, podrían registrarse para su comercialización.

Las semillas sirias ya han dado una lección en «Evolución 101» en las explotaciones italianas. En cuatro temporadas de producción, las dos poblaciones que crecieron en diferentes partes de Italia mostraron características significativamente diferentes, una muestra viva del proceso de adaptación, dijo Ceccarelli.

En Sicilia, que recibe una fracción de la precipitación pluvial de la Toscana, el trigo madura varias semanas antes y mide entre dos y cuatro pulgadas menos que las variedades toscanas, que, en un clima más moderado y húmedo, maduran más tarde y producen más proteínas por planta.

Comparé los dos en el mismo entorno, y eran muy diferente el uno del otro. Explíqueme cómo un cultivo uniforme y estable puede responder al cambio climático… Si se trata de un empresa dinámica de semillas, trabajará en las variedades para el año 2025. ¿Para qué tipo de clima? ¿Cuánto habrán aumentado las temperaturas? ¿Qué plagas y enfermedades habrán de s0portar dadas las nuevas condiciones? Esta mezcla de poblaciones es extremadamente dinámica, la manera más barata y más dinámica de hacer frente al cambio climático”.

La experiencia de inspeccionar sobre el terreno una población variada fue algo nuevo para los supervisores de semillas de Roma, recuerda Riccardo Franciolini del RSR. “Fue interesante ver su respuesta «, dijo desde la sede central del grupo cerca de Florencia. “Les pedimos que hicieran lo contrario de lo que están acostumbrados a hacer. Están acostumbrados a ver una sola variedad, todas iguales en un campo. Pero la idea de una’ población’ cambia la visión de una manera profunda «.

En junio, el Ministerio de Agricultura italiano autorizó al agricultor de Sicilia, Giuseppe li Rosi, a vender hasta dos toneladas al año de las semillas cultivadas en Sicilia; el agricultor toscano Rosario Floriddia podía vender hasta tres toneladas al año de las semillas que había cultivado. La diferencia refleja los diferentes rendimientos de cada una de las dos poblaciones distintas, que por supuesto fueron una sola población en Tel Hadya, Siria. Por lo menos 100 agricultores están cultivando el trigo de esas semillas en Italia, según Ceccarelli. Los rendimientos pueden no coincidir con los de las fincas vecinas, muchas de las cuales requieren una gran cantidad de productos químicos sintéticos. Pero, dice, están mostrando «altos índices de estabilidad en el rendimiento, año tras año, que es lo que les importa a los agricultores» y el pan y las pastas hechas con su trigo están encontrando un mercado en ciernes.

El movimiento es ahora más amplio que los campos sembrados por Ceccarelli. La directiva de la UE otorga a cada estado miembro el derecho de autorizar las poblaciones de semillas de los cuatro cultivos designados. Al menos 20 de estas «poblaciones mixtas» -el término técnico que reciben- también han obtenido la autorización de las autoridades nacionales del Reino Unido, Alemania, Dinamarca y Francia, lo que representa un total de entre 300 y 400 toneladas de semillas, según Klaus Rapf, miembro del consejo de administración y asesor de Arche Noah (Noah’s Ark), una institución austriaca de conservación e investigación de semillas que formó parte de la coalición que luchaba por el cambio. No se conocerán los totales exactos hasta el próximo año, dijo Rapf, cuando la UE recopile todos los registros de las autoridades nacionales, en sus respectivas lenguas, y dé a conocer al público las cifras europeas. Los registros llegan después de años de investigación en toda Europa comparando el rendimiento y la resistencia de diversas poblaciones de semillas frente a las poblaciones individuales, incluso por parte de Ceccarelli y otros científicos.

Los partidarios creen que los campos son ahora un instrumento que podría representar el primer gran desafío para el sistema de patentes de plantas en Europa o los Estados Unidos. Cuando se complete la primera fase del experimento, a finales de 2018, se realizará una evaluación de su efectividad. El programa podría expandirse a otros cultivos, sostenerse o detenerse.

Si continúa más allá de 2018, las perspectivas globales del negocio de semillas sugieren que no tardarían mucho en abrirse camino hacia los Estados Unidos, donde se están llevando a cabo investigaciones similares. El experimento podría obligar a una reevaluación de las normas existentes, que dan prioridad a las variedades individuales. No se puede «patentar» una población, o al menos de la manera en que las patentes están definidas actualmente. Las poblaciones son dinámicas y cambian en respuesta a las condiciones cambiantes, a diferencia de los híbridos o las semillas modificadas genéticamente, cuyas patentes han sido la base de las empresas que ahora dominan el comercio mundial de semillas, y que dependen de reglamentos estandarizados para exportar sus semillas.

Lo que está en juego es el concepto mismo de’ variedad'», dijo Klaus Rupf de Arche Noah. “Definir algo como’ variedad’ es un concepto abstracto creado para defender la idea de convertir una semilla en una propiedad intelectual protegida, basado en la noción de una gran uniformidad «.

O, como dice Ceccarelli:

«Estamos registrando y certificando algo que está evolucionando, el próximo año será algo diferente. Empiezas con una cosa y terminas con otra totalmente diferente… Sí, es un poco radical «, dijo.

Mark Schapiro es un periodista de investigación especializado en medio ambiente. Su último libro, Semillas de Resistencia, es un viaje en busca de las semillas que necesitamos para responder al caos climático en nuestras tierras de cultivo, será publicado por Skyhorse Publishing a principios de 2018. También es profesor en la Escuela de Periodismo de Graduados de la UC Berkeley.

 

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Anarquismo y revolución rusa

Carlos Taibo, en una brillante exposición, analiza la participación del anarquismo en la Revolución Rusa y sus enseñanzas. Para Carlos Taibo el mundo del anarquismo de hace 100 años no se conoce o para cierta gente tiene interés limitado. Las razones del porqué ha escrito el libo “Anarquismo y revolución en Rusia1917-1921”, se basan en dos líneas de trabajo, una la vinculación de la Revolución Rusa con el anarquismo y otra por el interés que despierta la celebración del 100 aniversario, donde se dan varias cosmovisiones; una liberal para quien la Unión Soviética fue un sistema impresentable que marcó los derroteros del siglo XX ; otra que la presenta como un colmado de virtudes y una nueva, la libertaria que merece la pena rescatar. El libro es un viaje al pasado donde se intenta rescatar tres cuestiones. La primera que no es un libro sobre el anarquismo ruso, sino que tiene como objetivo en colocar al anarquismo ruso en relación con los grandes movimientos populares. La segunda que no es un libro sobre la Rusia del primer cuarto del Siglo XX y por último que no es un libro neutro, sino que expresa simpatía por el anarquismo ruso y es un libro militante.

 

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La Royal Society del Reino Unido o cómo los riesgos para la salud de los transgénicos han sido tergiversados de manera sistemática

Por Steven Druker, 14 de agosto de 2017

independentsciencenews.org

Durante más de 20 años son numerosos los científicos e instituciones científicas que han afirmado que los alimentos modificados genéticamente son seguros. Y debido a la autoridad que se percibe en sus declaraciones, la mayoría de los responsables políticos y de los medios de comunicación les han creído. Pero cuando revisamos detenidamente las afirmaciones de estos científicos, se ha evidente que mucho de lo que dicen es falso, ya sea deliberadamente o por negligencia. Y cuando estos hechos son considerados de manera razonable, sus argumentos se desploman (1).

En mayo de 2016, la Royal Society del Reino Unido publicó un claro ejemplo de una publicación supuestamente científica, pero en realidad poco precisa, sobre los alimentos transgénicos. Se titula “Cultivos transgénicos: preguntas y respuestas”, donde se afirma que se ofrecen respuestas “imparciales” y “fiables” a las preguntas más urgentes de las personas. Sin embargo, un análisis del mismo revela que no sólo muestra un fuerte sesgo a favor de los transgénicos, sino que varias de sus afirmaciones son manifiestamente falsas. A continuación examinanos estas falsedades, revelándose en qué medida en este documento, y otros publicados por la Royal Society sobre alimentos modificados genéticamente, entran en conflicto con la verdad.

Este análisis tiene importantes implicaciones, porque si la institución científica más antigua y respetada del mundo no puede argumentar, sin distorsionar los hechos, sobre la inocuidad de los alimentos transgénicos, eso viene a decirnos que tal tergiversación es necesaria para apoyar sus argumentos.

Ocultando la naturaleza antinatural de proceso de transgénesis e ignorando sus preocupantes consecuencias

El sesgo del documento ya se hace evidente desde el principio, y los autores no dan una respuesta directa a la pregunta inicial: “¿Qué es la modificación genética de los cultivos y cómo se hace?”. En su lugar, dan una respuesta confusa, ya que omite las características más antinaturales y perturbadoras, mientras que oculta lo antinatural del proceso al que hacen referencia.

No considerando la aleatoriedad y las alteraciones provocadas por el proceso de inserción [de genes]. En una de las principales deformaciones, los autores evitan mencionar que los biotecnólogos han estado insertando ADN extraño en el genoma de las plantas de manera arbitraria, y que las inserciones no sólo interrumpen la región del ADN en la que se encajan, sino que causan perturbaciones en toda la cadena del ADN, un fenómeno bien conocido por algunos científicos como «codificación del genoma» (4).

Ocultando la necesidad de inducir artificialmente la expresión génica. Los autores se muestran igualmente evasivos en cuanto a explicar cómo funcionan los genes extraños insertados en la planta, y no revelan un hecho crucial: que la inserción de un nuevo gen no dota a la planta del nuevo rasgo deseado. Esto se debe a que es imprescindible traducir la información codificada dentro del gen para producir una proteína u otra molécula, y en casi todos los casos, eso no sucederá sin una alteración artificial del material genético insertado.

Este es el porqué

La condición predefinida de la mayoría de los genes es estar inactivos y bloqueados para que no se expresen, lo cual conserva la energía del organismo y evita que se produzcan proteínas cuando y donde no son necesarias (5). Un gen pasa de su modo predeterminado inactivo a su modo activo a través de la actuación de un elemento regulador llamado promotor, un segmento de ADN unido al gen que sirve como interruptor de encendido/apagado. Este interruptor responde finamente a las señales bioquímicas específicas para que el gen se exprese en armonía con las necesidades del organismo. Consecuentemente, cuando un gen se extrae de una especie y se transfiere a un gen no relacionado, el promotor raramente (siempre que lo haga) recibirá señales a las que sea sensible, y el gen permanecerá inactivo. Por lo tanto, antes de hacer tales transferencias, los biotecnólogos deben eliminar al promotor nativo y reemplazarlo por uno que funcione de manera confiable en el medio extraño. Además, para obtener los resultados deseados, el promotor debe en la mayoría de los casos no sólo inducir al gen a expresarse, sino también aumentar su expresión (y consecuentemente la producción de proteínas) a un nivel muy elevado.

En prácticamente todos los cultivos transgénicos del mercado, el potente promotor que se ha utilizado para lograr resultados tan inusuales proviene de un virus vegetal. No sólo impulsa los genes insertados para producir proteínas a un nivel anormalmente elevado, sino que además impulsa la producción de forma continua, independientemente de las necesidades del organismo y fuera del intrincado sistema regulador a través del cual se controlan sus otros genes. Esto puede crear serios problemas al inducir desequilibrios metabólicos o alterar complejos circuitos de retroalimentación bioquímica.

Por lo tanto, dado el papel crucial desempeñado por los promotores virales, y una forma de empleo que no es natural, es razonable esperar que cualquier descripción supuestamente equilibrada del proceso de transgénesis los mencione – y lamentar que la Sociedad no lo haga. Se trata de la ocultación de la desestabilización del proceso que transforma las células modificadas en plantas completas.

Los autores de la Royal Society tampoco pueden explicar cómo una célula aislada de una planta a la que se han incorporado nuevos genes se convierte posteriormente en una nueva planta. Dicen que esto es posible «porque las células vegetales individuales tienen una impresionante capacidad para generar plantas enteras», pero no revelan que esta capacidad sólo se puede lograr a través de un proceso claramente artificial, en contraste con las semillas naturales, que crecen y se convierten espontáneamente en plantas. Ese proceso artificial se llama cultivo de tejidos, y aunque los autores mencionan que se emplea, no dicen nada más sobre él, lo que oculta el hecho de que a través de sus procedimientos, la célula se ve «forzada a someterse a cambios anormales en el desarrollo» (6) Los autores también ocultan el hecho de que además de ser antinatural, el cultivo de tejidos es perturbador y provoca lo que se conoce como un «shock genómico» que causa numerosas mutaciones en todo el ADN de la planta.(7)

De este modo, el sistemático olvido por parte de los autores de estos fenómenos preocupantes hace que su descripción del proceso de modificación genética se vea significativamente distorsionada, lo que, como se verá, conduce también a la distorsión de otras partes clave de su presentación.

Negado las diferencias significativas entre los cultivos transgénicos y los que se cultivan convencionalmente. Debido a que los autores reconocen sólo las diferencias más obvias entre la transgénesis y el cultivo convencional, ignoran las menos conocidas pero más importantes, y de este modo se atreven a afirmar que la transgénesis ya no conlleva «efectos imprevistos», pero esto es totalmente falso, y los expertos que han tenido en cuenta las diferencias clave han llegado a la conclusión opuesta (8). Por ejemplo, un importante informe de la Royal Society of Canada concluyó que la modificación genética es mucho más probable que induzca efectos imprevistos, y un informe de la Academia Nacional de Ciencias de EE. UU. también ha reconocido esta mayor probabilidad (9).

Tergiversación de la realidad. Los autores intentan apoyar su falsa afirmación (1) de que «todos los» genomas vegetales «reciben con frecuencia» inserciones de nuevo ADN a través de infecciones virales y bacterianas y a través de la actividad de «genes saltarines [transposones]», (2) que estas inserciones son «similares» a las realizadas a través de la transgénesis y (3) que el cultivo convencional es por lo tanto igual de probable que tenga consecuencias imprevistas.

Estas afirmaciones son falsas.

Mientras que los genes que se insertan en las células vegetales a través de la tecnología de modificación genética se integran en todo el genoma de la planta resultante, los genes de virus y bacterias raramente entran en los genomas vegetales. Aunque los virus infectan con frecuencia a las células vegetales, rara vez insertan sus genes en el ADN de los gametos (las células sexuales), un paso necesario para transferirse a la progenie de la planta y establecerse en el genoma. Consecuentemente, las pocas secuencias virales de ADN que están presentes en los genomas de las plantas han estado allí durante mucho tiempo, y durante ese tiempo, los mecanismos de defensa de las plantas los han desactivado.

Además, los científicos sólo conocen dos especies bacterianas que pueden insertar sus genes en el ADN de las plantas, y esos genes casi nunca se incorporan a un genoma entero (10). Sólo hay tres especies vegetales en las que se han observado estas integraciones, y sólo una de ellas es un cultivo alimenticio (patata dulce). Además, los genes bacterianos de las patatas no tienen ningún efecto perceptible, se transcriben a niveles bajos y es posible que no produzcan proteínas o produzcan muy pocas (11).

En contraste, los nuevos genes que se incorporan al genoma de una planta a través de la transgénesis no sólo producen proteínas, sino que las producen en gran cantidad, lo que podría causar desequilibrios peligrosos. Como se ha señalado anteriormente, esta hiperproducción es impulsada por un potente promotor viral. Mientras que ninguno de los genes activos dentro de los cultivos convencionales está asociado con ese promotor, se encuentra adherido a uno o más genes activos dentro del genoma de prácticamente todos los cultivos transgénicos comercializados (12).

Así que no sólo son excepcionalmente raras las inserciones de ADN bacteriano y viral en los genomas de las plantas, y no sólo son diferentes de las inserciones efectuadas por transgénesis, sino que es sólo a través del proceso de modificación genética que el nuevo ADN viral ha entrado de forma generalizada en los genomas de las plantas, y esta intervención ha generado nuevos riesgos.

Los datos concretos sobre los «genes saltarines» son igualmente contradictorios según las afirmaciones de los autores. En realidad, esos segmentos del ADN, técnicamente denominados «transposones», rara vez se movilizan en ausencia de estrés, por lo que la mayoría de sus posiciones actuales se han mantenido estables desde la antigüedad (13). De hecho, una planta transgénica es mucho más propensa a que se produzcan nuevas perturbaciones inducidas por la transposición que su matriz, porque el proceso de transgénesis tiende a activar los transposones y hacerlos saltar (14). Por el contrario, la reproducción a base de polen rara vez hace que los transposones se muevan (15).

Llegando a una conclusión evidentemente falsa. Por lo tanto, no sólo los autores de la guía de la Royal Society no reconocen las abundantes pruebas que demuestran los efectos perjudiciales del proceso de modificación genética, sino que también distorsionan significativamente las importantes realidades biológicas que se discuten. Sólo de esta manera pueden concluir que la modificación genética no tiene más probabilidades de acarrear consecuencias imprevistas que el cultivo convencional (16).

En evidente contraste, el grupo de expertos que elaboró el informe de la Royal Society of Canada, que tuvo en cuenta los hechos que los autores de la guía [de la Royal Society del Reino Unido] ignoraron o distorsionaron, llegó a la conclusión de que, si bien el cultivo a base de polen rara vez conlleva resultados preocupantes no deseados, la «predicción por defecto» para los cultivos modificados genéticamente debería ser que entraña efectos involuntarios difíciles de predecir, difíciles de detectar y que podrían ser perjudiciales para la salud humana (17).

Lo que nos lleva a la pregunta de si los cultivos transgénicos son seguros, otra cuestión que los autores de la guía han abordado muy mal.

Declarar que los alimentos transgénicos son seguros es desacreditar el método científico

De todas las preguntas que la guía aborda, ésta es la más crucial. Y responde con un rotundo «Sí».

Pero esta corta respuesta está, simplemente, injustificada.

Por un lado, la declaración inequívoca de que todos los cultivos transgénicos son inocuos frente a la afirmación de la Organización Mundial de la Salud de que «no es posible hacer declaraciones generales sobre la inocuidad de todos los alimentos transgénicos«. Como señaló la OMS, porque «los distintos organismos transgénicos incluyen genes diferentes insertados de diferentes maneras», es necesario evaluarlos «caso por caso».

Descartando injustificadamente todas las investigaciones que han descubierto posibles daños. Entonces, ¿cómo intentan los autores apoyar su afirmación de que han tenido en cuenta todos los estudios? Declaran:»Todas las pruebas fidedignas presentadas hasta la fecha muestran que los alimentos transgénicos disponibles en la actualidad son al menos tan inocuos para el consumo como los alimentos no transgénicos«. Y afirman que «no se han encontrado evidencias de efectos negativos relacionados con el consumo de ningún cultivo transgénico aprobado«.

Pero sí ha habido tales evidencias, y muchos estudios publicados en revistas revisadas por pares han detectado efectos perjudiciales para los animales que consumieron un cultivo transgénico. Por ejemplo, una revisión sistemática de los estudios toxicológicos sobre alimentos transgénicos publicados en 2009 concluyó que los resultados de «la mayoría» de ellos indican que los productos «pueden causar efectos hepáticos, pancreáticos, renales, y reproductivos y alterar los parámetros hematológicos, bioquímicos e inmunológicos cuya importancia se desconoce«. Otra revisión que abarcó los estudios adicionales publicados hasta agosto de 2010 también proporcionó motivos para la cautela. Concluyó que existía un «equilibrio» entre los grupos de investigación «que sugería» que los cultivos transgénicos son tan seguros como sus homólogos no transgénicos y «aquellos que aún plantean serias preocupaciones» (19).

Entre 2008 y 2014 se han publicado ocho de estas revisiones en revistas estándar y, en su conjunto, no ofrecen ninguna base para proclamar inequívocamente su seguridad. Como observó Sheldon Krimsky, profesor de la Universidad de Tufts, en un examen exhaustivo que también se publicó en una revista especializada:»No se pueden leer estas revisiones sistemáticas y concluir que la ciencia sobre los efectos de los transgénicos en la salud ha sido resuelta por la comunidad científica» (20). Sin embargo, los autores de la guía pretender hacernos creer que ya se ha resuelto de forma concluyente, y que la seguridad de estos alimentos es total.

Recurriendo a subterfugios. Pero para ello, recurren a artimañas. Afirman que sólo «unos pocos» estudios han señalado que un alimento modificado genéticamente provocó daños cuando en realidad son muchos. Luego, brevemente, rechazan todos estos estudios por no ser fiables. Y para justificar este rechazo generalizado, argumentan que cada uno de los estudios ha sido «cuestionado» en cuanto a su análisis estadístico y metodología.

Pero, basándose en ese criterio, la mayoría de los estudios en que se sustenta su afirmación de que los alimentos transgénicos son seguros tampoco serían fiables, porque también han sido cuestionados. Además, aunque estas últimas críticas han sido razonadas y justas, la mayoría de los autores de la Royal Society no han actuado del mismo modo (21).

Tratando de manera falaz la investigación de Séralini. La injusticia se manifiesta de forma sorprendente en los ataques a un estudio a largo plazo que obtuvo resultados preocupantes. En él, un equipo de investigadores universitarios liderado por Gilles-Eric Séralini demostró que un cultivo transgénico aprobado por las Agencias de Regulación y basado en un anterior estudio toxicológico de alimentación a medio plazo ( 90 días), causó un daño significativo al hígado y a los riñones de las ratas cuando se sometió a pruebas a largo plazo (de dos años de duración) (22).

Esos resultados arrojan dudas sobre la totalidad de la Industria de los alimentos transgénicos, ya que ninguna Agencia de Regulación requiere pruebas de más de 90 días, y varios cultivos transgénicos han entrado al mercado sin ningún tipo de prueba toxicológica.

Así que cuando el estudio fue publicado en una respetada revista en 2012, los defensores de los cultivos transgénicos lo denunciaron con dureza y exigieron su retractación. Pero como era un estudio toxicológico sólido, no pudieron atacarlo en ese terreno. Así que enfocaron su ataque al aumento en el índice de desarrollo tumoral en las ratas alimentadas con transgénicos, y argumentaron que se habían utilizado muy pocos animales para cumplir con los estándares de un estudio de carcinogenicidad.

Sin embargo, no tuvieron en cuenta varios hechos cruciales:

(1) La investigación no fue diseñada para cumplir las normas de un estudio de carcinogenicidad.

(2) Cumplió con los estándares para un estudio toxicológico.

(3) Los preocupantes resultados toxicológicos se pueden considerar fiables.

(4) Se supone que los tumores deben notificarse cuando se detectan durante un estudio toxicológico.

Sin embargo, a pesar de la debilidad de sus afirmaciones, continuaron presionando a la revista hasta que, más de un año después de su publicación – y tras la incorporación de un ex empleado de Monsanto al consejo editorial – el estudio finalmente se retiró. Pero no sólo el redactor jefe reconoció la idoneidad de los hallazgos toxicológicos, sino que la única razón por la que propuso rechazar los hallazgos relacionados con el tumor fue que eran «no concluyentes», lo cual no es una razón válida para la retractación. Además, de acuerdo con las directrices estándar, incluso si hubiera habido buenas razones para retractarse de esa parte del estudio, no debería haber sido retirada conjuntamente con el resto.

El artículo de Séralini, ilegítimamente retirado, es el único estudio que los autores de la guía citan para apoyar su afirmación de que todos los estudios que informan de daños son poco fiables. Y aunque subrayan su retractación, no mencionan ninguno de los hechos antedichos, dando la falsa impresión de que ninguno de sus hallazgos son creíbles. Peor aún, tampoco mencionan otro hecho clave: que el estudio fue posteriormente reeditado en otra revista científica. Debido a que eso ocurrió casi un año antes de que su guía fuera publicada, tal omisión es imperdonable – y francamente decepcionante.

Afirmando falsamente que ningún estudio ha puesto en duda el método de modificación genética en sí mismo

Además de rechazar injustamente los estudios que informaban de problemas, los autores ni siquiera los describen de manera justa. Por ejemplo, afirman que ninguno de ellos ha indicado que el «método de modificación en sí mismo» haya causado algún daño y que todos los problemas se han atribuido al gen específico introducido o a prácticas agrícolas particulares.

Esta afirmación es falsa y por doble motivo.

Primero, en casi todos los casos, los investigadores no pudieron determinar qué factor o factores específicos causaron el daño, por lo que no atribuyeron la culpa a un gen o herbicida en particular, y el proceso de modificación genética siempre se ha considerado como posible sospechoso. Además, el único estudio sobre un cultivo transgénico tolerante a herbicidas diseñado para evaluar por separado las funciones del herbicida y de la planta determinó que ambos causaban daños, y que la planta era dañina incluso sin contener residuos de herbicidas (23). Y debido a que la fuente exacta del daño inducido por la planta no pudo determinarse, es posible que alguna característica del proceso de modificación genética haya sido la culpable.

Segundo, al menos un estudio importante relacionó específicamente el proceso de modificación genética con el daño. Y la Royal Society es consciente de ese estudio porque lideró el sórdido intento de desacreditarlo.

Tergiversación y calumnias de la importante investigación de Pusztai

Ese estudio se llevó a cabo en el Instituto Rowett bajo la dirección de una reconocida autoridad en ensayos de seguridad alimentaria, Arpad Pusztai. Reveló que las patatas transgénicas que producen una rara proteína que es segura para el consumo de los mamíferos, sin embargo tuvo un impacto negativo en las ratas que las consumieron, en comparación con las ratas que comieron las contrapartes no transgénicas, a pesar de que estas últimas estaban saturadas con las mismas proteínas extrañas que la de las patatas modificadas. En consecuencia, los investigadores concluyeron que algún aspecto del proceso de modificación genética en sí mismo era responsable del resultado (24).

Debido a que esta investigación involucraba al proceso de modificación genética – e implicaba riesgos inherentes en la producción de cualquier alimento transgénico – los defensores de la tecnología lo atacaron ardientemente, con la Royal Society a la vanguardia. Incluso antes de su publicación, diecinueve de los becarios de la Sociedad lo desacreditaron en una carta abierta sin haber visto todos los datos; y la Sociedad llevó a cabo una revisión sesgada e injustificadamente crítica a pesar de que la investigación aún no se había publicado y los revisores tampoco habían visto todos los datos. Tan irregular e injusto fue el análisis de la Sociedad que el editor de la prestigiosa revista The Lancet reprendió a la organización por su «asombrosa impertinencia» y su «temerario» abandono del principio del procedimiento debido (25). Posteriormente, la Sociedad ejerció una «intensa presión» sobre The Lancet para disuadirla de publicar la investigación (26), e incluso después de que esa revista la publicara, la Sociedad continuó injustamente calumniándola (27).

Por lo tanto, al no haber sido capaz de refutar honestamente la investigación, y al no haber bloqueado su publicación en una revista de primer nivel, la Sociedad ahora tergiversa flagrantemente sus conclusiones, afirmando falsamente que los daños no tienen ninguna relación con la seguridad del propio proceso de modificación genética. Y para agravar la injusticia, afirma que el mero hecho de haber atacado el estudio hace que pierda credibilidad, ignorando al mismo tiempo el hecho de que el ataque fue manifiestamente injusto (28).

Informes de otras organizaciones científicas también malinterpretan los hechos

Lamentablemente, la Royal Society no es la única institución científica que malinterpreta las evidencias para defender los alimentos transgénicos. Han sido significativamente distorsionadas en cada informe que afirma que su seguridad ha sido comprobada.

Además, al igual que los de la Royal Society, el resto de informes son especialmente injustos al tratar los estudios de Pusztai y Séralini, presumiblemente porque al presentarlos de manera justa arrojarían considerables dudas sobre la inocuidad de los alimentos modificados genéticamente. Tal maltrato se ejemplifica en el informe de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos publicado en 2016 (29). Aunque se suponía que los autores debían evaluar la seguridad de los cultivos transgénicos considerando las pruebas acumuladas desde 1996, ni siquiera mencionaron la investigación de Pusztai, a pesar de que se publicó en una importante revista en 1999. Y aunque discutieron el estudio de Séralini, ignoraron por completo los resultados toxicológicos válidos (y preocupantes). En lugar de ello, se centraron únicamente en los datos relacionados con el tumor – y enfatizaron que esos datos fueron considerados «no concluyentes» por el editor de la revista que se retractó del estudio. Afirmaron que la incertidumbre refuta la afirmación de que se necesitan estudios a largo plazo para evaluar adecuadamente la inocuidad de los alimentos modificados genéticamente, aunque los datos toxicológicos que ignoraron demuestran claramente la importancia de ello.

Las falsedades están respaldando a las empresas de alimentos transgénicos, pero socavan el conocimiento científico

El análisis anterior ha demostrado claramente que, a pesar de su aura de autoridad, la publicación de 2016 de la Royal Society ignora sustancialmente los principios de la ciencia y tergiversa sistemáticamente los hechos. También está claro que si ese documento, y documentos similares que afirman demostrar la inocuidad de los alimentos transgénicos, se hubieran sustentado en las evidencias científicas y retratado adecuadamente los hechos, este gran empeño en producir y promover esos alimentos no podría haber salido adelante.

Además, es evidente que existe una necesidad urgente de reforma por parte de la Royal Society y del resto de instituciones científicas que afirman la inocuidad de los alimentos transgénicos. Como ha señalado el eminente biólogo Philip Regal, lo que está en juego no es sólo la seguridad de nuestros alimentos y el futuro de la agricultura, sino el futuro de la ciencia misma. Es inquietante que las opiniones de la mayoría de los científicos sobre los alimentos transgénicos hayan sido moldeadas por la información errónea – y que un grupo relativamente pequeño que promueve ardientemente estos productos haya engañado a una multitud de otras personas para que también los apoyen. En uno de los incidentes más sorprendentes, sólo unos pocos científicos indujeron a más de 120 galardonados con el Premio Nobel a firmar una carta en la que se ensalzaba la inocuidad de los alimentos transgénicos y se censuraba a las personas que planteaban preocupaciones, aunque la mayoría de las afirmaciones de la carta son manifiestamente falsas (30).

Hay una necesidad urgente porque la autoridad de la ciencia está siendo desafiada persistentemente respecto al cambio climático y otros asuntos importantes, y cuando las instituciones científicas influyentes manchan su integridad en un área, debilita la relevancia de la ciencia en general.

Por lo tanto, es imperativo que los científicos que han estado promoviendo los alimentos transgénicos vuelvan a evaluar sus prioridades, se vuelvan a dedicar a los estándares desarrollados para mantener y restaurar la comunicación honesta de los hechos. Nuestra alimentación será más segura, la agricultura más sana y la ciencia también.

Notas a pie de página:

[1] Altered Genes, Twisted Truth thoroughly backs this statement up; and it demonstrates that various publications purporting to establish the safety of GM foods issued by the Royal Society, the U.S. National Academy of Sciences, the American Association for the Advancement of Science, the American Medical Association, and similar organizations rely on multiple misrepresentations. John Ikerd, Professor Emeritus of Agricultural and Applied Economics at the University of Missouri, has stated that the evidence with which the book documents this systematic twisting of the truth is “comprehensive and irrefutable.”

[2] “GM Plants: Questions and Answers,” The Royal Society (May 2016).

[3] The Royal Society’s guide employs the terms ‘genetic modification’ and ‘GM process’ to exclusively refer to the methods that have been used to create almost all the genetically engineered crops currently on the market, and those methods are the focus of its discussion. It does not deal with newer techniques, such as those referred to as ‘genome editing.’ Accordingly, this article discusses the GM process on which the guide is focused.

[4] Wilson, AK, Latham, JR and Steinbrecher,RA “Genome Scrambling -Myth or Reality? Transformation-Induced Mutations in Transgenic Crop Plants.” Technical Report (October 2004).  See also, Latham, JR. Wilson, AK., and Steinbrecher, RA, “The Mutational Consequences of Plant TransformationJournal of Biomedicine and Biotechnology (2006) Vol. 2006, Article ID 25376.

[5] A small percentage of an organism’s genes are always in an expressive mode because it’s essential that their products be constantly available.

[6] “Genome Scrambling -Myth or Reality? Transformation-Induced Mutations in Transgenic Crop Plants.” (cited in note 4) at p. 1.

[7] The term “genomic shock” has been used in connection with tissue culture by several biologists. One example is: Kaeppler et al., “Epigenetic aspects of somaclonal variation in plants,” Plant Molecular Biology 43 (2000): 179–88; 181.

[8] There are some modes of non-GM crop development that induce a greater number of unpredictable effects than pollen-based reproduction, and many GM proponents claim that two of them (inducing mutations via radiation and via chemicals) have greater potential to do so than does GM. However, not only are there are sound reasons to contest this claim (as explained in Altered Genes, Twisted Truth), because the guide’s authors employ the term ‘conventional breeding’ to denote only pollen-based reproduction, the soundness of their assertions must be judged by comparing the properties of that particular mode with GM.

[9] “Elements of Precaution: Recommendations for the Regulation of Food Biotechnology in Canada.” The Royal Society of Canada (January 2001). National Research Council and Institute of Medicine of the National Academies (NAS), “Safety of Genetically Engineered Foods: Approaches to Assessing Unintended Health Effects” (Washington D.C.: The National Academies Press, 2004). The chart on page 240 of this report indicates that the processes used to produce the vast majority of the GM crops that have been cultivated and consumed are many times more likely to induce unintended effects than is pollen-based breeding, even when the effects of tissue culture are not factored in.

[10] The species are Agrobacterium tumefaciens and Agrobacterium rhizogenes. The rarity of finding their genes within plant genomes is discussed in: Matveeva, T. et al., “Horizontal Gene Transfer from Genus Agrobacterium to the Plant Linaria in Nature,” Mol Plant Microbe Interact 25, no. 12 [December 2012]: 1542-51.

[11] T. Kyndt, et al. “ The genome of cultivated sweet potato contains Agrobacterium T-DNAs

with expressed genes.” PNAS vol. 112 no. 18, 5844-5849 (2015)

[12] Because the virus containing that promoter is not a retrovirus but a pararetrovirus, its DNA ordinarily doesn’t even enter the DNA of the plant cells that it does infect, let alone the entire genome of plants. And in cases where it may have been inadvertently integrated into a genome, it would most likely have been inactivated.

[13] Fedoroff, N. and Brown, N.M., Mendel in the Kitchen: A Scientist Looks at Genetically Modified Foods (Washington, DC: Joseph Henry Press, 2004) p. 103.

[14] Transposons can be activated through the disruptions caused by the insertion process and also through those induced by tissue culture. And some scientists think they could also mobilize due to destabilizing effects of the powerful viral promoters.

[15] Mendel in the Kitchen (cited in note 13) pp. 104-05. However, Fedoroff points out that wide crosses between “very distantly related plants” can activate transposons.

[16] The key issue is whether GM is more likely than conventional breeding to induce unexpected, potentially harmful changes in a new plant that were not present in the parental generation. And it’s clear that the likelihood is greater — especially considering that the guide’s authors employ the term ‘conventional breeding’ to refer solely to pollen-based reproduction.

[17] “Elements of Precaution” (cited in note 9) p. 185.

[18] Dona, A., and I. S. Arvanitouannis. 2009. ‘‘Health Risks of Genetically Modified Foods.’’ Critical Reviews in Food Science and Nutrition 49 (2): 164-75.

[19] Domingo, J. L., and J. G. Bordonaba. 2011. ‘‘A Literature Review on the Safety Assessment of Genetically Modified Plants.’’ Environment International 37 (4): 734-42.

[20] Krimsky, S., “An Illusory Consensus Behind GMO Health Assessment,” Science, Technology & Human Values, November 2015; vol. 40, 6: pp. 883-914., first published on August 7, 2015

[21] For a detailed discussion, see Chapters 6 and 10 of Altered Genes, Twisted Truth. Extensive documentation is also provided in GMO Myths and Truths.

[22] Seralini, G.-E., et. al. 2012. ‘‘Long Term Toxicity of a Roundup Herbicide and a Roundup-tolerant Genetically Modified Maize.’’ Food and Chemical Toxicology 50:4221-31 (retracted 2013). Republished in Environmental Sciences Europe 26:1-17 (2014).

[23] That study was Séralini’s long-term test, referenced in note 22.

[24] Ewen, S. W. B., and A. Pusztai. 1999. ‘‘Effects of Diets Containing Genetically
Modified Potatoes Expressing Galanthus nivalis Lectin on Rat Small Intestine.’’
Lancet 354 (9187): 1353-54.

[25] Editorial: “Health risks of genetically modified foods,” The Lancet 353, May 29, 1999: 1811 and Horton, R., “GM Food Debate,” The Lancet 353, issue 9191, November 13, 1999: 1729.

[26] Flynn, L. and M. Gillard, “Pro-GM food scientist ‘threatened editor’,” The Guardian, October 31, 1999. The Lancet’s editor stated that the Royal Society exerted “intense pressure” in an attempt to “suppress publication.”

[27] For instance, the Society’s Biological Secretary asserted that the Lancet published Pusztai’s research “in the face of objections by its statistically-competent referees.” But because five out of the six referees voted for publication, the Secretary’s implication that more than one objected is false — and the implication that each of the five scientists who voted favorably lacked competence in statistics is almost surely false as well. (Bateson, P., “Mavericks are not always right,” Science and Public Affairs, June 2002.) The unjustness of the Society’s attack is more extensively described and documented in Chapter 10 of Altered Genes, Twisted Truth.

[28] Although the authors do not specifically mention the Pusztai study, or any studies besides the long-term one conducted by Seralini’s team, their categorical assertions logically encompass it; and those assertions misrepresent it.

[29]  National Academy of Sciences, “Genetically Engineered Crops: Experiences and Prospects” (Washington D.C.: The National Academies Press, 2016)

[30] For an examination of the letter’s inaccuracies, see the article I co-authored with David Schubert, a professor and laboratory director at the Salk Institute for Biological Studies.

(Parts of this article appeared in The Ecologist on 13 July 2016 titled: “Royal Society Must End Its Partisan, Unscientific Support for GM Crops and Food”)

Steven M. Druker is an American public interest attorney who, as executive director of the Alliance for Bio-Integrity, initiated a lawsuit that exposed how deceptions by the U.S. Food and Drug Administration had enabled the commercialization of GM foods.

He is the author of Altered Genes, Twisted Truth: How the Venture to Genetically Engineer Our Food Has Subverted Science, Corrupted Government, and Systematically Deceived the Public, which was released in March 2015 with high praise from many experts and a foreword by Jane Goodall hailing it as “without doubt one of the most important books of the last 50 years.”

Website: alteredgenestwistedtruth.com

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