Protestas en Italia: tutti a casa

Por Leonardo Mazzei, 22 de diciembre de 2011

Dissident Voice

Imagen: L'eco di Bergamo

Imagen: L’eco di Bergamo

Los medios de comunicación internacionales han decidido dar escasa información, pero desde hace dos semanas Italia es un hervidero de protestas. Desde el Noreste hasta Sicilia un movimiento llamado los forconi (los que blanden horcas) está sacudiendo el país. El nombre de forconi procede de Sicilia, pero sólo es uno de los componentes de las movilizaciones, a las que dan nombre.

Las protestas comenzaron el pasado 9 de diciembre, convocadas por organizaciones autónomas de trabajadores, por campesinos, camioneros y pequeños empresarios, pero participan los amplios sectores de la población afectados por la crisis, y especialmente por la política impuesta por la Unión Europea.

El principal instrumento de lucha es el bloqueo de carreteras. También se han ocupado estaciones de peaje de las autopistas, bloqueando por completo el tráfico o, en la mayoría de los casos, ralentizándolo. Los activistas distribuyen folletos, los conductores se detienen, así en más de 135 localidades italianas.

Sin embargo, en otros lugares las protestas fueron más airadas. En Turín, las actividades comerciales se paralizaron durante tres días. En Génova y en pueblos pequeños, los trenes fueron bloqueados, y en Perugia fue ocupada la sede del partido en el Gobierno. Numerosos cortes de carretera se produjeron en la provincia de Venecia, donde se sumaron a las protestas los estudiantes de secundaria ( más seguida en los centros de los localidades pequeñas que en los de las grandes ciudades).

Un elemento nuevo es que amplios sectores de la población han participado en las movilizaciones, superando a la modesta influencia de las fuerzas que constituyen el Comité 9 de diciembre. Dicho de otra manera: bastaba una señal para que la gente se movilizase, sacando a la calle a personas que nunca habían participado en protestas o estaban al margen de la situación.

Junto a la pequeña burguesía empobrecida, sacrificada en los altares de la Globalización, estrangulada por una presión fiscal insostenible, trabajadores jóvenes, precarios, no sindicalizados, sin ninguna conciencia de clase tradicional, pero ahora conscientes de que el futuro sólo les depara miseria y explotación, adquiriendo un mayor protagonismo.

¿Cuál es el objetivo de las protestas? A diferencia de lo que podría parecer, y esto también es algo nuevo, no hay demandas parciales de tipo sindical o peticiones categóricas. El objetivo es un reto político: no sólo pretenden echar abajo el Gobierno de Letta, sino hacer correr en desbandada a todo el Parlamento y al Presidente de la República, Napolitano. El lema principal es “tutti a casa” (todos a casa), que a primera vista parece algo muy genérico y apolítico. Sin embargo refleja la necesidad de un cambio político radical para acabar con las políticas de la UE. Este “todos a casa” se ve reforzado por la reciente sentencia del Tribunal Constitucional que ha derogado la Ley Electoral de 2005, y que sirvió de base para la actual legislatura.

Se siente una fuerte necesidad de recuperar la soberanía nacional y monetaria ( la oposición a la UE es uno de los rasgos comunes de las protestas), y se hace una defensa de la Constitución. Se reprocha tanto al Gobierno como al Presidente de traicionar la Constitución.

El Gobierno entiende que esta revuelta del 9 de diciembre puede llegar a convertirse en un desafío. Los serviles medios de comunicación difaman al movimiento, que dicen está controlado por la extrema derecha.

El carácter políticamente contradictorio de las protestas no debería sorprender dadas las fuerzas sociales involucrada en ellas, teniendo en cuenta las tres décadas en las que las formas tradicionales de lucha de clases ha ido decayendo progresivamente, dada la descomposición social provocada por las transformaciones de la producción, promovidas por la Globalización y el Capitalismo. Si se añade la actitud distante y elitista de la mayor parte de la izquierda, entonces se puede entender el espacio que han ido ganando algunas de las formaciones de derechas.

La izquierda está muy poco presente dentro de esta lucha. Salvo el Movimiento de Liberación Popular (MPL), sólo están algunos pequeños grupos y algunos centros sociales del norte. La izquierda debe estar lista para entrar si se quiere evitar la posibilidad de un giro hacia la derecha del movimiento. Ya se está observando una cierta consideración por parte de Refundación Comunista, pero con la única posibilidad de que tenga el status de observador.

En este contexto, se produjo una escisión dentro del movimiento. Una parte de la coordinadora nacional se pronunció en contra de la manifestación organizada para el 18 de diciembre en Roma. Esta manifestación fue sin duda una decisión equivocada, no sólo porque la derecha tomó la iniciativa, sino porque generó desconfianza y desilusión. La protesta resultó ser un fracaso.

Apoyamos la decisión de la Coordinadora Nacional de no participar en la manifestación de Roma, prefiriendo las movilizaciones locales. Hoy en día es prioritario la construcción de comités provinciales y así mejorar la coordinación a nivel nacional. Sólo de esta manera se puede entrar en una nueva fase de desarrollo, con un programa político coherente, de modo que el movimiento se convierta en una fuerza realmente combativa.

Procedencia: http://dissidentvoice.org/2013/12/italy-in-revolt/#more-52307

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