Avanzando hacia las condiciones de trabajo de Bangladesh


Por supuesto, los trabajadores organizados se han dado cuenta de que una vez neutralizado el movimiento sindical, la Economía no sólo se convierte en un mercado de vendedores extravagantes y desequilibrados, sino que la pinza será cada vez más brutal de lo que nunca se hubiera imaginado.

Por David Macaray, 7 de abril de 2010

Sin lugar a dudas los sindicatos están pasando malos momentos. Las personas jóvenes de entre veinte y treinta años no sólo creen que Ronald Reagan fue uno de los más grandes presidentes de los Estados Unidos ( porque “ganó a los rusos”), sino que culpan a los sindicatos de los problemas económicos. Es cierto. Culpan a los sindicatos de haber perdido su empleo.

Eso sí, esto no es ni Wall Street ni la Cámara de Comercio donde se dicen estas tonterías. Son los jóvenes de la clase trabajadora lo que dan esta opinión. Y en vez de ver a la clase obrera organizada como una organización que apuntala la clase media, lucha por unos salarios decentes y por otros beneficios, han llegado a la feliz conclusión de que los sindicatos son un perjuicio, no un beneficio.

¡Cuánto han empeorado las cosas! Basta contemplar un evento muy publicitado que tuvo lugar recientemente en Maine. Paul LePage, el Gobernador Republicano del Estado, se oponía a que las contribuciones del movimiento obrero estadounidense se hiciesen públicas, insistiendo en la eliminación de los 11 paneles que forman un mural de 36 pies de largo que representan la historia del movimiento obrero de Maine, con el argumento de que hay que dar las mismas oportunidades a las Corporaciones y los Intereses Empresariales.

De acuerdo con Adrienne Bennett,, portavoz de la oficina de Lepage, el Gobernador cree que el mural (pintado por el reconocido artista Judy Taylor y que se ha instalado en el Departamento del Trabajo) está muy sesgado en un sentido, demasiado comprensivo en la mano de obra con los intereses empresariales, especialmente en este momento en el que LePage está siguiendo una agenda singularmente favorable para las empresas.

Si esta actitud no fuera tan tremendamente deprimente, sería cómica, hilarante, como para hacer un sketch cómico para la televisión. Algo parecido a lo que ocurre en History Channel, donde un programa glorifica la vida de Harriet Tubman y Frederick Douglass, y se argumenta que el espectáculo es muy pro-negros, pero nada se dice de la trata de negros o de los que abogan por la supremacía de la raza blanca.

Otro indicio de lo mal que están las cosas es la inestabilidad de la Industria de Automoción. Bob King, presidente del otrora ilustre Sindicato United Auto Workers (UAW), anunció recientemente que su sindicato va a realizar una histórica unificación con la organización American South, y que este esfuerzo va a suponer una lucha a vida o muerto por la supervivencia de la UAW.

¿Por qué este esfuerzo supone una “lucha a muerte”? Debido a que la unión resulta eficaz para su mantenimiento. Las fábricas del Sur ya representan casi la mitad de todos los vehículos fabricados en los Estados Unidos y la cifra sigue creciendo a medida que las compañías automovilísticas se trasladan a Dixie. Desde el año 2007, el número de empleados de la Industria de Automóviles que pertenecen a un sindicato se ha reducido en un 46%. En 2007 había 345.407 afiliados a los sindicatos en la rama de la Industria del Automóvil, y hoy en día sólo hay 185.522.

Detroit sigue hundiéndose, mientras el Sur sigue creciendo. Sorprendentemente, antes de la apertura de la planta de Kia en 2009 en West Point, se presentaron 100.000 solicitudes para 2100 puestos de trabajo. Pero con el fin de mantener un buen punto de apoyo ( y en contra de la ley de la oferta y la demanda), Kia ofrece sabiamente altos salarios y generosos beneficios. Para la gente de West Point, la planta de Kia fue un regalo del cielo, el mejor trabajo que nunca habían visto.

Por supuesto, los trabajadores organizados, y otros, se han dado cuenta de que una vez neutralizado el movimiento sindical, la Economía no sólo se convierte en un mercado de vendedores extravagantes y desequilibrados, sino que la pinza será cada vez más brutal de lo que nunca se hubiera imaginado.

Sin la influencia de los sindicatos, ( los trabajadores no afiliados mantienen su salario y beneficios debido a la existencia y por la presión de los sindicatos) se va a entrar en un verdadero mercado libre de la mano de obra, a voluntad del empresario… y eso no va a resultar beneficioso para el obrero.

Tenga en cuenta lo siguiente: Con más de 100.000 solicitudes para acceder a 2100 puestos de trabajo y sin la preocupación de tener en frente a los sindicatos, ¿ por qué una empresa va a pagar salarios más altos? ¿Por qué una empresa, cualquier empresa, va a soltar más dinero de lo imprescindible?

Sin la resistencia de los sindicatos, la ley de la oferta y la demanda impulsará una carrera inexorable hacia la degradación. Y en lugar de convertir Alabama en el nuevo Detroit (como dice la publicidad en papel satinado), se va a parecer esto a las condiciones de trabajo de Bangladesh.

 

David Macaray, dramaturgo de Los Angeles y autor (Nunca ha sido más fácil: Ensayos sobre el Trabajo Moderno), fue un representante sindical. Pueden comunicarse con él en: dmacaray@earthlink.net .

 

http://dissidentvoice.org/2011/04/are-we-losing-our-last-best-hope/#more-31681