Hugo Desprez, 14 de abril de 2026
Miembro del grupo Écran Total
Facilitado por el autor a sniadecky.wordpress.com

Retour sur deux semaines de propagande dans un lycée Altiligérien
La cantinela es bien conocida cuando se trata de tecnología: se impone, está en todas partes, hay que aceptarla, hay que usarla. Así son las cosas, no hay nada que hacer.
En los últimos días, por mi zona, he podido constatar la aparición ex nihilo de la Inteligencia Artificial (IA) en nuestra vida cotidiana.
Emmanuel Forestier, director del instituto Emmanuel Chabrier de Yssingeaux (43), se preocupa por el futuro de sus alumnos y de su personal docente. Dinámico, en la flor de la vida, moderno, decide organizar «las jornadas de la inteligencia artificial», un ciclo de conferencias que se impartirán en las instalaciones del instituto del 27 de marzo al 3 de abril de 2026. Los alumnos asistirán (asistencia obligatoria) durante el horario lectivo; el público en general podrá disfrutar de las charlas por la tarde. De hecho, si ha tomado esta iniciativa es también porque no tiene otra opción: «ya sea a nivel del equipo docente o de los alumnos, la IA ya está aquí, se ha impuesto».
Al escucharlo, casi se diría que lo digital ha echado a andar, ha empujado la puerta de su centro y que, ahora, no le queda más remedio que aceptarlo y adaptarse. Cabe señalar, no obstante, que uno de los ejes de su «proyecto de centro» se titula «reforzar los usos de lo digital» [enlace].
Por lo tanto, organiza este evento para permitir a los alumnos «una comprensión profunda de los retos relacionados con las nuevas tecnologías de inteligencia artificial». Si bien la idea es loable, no podemos sino sentirnos decepcionados por la realidad: los cuatro ponentes participan directamente, por su trabajo, en la proliferación de las tecnologías digitales —y el crecimiento de este sector determina la buena salud de sus economías [1]; al menos uno es un transhumanista declarado [2]. Adiós a una comprensión histórica, filosófica o incluso política de la reciente avalancha de la IA en nuestra vida cotidiana; nos conformaremos con la apología beatífica proferida por estos cuatro lobistas.
También nos dirá que su objetivo es «desmitificar» estas herramientas para «convertir a los alumnos en consumidores». Es muy normal, ya que «el instituto debe evolucionar con los tiempos». Evidentemente, su discurso de presentación nos vuelve a servir todos los eslóganes de los entusiastas de la tecnología: «nos facilita la vida», «es una herramienta, por lo que es neutra, basta con usarla bien», «es un aliado fundamental frente a los retos climáticos», etc.
Para acompañarle en la organización de este evento, Laura Suzanne, directora de La Brasserie du Digital, se desplazó hasta allí. Nos explica que su asociación, fruto de una colaboración público-privada, tiene como objetivo «acompañar la transición digital del territorio», en particular a través de la organización de eventos de promoción de las tecnologías digitales.
Ubicada en la Ciudad Digital del Pensio, en Le Puy-en-Velay, esta asociación cuenta con un fuerte respaldo tanto gubernamental como privado: financiación de la Unión Europea, la Agencia Nacional de Cohesión Territorial… y varias certificaciones. Detengámonos un momento en su certificación «Atrévete con la IA». En la página web del Gobierno se puede leer:
« Lanzado este martes 1 de julio [2025], el plan nacional «Atrévete con la IA» tiene como objetivo acelerar la difusión de la inteligencia artificial (IA) en todas las empresas francesas, y en particular en las pequeñas y medianas empresas y en las empresas de tamaño intermedio. […]
La IA es una palanca de competitividad, con un aumento previsto de la productividad del 20 % por empresa. Sin embargo, muchas empresas aún dudan en dar el paso: solo el 13 % de las pymes y empresas de tamaño intermedio francesas se han lanzado a ello.
Ante esta constatación, el plan «Atrévete con la IA» se fija un objetivo claro: convertir la IA en una herramienta accesible, concreta y útil para todas las empresas francesas, estén donde estén y sea cual sea su sector, de aquí a 2030». [3]
Siempre resulta curioso ver hasta qué punto las cosas que se imponen por sí mismas requieren enormes esfuerzos para ser impuestas. También es sorprendente observar que quienes se muestran más entusiastas a la hora de promover estas cosas fingen ignorar que forman parte de un movimiento organizado: ¿cómo podrían ignorar quién las financia y con qué fin?
En cuanto al contenido de estas jornadas de adoctrinamiento destinadas a los alumnos de secundaria, comencemos con la presentación de Marianne Dabbadie: desde hace más de 20 años, esta investigadora trabaja en la promoción de los sistemas de IA, en particular gracias a una prolífica actividad de propaganda y a su empresa Evalir:
«Conferencias por toda Francia, talleres, servicios de asesoramiento para estructurar la integración de la IA en empresas y organizaciones, utilizándola como aliada y no como sustituta, con un enfoque estratégico, ético y responsable.» [enlace]
Durante su intervención, se esforzó por elaborar una lista desordenada de aplicaciones de la IA en nuestra vida cotidiana. Para fingir neutralidad y espíritu crítico, no se olvidó de las advertencias de rigor: cuidado, depende de cómo se utilice la herramienta; cuidado de elegir bien IA europeas que protejan nuestros datos, y no las malvadas IA estadounidenses o chinas (se olvidó de las rusas); cuidado de formarse bien para hacer un uso óptimo y eficaz, etc.
Su discurso fue más o menos así:
«Con la IA, podemos gestionar las enfermedades en las parcelas de viñedos; gracias a las cabinas de telemedicina, podremos tener un análisis médico a distancia incluso en el campo, y la IA os permite hacer los deberes con vuestros hijos».
Durante una hora, nos bombardeó con ejemplos de usos, a cuál más fascinante (sic), sin mencionar nunca lo esencial: ¿qué modelo agrícola es ese que hace que un viticultor ya no sea capaz de gestionar las enfermedades en sus plantaciones sin una prótesis tecnológica? ¿Cuáles son las causas de la desertificación de nuestras zonas rurales, especialmente desde un punto de vista médico? ¿Qué sistema escolar genera esta sobrecarga de trabajo para los niños y los padres? Etc.
Tras más de veinte años de investigación, Marianne Dabbadie no es capaz, en realidad, de ofrecernos más que un resumen de las fábulas que nos han repetido hasta la saciedad desde los inicios de la informática. Su incoherencia va aún más allá: su único argumento ante las críticas y los discursos contradictorios que surgirán del público esa noche será:
«es una cuestión de perspectiva, uno puede elegir ver el vaso medio lleno o medio vacío, yo soy optimista».
Cuando le pregunto por qué, en su opinión, debemos someternos a estas tecnologías, por qué debemos utilizarlas, qué es lo que hace, en realidad, que estén ahí, la respuesta es confusa: el progreso es el progreso, surge así porque es la humanidad, es la historia de la humanidad, progresamos, por lo que hay que adaptarse; hay tecnologías que aparecen, por lo que debemos utilizarlas, pero precisamente hay que utilizarlas correctamente…
A continuación, la única afirmación clara y pertinente que he destacado de la intervención de esta experta:
«Mi misión con esta conferencia es familiarizar a los alumnos y a los profesores con el uso de la IA».
Por una vez, los que nos dicen que ya está aquí y que estamos obligados a aceptarlo, son los que se empeñan en hacer que eso suceda, y en que efectivamente nos veamos obligados a seguirles el paso.
La segunda conferencia a la que asistí corrió a cargo de Grégory Varenne, codirector de Campus26. Esta empresa (también) con sede en la Ciudad Digital del Pensio ofrece una gran variedad de cursos de formación sobre el uso de herramientas digitales, dirigidos a todo tipo de público (niños, adultos, profesionales…).
Activos desde 2011, entre sus numerosos socios se encuentran la Región Auvernia-Ródano-Alpes, France Travail, Cap Emploi, Les Missions Locales y el Campus Région du Numérique AURA.
El enfoque de este ponente es un poco más sutil que el anterior. Nada de diapositivas con robots monos. Vamos a hablar con datos. Durante una hora, nos va alternando entre lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo: está bien, pero está mal, pero está bien. En modo perverso narcisista. Desde el principio se plantea la pregunta: «¿Quién de los aquí presentes sabe que la IA contamina?». No hay duda de que, en esta conferencia, se va a denunciar. Grégory Varenne nos lo confirma: la IA contamina, y mucho. De hecho, lo que se denomina erróneamente el «mundo virtual», la «nube», es muy físico, son infraestructuras pesadas, y es un poco un desastre a nivel «medioambiental». Se explaya rápidamente sobre el consumo de agua, electricidad y tierras raras.
PERO, aunque podríamos pensar que es un desastre ecológico, en realidad existen tecnologías que, gracias a la IA, permiten reducir la huella de carbono de la humanidad. Así que, en realidad, la IA puede contaminar, pero depende de lo que hagamos con ella. Fíjate: en una smart city, la IA permite una mejor gestión de los residuos, una mejor gestión de la energía o incluso del tráfico, y por lo tanto permite ganancias de eficiencia que son buenas para el medio ambiente. La agricultura intensiva es nociva, pero gracias a la IA se gestiona mejor el consumo de agua, se pulveriza solo lo estrictamente necesario de productos ecocidas; en resumen, se evita todo consumo excesivo, por lo que es bueno para el medio ambiente. En general, como él dice, «la IA puede servir de vendaje digital para el medio ambiente». Nos tranquiliza mucho.
PERO, Grégory nos pilla de nuevo por sorpresa y pronuncia la sentencia: de hecho, si lo miramos bien, los problemas medioambientales relacionados con la IA son más nocivos de lo que esta permite compensar… y se lanza a enumerar —una lista bastante exhaustiva, hay que admitirlo— los perjuicios ecológicos y sociales que acarrean estas tecnologías. Entre el público, para aquellos que no están scrolleando en su teléfono, es un golpe de gracia. Las cifras son contundentes, las imágenes son aterradoras, el balance es alarmante. Ahora sabemos cuántos mililitros de agua cuesta enviar un correo electrónico o una foto, ya no podemos seguir fingiendo ignorar nuestro impacto.
PERO, nuestro emprendedor tecnológico tiene una solución. Nos habla de su «filosofía del uso». Ha optado por adoptar «un uso frugal de la IA», y nosotros podríamos hacer lo mismo si nos formáramos adecuadamente —por cierto, hay que formarse, ya que estamos obligados a utilizar la IA; por cierto, qué casualidad, su empresa ofrece cursos de formación. Aun así, nos comparte generosamente un montón de pequeños gestos cotidianos, de «comportamientos» y de competencias que debemos adquirir y poner en práctica para reducir al máximo el impacto inevitable de nuestro uso obligatorio. Lo que finalmente nos pide que recordemos de verdad es que «no utilizar la IA sería un error», así que más vale utilizarla lo mejor posible.
En resumen, a Grégory Varenne le pagan por decir, ante cientos de estudiantes de secundaria, que la Inteligencia Artificial (pero, en realidad, lo digital en general) es una catástrofe social y medioambiental sin precedentes, que, independientemente de los usos que se le puedan dar, siempre hay un impacto mínimo que ya es intolerable; PERO QUE, como es el futuro y no podemos prescindir de ella, deben formarse para dominar lo mejor posible las herramientas y reducir su pequeño impacto personal. No hay problema, ya que hay soluciones.
O cómo hacer aceptar lo inaceptable. O cómo desactivar cualquier cuestionamiento del orden de las cosas.
Al fin y al cabo, este anecdótico evento de propaganda tecnófila puede servir de recordatorio: ninguna tecnología cae del cielo. Hay empresas privadas que inventan, fabrican y comercializan estas tecnologías. Hay Estados que impulsan, mediante sus directivas, el despliegue de estas tecnologías. Hay intereses financieros, estratégicos y de poder en el despliegue y el uso de estas tecnologías. Hay propaganda, imposición, amenaza y seducción para imponer la hegemonía de estas tecnologías. En resumen, siempre se trata de iniciativas, de decisiones políticas.
Aquellos que se esfuerzan por predicar la renuncia y la adaptación, porque no se puede hacer nada al respecto, aquellos que nos acorralan en la jaula conectada, ya sea en Silicon Valley o en la Alta Loira, esos eligen reforzar este orden social y los desastres que conlleva.
Nosotros preferimos resistir, ir en contra, prescindir de ello.
Notas:
[1] Se nos ofrecen, por orden, Emmanuel Nurit, presidente de OpenStudio, con «IA y retos industriales». «IA y humanismo», a cargo de Célestin Sedogbo, consejero de la Orden del Gran Oriente de Francia. No asistí a estas ponencias. En cambio, sí pude asistir a las dos siguientes: Marianne Dabbadie, doctora en Ciencias de la Información y la Comunicación, experta en IA, con su ponencia sobre «La IA en el día a día: comprender, elegir, actuar». A continuación, «IA y medio ambiente: cómo controlar el impacto, adoptar la frugalidad», presentada por Grégory Varenne, codirector de Campus26.
[2] Véanse los trabajos del masón Célestin Sedogbo.
[3] Atrévete con la IA: un plan para difundir la IA en todas las empresas | economie.gouv.fr
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