Nuevos estudios sobre los insecticidas neonicotinoides y las abejas

Por Dan Charles, 29 de junio de 2017

The Salt

Investigadores del Centro de Ecología e Hidrología en un cultivo de colza, en el Reino Unido. Imagen cortesía del Centro de Ecología e Hidrología.

En el debate mundial sobre los insecticidas neonicotinoides, la Empresa que fabrica la mayor parte de estos insecticidas está recurriendo a un argumento para defender su producto: que estas sustancias químicas, los comúnmente llamados “neónicos”, se han catalogado como perjudiciales por estudios que se han realizado en condiciones artificiales, mediante alimentación forzada en los laboratorios, en lugar de considerar las condiciones reales de los campos de cultivo. Esta Empresa, Bayer, afirma en su página web que “no se observaron efectos adversos en las colonias de abejas en los estudios de campo realizados en condiciones reales de exposición”.

Bayer tendrá a partir de ahora mayores dificultades para defender este argumento, aunque todavía dispone de otro argumento en la recámara.

Esta semana, la prestigiosa revista Science informa de los resultados del mayor estudio de campo que se ha llevado a cabo sobre las abejas y los insecticidas neonicotinoides, que suelen recubrir las semillas, por ejemplo del maíz y la soja antes de la siembra. Los científicos controlaron las abejas, tanto las abejas melíferas como dos tipos de abejas silvestres, en 33 lugares diferentes de Europa (Reino Unido, Alemania y Hungría). En cada uno de estos lugares, se colocaron las abejas cerca de campos de colza. En algunos de estos campos se habían empleado semillas tratadas con insecticidas neonicotinoides, junto con algún fungicida estándar. En otros campos sólo se habían utilizado semillas de colza tratadas con fungicidas.

En la mayor parte de estos sitios, sobre todo en Hungría y el Reino Unido, las abejas que se alimentan en los campos de colza con las semillas tratadas con insecticidas neonicotinoides corrieron peor suerte que aquellas que viven alrededor de los campos de colza de semillas no tratadas. Cuando las abejas se exposieron a los insecticidas neonicotinoides, las abejas melíferas y las abejas silvestres tuvieron más dificultades para reproducirse, y menos colonias de abejas sobrevivieron al invierno.

El científico que dirigió el experimento, Richard Pywell, del Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido, calificó los resultados como de “motivo de preocupación”.

Pero el estudio también descubrió un cuadro un tanto complicado, porque los resultados fueron muy diferentes en Alemania. Allí, las colonias de abejas parecían tener menos problemas a pesar de vivir cerca de campos de colza tratados con neonicotinoides. De hecho, las colonias de abejas cercanas a estos campos produjeron más huevos y más larvas, si bien menos colonias sobrevivieron al invierno, la diferencia no fue estadísticamente significativa.

Sin embargo, Pywell no parecía molesto por esta discrepancia en los resultados: “Creemos que este resultado es muy interesante, que esto puede explicar de algún modo la inconsistencia de los resultados de estudios anteriores”.

Aparentemente, las condiciones del ambiente local juegan un papel importante en si las abejas sufren daños por los insecticidas neonicotinoides: “Creemos que otros factores interactúan con la exposición a los neonicotinoides en los efectos perjudiciales sobre las abejas silvestres y las abejas melíferas”.

Pywell no sabe exactamente cuales son esos “otros factores”, su experimento no estableció como objetivo el examinarlos. Pero sí dio algunas pistas.

Las abejas melíferas de Alemania lograron encontrar una variedad mucho mayor de flores para alimentarse, mientras que en Hungría y el Reino Unido, del 40% al 50% del polen recogido por las abejas procede de las flores de colza; en Alemania sólo es del 10%. En Hungría, dice Pywell, las abejas están rodeadas de enormes campos de colza, y en el Reino Unido, “debido a la expansión de la agricultura industrial, se han perdido muchas de las flores silvestres, y prácticamente sólo quedan las flores de los cultivos en primavera”.

Además, las abejas melíferas de Alemania estaban relativamente libres de parásitos, en comparación con las abejas del Reino Unido y de Hungría.

Pywell sospecha que las abejas son muy vulnerables a los insecticidas neónicos cuando dependen de los cultivos tratados con estos insecticidas y cuando ya están muy debilitadas por las enfermedades.

Esto es lo que Jeffrey Donald, un portavoz de Bayer, dijo en un correo electrónico enviado a The Salt: “El estudio muestra que cuando las colmenas están sanas y relativamente libres de enfermedades y tienen acceso a diversas plantas, los insecticidas neónicos no representan un peligro para la salud de las colmenas”.

Curiosamente, este estudio estuvo financiado en parte por Bayer y otro fabricante de insecticidas neonicotinoides, Syngenta, pero Pywell dice que su equipo de investigadores “trabajó de forma muy independiente”.

En otro estudio de campo, también publicado esta semana en Science, un equipo canadiense de investigadores midió los niveles de insecticidas neonicotinoides a los que estaban expuestas las abejas en varios lugares de Ontario y Quebec. Compararon las colonias situadas cerca de los campos de maíz con las que estaban situadas más lejos.

La primera sorpresa fue que las abejas traían polen de campos contaminados con neonicotinoides durante la mayor parte de la temporada de cultivo, tres o cuatro meses. La siguiente sorpresa fue que la mayor parte del polen, el 99%, provenía de plantas silvestres, no del maíz o de la soja”, dijo Amro Zayed, profesor de Biología de la Universidad de York, en Toronto.

Zayed dice que, aparentemente, los residuos neónicos de los campos de cultivo se disuelven en las aguas subterráneas, y algunos son absorbidos por las raíces de las plantas silvestres.

Zayed y sus colegas no controlaron la salud de las abejas en el campo, pero trataron de replicar la exposición a los insecticidas neónicos que se produce en el campo con las abejas del laboratorio. Lo que encontraron: las abejas expuestas a los neonicotinoides no mantenían sus colmenas tan limpias y perdían sus reinas con mayor frecuencia.

Nigel Raine, especialista en abejas de la Universidad de Gueph, Ontario, dice que estos experimentos han ayudado a completar detalles de una imagen que los científicos aún no entienden del todo: “La historia de las abejas es complicada, pero todos estos estudios, considerados en su conjunto, nos dan las primeras evidencias de que puede haber un impacto medible en aspectos importantes del desarrollo de las colonias y supervivencia de éstas”.

El estudio europeo muestra lo complicado de este cuadro, que los insecticidas neonicotinoides afectan a las abejas, pero también revela la importancia de otros factores.

No debemos ocuparnos sólo de los insecticidas, que son parte del problema, pues si sólo no fijamos en eso y luego simplemente decimos ¡vale!, que el problema ya está arreglado, no creo que consigamos nada. Tenemos que ser claros sobre cómo influye el medio, tanto urbano como agrícola, y cómo un medio más natural favorece la biodiversidad y la salud de los polinizadores”.

Las Agencias de Regulación europeas han establecido una moratoria parcial sobre el uso de los insecticidas neonicotinoides.

En los Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) está examinando de cerca estos insecticidas, pero no ha propuesto ninguna nueva restricción en su empleo.

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Científicos queridos y detestados por la Industria Agroquímica

En las investigaciones financiadas por la Industria, “no hay ningún científico que salga indemne”

Por Danny Hakim, 31 de diciembre de 2016

The New York Times

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Sus hallazgos sobre las abejas no fueron los que Syngenta esperaba.

La gran Empresa productora de plaguicidas encargó a James Cresswell, un experto en flores y abejas de la Universidad de Exeter, Inglaterra, que estudiara por qué muchas de las colonias de abejas del mundo estaban desapareciendo. Empresas como Syngenta han culpado del declive de las abejas a un pequeño ácaro, la varroa, en lugar de a sus propios pesticidas.

El Dr. Cresswell también fue un científico que mostraba escepticismo en torno a las preocupaciones planteadas por los plaguicidas, e incluso por el alcance de las muertes de las abejas. Pero su investigación inicial de 2012 vino a cambiar su percepción de este problema y la incidencia de la varroa. Así que la Empresa, con sede en Suiza, comenzó a presionarlo para que considerara nuevos datos y diese un enfoque diferente a su investigación.

Haciendo un repaso de sus relaciones con la Empresa, el Dr. Cresswell dijo en una reciente entrevista que “Está claro que Syngenta tenía una Agenda”. En un correo electrónico resumió esa Agenda: “Es la varroa, estúpido”.

Para el Dr. Cresswell, un hombre de 54 años de edad que usa unos Birkenstock, la incursión en la investigación financiada por la Industria le ha supuesto una crisis personal. Algunos de sus colegas le han condenado al ostracismo. Incluso su esposa y sus hijos dudaron de él.

No podían creer que hubiese aceptado el dinero. Se imaginaron que iba a estar sometido a una gran presión y que eso me haría ceder”, dijo de su familia.

El uso en propio beneficio de la investigación científica está bien documentado en los campos de las bebidas azucaradas y de los productos farmacéuticos. Pero es raro el caso de un científico que hable de las relaciones con las Corporaciones y las expectativas que acompañan a esas relaciones.

Una revisión de la estrategia de Syngenta muestra que la experiencia del Dr. Cresswell encaja con las prácticas utilizadas por otras Corporaciones, tales como Monsanto y la Industria Agroquímica. Los científicos financiados por la Industria suelen obtener unos resultados favorables a las Empresas, mientras que los Departamentos Universitarios de investigación apoyan a las Corporaciones. Las Universidades y las Agencias de Regulación sacrifican su autonomía mediante la firma de acuerdos de confidencialidad. Y los investigadores muy a menudo actúan como consultares pagados por la Industria.

En Gran Bretaña, Syngenta ha construido un red con investigadores y responsables de las Agencias de Regulación, incluso reclutando al científico más destacado del Gobierno en la cuestión de las abejas. En los Estados Unidos, Syngenta ha pagado a científicos tales como James W. Simpkins, de la Universidad de West Virginia, cuyo trabajo ha ayudado en la evaluación de riesgos de sus productos. No sólo las investigaciones del Dr. Simpkins han sido financiadas por Syngenta, sino que también actúa como consultor para la Empresa, a razón de 250 dólares la hora. Y se asoció con un Ejecutivo de Syngenta para crear una empresa de consultoría, según los correos a los que ha podido acceder The New York Times.

El Dr. Simpkins no ha querido hacer comentarios. Un portavoz de la Universidad de West Virginia dijo que su trabajo de consultoría “lo puede realizar gracias a sus 42 años de experiencia en la neuroendocrinología reproductiva”.

Pero los científicos que se cruzan con la Industria pueden mostrar su desacuerdo con ella. Es el caso de la científica Angelika Hilbeck, investigadora del Instituto Federal Suizo de Tecnología, en Zurich. La Industria viene criticando desde hace tiempo sus investigaciones, y ella se mantiene firme en sus posiciones.

Volviendo a la década de 1990, su investigación descubrió que el maíz modificado genéticamente, diseñado para matar a los insectos que se alimentan de la planta, podría dañar también a los insectos beneficiosos. Por aquel entonces, Syngenta todavía no se había fundado, pero dijo que uno de las empresas predecesoras, Ciba-Geigy, intentó silenciar su investigación haciendo referencia a un acuerdo de confidencialidad que había firmado con su empleador, un centro de investigación del Gobierno suizo llamado Agroscope.

Los acuerdos de confidencialidad se han vuelto algo rutinario. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) ha firmado más de 43 acuerdos de confidencialidad con Syngenta, Bayer y Monsanto desde principios de 2010, lo que se ha sabido gracias a una solicitud de la Ley de Libertad de Información. Agroscope firmó otros cinco acuerdos con Empresas agroquímicas suizas.

Muchos de los acuerdos ponen de relieve cómo las Agencias de Regulación actúan más como colaboradoras que como vigilantes, realizando investigaciones conjuntas y estableciendo acuerdos de patentes que mantienen en secreto.

Un acuerdo entre la USDA y Syngenta, que tenía un plazo de confidencialidad de cinco años, abarcaba desde “actividades de investigación y desarrollo” hasta “procesos de fabricación.. e información financiera y de marketing relacionados con la protección de los cultivos y las tecnologías de las semillas”. A un científico del Gobierno incluso se le impidió divulgar información que había escuchado en un Simposio financiado por Monsanto.

James Cresswell, profesor de la Universidad de Exeter, Inglaterra, ha regresado a áreas menos controvertidas de investigación con las abejas. Aquí se observa la reacción de una abeja en un túnel aerodinámico en una investigación diseñada para estimar la densidad normal de la abeja. Imagen: Andrew Testa.

James Cresswell, profesor de la Universidad de Exeter, Inglaterra, ha regresado a áreas menos controvertidas de investigación con las abejas. Aquí se observa la reacción de una abeja en un túnel aerodinámico en una investigación diseñada para estimar la densidad normal de la abeja. Imagen: Andrew Testa.

El Departamento de Agricultura, en un comunicado, dijo que sin tales acuerdos y asociaciones “la gente no se beneficiaría de muchas soluciones tecnológicas”, agregando que los resultados de las investigaciones fueron dados a conocer “objetivamente sin la inapropiada influencia de socios internos o externos”.

Luke Gibbs, portavoz de Syngenta, que ahora está en proceso de adquisición por parte de la empresa china National Chemical Corporation, dijo en un comunicado: “Estamos orgullosos de las colaboraciones y asociaciones que hemos construido”.

Todos los investigadores con los que nos asociamos tienen libertad para expresar sus opiniones públicamente con respecto a nuestros productos y enfoques. Syngenta no presiona a los investigadores para que obtengan unas determinadas conclusiones y permite la libertad e independencia de los trabajos encargados de investigación “.

Pero si echamos un vistazo a las experiencias de tres científicos, el Dr. Creeswell, el Dr. Simpkins y la Dra. Hilbeck, se revelan las formas en que las Empresas Agroquímicas moldean el pensamiento científico.

Un socio reacio

Para James Cresswell, aceptar dinero de Syngenta no fue una decisión fácil.

El Dr. Cresswell ha sido investigador en la Universidad de Exeter, situada en el suroeste de Inglaterra, donde ha trabajado durante un cuarto de siglo, explorando sobre todo la reproducción de las plantas, en trabajos como “Los conos ovulados de las coníferas acumulan polen principalmente por simple retención”. No estaba acostumbrado a los titulares de la Industria.

Pero hace aproximadamente 5 años se interesó por el debate en torno a los plaguicidas neonicotinoides, una clase de pesticidas derivados de la nicotina y sus efectos sobre la salud de las abejas. Muchos estudios han establecido una relación entre estos productos químicos y el colapso de las colonias de abejas. Otros estudios, muchos de ellos respaldados por la Industria, han señalado al ácaro varroa como el responsable, y algunos han visto a ambos factores en juego.

La investigación inicial de Dr. Creeswell le llevó a pensar que las preocupaciones sobre los pesticidas eran exageradas. En 2012, Syngenta se ofreció para financiar más investigaciones.

Aunque muchos investigadores no han atendido la solicitud de The Times para hablar de sus relaciones con Syngenta, el Dr. Creeswell no cuestionó nuestra solicitud enviada a su Universidad. Y habló con sinceridad.

James Creeswell en su laboratorio de la Universidad de Exeter, Inglaterra, junto al túnel aerodinámico utilizado en la investigación de las abejas. Foto: Andrew Testa

James Creeswell en su laboratorio de la Universidad de Exeter, Inglaterra, junto al túnel aerodinámico utilizado en la investigación de las abejas. Foto: Andrew Testa

Lo última cosa que quisiera hacer es meterme en la cama con Syngenta. No soy un fanático de la Agricultura Intensiva”, dijo el Dr. Cresswell.

Pero rechazar la financiación de una investigación es difícil. El Gobierno británico clasifica a las Universidades según la utilidad de sus trabajos para la Industria y la sociedad, de modo que las subvenciones que reciben del Gobierno están relacionadas con sus evaluaciones.

Mi Universidad me presionó sobremanera para que aceptara esa financiación. Es como ser el mejor vendedor ambulante y tener el mejor mercado de ventas posible y decirle al jefe, “No, no voy a realizar esas ventas”. Realmente no puedes hacer eso”.

La cuestión se planteó pronto en la casa del Dr. Cresswell.

Mi madre y yo le dijimos: “¡Cómo que vas a aceptar ese dinero!” No es que hubiera una discusión, pero el ambiente se caldeó bastante, Sólo le dijimos: “No lo hagas”, dice su hija Fay, ahora estudiante universitaria de 21 años de edad recordando la conversación que tuvo lugar.

Duncan Sandes, un portavoz de la Universidad de Exeter, se negó a hablar de las subvenciones específicas destinadas a investigación, aunque dijo que hasta el 15% de la investigación universitaria de Gran Bretaña estaba financiada por la Industria: “Los patrocinadores de la Industria son conscientes de que se realizará una evaluación independiente, honesta y desapasionada”, dijo Sandes.

Pero el grado de independencia está en duda.

El Dr. Cresswell y Syngenta redactaron una lista con las ocho posibles cusas de las muertes de las abejas para su investigación. Discutieron los pormenores de la financiación. Revisaron el personal ayudante de la investigación. El Dr. Cresswell pidió permiso a Syngenta para investigar siguiendo otras hipótesis, preguntando en un determinado momento: “Por favor, ¿pueden confirmarme si ustedes están contentos con la dirección que está tomando actualmente nuestro trabajo?”.

Pero también algunas veces dio marcha atrás. Un correo electrónico de Syngenta dirigido a la Universidad decía que el Dr. Cresswell “tendrá completo control editorial “, pero en otro correo el Dr. Cresswell expresó su preocupación por una cláusula de confidencialidad “que concedía a Syngenta el derecho a silenciar los resultados. No estoy contento al trabajar bajo una cláusula que impide la libertad de movimientos”. Dice que finalmente esta cláusula quedó reducida a un período de sólo unos meses.

Los neonicotinoides están actualmente sometidos a una moratoria en la Unión Europea. Un reciente estudio del Centro de Ecología e Hidrología de Gran Bretaña atribuye a los plaguicidas la desaparición de al menos el 20% de muchos tipos de abejas silvestres.

Syngenta y otras empresas sostienen que la responsabilidad de la desaparición de las abejas es una enfermedad denominada varroasis, que se propaga por el ácaro varroa. El Bayer Bee Care Center en Alemania incluye esculturas amenazadores de estos pequeños ácaros.

Pero la investigación inicial del Dr. Cresswell para Syngenta no apoyaba las tesis de la varroasis. “Estamos descubriendo que es bastante improbable que la varroasis sea la responsable de la disminución de la población de abejas”, escribió a Syngenta en el año 2012.

Un Ejecutivo escribió de nuevo sugiriendo al Dr. Cresswell que mirase los datos más detenidamente en lugar de observar las tendencias más amplias de las poblaciones de abejas. ¡Quizás nos pueda llevar a respuestas diferentes!”.

En las semanas posteriores, la Empresa pidió de manera reiterada al Dr. Cresswell que volviera a enfocar su evaluación de la varroa. En otro correo electrónico, el Ejecutivo le dijo al Dr. Cresswell: “También resultaría interesante considerar a la varroa como un posible factor de incremento” en aquellos países donde podría haber jugado un importante papel en la pérdida de abejas.

En el mismo correo electrónico, siguiendo con el mismo asunto sobre el “Informe sobre la varroasis”, se pedía al Dr. Cresswell que examinara los cambios producidos en Europa en lugar de hacerlo en todo el mundo. El Dr. Cresswell estuvo de acuerdo y dijo: “Tengo algunas otras perspectivas para evaluar más adelante sobre el tema de la varroasis”.

Al cambiar los parámetros, el ácaro varroa se convirtió en un factor significativo: “Estamos considerando seriamente que la varroasis podría tener un fuerte impacto a gran escala en la pérdida de las colonias”, escribió el Dr. Cresswell en enero de 2013. Un correo electrónico posterior incidía en la misma idea que apoyaba la tesis de la varroa.

El Sr. Gibbs de Syngenta dijo: “Hemos discutido y definido la dirección de la investigación con el objetivo de focalizar el objeto pertinente de investigación. No hemos minado la independencia del Dr. Cresswell al dictarle un enfoque de evaluación de los ocho factores acordados con él, ni restringido cualquiera de las conclusiones que posteriormente obtuvo”.

Dicho esto, Syngenta se convirtió en cliente y el Dr. Cresswell en el prestador del servicio.

Recordando lo ocurrido, el Dr. Cresswell dijo que si bien pensaba que las preocupaciones por la incidencia de los pesticidas eran exageradas, diferentes aspectos de su investigación estuvieron inevitablemente influenciados por la naturaleza de la relación.

Sería algo así como decir que Syngenta tenía una influencia sobre mí. No puedo negar que no la tuvieran. No es que hubiese una connivencia entre ambas partes, pero influyeron en los resultados del estudio”.

Para el Dr. Cresswell, la relación con Syngenta se convirtió en una carga. Los ecologistas lo veían como un adversario y su conexión con la Industria se convirtió en objeto de artículos periodísticos. Cuando fue llamado para dar su testimonio en el Parlamento, Dave Goulson, profesor de Biología de la Universidad de Sussex, se sentó a su lado. El Dr. Goulson comparó las prácticas de la Industria Agroquímica con la Industria del Tabaco, que negó durante mucho tiempo los perjuicios del tabaco.

Algunas personas prosperan en medio de las controversias; el Dr. Cresswell no.

Me dolió más de lo que llegué a admitir en aquel momento. Todo ocurrió muy rápido”, dijo.

Se produjo una ruptura y dijo que empezó a sentir que “era prácticamente incompetente”, que su trabajo era un desastre. Terminó dejando el trabajo durante varios meses. Aunque presentó públicamente sus investigaciones, nunca se publicaron.

En una entrevista, el Dr. Goulson dijo: “Conozco a James desde hace mucho tiempo y siempre pensé que era una persona en quien se podía confiar. No hay forma de salir bien parado. Si su investigación está financiada por la Industria, la gente empieza a sospechar de su investigación. Si no está financiada, se le acusa de ser un ecologista abrazando un árbol. No hay científico que salga de este embrollo indemne”.

Actualmente el Dr. Cresswell ha regresado a áreas de investigación de las abejas menos controvertidas. Dice respetar a los científicos que conoció en Syngenta, pero considera que la colaboración con la Industria es un negocio fáustico.

Ha calificado a Syngenta como una especie de diablo:

De lo que no me di cuenta es que la confraternización con ellos influiría en la forma con que el mundo me vería como científico. Ese fue el lado negativo de mi decisión”.

Una relación enrevesada

Si algunos científicos tratan de justificar el dinero recibido de la Industria para la financiación de sus investigaciones, otros aceptan unas relaciones comerciales complejas.

James W. Simpkins, profesor de la Universidad de West Virgina y Director de su Centro de Investigación Básica y Translational Stroke Research, es uno de los muchos investigadores externos a los que Syngenta se ha dirigido para realizar investigaciones.

Se ha centrado en un producto fabricado por Syngenta, la atrazina, el segundo herbicida más popular en los Estados Unidos, muy utilizado en el césped y los cultivos, y ha realizado investigaciones conjuntamente con científicos de Syngenta.

La atrazina, prohibido en la Unión Europea, también es objeto de polémica en los Estados Unidos. Syngenta que embarcó en una campaña para desacreditar a Tyrone B. Hayes, un profesor de la Universidad de California, Berkeley, al que financió, hasta que descubrió que la atrazina cambiaba el sexo de las ranas.

El Dr. Simpkins ha tenido una relación diferente con la Empresa. En el año 2003, representó a Syngenta ante las Agencias de Regulación, diciendo que “no podemos identificar ningún mecanismo biológicamente plausible por el cual la atrazina provoque un aumento en los cánceres de próstata”.

El Dr. Simpkins también fue el autor principal de un estudio del año 2011 que no encontró evidencias de que la atrazina causase cáncer de mama. Y el año pasado, formó parte de un pequeño equipo de científicos respaldados por Syngenta que luchó contra un movimiento de California que exigía que la atrazina fuese vendida con una etiqueta de advertencia. Recientemente, ha publicado una serie de artículos sobre la atrazina para Syngenta, que recibió elogios por parte de un investigador de la Empresa, Charles Breckenridge, quien escribió en un correo electrónico que los “los artículos cuentan una historia sencilla pero convincente”.

Los estrechos lazos financieros entre el Dr. Simpkins y Syngenta se establecieron a través de casi 2000 páginas de correos electrónicos, que han sido obtenidos por The Times siguiendo una solicitud de la Ley de Libertad de Información (FOIA). No sólo el Dr. Simpkins recibe subvenciones para sus investigaciones, sino que la Empresa también le paga 250 dólares a la hora como consultor en paneles de expertos, estudios y manuscritos,, según muestran los registros. Syngenta incluso pidió al Dr. Simpkins que contribuyera en la revisión anual del trabajo del Dr. Breckenridge.

Pedir a un investigador de fuera que contribuya a las revisiones corporativas no es algo inusual. Sin embargo, el Dr. Simpkins también se describe en los correos electrónicos como socio de la empresa creada por el Dr. Breckenridge denominada Quality Scientific Solutions, una empresa de consultoría sobre pesticidas y otros asuntos.

En el sitio web de la Universidad de West Virginia (WVU) se dice que “las investigaciones llevadas a cabo en la WVU están basados en datos, son objetivas e independientes y no influenciadas por ninguna agenda política o prioridad comercial o por la fuente de financiación”. John A. Bolt dijo que todas las investigaciones del Dr. Simpkins relacionadas con Syngenta fueron realizadas antes de que llegara a la Universidad de West Virginia en el año 2012.

Pero una revisión del trabajo publicado por el Dr. Simpkins muestra que fue coautor de estudios favorables a la atrazina con científicos de Syngenta en 2014 y 2015, que recogió en su afiliación universitaria. El Dr. Bolt dijo que el Dr. Simpkins sólo “sirvió como experto asesor” en los citados estudios.

En el año 2014, Syngenta hizo una donación de 30.000 dólares a la fundación de la Universidad. El Sr. Bolt dijo que tal donación se realizó “como apoyo general a las actividades de investigación del Dr. James W. Simpkins. Ninguna parte de ese dinero fue utilizada para apoyar las investigaciones relacionadas con Syngenta”.

Las colaboraciones del Dr. Simpkins con el Dr. Breckenridge parecen ir en aumento. En un correo electrónico enviado al Dr. Simpkins, el Dr. Breckenridge le envió un estudio sobre la Dieta Mediterránea y sugirió la utilización de una empresa multinivel que les ayudase en la venta de un producto propio.

Si encontrásemos un Aceite de Serpiente mejor tendríamos acceso a una enorme fuerza de marketing”, le escribió al Dr. Simpkins.

Un crítico y un objetivo

Algunos científicos no trabajan para la Industria. Ese puede ser un difícil camino.

Angelika Hilbeck trabajó para Agroscope, un centro suizo de investigación agrícola en la década de 1990, y se ocupó de estudiar el maíz modificado genéticamente. Este maíz fue diseñado para matar las larvas de los insectos que se alimentaban de él, pero la Dra. Hilbeck encontró que era tóxico para una insecto denominado crisopa, un insecto útil contra las plagas.

Crisopa, un insecto beneficioso.

Crisopa, un insecto beneficioso.

Ciba-Geigy, una empresa predecesora de Syngenta, tenía un acuerdo de confidencialidad con Agroscope, e insistió en mantener la investigación en secreto. Los acuerdos de confidencialidad no son inusuales para Agroscope. En uno de esos acuerdos obtenidos por The Times, la Agencia acordó devolver o destruir los documentos que recibiese como parte de un proyecto de investigación.

La Dra. Hilbeck se negó a dar marcha atrás y publicó finalmente su trabajo. No se le renovó su contrato en Agrocope. Un portavoz de Agroscope dijo que tal episodio ocurrió hace demasiado tiempo como para hacer comentarlo ahora.

La Dra. Hilbeck continuó trabajando como investigadora universitaria y fue sustituida en Agroscope por Jörg Romeis, un científico que había trabajado en Bayer y que desde entonces ha sido coautor de investigaciones con los empleados de Syngenta, DuPont y otras Empresas. Ha pasado buena parte de su vida intentando desacreditar el trabajo de la Dra. Hilbeck. También ha realizado trabajos sobre la crisopa, encontrando que los cultivos modificados genéticamente no producen daños a este insecto.

angelika_hilbreck

Después de que la Dra. Hilbeck fuera coautora de un documento que describía un modelo para evaluar los riesgos no intencionales de tales cultivos, el Dr. Romeis fue autor principal de un estudio alternativo con un científico de Syngenta, que aparece como coautor.

En el año 2009, la Dra. Hilbeck fue coautora de un artículo en el que se analizaban los riesgos que suponían para las larvas de las mariquitas los cultivos modificados genéticamente. En publicaciones posteriores, se hacía referencia al trabajo de la Dra. Hilbeck como malas prácticas científicas y como mito.

Se convirtieron en mis acosadores: todo lo que hacía lo echaban por tierra”.

En una entrevista, el Dr. Romeis, que ahora es jefe de un grupo de investigación sobre seguridad biológica en Agroscope, dijo: “Su trabajo no afecta de ninguna manera a nuestra misión”, agregando que la idea de investigar los efectos de los cultivos modificados genéticamente no es algo de su exclusiva incumbencia.

Mediar en una disputa científica es arriesgado. Pero el Dr. Romeis y sus colaboradores parecían preocuparse por el trabajo de la Dra. Hilbeck, a juzgar por el contenido de los correos electrónicos intercambiados entre Agroscope y la USDA, obtenidos por The Times después de una solicitud mediante la Ley de Libertad de Información.

En el año 2014, cuando el Dr. Romeis estaba redactando un artículo sobre el trabajo de la Dra. Hilbeck, un científico de la USDA, Steven E. Naranjo, bromeaba en un mensaje dirigido al Dr. Romeis: “Joerg, es muy generosa con usted al ver que Hilbeck publica de vez en cuando :)”.

La Dra. Hilbeck está acostumbrada a hacer la vista gorda: “No deberíamos encontrarnos todo tipo de obstáculos y enfrentarnos a este acoso integral haciendo lo que se supone que debemos hacer. Este campo está totalmente descompuesto”.

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Disruptores endocrinos: el discreto regalo del lobby de los pesticidas

La Comisión Europea presentó el pasado día 21 una propuesta para la regulación de estas sustancias químicas. Una laguna legal podría mantener miles de toneladas de los peligrosos plaguicidas en el mercado de la UE

Por Stéphane Horel, 21 de diciembre de 2016

(Crédito: Richard Corfield / flickr )

(Crédito: Richard Corfield / flickr )

Este artículo se publicó originalmente en el diario Le Monde el pasado 20 de diciembre.

Se trata de un párrafo desconectado del texto que le precede, agregado en la parte inferior del documento en el último minuto, con una redacción farragosa e impenetrable, que hace referencia a la introducción de una excepción para aquellos productos que impiden el desarrollo de organismos nocivos. Pero dicho con palabras llanas, no es ni más ni menos que una concesión de la Comisión Europea al lobby de los plaguicidas.

Con tres años de retraso, la Comisión Europea debe someter a votación su propuesta de regulación de los disruptores endocrinos, esas sustancias químicas capaces de interferir con el sistema hormonal de los seres vivos, incluso a dosis muy pequeñas. Se supone que esta propuesta debiera establecer una estricta normativa europea sobre plaguicidas, es decir, la del reconocimiento de los plaguicidas como disruptores endocrinos.

Por lo tanto, se trataría de establecer los criterios que la Comisión Europea ha elaborado y que permitirían identificarlos, y posteriormente los representantes de los Estados miembro deben adoptar o rechazar. La votación tendrá lugar en el Comité Permanente de la Cadena Alimentaria y Seguridad Animal, después de 6 meses de negociaciones.

Si el diablo se esconde en los detalles, ese párrafo insertado por la Comisión Europea en el último minuto es todo menos algo anecdótico. Mientras que la regulación de los plaguicidas exige la eliminación de los disruptores endocrinos del mercado, ese párrafo crea una excepción en todo un grupo de plaguicidas que tiene la particularidad de… ser disruptores endocrinos. De hecho algunos plaguicidas eliminan insectos o plantas que son considerados como plagas para los cultivos actuando sobre su sistema hormonal bloqueando su desarrollo o crecimiento. En otras palabras, se trata de plaguicidas que han sido diseñados para ser disruptores endocrinos. En lugar de utilizar estos conocimientos para identificarlos y prohibirlos, la Comisión Europea propone que se mantengan.

Solicitud del trío BASF, Bayer y Syngenta

Esta excepción es en realidad una antigua solicitud de la Industria de los Plaguicidas, ese trío de fabricantes de plaguicidas que sería el más afectado por la regulación: el gigante alemán BASF ( líder mundial en productos químicos), Bayer (que ha fusionado con Monsanto) y el grupo suizo Syngenta. En un documento fechado en 2013, los responsables de estos grupos abogan por introducir una excepción en lo que se refiere a los productos diseñados como disruptores endocrinos:

En sentido estricto, estos compuestos cumplen con la definición de lo que es un disruptor endocrino, ya que sus mecanismos endocrinos y sus efectos adversos relevantes en la población han sido mencionados y bien descritos (…) Por consiguiente, debe definirse una excepción a esta categoría de productos químicos…”.

El nuevo párrafo se parece de manera inconfundible a lo escrito por los responsables de los fabricantes de plaguicidas.

Pero el añadir esta excepción supone un problema para los seres vivos, que pueden verse afectos por estos pesticidas que alteran el sistema hormonal, desde las plantas hasta las mariquitas y las ardillas, es decir, aquellos seres vivos que la ley denomina no objetivo, pero que también disponen de un sistema hormonal susceptible de ser alterado por estos productos.

Entre ellos se encuentra

el herbicida 2,4-D, reconocido

como posiblemente carcinógeno

para el ser humano

No se ha realizado una evaluación de las consecuencias de esta cláusula sobre los ecosistemas, aunque sin duda tendrá un impacto positivo en la Industria. Según la información recogida por Le Monde, esta excepción afectaría a 15 insecticidas y un buen número de herbicidas, entre ellos el 2,4-D, un herbicida que ha sido clasificado como “posible carcinógeno para los seres humanos” por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) en 2015.

De acuerdo con los cálculos realizados por la ONG Generaciones Futuras, esta excepción afectaría a 8.700 toneladas de productos al año, sólo en Francia. Francois Veillerette, portavoz de la ONG, se muestra indignado:

Se trata de una aberrante regulación, que pretende eliminar los disruptores endocrinos para proteger los ecosistemas.

Esta petición no proviene de nosotros, sino de las autoridades alemanas”, dijo Graeme Taylor, Director de asuntos públicos de la Asociación Europea de Protección de Cultivos (ECPA). Esta organización de presión de la Industria de los Plaguicidas rechazó la propuesta de la Comisión Europea en su conjunto por considerarla que “no va lo suficientemente lejos”.

Incierta mayoría, una propuesta cercenada en dos partes

Ante la perspectiva de una incierta mayoría, la Comisión Europea presenta su propuesta en dos parte. La primera parte contiene un componente medioambiental, en la que se incluye esta nueva excepción, y un componente relacionado con la salud humana, que también es objeto de fuertes críticas por parte de la comunidad científica, ONGs y algunos Estados miembro, incluida Francia.

Todos ellos han denunciado la insuficiencia del texto para proteger a la población de enfermedades relacionadas con la exposición a disruptores endocrinos (cáncer, problema en el desarrollo cerebral, infertilidad, diabetes, etc).

La segunda parte de la propuesta, que es sobre aspectos reglamentarios, también contiene una destacable excepción. De mantenerse, los riesgos planteados por los plaguicidas que son disruptores endocrinos serían evaluados caso por caso después de su comercialización, pero la ley exige su prohibición a priori. Esto ha sido considerado ilegal por el Parlamento Europeo, ONGs y algunos países, como Le Monde reveló a finales de noviembre, con la documentación que apoya dicha afirmación, señalando que se basaba en conclusiones redactadas de antemano por una agencia oficial europea.

Estas propuestas son inaceptables y no responden a la creciente preocupación y movilización pública a favor de actuaciones que reduzcan de verdad la presencia de disruptores endocrinos en nuestra vida cotidiana”, dijo la Coalición Europa Libre de Disruptores Endocrinos. Una petición en la red de SumOfUS, que solicitaba el rechazo de la propuesta, ha recogido más de 260.000 firmas.

sumofus

En las más altas instancias de la burocracia Europea se considera que se ha hecho un buen trabajo argumentando que había de por medio una controversia científica sobre los disruptores endocrinos que era preciso considerar. Sin embargo, un centenar de reconocidos científicos han advertido a los responsables de la toma de decisiones de que la Industria fabrica dudas para defender sus intereses comerciales que considera amenazados, del mismo modo que la Industria Petrolera hace con el cambio climático (Le Monde, 30 de noviembre). Sin embargo, un representante europeo ha dicho que no se puede hablar de teorías conspirativas.

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La alianza Monsanto-Bayer es sólo una de las siete grandes fusiones que amenazan la pérdida de control de las semillas y la seguridad alimentaria

Por el Grupo ETC,15 de septiembre de 2016

synbiowatch.org

Los Tribunales de Defensa de la Competencia todavía podrían bloquear esta fusión. Organizaciones de campesinos continuarán su lucha para asumir el control de sus semillas y por sus derechos.

Los Tribunales de Defensa de la Competencia todavía podrían bloquear esta fusión. Organizaciones de campesinos continuarán su lucha para asumir el control de sus semillas y por sus derechos.

La confirmación el pasado miércoles de que Monsanto y Bayer han acordado una fusión por un valor de 66 mil millones de dólares ( unos 59 mil millones de euros) sería solamente el último de los anuncios de fusiones y adquisiciones, ya que por lo menos hay otras tres fusiones que van a cambiar completamente las reglas del juego. Estas fusiones y adquisiciones no afectarían únicamente a las semillas y pesticidas, sino que se trataría de un control global de todos los insumos agrícolas y de la seguridad alimentaria mundial. Los Tribunales de Defensa de la Competencia podrían bloquear estas fusiones, sobre todo en los mercados emergentes del hemisferio sur, ya que las nuevas Megaempresas ampliarían considerablemente su poder y desplazarían a las empresas nacionales. Cuatro de los 10 principales países compradores de productos agroquímicos del mundo se encuentran en el Sur y representan el 28% del comercio mundial (1). Si alguno de estos países levantan las barreras, los accionistas se rebelarán independientemente de las decisiones de Washington y Bruselas.

Estas fusiones no afectan solamente a las semillas y los pesticidas, sino que también pretenden controlar los macrodatos de la agricultura mundial”, dijo Pat Mooney del Grupo ETC, una organización internacional con sede en Canadá, que supervisa la agroindustria y las tecnologías agrícolas. “Estas Empresas pretenden dominar los macrodatos sobre semillas, el suelo y el clima y avanzar hacia una nueva información genómica, con lo cual habrán establecido un control sobre los insumos agrícolas mundiales: semillas, pesticidas, fertilizantes y maquinaria agrícola”.

Neth Daño, Director de ETC para Asia, continúa diciendo: “Los agricultores y las Agencias de Regulación deberían tener cuidado con la próxima fusión o adquisición: John Deere y su oferta para adquirir la empresa de macrodatos propiedad de Monsanto Precision Planting LLD. Después de la fusión entre Bayer y Monsanto, no está claro si Precision Planting será adquirida por Deere & Co, o si Bayer dispondrá en exclusiva de los macrodatos agrícolas”. Daño, que reside en Filipinas, señala que “Deere estableció la conexión con su maquinaria agrícola mediante GPS en el año 2001 y desde entonces ha invertido mucho en sensores que pueden rastrear y evaluar las semillas, los pesticidas y los fertilizantes a utilizar, metro a metro. La compañía ya dispone de los datos recogidos durante 15 años, así como el acceso a gran cantidad de datos meteorológicos, de producción y de mercado. Literalmente, Deere y otras empresas de maquinaria agrícola ( las tres primeras ya representan la mitad del mercado mundial) administran el lugar donde otras empresas almacenan sus datos. Esto quiere decir que Deere también es propietaria de la información”.

Silvia Ribeiro, Directora de la Oficina de ETC para Latinoamérica, coincide en que las últimas noticias que confirman el acuerdo de Monsanto han “generado alarma en toda América Latina y plantean muchas preocupaciones sobre el aumento de los precios de los insumos agrícolas, la privatización de la investigación y la enorme presión que pueden ejercer estas Grandes Empresas para forzar leyes y normativa en nuestros países que les permitan dominar los mercados, pisotear los derechos de los agricultores y convertir en ilegal el intercambio de semillas”.

A pesar de que las fusiones sean impugnadas a nivel nacional en todo el mundo, Neth Daño en Filipinas y Silvia Ribeiro en México, creen que se va a producir una batalla en diferentes foros internacionales en las próximas semanas y meses. Daño estará en Indonesia del 27 al 30 de septiembre, cuando los Gobiernos, organizaciones de agricultores y de la sociedad civil se reúnan para discutir los derechos de los agricultores como parte de un tratado jurídicamente vinculante destinado a garantizar que los agricultores tengan acceso y puedan utilizar las semillas. “Es una reunión internacional sobre semillas, donde no se podrá evitar el hablar sobre estas fusiones. El tema más candente de la agenda es una propuesta sobre los macrodatos de que disponen las empresas sobre las semillas”.

17 al 21 de octubre: Pat Mooney y Silvia Ribeiro estarán en Roma para asistir al Comité de las Naciones Unidas sobre la Seguridad Alimentaria Mundial. “Prácticamente todos los Gobiernos del mundo estarán allí presentes durante una semana, con el tema de la seguridad alimentaria en la agenda oficial. Veremos a mucha gente enfadada que pretenderá frenar estas fusiones” insiste Ribeiro.

Del 4 al 17 de diciembre: Convención de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, que se celebrará en México, y donde los temas de la biodiversidad agrícola están presentes en la agenda. En la Convención se hablará del tema de las semillas ya que se quiere establecer una moratoria contra las semillas Terminator (semillas modificadas genéticamente para que no sirvan para la próxima cosecha y los agricultores se vean obligados a comprar nuevas semillas año tras año), y además se establecerá un protocolo sobre el movimiento transfronterizo de semillas transgénicas y otro protocolo que pronto entrará en vigor en relación con los daños y perjuicios por la contaminación transgénica. También se debatirán los riesgos de las nuevas biotecnologías, descritas como Ingeniería Genética Extrema (Biología Sintética) , algo que se está promoviendo por las empresas que se fusionan como una estrategia para eludir las regulaciones sobre Biotecnología. “Donde quiera que vayan estas empresas, se van a encontrar con una enconada lucha en su contra”, dice Silvia Ribeiro.

Fusiones y adquisiciones: algo público y no tan público

La fiebre de las adquisiciones comenzó en julio de 2014 cuando Monsanto ( número 1 del mundo en comercialización de semillas y número 5 en la venta de productos agroquímicos [2]) puso en marcha la primera de ellas con Syngenta ( número 1 en agroquímicos y 3º en comercialización de semillas [3]). Sin embargo todas las ofertas fueron rechazadas. No obstante, esto estableció una estrategia por parte de las Grandes Empresas y se iniciaron los movimientos…

Noviembre de 2015: ChemChina (que posee la 7ª mayor compañía mundial de productos agroquímicos, ADAMA [4]) presentó una oferta por valor de 42 mil millones de dólares para adquirir Syngenta [5]. La oferta ( que llegó hasta los 43 mil millones de dólares) fue aceptada en febrero de 2016 [6]. El acuerdo ha pasado varios obstáculos normativos en los Estados Unidos [7], pero se enfrenta a desafíos en otras numerosas jurisdicciones, incluyendo, al parecer, Canadá, Brasil y la UE. Se espera que el proceso se cierre a finales de 2016 [8]. Esta fusión permitirá a ChemChinauna diversificación más allá de los agroquímicos para entrar en la tecnología de las semillas transgénicas” [9].

Diciembre de 2015: Dupont (número 2 en semillas y 6ª en plaguicidas [10]) y Dow (5ª en semillas y 4ª en plaguicidas [11]) anunciaron su fusión por un valor de 68 mil millones de dólares. Está aún pendiente y sometida a revisión por los Tribunales Antimonopolio [12], pero las empresas afirman con optimismo que el acuerdo estará resuelto a finales de este año.

Mayo de 2016: Bayer (número 2 en agroquímicos y 7ª en semillas [13]) anunció una oferta para adquirir Monsanto [14], llegando a un acuerdo por valor de 66 mil millones de dólares el 14 de septiembre y predicen el cierre de la operación a finales de 2017 [15].

Agosto de 2016: Potash Corp. (número 1 en fertilizantes sintéticos [16]) y 4ª en cuota de mercado [17]) comenzó la negociaciones con Agrium (número 2 en abonos por cuota de mercado [18]). El acuerdo fue pactado el 12 de septiembre de 2016, y fue valorado en 30 mil millones de dólares. Aparte de convertirse en el indiscutible número 1 en fertilizantes, también amplia la base de la empresa al incluir semillas y agroquímicos. Se espera que el acuerdo se cierre al mediados de 2017 [20].

Al observar estas cuatro negociaciones, otras importantes compañías de semillas, abonos y productos químicos han reaccionado con una mezcla de consternación y anticipación. Dado que es muy poco probable que estas cuatro fusiones se puedan realizar sin desinversiones (venta de activos), ETC predice que al menos otras dos opciones de fusión están preparadas en la recámara…

BASF (número 3 en productos químicos para la agricultura y modesta en la comercialización de semillas [21]) tiene que intentar la fusión con algunas otras empresas de semillas y plaguicidas más pequeñas que vayan quedando en el camino. Su segunda opción sería ir tras la estela de otras empresas alemanas, estadounidenses, holandesas y japonesas e intentar un acuerdo.

Otras empresas de segunda fila pueden estar pensando en hacer lo mismo, bien sea recogiendo las sobras o fusionándose entre ellas. Aunque es algo alarmante para las empresas más pequeñas, la fusión en Empresas Gigantes también les deja un nicho de mercado.

Sin embargo, las siete fusiones y adquisiciones se han realizado fuera del escenario y, siendo importantes en sí mismas, es un presagio de cambios mucho más profundos que afectarán a los insumos agrícolas mundiales en los meses y años venideros…

Noviembre de 2015: Deere y Co. (número 1 en maquinaria agrícola, y escasa en la comercialización de semillas y productos químicos [22]), acordó la compra de Precision Planting LLD de Monsanto [23]. En agosto de 2016, Deere ha sido demandada por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos para bloquear el acuerdo [24], debido a que la fusión permitiría que Deere “dominase el mercado de los sistemas de siembra de precisión, aumentando los precios y una innovación más lenta, a expensas de los agricultores estadounidenses que dependen de estos sistemas” [25]. Deere y Precision Planting LLD representarían el 86% de este mercado [26]. Tanto Deere como Monsanto dijeron que recurrirían la decisión [27]. Bayer parece haber cambiado todo esto.

Para mayor información:

Pat Mooney, Executive Director, ETC Group: 1-613-240-0045 o mooney@etcgroup.org

Neth Daño, Asia Director, ETC Group: +63 917 532 9369 o neth@etcgroup.org

Silvia Ribeiro, Latin America Director, ETC Group: + 52 1 5526 5333 30 o silvia@etcgroup.org

Referencias:

[1] Brazil is the world’s largest agrochemical market at US$10 billion, China is the 3rd largest agrochemical market at US$4.5 billion, Argentina is 8th at US$1.5 billion and India is 9th at US$1 billion. Source: ETC Group, “Merge-Santo: New Threat to Food Security.” Briefing Note. March 22, 2016. http://www.etcgroup.org/content/merge-santo-new-threat-food-sovereignty

[2] 2014 data. ETC Group, “Breaking Bad: Big Ag Mega-Mergers in Play.” ETC Group Communique 115. December 2015. http://www.etcgroup.org/sites/www.etcgroup.org/files/files/etc_breakbad_23dec15.pdf

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Aaron Kirchfield, Ed Hammond, Dinesh Nair, “ChemChina Is in Talks to Acquire Syngenta.” Bloomberg News, Nov 12 2015 – 5pm EST. http://www.bloomberg.com/news/articles/2015-11-12/chemchina-is-said-to-be-in-talks-to-acquire-syngenta

[6] Anonymous, “ChemChina Offers Over $43 Billion for Syngenta” Bloomberg News, February 3, 2016. http://www.bloomberg.com/news/articles/2016-02-03/chemchina-offers-to-purchase-syngenta-for-record-43-billion

[7] Michael Shields and Greg Roumeliotis, “U.S. Clearance for ChemChina deal sends Syngenta stock soaring.” The Globe and Mail. August 22, 2016. http://www.theglobeandmail.com/report-on-business/international-business/european-business/us-clearance-for-chemchina-deal-sends-syngenta-stock-soaring/article31484832/

[8] Syngenta, “ChemChina and Syngenta receive clearance from the Committee on Foreign Investment in the United States (CFIUS),” Press Release, August 22, 2016. http://www4.syngenta.com/media/media-releases/yr-2016/22-08-2016

[9] Lindsay Whipp and Christian Sheperd, “Takeover green light sparks anger in US.” Financial Times. September 7, 2016. (printed edition).

[10] 2014 data. Anonymous, “Top 20 Global Agrochem Firms: Growth Slowing Down,” Agropages.com. 30 October 2015; company reporting.

[11] Ibid.

[12] Jacob Bunge, “DuPont CEO Says Merger With Dow Still on Track.” The Wall Street Journal. July 26, 2016. http://www.wsj.com/articles/dupont-profit-beats-as-costs-decline-1469529581

[13] 2014 data. Anonymous, “Top 20 Global Agrochem Firms,” Agropages.com

[14] Jacob Bunge and Dana Mattioli, “Bayer Proposes to Acquire Monsanto.” The Wall Street Journal. May 19, 2016. http://www.wsj.com/articles/bayer-makes-takeover-approach-to-monsanto-1463622691

[15] Greg Roumeliotis and Ludwig Burger, “Bayer clinches Monsanto with improved $66 billion bid” Reuters. September 15, 2016. http://www.reuters.com/article/us-monsanto-m-a-bayer-deal-idUSKCN11K128

[16] Reuters, “Agrium and Potash Corp Are Merging to Make a Giant Fertilizing Company.” Fortune. September 12, 2016. http://fortune.com/2016/09/12/agrium-potash-corp-merger/

[17] 2014 Data. ETC Group, “Breaking Bad”

[18] 2014 Data. ETC Group, from publicly available information.

[19] Guy Chazan and James Fontanella-Khan, “Bayer urged by Monsanto shareholders to raise bid further.” Financial Times. September 6, 2016. http://www.ft.com/cms/s/0/9219b46c-7422-11e6-b60a-de4532d5ea35.html#axzz4KGHWYNW5

[20] Rod Nickel and Siddarth Cavale, “Fertilizer majors Potash and Agrium to merge, face tough scrutiny.” Reuters. September 12, 2016. http://www.reuters.com/article/us-agrium-m-a-potashcorp-idUSKCN11I0Z0

[21] 2014 data. Anonymous “Top 20 Global Agrochem Firms.” Agropages.com

[22] ETC Group, compiled from company reports

[23]John Deere & Company, “John Deere and The Climate Corporation Expand Options for Farmers.” Press Release. November 3, 2015. https://www.deere.ca/en_US/corporate/our_company/news_and_media/press_releases/2015/corporate/2015nov03-corporaterelease.page

[24] United States Department of Justice, “Justce Department Sues to Block Deere’s Acquisition of Precision Planting.” Press Release. August 31, 2016. https://www.justice.gov/opa/pr/justice-department-sues-block-deere-s-acquisition-precision-planting

[25] Ibid.

[26] Ibid.

[27] Ibid.

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Transgelandia: el Congreso de AAPRESID por dentro

El gran encuentro anual del agronegocio transgénico expuso durante tres días y en Rosario su relato. Este año además inventaron un verbo: “resiliar”

Por Darío Aranda, agosto de 2016

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El salón es muy amplio, unos 50 metros de largo y 100 de ancho. Cinco pantallas gigantes, generoso escenario y todas las sillas ocupadas, a tope. Luz tenue, música épica y un locutor sobrio que propone: «Los invitamos a ponernos de pie. Entonaremos el Himno Nacional argentino». El público deja los asientos y comienza con un recitado tibio, pero finaliza con fuerza y la bandera argentina en las pantallas. El locutor retoma: «Damos inicios al vigésimo cuarto congreso de Aapresid (Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa)». Aplausos sostenidos. Bienvenidos al congreso anual de los empresarios rurales y engranaje fundamental de los agronegocios de Argentina. Durante tres días quedará aquí en claro que ellos se consideran la vanguardia técnica y moral del campo.Y que, aunque utilicen millones de litros de agroquímicos, en público hablan de «sustentabilidad» y «cuidado del ambiente».

El origen

Aapresid se presenta como una oenegé técnica » sin fines de lucro», nacida en 19S9 y promotora de la producción sin arar la tierra (siembra directa). Son usuales las palabras emprendedor, entusiasta, eficiencia, sustentabilidad. Desde sus orígenes se diferenció de las organizaciones tradicionales del agro porque no basa su importancia en la tenencia de tierras (llegaron a definirse «somos los Sin Tierra»), sino en el «conocimiento». Se trata de empresarios exitosos que aplican tecnología. Uno de ellos, quizás el más conocido, es Gustavo Grobocopatel, integrante del mayor pool de siembra.

Durante la crisis de 2001-2002 tuvieron una aparición masiva, mediante la «soja solidaria». De la mano de la iglesia católica, el Gobierno y diversas oenegés pusieron en marcha un plan de donación de soja para los comedores barriales y escuelas, daban cursos de cómo cocinada y publicitaban las supuestas bondades alimenticias. Recibió muchos cuestionamientos de organizaciones sociales y nutricionistas, que la acusaban de ofrecer a los chicos carenciados el alimento de los chanchos y aves de Asia y Europa: la soja transgénica. Incluso publicitaban como «leche de soja» al jugo de la oleaginosa, lo que generó toda una confusión respecto a si era equivalente a la leche de vaca. Finalmente, la leche de soja fue considerada no recomendable para menores de 5 años y contraindicada para menores de 2.

Durante «el conflicto del campo» por la resolución 125 (2008), Aapresid mantuvo un perfil propio. Mientras el Gobierno y las entidades tradicionales del campo (Sociedad Rural, Federación Agraria, Confederaciones Rurales y Coninagro-Mesa de Enlace) aumentaban en la escalada de confrontación, Aapresid no entraba al ring, pero fijaba posición: «Rechazamos por inconstitucionales las medidas adoptadas por el Gobierno y celebramos la manifestación espontánea de los ciudadanos del interior del país, con el apoyo de los centros urbanos, es una clara demostración de civismo y conciencia democrática». Llamaron a apoyar a la Mesa de Enlace «para continuar con este esfuerzo conjunto hasta lograr la indeclinable vuelta atrás de la Resolución 125».

Bienvenidos

Centro de Convenciones Metropolitano, parte del Alto Rosario Shopping. Las barreras de ingreso al estacionamiento, que suben y bajan como si fuera hora pico, tienen carteles publicitarios de empresas del agro. Autos último modelo y camionetas 4×4. Una calle interna y un gran arco de ingreso blanco: «Bienvenidos al 24 Congreso Aapresid». Y un auspicio en letras azules: Ministerio de Agroindustria de la Nación.

Un patio al aire libre con una decena de maquinarias. Cosechadoras, tractores («mosquitos») fumigadores gigantes (de unos tres metros de alto), tolvas. En la jerga, «los fierros».

Acreditación y la primera bolsa con folletería y publicidad. Al final del día, serán decenas de bolsas, carpetas, diarios, trípticos.

Cada sala tiene nombre de un auspiciante. La más importante es de Bayer. Le sigue Rizobacter. Tres salas llevan el nombre de productos de la empresa DuPont y otras tres de Basf.

El hall central es amplio, unos 200 metros de cada lado. Muy iluminado, estilo hipermercado. Los stand, de distintos tamaños. Todas las empresas: Syngenta, Bayer, Don Mario, DuPont, Nidera, Basf, YPF, Agrofina (Grupo Los Grobo), Rizobacter, Bioceres, Dow, entre otras. Y gobiernos: Ministerio de Agroindustria de Nación, gobiernos de Santa Fe y Córdoba, Banco Provincia de Buenos Aires. Folletería en abundancia y saturación de promotoras por metro cuadrado. Pantalones hiperajustados, sonrisas en abundancia.

Las mujeres asistentes son clara minoría: dos mujeres por cada ocho hombres. Se las ve poco en las charlas y la desproporción es más evidente en los pasillos.

Los hombres visten informal. Mucho jean, camisas, chalecos polar, zapatillas o zapatos informales. Muy poco traje y corbata. Los pasillos por momentos están saturados . Los organizadores señalan más de 4 000 inscriptos. El acceso tiene precio: 1.000 pesos los estudiantes, 2.600 pesos para las organizaciones amigas y 3.700 los no socios. En los intervalos se ofrecen gratis manzanas, jugo de naranja, café y magdalenas.

Para ingresar a las charlas primero hay que sortear a una joven (claro, promotora) con un lector láser en la mano. Ellas controlan el código de barras de la credencial y habilitarán el paso.

«Somos resilientes»

La inauguración es en la Sala Bayer. Luz tenue, símil cine. Larga fila de sillas. Unos 30 metros de largo y 100 de ancho. Un pasillo en el medio, desde la puerta de ingreso hasta el escenario. Cámaras como en un estudio de televisión, incluso una aérea. Cinco pantallas gigantes y, de un lado, tres publicidades móviles (como en las canchas de fútbol) con productos de Bayer.

La sala está colmada. No alcanzan las sillas. Baja la luz y sube el volumen de la música. Proyectan el video institucional del 24 Congreso. Muestran el proceso de una tortuga recién nacida, intentando desarrollarse, con dificultad. Sube aun más la música. La tortuga está dada vuelta, caparazón abajo, y sigue dando lucha. Intercalan las imágenes con las palabras «constancia», «adaptabilidad», «autoconocimiento», «estrategia», «recuperación». Hasta que la tortuga se sobrepone y se desarrolla. Patas al suelo, la tortuga camina, vive. El mensaje de Aapresid: «Somos sustentables, somos resilientes»

Crear sentido

Cada congreso tiene un eslogan o palabra guía. En 2013 fue «Otra tierra». En 2014 La misión. Y en 2015 Biosapiens, la era del suelo. Este congreso utilizó como verbo la palabra «resiliar». En el diccionario existe «resiliencia», entendida como «capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos».

No existe el verbo, pero Aapresid la creó para su congreso anual y le impuso un sentido: «Reaccionar, rebelarse, sobreponerse a la adversidad, esforzarse, confiar en nosotros mismos, adaptarse modificarse. Seguir adelante. Interactuar con el entorno y recuperar el equilibrio. Afrontar situaciones que nos ponen a prueba, que nos obligan a dar el máximo y generan incertidumbre respecto del futuro. Confiar porque podemos transformarnos y volver a estar en condiciones de superar las adversidades. Entonces se revela el funcionamiento del sistema y su capacidad de recuperarse. Cuidamos, evolucionamos, seguimos aprendiendo, podemos resiliar».

La palabra aparecía en todos los espacios, folleterías, talleres, charlas y era repetida por la mayoría de los expositores, funcionarios incluidos.

Argentinidad

El1 locutor invita a entonar el Himno Nacional. Las pantallas muestran paisajes de las distintas provincias. De norte a sur. Comienzan a cantar el Himno de manera tímida, como en los actos escolares, pero va tomando fuerza con las estrofas. Terminan con pasión al momento de «juremos con gloria morir». En las cinco pantallas flamea la bandera nacional. Aplauso sostenido. Nacionalismo recargado.

En el panel de apertura están el presidente de Aapresid, Pedro Vigneau; el secretario de Valor Agregado del Ministerio de Agroindustria, Néstor Roulet (faltó el ministro Ricardo Buryaile); el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz; y la intendenta de Rosario, Mónica Fein.

Vigneau, de saco y corbata, pasa al atriL Enumera logros de los últimos meses:

El trabajo de la Red de Malezas Resistentes, espacio comandado por Aapresid que estudia las plantas no deseadas. También participan INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), universidades, Senasa y empresas de transgénicos.

Certificación de «buenas prácticas agrícolas (BPA)» junto a Casafe (cámara de las empresas de agroquímicos). «BPA» es un término que justifica el uso masivo de plaguicidas y culpa al «mal uso» (y no al modelo) de las consecuencias sanitarias y ambientales.

Un trabajo conjunto a las facultades de Agronomía y Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires con » nuevos conocimientos para la sustentabilidad».

El crecimiento de Aapresid,con un grupo incluso en Brasil.

Y no le escapó a la coyuntura política: «Se siente un ambiente distinto. Se respira esperanza. Por primera vez en muchas décadas, la pelota esta de nuestro lado». El auditorio le respondió con aplausos.

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En casa

La intendente señaló que es un «gran orgullo» que Aapresid haya elegido Rosario y, en sintonía con el discurso de los productores, celebró la «innovación, la ciencia, las buenas prácticas agrícolas, la sustenbilidad». Y, por si quedaban dudas: «Coincido en que existen aires de cambio, que espero fortalezcan el diálogo para plasmar políticas de Estado. Comparto también con Aapresid el espíritu de resiliencia». Y pidió que Aapresid se sienta «como en su casa».

Néstor Roulet, ex vicepresidente de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) y actual secretario de Valor Agregado, recordó su participación como productor y como disertante en los congresos anteriores. «Es la primera vez que Argentina tiene política agroindustrial. Estamos trabajando en la presión impositiva (bajar impuestos) y mejorar el crédito», comenzó. Y arrancó las primeras señales de aprobación. Prometió que el país producirá más para llegar al «hambre cero», felicitó a Aapresid por ser parte de ese avance.

A tono con el congreso, reiteró la importancia de «cumplir en lo ambiental» y destacó que el país está en la vanguardia mundial de la biotecnología (transgénica).

Prometió avanzar en nuevas variedades de soja y en el «arroz dorado», transgénico muy cuestionado a nivel internacional.

El gobernador Lifschitz dio el discurso más largo, monocorde y complaciente. «Nuestra capital social es nuestra fortaleza. Y Aapresid es nuestro mejor ejemplo, que muestra la interacción privada, del Estado y científica»,celebró. Explicó que acortó su gira por Estados Unidos para estar presente en el panel de apertura. «Celebro esta nueva edición del congreso. Ustedes han sorteado todas las políticas y contratiempos (del gobierno anterior). Pero están acá, esta provincia es su casa. Compartimos sus metas de producir más alimentos, con menos recursos y con una agricultura sustentable». Y finalizó: «Celebro resiliar».

Aapresid crea conceptos y relatos. La clase política los hace propios, los repite e impulsa las políticas públicas sugeridas por la institución. Lo empresario se impone a lo público. Aapresid lo hizo.

Las críticas al agronegocios siempre fue catalogada por Aapresid como como «ideológicas» o «políticas». Por contraposición, Aapresid hizo (y hace) hincapié es su perfil técnico y no partidario. Pero llegó Cambiemos: Ignacio Garciarena, de la Regional Aapresid 25 de Mayo, asumió como Director Nacional de Agricultura. «Un orgullo para Aapresid», señaló la gacetilla de prensa de la entidad el 5 de enero. Muy activo en las redes sociales, el 17 de octubre twiteó: «Día de la lealtad clientelista».

Gran impacto produjo la designación de la saliente presidenta de Aapresid, María Beatriz Pilu Giraudo, en el Ministerio de Agroindustria. Se le creó un área especial –coordinadora de Políticas Públicas para el Desarrollo Sustentable- que depende directamente del ministro Ricardo Buryaile y tiene injerencia en todas las áreas de la cartera. Es la referente ambientaldel Ministerio.

Explicó que su principal tarea será implementar en todo el país las «buenas prácticas agrícolas» para fumigar a distancias mínimas de las viviendas y «sincronizar las diversas legislaciones». Las empresas del agro desean desde hace años una ley naciónal que legitíme las fumigaciones.

«Tenemos que enamorar a los argentinos, convencerlos de que no contaminamos», explicó Giraudo al sitio Agrovoz y explicó el objetivo en la función pública: «En definitiva, vamos a tomar lo que veníamos impulsando desde Aapresid como política pública y convertirlo en una marca país».

Lo no dicho

Durante los tres días se hizo eje en la agricultura sustentable, el cuidado del ambiente e, incluso, cómo el modelo agropecuario ayudaría a mitigar el cambio climático. Ningún dirigente de Aapresid, ni asociado ni expositor vinculó el modelo impulsado por la entidad con hechos menos publicitados:

Aumento de uso de agroquímicos. 70 millones de litros en 1996. Más de 300 millones de litros en 2012.

Desmontes. El agronegocios avanzó sobre zonas extra pampeanas, conocido como «corrimiento de la frontera agropecuaria». Más de 5 millones de hectáreas desmontadas.

Concentración de tierras en pocas manos: el 2% de las explotaciones agropecuarias concentran el 50% de la tierra cultivada. El 57% delaschacras sólo tienen el 3%

Desalojos y represión sobre campesinos y pueblos indígenas. Solo en el norte del país, donde más avanzó el modelo agropecuario, existen once millones de hectáreas en disputa. Relacionado: profundización del éxodo del campo a la ciudad. El propio INTA, brazo técnico-estatal del agronegocios, alertó en diciembre pasado: «El principal objetivo del modelo agropecuarioactuales maximizar la renta con una mirada de corto plazo, poniendo en situación crítica al sistema agroalimentario (…) No se ha tenido en cuenta que el uso excesivo de plaguicidas pone en serio riesgo al recurso suelo «.

Postales transgénicas

Resumen de la veintena de entrevistados en los pasillos. Asistentes: productores-empresarios de Bolívar, Totoras, Paraná, San Jorge, Río Cuarto, Marcos Juárez y Junín, entre otros. Conceptos recurrentes: sustenlabilidad, eficiencia, tecnología en el agro, producir para combatir el hambre del mundo. Al mismo tiempo que impulsan el uso masivo de transgénicos y agroquímicos (lo llaman «fitosanitarios»), niegan consecuencias del modelo. Ninguno vive en el campo, si en los pueblos o ciudades cercanas a la explotación agropecuaria. No se definen como empresarios, sí como productores o «emprendedores». Otra coincidencia: rechazo al kirchnerismo y apoyo a Macri.

El 6,7,8, agropecuario: stand de los diarios La Capital (Rosario), La Nación, Clarín; radios La Red, Continental, Mitre, Cadena 3; Agro TV, Infocampo y Chacra, entre otros. Medios de apoyo explícito al modelo agropecuario y con generosas pautas de las mismas empresas. Hubo un panel específico sobre periodismo: Desafíos en la comunicación del campo a la sociedad, a cargo de Casafe y Nidera. El eje: cómo comunicar mejor las bondades del agronegocios.

Uso correcto de fitosanitarios para el cuidado de las comunidades y el ambiente fue el nombre del panel donde Edda Vülaamil Lepori (Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA) y Olga Heredia (Facultad de Agronomía de la UBA) exhibieron parte de los resultados de un trabajo sobre agroquímicos en Pergamino y Chivücoy. Ambas científicas (junto a otros de la UBA), fueron cuestionadas por la Asamblea por la Protección de la Vida, la Salud y el Ambiente de Pergamino. Entre muchas críticas (detalladas en lavaca. org) demostraron que las académicas no buscaron los químicos más usados en la actualidad (glifosato, atrazina, 2-4-D), no realizaron estudios imprescindibles (de orina y de daño genético) y minimizaron los resultados. Fue un «estudio» para legitimar a los agroquímicos.

En el mismo panel, Ramiro Cid (INTA) y Eduardo Moavro (Ministerio de Agroindustria) celebraron el proyecto de ley con media sanción en Buenos Aires que permite fumigar hasta diez metros de las viviendas y despreciaron a los críticos: «Son malintencionados que carecen de fundamentos científicos-técnicos». El ministro de Agroindustria de Buenos Aires y ex gerente de Monsanto, Leonardo Sarquís, adelantó que la Cámara de Diputados bonaerense transformará en ley este proyecto.

El ministro de Ambiente, Sergio Bergman, también estuvo presente. A tono con los dueños de casa, celebró las «buenas prácticas» agrícolas y pidió que «las iniciativas de la sociedad civil, como Aapresid, se transformen en políticas públicas».

En síntesis: el 24 Congreso de Aapresid emito un discurso técnico y supuestamente apolítico. Utilizó términos ambientales y relatos de superación. Exhibió su alianza con medios de comunicación, políticos, transnacionales y científicos. Expuso su darwinismo empresario, construcción de hegemonía e impulso de políticas públicas en favor de las empresas.

Tres jornadas en las que Aapresid ratificó por qué es un engranaje fundamental del agronegocios local, cómo acumula poder y promete ir por más.

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¿Obtención de etanol celulósico a partir de la fibra de maíz?

Por Almuth Ernsting, 8 de agosto de 2016

independentsciencenews.org

planta_etanol

Las subvenciones en los Estados Unidos destinadas a la próxima generación de la producción de etanol celulósico se van aplicar por una mejora trivial de las tecnologías de refinación del etanol obtenido a partir del maíz. Dado que el etanol celulósico dispone de mayores subvenciones, esto aumentará los beneficios de las refinerías de maíz y aumentará la demanda de este cereal, pero no supondrá ninguna mejora para hacer frente al cambio climático o promover la independencia energética. Todo esto gracias a una política de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) para impulsar la producción de biocombustible celulósico, algo que prácticamente no se ha aplicado en los Estados Unidos, pero que ahora es posible por la ampliación y suavización de la definición de este término. Gracias a estas políticas, las subvenciones destinadas al etanol celulósico pueden ir ahora a parar hacia los biocombustibles elaborados a partir de los mismos granos de maíz utilizados en la producción del etanol convencional.

Después de décadas de promesas de que los biocombustibles obtenidos a partir de la biomasa celulósica, es decir, la madera, restos vegetales y residuos de las cosechas, serían un sustituto de otros biocombustibles, el mercado de los biocombustibles de todo el mundo permanece anclado en los cultivos alimentarios y los aceites vegetales. En el año 2015, los Estados Unidos produjo unos 63 millones de m3 de biocombustibles. Pero sólo unos 8400 m3 fueron clasificados como combustibles celulósicos, pero de los cuales el 98,5% procedían de gas de vertedero (otra definición cuestionable). Los verdaderos biocombustibles celulósicos permanecen en el mismo estado desde la crisis del petróleo de 1973: en la etapa de investigación y desarrollo.

Sin embargo, las promesas de los combustibles celulósicos y de algas han ayudado a que el Gobierno conceda continuas subvenciones para los biocombustibles elaborados a partir de los cultivos alimentarios. En los Estados Unidos, el instrumento principal de las políticas ha sido la Renewable Fuel Standard promulgada bajo el Gobierno de Bush, en el año 2007.

Se necesitarían en los Estados Unidos unos 136 millones de m3 de biocombustibles en el año 2022, con un máximo de 57 millones de m3 de etanol procedentes del maíz y un mínimo de 61 millones de m3 de biocombustibles celulósicos. Tanto el presidente Obama como su primer Secretario de Energía, Steven Chu, hna descrito el etanol producido a partir del maíz como “de transición”, es decir, de puente hacia los biocombustibles celulósicos. Sin embargo, mientras que la producción de etanol a partir del maíz ha aumentado en gran medida y se acerca a su límite máximo, los biocombustibles celulósicos siguen siendo una posibilidad remota.

En resumen, el único logro del etanol celulósico ha sido el de impulsar las ayudas para la producción insostenible de biocombustibles convencionales a partir de los cultivos alimentarios. Lo mismo se puede decir de la Unión Europea: un mayor apoyo para la obtención de biocombustibles avanzados fue clave para un compromiso legislativo que culminó en ayudas para los combustibles convencionales, con el objetivo de alcanzar un 7% de este combustible destinado al transporte convencional por carretera.

Ahora, se están concediendo subvenciones para la obtención de etanol celulósico a partir del maíz. Por primera vez en la historia, la EPA acreditó una producción de 3800 m3 de etanol celulósico durante el primer trimestre, es decir entre enero y marzo de 2016.

Tres han sido las refinerías de etanol celulósico oficialmente operativas durante este período, pero difícilmente pueden explicar esa cantidad: una de ellas fue inaugurada oficialmente por DuPont en octubre de 2015, pero en abril de 2016 todavía no había comenzado la producción. También en el mes de abril, INEOS Bio, que posee una refinería celulósica que hasta ahora ha funcionado sin éxito, declaró que estaban trabajando en la introducción de “mejoras técnicas”, y estaban a la espera de reiniciar la producción a finales de este año. En el mes de mayo, una tercera operadora, POET and DSM, anunciaron que esperaban poder aumentar la producción, lo cual parece indicar que no habían producido mucho hasta ahora. En declaraciones a la revista Scientific American dijeron que la arena y las gravas mezcladas con los rastrojos de maíz habían “causado estragos en las bombas, válvulas y otros equipos”.

Sólo queda una fuente potencial: el etanol producido de manera convencional a partir del maíz, pero que se ha clasificado como celulósico. Esta extraña posibilidad se debe a la decisión de la EPA en el año 2014, lo que permitió que el etanol producido a partir de la fibra presente en los granos de maíz haya sido subvencionado como celulósico. De un solo golpe, el etanol producido de la fibra de los granos de maíz, la EPA le dio la vuelta a lo que comúnmente se entiende por etanol celulósico.

Una mirada más atenta en contra del etanol celulósico obtenido del maíz

Para entender como ha sido esto posible, en primer lugar hay que establecer las diferencias entre el etanol de maíz, el etanol celulósico y las nuevas tecnologías de etanol celulósico de maíz que, gracias a la decisión de la EPA en 2014, ahora se beneficia de los altas subvenciones del etanol celulósico.

Imagen: argenbio.org

Imagen: argenbio.org

El etanol de maíz se produce mediante la fermentación del almidón. Los almidones son moléculas de almacenamiento de energía formadas por moléculas de glucosa. La glucosa es un azúcar que sirve como fuente de energía para la mayoría de los organismos, incluyendo las levaduras, produciéndose en la fermentación etanol y CO2. A pesar de que la fermentación es un proceso sencillo, se requieren de importantes cantidades de energía, generalmente obtenida a partir de combustibles fósiles, así como dos enzimas diferentes, que elevan los costes de producción. Esto se debe a que el almidón debe romperse en moléculas de glucosa antes de que pueda someterse al proceso de fermentación.

 Diapositiva de Marco A. Báez.

Diapositiva de Marco A. Báez.

Por otro lado, el etanol celulósico es mucho más difícil y costoso de producir, y los balances energéticos son más pobres que en el caso del etanol de maíz. El término etanol celulósico hace referencia al etanol producido a partir de las celulosas y hemicelulosas que son los componentes principales de las paredes celulares de las plantas. Se debe liberar la glucosa de la celulosa antes de que puede ser sometida al proceso de fermentación. Las hemicelulosas son más fáciles de separar que las celulosas, pero sus azúcares no pueden ser fermentados por las mismas levaduras u otros microorganismos utilizados en la fermentación de la glucosa. Hay algunos microorganismos que pueden fermentar los azúcares de las hemicelulosas, pero no se ha encontrado ninguno en la naturaleza que los fermente de manera eficaz, como sí ocurre con la glucosa. Hay otras dificultades añadidas: tanto la celulosa como la hemicelulosa se entrelazan en estructuras complejas que contienen otros tipos de moléculas, de las cuales la más conocida, y generalmente más abundante, es la lignina.

Estas son algunas de las razones por las que realizar la separación de manera eficiente y asequible de todas las estructuras complejas de las paredes celulares y obtener unos altos rendimientos en la obtención de etanol sigue siendo un objetivo difícil de alcanzar por la Industria.

¿Qué es el etanol de la fibra de maíz?

grano_maizLos granos de maíz se componen principalmente de almidón, pero también contienen de un 10% a un 12% de fibra, así como algunas proteínas y grasas. La fibra está formada por las paredes celulares que contienen celulosa y hemicelulosa, junto con una pequeña cantidad de lignina. La fibra contiene algo de almidón. En teoría, el etanol celulósico de la fibra podría provenir de la celulosa y de la hemicelulosa. De hecho, la hemicelulosa contabiliza una mayor cantidad de azúcares que la celulosa. Sin embargo, ninguna empresa vende actualmente microorganismos a las refinerías de etanol de maíz capaces de fermentar los azúcares contenidos en la hemicelulosa. Por lo tanto, el etanol celulósico se obtiene a partir de los azúcares de la celulosa presente en la fibra o del almidón de que adhiere a la misma.

La decisión de la EPA sobre el etanol obtenido de la fibra presente en el grano de maíz permite que el etanol derivado del almidón de maíz que se adhiere a la fibra sea clasificado como celulósico, pero sólo en el caso de que la fibra se procese por separado del almidón del maíz. Pero el razonamiento alegado es que sólo representa “menos del 5% de la masa” de la fibra. Sin embargo, otras fuentes citan proporciones mucho más altas para la cantidad de almidón que se adhiere a la fibra del maíz. De acuerdo con una presentación realizada en el año 2009 por un profesor asociado de la Universidad de Illinois, especializado en el procesamiento del maíz, la fibra del grano de maíz contiene un promedio de 25% de almidón, un 40% de hemicelulosa y un 12% de celulosa. Si estas cifras son correctas, entonces la mayoría del etanol celulósico producido a partir de la fibra de maíz en algunas refinerías provendría del almidón de maíz. Esto se puede aplicar específicamente a la tecnología de producción de etanol de fibra de maíz desarrollada por Quad County Corn Processors y Syngenta.

Hay dos tecnologías que están siendo comercializadas para la obtención de etanol de la fibra de maíz. Una de ellas ha sido desarrollada por Quad County Corn Processor (QCCP) y Syngenta, que parecen beneficiarse de las consideraciones de la EPA sobre el almidón. Es así porque recuperan los residuos del refinado convencional de etanol de maíz y después realizan un pretratamiento, fermentación y destilación a etanol celulósico, es decir, el procesamiento por separado de la fibra es mayor que la de almidón.

La otra tecnología (desarrollada por Edeniq, ahora propiedad de Aemetis) emplea los métodos convencionales de tratamiento previo de los granos enteros de maíz antes de la fermentación. Teniendo en cuenta que la fibra no está separada de la mayor parte del almidón del maíz, la empresas que utilizan esta tecnología no pueden beneficiarse de las consideraciones de la EPA sobre el almidón.

Curiosamente, tanto QCCP como Syngenta están reclamando unos rendimientos mucho más altos en la producción de etanol celulósico que Edeniq: QCCP proclama que ha obtenido 7600 m3 adicionales de etanol celulósico, y otros 132.000 m3 de etanol convencional de maíz, al año. Por otro lado, la primera empresa en emplear comercialmente el proceso de Edeniq, Pacific Ethanol, afirma estar obteniendo una producción extra de 2900 m3 de biocombustible celulósico, en cuya anterior planta obtenía 227.000 m3 de etanol de maíz al año. Esto sugiere que la cantidad de etanol celulósico derivado del almidón, y por el cual QCCP y Syngenta están reclamando subvenciones, podría ser mucho mayor que el 5% establecido por la EPA.

La obtención de etanol a partir de la celulosa contenida en la fibra del grano de maíz no logra superar la mayor parte de los desafíos clave en la producción de etanol celulósico:

– La obtención de una materia prima limpia y bastante homogénea (libre de gravas y otras impurezas), algo que sigue siendo un gran reto para el etanol celulósico a partir de los residuos agrícolas en particular;

– Las tecnologías que se están comercializando ahora no realizan una fermentación de los azúcares contenidos en la hemicelulosa, sólo se fermenta la glucosa;

– La separación de la celulosa ( y la hemicelulosa) de la lignina es un reto clave en la producción de etanol celulósico. La fibra de maíz, sin embargo, contiene muy poca lignina y, de acuerdo con un artículo, la mayor parte está en una forma inmadura, lo cual quizás quiera decir que sea menos recalcitrante.

Los únicos cambios, en comparación con el refinamiento convencional del etanol de maíz, son dos sencillas innovaciones:

– Un diferente tratamiento mecánico de los granos de maíz en un primer momento (Edeniq) o la transformación de los residuos de fermentación (QCCP) y

– La adición de enzimas que descomponen la celulosa en glucosa. No hay información pública disponible sobre las enzimas utilizadas por Edeniq. Sin embargo, QCCP utiliza una mezcla de enzimas desarrollada por DuPont, que ni siquiera fue pensada para el etanol celulósico, sino simplemente para refinar el etanol convencional de una manera más eficiente a partir del almidón.

¿Qué es lo que hace que sea más atractivo para las refinerías el etanol de la fibra de maíz?

De acuerdo con Edeniq/Aemetis, las refinerías de etanol de maíz que utilicen su nueva tecnología aumentarán sus rendimientos totales en la producción de etanol en un 7% y hasta un 2,5% de etanol celulósico. Esta fracción de etanol celulósico supone la obtención de más subvenciones. Un galón de etanol celulósico (3,8 litros) tiene una mejor consideración por parte de la Renewable Fuel Standard, 1,0017 dólares más que un galón de etanol de maíz, y también supone un extra de 1,01 dólares en incentivos fiscales para el etanol celulósico. Las refinerías esperan obtener pronto otros 0,65 dólares según la Californian Low Carbon Fuel Standard.

La nueva técnica de procesamiento también produce más aceite de maíz, que se puede vender como subproducto. Los ingresos adicionales son tan altos que Aemetis está ofreciendo su tecnología sin ningún coste por adelantado, con la única obligación de compartir el 50% de los ingresos adicionales.

La tecnología de QCCP, por otro lado, promete todavía mayores subvenciones, ya que toda la producción adicional de etanol se acredita como etanol celulósico por la EPA. También se obtiene una mayor cantidad de aceite de maíz.

El etanol de fibra de maíz podría aumentar los ingresos del etanol de maíz lo suficiente como para alentar a la Industria frente a la caída de los precios

De acuerdo con un economista de la Universidad de Illinois, las nuevas tecnologías pueden “producir más de 3.800.000 m3 de etanol celulósico en las plantas de molienda en seco ya existentes” [1]. El 90% de las plantas de bioetanol de los Estados Unidos son del tipo de molienda en seco. 3.800.000 m3 es una cifra modesta frente a la actual producción de etanol de maíz. Sin embargo, es una gran cantidad en comparación con el etanol celulósico comercializado hasta la fecha.

Las tecnologías de etanol de fibra de maíz se están aplicando rápidamente. QCCP inauguró su tecnología de etanol celulósico en septiembre de 2014. Pacific Ethanol hizo lo mismo en diciembre de 2015 con la instalación de la tecnología de Edeniq en su refinería de 227.000 m3 de etanol en Stockton, California. Actualmente están a la espera de que la EPA les acredite su producción como etanol celulósico, lo que despejará el camino para la apertura de otras refinerías que instalen esta tecnología para así también sacar provecho de las subvenciones al etanol celulósico. Pacific Ethanol dispone de ocho refinerías de etanol en total. Los propietarios de Edeniq/Aemetis tienen la intención de utilizar la tecnología en su planta de Keyes, California, a finales de este año, que produciría 227.000 m3 al año. Flint Hills Resources ha anunciado que la van a utilizar en las siete refinerías de etanol de maíz, que tienen una capacidad combinada de producción de 3.100.000 m3 al año. La Cooperativa de Energía Siouxland ha obtenido la licencia para utilizar esta tecnología en su refinería de 227.000 m3 en Nebraska, a finales de este año. Syngenta dice que espera que la tecnología utilizada por Quad County Corn Processors sea aplicada por otras dos refinerías de etanol de maíz en el año 2017.

En un momento en que los beneficios están presionados por unos precios más bajos del petróleo, unos mayores ingresos podrían permitir que algunas refinerías de etanol de maíz se mantuviesen a flote, incluso si los precios de petróleo se mantienen bajos. Esto convertiría a las subvenciones al etanol celulósico en un salvavidas para las refinerías de etanol de maíz.

Almuth Ernsting es Codirector de Biofuelwatch

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Procedencia del artículo:

https://www.independentsciencenews.org/environment/cashing-in-on-cellulosic-ethanol-subsidy-corn-biofuel/

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Disruptores endocrinos: la historia secreta de un escándalo

La próxima semana, según diversas fuentes, la Comisión Europea se va a ocupar de las directrices relacionadas con los disruptores endocrinos. Lástima que todo este asunto se vea envuelto en la más oscura de las negociaciones, digna de secretos de Estados.

Por Stéphane Horel, 8 de junio de 2016

environmentalhealthnews.org

Imagen: AUREL

Imagen: AUREL

Es uno de los secretos mejor guardados de Europa. Está encerrado en el laberinto de pasillos de la Comisión Europea, en un ambiente protegido al que sólo tienen acceso 40 burócratas acreditados. Y sólo con lápiz y papel. No se les permite el uso de teléfonos móviles.

Se trata de uno de los protocolos de seguridad más estrictos, mayor incluso que el de las negociaciones de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP) entre la Unión Europea y Estados Unidos: si los miembros del Parlamento Europeo quieren acceder a la documentación del TTIP sólo pueden hacerlo en la sala de lectura, comprobando con anterioridad el contenido de su bolsillos.

Es un Informe secreto de 250 páginas. Su título, en la jerga de la Comisión, es el de “Evaluación del Impacto”.

Se evalúa el impacto socieconómico de los reglamentos relacionados con un grupo de contaminantes químicos, conocidos como disruptores endocrinos. Estos productos químicos son capaces de interferir en el sistema hormonal de las especies animales, incluyendo los seres humanos, y se cree que es la causa de muchas enfermedades graves: cáncer, infertilidad, obesidad, diabetes, trastornos neurológicos.

Se encuentran en multitud de artículos de consumo, cosméticos, pesticidas y plásticos, tales como el bisfenol A (o BPA). Los sectores industriales se verán afectados por la regulación de estos productos químicos a medio plazo. Miles de millones de euros están en juego.

Una trama digna de una serie de televisión

La perspectiva de que haya restricciones, incluso tal vez prohibiciones, plantea serias preocupaciones entre los fabricantes. La Industria de los plaguicidas nunca ha ocultado su hostilidad a la aprobación de una normativa europea sobre los plaguicidas, con una serie de idas y venidas más propia de una serie de televisión.

El Parlamento se comprometió en el año 2009 a aprobar un texto en el que se diese tratamiento especial a los plaguicidas: los reconocidos como disruptores endocrinos no se permitirían en el mercado. Pero es algo que todavía no han llevado a buen término.

En concreto, el trabajo consistía en establecer unos criterios para identificar a estas sustancias. Sin estos criterios, la ley no puede ser aprobada. La Comisión tenía la obligación de que se pudiera discernir entre los disruptores endocrinos de otros productos químicos, es decir, los criterios para identificar estas sustancias.

Las autoridades nacionales de salud, la Industria y ONG están a la espera de una decisión sobre esos criterios de identificación, un instrumento que permita la regulación: restricciones en el uso de estas sustancias, o incluso la prohibición de determinados disruptores endocrinos.

De eso hace 7 años y todavía no se han redactado esos criterios.

Esta Evaluación de Impacto, con sus conclusiones tan extremadamente confidenciales (algo tan secreto como la ubicación de la Fuente de la Eterna Juventud) , es la responsable de este retraso. No formaba inicialmente parte del plan, pero la Industria la solicitó con objeto de debilitar las directrices de regulación.

Tuvieron éxito en el verano de 2013, después de las grandes presiones ejercidas por la Industria de los Plaguicidas y de los Productos Químicos, que trabajan en tándem. La actividades fueron coordinadas principalmente a través de sus organizaciones de presión con sede en Bruselas: European Crop Protection Association y European Chemical Industry Council.

Unos archivos hipersensibles

Las grandes empresas de producción de agroquímicos, los dos pesos pesados alemanes, BASF y Bayer, y la multinacional suiza Syngenta, están presentes en este campo de batalla.

La Secretaria General de la Comisión, Catherine Day, finalmente ha cedido a la petición de una Evaluación de Impacto en base a los opiniones divergentes dentro de la Comunidad Científica y los “potenciales impactos en los sectores de la Industria Química y del Comercio Internacional”, en referencia directa al TTIP, que está en fase de negociación.

En un Informe del 2 de julio de 2013, el entonces máximo responsable de la Unión Europea describía los criterios de regulación de los disruptores endocrinos como un “tema delicado”.

Un tema delicado era, y en un tema delicado se quedó.

El Parlamento Europeo dio una fecha límite para que la Comisión redactase los criterios: diciembre de 2013. Al ver que no se aprobaban, Suecia llevó a la Comisión ante los Tribunales. Este movimiento fue apoyado por Francia, Dinamarca, Finlandia y los Países Bajos, y también por el Parlamento Europeo y el Consejo, una configuración un tanto extraña dentro de Europa.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea no se retrasó en su respuesta.

Antes de Navidad de 2015, dictaminó que la Comisión, que es guardiana de los tratados, había violado “las leyes de la Unión Europea”. La sentencia decía que no veía esa “supuesta necesidad de evaluación de impacto de los criterios científicos” que la Comisión Europea había colocado en el centro de su defensa.

Pero ese mismo día, el portavoz de Lituania Vitenis Andriukaitis , Comisario Europeo de Salud, anunció sin rodeos que ese estudio de impacto se iba a realizar.

Es decir, que si ya de por sí el tema era hipersensible, se convirtió en inflamable.

¿Cuál es el coste de la enfermedad?

Los Parlamentarios europeos están indignados. Algunos de ellos han enviado cartas al Presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Pero no tuvieron ningún efecto.

El pasado 13 de enero de 2016, el Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, escribió a Juncker: el retraso de la Comisión es inaceptable. Se continúa con la Evaluación de Impacto, agregó Schulz, “haciendo caso omiso de la sentencia” del más alto Tribunal de la UE, y solicitó a la Comisión que se “cumpliese sin demora”. Este mensaje fue repetido en una segunda carta fechada el 10 de marzo.

Algunos estudios elevan los costes en la salud por la exposición a los disruptores endocrinos entre 157.000 millones y 288.000 millones de euros

Suecia, por su parte, sigue haciendo presión. En un documento de fecha de 13 de mayo, al que Le Monde ha tenido acceso, Suecia recordaba a la Comisión que el Tribunal “prohíbe el uso de consideraciones económicas para definir los criterios”.

Entonces. ¿cuál es la naturaleza de las consideraciones económicas contenidas en las 250 páginas del Estudio de Impacto custodiado bajo siete llaves?

Además del impacto en la Industria, se tendrá en cuenta el coste de las enfermedades relacionadas con la exposición a los disruptores endocrinos en Europa, que ha sido estimado por estudios independientes de entre 157.000 millones y 288.000 millones de euros al año.

La trama se dará por concluida el próximo 15 de junio, de acuerdo con nuestras fuentes: la propuesta final sobre los criterios para la identificación de los disruptores endocrinos será presentada en una reunión del College of European Commissioners ese mismo día.

Más información:

Entrevista con la Ministra de Medio Ambiente de Francia, Ségolène Royal, sobre los contaminantes químicos.

Disruptores endocrinos: maniobras finales de la comunidad científica ligada a la Industria en Bruselas.

Parte 2

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Procedencia del artículo:

http://www.environmentalhealthnews.org/ehs/news/2016/june/endocrine-disrupters-the-secret-history-of-a-scandal

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Una acreditada reputación: Hayes, Syngenta y la Atrazina (y V)

Después de que Tyrone Hayes dijese que un producto químico era nocivo, su fabricante arremetió contra él

Por Rachel Aviv, febrero de 2014

The New Yorker

Parte 1, Parte 2 , Parte 3, Parte 4

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta “La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió David Michaels.

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta
“La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió David Michaels.

En el año 2010, escribía en un correo electrónico enviado al grupo de científicos del panel EcoRisk: “Acabo de iniciar el que será el evento académico más importante de esta batalla”. Tenía otra documento que iba a ser publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, en el que describía cómo los renacuajos machos que habían estado expuestos a la atrazina se desarrollaron para convertirse en hembras con trastornos en la fertilidad. Escribió a la Empresa para que iniciase lo antes posible otra campaña de relaciones públicas: “Es bueno saber que en este entramado económico puedo dar empleo a tantas personas”, escribió. Citó a Tupac Shakur y al rey sudafricano Shaka Zulu: “Nunca abandones la base del enemigo o regresará de nuevo para lanzarse sobre tu garganta”.

El Jefe de Seguridad de los productos de Syngenta escribió una carta al editor de las Actas de la Academia Nacional de Ciencias y al Presidente de la Academia Nacional de Ciencias, expresando su preocupación de que un “estudio con debilidades tan obvias hubiese logrado publicarse en una revista científica de tan buena reputación”. Un mes más tarde, Syngenta presentó una demanda ética ante el rector de Berkeley, alegando que los correos electrónicos de Hayes violaban las normas de conducta ética de la Universidad, sobre todo por la falta de respeto a los demás. Syngenta ha publicado más de 80 de los correos electrónicos de Hayes en su página web y envió unos cuantas en su carta al Rector. En uno de ellos, con el asunto “¿Están ustedes preparados?”, Hayes escribió: “Ya fulla my j*z right now!”. En otro, decía a los científicos de Syngenta que había estado tomando algo con sus amigos republicanos después de la conferencia, que querían saber algunos datos que había utilizado en un artículo: “As long as you followin me around, I know I’m da sh*t”, “Por cierto, dejo sus preguntas preescritas en la mesa”.

Berkeley no tomó medidas disciplinarias contra Hayes. El abogado de la Universidad recordó a Syngenta en una carta que “todas las partes tienen la misma responsabilidad en actuar de manera profesional”. David Wake dijo que había leído muchos de los correos electrónicos y los encontró “bastante jocosos”: “Les habla como a los punks en la calle, cuando ellos se ven a sí mismos como capitanes de la Industria. Cuando le dan un toque, va derecho a ellos”.

Michelle Boone, profesora de ecología de ecosistemas acuáticos de la Universidad de Miami, que formó parte del panel de asesores científicos de la EPA, dijo: “Todos seguimos el drama de Tyrone Hayes, y algunas personas habrán dicho, “Sólo debe dedicarse a cuestiones científicas”. Pero la Ciencia no habla por sí misma. La Industria tiene recursos ilimitados y un poder abusivo. Tyrone ha sido el único que ha dicho las cosas por su nombre. Sin embargo, algunas personas sienten que ha perdido buena parte de su objetividad”.

Keith Solomon, profesor emérito de la Universidad de Guelph, Ontario, que ha recibido financiación de Syngenta y que formó parte del parte del panel EcoRisk, señaló que los académicos que se niegan a recibir dinero de la Industria no son inmunes a los prejuicios, están bajo presión para producir nuevos trabajos, ya que deben conseguir cargos y promocionarse. “Si hago un ensayo miro los datos en todas las direcciones, y si no encuentro nada va a ser difícil publicar algo. Las revistas quieren excitación. Quieren que sucedan cosas desagradables”-.

Hayes, que había engordado más de 22 kilos desde que se convirtió en profesor titular, llevaba bufandas, brillantes, un elegante traje y pendientes de plata del Tíbet. Al final de sus conferencias se echaba unas rimas: “Veo una estratagema/ construida intencionalmente para ponernos en un dilema/ de modo que estoy dispuesto a resolver el problema/ para poder elegir uno u otro esquema/ y demostrar la objetividad de mi sistema”. En algunas conferencias, Hayes advirtió de las consecuencias del uso de la atrazina, que afectaban principalmente a las gentes de color: “Si usted es un negro o un hispano, es más probable que viva o trabaje en zonas en las que esté expuesto a esa basura… Por un lado estoy tratando de jugar según las reglas de la torre de marfil, y por otro lado la gente está empleando un conjunto diferente de reglas”. Syngenta habla directamente al público, mientras que los científicos publican sus investigaciones en “revistas que usted no puede comprar en Barnes and Noble”.

Hayes confiaba que en la próxima audiencia de la EPA se encontrasen las suficientes pruebas como para prohibir la atrazina, pero en el año 2010 la Agencia encontró que los estudios sobre riesgos en los seres humanos eran muy escasos. Dos años después, durante otra revisión, la EPA determinó que la atrazina no afectaba al desarrollo sexual de las ranas. En ese momento, se disponía de setenta y cinco estudios publicados sobre el tema, pero la EPA excluyó la mayor parte de ellos, debido a que no cumplían con los requisitos de calidad que la Agencia había establecido en 2003. Así que la conclusión se basaba casi exclusivamente en los estudios financiados por Syngenta y dirigidos por Werner Kloas, profesor de Endocrinología de la Universidad de Humboldt, Berlín. Uno de los coautores fue Alan Hosmer, científico de Syngenta, cuyo trabajo, de acuerdo con la evaluación de rendimiento, incluía la defensa de la atrazina e influencia en la EPA.

Después de la audiencia, dos de los expertos independientes que habían participado en el grupo de asesoramiento científico de la EPA, junto con otros quince científicos, escribieron un documento ( aún no publicado) quejándose de que la Agencia había ignorado de forma repetida las recomendaciones del panel, colocando “la salud humana y el medio ambiente a merced de la Industria… La EPA trabaja con la Industria para establecer la metodología de tales estudios, de modo que la Industria es la única institución que puede permitirse el lujo de realizar las investigaciones”. El estudio de Kloas fue el más completo de su clase: sus investigaciones habían sido examinadas por un auditor externo, y sus datos en bruto entregados a la EPA. Pero los científicos escribieron que datos sobre una sola especie “no era como para construir un edificio lo suficientemente sólido y montar sobre él una evaluación de seguridad”. Citando un artículo de Hayes, que había hecho un análisis de dieciséis estudios sobre la atrazina, escribieron que “la mejor forma de predecir si el herbicida atrazina tiene efectos significativos es mirar la fuente de financiación”.

En otro artículo publicado en Policy Perspective, Jason Rohr, un ecologista de la Universidad de Florida del Sur, que formó parte de un panel de la EPA, ha criticado las prácticas de la Industria mediante la compra de científicos al servicio de su lucrativo negocio y ponen en duda los datos de otros. Escribió que de una revisión de la literatura científica sobre la atrazina, financiada por Syngenta, no podía entender que se hubiesen falsificado más de cincuenta estudios y realizado ciento cuarenta y cuatro declaraciones inexactas o falsas, de las cuales “el 96,5% favorecían a Syngenta”. Rohr, que ha llevado a cabo varios estudios sobre la atrazina, dijo que en sus conferencias “me veía asaltado de manera regular por los compinches de Syngenta, tratando de desacreditar mi investigación. Trataban de descubrir las lagunas en la investigación, más que apreciar los efectos adversos de los productos químicos… Tengo colegas que he intentado colaboren conmigo, pero me han dicho que no están dispuestos a entrar en este tipo de investigaciones, ya que no quieren los dolores de cabeza por la defensa constante de la credibilidad”.

Deborah Cory-Slechta, ex miembro de la Junta de Asesoramiento Científico de la EPA, dijo que pudo comprobar cómo Syngenta intentó desacreditar su trabajo. Profesora de la Universidad del Rochester Medical Center, Cory-Slechta ha estudiado cómo el herbicida Paraquat puede causar daños en el sistema nervioso: “La gente de Syngenta me estuvo siguiendo en mis conferencias y no paraba de decirme que no estaba usando dosis relevantes para los humanos. Abordaban a mis estudiantes y trataban de intimidarlos. Había una campaña constante para intentar que lo que yo hacía pareciera no legítimo”.

Syngenta se ha negado repetidas veces a concedernos entrevistas, pero Ann Bryan, Gerente de Comunicaciones, me dijo en un correo electrónico que algunos de los estudios que yo citaba eran poco fiables o de escasa solidez científica. Cuando le mencioné un reciente artículo aparecido en la revista American Journal of Medical Genetic, que mostraba una asociación entre la exposición de la madre a la atrazina y la posibilidad de que su hijo tuviera un pene más pequeño, testículos no descendidos, o una deformidad en la uretra, defectos que han aumentado en las últimas décadas, dijo que el estudio había sido “revisado por científicos independientes, encontrando numerosos defectos”. Me recomendó que hablase con el autor de la revisión, David Schwartz, neurólogo, que trabaja para Innovative Science Solutions, una empresa de consultoría especializada en la defensa de los productos y en estrategias “que le darán el poder de proponer los mejores datos”. Schwartz me dijo que los estudios epidemiológicos no pueden eliminar variables confusas o hacer afirmaciones sobre la causalidad: “Hemos sido muchas veces engañados por este tipo de estudios”.

En el año 2012, como resolución de las demandas colectivas, Syngenta acordó el pago de 105 millones de dólares para indemnizar a más de un millar de sistemas de abastecimiento de agua por el coste adicional de filtrar la atrazina del agua potable, pero la Empresa negó que su comportamiento fuese premeditado. Bryan me dijo que “la atrazina no tiene efectos adversos en la salud en los niveles a los que la gente está expuesta en el mundo real… Mostró la preocupación de que se hubiese sugerido que alguna vez intentasen desacreditar a alguien. Nuestro enfoque ha sido siempre el de revelar los conocimientos científicos y dejar las cosas claras… Cada marca, cada producto, tiene su propio programa de comunicaciones. La atrazina no es diferente”.

El año pasado (se refiere al año 2013), Hayes dejó en suspenso la realización de más experimentos. Dijo que los gastos para el cuidado de los animales habían aumentado ocho veces en una década, y que no podía permitirse el lujo de mantener su programa de investigación. Acusó a la Universidad de cargarle más gastos que al resto de Departamentos de investigación. En respuesta, el Director de la oficina de atención de los animales de laboratorio, envió cartas detalladas que ilustraban que se cobraba según unas tasas estándar en todo el campus universitario, que han aumentado para todos los investigadores en los últimos años. En un artículo de opinión aparecido en la revista Forbes, Jon Entine, un periodista que aparece en los registros de Syngenta como un apoyo por parte de terceros, acusó a Hayes de dar crédito a las teorías conspiratorias, y de dirigir a la comunidad reguladora internacional hacia una búsqueda inútil, algo que linda con lo criminal.

A finales de noviembre, el laboratorio de Hayes reanudó el trabajo. Se sirvió de donaciones privadas para apoyo de sus estudiantes, más que para el pago de honorarios, pero el laboratorio empezó a acumular deudas. Dos días antes del Día de Acción de Gracias, Hayes y sus estudiantes discutieron su plan de vacaciones. Llevaba una sudadera naranja de gran tamaño, pantalones cortos y zapatillas de deporte, y una antigua alumna, Diana Salazar Guerrero, comía patatas fritas que había dejado otro estudiante sobre la mesa. Hayes la animó a acudir a la cena de Acción de Gracias y acudir a la habitación de su hijo, que ahora es estudiante en Oberlin. Guerrero acaba de entregar la mitad del depósito del alquiler de un nuevo apartamento, y Hayes se sintió un tanto perturbado por la descripción de su nuevo compañero de apartamento: “¿Estás segura de que puedes confiar en él?”

Hayes acababa de regresar de Mar del Plata, Argentina. Había hecho un viaje de quince horas y conducido doscientas cincuenta millas para dar una conferencia de treinta minutos sobre la atrazina. Guerrero dijo: “Ahora que había más científicos documentándose sobre la atrazina, supuse que estaría dispuesto a seguir adelante. Al principio era un tipo loco de Berkeley… pero ahora las cosas están cambiando”.

En un reciente artículo aparecido en Journal of Steroid Biochemistry and Molecular Biology, Hayes y otros veintiún científicos, aplicando los criterios de Sir Austin Bradford Hill, quien en 1965 se refirió a las condiciones necesarias para establecer una relación causal, en este caso entre los estudios de la atrazina y diferentes clases de vertebrados, argumentaron que los estudios independientes mostraban de manera consistente que la atrazina perturba el desarrollo reproductivo de los machos. El laboratorio de Hayes estaba trabajando en otros dos estudios que exploraban cómo la atrazina afecta al comportamiento sexual de las ranas. Cuando le pregunté que haría si la EPA, que estaba llevando a cabo otra revisión de seguridad de la atrazina, y prohibiese el herbicida, bromeó diciendo: “probablemente me vuelva a deprimir”.

No hace mucho tiempo, Hayes vio lo que decía de él mismo la Wikipedia, observando una falta de respeto, y no estaba seguro de si se trataba de un ataque por parte de Syngenta o si simplemente había gente que pensaba que hacía mal las cosas. Se sintió deprimido cuando se acordó de los argumentos que había empleado con los expertos financiados por Syngenta: “Una cosa es que estén en desacuerdo con mis planteamientos científicos o que crean que estoy dando la alarma sobre algo que no debiera. Pero ni siquiera tienen sus propias opiniones. Pagan porque alguien tome una determinada postura”. Se preguntó si había algo inherentemente desquiciado en la denuncia de irregularidades; tal vez los locos persisten. Estaba preparado para la lucha, pero parecía buscar a su oponente.

Uno de los primeros estudiantes graduados, Nigel Noriega, que dirige una organización dedicada a la conservación de los bosques tropicales, me dijo que todavía se estaba recuperando de la experiencia de la investigación de la atrazina, de eso hace ya una década. Veía la Ciencia como una cultura rígida, “un club selecto, una sociedad de la élite… pero Tyrone no se ajustaba al estándar de lo que se considera un científico”. Noriega, preocupado porque la gente sepa muy poco del contexto en el que se dan los descubrimientos científicos, dijo: “No es provechoso para nadie pensar que los científicos han de ser autoritarios. Un buen científico pasa toda su vida cuestionando sus propios descubrimientos. Una de las cosas más peligrosas que puede hacer es tener fe”.

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Procedencia del artículo:

http://www.newyorker.com/magazine/2014/02/10/a-valuable-reputation

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Una acreditada reputación: Hayes, Syngenta y la Atrazina (IV)

Después de que Tyrone Hayes dijese que un producto químico era nocivo, su fabricante arremetió contra él

Por Rachel Aviv, febrero de 2014

The New Yorker

Parte 1, Parte 2 , Parte 3

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta “La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió David Michaels.

Hayes dedicó los últimos quince años a estudiar la atrazina, un herbicida muy utilizado, fabricado por Syngenta
“La Industria ha aprendido que el debate científico es mucho más sencillo y eficaz que el debate político. Un campo tras otro, las conclusiones que podrían ayudar en la aprobación de normas de regulación siempre están en constante disputa. Los datos que se obtienen de los estudios en animales no se consideran relevantes, los datos en personas no son representativos, y no se puede confiar en los datos de exposición ”, escribió David Michaels.

 En junio de 2003, Hayes se pagó él mismo el viaje a Washington para presentar allí su trabajo ante una audiencia de la EPA sobre la atrazina. La Agencia había evaluado 17 estudios. Doce de esos estudios habían sido financiados por Syngenta, y todos menos dos confirmaban que la atrazina no tenía efectos en el desarrollo sexual de las ranas. El resto de los experimentos, el de Hayes y el de investigadores de dos Universidades, indicaban lo contrario. En una presentación en PowerPoint, Hayes dio a conocer un correo electrónico de carácter privado que envió a uno de los científicos del panel EcoRisk, profesor de la Escuela Tecnológica de Texas, en el que decía: “Estoy de acuerdo con usted en que la cuestión más importante para todos los involucrados es el hecho de tener que reconocer ( y no es una cuestión menor) que los laboratorios independientes han demostrado el efecto de la atrazina en la diferenciación de las gónadas en las ranas. Esto es algo que no se puede negar”.

La EPA encontró que los 17 estudios sobre la atrazina, incluyendo el de Hayes, tenían defectos metodológicos – contaminación de los grupos de control, variabilidad en los parámetros de valoración, cría animal inadecuada – y solicitaba que Syngenta financiase un experimento a mayor escala para obtener unos resultados más definitivos. Darcy Kelly, miembro del grupo de asesoramiento de la EPA y profesora de Biología de la Universidad de Columbia, dijo en ese momento: “No creo que la EPA tomase una decisión correcta”. Los estudios realizados por los científicos de Syngenta tenían defectos que “ponían en duda su capacidad para llevar a cabo los experimentos. No pudieron replicar los efectos, que era tan fácil como dejarse caer de un tronco”. Piensa que los experimentos de Hayes eran mucho más sólidos, aunque no estaba convencida de las explicaciones de Hayes sobre el mecanismo biológico que causaba las deformidades.

La EPA aprobó el uso de la atrazina en octubre de ese año, el mismo mes en el que la Comisión Europea optó por retirarlo del mercado. La Unión Europea, en términos generales, aplica un enfoque preventivo en los riesgos ambientales, eligiendo la moderación en un contexto de incertidumbre. En Estados Unidos, las persistentes dudas científicas justifican los retrasos en las decisiones sobre las normas de regulación. Desde mediados de los años 1960, la EPA sólo ha publicado normas que restringen el uso de 5 productos químicos industriales de los más de 80.000 que se comercializan actualmente. La Industria tiene un peso más importante en el proceso de regulación estadounidense – pueden demandar a las Agencias de Regulación si observan errores en el registro científico – y los análisis del balance costes/beneficios forman parte integral de las decisiones: se asigna un valor monetario a cada enfermedad, a los daños producidos, al acortamiento de la vida, todo ello pesa en contra de las restricciones en la comercialización de un producto químico. Lisa Heinzerling, que formaba parte del Consejo sobre políticas climáticas de la EPA en 2009 y administradora asociada a la Oficina de Políticas en 2009 y 2010, dijo que los modelos de análisis de los costes/beneficios parecen “algo objetivo y neutral, una manera de liberarse del caos de la política”. Sin embargo, a pesar de los complejos algoritmos utilizados “se ocultan una enorme cantidad de riesgos”. Añadió que la influencia de la Oficina de Administración y Presupuesto que supervisa las decisiones importantes sobre regulación, se ha hecho mayor en los últimos años. “De poco sirven los estudios científicos si finalmente deciden los análisis de coste/beneficio… todo esto tiene un efecto tremendo y desmoralizador en la cultura de la EPA”.

En el año 2003, un comité de desarrollo de Syngenta, en Basilea, aprobó una estrategia para mantener la atrazina en el mercado, “al menos hasta el año 2010”. Una presentación preparada por el Gerente de Syngenta explicaba que “necesitamos seguir comercializando la atrazina para asegurarnos nuestra posición en el mercado del maíz. Sin la atrazina no podemos defender y ampliar nuestro negocio en Estados Unidos”. Sherry Ford, Gerente de comunicaciones, escribió en su cuaderno de notas que la Empresa “no debe desprenderse de la atrazina hasta que sepamos algo más del herbicida Paraquat, que también es motivo de controversia, debido a que algunos estudios muestran que podría estar asociado con la enfermedad de Parkinson. También hizo notar que la atrazina “impedía que se pusiese la atención en otros productos”.

Syngenta empezó a mantener reuniones semanales sobre la atrazina después de la primera demanda presentada en 2004. En las reuniones estuvieron presentes toxicólogos, abogados de la Empresa, personal de comunicaciones y el Jefe de los asuntos relacionados con las normas de regulación. Para amortiguar la publicidad negativa de la demanda, el grupo discutió la forma en que podrían invalidar las investigaciones de Hayes. Sherry Ford recoge anotaciones tan curiosas como “lleva el abrigo puesto” o “¿Es el camino correcto?”. “Si Tyrone Hayes quisiera obtener resultados positivos y tuviese lo necesario, él lo habría mostrado cuando se le preguntó”. Observó que Hayes se estaba “relacionando cada vez más estrechamente con grupos de defensa del medio ambiente” y que habría que buscar la forma “de que mostrase su verdadera rostro”.

En 2005, Sherry Ford hizo una relación de métodos para desacreditarlo, como que “sus investigaciones sean auditadas por terceras partes”, “solicitar a las revistas la retractación de sus artículos”, “tendiéndole una trampa para obligarle a demandarnos”, “investigar su financiación”. “investigar a su esposa”. Las iniciales de los diferentes empleados aparecen en los márgenes, presumiblemente debido a que se les había asignado una tarea u otra. Otra serie de ideas, discutidas en varias reuniones, fue la de llevar a cabo “refutaciones sistemáticas después de todas las apariciones de Tyrone Hayes (TH)”. Uno de los consultores de comunicaciones de la Empresa dijo en un correo electrónico que quería el calendario de reuniones de Hayes, de modo que Syngenta podría “acudir a las presentaciones mostrando los errores frente a la Hoja de la Verdad”, proporcionando evidencias de que sus mensajes eran patrañas (Syngenta dice que muchas de las cosas recogidas en los documentos hechos públicos hacen referencia a ideas que nunca se llevaron a cabo).

Para redirigir la atención sobre los beneficios financieros de la atrazina, la Empresa pagó a Don Coursey, economista titular de la Harris School of Public Policy, de la Universidad de Chicago, la cantidad de 500 dólares a la hora para que estudiase cómo podría afectar a la Economía la prohibición del herbicida. En 2006, Syngenta suministro a Coursey datos y un conjunto de estudios, y corrigió su artículo, que fue presentado como un Documento de Trabajo de la Escuela de Harris (efectivamente, reveló que Syngenta le había financiado). Después de presentar un proyecto, Coursey fue advertido mediante un correo electrónico de que tenía esforzarse más en su estudio para poder articular una “una contundente declaración que se derivase de las conclusiones de su análisis”. Coursey publicó más tarde nuevos datos en un encuentro en el National Press Club, en Washington, y dijo a la audiencia que había una “cuestión muy básica: la prohibición de la atrazina a nivel nacional tendría un efecto devastador, devastador sobre la economía del maíz de Estados Unidos”.

Hayes pasó a ocupar el puesto de profesor titular en 2003, un logro que le produjo una leve depresión. Se había pasado los 10 años anteriores haciendo valer sus logros académicos, y había alcanzado cada uno de ellos. Ahora se sentía sin rumbo. Su esposa dijo que podía ver en su vida “la vida corriente de un científico de éxito”. No estaba motivado por la idea de “escribir artículos y libros, en los que sólo veía un comercio entre unos y otros”.

Empezó a dar más conferencias al año, no sólo para el público sino también para científicos, institutos de política, departamentos de historia, clínicas de salud de la mujer, preparadores de alimentos, agricultores y escuelas secundarias. Casi nunca declinó una invitación, a pesar de la distancia. Decía a su audiencia que estaba desafiando las instrucciones de su asesor, quien le había dicho: “Deje que la Ciencia hable por sí misma”. Tenía un don para contar historias sensacionales, eligiendo frases como “escena del crimen” y “castración química”, y parecía deleitarse en detalles sobre los conflictos de interés de Syngenta, presentando teorías como si estuviera relatando chismorreos a sus amigos (Syngenta escribió una carta a Hayes y su decano, señalando inexactitudes: “A medida que descubrimos nuevos errores en sus presentaciones, esperamos volver a ponernos en contacto con usted otra vez”).

En sus conferencias, Hayes notó que uno o dos hombres presentes en la audiencia vestían más elegantemente que el resto de científicos. Hacían preguntas que parecían expresamente preparadas para avergonzarle: ¿Por qué nadie puede replicar sus investigaciones? ¿Por qué no comparte sus datos? Un ex estudiante, Ali Stuart, dijo que “en todas partes había un tipo haciendo preguntas a Tyrone para burlarse de él. Le llamábamos el Hombre del Hacha”.

Hayes pensaba que estos científicos trabajaban para Syngenta, y una vez se acercó a uno de ellos en un torpe desafío. Escribió gran cantidad de correos electrónicos, informándoles de las conferencias que pensaba dar y ofreciéndoles consejos sobre cómo desacreditarle. “Usted no puede acercarse a su presa pensando como un depredador. Tiene que convertirse en su presa”. Describió un reciente viaje suyo a Carolina del Sur diciendo que “mi amigo de la infancia me informó de quién había muerto, quién se encontraba en una difícil situación, quién estaba en la cárcel”. Escribió: “He aprendido a hablar como usted (mejor que usted… como usted admite), escribir como usted (una vez más, mejor que usted)… y sin embargo no conoce a nadie como yo… aún tiene que pasar un día en mi mundo”. Después de que en un correo electrónico un grupo de presión lo caracterizase como “negro y bastante elocuente”, comenzó a firmar sus correos electrónicos: “Tyrone B. Hayes, Doctor, ABM, un negro muy elocuente”.

Syngenta empezó a preocuparse por correos electrónicos de Hayes y encargo aun contratista externo que le hiciese un perfil psicológico. En sus notas, Sherry Ford lo describió como “bipolar/ maníaco depresivo” y “paranoide esquizofrénico y narcisista”. Roger Liu, estudiante de Hayes, dijo que pensaba que Hayes escribió aquellos correos para aliviar su ansiedad. Hayes mostraba a menudo los correos electrónicos a sus estudiantes, en los que apreciaban un sentido del humor rebelde. Liu dijo: “Tyrone tenía a todos esos fans en su laboratorio, animándole. Yo era de los que desde atrás decía: “No le incitéis. No hagáis que salga la bestia””.

Syngenta intensificó su campaña de relaciones públicas en 2009, cuando empezó a mostrar su preocupación por los ecologistas, que defendían una nueva Ciencia y habían desarrollado una nueva línea de ataque. Ese año, en un artículo publicado en Acta Paediatrica, una revisión de los registros nacionales de treinta millones de nacimientos, encontró que los niños concebidos entre abril y junio, cuando son mayores las concentraciones de atrazina (mezclada con otros pesticidas) en el agua, eran más propensos a padecer defectos genitales de nacimiento. El autor del artículo, Paul Winchester, profesor de Pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana, recibió una citación de Syngenta, que le pidió les entregara todos los correos electrónicos que había escrito sobre la atrazina en la última década. Los medios de comunicación de la Empresa hablaron de un estudio como “la llamada de la Ciencia” que no pudo encontrar la “prueba de la carcajada”. Winchester dijo: “Por supuesto que no vamos a discutir que no he demostrado esa cuestión. Los epidemiólogos no tratan de demostrar las cuestiones, sino la de buscar los problemas”.

Unos meses después de aparecer el estudio de Winchester, The Times publicó una investigación que sugería que los niveles de atrazina superaban con frecuencia el umbral máximo permitido legalmente en el agua potable. El artículo hacía referencia a estudios anteriores publicados en Environmental Health Perspectives y la Revista de Cirugía Pediátrica, encontrándose que las madres que vivían cerca de fuentes de agua que contienen atrazina eran más propensas a tener bebés con bajo peso o tenían algún defecto intestinal u otros órganos.

El día de la publicación del artículo, Syngenta planeó dar cuenta de 1) todas las inexactitudes y 2) las declaraciones falsas. Ya habría alguien que refutaría tales afirmaciones. Elizabeth Whelan, Presidenta del Consejo Americano de Ciencia y Salud, que solicitó 100.000 dólares a Syngenta, apareció en MSNBC declarando que el artículo de The Times no estaba basado en evidencias científicas: “Soy una profesional de la salud. Me ha molestado mucho que The New York Times haya publicado en la primera página de su edición del domingo un artículo que habla de falsos riesgos”.

El equipo de relaciones públicas de Syngenta escribió editoriales sobre los beneficios de la atrazina y sobre la endeble Ciencia de sus críticos, y luego los envió a su aliados, que aceptaron firmarlos y aparecieron en el Washington Times, el Rochester Post-Bulletin, el Des Moines Register, y el St. Cloud Times. Como alguno de esos artículos sonaba demasiado agresivo, un consultor de Syngenta advirtió que “algunos de los términos utilizados en esos artículos sugieren su procedencia, algo que se debiera de evitar a toda costa”.

Después de que apareciese el artículo en The Times, Syngenta contrató a una consultora de comunicación, el White House Writers Group, que ha representado a más de sesenta Empresas de Fortune 500. En un correo electrónico enviado a Syngenta, Josh Gilder, un Director de la Empresa y un ex redactor de los discursos de Ronald Reagan, escribió: “ Tenemos que emprender nuestra propia batalla”. Advertía que prohibir la atrazina sería destruir la economía de las zonas rurales; por otro lado, trató de crear “un estado de cosas tal que la nueva dirección política de la EPA se sintiese cada vez más aislada”. Esta Empresa celebró “cenas con influyentes personas de Washington” y trató con miembros del Congreso para impugnar el fundamento científico en la próxima revisión de la EPA sobre la atrazina. En una nota en la que se describe la estrategia, el grupo de escritores de la Casa Blanca, escribió que: “Respecto a la Ciencia…. Hay que decir que los principales actores de Washington no entienden de Ciencia”.

Parte 5

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Procedencia del artículo:

http://www.newyorker.com/magazine/2014/02/10/a-valuable-reputation

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Argentina: demanda colectiva al Estado, Monsanto y las corporaciones sojeras

Daniel_SalaberryReconstrucción de la red ferroviaria, saneamiento de suelos, agua y aire, una indemnización multimillonaria a la sociedad en concepto de daño moral, la prohibición de eventos transgénicos y de fumigaciones, obligación del etiquetado de los alimentos para que podamos elegir si comer o no transgénicos. Esas son algunas de las medidas que plantea una inédita demanda colectiva contra el Estado, Monsanto, Syngenta y un total de once corporaciones que imponen el modelo transgénico en el país. Daniel Sallaberry, del grupo de abogados que inició la demanda, y datos para entender cómo podría hacerse justicia.

Parte 1:

(Haga clic en una u otra imagen para acceder al audio)

salaberry1

Parte 2:

salaberry2

Procedencia del artículo:

http://www.lavaca.org/deci-mu/la-demanda-colectiva-al-estado-monsanto-y-las-corporaciones-sojeras/