Argentinos contra Monsanto: “Tenemos el monstruo encima”

Inter Press Service (IPS)

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La guardia de infantería formada ante la entrada a la fábrica en construcción de Monsanto. Crédito: Fotograma de un vídeo colocado en la página de Facebook Acampe

MALVINAS ARGENTINAS, Córdoba, Argentina, 30 nov 2013 (IPS) – Había una vez trabajadoras hogareñas, comerciantes y empleadas municipales de un pueblo tranquilo en el centro de Argentina. Hasta que llegó Monsanto, la corporación estadounidense de biotecnología.

Inventora del herbicida glifosato y una de las principales fabricantes de semillas genéticamente modificadas del mundo, Monsanto construye una de sus plantas “más grandes” para acondicionar simientes de maíz en Malvinas Argentinas, municipio de 15.000 habitantes situado 17 kilómetros al este de la capital de la provincia de Córdoba.

La planta comenzaría a funcionar en marzo de 2014, pero la obra fue paralizada en octubre en medio de protestas y demandas judiciales de los vecinos, que desde el 18 de septiembre mantienen bloqueado el acceso al recinto.

Este sábado 30 por la mañana la guardia de infantería se presentó en el lugar, como muestra este video colocado en Facebook, y escoltó la salida de varios camiones que habían ingresado por la fuerza el jueves 28, cuando miembros del sindicato de la construcción irrumpieron en el campamento de vecinos intentando romper el bloqueo, lo que dejó más de 20 heridos.

A este movimiento vecinal no le gusta definirse como ambientalista ni que le atribuyan banderas partidarias. La mayoría son mujeres.

En Malvinas Argentinas todos conocen a alguien con problemas respiratorios o alergias que coinciden con fumigaciones sobre los campos de Córdoba, una de las mayores productoras de soja transgénica de este país.

Las denuncias de médicos también reportan casos crecientes de cáncer y malformaciones congénitas.

Pero todo se soportaba con estoicismo hasta que llegó Monsanto.

“Participo por el temor a la enfermedad y a la muerte”, dijo a Tierramérica la vecina María Torres. “Mi hijo ya está enfermo y si viene Monsanto va a ser peor”, agregó mientras caminaba en medio de una manifestación que acompañó esta periodista a mediados de noviembre.

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Un niño participa de la marcha desde la plaza central de Malvinas Argentinas hasta el predio bloqueado donde Monsanto intenta construir una planta. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS

Su niño de 13 años quedó en casa con sinusitis y hemorragia nasal. “Malvinas es un pueblo con mucha gente con los mismos síntomas”, se lamentó.

La mayoría de las aspersiones se realizan con Roundup, marca comercial del glifosato de Monsanto.

Según la Red Universitaria de Ambiente y Salud – Médicos de Pueblos Fumigados, la fumigación se expande por casi 22 millones de hectáreas plantadas con soja, maíz y otros cultivos transgénicos en 12 provincias argentinas en cuyos pueblos viven unos 12 millones de personas.

Eli Leiria se sumó a la protesta. Ella sufre problemas como pérdida de peso. Los médicos hallaron glifosato en su sangre. “Dicen que es como si un tornado hubiera pasado por mi cuerpo”, relató.

El biólogo Raúl Montenegro, de la Universidad Nacional de Córdoba y galardonado en 2004 con el Right Livelihood Award (premio Nobel Alternativo), explicó a Tierramérica que no hay monitoreos oficiales de morbilidad y mortalidad para comprobar si las crecientes dolencias que observan los médicos son efecto de los plaguicidas.

Tampoco existe un control adecuado de los contenidos de plaguicidas en la sangre, ni un monitoreo ambiental que detecte esos residuos en tanques de agua, por ejemplo, agregó Montenegro, presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente.

Esas circunstancias convierten a Argentina, y “a su modo también a Brasil“, en “paraíso” para empresas como Monsanto, opinó.

Las entidades del Estado que autorizan el uso de plaguicidas se apoyan en “su mayor parte en aportes técnicos de las propias empresas”, dijo.

Pero Argentina es también un “paraíso” de los transgénicos, cuya autorización depende de “información técnica principalmente aportada por las corporaciones biotecnológicas”, aseveró Montenegro.

Una planta de transgénicos “no es una fábrica de pan… fabrica veneno”, dijo el maestro Matías Marizza, de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida.

Montenegro cuestiona que la Secretaría de Ambiente de Córdoba autorizara la construcción sin haber contemplado el análisis de una comisión interdisciplinaria independiente.

El proceso de los transgénicos involucra “plaguicidas externos”, como los que se fumigan, y plaguicidas que “salen de adentro” de las semillas, como la proteína insecticida CryIAb que produce el propio maíz MON 810, explicó.

Cada grano de ese maíz tiene entre 190 y 390 nanogramos de ese componente, cuyos impactos en la salud y en la biodiversidad no están claros.

“En Canadá se encontró que mujeres embarazadas y no embarazadas tenían proteína insecticida en sangre”, lo que contradice la explicación de Monsanto: que esas proteínas son anuladas en el aparato digestivo, agregó el biólogo.

Según un documento de la Red Universitaria, las semillas de la planta de Malvinas Argentinas serán impregnadas de sustancias como propoxur, deltametrina, pirimifós, tryfloxistrobin, ipconazole, metalaxyl y sobre todo clotianidina, un insecticida prohibido en la Unión Europea.

Hasta ahora, las instalaciones han permanecido bloqueadas por cinco campamentos, con hombres y mujeres –algunas con sus hijos— alternándose para impedir la entrada de camiones.

Daniela Pérez, madre de cinco hijos, contó a Tierramérica que este “era un pueblo tranquilo”, donde la gente apenas se quejaba por problemas como la falta de pavimento.

“Ahora lo que está en juego es la salud de los niños. Nos da una impotencia… no hay nadie que nos defienda”, dijo.

Soledad Escobar tiene cuatro hijos que van a una escuela situada junto al predio de la planta.

“Me preocupan los silos y los productos químicos que usan. Con el cambio de clima en Córdoba tenemos viento todo el año y el colegio está al lado, yo vivo enfrente”, dijo.

“No es cierto lo que dicen la televisión y los diarios que hay metidos partidos políticos… la mayoría somos madres que tenemos miedo por nuestros hijos”, agregó Beba Figueroa.

Ellas aseguran que muchos vecinos no participan por temor a perder empleos municipales y ayudas sociales.

La manifestación que acompañó Tierramérica desde la plaza del pueblo hasta el “acampe”, tenía un clima festivo, al ritmo de coloridas murgas del carnaval rioplatense, muy diferente a la tensión y la violencia que se dispararían días después.

Como otros vecinos de este barrio obrero, Matías Mansilla, su esposa y su bebé salieron a la puerta de una casa humilde para ver el “carnaval por la vida”.

Mansilla no participa, pero apoya la causa “por las enfermedades que ha habido en otros lados”.

Una encuesta realizada por dos universidades y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas reveló que 87 por ciento de los entrevistados del pueblo quieren una consulta popular para decidir y 58 por ciento rechazan la planta de Monsanto.

Ni el gobierno provincial ni la empresa respondieron al pedido de entrevista de Tierramérica.

En varios textos publicados en su portal, Monsanto se dice comprometida con la “agricultura sustentable”. Un comunicado emitido en septiembre señala que la obra cuenta con “las aprobaciones correspondientes” del Concejo Deliberante de Malvinas Argentinas, y que el Estudio de Impacto Ambiental está en análisis del gobierno provincial.

Monsanto repudió las “campañas sucias que manipulan la información técnica para crear miedo” y “las mentiras, en nombre del ambientalismo,” que “enmascaran intereses espurios”.

En abril, el Tribunal Superior de Justicia provincial desestimó una solicitud de medida cautelar presentada por los vecinos para suspender la obra.

En estos meses, la represión policial no ha faltado y tampoco las amenazas.

Malvinas Argentinas es parte de un movimiento que crece en distintos lugares del mundo contra Monsanto.

En este pueblo las protestas llegaron a convocar a 8.000 personas, según Marizza. No es para menos, dice. “Tenemos el monstruo encima”.

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Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2013/11/argentinos-versus-monsanto-tenemos-el-monstruo-encima/

Argentina: problemas de salud y el uso de plaguicidas en la agricultura

Por Michael Warren y Natacha Pisarenko

Associated Press / Aurora Advocate, 18 de octubre de 2013

Argentina Agrochemicals

En esta foto de mayo de 2013 se pueden observar los envases vacíos de Roundup de Monsanto que son depositados en el centro de reciclaje de Quimili, provincia de Santiago del Estero, Argentina. En lugar de disminuir el uso de pesticidas, se ha multiplicado por 8, desde los 9 millones de galones en 1990 a los 84 millones de galones a día de hoy. El glifosato, ingrediente activo de Roundup es utilizado de 8 a 10 veces en mayor cantidad por acre que en Estados Unidos. Argentina no dispone de un estándar nacional de utilización de productos químicos, siendo la provincias y los municipios los que regulan su uso. El resultado es una mezcolanza de normas que se ignoran, exponiendo a las personas a sustancias peligrosas (Foto: Natacha Pisarenko de AP).

El trabajador agrícola argentino Fabián Tomasi nunca recibió ningún tipo de preparación para el manejo de pesticidas. Su trabajo consistía en llenar los tanques de los aviones de fumigación lo más rápidamente posible, quedando a menudo empapado por el pesticida. Ahora, a los 47 años, es un esqueleto viviente, se encuentra tan débil que apenas puede salir de su casa, en la provincia de Entre Ríos.

La maestra Andrea Druetta, que vive en la provincia de Santa Fe, en el corazón de la producción de soja, donde la fumigación de productos agroquímicos está prohibida a menos de 500 metros de las áreas pobladas, pero aún así se planta a 30 metros escasos de su puerta trasera. Sus hijos fueron rociados hace poco con productos químicos, mientras se encontraban en la piscina del patio trasero.

Sofia Gatica perdió a su hijo recién nacido por insuficiencia renal, presentando una denuncia que dio lugar a las primeras condenas en Argentina por fumigaciones ilegales. Pero el veredicto llegó demasiado tarde para muchos de los 5300 vecinos de Ituzaingó. Los estudios del Gobierno encontraron niveles alarmantes de contaminación por agroquímicos en el suelo y en el agua potable. El 80% de los niños a los que se les analizó la sangre tenían presencia de plaguicidas.

Argentina, con los cultivos biotecnológicos estadounidenses de soja, se ha convertido en el tercer mayor productor del mundo, pero los productos químicos no se limitan a los cultivos de maíz, soja y algodón.

Associated Press ha documentado decenas de casos en todo el país sobre la aplicación de pesticidas de manera contraria a lo establecido por los organismos de regulación o que prohíbe expresamente la legislación vigente. Los productos que se rocían contaminan escuelas y hogares, los suministros de agua, los trabajadores agrícolas reciben los productos químicos al no llevan ningún tipo de protección, e incluso las personas almacenan el agua en bidones que antes han contenido plaguicidas, bidones que deberían de haber sido destruidos después de su uso.

Los médicos advierten que el uso incontrolado de pesticidas puede ser la causa de los crecientes problemas de salud entre los 12 millones de personas que viven en el cinturón agrícola de esta extensa nación.

En Santa Fe, las tasas de cáncer son de dos a cuatro veces superiores a la media nacional. En El Chaco, los defectos de nacimiento se cuadriplicaron en la década posterior a la implantación de la agricultura biotecnológica, que se ha extendido ampliamente.

El cambio en la tecnología utilizada en la agricultura ha traído también un cambio en el perfil de las enfermedades”, dice el Dr. Merardo Ávila Vázquez, pediatra y neonatólogo, cofundador de Médicos de Pueblos Fumigados, un movimiento en crecimiento que exige la aplicación de normas de seguridad en la agricultura. “Hemos pasado de una población muy saludable a otra con altas tasas de cáncer, defectos de nacimiento y enfermedades raras que no habíamos visto con antelación”.

Argentina, que era conocida por la producción de carne a partir de ganado vacuno alimentado con pasto, ha sufrido una notable transformación desde 1996, año en que la Compañía Monsanto prometió que la implantación de sus semillas y sus productos químicos aumentaría los rendimientos de los cultivos y se reduciría el uso de pesticidas. Hoy en día, toda la cosecha de soja de Argentina y casi todo el maíz y algodón está modificado genéticamente, habiéndose triplicado el cultivo de la soja, pasando a 47 millones de acres (19 millones de hectáreas).

Si bien al principio disminuyó el uso de pesticidas, posteriormente ha ido aumentado, multiplicándose por 8 su uso, desde los 9 millones de galones (34 millones de litros) en 1990 a más de 84 millones de galones (317 millones de litros) a día de hoy, debido a que las plagas y las malezas se volvieron resistente a los plaguicidas. En general, se estima que los agricultores argentinos aplican en torno a 4,3 libras de concentrado de pesticidas por hectárea, más del doble de lo que emplean los agricultores estadounidenses, de acuerdo con un análisis de AP a partir de los datos sobre el uso de pesticidas obtenido de la Industria y del Gobierno.

El glifosato, ingrediente activo de Roundup de Monsanto, es uno de los pesticidas más utilizados en todo el mundo. Las agencias de regulación de Estados Unidos y la Unión Europea, entre otras, han determinado que es seguro si se utiliza correctamente. Incluso la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos elevó los niveles permitidos de residuos de glifosato en los alimentos, en base a los estudios realizados por Monsanto: “No hay certeza razonable de que ocasione perjuicio a las personas, los lactantes o los niños por acumulación en la exposición”.

Argentina Agrochemicals

Foto de 31 de marzo de 2013. Erika y su hermana gemela Macarena, que sufren una enfermedad respiratoria crónica, juegan con los envases de productos químicos, que son utilizados para almacenar agua con la que limpiar el retrete, dar de beber a las gallinas o lavar la ropa, cerca de la ciudad de Avia Terai, en la provincia de El Chaco, Argentina. La madre de los gemelos, Claudia Sariski, dice que no deja a los niños beber el agua de los envases desechados de pesticidas (Foto: Natacha Pisarenko, AP)

En Argentina, 23 provincias han regulado el uso de pesticidas en la agricultura, pero las normas varían de una a otra

La fumigación se ha prohibido a menos de 3 kilómetros de áreas pobladas en algunas provincias, pero en otras sólo se establece una distancia mínima de 50 metros. Alrededor de un tercio de las provincias no establecen ningún tipo de límite, y la mayoría carece de políticas detalladas de aplicación.

Una ley ambiental de carácter nacional establece que las sustancias tóxicas no se pueden aplicar si suponen una amenaza para la salud pública, aunque la relación no se haya probado científicamente, sin importar el coste o las consecuencias, pero nunca se ha aplicado en la agricultura, según reveló una auditoría general el año pasado.

En respuesta a las crecientes quejas, la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández, ordenó la creación de una comisión en 2009 para estudiar el impacto en la salud por la fumigación de productos químicos usados en la agricultura. El Informe dice: “se realizarán controles sistemáticos de control de herbicidas y sus compuestos… mediante estudios de campo que implican las formulaciones de herbicidas a base de glifosato, así como sus interacciones con otros productos agroquímicos que utilizan en nuestro país”.

Pero la Comisión no se reúne desde 2010, según la auditoría general. Los funcionarios del Gobierno insistes que no se trata de una falta de investigación, sino por la desinformación, lo que influye en las emociones de las personas.

Se han visto gran cantidad de documentos, encuestas, vídeos, artículos de prensa y estudios en las Universidades, y nuestros ciudadanos al leer esta información quedan confusos”, dijo el Secretario de Agricultura Lorenzo Basso. “Creo que tenemos que dar a conocer el compromiso de Argentina al ser un productor de alimentos. Nuestro modelo como nación exportadora ha sido puesto en duda. Tenemos que defender nuestro modelo”.

En una declaración escrita, el portavoz de Monsanto, Thomas Helscher, dijo que la Compañía “no tolera el mal uso de los pesticidas o la violación de las leyes que regulan su uso, los reglamentos o resoluciones judiciales. Monsanto insiste en que se debe administrar el producto con precaución y con regularidad mantenemos contacto con nuestros clientes sobre el uso adecuado de nuestros productos”.

http://www.auroraadvocate.com/ap%20financial/2013/10/18/argentines-link-health-problems-to-agrochemicals

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Argentina: carta enviada al Papa sobre la posición de la Iglesia respecto a los transgénicos

GMWatch, 31 de julio de 2013

http://www.gmwatch.org/index.php?option=com_content&view=article&id=15001:cardinal-turkson-say-qnoq-to-gmos

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Querido David Andrews,

A raíz de su carta abierta al cardenal Peter Turkson, queremos compartir con ustedes la carta abierta que algunos miembros del Grupo de Reflexión Rural de Argentina envió al Papa Francisco hace unos meses.  Sabemos que la carta fue recibida por su oficina, pero no se sabe si Francisco leyó.  No dude en hacer circular nuestra carta y ponerse en contacto con nosotros si cree que será útil para el propósito de detener la aprobación por parte del Vaticano de las semillas modificadas genéticamente por favor.
Con los mejores deseos,
Stella Semino

Buenos Aires, Rep. Argentina, abril 2013

Su Santidad,

En primer lugar, ofrecemos a nuestros afectuosos saludos y felicitaciones por su elección como Obispo de Roma por el Colegio de Cardenales.  Creemos que va a guiar al pueblo de Dios con caridad, y la esperanza de que su mandato es de una gratificante.  Como siempre, te pedimos que usted será capaz de llevar a cabo la enorme tarea que tiene por delante.

Nos gustaría recordarle una reunión que tuvimos con usted en la Arquidiócesis de Buenos Aires, donde estuvimos acompañados por Mario Cafiero y su esposa Amalia.  En esa ocasión, le presentamos las conclusiones de una larga campaña que estábamos llevando a cabo en contra del uso de agrotóxicos para la fumigación.  La campaña se denomina DETENER LA FUMIGACIÓN y fue coordinado por el Grupo de Reflexión Rural.  Durante nuestro encuentro, os hablamos de las dolorosas consecuencias de esta proyección.  Hemos descrito lo que habíamos registrado a lo largo de varios años de recopilación de información y las campañas en contra de este monocultivo y su modelo de agricultura química, la expulsión forzada de poblaciones, y la contaminación ambiental.  Las pruebas que hemos reunido nos ha afectado profundamente, como hemos descubierto los efectos y consecuencias de las fumigaciones químicas en poblaciones enteras, sobre todo en los niños graves y generalizadas.

No era conveniente ampliar este tema en la reunión, ya que no queremos sobrecargar a usted.  Sin embargo, ahora se ha convertido en relevante para llevar este asunto a su atención, teniendo en cuenta las responsabilidades que llevas a nivel mundial en su nuevo papel como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.  En nuestra reunión hemos hablado de la aplicación en la Argentina del modelo de producción y modo de vida introducidas durante esta fase de la llamada globalización económica.  Nos referimos a algo que, desde una perspectiva rural, que se conoce como agroindustria, y es parte del modelo extractivo que destruye los medios de vida, la paz y la felicidad de las comunidades campesinas.  Este modelo se implementó en Argentina durante la década de 1990 en la parte trasera de las ruinas dejadas por el Terrorismo de Estado, y que implicaba la creación de una economía agro-exportación de materias primas y bienes primarios para satisfacer las necesidades de los mercados globales.  En nuestro país, el modelo se basa en la decisión política que Argentina, que había sido una vez la canasta de cereales del mundo y un productor de alimentos sanos y de alta calidad, se puede transformar en un productor de forraje animal, en primer lugar, para proporcionar forraje para el ganado europeo, y luego para el ganado en China.  Estas decisiones fueron tomadas sin el conocimiento del pueblo argentino.  De la misma manera, se toman medidas similares en todo el mundo, a espaldas de la opinión pública, sin permitir que la población de su derecho soberano y la libertad de elegir los métodos de producción y las formas de vida que les garanticen una vida digna y que respeten y el cuidado de la Creación.  Esto implica el sometimiento a las corporaciones multinacionales, una sumisión que, no nos cabe duda, significará nuevas y más terrible forma de colonización.

En Argentina, los monocultivos de soja y otras semillas genéticamente modificadas han avanzado a un ritmo tremendo.  Aunque imperceptible para las personas que viven en las ciudades, la tragedia es que han diezmado las poblaciones rurales.  El área cubierta por estos monocultivos ha alcanzado la cifra aterradora de 24 millones de hectáreas, y que ocupan una gran parte de nuestras tierras agrícolas.  Lo que está en riesgo aquí no es la Soberanía Alimentaria, que se perdió hace años, pero la seguridad alimentaria de la población.  Estos desiertos verdes no familiares se rigen por la biotecnología y los derechos de patentes aplicadas a la vida por las corporaciones multinacionales.  Nada es sagrado para ellos, y han desplazado a millones de personas que ahora están desarraigados y desterritorializado.  Estas poblaciones rurales están amontonados alrededor de las periferias urbanas de los nuevos súper-ciudades.  Las consecuencias de la urbanización compulsiva que confunde la vida urbana con el supuesto progreso es responsable de la marginación, la fragmentación social, la inseguridad extrema, la mala alimentación, el aumento de los niveles de la enfermedad, la trata de personas, programas de ayuda, y el narco-poder en los barrios de chabolas.  Además, los desastres ambientales recurrentes atribuibles al cambio climático se agravan por las prácticas destructivas de desarrollo de esta nueva agricultura y el desinterés político de los supuestos líderes.  Estas son las consecuencias naturales de la urbanización compulsiva que confunde la vida urbana con el supuesto progreso.  Millones de seres humanos han sido condenados a una vida en la que cada día está lleno de adversity.They vivo dentro de una sociedad de consumo que carece de cualquier rastro de la dirección espiritual, y sus perspectivas de futuro parecen consistir en sucesivas catástrofes.

A nivel global, la imposición de los modelos impulsados ​​por las corporaciones y los mercados globales ha aumentado las cifras de hambre en el mundo a más de mil millones de seres humanos.  La gran mayoría de los afectados también han sufrido de la expatriación, la desertificación de la tierra, la contaminación de sus aguas.  Muchos se han visto obligados a abandonar sus raíces y recuerdos y encontrar trabajo como empleadas en metrópoli distante.  Esta situación no sólo es terrible, sino que también es global.  La declaración hecha por monseñor Turkson el 5 de enero de 2011 es prueba de ello:

* «Si los agricultores africanos tuvieron un mayor acceso a la tierra cultivable fértil, a salvo de los conflictos armados y los contaminantes, no necesitarían los cultivos genéticamente modificados con el fin de producir alimentos».  Obligar a los agricultores a comprar semillas patentadas

* «Reproduce el clásico juego de la dependencia económica», que de alguna manera es como «una nueva forma de esclavitud»

* A pesar de esto, muchos gobiernos del Tercer Mundo han sido conquistados por las promesas de prosperidad asumido que este llamado progreso traerá.  Están regalando sus tierras más fértiles a la agroindustria ya los fondos de inversión que garantizan alimentos para los ricos y poderosos, aunque esto implica costos sociales y ecológicos de proporciones monstruosas.  Esta situación se está produciendo en nuestro país, tanto como en África y en Asia.  Las poblaciones rurales parecen ser excedente para las necesidades de este modelo de saqueo y genocidio.

El hecho de que más de mil millones de seres humanos padecen hambre es una estadística impactante.  Es comprensible que, como una institución que actúa como una brújula moral de la justicia y la armonía social, la Iglesia se verá afectado por esto y, más recientemente, se han tratado de encontrar soluciones a esta terrible tragedia a través de sus Academias Pontificias.  Existe el riesgo de que, en lugar de abordar estos temas cruciales y reflexionar sobre los acontecimientos que nos han llevado a esta terrible situación, aceptamos propuestas engañosas que nos dicen que tenemos que seguir por el camino que sin duda nos llevarán hacia el abismo del mundial catástrofe y la pérdida de nuestra propia humanidad.  Por desgracia, nos tememos que algunos miembros de la Iglesia han tomado este camino.  En mayo de 2009, cuando Su Santidad estuvo en Roma, le enviamos un documento que contiene información sobre este tema.  Lamentablemente, no hemos podido confirmar que en realidad lo hubieras recibido.  Enviamos el documento con nuestro embajador en la Santa Sede.  En él hemos hablado en contra de una reunión que tendrá lugar en ese momento, la Semana de Estudio de las plantas transgénicas para la seguridad alimentaria en el contexto del desarrollo «, que también fue sub-titulado» Limitaciones para Introducción Biotech para el Alivio de la Pobreza.  Esta reunión científica presuntamente se llevaba a cabo en la Academia Pontificia de las Ciencias y se incluye una amplia representación de la Corporación Monsanto y el biotecnólogo Moisés Burachik, que representaba el gobierno argentino.  Durante semanas se intentó, sin éxito, para que nuestro desacuerdo oído, o que se le permita participar para que otros puntos de vista pueden ser escuchados, pero no recibió respuesta.  El tema en cuestión no es insignificante.  Estamos convencidos de que ciertas corporaciones mundiales necesitan el apoyo moral de los líderes religiosos, a fin de impulsar las políticas de biotecnología que son aún más audaz que las políticas que han aplicado hasta la fecha.  Los supuestos éxitos científicos que se promueven a través de la propaganda ocultan las consecuencias devastadoras de las políticas corporativas.  También pasan por alto el hecho de que, cada día, cada vez hay más pruebas que demuestran que las teorías sobre la modificación transgénica no sólo son obsoletos, pero completamente equivocada, ya que se basan en suposiciones que ahora se han demostrado ser falsa, por ejemplo, la identificación mecánica de características específicas de un gen.  Sin embargo, el problema actual es el inmenso poder global de la industria de la biotecnología y su enorme capacidad para influir en el pensamiento y para ganar contratos.

Aparte de los posibles riesgos de OGM a la humanidad, queremos subrayar nuestra convicción sobre el creciente problema del «hambre en el mundo».  La solución no vendrá de un número creciente de empresas agropecuarias.  Por el contrario, hay una necesidad de aumentar el número de trabajadores rurales y los pequeños y medianos productores que tienen vínculos de larga data con la tierra y el cultivo de alimentos.  Como comunidad y como Iglesia, no podemos dejar de lado este tema.  Creemos que la estrategia de la Academia Pontificia de las Ciencias dentro de este campo debe someterse a una reorganización radical.  Además, hay que re-enfocado para que incorpore otros puntos científicos de referencia cuya prioridad es el amor por la vida, la humanidad y la creación, y que no están motivados por las ganancias corporativas, la eficiencia tecnológica o ganancia científica.

Esto puede requerir un poco de esfuerzo por parte de Su Santidad, y le pedimos que contar con nosotros y nos tenga en cuenta para proporcionar todo el apoyo necesario.  En los últimos años, se ha difundido el concepto de Ecoteología en reuniones ecuménicas y de Internet para animar a los católicos a recuperar sus valores de cuidado de la creación y buscar inspiración espiritual en la Naturaleza y la environment.We respetuosamente a nuestro Santo Padre para escuchar nuestras palabras y confían en que van a estar de servicio.  Pedimos la bendición de Su Santidad.

Muy respetuosamente,
Adolfo Boy
Stella Semino
Lilian Joensen
Fernando Rovelli
Federico Aliaga
Jorge E. Rulli
GRR Grupo de Reflexión Rural