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Las llamas de la Utopía

Por Gabriela Wiener

El Salto, nº1

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Alarma ante el incremento de malformaciones congénitas y de cáncer por la utilización de plaguicidas

Afirman que se ve incremento de cánceres y malformaciones en recién nacidos en el corazón sojero de la pampa húmeda, especialmente en la periferia de los pueblos. El caso de una malformación que rompió con todas las estadísticas en Baigorrita sumó preocupación.

Infocielo

Los casos de malformaciones en recién nacidos y la proliferación de enfermedades como el cáncer en el corazón sojero del país refuerzan los vínculos entre la aplicación de agroquímicos y el deterioro de la salud de las personas. En Baigorrita, una localidad 1.900 habitantes dentro de General Viamonte, un caso de atresia de esófago alarmó a los especialistas.

En diálogo con QM Noticias, Jorge Herce, doctor Responsable de Registro RENAC, HIGA Junín, y activista en contra de las fumigaciones, afirmó que hay “pruebas fehacientes” en torno al “incremento de algún tipo de malformaciones congénitas en recién nacidos, que según los estudios que se han realizado en otros lugares y de acuerdo a la expansión en los cultivos modificados genéticamente, se pueden vincular con el uso extensivo de agrotóxicos”.

En ese sentido, contó el caso de Baigorrita, donde se registraron dos casos de recién nacidos con atresia de esófago –la interrupción de la conexión entre el esófago y la boca- en menos de dos años. “Lo que llama la atención es el altísimo índice. Es una malformación que ocurre una vez cada 3.500 nacimientos, uno debería esperar 93 años para que se repita un caso, pero hubo dos en dos años”, explicó.

Desde lo epidemiológico vemos un incremento, este es un ejemplo que tiene especial valor porque uno de esos casos fue testigo en el Tribunal de La Haya”, agregó.

Los casos, sostuvo Herce, se ven en “pueblos pequeños de la zona del corazón sojero de la pampa, donde se ve un incremento de malformaciones congénitas y de casos de cáncer”. El especialista detalló que “cuando se hacen los mapeos sobre problemas de este tipo, uno encuentra que cuanto más en la periferia están ubicados, en las zonas que lindan con campos sembrados, donde habitualmente son fumigados hay más casos”.

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“Ciudad del miedo”: cómo Donald Trump aprovechó la crisis de deuda de Nueva York para amasar su propia fortuna


Por Naomi Klein, 23 de abril de 2017

The Intercept

Cuando publiqué “La doctrina del shock”, de eso hace ya una década, algunas personas me dijeron que faltaba un capítulo esencial en la evolución de las tácticas de las que hablaba en el libro. Esa táctica a la que hacían referencia implica la imposición de una agenda radical en favor de las Corporaciones en las épocas de crisis. Y esa historia no habría empezado en los Estados Unidos con Reagan en los años 1980, sino en Nueva York a mediados de los años 1970. Fue entonces cuando se recurrió a la excusa de la quiebra económica de la ciudad para remodelar de manera brutal la metrópoli. Se impuso entonces una feroz austeridad, pero tratando con suavidad a los ricos, y favoreciendo las privatizaciones. En el clásico estilo de La Doctrina del Shock, bajo la excusa de la crisis, Nueva York pasó de ser un lugar con algunos de los mejores servicios de todo el país, que estuvo en la vanguardia de la integración racial y económica, a pasar a ser el templo del comercio y de la gentrificación, que todos conocemos y todavía queremos hoy.

La crisis de la deuda de la ciudad de Nueva York es un capítulo muy importante y poco comprendido en la evolución de lo que el economista Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel, llama fundamentalismo de mercado, un proceso que la Administración Trump quiere acelerar, razón por la cual me sentía muy feliz de poder leer el nuevo libro de Kim Phillips-Fein, “Ciudad del Miedo”. En el libro, se documenta meticulosamente cómo la nueva ciudad de Nueva York en los años 1970 fue un preludio de lo que posteriormente se convertiría en un tsunami ideológico mundial, que ha dejado al mundo cruelmente divido entre el 1% de la población y el resto. Nos ayuda a comprender muchas de las fuerzas que Trump aprovechó para ganar la Casa Blanca, desde la inseguridad económica hasta la destrucción de las infraestructuras públicas, y el miedo a la delincuencia negra, todo ello en medio de una riqueza inimaginable de unos pocos.

Pero una de las cosas que más destaco del libro es lo que descubre sobre la esencia del mismo Trump. “Ciudad del Miedo” cuenta la historia de cómo un astuto promotor de inmuebles de 29 años aprovechó las desgracias de la ciudad para aumentar su propia fortuna, empleando técnicas depredadoras en una comunidad en crisis.

Donald Trump anuncia los planes de desarrollo en el Ayuntamiento de la ciudad de Nueva York en los años 1970 (Foto: Getty)

Al leer esto me quedé impresionada de ver cómo el ascenso de Trump ha estado moldeado por la explotación de la crisis. Y eso es algo de interés para saber lo que podemos esperar de su Administración en los próximos meses o años. Así que estoy muy contenta de estar acompañada por Kim Phillips-Fein, un destacado historiador, en la sede de The Intercept.

Naomi Klein (NK): Antes de empezar a hablar de Trump y de lo que estaba haciendo en la década de 1970, ¿puede usted hacernos un retrato de la crisis de deuda de Nueva York en ese período? ¿Cómo se veía? ¿Qué sucedía en la ciudad?

Kim Philips-Fein (KPF): En el contexto de la crisis financiera, y la aparición de Trump, creo que lo primero que debemos entender es que la ciudad de Nueva York en los años de la posguerra fue algo atípico en términos de lo que el gobierno de la ciudad hizo y trató de proporcionar a sus ciudadanos. Nueva York asume los elementos del liberalismo del New Deal y llega más lejos de lo que se ha llegado en cualquier otro lugar del país. En su apogeo, la ciudad tuvo más de 20 hospitales municipales, gran cantidad de centros de atención primaria y centros infantiles. Tuvo numerosas bibliotecas y un sistema universitario público gratuito, que creció durante los años de la posguerra.

Además los servicios públicos estuvieron mucho más desarrollados en Nueva York, como el transporte público, que en cualquier otra ciudad estadounidense. Esta red de servicios públicos, en cierto modo, todavía se hace más ambiciosa en la década de los años 1960, durante la Guerra contra la Pobreza, momento en el que elevadas sumas de dinero se emplean para expandir los servicios sociales de diferentes maneras. A principios de los años 1970, todo el sector público entra en una fase de crisis debido a un menor incremento en el dinero proveniente de los gobiernos estatal y federal, y debido a la recesión de principios de 1970. La economía de la ciudad entra en una espiral recesionista.

Y el resultado es una brecha cada vez mayor entre los ingresos y los gastos, por lo que la ciudad no consigue los suficientes medios económicos para pagar estos servicios públicos.

NK: No sólo es que Nueva York estuviese gastando demasiado, quiero decir que se traba de una crisis global de deuda. Y en este sentido, leyendo su libro, parece que se quería dar una lección a la ciudad de Nueva York, y dar ejemplo. Pero si se está dispuesto a dejar que quiebre la mayor ciudad de los Estados Unidos, entonces se está realmente dispuesto a hacer cualquier cosa. Aquí tenemos el famoso titular en el Daily News, haciendo referencia al Presidente Ford: “Ford a la ciudad: Se muere”. ¿Podemos hablar en este sentido de dar un ejemplo?

Dos diarios de Nueva York y el New York Times recogen en primera página la negativa del Presidente Ford a ayudar a la ciudad durante crisis financiera, el 30 de octubre de 1975. Archivo: AP.

KPF: La crisis tenía un componente real y otro ideológico, y había diferentes maneras de haberla abordado. Un ejemplo que expongo en el libro es de los gastos de Medicaid. Nueva York gastaba la cuarta parte de su presupuesto en Medicaid, la mayor cantidad que en cualquier otra ciudad. Esto se debe a la forma en que el Estado de Nueva York dividía el gasto en Medicaid, en las medidas de bienestar y la Ayuda a las Familias con Niños Dependientes. Si se hubiese modificado este reparto, el panorama financiero de la ciudad habría sido muy diferente. Había diferentes maneras de abordar la crisis financiera de la ciudad.

Sin embargo, el Presidente Gerald Ford, contó entre sus asesores con personas como Alan Greenspan, el Presidente de su Consejo de Asesores Económicos, y William Simon, Secretario del Tesoro, que salió del mundillo del comercio de títulos municipales de la ciudad de Nueva York. Estas personas se opusieron a proporcionar cualquier tipo de ayuda por parte del Gobierno federal, algo que hubiera permitido a la ciudad salir de la crisis y volver a levantarse.

NK: En este período, Alan Greenspan estaba obsesionado con las teorías de Ayn Rand.

KPF: Sí, y era el momento en el que empezaba a conocerse públicamente. Obviamente, era el período anterior a su entrada en la Reserva Federal. Acababa de salir de su círculo íntimo para desempeñar un papel público más destacado.

Y sí, se opuso durante mucho tiempo al sector público que había desarrollado la ciudad de Nueva York. Decían que no había nada positivo en ello, nada que admirar en lo que la ciudad trataba de hacer.

NK: ¿Les preocupaba que este modelo se extendiera más allá de la ciudad?

KPF: No estoy seguro de que estuvieran preocupados por eso en ese momento, pero consideraban que este tipo de sistema era el problema al que se enfrentaba todo el mundo Occidental, un sector público más amplio y una especie de economía mixta. Consideraban que Nueva York era una amenaza para la libertad y la prosperidad en todo el mundo.

Independientemente de que estuvieran preocupados por su difusión a otras ciudades, creo que pensaban que el planteamiento era erróneo. No estaban sorprendidos de que Nueva York estuviera en crisis, y pensaban que la única solución era forzar una serie de recortes. Y eso impediría que cualquier otra ciudad siguiese el mismo camino que Nueva York.

NK: Pero en el último momento, Nueva York no entra en bancarrota. La forma en que se levanta esta estructura me recuerda a la gestión de emergencia que en los últimos años se ha impuesto en Flint y Detroit, donde el poder local y la democracia quedan seriamente resentidos. ¿Nos puede hablar de esa estructura?

KPF: De acuerdo. La ciudad, en última instancia, no va a la quiebra porque los bancos y los sindicatos, los sindicatos de la ciudad eran muy importantes en aquel momento, estaban dispuestos a comprar suficiente deuda de la ciudad para que no entrase en quiebra. Y el Gobierno federal también concedió finalmente un conjunto de préstamos a corto plazo. A cambio, crearon una agencia llamada Junta de Control Financiero de Emergencia, que creo es el tipo de agencia que vemos en muchas ciudades de hoy en día, incluso en Puerto Rico. La Junta de Control Financiero de Emergencia era una agencia estatal que tenía el control del presupuesto de la ciudad.

Y esto era importante porque por un lado la Junta de Control Financiero de Emergencia llegó a cancelar algunos contratos que consideraba demasiado generosos, y por otro lado, y en este caso hay que pensar en Trump, era una manera de decirle al alcalde que no había más remedio que realizar dichos recortes porque la Junta de Control Financiero de Emergencia estaba aplicando un plan que ordenaba los recortes. Y la ayuda del Gobierno Federal estaba supeditada a que la ciudad llevara a cabo una serie de recortes en un determinado período de tiempo, para así alcanzar un presupuesto equilibrado en un plazo de tres años.

NK: Así que estamos en el año 1976. Donald Trump tiene sólo 29 años. Este no es el Trump que conocemos del programa de televisión “The Apprentice”. Ni siquiera el Trump de los años 80 cuando ocupaba las noticias de los tabloides con su telenovela de Ivana Trump contra Marla Maples. ¿Cómo se le puede retratar en esta etapa de su carrera?

KPF: Es el momento en el que sale de la sombra de su padre, que era constructor y propietario en los barrios exteriores. Emerge en medio de una población de raza blanca de clase media baja resentida de la periferia de la ciudad. No es que Trump fuera él mismo de clase media baja. No, no lo era. Pero vivía en los edificios propiedad de su padre, y éstas fueron las personas con las que convivía configuraron su cosmovisión.

Estas son las personas que culpan, aunque no es algo que podamos decir de toda la clase obrera blanca de la ciudad de ese momento, a los afroamericanos y latinos, y especialmente a los puertorriqueños, por arrastrar a la ciudad a la bancarrota. Tenían la sensación de que eran las personas que utilizaban los servicios públicos, y que fueron ellos los que empeoraron las cosas y terminó en esa situación de crisis financiera.

NK: Eso es muy importante para entender la intersección entre el racismo con la política racial, justificando un impuesto sobre el miedo de la gente, algo que estamos viendo cada vez con más asiduidad. Esto es algo clave en ese período. Entonces, ¿cómo aprovecha Trump la situación de desesperación de la ciudad en ese momento? Hábleme del Hotel Commodore.

KPF: Trump es muy ambicioso, quiere salir de los barrios periféricos y entrar en pleno Manhattan. Muchas personas observaron las pretensiones de Trump en ese momento, él ve Manhattan como este espacio de aspiración; está ansioso por dejar su pasado en Brooklyn-Queens y aprovechar la ocasión que considera que se le presenta. Y su idea es reconstruir el Hotel Commodore. Creo que se abrió en el año 1919 en la Calle 42 y la Avenida Lexington. Era propiedad de la Penn Central Railroad. El hotel cae en desgracia después de que su empresa propietaria entrase en quiebra en 1970. Ha dejado de pagar los impuestos sobre la propiedad y desea deshacerse de esta propiedad. Trump ve esto como una oportunidad, al mismo tiempo que el Gobierno de la ciudad lo ve como un potencial desastre. La ciudad está aterrorizada por si el Hotel Commodore entra en quiebra, una plaga que podría extenderse hacia el este y hacia el área alrededor de Grand Central Terminal. El plan que se ve como más favorable es que Trump compre el Hotel Commodore.

Lo que realmente quiere hacer es comprarlo y luego venderlo a una agencia estatal, la Corporación de Desarrollo Urbano (UDC), la cual tiene una interesante historia. Y luego la UDC se lo arrendaría de nuevo a Trump, trabajando con la organización Hyatt. Y creo que también es importante recordar que Trump no actúa solo. En realidad está trabajando con esta cadena de hoteles.

NK: Y esto es mucho antes de que pusiera su nombre en letras de oro en los frontispicio de sus edificios. Pero esta es su primera joya en Manhattan.

KPF: Esta es su primera conquista en Manhattan. La agencia se lo alquiló a Trump y Hyatt. Y este acuerdo, lo cual nos habla de que no son realmente los propietarios del hotel, les permite pagar menos impuestos durante muchos años posteriormente. The New York Times informó que hasta 2016, este acuerdo fiscal con Hyatt había costado a la ciudad de Nueva York unos 360 millones de dólares en impuestos no cobrados en los años transcurridos desde la reforma.

NK: Quiero detenerme un momento en esto, porque Trump y Hyatt sólo pusieron 9,5 millones de dólares por esta enorme propiedad. Viene con este acuerdo ya arreglado, este trato amable, un truco para pagar menos impuestos. Y este desembolso de 9,5 millones de dólares se traduce aproximadamente en 360 millones de ahorro en impuestos y de dinero privado que le es hurtado a la ciudad.

KPF: Fue un negocio muy lucrativo para ellos. Se pueden hacer muchas conjeturas sobre la cantidad de dinero que le genera esta asociación con Hyatt. Pero también es el caso de que buscaron las formas para pagar menos impuestos, que otra forma habrían ido a las arcas de la ciudad y no fueron.

NK: Así que reciben un trato muy amable, pero la ciudad no tiene otra opción. Los mendigos no pueden ser los elegidos; ese es el argumento que se baraja. ¿Es eso cierto? Quiero decir, ¿había que regalarlo en esas condiciones?

KPF: ¿Quién sabe si habría habido un comprador diferente para el Commodore? La empresa de ferrocarriles estaba ansiosa por venderlo. Tal vez se habría hecho de otra forma si hubiera habido disposición. Sólo quiero subrayar que Trump se vio a así mismo como un genio al lograr firmar este acuerdo. Y el Gobierno de la ciudad vio esto como algo positivo e importante, y querían dejar claro que era el camino que podía tomar la comunidad empresarial.

Se podría haber rehabilitado el hotel de otra manera, pero no era un ejemplo para una sola vez: el gobierno de la ciudad consideraba un modelo para futuros desarrollos, y como una señal a la comunidad empresarial de que se había producido un cambio en la relación con el gobierno de la ciudad. Trump no está actuando solo. Había un contexto en el que se promueve este tipo de desarrollo y una comunidad que permite que esto suceda.

NK: Así que se prepara el escenario para los hoteles Helmsley, y para que se produzca un cambio en la ciudad.

KPF: Se establece el marco idóneo para una nueva receptividad de la ciudad a ciertos tipos de desarrollismo de negocios de lujo, y las exenciones fiscales para estimular la construcción de propiedades destinadas esencialmente a los muy ricos. Y en general creo que también se ofrecieron subvenciones a las Corporaciones, como las que fueron a Disney en el entorno de Times Square.

NK: Y cuando nos detenemos en la trayectoria de Trump en los años 1980, nos damos cuenta de que está disfrutando de su papel como aquél que salvó a la ciudad. Y aquella enconada batalla con Koch, el alcalde Koch, sobre la pista de patinaje de Central Park. Fue el momento en el que se consolidó su fama. Pero creo que se puede ver esa trayectoria rectilínea, desde el hotel Commodore a la pista de patinaje y su ascenso a la Presidencia… no soy un político… Washington es un lugar corrupto… sé cómo hacer las cosas mejor.

KPF: Creo que eso es muy importante. Es del tipo de personas que transcienden por encima de las presiones demócratas para que haya más servicios públicos, y en última instancia, es de esos empresarios que figuran como los salvadores de una ciudad y del país en su conjunto. Creo que Trump también encarna esto y asimila esa visión del mundo y la celebra y la explora de todas las maneras posibles, pero no es la única persona que tiene semejantes sensibilidades. Y de hecho, muchas de las personas del establishment político de la ciudad comparten esta perspectiva, hasta cierto punto.

Había la sensación de que se había llegado muy lejos en la presión pública, y ahora se debe resistir e ignorar las protestas en respuesta a los recortes, y que ignorar esas protestas era un signo de integridad y coraje. Creo que Trump asume este papel durante la crisis financiera, incluso la retórica sobre los manifestantes pagados después de la inauguración. Creo que los sentimientos reinantes debían mucho a la crisis financiera, y a la consideración de que aunque la gente estaba indignada, lo único que podía hacer cualquier persona con cierto coraje era ignorarlos.

NK: Muy bien. Ha sido un placer hablar con usted. ¿Hay algo más que quiera compartir de lo que aprendió sobre Donald Trump mientras escribía este capítulo de su libro?

KPF: Lo último que quiero decir es que resulta importante comprender la atmósfera de temor que reinaba en Nueva York en ese momento, que había un profundo temor por la bancarrota, y miedo al futuro. Y es ese mismo miedo lo que hace posible que se lleven a cabo los recortes de aquella época, y así nació la sensación de que la ciudad necesitaba, en primer lugar, un salvador. Y sobre esto he pensado mucho en el último mes, o incluso desde noviembre: que el miedo puede hacer que cosas que parecen políticamente imposibles de repente aparezcan como la única alternativa. Es una de las cosas por las que tenemos que luchar en este momento, encontrar la forma de resistir frente a esa sensación de temor y caos, y encontrar formas de solidaridad que puedan contrarrestarlos.

Porque es este tipo de contextos los que causan estragos, los recortes que se llevaron a cabo en Nueva York en los años 1970, y las reestructuraciones que se están produciendo en nuestro país en la actualidad.

NK: Muchas gracias por todo. Creo que es un mensaje muy importante para la gente, porque sabemos que nuestros actuales gerentes lo están haciendo muy mal. Creo que podemos intuir crisis y recesiones en los próximos años, las cuales serán utilizadas como justificación para no cumplir las promesas electorales, tales como la Seguridad Social y otras. Así que tenemos que ser muy cautelosos de la explotación del miedo, de la atmósfera de crisis. Sabemos por su libro que la trayectoria de Donald Trump y su fortuna se forjaron en un momento en el que se explotó la crisis económica.

Sabemos que está rodeado de hombres que han hecho lo mismo, entre ellos Steven Mnuchin, que han utilizado la crisis de 2008 para crear un banco que eche a la gente de sus hogares. Así que gracias por esta pequeña lección de resistencia frente a los golpes.

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Naomi Klein es periodista con varios premios en su haber. Consiguió un best-seller con su libro La doctrina del shock: el camino del capitalismo hacia el desastre, que acaba de editarse en edición de bolsillo. Otro libro suyo que consiguió un enorme éxito fue No logo: el poder de las marcas. Puede visitar su página web: www.naomiklein.org.

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No confiar en nadie: modernización, paranoia y cultura de las conspiraciones (II)

Por Stef Aupers, de la Universidad Erasmus, Holanda, 12 de junio de 2012

Revista Europea de Comunicación

Resumen

Las más populares teorías de las conspiraciones, como las de JFK, los ataques del 11 de septiembre, la muerte de la princesa Diana o la vacunación contra la gripe porcina, se presentan generalmente en las Ciencias Sociales como algo patológico e irracional, y esencialmente antimoderno. En este ensayo se presenta en cambio la cultura de las conspiraciones como una manifestación radical y generalizada de desconfianza, que está inmersa en la lógica cultural de la Modernidad y, en última instancia, producida por los procesos de modernización, y en particular sobre las dudas en torno a la validez de las afirmaciones sobre el conocimiento científico, la inseguridad ontológica de ciertos sistemas sociales como el Estado, las multinacionales y los medios de comunicación, y una implacable “voluntad de creer” en un mundo desencantado, algo ya reconocido por Adorno, Durkheim, Marx y Weber, todo lo cual ha propiciado un giro hacia la cultura de la conspiración en Occidente.

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Parte I

¿Qué es la verdad? Inseguridad epistemológica y cultura conspirativa

En los siglos XIX y XX, la mayoría de los fundadores de las Ciencias Sociales predijeron un futuro en el que la autoridad de la Religión quedaría debilitada por la Ciencia y el monopolio de la verdad. Augusto Comte, convirtiéndose en pionero, imaginó una sociedad donde la Ciencia habría descubierto las leyes universales de la naturaleza y de la sociedad y, como tal, proporcionaría estabilidad social y existencial. Hoy en día, tales perspectivas nos parecen ingenuas: las verdades religiosas tradicionales han perdido credibilidad en la mayor parte de Europa (por ejemplo, Bruce, 2002; Wilson, 1976), pero esto no ha venido acompañado de una mayor confianza en la Ciencia, el método científico y las verdades de los expertos científicos. Más bien al contrario, paradójicamente esto puede deberse al hecho de que la Ciencia tiene dos caras, ya que “depende no sólo de la acumulación inductiva de pruebas sino también del principio metodológico de la duda” (Giddens, 1992: 21). El escepticismo radical sobre la epistemología, las bases metodológicas y las reglas metodológicas, ha sido siempre una parte intrínseca del método científico desde el siglo XVI y ha buscado su legitimación desde entonces. Así apareció la “agenda oculta de la modernidad” (Toulmin, 1992 [1990]). Sobre todo a través de la Filosofía del conocimiento de Kant, Nietzsche y otros, el escepticismo encontró su expresión en el posmodernismo, hace un siglo. Los posmodernistas profetizaron el fin de los “grandes discursos” de la Ciencia (Lyotard, 1984 [1979]) y su ambición de ser un “espejo” de la naturaleza (Rorty, 1980), ya que las afirmaciones sobre la verdad eran construcciones sociales que en última instancia respondían a intereses ideológicos, de los conflictos y el poder (Bauman, 1987; Foucault, 1970 [1966]). Por lo tanto, el conocimiento científico ya no se consideraba superior a otras formas de conocimiento y fue deconstruido como un discurso entre otros muchos, como “un juego del lenguaje” o “vocabulario”, incluso una hiperrealidad autorreferencial, sin relación con la auténtica realidad (Baudrillard, 2000 [1981]).

Esta desligitimación radical del conocimiento científico no sólo se ha introducido en las torres de marfil del mundo académico, a través de la Filosofía de la Ciencia, la representación constructivista del conocimiento y la teoría posmoderna, ha penetrado cada vez más en la vida cotidiana (por ejemplo, Giddens, 1992: 21; Van Zoonen, en este número). Estudios empíricos demuestran que existe un creciente escepticismo entre los ciudadanos occidentales frente a los nuevos conocimientos y las soluciones (técnicas) que se proponen. Ronald Inglehart, por ejemplo, concluye que “hay una confianza cada vez menor en la Ciencia y la Tecnología para resolver los problemas de la humanidad… una idea que se ha extendido en las sociedades más avanzadas desde el punto de vista económico y tecnológico” (1997: 79). Esto era diferente hace medio siglo. Un ejemplo destacado de la confianza en los científicos por aquella época es el famoso experimento de Milgram (1963). Bajo la guía de expertos científicos unas personas daban descargas eléctricas a otras personas (ficticias). Y sin embargo, había esperanza. Una variación en el experimento mostró que las personas recuperaban su autonomía moral y la conciencia crítica una vez que se simuló un conflicto entre dos científicos. En la mayoría de los casos, los sujetos se negaron a dar las descargas eléctricas.

Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.

Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)

 

Esta modificación del experimento de Milgram presenta diferentes implicaciones sociológicas: la desconfianza hacia los conocimientos científicos está presente debido a las disputas entre los especialistas, la inconsistencia de sus afirmaciones y el exceso de información (por ejemplo, Beck, 1992; Giddens, 1992). Las dudas y los debates metodológicos vienen formando parte de la Ciencia desde hace varios siglos, pero los medios de comunicación han permitido que se conozcan mejor tales disputas por parte de un público más amplio y con menos formación: periódicos, revistas, la radio y la televisión ofrecen a los ciudadanos unas teorías incompatibles entre sí y unos resultados en los campos de las Ciencias Naturales, la Sociología, la Psicología, la Pedagogía, y otros, con serias discrepancias: el aceite de pescado es saludable para el corazón; el aceite de pescado causa cáncer; se debe tratar a los niños con amor y empatía; se debe educar con unas reglas y una disciplina rígidas; la violencia aumenta en los países Occidentales: la violencia está disminuyendo en la mayoría de los países Occidentales; nos dirigimos hacia un desastre ecológico; las advertencias sobre el cambio climático son exageradas; las vacunas contra la gripe son necesarias; tales vacunas son ineficaces o peligrosas. Los medios de comunicación no sólo publican tales informaciones contradictorias: se ocupan activamente de los desacuerdos y los conflictos, más que del consenso científico. Los hechos indiscutibles no tienen un factor X. Y viceversa: nada es tan proclive para el medio televisivo como que dos especialistas sobre el clima estén en completo desacuerdo, sobre el efecto invernadero y el futuro de la vida en la tierra.

Pero este menoscabo de la confianza en el conocimiento científico no agota la “voluntad de la verdad” (Foucault, 1970 [1966]) y no puede afirmarse a la ligera que se trata de un síntoma de cinismo cultural, de desilusión o falta de poder. La Ciencia establecida puede haber perdido su monopolio de la verdad, pero se ha abierto un mercado en el que muchas veces los conocimientos se etiquetan como no científicos, irracionales o peligrosos por parte de los científicos habituales, pero que sin embargo sí son considerados por los ciudadanos de la modernidad tardía. Un buen ejemplo son las medicinas complementarias y alternativas: la homeopatía, la acupuntura, el reiki, el shiatsu y otras muchos tratamientos holísticos, prácticas que han ganado legitimidad en las últimas décadas y compiten hoy en día con las técnicas típicamente basadas en una visión dualista-materialista (Campbell, 2007; Hammer, 2001).

Otro destacado ejemplo en relación con las teorías de las conspiraciones es Internet, que juega un papel importante en su difusión. Los medios de comunicación de masas y el periodismo tradicional son considerados como un “bloque de poder” que manipula (Fiske, 2006 [1998]), y al contrario, Internet es visto como más democrático, como comenta Quandt con razón en este número de la Revista Europea de Comunicación (EJC), que da un acceso directo a la información y acerca a la “verdad”. No obstante, independiente de que la cuestión de la confianza en los nuevos medios esté subvertida y haya razones para ello, los ciudadanos ven en Internet una plataforma que deconstruye activamente las versiones oficiales de la “verdad.”, consumiendo otras versiones alternativas o produciendo las suyas propias en foros, sitios web y Youtube. Los teóricos de las conspiraciones son típicamente “prosumidores” [palabra que surge de la fusión de consumidor y productor] (Rintzer y Jergenson, 2010): leen, negocian y reescriben la historia, y al hacerlo producen a menudo una versión que es un remiendo de lo que “realmente” sucedió. Dean argumenta que “las teorías de la conspiración… se basan en la idea de que todo está o puede estar conectado” (2002: 97). Paradójicamente, en un clima de duda “todo es posible” y esto da un “vértigo en las interpretaciones” (Baudrillard, 2000 [1981]: 1). ¿Los Dioses son antiguos astronautas?, como imaginó Erich von Däniken; ¿Jesús tuvo un hijo con María Magdalena?, como sugiere Dan Brown en El Código da Vinci; ¿El mundo está controlado por una élite de humanoides reptilianos entre los cuales se encontrarían George W. Bush, Hillary Clinton y la reina Isabel II?, como sugiere el teórico de las conspiraciones David Icke. Un escéptico clásico se preguntaría; ¿por qué tales proposiciones han de ser ciertas? Ahora, el clima de duda hace que la pregunta se invierta a menudo: ¿por qué no van a ser verdad?

Irónicamente, todos estos intentos de captar la verdad mediante innumerables teorías de la conspiración lo único que hacen es crear una inseguridad epistemológica, que ha aumentado, en primer lugar, la cultura de las conspiraciones.

La aparición de versiones contradictorias que compiten entre sí y que se superponen (en parte) y que aspiran a dar a conocer la verdad, aumenta las dificultades de los ciudadanos para distinguir un hecho de la ficción, las evidencias reales de los falsos testimonios, de modo que descubrir la verdad debajo de tan cúmulo de interpretaciones y el laberinto babilónico que se forma, es casi imposible. La inseguridad epistemológica en la sociedad contemporánea es a la vez la causa y la consecuencia de la proliferación de la cultura de la conspiración.

¿Qué es real? Inseguridad ontológica y cultura conspirativa

The Matrix está en todas partes, está alrededor de nosotros, incluso en esta sala. Puedes verla al mirar por la ventana o en el televisor. Puedes verla cuando vas al trabajo, o vas a la Iglesia o pagas los impuestos. Es el mundo, que ha sido extirpado ante tus ojos para que no conozcas la verdad…

¿Cuál es la verdad?

Que eres un esclavo.

(The Matrix, dirigida por Wachowski y Wachowski, 1999).

Nada es lo que parece” es una expresión muy común en la cultura de las conspiraciones. La realidad es siempre una realidad organizada que oculta la verdad, y aquellos agentes que de facto controlan nuestras vidas no los reconocemos como tales. En la película The Matrix, un hacker llamado Neo descubre que la realidad tal y como la experimentamos es una ilusión, literalmente una realidad virtual implantada en nuestros cerebros por unos perversos e inteligentes ordenadores. Habiendo conocido esta terrible verdad, Neo se propone liberar a la humanidad de estado de alienación virtual.

Este ejemplo sugiere que la inseguridad ontológica está en el centro de la cultura de las conspiraciones. Presenta la tecnología digital, pero también podría ser una historia paranoica sobre el Estado, las multinacionales, la burocracia y los medios de comunicación que ponen en escena una falsa realidad.

La tradición, argumenta Anthony Giddens, proporcionaba un sentido estable de la realidad, ya que “el mundo es como es porque es como debe ser” (1992: 48). En la sociedad moderna, esta seguridad ontológica está amenazada por el surgimiento y la proliferación de sistemas sociales racionalizados. Karl Marx (1998 [1932]) ya señaló que el capitalismo moderno había alienado a los trabajadores de los productos, del proceso productivo y sus compañeros de trabajo. Emile Durkheim (2002 [1897]), a su vez, lamentó el aumento de los estados-nación, que minaban las cohesión social y provocaban sentimientos de anomia. Max Weber (1996 [1930]), que desarrolló una perspectiva amplia, histórica y sociológica: la erosión de la tradición y el aumento del dominio institucional desde el siglo XVI, argumentaba que se trataba de “un pacto fáustico”. Quizás sea la forma más eficaz de Gobierno de la historia, pero desde un punto de vista humanista, la proliferación de la burocracia, la Ciencia, las Economía y la Tecnología, se vuelve irracional. Una vez que se institucionalizan, Weber señala que estos subsistemas obedecen a sus propias leyes racionales y tienen su propia dinámica interna. Debido a esto, los individuos de las sociedades modernas experimentan estos sistemas como unas fuerzas externas autónomas sobre las cuales no tienen ninguna influencia. Básicamente, esta automatización de los sistemas sociales racionalizados es la razón por la que Weber escribió que la sociedad Occidental es una alienante “caja cerrada” (1996 [1930]). Karl Mannheim va más lejos y compara las ansiedades de la humanidad con la de las personas de la era premoderna:

Así como la naturaleza era ininteligible para el hombre primitivo, y que sus más profundos sentimientos de ansiedad surgieron de la inconmensurabilidad de las fuerzas de la naturaleza, así el hombre industrializado tampoco abarca las fuerzas que actúan en el sistema social en el que vive… Se han convertido en una fuente generalizada de temores” (Mannheim, 1946 [1935]: 59).

Las teorías de las conspiraciones son respuestas culturales a estos desarrollos: son estrategias para racionalizar la ansiedad mediante narraciones que tratan de explicar aparentemente lo que parece inexplicable.

Las teorías de las conspiraciones son respuestas culturales

a estos desarrollos: son estrategias para racionalizar

la ansiedad mediante narraciones que tratan de explicar

aparentemente lo que parece inexplicable.

El desarrollo de sistemas sociales cada vez más opacos y autónomos se ha radicalizado durante el último medio siglo. Bajo la influencia de la globalización, los sistemas sociales se han desprendido del tiempo y del espacio y cada vez se presentan como más esquivos (Giddens, 1992). Las burocracias siempre en expansión, para ofrecer un ejemplo, a veces se califican como una “racionalización enloquecida” (Melley, 2000: 49), lo que nos lleva a la pregunta: “¿quién manda realmente?” (Por ejemplo, Bauman, 1987). El funcionamiento globalizado de la economía, por dar otro ejemplo, no puede ser analizado simplemente en términos de causa y efecto, y mucho menos hacer pronósticos, ya que un acontecimiento local tiene una influencia en todo el mundo. La tecnología digital, para dar un ejemplo final, es considerada por muchos como algo “fuera de control” (Kelly, 1994), “inquietantemente viva” (Haraway, 2001 [1985]), “no transparente” y “en sentido estricto, irrepresentable” (Žižek, 2001 [1996]: 19), y a veces experimentada como una poderosa “fuerza mágica” (Aupers, 2002).

La omnipresencia de estos sistemas opacos en la vida del individuo moderno no sólo aumenta la inseguridad sobre lo que es real y lo que no lo es, sino que incluso duda sobre la autenticidad de la propia conciencia subjetiva. Los medios de comunicación juegan un papel destacado en todo esto: la televisión, el cine y la publicidad ya no se entienden en términos de representación, sino cada vez más en términos de simulación y manipulación (por ejemplo, Baudrillard, 2000 [1º981]). Sobre la “Industria de la cultura”, Horkheimer y Adorno argumentaron hace más de medio siglo que “puede hacer lo que quiera con las necesidades de los consumidores, producir, controlar, someter” (2002 [1944]: 115). Irónicamente, tales afirmaciones radicales sobre el control social, desarrolladas en el seno de las Ciencias Sociales, han sido popularizadas hoy en día por los teóricos de las conspiraciones. Melley se refiere a este introspección ontológica de la autoidentidad como “agente del pánico! (2000: 12), ya que nos enreda en preguntas tales como “¿soy yo realmente yo?, ¿o me han lavado el cerebro, adoctrinado o estoy programado por el sistema?, o incluso una desconfianza a lo percibido por los sentidos”, ya que como dice David Icke en su página web: ¿Usted cree que sus ojos ven lo que creen que están viendo? ¡Piense en ello!” (2).

Novelas cyberpunk como Neuromante de William Gibson (1984), o películas de ciencia ficción como Blade Runner (1982), Desafío total (1990), Días extraños (1995) o eXistenZ (1999), ofrecen un panorama de ansiedad similar sobre el yo y los sentidos. Como manifestaciones de la “tecnoparanoia” (Jameson, 1991), estos textos tratan de estados totalitarios que ejercen un control de la mente, implantes de chips digitales en la mente de los consumidores y “falsos recuerdos”. Otras historias que hablan sobre robots, androides y cyborgs representan la vida como un “simulacro” o “hiperrealidad” (Baudrillard, 2000 [1981]) y arguyen sobre un futuro transhumano, postbiológico o postevolutivo (por ejemplo, Dinello, 2005). En la película El show de Truman (dirigida por Peter Weir, 1999), el protagonista descubre que toda su vida, incluyendo su esposas, casa, vecinos y la zona suburbana en la que vive, forman parte de un gigantesco estudio y resulta una actuación en un popular “reality show”, y que ha sido así desde que nació. Curiosamente, la película inspiró a los psiquiatras para nombrar a un nuevo trastorno, “el complejo de Truman”, que consiste en una percepción paranoica que nos hace creer que todo lo que pensamos, vemos, oímos, sentimos y olemos está organizado por los medios de comunicación.

Las teorías sociológicas modernas han recorrido un largo camino en la representación y explicación de todos estos procesos, pero no reconocen ni predicen que los sistemas sociales estimulan la imaginación colectiva e inducen nuevas culturas emergentes. La alienación de los sistemas económicos, burocráticos y tecnológicos, que se aceleran bajo la racionalización y globalización, claramente provoca una inseguridad ontológica (Nada es lo que parece), lo que contribuye a la plausibilidad de las teorías de la conspiración, lo que sucede “realmente” tras los bastidores. Tales teorías, por tanto, operan como “mapas cognitivos” para representar sistemas que se han vuelto demasiado complejos de representar, o incluso “pensar la imposible totalidad del sistema mundial contemporáneo” (Jameson, 1991: 38). En palabras de Craig Calhoum: “La omnipresencia del “sistema” se deja sentir en nuestras vidas… Una visión paranoica del mundo en la que la comprensión sólo se logra por la creencia en una conspiración omnipresente” (1995: 112).

Parte III

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No confiar en nadie: modernización, paranoia y cultura de las conspiraciones (I)

Por Stef Aupers, de la Universidad Erasmus, Holanda, 12 de junio de 2012

Revista Europea de Comunicación

Resumen

Las más populares teorías de las conspiraciones, como las de JFK, los ataques del 11 de septiembre, la muerte de la princesa Diana o la vacunación contra la gripe porcina, se presentan generalmente en las Ciencias Sociales como algo patológico e irracional, y esencialmente antimoderno. En este ensayo se presenta en cambio la cultura de las conspiraciones como una manifestación radical y generalizada de desconfianza, que está inmersa en la lógica cultural de la Modernidad y, en última instancia, producida por los procesos de modernización, y en particular sobre las dudas en torno a la validez de las afirmaciones sobre el conocimiento científico, la inseguridad ontológica de ciertos sistemas sociales como el Estado, las multinacionales y los medios de comunicación, y una implacable “voluntad de creer” en un mundo desencantado, algo ya reconocido por Adorno, Durkheim, Marx y Weber, todo lo cual ha propiciado un giro hacia la cultura de la conspiración en Occidente.

Introducción

La paranoia prospera,

las transmisiones PR se reanudarán,

intentarán controlarnos con las drogas que nos mantienen a todos idiotizados,

esperando que nunca veamos la verdad que hay a nuestro alrededor…

( Musa, “Sublevación”, 2009)

En el año 2009, la propagación de la gripe porcina en varias partes de Europa estuvo acompañada de especulaciones sobre sus causas en los medios de comunicación y se dijo que supuestamente esta epidemia estuvo diseñada en los Estados Unidos para reducir la población mundial e instigar un Nuevo Orden Mundial mediante la administración de una vacuna que contenía sustancias tóxicas o un pequeño chips, que una vez inyectado permitiría el control de los ciudadanos por parte del Estado.

No es el único ejemplo: también son conocidas las teorías conspirativas sobre lo hay que detrás del SIDA, la muerte de la princesa Diana, el asesinato de JFK, sobre Osama Bin Laden, los ataques del 11S y muchos otros acontecimientos que se han convertido en parte de la cultura dominante en los países occidentales. Hoy en día forman parte de una verdadera “cultura de las conspiraciones” (Knight, 2000) o “ cultura de la paranoia” (Melley, 2000).

Tradicionalmente, las Ciencias Sociales han tendido a pasar por alto o condenar moralmente esta cultura de las conspiraciones, realizando una lectura freudiana de tipo “personalidad paranoica” (Hofstadter, 1965 y Pipes, 1997), rechazando de manera inequívoca el “estilo paranoico” de la política estadounidense como una distorsión y una peligrosa empresa [El estilo paranoico en la política estadounidense I, II y III) Así es, Pipes sostiene un “discurso envenenado” que “alienta un vórtice de ilusión y superstición” (1997:173). Una teoría de la conspiración, argumenta Jameson, “es la representación cognitiva de una persona pobre en la era posmoderna en su intento desesperado de representar el… Sistema” (1991:356). Todas estas historias indican un “pánico moral” (Khight, 2000:8) y resulta tentador decir que son, de hecho, teorías de la conspiración sobre teóricos de la conspiración. Sea como sea, debido a su sentido moral obstruyen un estudio empírico desinteresado de las teorías de la conspiración como una cultura por derecho propio. Determinar lo que es “racional” y lo que no lo es, lo que es sano y lo que no lo es, lo que es bueno y lo que es malo, es decir, lo que debe o no debe jugar un papel en el estudio de la cultura (por ejemplo, Weber, 1948 [1919]. En este caso particular, tales condenas de las teorías de las conspiraciones pueden explicarse desde la modernidad. Bajo el estandarte de la objetividad de la Ciencia, pero realmente sometida a la ideología de la era Moderna de la Ilustración (por ejemplo, Toulmin, 1992 [1990]), estos estudios desacreditan las teorías de la conspiración como una anomalía exótica y las describen como una amenaza para la razón y la objetividad. Este panorama que establece rígidas distinciones entre los malos “irracionales” paranoicos y las buena Ciencia “racional” es un excelente ejemplo de “límites en el trabajo profesional” (Locke, 2009:568) en las Ciencias modernas y ejemplifica lo que Bruno Latour (1993 [1991]) llama una “práctica moderna de purificación”: refuerza la “moderna división” entre Ciencia “racional” y sus supuestas contrapartes “irracionales”, minimizado las semejanzas y explotando las diferencias entre ambos discursos.

En este artículo argumento, en cambio, que la cultura de la conspiración no es el antídoto a la Modernidad. Todo lo contrario: es una manifestación radical y generalizada de desconfianza que forma parte de la lógica cultural de la modernidad y está, en última instancia, provocada por los procesos de modernización de la sociedad contemporánea. En particular, demuestro que los medios de comunicación modernos desempeñan un papel crucial en su difusión en Occidente.

Transformación de la paranoia: del exotismo a la normalización

La paranoia ya no es simplemente una etiqueta diagnóstica aplicada por psicólogos y psiquiatras, sino que se ha convertido en un verdadero fenómeno sociológico. Más de la mitad de los ciudadanos estadounidenses, por ejemplo, creen que hubo un encubrimiento oficial o una conspiración en el asesinato de JFK y en los sucesos del 11 de septiembre, y cerca del 80% cree que el Gobierno sabe más sobre los extraterrestres de lo que admite (Knight, 2000:78, 27). Además, las narrativas de las conspiraciones impregnan la cultura popular, instigando así una constante retroalimentación entre realidad y ficción (Barkun, 2003): escándalos políticos reales en los Estados Unidos, como el caso Watergate u operaciones con presupuestos reservados de la CIA, fueron el inicio de un género de thrillers en la década de 1970, como El último testigo (1974), Los tres días del cóndor (1975) o Todos los hombres del Presidente (1976), lo que a su vez incrementó una mayor sensibilidad de las teorías de la conspiración entre la población. Los libros más vendidos y los mayores éxitos de taquilla, como el Código da Vinci y The Matrix, y series populares como 24, Profiler y Expediente X, juegan con que el estado paranoide de la realidad social es una ilusión, una sala de espejos y pantallas de humo construidos para ocultar los poderes secretos que de facto determinan la Historia (por ejemplo, Bell y Bennion-Nixon, 2001; Kellner, 2002).

Esta proliferación de las teorías de la conspiración en Occidente es tanto causa como consecuencia de su normalización en la cultura contemporánea, de modo que la confianza en las autoridades y la creencia en las versiones oficiales de los Estados, los políticos y los medios de comunicación son ahora motivo de desacreditación y un signo de ingenuidad. Conspiraciones ha habido después de todo, y los sucesos de los años 1970 han reforzado la verosimilitud y credibilidad de los teorías más rebuscadas. Pensemos en particular en el Watergate de 1972, que generó una desconfianza generalizada frente a los Gobiernos y plantó las semillas de creciente visión paranoica (por ejemplo, Schudson, 1992). Desde una perspectiva cultural, la teoría de la conspiraciones no puede ser desechada simplemente como algo irracional o ilusorio, ya que está respaldadas por hechos reales y encarna una forma radical de reflexión, crítica y escepticismo (Knight, 2000; Parker, 2001). En Expediente X, que en defensa de la racionalidad de las teorías de la conspiración, se dice: “No importa lo paranoico que seamos, nunca seremos lo suficiente”.

La cultura de las conspiraciones evolucionó de este modo y de ser un fenómeno extraño y anormal pasó a ser algo cotidiano que se ha difundido a través de los medios de comunicación y normalizado, institucionalizado y comercializado (por ejemplo, Birchall, 2002; Goldberg, 2001). Desde una perspectiva histórica, sin embargo, las teorías de la conspiración han formado parte de la Cultura en todas las edades y pueden remontarse, como mínimo, a las Cruzadas Cristianas de la Edad Media y las teorías sobre los judíos y las sociedades secretas de los Templarios, los Rosacruces, los Iluminati y los Francmasones (Pipes, 1997). Lo más importante para nuestra consideración es la afirmación hecha por diferentes estudios de que el discurso de las conspiraciones se ha transformado en las últimas décadas, se ha desplazado desde una sociedad “exterior” de los “Otros” a la paranoia sobre la propia sociedad moderna (por ejemplo, Knight, 2000; Melley, 2000). Las teorías tradicionales de la conspiración, nacidas con anterioridad y en torno a los años 1950, demonizaron a los judíos, musulmanes y comunistas como conspiradores, grupos que amenazaban la sociedad o perturbaban las fronteras entre “nosotros” y “ellos”. Esta forma de paranoia sobre un “Otro” extraño, paradójicamente, reforzó la identidad y proporcionó alguna forma de catarsis cultural. La cultura contemporánea de la conspiración es algo diferente: se trata menos de un chivo expiatorio de un “Otro” real o imaginario y más de una paranoia sobre las instituciones humanas de la sociedad moderna. Ideal y típicamente, esta forma moderna es diametralmente opuesta al tipo tradicional, ya que las teorías hacen referencia a un “enemigo interior” (Golberg, 2001), lo desconocido y las fuerzas malévolas operan dentro de los laboratorios científicos, las Corporaciones, la Política y los Estados. Knight (2000) escribe a este respecto y dice que se ha pasado de una “paranoia segura” a una “paranoia insegura”: “Para la generación posterior a 1960, [la paranoia] se ha convertido más en una expresión de sospecha e incertidumbre inagotables que en una forma dogmática de alarmismo” (2000: 75) y la consideración popular de las conspiraciones se ha transformado de una obsesión por un enemigo inamovible a una sospecha generalizada de fuerzas que conspiran… una versión mucho más insegura de la ansiedad conspiratoria, que se traduce en un retroceso infinito de la sospecha” (2000: 4). Puesto que la verdad resulta reticente en la moderna cultura de las conspiraciones, no es de extrañar que los teóricos que tejen implacablemente nuevas teorías, siempre aparecen historias sobre las posibles conexiones para descubrir esta verdad. Por ejemplo, como nos ofrece Devon Jackson en su Conspiranoia (2000): “Descubre la verdadera historia detrás de la IRS, los Nazis, JFK, Bill Gates, el LSD, el KKK, el complejo militar-industrial, el FBI… los Teletubbies, la NASA, la enfermedad de las vacas locas, Jerry García, y cómo todo ello está relacionado”.

La cultura contemporánea de la conspiración

es algo diferente: se trata menos de un chivo expiatorio

de un “Otro” real o imaginario y más de una paranoia

sobre las instituciones humanas de la sociedad moderna.

La cuestión sigue siendo cómo puede explicarse la proliferación de este tipo inestable de teorías de la conspiración. En general, se argumenta que estas ideas y conceptos aparentemente antimodernos están provocados particularmente por el descontento cultural de la modernidad, algo que ha sido tratado por los científicos sociales desde la aparición de esta disciplina y que se ha generalizado durante el último medio siglo.

Parte II

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Jueces del Tribunal Monsanto: Monsanto no está alimentando al mundo, sino perjudicando la seguridad alimentaria

Por Claire Robinson, 21 de abril de 2017

GMWatch

Cinco jueces de diferentes países han dicho que la Empresa Multinacional Monsanto está afectando negativamente  la disponibilidad de alimentos para las personas y las comunidades

Antecedentes

Monsanto es una Empresa que desarrolla cultivos modificados genéticamente (OGM) y los herbicidas asociados a ellos, alegando que son necesarios para ayudar en la “alimentación del mundo”.

Pero los 5 jueces del Tribunal Monsanto han dictaminado que lejos de contribuir en favor de la seguridad alimentaria, la Empresa Monsanto está “afectando seriamente la disponibilidad de alimentos para las personas y las comunidades”.

El Tribunal se reunió el pasado mes de octubre en la Haya, y se escucharon los testimonios de 28 testigos de todo el mundo, cuya salud y sus medios de subsistencia habían sufrido como resultado de los productos y las actividades de Monsanto.

Estos jueces son reconocidos por su trabajo en favor de los derechos humanos y el derecho internacional. Al frente de dicho tribunal se encontraba la jueza belga Françoise Tulkens, ex vicepresidenta de la Corte Europea de Derechos Humanos.

El pasado 18 de abril, estos jueces del Tribunal Monsanto emitieron un veredicto de condena, basándose en una serie de consideraciones. En primer lugar, consideraron que Monsanto está interfiriendo en la capacidad de las personas y las comunidades para alimentarse directamente de los productos obtenidos de sus tierras de cultivo.

Los jueces dijeron: “Las actividades de Monsanto han causado y están causando daños al suelo, el agua y al medio ambiente en general, reduciendo así las posibilidades productivas para la obtención de alimentos adecuados”.

Y añadieron: “Las actividades agrícolas comunales, así como los bosques que proporcionan recursos alimenticios, están siendo devastados por la extensión de los cultivos modificados genéticamente, que utilizan grandes cantidades de herbicidas, tales como el glifosato [Roundup]. Estas actividades de Monsanto están interfiriendo en el derecho a producir alimentos”.

Las actividades de Monsanto han causado

y están causando daños al suelo, el agua

y al medio ambiente en general, reduciendo así las

posibilidades productivas para la

obtención de alimentos adecuados”.

Objetivos y alcance del Tribunal Monsanto

El veredicto de este tribunal no es jurídicamente vinculante. Tales tribunales se encargan de examinar las normas jurídicas aplicables a aquellas situaciones problemáticas que afectan directamente y son motivo de grave preocupación para las personas, los grupos y la sociedad en su conjunto. Su objetivo es doble: alertar a la opinión pública, las partes interesadas y los responsables de elaboración de políticas antes actuaciones que se consideran inaceptables e injustificables de acuerdo con las normas jurídicas, y así contribuir a la mejora del derecho nacional e internacional.

Los jueces del Tribunal Monsanto dijeron que no tenían ninguna razón para dudar de la sinceridad o veracidad de aquellas personas que ofrecieron su testimonio ante el tribunal. Sin embargo, debido a que su testimonio no fue hecho bajo juramento o verificado mediante un contrainterrogatorio, y porque Monsanto declinó participar en dicho proceso, el Tribunal no estaba en condiciones de emitir ningún dictamen sobre algunas de las acusaciones realizadas contra la Empresa. Más bien, con el propósito de responder a las preguntas planteadas para su consideración, el tribunal asumió que los hechos y las circunstancias descritos por los testigos serían probados ante el tribunal.

Monsanto impide que los agricultores empleen libremente las semillas

Además, los jueces dijeron que Monsanto está interfiriendo en el derecho a la alimentación al impedir que los agricultores accedan a las semillas.

Los agricultores de los países que utilizan cultivos transgénicos han visto como se restringían sus posibilidades de acceder a las semillas. Las semillas no transgénicas están siendo retiradas del mercado, lo que conlleva una menor diversidad en la elección de semillas.

Los jueces añadieron que “el empleo de cultivos transgénicos en todo el mundo está minando la capacidad de los agricultores para acceder a las semillas y de este modo está perjudicando la producción agrícola de las comunidades. Esta situación también está afectando a la soberanía alimentaria, lo que implica una prioridad del derecho de las personas a la alimentación y producción de alimentos, por encima de los intereses de las Corporaciones”.

Las actividades de Monsanto también están amenazando la biodiversidad, dijeron los jueces, ya que cada vez un mayor número de agricultores utilizan semillas transgénicas para cultivar los mismos monocultivos: “Al reducir la biodiversidad de los cultivos y plantas locales, Monsanto está interfiriendo en el derecho a la alimentación y además perjudica la seguridad alimentaria y socava la resistencia de los sistemas locales de producción de alimentos”.

Otra dimensión de derecho a la alimentación que fue expuesta por los testigos, fue el impacto de las semillas transgénicas en los derechos de propiedad de los agricultores. Por ejemplo, los agricultores que no han comprado o utilizado intencionalmente las semillas de Monsanto han visto sus campos de cultivo contaminados por dichas semillas transgénicas. En algunos casos, los agricultores se han visto obligados a pagar cuantiosos derechos a Monsanto y se les ha impedido vender sus productos como ecológicos o libres de transgénicos. Los jueces agregaron: “Monsanto ha empleado de manera agresiva tácticas de intimidación, dañando la estructura de las comunidades y provocando ansiedad y afecciones mentales”.

Monsanto ha empleado de manera agresiva

tácticas de intimidación, dañando la estructura

de las comunidades y provocando ansiedad

y afecciones mentales”.

Las patentes sobre las semillas atentan contra los derechos humanos

En la condena por parte del tribunal de las patentes sobre las semillas, los jueces dijeron que éstas [las patentes] “atentan contra el principio del derecho humano a la alimentación, aquél que garantiza el acceso a la alimentación, una necesidad básica de todo ser humano. Los derechos de propiedad intelectual deben ser respetados, pero cuando las Empresas están controlando las fuentes de nuestra alimentación, deben estar sometidas a una investigación más exhaustiva”.

La conservación de semillas está siendo amenazada por la agresiva comercialización de semillas transgénicas

Los jueces señalaron que la “agresiva comercialización de semillas transgénicas está interfiriendo en el derecho a la alimentación al forzar el empleo de unos métodos agrícolas que no respetan las practicas tradicionales de cultivo”.

Los agricultores que han sido víctimas de las tácticas agresivas y fraudulentas de Monsanto se han visto obligados a comprar semillas año tras año y han perdido su capacidad de guardar las semillas. Desde los orígenes de la agricultura hace miles de años, los agricultores han estado guardando las semillas para cultivar la próxima temporada. Esta práctica de cultivo ha permitido la diversidad y la resiliencia en períodos de sequía o contra las plagas. Pero la difusión de las semillas transgénicas por parte de Monsanto ha negado a los agricultores la capacidad de mantener una agricultura de acuerdo con sus prácticas tradicionales de cultivo. Debe haber un sistema de semillas no comerciales y extenderse, asegurando que los agricultores tengan la capacidad de preservar sus cultivos tradicionales”.

Al ampliar la perspectiva más allá de la Multinacional Monsanto, los jueces afirmaron que “el actual modelo agroindustrial dominante es muy problemático, no sólo porque depende de productos químicos peligrosos, sino también por sus efectos negativos sobre el cambio climático, su impacto en la biodiversidad y la incapacidad para garantizar la soberanía alimentaria”.

El actual modelo agroindustrial dominante es muy problemático,

no sólo porque depende de productos químicos peligrosos,

sino también por sus efectos negativos sobre el cambio climático,

su impacto en la biodiversidad y

la incapacidad para garantizar la soberanía alimentaria”.

Las actividades de Monsanto podrían constituir un Ecocidio

Los jueces consideraron la cuestión de si Monsanto podría ser considerado como responsable de un delito de Ecocidio, que puede definirse como causante de un daño sustancial y duradera a la biodiversidad y los ecosistemas, afectando a la vida y la salud de las poblaciones humanas, pero es algo que de momento no está recogido en el Derecho Internacional. Decidieron que las actividades de Monsanto podían constituir un delito de Ecocidio, basándose en la introducción en la agricultura industrial de gran cantidad de productos químicos peligrosos. La producción y cultivo de cultivos modificados genéticamente exponen a las comunidades y a las personas a un mayor riesgo por el uso de pesticidas y herbicidas, y contaminando de forma severa las plantas, suelos y agua.

Otro futuro es posible

Los jueces señalaron que hay modelos agrícolas alternativos frente al modelo agroindustrial, algo no sólo deseable, sino también práctico. Refiriéndose al informe IAASTD, patrocinado por la ONU y el Banco Mundial, sobre el futuro de la agricultura (1), dijeron: “ Un aumento en las prácticas de la agricultura ecológica en muchos lugares nos permite saber que es posible una agricultura con menos o sin pesticidas, herbicidas y otros productos químicos peligrosos. Los estudios han indicado que la agroecología es capaz de producir rendimientos suficientes para alimentar a toda la población mundial y garantizar que las personas se alimenten adecuadamente”.

Los estudios han indicado que la agroecología

es capaz de producir rendimientos suficientes

para alimentar a toda la población mundial

y garantizar que las personas se alimenten adecuadamente”.

Destrucción innecesaria

En conclusión, los cinco eminentes jueces del Tribunal Monsanto encontraron que Monsanto:

– Ha interferido en el derecho de las personas a alimentarse con los productos de la tierra

– Ha contaminado el suelo y el agua, reduciendo así el potencial de producir alimentos

– Ha impedido el acceso de los agricultores a las semillas al comercializar y patentar las semillas modificadas genéticamente, que no pueden guardarse y que por tanto tienen que comprarse año tras año.

– Ha promovido la expansión de los monocultivos transgénicos, que dañan la biodiversidad y socavan las resistencia de los sistemas locales de producción de alimentos.

– Ha introducido el empleo a gran escala de productos químicos peligrosos junto con los cultivos transgénicos que están asociados a ellos, exponiendo así a las personas y el medio ambiente a cantidades cada vez mayores de pesticidas que amenazan la salud.

Lo que más llama la atención entre las conclusiones de los jueces del Tribunal Monsanto es que ninguno de estos métodos de cultivo o productos son necesarios, ya que el mundo puede alimentarse usando métodos agroecológicos.

Referencias:

1.- Evaluación internacional del conocimiento, la ciencia y la tecnologías agrícolas para el desarrollo (IASSTD): la agricultura en la encrucijada. Síntesis del Informe, Washington-Covelo-Londres, Island Press, 2009.


Enlace de descarga del Informe completo del Tribunal, aquí.

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El cambio climático como Genocidio

Por Michael T. Klare, 20 de abril de 2017

Common Dreams

No se recuerda desde la Segunda Guerra Mundial mayor cantidad de seres humanos en riesgo de contraer enfermedades y morir de hambre. El 10 de marzo, Stephen O’Brien, Subsecretario General de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios, informó al Consejo de Seguridad que 20 millones de personas de tres países africanos, Nigeria, Somalia y Sudán del Sur, así como en Yemen, morirán si no se les proporciona comida y ayuda médica de manera urgentes. Dijo: “Nos encontramos en un momento crítico de la Historia. Actualmente estamos padeciendo la mayor crisis humanitaria desde la fundación de la ONU… (sin una acción internacional coordinada) la gente morirá de hambre o de enfermedades”.

Se han producido grandes hambrunas con anterioridad, pero no se recuerda que fuese de tales dimensiones y en cuatro lugares simultáneamente. Según O’Brien, son 7,3 millones de personas en situación de riesgo en Yemen, 5,1 millones en el área del lago Chad, al noreste de Nigeria, 5 millones en el sur de Sudán y 2,9 millones en Somalia. En todos estos países se produce una letal combinación de guerras, persistentes sequías e inestabilidad política, lo que está provocando drásticos recorres en el suministro de alimentos y agua. De estos 20 millones de personas en riesgo de muerte, se estima que 1,4 millones son niños de corta edad.

El coste de la intervención para llevar a cabo los planes de la ONU y tratar de salvar a estos 20 millones de vidas, se estima en 4.400 millones de dólares. ¿Cuál ha sido la respuesta internacional? Pues a grandes rasgos: indiferencia, un encogimiento de hombros.

A pesar de la potencial gravedad de la crisis, los responsables de las Naciones Unidas siguen confiando en que muchas de las personas en situación de riesgo se puedan salvar si se les proporcionase la suficiente comida y asistencia médica a tiempo, y las partes beligerantes permitiesen a los trabajadores de ayuda humanitaria llegar a los más necesitados: “Hay planes estratégicos, coordinados y establecidos para cada país. Con un apoyo financiero suficiente y oportuno, la ayuda humanitaria todavía podría evitar los peores escenarios”.

Pero para poder llegar a tiempo, los responsables de la ONU indicaron que el dinero tendría que estar disponible a finales de marzo. Estamos en el mes de abril y las donaciones internacionales sólo alcanzan los 423 millones de dólares, menos de la décima parte de lo que se necesita. Por ejemplo: el Presidente Donald Trump solicitó al Congreso la aprobación de un aumento del presupuesto en gasto militar de 54.000 millones de dólares (con lo que el gasto en defensa alcanzará este año en los Estados Unidos los 603.000 millones de dólares), o lanzó los misiles Tomahawk contra una base aérea siria, con un coste de 89 millones de dólares. Sin embargo, poco ha ofrecido para evitar el desastre que se avecina en los tres países donde ha emprendido acciones militares en los últimos años. Trump dijo al Presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, que estaba dispuesto a vender a su país 12 aviones de combate Super-Tucano, lo que podría suponer un coste de 600 millones de dólares para Nigeria, dinero que necesita urgentemente para paliar el hambre.

Si por un lado los responsables de las Naciones Unidas están tratando de manera infructuosa que se aumenten las cantidades destinadas a ayuda humanitaria y que se ponga fin a los complejos conflictos de Sudán del Sur y Yemen (para permitir que lleguen los suministros de emergencia a esos países), el Presidente Trump anunciaba planes para reducir las contribuciones de los Estados Unidos a las Naciones Unidas en un 40%. También se está preparando para enviar más armas a Arabia Saudita, el país responsable de los devastadores ataques aéreos contra las infraestructuras y las reservas de alimentos y agua de Yemen. Esto va más allá de la indiferencia: se trata de complicidad con un exterminio de grandes dimensiones.

Como muchas otras personas de todo el mundo, el Presidente Trump se quedó horrorizado por las imágenes de niños asfixiados por el gas tóxico usado por el Gobierno sirio en una incursión del pasado 4 de abril en la aldea de Khan Sheikhoun, controlada por los rebeldes. El Presidente Trump dijo a los periodistas: “Este ataque ha supuesto un enorme impacto. Ha sido horrible, algo horrible. He estado observándolo, y no he visto nada peor que eso”. En reacción a estas imágenes, ordenó al día siguiente un ataque masivo con misiles de crucero contra una base aérea siria. Pero Trump no parece haber visto, o las ha ignorado, las imágenes también desgarradoras de los niños pequeños que mueren por hambre, algo que se extiende por África y Yemen. Está claro que estos niños no merecen ninguna atención por parte de la Casa Blanca.

¿Por qué el mundo, no solamente Donald Trump, se está mostrando tan indiferentes ante las actuales hambrunas? Puede ser por la fatiga de los donantes o que los medios de comunicación se estén ocupando sobre todo del psicodrama que diariamente se representa en Washington, o los crecientes temores sobre una crisis mundial sin precedentes de refugiados, y por supuesto, del terrorismo. Es una pregunta que vale la pena hacerse, pero quiero ocuparme de otra cuestión.

Hambrunas, sequía y cambio climático

En primer lugar, vamos a considerar si las hambrunas de este año pueden ser un indicador válido de lo que puede ser una tierra sometida a un rápido cambio climático. Después de todo, se han producido grandes hambrunas a lo largo de toda la Historia. Los brutales conflictos armados que actualmente se están desarrollando en Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y Yemen, son, al menos en parte, responsables de la expansión de las hambrunas. En los cuatro países hay fuerzas (Boko Haram en Nigeria, al-Shabaab en Somalia, varias milicias y el gobierno en Sudán del Sur, y las respaldadas por Arabia Saudita en Yemen) que interfieren en la entrega de la ayuda humanitaria. No obstante, no cabe duda de que la escasez generalizada de agua y la prolongada sequía (consecuencias esperadas del calentamiento global) están contribuyendo de manera significativa a las desastrosas condiciones en que se encuentran estos países. La probabilidad de que se produzcan sequías tan severas en un escenario sin cambio climático es pequeña.

De hecho, los científicos están de acuerdo en que el calentamiento global supone una disminución de las lluvias y que serán más frecuentes las sequías en gran parte de África y de Oriente Medio. Esto hará que aumenten los conflictos de todo tipo y pondrá en peligro la supervivencia básica de muchas maneras. En su evaluación más reciente, del año 2014, de las tendencias mundiales, los científicos del prestigioso Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) concluyeron que: “La agricultura en África se enfrentará a notables desafíos para adaptarse a los cambios climáticos previstos para mediados de este siglo. Las altas temperaturas son cada vez más frecuentes”. Incluso en el año 2014, cuando se publicó este informe, el cambio climático ya estaba contribuyendo a la escasez de precipitaciones y persistentes condiciones de sequía en gran parte de África y Oriente Medio. Los estudios científicos ha revelado que se ha producido “una expansión generalizada de los desiertos y la disminución de las áreas de vegetación”, en ese continente. Con una disminución de las tierras de cultivo y la escasez de los suministros de agua, las cosechas ya estaban en franco declive en muchas zonas, mientras que las tasas de desnutrición estaban aumentando, que son exactamente las mismas condiciones donde se están produciendo las hambrunas actualmente.

Rara vez es posible atribuir con absoluta certeza las consecuencias específicas del calentamiento global, tales como sequías o tormentas. Tales cosas ocurren con o sin cambio climático. Sin embargo, los científicos ya pueden asegurar que grandes tormentas y severas sequías (especialmente cuando se producen en tándem en varias partes del mundo al mismo tiempo) se pueden relacionar con el cambio climático. Si, por ejemplo, un tipo de tormenta que normalmente ocurre sólo una vez cada 100 años se produce dos veces en una década y cuatro veces en la década posterior, se puede decir razonablemente que hemos entrado en una nueva era del clima.

Sin duda, será preciso más tiempo para que los científicos determinen en qué medida las actuales hambrunas en África y Yemen están inducidas por el cambio climático y hasta qué punto son el producto de un caos político, militar y el desorden reinante. ¿Pero esto no nos está hablando ya del tipo de mundo en el que estamos entrando?

El impacto selectivo del cambio climático

En algunos comentarios populares sobre los futuros estragos del cambio climático, hay una tendencia a sugerir que sus efectos se sentirán más o menos democráticamente en todo el mundo, es decir, que todos sufriremos en cierto grado, si no por igual, los efectos negativos a media que suben las temperaturas. Y es cierto que sus efectos se sentirán en toda la tierra, pero no pensemos que los efectos más dolorosos también se distribuirán por igual, sino que serán dispares. Ni siquiera supone una ecuación muy complicada: los que están en los estratos más bajos de la sociedad, es decir, los pobres, los marginados y los que viven en los países que ya están o están cerca del borde, sufrirán mucho más (y mucho antes) que los que forman parte de los estratos sociales más altos y se viven en los países más desarrollados y ricos.

La dinámica geofísica del cambio climático dice que los efectos más graves del aumento de las temperaturas y la reducción de las precipitaciones se sentirán primero en las regiones tropicales y subtropicales de África, Oriente Medio, Asia meridional y América Latina, lugares donde viven cientos de millones de personas que dependen de la agricultura de secano para mantenerse a sí mismos y sus familias. Investigaciones llevadas a cabo por científicos de Nueva Zelanda, Suiza y Gran Bretaña, encontraron que el aumento en el número de días extremadamente calurosos ya es más intenso en las latitudes tropicales y afecta sobre todo a los agricultores más pobres.

Viviendo en condiciones de subsistencia, estos agricultores y sus comunidades son especialmente vulnerables a la sequía y desertificación. En un futuro en el que los desastres causados por el cambio climático sean más comunes, sin duda se verán obligados a elegir entre dos alternativas no deseables: el hambre o la emigración. En otras palabras, si pensábamos que la crisis global de refugiados ya es grave hoy en día, sólo tenemos que esperar unas pocas décadas.

El cambio climático también está intensificando los peligros a los que se enfrentan los pobres y marginados de otra manera: a medida que las tierras de cultivo se van desertificando, más agricultores emigran a las ciudades, especialmente a las situadas en zonas costeras. De utilizar una analogía histórica, piense en la gran emigración de los “Okies” provocada por el Dust Bowl, desde el interior de los Estados Unidos hasta la costa de California en la década de 1930. Con el cambio climático actual, las únicas viviendas disponibles para estos emigrantes estarían en los inmensos barrios en expansión (o “asentamiento informales” como se les llama de manera eufemística), a menudo ubicados en llanuras aluviales y áreas costeras expuestas a las tormentas y a la subida del nivel del mar. A medida que avanza el calentamiento global, las víctimas por la escasez de agua y la desertificación se verán afectadas de nuevo. Estas tormentas pueden destruir las partes más expuestas de las megaciudades costeras en las que se agruparán. En otras palabras, los desarraigados y desesperados no tendrán escape ante el cambio climático. Como decía el último informe del IPCC: “Las personas que viven en asentamientos urbanos informales, de los cuales ya hay alrededor de mil millones en todo el mundo, son particularmente vulnerables a los efectos climáticos”.

La literatura científica sobre el cambio climático señala que la vida de los pobres, los marginados y oprimidos, será la primera en verse afectada por los efectos del calentamiento global: “Los que presentan desventajas sociales y económicas y los marginados sufrirán de manera desproporcionada los efectos del cambio climático y los fenómenos atmosféricos adversos”, se dice en el Informe del IPCC de 2014. “La vulnerabilidad será alta entre los pueblos indígenas, las mujeres, los niños, los ancianos y los discapacitados, que experimentarán múltiples privaciones que les impedirán solventar los riesgos y los problemas diarios”. Es indudable que estas personas son también las menos responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global (lo mismo se puede decir de los países en que viven).

El no actuar nos hace responsables de su aniquilación

En este contexto, considere la responsabilidad moral por la falta de actuaciones sobre el cambio climático. Una vez creímos que el proceso de calentamiento global se produciría lo bastante lentamente como para permitir que las sociedades se adaptaran a las temperaturas más altas sin afectar demasiado a su forma de vida, y que en toda la familia humana se haría esta transición de manera más o menos simultáneamente. Pero esto no parece ahora un cuento de hadas. El cambio climático se está produciendo con tal rapidez que impide que todas las sociedades humanas se adapten con éxito a él. Sólo los más ricos tendrán éxito, pero incluso de forma moderada. A menos que se realicen grandes esfuerzos para detener las emisiones de gases de efecto invernadero, los que viven en las sociedades opulentas también sufrirán los efectos de grandes inundaciones, sequías, hambre, enfermedades y muertes en un número muy elevado.

No se necesita un doctorado en Climatología para llegar a estas conclusiones. Una amplia mayoría de los científicos de todo el mundo están de acuerdo en que cualquier aumento en las temperaturas medias anuales que exceda de los 2 grados centígrados por encima de la era preindustrial, algunos incluso hablan de 1,5 grados, alterará el sistema climático de manera drástica. En tal situación muchas sociedades se desintegrarán como está ocurriendo actualmente con Sudán del Sur, produciendo un enorme caos y miseria. Hasta ahora el mundo ha sufrido un aumento de 1º en las temperaturas globales de esos 2º de que se habla, y a menos que dejemos de quemar combustibles fósiles pronto alcanzaremos el nivel de 1,5º.

Pero siguiendo nuestra actual trayectoria, parece improbable que el proceso de calentamiento se detenga ni siquiera en 2º o 3º C, lo que significa que en este siglo muchos de los peores escenarios provocados por el cambio climático, inundación de las ciudades costeras, desertificación de vastas regiones y el colapso de la agricultura de secano en muchas áreas, se convertirá en una realidad cotidiana.

En otras palabras, piense en los acontecimientos que se están produciendo en esos tres países africanos y en Yemen como un indicador de lo que podría pasar en otras partes del mundo en un cuatro de siglo: un mundo en el que cientos de millones de personas estén en riesgo de aniquilación, de sufrir hambre o enfermedades, o que tengan que emigrar cruzando fronteras, dirigiéndose a los barrios pobres de las principales ciudades, buscando campos de refugiados y otros lugares de supervivencia. Pues bien, todo esto parece posible. La respuesta del mundo ante semejante catástrofe de hambruna, y los temores cada vez mayores ante los refugiados en los países ricos, es una indicación de que un gran número de personas pueden morir sin esperanza de que sean ayudadas.

En otras palabras, de no detener el avance del cambio climático, en la medida en que tengamos tiempo para hacerlo, significa una complicidad con ese exterminio de un gran número de personas. Sabemos, o deberíamos saber, que tales escenarios ya están presentes en el horizonte. Todavía podemos, si no parar, al menos mejorar radicalmente la situación, y nuestro fracaso en esa empresa significaría que la situación se volvería insostenible, algo que podríamos calificar de Genocidio Climático. ¿Cómo es posible que los países responsables de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero escapen a tal calificativo?

Y si tal conclusión es ineludible, entonces cada uno de nosotros debe hacer todo lo posible para reducir nuestra contribución individual, comunitaria e institucional al calentamiento global. Incluso si ya estamos haciendo algo, es preciso hacer todavía más. Por desgracia, los estadounidenses no sólo vivimos en en una época de crisis climática, sino con el Presidente Donald Trump al frente, lo que significa que el Gobierno y sus socios de la Industria de los combustibles fósiles ejercerán su inmenso poder para obstaculizar todo intento de revertir el calentamiento global, con lo cual serán los verdaderos responsables del genocidio climático. Como resultado, el resto de nosotros tenemos la responsabilidad moral no sólo de hacer lo que podamos a nivel local para frenar el cambio climático, sino también participar en la lucha política para contrarrestar las políticas neoliberales y de la Industria. Sólo una acción relevante y concertada en múltiples frentes puede impedir que los desastres humanos que se están desarrollando en Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y Yemen se convierta en la nueva norma que se extienda por el mundo.

Michael T. Klare es profesor de estudios por la paz y la seguridad mundial en el Hampshire College Es autor de “ The Race for What’s Left: The Global Scramble for the World’s Last Resources” (Metropolitan Books) y en edición de bolsillo (Picador).  Otros libros suyos: Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy and Blood and Oil: The Dangers and Consequences of America’s Growing Dependence on Imported Petroleum

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El suelo como nuevo elemento integrador

Degradación del suelo: la perjudicial práctica de la quema de rastrojos

Por Lisa Palmer, Noticias de Salud Ambiental

truth-out.org

Carlos Hernando Molina apoyó su bota en el borde la pala y la hincó en el suelo. Sacudió el mango y volteó la tierra que había recogido, señalando los gusanos, insectos y las fibras vegetales que estaban presentes en ella.

Era una tierra viva. Los gusanos se enroscaron y los escarabajos corrían a esconderse. Había gran cantidad de microorganismos, pero no se les podía ver trabajando para descomponer las fibras vegetales, de modo que el suelo estuviera listo para suministrar los nutrientes a las plantas. Una pala llena de una tierra así es un claro ejemplo de una tierra saludable, pero no siempre ocurre esto.

Gran parte de las tierras agrícolas dedicadas al pastoreo que se encuentran alrededor de la finca de Molina, en Latinoamérica, y los pastos en los Estados Unidos, no se parecen a las suyas, que presentan una gran cantidad de árboles y una densa capa de arbustos, hierbas y cobertura vegetal. Pero la norma son amplias praderas sin arbolado o extensas tierras de monocultivos.

Pero una tierra sin una buena cobertura vegetal es susceptible de perder la capa superficial del suelo por la acción del viento o las lluvias torrenciales, se pierde humedad durante los ciclos cada vez más amplios de sequía, con una disminución de los nutrientes que los cultivos necesitan para desarrollarse. En las zonas costeras, está aumentando la salinidad de los suelos. En las áreas resecas, el suelo se lo lleva lejos el viento.

Los agricultores, los investigadores y las agencias de desarrollo están considerando la importancia del suelo, estudiando la manera en que se utiliza y gestiona. Pero la mayor parte de los agricultores siembran monocultivos, realizando menos rotaciones en sus tierras, con pérdida de carbono y unos acuíferos muy mermados.

Molina y otros agricultores con los que me he reunido a lo largo de los años están revirtiendo esta tendencia. Su mayor atención hacia el suelo ha sido una decisión importante, que conduce a un aumento en la producción y los rendimientos, y les ayuda a soportar unas condiciones climáticas extremas.

En una reciente encuesta, 2020 agricultores de todos los Estados Unidos mostraron su entusiasmo por la cubertura vegetal para ayudar a mejorar los suelos, por cuarto año consecutivo, y advirtieron un aumento del rendimiento en el maíz y la soja después de utilizar cultivos de cobertura.

En el oeste de Texas, por ejemplo, Barry Evans hace 20 años que no ara sus campos. Deja los rastrojos secos en el suelo donde cultiva sorgo y algodón, diciendo que son excelentes “reservas de agua”, ya que retienen la humedad y las preciosas gotas de la lluvia. Al no arar los campos, los residuos del algodón, el sorgo, y el trigo sirven como cubierta vegetal y ha creado una capa orgánica que protege al suelo del viento y rompiendo las gotas de lluvia a medida que caen, dispersando suavemente el agua y permitiendo que se filtre lentamente en el acuífero.

En el norte de Punjab, la India, me reuní con Joginder Singh, que había utilizado un nuevo método para plantar arroz en medio de los rastrojos de trigo que quedaron después de la cosecha de la temporada anterior. El suelo se había degradado después de décadas de arado y quema de los rastrojos. Al no arar el suelo después de la recogida del trigo, los suelos pueden drenarse más fácilmente y de este modo mantiene mejor el agua, que está a disposición de las plantas.

Al llegar la época de las fuertes lluvias, otros campos que no tenían tanta materia orgánica se inundaron, mientras que en sus campos el agua no se encharcaba. La capacidad para que los suelos absorban la humedad significa que hay que tiene que regar menos su cosecha de arroz.

Molina, Evans y Singh se encuentran entre los muchos agricultores que están adoptando nuevas técnicas para mejorar la calidad, la función y los procesos del suelo. Están combatiendo las amenazas a la calidad del suelo y mejorando a su vez lo que producen sus tierras, enriqueciendo el suelo con materia orgánica, protegiendo los suelos donde cultivan y utilizando cultivos de cobertura.

Mejorar la salud del suelo es como aumentar nuestros activos”

El suelo es un mundo oculto, como los océanos. Los suelos forman vastas extensiones y son la base de la agricultura y de la biodiversidad, pero poco se sabe de ellos. Los suelos se comportan de manera diferente en diferentes regiones del mundo.

Kate Tully, profesora de agroecología en la Universidad de Maryland, trabaja con los agricultores para mejorar el suelo en áreas vulnerables de todo el mundo, incluyendo los Estados Unidos y las regiones tropicales. Ha estudiado los suelos en áreas que van desde Brasil a Kenia, que tienen suelos profundos y una gran capacidad de absorción de nutrientes. Los suelos tienen entre 10 y 12 metros de profundidad. Compare esto con lo que ocurre en el este de Maryland, donde puede perforar a un metro de profundidad y encontrarse con el agua.

Los suelos “son un gran elemento de integración. Las plantas crecen en ellos, el agua se mueve a través del suelo, y resulta fundamental que tengamos una mejor comprensión de los tipos y distribuciones de los suelos en todo el planeta”, dijo Tully.

Paul West, codirector y científico principal de la Iniciativa de Paisajes Globales en el Instituto de Medio Ambiente de la Universidad de Minnesota, dijo que mantener los suelos saludables es un acto de equilibrio. Es mejor aumentar la cantidad de materia orgánica en el suelo porque se incrementa la capacidad de estos para retener agua.

También dijo que la importancia de los suelos no debe ser subestimada.

Para la agricultura y el desarrollo sostenible, “mejorar la salud de suelo es como aumentar nuestro patrimonio. El suelo que permanece en nuestras tierras de cultivo permite que nuestros ríos estén limpios de sedimentos, pesticidas y fertilizantes. La cobertura vegetal, las zonas arboladas y otras prácticas para mantener el suelo en su lugar también proporcionan un hábitat para la vida silvestre y extraen dióxido de carbono del aire y se almacena en el suelo”, dijo West.

Unos suelos más ricos significa que las plantas disponen de más agua, ya que la materia orgánica es capaz de mantener los nutrientes, explico West. “La materia orgánica actúa como un banco de nutrientes, tales como el nitrógeno, el fósforo, el calcio y el potasio, que se liberan más lentamente y estos nutrientes están disponibles durante toda la estación, mientras que los fertilizantes nitrogenados no permanecen en el suelo durante mucho tiempo”.

Evans sabe que el cuidado del suelo es un importante activo. Fue uno de los primeros de su región, en High Plains, Texas, que forma parte del antiguo “Dust Bowl”, en adoptar la agricultura de conservación después de la tormenta de mayo de 1996, que arrastró buena parte del suelo en el que había cultivado. Perdió casi toda su cosecha. Desde entonces viene utilizando las técnicas de conservación de suelos y agua con el método de siembra directa del algodón y el sorgo conjuntamente con otros agricultores vecinos.

El agua es un bien valioso para Evans. Cuando visité su granja en el otoño de 2012, sólo habían caído 127 l/m² el año anterior y 254 l/m² ese mismo año. El agua que se utiliza para regar el algodón proviene del acuífero de Ogallala, que se enfrenta a una crisis. En 2012, un estudio del Servicio Geológico de los Estados Unidos estimó que el agotamiento de Ogallala significa que no se podrá regar el 35% de las tierras del sur de las Llanuras en los próximos 30 años.

En la India, algunos de los vecinos de Joginder Singh van mucho más allá con los métodos de siembra directa para mejorar la resistencia de los cultivos. Están sembrando el poroto chino o judía mungo entre las cosechas para absorber nitrógeno y agregar otra capa de materia orgánica al suelo.

Los agricultores de esta región habitualmente emplean gran cantidad de fertilizantes, agua y pesticidas, en parte porque estos productos químicos, y la energía para bombear el agua, están subvencionados por el Gobierno. Los nutrientes adicionales condujeron a unos mayores rendimientos durante las dos últimas décadas, pero todo ello ha tenido un elevado coste ecológico. Las aguas subterráneas están contaminadas y los rendimientos se han estancado.

La cooperación entre agricultores se concentra en añadir nutrientes al suelo mediante cobertura vegetal y siembra directa, mirando con sumo cuidado la cantidad de fertilizantes aplicados a los campos, probando su contenido en humedad antes del riego y utilizando periódicamente máquinas niveladoras del suelo guiadas por láser, para conservar el agua del riego.

Escarabajos del estiércol en funcionamiento

Cuando me encontré con Molina, agarró una pala mientras íbamos de su casa a un pastizal. No sabía para qué quería la pala, que es una herramienta común entre los agricultores, pero no esperaba que un productor de leche la utilizase.

Molina es un ranchero del Valle del Cauca, Colombia. La conservación del suelo y el agua aumenta la cantidad de leche que obtiene de su ganado lechero. Solía confiar en los pastizales abiertos, pero años de sequía hicieron desaparecer la capa superficial, actuó la erosión con las lluvias torrenciales, el pastoreo excesivo en algunas áreas y la compactación de los suelos.

Decidió hacer cambios plantando un sistema de pastoreo mixto que mejoró la calidad, funciones y procesos del suelo. Ahora, las capas de plantas, árboles y arbustos forman una rica cobertura nutritiva junto a una mezcla de hierba estrella e hierba de Guinea, que proporcionan forraje para el ganado lechero y al mismo tiempo enriquecen el suelo.

Los pastizales abiertos y el pastoreo excesivo conducen a una suciedad compactada, a erosión y desertificación. Cuando se forma una capa densa, el agua no puede filtrarse y llegar hasta las raíces de las plantas.

Un pastizal convencional se encuentra a un lado de la granja de Molina. Las vacas han comido la hierba hasta la punta, las boñigas de las vacas cubren el suelo, y la pala de Molina apenas puede penetrar en una tierra tan compactada.

La leucaena es un árbol de la familia de las leguminosas cuyas raíces alcanzan una profundidad de 1 metro y fija el nitrógeno para que la planta se fertilice naturalmente, algo que fue fundamental para mejorar el suelo de la granja de Molina. Capas de hierba y leucaenas, plantadas muy juntas unas a otras, forman una densa capa de alimento para el ganado. Las plantas dan sombra al suelo, y cuando Molina señaló a una boñiga de vaca me di cuenta de que los escarabajos del estiércol estaban realizando activamente su trabajo, echando la materia orgánica con rapidez al suelo. El escarabajo del estiércol mueve los residuos de los animales en uno o dos días.

Volví a pensar inmediatamente en los círculos de estiércol que había en el campo de al lado y que se tostaban al sol.

Lisa Palmer es una periodista independiente y becaria en el Centro Nacional de Síntesis Sociambiental (SESYNC) en Annapolis. Escribe sobre energía, cambio climático, medio ambiente y negocios sostenibles para publicaciones como Slate, Scientific American y The Guardian. Con anterioridad escribió sobre cómo las plantas adventicios podrían mejorar el suministro de alimentos frente al cambio climático y si los grandes incendios en Indonesia pueden ayudar a reducir una deforestación desbocada.

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Documental: El suelo en la agricultura ecológica, de Alejandro Gallego.

 

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https://www.pagina12.com.ar/32250-el-suelo-no-absorbe-el-agua

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¿De nuevo los medios de comunicación Occidentales presionan para que se produzca una mayor intervención militar de Estados Unidos en Siria?

Carta abierta a Amy Goodman y a Democracy Now

Por Veteranos por la Paz, Sección 162, 15 de abril de 2017

Dissident Voice

Querida Amy Goodman de Democracy Now:

Somos un grupos de militares veteranos que esperan no desaparecer de la faz de la tierra por una guerra nuclear que parece precipitarse dados los acontecimientos en Siria.

Estados Unidos está más cerca de enfrentarse a Rusia con armas nucleares en Siria. Esta situación fue desencadenada por Assad-Lo-Hizo-de-Nuevo “atacando con gases a su propia gente”, algo que ya oímos por primera vez en 2013. Una vez más faltan pruebas y, peor aún, hay un total desinterés por encontrar alguna evidencia, o hacerse las preguntas obvias por el motivo de tal acción.

Como ex militares no vemos ninguna ventaja ni justificación para que el régimen de Assad use gases tóxicos en estas situaciones. Por otro lado, hay gente que está encantada de que Estados Unidos se lance a tal guerra. Esto parece claro incluso para el observador ocasional, y sin embargo es algo que están ignorando los medios de comunicación.

¿Por qué son necesarias las pruebas? Esto nos parece una repetición de lo ocurrido en el “Golfo de Tonkín”, “ o las Armas de Destrucción Masiva de Irak”, y muchas otras falsas provocaciones que se remontan a 1898 con el hundimiento del Maine. Una vez más, los medios de comunicación presionan para que haya una guerra. Se apresuran a realizar juicios sin hacerse las preguntas pertinentes.

Desafortunadamente, salvo raras excepciones, Democracy Now tampoco se ha planteado tales preguntas en relación con la guerra de Siria. En su programa del pasado 7 de abril, usted invitó a varios expertos que hablaron de la cuestión Siria, algunos acusando abiertamente a Assad, pero nadie se hizo preguntas por las evidencias. Los oyentes de su programa dieron por sentado que el régimen de Assad es culpable, como se supone.

Esto resulta especialmente decepcionante para todos nosotros, ya que somos oyentes de su programa desde hace mucho tiempo. Hemos confiado en usted como una fuente fiable de información.

Le estamos pidiendo que investigue más profundamente sobre lo que está ocurriendo en Siria. Considere las investigaciones de Seymour Hersh y otros, incluyendo los Veteranos de Inteligencia por la Cordura (VIPS), sobre el incidente con armas químicas del 21 de agosto de 2013. Sus informes indican que las armas químicas fueron utilizadas por la oposición no por el Gobierno sirio. Esto parece relevante dada la situación actual.

Y por favor, invite a personas que conozcan Siria y tengan una perspectiva diferente de sus invitados habituales. Por ejemplo, el Vicepresidente de Veteranos por la Paz estuvo en Siria el año pasado. Otros muchos también lo han hecho, y estaremos encantados de proporcionarle la información de contacto.

Esto es importante, ya que las actuaciones del Presidente Donald Trump en Siria parece que nos están llevando hacia un enfrentamiento con Rusia utilizando armas nucleares, y nos preguntamos si Vladimir Putin puede darse el lujo de retroceder. ¿Y si no lo hiciera? ¿Estaremos vivos pisando este suelo dentro de un año?

Que la esperanza se mantenga viva.

Daniel Borgström

en nombre de

VETERANOS POR LA PAZ, Este de la Bahía, Sección 162.

Veteranos por la Paz es una organización no gubernamental representada en la ONU.


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Los túneles en Afganistán fueron financiados por EEUU

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Los médicos de Rockefeller: Medicina y Capitalismo en los Estados Unidos

Por E. Richard Brown

Prólogo

Cuando fue publicado el libro Los médicos de Rockefeller en el año 1979, resultó ser bastante polémico. Al revisar la historia de la Medicina entre 1962 y 1982, Ronald L. Numbers lo calificó como “la historia de la medicina más polémica de la pasada década” [1]. Esta reimpresión del libro ofrece la oportunidad de responder a algunos de sus críticos como parte de un diálogo continuo sobre las cuestiones que plantea.

Parte de la controversia generada por este libro proviene del enfoque histórico-social de la Medicina. El incremento de estos enfoques sociales en el ámbito de la salud desafía la perspectiva del “médico divino” que durante tanto tiempo ha dominado la historia de la Medicina [2]. Algunos se quedaron perplejos por este nuevo enfoque de la atención de la salud, particularmente cuando se trata de examinar críticamente los contextos sociales, económicos y políticos en los que se desarrolla la Medicina y la Salud [3]. De hecho, “la lucha heroica de los médicos y los hitos en la Medicina” [4], ya sean innovaciones en la práctica clínica o descubrimientos revolucionarios por parte de brillantes investigadores, tienen un efecto profundo en el desarrollo de los conocimientos y la práctica técnica de la Medicina. Pero la historia de la Medicina, como cualquier otro fenómeno social, es algo más que un esfuerzo intelectual: las acciones de hombres y mujeres, incluidos los líderes y las masas que siguen y participan en profesiones y los movimientos sociales, están moldeadas por las fuerzas económicas, políticas y sociales. Las ideas propias se desarrollan en un contexto más amplio que las moldea.

Quizás la crítica más destacada e influyente haya venido de Paul Starr, que dedicó dos páginas de su propia historia de la Medicina estadounidense a criticar mi interpretación del papel de la Fundación Rockefeller y la clase corporativa en el desarrollo de la Medicina estadounidense [5]. Starr sostiene que el carácter y el poder de la medicina estadounidense es producto de su “autoridad cultural”, así como del poder político que movilizó. Atribuye la decisiva importancia de la Medicina estadounidense a la superación de la falta de credibilidad técnica por parte del público, tanto de las capas bien educadas como de las clases más pobres, a finales del siglo XIX. Cree que de este modo la Medicina ganó en autoridad cultural, por lo cual “sus definiciones y sus juicios prevalecieron como válidos y verdaderos”, y que esta autoridad ha permitido a la profesión médica ejercer el suficiente poder político como para proteger sus derechos sociales y sus intereses económicos.

Cabe señalar que la tesis de Starr sobre el papel de la autoridad cultural es similar a los argumentos que recojo en el capítulo 2 sobre el papel de la medicina científica en el incremento del estatus y el poder de la profesión médica. Sostengo que al emplear los métodos científicos, la profesión médica no sólo desarrolló técnicas más efectivas, sino que también obtuvo una credibilidad técnica más allá del progreso científico actual en la Medicina, una credibilidad que aumentó la legitimidad de la profesión en un mundo cada vez más dominado por la industrialización y la tecnología. La credibilidad técnica y la legitimidad social han sido armas importantes para sacar a la medicina de la situación ignominiosa en la que se encontró durante la mayor parte del siglo XIX. Sostengo que la Medicina Científica ha servido como una herramienta ideológica a los líderes de la profesión médica para elevar el estatus de la Medicina. Starr considera que la profesión médica ha ganado autoridad cultural debido a la creencia en su amplia competencia técnica extendida entre la población de maneras poco definidas. Todo ello ha dado un peso considerable a esta creencia para así crear una base popular que dé apoyo y aumente el poder económico y social de la profesión. Sin embargo, mi análisis se centra en las actuaciones de los líderes de la profesión para aprovechar esta legitimidad, mientras que el análisis de Starr sigue siendo un tanto ambiguo acerca de cómo esta autoridad cultural se tradujo en el poder para incrementar el estatus de la profesión.

También discrepamos en el papel que han jugado los poderosos grupos de presión ajenos a la profesión en la transformación de la Medicina estadounidense. En el capítulo 3.1 se argumenta que aunque la credibilidad de la Medicina estaba aumentando en muchos sectores públicos, uno de los principales apoyos vino de las instituciones Corporativas. Los filántropos aportaron unas sumas modestas para la construcción de hospitales, pero las fundaciones creadas por las grandes Corporaciones proporcionaron unas enormes cantidades para la construcción de facultades de medicina, laboratorios de investigación y hospitales. Aunque Starr reconoce su papel, reduce de manera implícita la importancia de su contribución, sin presentar pruebas que apoyen con claridad su interpretación. Starr no comparte mi análisis sobre la cuestión de por qué los dirigentes de estas fundaciones, y de la Fundación Rockefeller en particular, apoyaron tan generosamente el desarrollo de la Medicina, la reforma de la educación médica y la salud pública.

Frederick T. Gates, sentado, con el Dr. Simon Flexner, Director del Instituto Rockefeller de Investigación Médica.

Pero permítanme que describa primero lo que dice Starr acerca de mis puntos de vista, porque ahí radica uno de los problemas con sus críticas. A pesar de su elocuente prosa, Starr caricaturiza mis argumentos. Afirma que digo que “los capitalistas asumieron personalmente el control del desarrollo de la Medicina a través de las fundaciones” [7], observando que los responsables de la Fundación filantrópica Rockefeller se dieron cuenta del gran valor del papel cultural de la Medicina como un sutil sostenedor de la ideología dominante, señalando de forma sarcástica que “debo tener tener en mucho aprecio la fragilidad del Capitalismo para imaginar que podría haber sido amenazado por la homeopatía” [8]. Pero como el lector pronto observará, Starr distorsiona mis argumentos. Demuestro que los programas de la fundación fueron desarrollados y dirigidos no por John D. Rockefeller y Andrew Carnegie, los hombres que con su riqueza crearon las fundaciones, sino más bien por los responsables de la fundación, actuando como gerentes de los proyectos filantrópicos, con algo más de autoridad. Fue el reverendo Frederick T. Gates (no Rockefeller, sino un empleado suyo) quien actuó como gerente de la riqueza de Rockefeller y fue el arquitecto de las misiones filantrópicas relacionadas con la Medicina de la Fundación Rockefeller, y que articuló el papel que la Medicina podría desempeñar en la formación de la sociedad. Y fueron Gates y otros responsables quienes desarrollaron las estrategias mediante las cuales se asentaron y dieron forma a la Medicina.

A pesar de que la Junta Directiva de la Fundación Rockefeller temiera más tarde por el mantenimiento de las posiciones privilegiadas y hasta del Capitalismo [9], Gates estaba motivado por un deseo de mejora social, no por el miedo, cuando actuó como gerente del Instituto Rockefeller de Investigaciones Médicas. Como demuestran los archivos, se interesó por mejorar la salud de los trabajadores y con la difusión de la cultura industrial y las perspectivas ideológicas del Capitalismo hacia aquellos que tanto dentro de los Estados Unidos como fuera de él no las compartían. Para Gates, la Medicina podría mejorar la salud y la productividad de los trabajadores y las poblaciones si se asentaba científicamente y enfatizó la prevención y la curación. Entendía que era un vehículo especialmente favorable de transferencia cultural, porque la Medicina es “una obra que cala en todas partes” [10].

Mi interpretación de las opiniones de Gates no resiste eso de la “fragilidad del Capitalismo”, como sugiriera Starr. Al contrario, Gates fue un claro exponente y un ardiente defensor del valor social de la Medicina para la mejora y fortalecimiento del Capitalismo. Estas visiones y metas que Gates articuló, a menudo con gran pasión, dieron forma a las primeras estrategias médicas filantrópicas de la Fundación Rockefeller para mejorar la salud y el bienestar, como se describe en el capítulo 3. Y el programa estratégico de la Fundación Rockefeller se convirtió en tendencia para otras fundaciones. Starr atribuye la generosidad de Rockefeller hacia la investigación médica y la educación por el interés de los filántropos “en legitimar su riqueza y poder, demostrando públicamente su responsabilidad moral de manera congruente con los estándares culturales de una época que cada vez veneraba más a la Ciencia” [11]. Esta es una razón muy divulgada por biógrafos e historiadores autorizados por la Fundación Rockefeller, pero que tiene poco apoyo en los documentos que encontré en los archivos.

En su relato de las reformas de la educación médica, Starr hace hincapié en el desarrollo histórico y la creciente autoridad de la profesión médica y minimiza el papel de explícito liderazgo de las fundaciones filantrópicas como la Rockefeller o Carnegie. Sólo implícitamente reconoce el peso que tanto otros como yo [12] hemos dado a la fundación filantrópica Rockefeller en la reforma educativa, aunque no examina de manera crítica las evidencias que aportamos ni apoya su perspectiva alternativa. En mi opinión, Starr incluso minimiza la importancia de determinados responsables dentro de la Asociación Médica Americana (AMA), en cambio sí considera cambios institucionales desprovistos de una dinámica política que realmente provocara estos cambios. Aunque reconoce la importancia del poder político, Starr describe un proceso político difuso basado en la creciente credibilidad de la profesión médica. Por ejemplo, en su relato el Consejo de Educación de la AMA aparece como una consecuencia natural de los esfuerzos para mejorar la educación médica. Estos esfuerzos habrían comenzado con la reformas en Harvard por el Rector de la Universidad Charles W. Eliot en 1870, continúa con la fundación de la precursora de la Asociación de Colegios Médicos Americanos en 1890 y la apertura de la Escuela de Medicina Johns Hopkins en 1893 y se extiende a las reformas del nuevo siglo. En la narrativa de Starr, sólo ciertas personas destacarían en este proceso, en particular Eliot, que forzó las reformas en la Facultad de Medicina de Harvard frente a las renuencias de algunos y profesionales que se vieron sobrepasados por dichas reformas.

Starr ignora el papel de Arthur Dean Bevan (que ocupaba una silla en el Consejo de Educación Médica de la AMA), las relaciones entre Bevan y Henry S. Pritchett (Presidente de la Fundación Carnegie) y Abraham Flexner (autor del famoso estudio sobre las Escuelas de Medicina de Carnegie) y el importante papel de Frederick Gates en la reforma de la educación médica por parte de la Fundación Rockefeller. Bevan fue uno de los principales impulsores de la AMA para reformar la educación médica con el fin de mejorar la formación de los médicos y reducir su número, al mismo tiempo que aumentaban su estatus social y sus ingresos. Buscó conscientemente la legitimidad que la Fundación Carnegie podría proporcionar en los esfuerzos para mejorar la profesión (una transferencia de autoridad cultural, si así se quiere decir), esperando que tal legitimidad sirviera de ejemplo a otros filántropos que proporcionaran los fondos necesarios para la reforma educativa en la formación de los futuros médicos. Pritchett cumplió la petición de Bevan para que la fundación llevase a cabo una crítica “sin trabas” de las escuelas médicas estadounidenses y canadienses, manteniendo incluso en secreto la estrecha relación de la fundación con la AMA.

Gates contrató a Flexner para que dirigiera el programa de educación médica de la Fundación Rockefeller, que proporcionó cuantiosas sumas para la reforma de la educación médica. Gates apoyó los esfuerzos de reforma de la profesión, pero con algunos cambios: insistió en que las instituciones receptoras adoptaran la estricta política de tiempo completo en las facultades de medicina, haciendo de esta política la piedra angular de las labores filantrópicas de la Fundación Rockefeller, con una prodigiosa financiación para llevar a cabo las reformas. Gates se mostró inflexible con respecto a esta política, ya que la consideraba la forma de avanzar de la profesión médica, forzándola a satisfacer las necesidades de toda la sociedad en lugar de los propios intereses de la profesión. Gates creía que el mercantilismo en la profesión médica “limitaba los beneficios de la ciencia en favor de los ricos, cuando es un legítimo derecho de todas las personas por igual, y la salud pública requiere que así sea”. Pero como se muestra en el capítulo 3, las principales preocupaciones de Gates eran las de mejorar la productividad de los trabajadores de los Estados Unidos y otros lugares, e inculcar la aceptación del Capitalismo Industrial, y en particular el orden social predominante en el primer cuarto de este siglo. Gates era un destacado miembro de la clase corporativa y creía inequívocamente que estaba promoviendo los intereses que compartía con otros miembros de su clase.

Otras fundaciones han perseguido hasta el presente el objetivo de Gates de racionalizar la Medicina estadounidense para así satisfacer mejor las necesidades de la sociedad en lugar de estar dominada por grupos de interés dentro de la profesión. Pero a diferencia de muchos gestores de las fundaciones en los últimos años, Gates estaba dispuesto a emprender una batalla, utilizando como artillería las enormes cantidades de dinero aportadas por la fundación filantrópica de Rockefeller y de este modo subvertir las escuelas de medicina de los departamentos clínicos que estaban dominadas por médicos. Como argumento en el Capítulo 4, Gates finalmente perdió esta batalla, y la fundación se ha mostrado desde entonces más cauta en sus esfuerzos por racionalizar la Medicina [13].

Debido a estas omisiones y el correspondiente énfasis en la autoridad culturad de la profesión, el libro de Starr transmite la impresión de una progresión cultural en lugar de ofrecer las aportaciones, en un sentido y en otro, de grupos y líderes individuales, a menudo en medio de arduas luchas de intereses económicos y de estatus, como de diferentes ideas. Ciertamente, la aceptación y receptividad política y social por parte del público de una medicina basada en la Ciencia, o al menos asociada con la Ciencia, fue base para una importante reforma y mejora de la Medicina. Pero todo esto sólo fue una base necesaria de apoyo. Pero la verdadera fuerza, en mi opinión, de cambio estuvo en el poder político y económico proporcionado por los líderes de la profesión médica, que llevaron a cabo una campaña consciente. Y una de las fuentes más importantes de este poder fue una alianza, a veces fuerte y otras débil, con alguna de las agencias más ricas e influyentes del Capitalismo corporativo, las fundaciones creadas por los principales magnates de la Industria y dirigidas ocasionalmente por unos administradores visionarios.

Las fundaciones juegan hoy en día un papel mucho menos significativo en la configuración del sistema de atención sanitaria en los Estados Unidos que el que tuvieron desde principios del siglo XX hasta la década de 1930. En parte, este papel menos importante se debe a la mayor envergadura del sector de la salud en la Economía, el papel financiero del sector de los seguros privados y los programas gubernamentales, y a los recursos relativamente pequeños de las fundaciones. En 1983, el gasto de las fundaciones representó sólo el 0,2% del gasto nacional en salud. Las fundaciones aportaron 712 millones de dólares en ayudas para el sector de la salud, lo que supone una reducción sustancial respecto de los niveles de 1975 [14].

El enfoque de las grandes fundaciones, como la Fundación Robert Wood Johnson, es particularmente cauteloso. Eli Ginzberg ha identificado una serie de importantes desafíos en la política y la organización sanitaria que las fundaciones han evitado considerar, prefiriendo dar forma al sistema de manera marginal, absteniéndose de desafiar al Gobierno a a los grupos de interés establecidos dentro del Sistema de Salud. Por ejemplo, si bien las fundaciones han apoyado proyectos para mejorar los servicios de atención ambulatoria a pacientes de clase media y pobres, no se ha evaluado de manera crítica el predominio y centralidad de los hospitales en el Sistema de atención sanitaria ( a pesar de que los hospitales suponen el 40% del gasto total en atención sanitaria). Y aunque algunas fundaciones están explorando unos enfoques a pequeña escala para proporcionar atención sanitaria a cerca de 40 millones de estadounidenses que carecen de protección de seguro de salud, ninguno de esos enfoques se ha detenido en considerar las posibles ganancias que podrían obtenerse renovando nuestro pluralista sistema de Programa se seguros [15].

Las ayudas y estudios alternativos de estas fundaciones podrían suponer un importante desafío a la profesión médica, la Industria hospitalaria, la Industria de los seguros y a algunos políticos del Gobierno, lo que generaría controversias, conflictos políticos e interés por parte del público, todo ello en contra de los principios operativos de las fundaciones filantrópicas. A pesar de que las fundaciones parecen compartir con Frederick Gates un interés en racionalizar la atención sanitaria y apoyar el desarrollo de la investigación biomédica, ahora parece que se muestran tímidos en comparación con el enfoque a menudo polémico de Gates. Sin embargo, estos patrones actuales no pueden ser comprendidos completamente sin estudiar sus raíces entrando en la historia de las fundaciones y sus líderes, que ayudaron a moldear nuestra actual sistema sanitaria y las instituciones.

Referencias:

1. Ronald L. Numbers. «The History of American Medicine: A Field in Ferment.» Review in American History- 10 (1982). 245-63.

2. For a lucid discussion of this conflict, appropriately set in the history of the field, see Susan Reverby and David Rosner, «Beyond ‘the Great Doctors.'» in Reverby and Rosner, cds.. Health Care in America: Essays in Social History (Philadelphia: Temple University Press. 1979), pp. 3-16. Numbers, «History of American Medicine.» includes a brief discussion of the subject from a different point of view.

3. See. for example. Lloyd G. Stevenson. «A Second Opinion, » Bulletin of the History of Medicine. 54 (1980). 134-40. written by the editor because he disagreed with a favorable review.

4. Numbers. «History of American Medicine.»

5. Paul Starr. The Social Transformation of American Medicine (New York: Basic Books. 1982). pp. 227-29.

6 . Starr. Social Transformation, pp. 13-24. ‘.

7. Starr. Social Transformation, p. 227.

8. I. Ibid. ‘.

9. See pp. 130-32 and 167-71 of this book.

10. See p. 122 of this book.

11. Starr. Social Transformation, p. 122. Also see his comments about an article by Howard S. Berliner. «A Larger Perspective on the Ftautcr Report.» International Journal of Health Services, 5 (1975). 573-92.

12. Howard S. Berliner. A System of Scientific Medicine: Philanthropic Foundations in the Flexner Era (New York: Tavistock. I985).

13. On Bevan and the Carnegie Foundation, see pp. 138-52 of this book: on Gates, the Rockefeller philanthropies, and the full-time plan, sec pp. 155-76. For Starr’s view, see pp. 112-23 of his book.

14. Betty L Dooley. «Patterns in Foundation Health Giving.» Health Affairs. 6 (1987). 144-56.

15. Eli Ginzberg. «Foundations and thc Nation’s Health Agenda.» Health Affairs. 6(1987). 128-40. For additional evidence of Ginsberg’s argument, sec also Jeffrey C. Merrill and Stephen A. Somers. «The Changing Health Care System: A Challenge for Foundations.» Inquiry, 23 (1986), 316-21. and Jane Stein. «Health Care Foundations Take Long-Range View, says Aiken.»

Business and Health, 2 (October 1985). 46-49.

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