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El genocidio de Ruanda: la conexión israelí

Por Gilad Atzmon, 16 de abril de 2016

dissidentvoice.org

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En el año 2006, el mayor sitio de noticias de Israel, Ynet, publicaba un valiente artículo, firmado por el escritor nacionalista israelí Sever Plocker, quien admitía que “algunos de los más destacados asesinos de nuestro tiempo han sido judíos”.

Del mismo modo que Yuri Slezkine, Plocker admite que la maquinaría de muerte de Stalin estaba operada por judíos como Genrikh Yagoda y Lazar Kaganovich. En 1934, en el momento de mayor apogeo de las purgas de Stalin: “el 38,5% de los puestos más altos en los aparatos de seguridad soviéticos estaban ocupados por judíos”.

En los últimos años hemos sabido que una cuarta parte de los soldados que formaban parte de las Brigadas Internacionales que lucharon en el Bando Republicano eran judíos, y que la lengua utilizada por esas unidades era el yiddish. He perdido a algunos amigos antisionistas judíos cuando hemos discutido de este asunto, al tratar de comprender el papel de los combatientes de habla yiddish en el enfrentamiento contra la España católica en esa guerra sangrienta. Mostrando mucha más integridad que nuestros aliados de la izquierda, el sionista Plocker escribe: “Me parece inaceptable que cuando una persona hace grandes cosas sea considerada como parte del pueblo judío, pero no cuando las cosas que hace son despreciables”.

Resultaría alentador imaginar un genocidio que estuviese totalmente libre de cualquier implicación por parte de los judíos. Por desgracia, el genocidio de Ruanda no encaja en esta categoría mítica.

El diario Haaretz informaba la semana pasada que el Tribunal Supremo israelí decidió confirmar la denegación de la solicitud de información sobre los documentos públicos relacionados con las exportaciones de Israel a Ruanda en el momento que se estaba produciendo el genocidio en ese país, en 1994.

En 2014, el abogado Eitay Mack y el Prof. Yair Auron, presentaron una solicitud al Ministerio de Defensa bajo la Ley de Libertad de Información, solicitando información sobre las exportaciones de armas israelíes a Ruanda entre 1990 y 1995. En 1994, cientos de miles de tutsis ruandeses, la etnia minoritaria, fueron masacrados por la mayoría hutu durante la guerra civil de Ruanda.

El Ministerio de Defensa de Israel denegó la solicitud, alegando que “no iba a ser divulgado”.

Mack y Auron apelaron al Tribunal Supremo, que rechazó de manera unánime esta apelación. El Tribunal sostiene que:

Encontramos que en la circunstancias bajo las cuales se solicita la divulgación de la información no es de interés público como alegan los recurrentes, en la medida en que se toma como preferencia y prioridad la reclamación de daños a la seguridad del Estado y las relaciones internacionales”.

El mensaje es inequívoco: el Estado judío, que ha hecho del Holocausto su religión de Estado, está ocultando de manera activa su participación en el genocidio de otro pueblo. Este es el verdadero significado de la religión del Holocausto: sólo atiende al sufrimiento de un pueblo si estas personas no son tutsis.

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Gilad Atzmon, que ahora vive en Londres, nació en Israel, sirviendo en el ejército israelí. Es autor de The Wandering Who y uno de los saxofonistas de jazz más destacados de Europa. Puede ponerse en contacto con él en la siguiente dirección: atz@onetel.net.uk.

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Procedencia del artículo:

http://dissidentvoice.org/2016/04/the-rwanda-genocide-the-israeli-connection/

 

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Más información: http://spanish.almanar.com.lb/adetails.php?eid=125167&cid=23&fromval=1&frid=23&seccatid=30&s1=1

https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=12&ved=0ahUKEwiehs6A65XMAhWBDBoKHW_bCg8QFghTMAs&url=https%3A%2F%2Fdialnet.unirioja.es%2Fdescarga%2Farticulo%2F2188053.pdf&usg=AFQjCNHaJCQLj54NlTqZWIlJTSNHasgUoQ

http://canarias-semanal.org/not/1189/los_voluntarios_judios_en_la_guerra_de_espana

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-01-17/la-increible-historia-de-los-judios-que-lucharon-en-la-guerra-civil-espanola_1136285/

 

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Las vacas de la Intifada

Por Abby Zimet, 3 de julio de 2015

Common Dreams

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Para que no olvidemos las humillaciones diarias y los absurdos a los que llega la ocupación israelí, y las a veces ingeniosas formas en las que los palestinos ejercen una resistencia no violenta, la película The Wanted 18, que mezcla animaciones con plastilina, acción en vivo, entrevistas, y vacas que hablan, recrea la asombrosa historia de la persecución israelí de 18 vacas compradas por los residentes de la pequeña aldea cisjordana de Beit Sahour, que decidieron formar un colectivo y dejar de comprar leche a las empresas israelíes, en búsqueda de una mayor autosuficiencia. Un homenaje a la lucha desde la base, el activismo en un momento en el que “los palestinos decidieron poner en práctica la desobediencia civil”. La película comienza con la voz del narrador: “Se trata de Beit Sahour, tal y como era durante la Intifada de 1987. Este es mi ciudad, estas son mis gentes, las 10.000 personas que crearon un quebradero de cabeza a los israelíes”.

En las entrevistas, los residentes explican que no querían comprar la leche a la empresa israelí Tnuva, “sino que querían producir su propia leche para las necesidades de los niños y de la población. Un grupo de palestinos, dirigidos por el profesor de secundaria Jalal Oumsieh, compraron 18 vacas de una granja cercana, y poco a poco fueron aprendiendo el arte de ordeñar vacas, incluso enviaron a uno de sus miembros a Estados Unidos para que aprendiera las técnicas de producción de leche. La empresa fue un éxito, y rápidamente empezaron a suministrar leche a todo el pueblo, y las vacas, cada una con su nombre, se convirtieran en auténticas celebridades locales. Israel quería cortar de raíz cualquier manifestación de independencia de un pueblo que creía subyugado. El panadero Nassim Hilal dijo: “Esto representaba un desafío al control israelí”.

El Gobernador militar se introdujo un día con los soldados, tomaron fotos de cada una de las subversivas vacas, declarándolas “un peligro para la seguridad del Estado de Israel”, y dieron un ultimátum de 24 horas para que los habitantes de Beit Sahour clausuraren la granja. Así que la leche pasó a la clandestinidad, con las vacas convertidas en prófugas de la ley, aunque continuaron produciendo la leche de la Intifada. A partir de ahí las cosas empezaron a complicarse. La juventud galvanizó su descontento y empezó a realizar pintadas instando a un boicot de los productos israelíes. Cientos de soldados israelíes registraron casa por casa, mientras que los helicópteros sobrevolaban la ciudad. Este pequeño experimento en busca de una independencia económica, señala el director de la película palestina, Amer Shomali, viene a reflejar lo que supone la ocupación: “personas traumatizadas que viven bajo el control paranoico de un ejército”.

Una producción de Canadá, Palestina y Francia, Shomali realizó The Wanted 18 junto al veterano director canadiense Paul Cowan, contando la historia desde la perspectiva de las autoridades militares israelíes, la gente del pueblo, las vacas, que hablan con voz suave y torpe. Con 33 años de edad, Shomali escuchó por primera vez la historia de las vacas de Beit Sahour cuando era un niño que crecía en los campos de refugiados de Siria. Estaba obsesionado con los cómics y los superhéroes: “Encontré un libro de historietas sobre Beit Sahour, y por primera vez leía un cómic en el que los superhéroes podían ser los miembros de mi familia, yo mismo, o mis primos. Mientras que le aterrorizaba la idea de hacer una película divertida sobre una ocupación que carece de gracia, pensó que el humor es la forma de ver las cosas por parte de un dibujante. Es más, creo que un país que no se ríe de sus propias heridas nunca podrá recuperarse de ellas”.

La película, promovida por grupos culturales árabes y por ONG, ha sido aclamada y ha recorrido numerosos festivales internacionales y estrenada en el Human Rights Watch Festival. Un crítico ha dicho de la película: “hermosa, significativa y extraña”. Shomali dice que esta lección debe servir de ejemplo para la generación actual de palestinos, que a menudo quedan atrapados entre dos posiciones: “una, la de ser víctima de la ocupación, el capitalismo y la pobreza; la otra, el radicalismo”. Ofrece otra opción, una Tercera Intifada, “ donde las personas quieran recuperar el dominio de su vida, su futuro y construir su propia comunidad. Quiero que la gente vea la película y observe una cara diferente de los palestinos… Quiero que nos comprendan mejor y que sepan lo que supone vivir bajo una ocupación. Quiero que haya empatía. Quiero la audacia de pensar. ¿Qué haría yo de ser un palestino, si quiero tener una vaca y alguien me lo impide? Y quiero que los palestinos no pierdan la esperanza”.

The Wanted 18 abrió el mes pasado el festival de Nueva York y Los Ángeles. Shomali no pudo estar presente: se le denegó un visado para viajar a Estados Unidos por considerársele una “amenaza para la seguridad”.

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Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/further/2015/07/02/intifada-milk-we-are-palestinians-we-deserve-have-home-we-deserve-have-our-land

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La gran mentira sobre la creación de Israel

Un desgarrador documental de Lia Tarachansky, Al borde de la carretera, revela la gran mentira en el corazón del mito de la creación de Israel

Por Douglas Valentine, 5 de junio de 2015

Dissident Voice

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Tarachansky tuvo que romper muchas barreras, tanto personales como sociales, para producir este documental sobre la Nakba, “la catástrofe de 1948”, cuando aproximadamente 750.000 palestinos (un número que ha aumentado hasta el millón y medio de refugiados que viven en campamentos durante los últimos 67 años) fueron expulsados de sus hogares y forzados a  vivir en campos de refugiados, donde se les niega los derechos humanos más básicos.

El reto más difícil que Tarachansky tuvo que superar fue el de sus propias creencias, profundamente arraigadas. Tarachansky nació en Kiev en 1984, y como ella describió en una entrevista, “Era una época de cambio, una realidad incierta. A la edad en la que estaba aprendiendo a leer, mis padres se separaron, se produjo la crisis nuclear de Chernobyl y el colapso de la Unión Soviética. Yo era muy joven por entonces para comprender lo que estaba pasando, cuando fuimos evacuados de la ciudad y nos vimos envueltos en una difícil situación económica”.

Su madre, sionista, cogió a Lia y su hermana y se fueron a Israel, donde, según su madre les había dicho, “los monos comen plátanos sentados en las palmeras y todo el mundo es judío”.

Este fue uno de los primeros mitos en esfumarse. Su madre, Ingeniero informático, encontró trabajo para cambiar pañales en una residencia de ancianos, y Lia pasó de “ser la única judía en la guardería de la Unión Soviética, a la única rusa de la Escuela Primaria de Israel”.

Pasamos de la fachada de la supuesta igualdad entre todos los compañeros, a la facha de la supuesta igualdad entre todos los judíos”. Pero pronto descubrió que “Israel está formado por una sociedad con muchos estratos, incluso entre los judíos, en relación al acceso a la justicia y los derechos”.

A medida que fue creciendo en el asentamiento de Ariel, en la Cisjordania ocupada, Tarachansky empezó a oír rumores de que en esa tierra no solamente vivían judíos. Por extraño que esto pueda parecer, los colonos no tenían ningún contacto con los palestinos de alrededor. Los habitantes árabes de Israel estaban marcados como terroristas, que tenían la intención de matar a los colonos judíos, y que por lo tanto había que evitar a toda costa.

Por desgracia, estos estereotipos resuenan como verdades indiscutibles en Estados Unidos, que respalda oficialmente la guerra de desgaste de Israel contra el pueblo palestino. Recientemente se aprobó una ley en Illinois que considera ilegales las inversiones en fondos de pensiones en organizaciones que apoyen al movimiento Boicot, Sanciones y Desinversiones (BDS).

Del mismo modo que ocurre en Estados Unidos, por motivos raciales, culturales, por prejuicios religiosos, se dictan normas sociales injustas en Israel, que determinar las políticas represivas de su Gobierno. El resultado: los judíos celebran y legalizan su superioridad étnica y creer tener derecho moral para discriminar a los palestinos.

Dándose de bruces con la realidad

Cuando Lia Tarachansky era una colono sionista, se identificaba con los judíos israelíes. En lugar de condenar su comportamiento, observaba y trataba de entender su transformación personal, y la de otros israelíes que trataban de desentrañar las premisas dadas por sentado, que sin embargo eran falsas. El documental de Tarachansky refleja la lucha de esas personas que tratan de hacer frente, de manera honesta, a la Nakba. Esta capacidad de pensamiento crítico y reflexión es lo que permite a Tarachansky mostrar de manera convincente cómo y por qué los sionistas se han encerrado en su propia prisión, forjada por ellos mismos.

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Como ella explica, el documental está rodado desde el punto de vista del retorno, un retorno a la cordura.

El documental empieza un tranquilo 15 de mayo, Día de la Independencia, con sus fuegos artificiales sobre el cielo nocturno y con Eitan Bronstein de Zochrot ( una ONG dedicada al descubrimiento de la verdad y la sensibilización sobre la Nakba) colocando carteles y repartiendo propaganda, en la que aparece un árabe con una llave intentado abrir la puerta de su antigua casa.

Y como contrapunto, en lo que algunos ven una amenaza mortal, una mujer israelí proclama con orgullo: “Soy racista”. Y esta mujer le dice a Bronstein: “Es una lástima que todavía gente como usted siga con vida”.

Lo que hace Bronstein no está muy bien visto en Israel. Es una lucha contra una opinión pública muy extendida, y contra un Gobierno que promulga leyes para tratar de ocultar la verdadera historia de la Nakba, y los intentos de lavar la cara ante los pecados de Israel. Una propuesta de ley que quiere convertir en ilegal estar de luto el Día de la Independencia. De modo que lo que hace Bronstein es considerado un crimen. Es una ley antidemocrática, racista, discriminatoria, pero se ha levantado alguna voz en contra: Dov Yermiyah, miembro de la Knéset (Parlamento de Israel) mostró su oposición a la aprobación de esta ley, que finalmente fue aprobada por 37 votos contra 25. La mayoría de los 48 miembros de la oposición no votaron en contra, sino que simplemente se abstuvieron.

Ir en contra de una sociedad no es fácil, incluso contra una sociedad que toma medidas inmorales. Pero siempre hay alguien que resiste: en el documental de Tarachansky aparece también Tikva Honig-Parnass. Criado en el seno de una comunidad judía de Palestina, Honig-Parnass luchó en la guerra de 1948 y más tarde ocupó el cargo de Secretaria del Partido Unificado de los Trabajadores en la Knéset (1951-54). Desde entonces, ha desempeñado un activo papel en los movimientos en contra de la segunda fase de la ocupación, que comenzó en 1967, así como en la defensa de los derechos nacionales de los palestinos.

En el documental de Tarachansky, Honig-Parnass visita el pueblo en el que participó en su destrucción. Ahora se encuentra en esa lucha personal para superar la negación. Tikva explica por qué ella y sus compañeros se creyeron las mentiras que les contaban sus líderes en 1948. El alcalde del asentamiento de Kedumin, Shosgana Shilo, dice en el documental : “Una tierra vacía. Sólo árabes y malaria”.

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Dicen algunos que la causa era justa, pero los judíos eran una minoría en Palestina en 1948. La mayoría comenzó a llegar en 1948 tras las purgas. Por otro lado, los angloamericanos repartieron Palestina sin consultar previamente con la mayoría de los palestinos, y los que fueron consultados rechazaron el plan. Aunque no se puso en práctica el plan de la ONU, como explica Gary Leech: “La población judía de Palestina anunció unilateralmente la creación del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948” (1).

A finales de 1949, Israel ya había destruido más de 400 pueblos palestinos, matado a miles de civiles y otros muchos habían sido desplazados, que acabaron en campos de refugiados en los países árabes vecinos. En otras palabras, el pueblo judío, que acababa de sufrir los horrores del Holocausto,  estaba llevando a cabo, según Pappe, la limpieza étnica del pueblo palestino”, dice Leech.

No nos importaba dónde se iban. Váyanse a Gaza, les decíamos mientras les expulsábamos”, dice un veterano que luchó en el Palmaj. En referencia a la masacre de Burayr, un pueblo situado al sur del país, dice: “En aquel pueblo matamos a 70 personas”.

Haciendo frente a los hechos

Lia Tarachansky comenzó su investigación sobre la Nakba después de que madre se volviese a casar y la familia se trasladase a Ottawa, Canadá, cuando Lia tenía 16 años. En Canadá, a una gran distancia de los asentamientos y la sociedad cerrada de Israel, comenzó su completa transformación personal. Conoció allí a estudiantes judíos antisionistas, leyó muchos libros, incluyendo el de Ilan Pappe sobre la limpieza étnica de Palestina, y como dijo Sarah Levy en una entrevista, “se encontró por primera vez con un palestino” (2).

Una de las cosas que más que conmovieron fue cuando tuve por primera vez una conversación con un palestino. Eso fue en la Universidad de Canadá. Estaba de pie en algún lugar de la Facultad, y se me acercó pidiéndome mi dirección. Empezamos a hablar y me dijo que yo tenía un acusado acento. Me preguntó de dónde era, y le dije que de Israel. Él, amablemente, me contestó que era palestino”.

Así que me pidió mi dirección y luego se fue. Y a medida que se alejaba me di cuenta de que había sujetado mi bolso con algo más de fuerza, que todo mi cuerpo estaba en tensión, y que tardé un par de minutos en calmarme, después de haberme sentido aterrorizada como nunca en mi vida. Pero después de ese breve encuentro me di cuenta de que aún sabiendo que yo era israelí, y de que él me dijera que era palestino, no trató de matarme. Fue algo revolucionario para mí, porque durante toda mi vida me habían dicho que los palestinos eran gente descerebrada, sin emociones, primitiva, antisemitas que sólo pretendían matar judíos. Y ahí estaba ese amable chico, sensato, que, sin embargo, era palestino.

Sé que esto suena mal, pero para mí era algo que no encajaba en todo lo que había conocido hasta entonces. Así comenzó un violento proceso de lucha contra todos los mitos que yo pensaba eran ciertos sobre el conflicto”.

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Mientras estudiaba en la Universidad de Guelph, Tarachansky leyó el libro de Stanley Cohen “Estados de negación: ensayo sobre atrocidades y sufrimiento”. A medida que se fue concienciando, cambió su trayectoria profesional, y de la Medicina pasó a ejercer el Periodismo, y finalmente consiguió un empleo en The Real News Network. Trabajó como corresponsal en Israel y Palestina, y allí, como parte de su trabajo, se dedicó a la investigación. Consultó archivos, mapas, se interesó por la ubicación de pueblos que habían sido abandonados y destruidos durante la Nakba. Habló con veteranos de las expulsiones de 1948, uno de los cuales, Amnón Noiman, se entrevistó durante un período de 4 años para la realización del documental.

Noiman es el protagonista del documental. Es un octogenario con buen humor, que todavía se pregunta si su matrimonio con una duración ya de 56 años, puede continuar. Es inteligente y ameno, pero atormentado. Se enfrenta a aquellos sucesos, y junto a Tarachansky visita los lugares donde él y la Palmaj ( fuerzas de choque de la Haganá) mataron a miles de personas y otras muchas fueron expulsadas, quemando luego sus tierras.

Es algo que no puedo olvidar. Salieron corriendo y les disparamos… Tenía 19 años. Era un inconsciente. Por eso estoy tan atormentado, y porque siempre habrá jóvenes de 19 años…”.

Cuando los árabes volvieron para podar sus vides con sus familias, tierras que venían cultivando desde hace siglos, las milicias sionistas les emboscaron y dispararon contra ellos.

La mayoría de aquellas gentes fueron abandonadas a su suerte, porque después de aquellas masacres y de disparar a unas cuantas personas en la cabeza… no es necesario insistir para que la gente huya”, dice Eitan Bronstein.

El principal proyecto desde el año 1948 es el de cerrar la puerta y evitar su regreso. La Nakba tiene como objetivo central el impedir el regreso. Y desde entonces hemos impedido y negado el derecho al retorno”.

Sin comprender lo que pasó en 1948, simplemente no se puede entender el lugar donde uno vive, y nosotros los israelíes no tenemos ni idea del conflicto en el que vivimos”.

Los palestinos fueron expulsados de sus tierras, en las que habían vivido durante miles de años, y en las que los judíos se asentaron. Mientras que el documental no trata tanto de los palestinos como del autoengaño en el que incurren y pervierte la conciencia colectiva de los israelíes, sí incluye la visión de Khalil Abu Hamdeh, cuyos abuelos fueron expulsados en 1948. Aquellas familias están viviendo desde entonces en Cisjordania, bajo el yugo de la ocupación israelí.

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Hamdeh pudo participar en el documental de Tarachansky después de que éste consiguiese permiso para abandonar el campo de refugiados de Asqar donde vive, cerca de la ciudad norteña de Nablus, en Cisjordania. El campamento se parece a un zona bombardeada de Belfast, con niños escuálidos jugando entre los escombros, Juntos visitan Qaqun, el pueblo de donde huyeron sus abuelos. Qaqum es ahora Parque Nacional. El pueblo de su abuelo, cerca de Jaffa, fue arrasado.

¿Cómo es posible que tres años después del Holocausto del pueblo judío, éste mate, robe, y cometa otras atrocidades?”, pregunta Tarachansky a uno de los veteranos.

Hohig-Parnass responde: “Es un error pensar que una experiencia personal, como la pérdida de la familia en el Holocausto, sirva para tener una visión más humanitaria del mundo. Todo lo contrario, no es la experiencia personal lo que nos mueve, sino la ideología que utilizamos para interpretarla”.

El documental recorre el período de tiempo de un año, y termina con Eitan Bronstein en su protesta del Día de la Independencia de Israel. La Policía vigila detenidamente, ya que está dispuesta a distribuir folletos con los nombres de las aldeas destruidas durante la Nakba. Los policías dicen que se trata de materiales que alteran la paz.

Un soldado que observa el alboroto que se está formando se acerca y dirigiéndose a la cámara dice: “Tiene usted suerte de que la Policía esté aquí, pues de tener la oportunidad nos gustaría darle un tiro”.

Los policías sonríen.

Lia Tarachansky, que fue colona en la Cisjordania ocupada,

observa la amnesia colectiva de los israelíes

sobre los sucesos de 1948, año en el que surge el Estado de Israel

y la mayor parte de los palestinos se convirtieron en refugiados.

Sigue el proceso de transformación de los veteranos,

de aquellos que intentan evitar que se niegue la realidad de una guerra

que cambió aquella región para siempre.

Tarachansky vuelve con su cámara al mismo lugar donde ya

vive una nueva generación, todavía entre muros y aislada

de su alrededor.

Intentando aportar luz sobre uno de los mayores tabúes de la sociedad israelí,

la reciben con desaire y violencia.

Hace poco tuve la oportunidad de entrevistar a Lia Tarachansky. Ya nos conocíamos. Lia contribuyó con un poema a una antología, Con los ojos bien abiertos: Poemas del Nuevo Siglo Americano (3). Su poesía, a igual que sus documentales, muestran las contradicciones de la sociedad israelí. Antes de comenzar la entrevista, me gustaría reproducir el poema que escribió sobre la Nakba:

La esposa del acusado

La esposa del acusado tiene 23 años. Está embarazada de ocho meses. Todavía tiene espinillas en la cara. Está muy pálida. Pone el codo en ángulo recto contra su espalda. Como si de una vieja se tratara. El día en que su marido desapareció, ella también abandonó la casa.

Conoce muy bien cómo actúa el ejército. No quiere morir cuando vayan a demoler su casa.

Sobre ella no recaen cargos, ni hay orden judicial, Vinieron con mazos y lo rompieron todo.

Va a casa de sus padres. La noche siguiente vinieron con perros. Y con mazos. Y la emprendieron con lo que quedaba. Después vino un vehículo del ejército a casa de sus padres y se la llevaron.

Se dirigieron a su casa y la vigilaron. Después volaron su vivienda, y les obligaron a verlo.

A la esposa del acusado y su hijo todavía no nacido.

Barrio de Manshiyeh, en Jaffa, después del asalto judío.

Barrio de Manshiyeh, en Jaffa, después del asalto judío.

Douglas Valentine (DV): Hola Lia. Muchas gracias por responder a algunas preguntas sobre un tema muy complejo. En una reciente entrevista usted dijo que el último ataque contra Gaza sacó del armario a muchos fascistas. ¿Cómo se manifiesta el fascismo en Israel? ¿Es la ley de la Nakba una manifestación del fascismo y el racismo israelí?

Lia Tarachansky (LT): El fascismo en Israel es complejo y se manifiesta de muchas formas diferentes. A principios del siglo XX, el fascismo se mostró como un movimiento social que obligaba a todos a someterse a una misma forma de pensar. Israel no es un Estado fascista porque no ejerce mucha presión sobre los judíos israelíes para que estos acepten lo que se les dice. Es fácil adoctrinar a un pueblo que está dispuesto a ser adoctrinado. Cada uno de los judíos israelíes forma parte del Ejército, o al menos conoce a alguien que está en el Ejército, de modo que las actuaciones del Ejército se consideran legítimas y lejos de toda crítica, y, consecuentemente, también las políticas llevadas a cabo por la cúpula militar. Esta doctrina se cuela por todas partes, tantos en los medios de comunicación como en las escuelas. Todo ello lleva a una ignorancia colectiva por parte de los israelíes, justificando la realidad y ocultando la situación de los palestinos. También juega un papel muy importante la negación colectiva… En este ambiente es fácil que surjan movimientos fascistas, como ya hemos visto, y que se han dado a lo largo de la historia de Israel y ahora cada vez con más fuerza. Durante el ataque a Gaza de este verano, vimos a gente atacando a cualquiera que hablase árabe o a cualquier árabe que apareciese por las calles de Jerusalén, con las turbas corriendo por las calles, tanto en Jerusalén como en Tel Aviv, gritando “Muerte a los árabes” y “Convirtamos a Gaza en un cementerio”, como se puede haber visto en las noticias de The Real News Network. Estas personas creen que Israel es un Estado judío y que sólo debe ser para los judíos, y cualquiera que sea diferente debe ser silenciado, y , si es necesario, por la fuerza. No echo la culpa sólo a unos pocos radicales, sino que hablo directamente del Primer Ministro, que incita y permite que los políticos de su Gobierno inciten a las masas a actuar de esa manera. Además, desde la esencia misma del Sionismo, nunca se ha definido qué significa un Estado judío: ¿Un Estado religioso judío? ¿En Estado judío en su mayoría? ¿Un Estado sólo para los judíos? Estas ambigüedades son las que permiten todo tipo de interpretaciones, incluyendo las fascistas.

DV: ¿Qué es exactamente la Ley de la Nakba?

LT: La Ley de la Nakba es una propuesta del año 2009, y en su versión más diluida, de 2011. Esencialmente esta ley prohíbe a cualquier organización que destine parte de su presupuesto ( tales como fondos, centros comunitarios o escuelas) a la celebración de la Nakba en el Día de la Independencia de Israel. De hacerlo, sus presupuestos quedarían recortados en una cierta cantidad. El principal impacto que esta ley tiene no es tanto el económico que pueda suponer, sino el efecto de enfriamiento entre la población de Palestina (el 20%) y otros ciudadanos de Israel para conmemorar aquella tragedia que se inició en 1948, cuando dos tercios de los palestinos que vivían en esta tierra se vieron obligados a abandonar. Se ha criminalizado la historia y el dolor de los sobrevivientes y supone el envío de un mensaje claro de que sólo una versión de la historia es la legítima: la versión del vencedor.

DV: ¿Cómo es la vida en los asentamientos judíos en la Cisjordania ocupada, en contraposición a la vida en los campos de refugiados palestinos?

LT: Vivir en un asentamiento israelí en Cisjordania es como vivir en cualquier suburbio estadounidense. La ciudad está estructurada como los suburbios estadounidenses y sirve como una ciudad dormitorio para las personas que trabajan en el centro del país y quieren una amplia zona de expansión, de la que no podrían disfrutar de vivir más cerca de su lugar de trabajo. Hay muchos puestos de trabajo en los propios asentamientos, a excepción de los nueve parques industriales ( que en su mayoría están atendidos por los palestinos de Cisjordania). Estos barrios privados están rodeados por vallas y muros, con numerosos puestos de control, con la presencia de los militares, lo que crea una burbuja de feliz ignorancia en el entorno. Hasta que me fui de este lugar no conocí los nombres de los pueblos palestinos del entorno de Ariel, y, por supuesto, nunca conocí a nadie de allí. Fui criada haciéndonos creer que estábamos defendiéndonos de sus habitantes no naturales, los enemigos, y que todas las comunidades palestinas eran algo peligroso y extraño. No puedo decir cómo es la vida en los campos de refugiados, ya que yo vengo de una familia judía privilegiada, y sólo puede conocerla por las informaciones que me dan las visitas y los amigos de los campamentos de refugiados palestinos, pero puedo asegurar que la vida es muy dura. En esencia, los mismos territorios que fueron asignados por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), tanto en 1948 como en 1967, son los ahora existentes. El campo de refugiados de Balata, en Nablus, al norte de Cisjordania, tiene, por ejemplo, un kilómetro cuadrado. Ya son tres generaciones las que viven en estas precarias condiciones, donde las calles son más bien callejuelas. Estos campos tienen un acceso limitado a la electricidad y están atrapados en un limbo legal respecto a sus derechos, de modo que quedan en una situación de inseguridad.

DV: ¿Cómo se ganan los palestinos la vida en Israel?

Alrededor de un cuarto de millón de palestinos trabaja en Israel. Muchos reciben permisos de la Administración israelí que se hace cargo de la Ribera Occidental (Cisjordania), conocida como la COGAT. Este organismo trabaja con diversas agencias de seguridad de Israel para decidir a quién dar permisos y a quiénes denegárselo. Los primeros en la lista de las denegaciones de permisos de trabajo son aquellos cuyas viviendas han sido demolidas o cuyos familiares han sido asesinados por las fuerzas israelíes, ya que “existe mayor riesgo de venganza”, de acuerdo con las normas de la COGAT. La mayoría, por tanto, tienen que aceptar un trabajo precario o no tienen permiso. Esto demuestra dos cosas. La primera es que los muros de seguridad o los muros de segregación no han impedido los ataques suicidas, como afirma el Gobierno israelí, porque si cualquiera puede colarse, también lo harán los terroristas. Esto viene a demostrar que el muro lo que viene a hacer es asegurar la apropiación de tierras por parte de Israel, como lo atestigua su recorrido por Cisjordania, que no va a lo largo de la Línea Verde anterior a 1967. Lo segundo que demuestra, es que la gran mayoría de los palestinos simplemente quieren vivir con dignidad, ganar para vivir y criar a sus hijos, algo que debe dar esperanza a la gente de Israel.

La mayoría de los palestinos que trabajan en Israel lo hacen en la construcción o en los puestos más bajos de la Industria de servicios, tales como lavar platos o limpiar. Abandonan Cisjordania durante toda la semana, durmiendo en el propio lugar de trabajo o en apartamentos alquilados por tres o cuatro personas, para luego regresar con sus familias los fines de semana y aportar el dinero que les permita la subsistencia. Hay que añadir que según los Acuerdos de Oslo, si Israel recauda los impuestos de estos trabajadores tendría que transferirlos posteriormente a la Autoridad Palestina para ser devueltos a los trabajadores, pero esto es algo que nunca se ha hecho, por lo que se puede asegurar que estos trabajadores pagan los impuestos en Israel, aunque no sean ciudadanos de Israel, no beneficiándose de ningún servicio por el pago de los impuestos, que en buena parte sirven para el pago de las infraestructuras de la ocupación.

DV: ¿Hay razones económicas para la opresión de los palestinos? ¿No sirven como mano de obra barata para los israelíes?

LT: Sí, esta es una de las razones principales. Pero como hemos podido observar desde la Segunda Intifada, también pueden ser fácilmente sustituidos por trabajadores emigrantes procedentes de Asia y Europa del Este. El beneficio económico responde a una serie de complejas razones. En primer lugar, los palestinos son un mercado cautivo de muchos productos israelíes, tanto en Cisjordania como en Gaza. En segundo lugar, la principal Industria de Israel es la armamentística, que tiene la ventaja de que se puede probar en la población palestina su efectividad, tecnologías desarrolladas para la Seguridad de la Patria, y que Israel luego exporta al resto del mundo; sistemas de vigilancia de alta tecnología y herramientas de recopilación de datos desarrolladas por las agencias de inteligencia israelíes, para el control de la población palestina, que luego venden al resto del mundo.

Estas son sólo dos maneras mediante las cuales Israel se beneficia de la ocupación. Para saber más sobre la cuestión económica de la ocupación, le recomiendo el trabajo de Shir Hever, que escribió Economía política de la ocupación de Israel, que recoge datos del centro de investigación Al Shabaka o de los trabajos del Dr. Neve Gordon, cuya página web http://israelsoccupation.info dispone de una gran cantidad de información.

DV: ¿Cree que el movimiento BDS ayudará a que Israel modere sus políticas de opresión hacia los palestinos?

LT: No lo sé, pero creo que las tácticas utilizadas hasta ahora no han creado las condiciones para que los israelíes se sienten en la mesa de negociaciones con otro talante distinto del que han exhibido hasta ahora. Tal vez sirvan como medidas de presión para avanzar en el mismo sentido que en la Sudáfrica del Apartheid, pero espero que lo que pudiera ocurrir después sea mucho más positivo que lo que les ha pasado a ellos.

DV: Israel debiera devolver a los palestinos todo lo que les ha robado. ¿Cuál cree que es la solución a este problema?

LV: No creo que se pueda simplificar el conflicto en estos términos, pero hay bastantes soluciones sobre la mesa. Como seguro que usted ya conoce, la solución no es la de los dos Estados, sino un solo Estado, y más concretamente lo que se denomina la Solución Suiza: una federación o confederación multinacional. Me asusta ese tipo de pensamiento que cree que cada problema tiene una única solución, o que todo lo que de destroza puede rehacerse de nuevo. Creo que el trabajo que tenemos que hacer para reparar el gran daño que hemos causado será una obra de varias generaciones y extremadamente compleja, pero, evidentemente, el primer paso es el de la igualdad, desde el río hasta el mar.

DV: ¿Nunca a los palestinos se les permitirá regresar a sus hogares?

LT: No sé lo que pasará en el futuro, pero creo que cualquier solución que no contemple el problema de los refugiados palestinos será rechazada por las autoridades palestinas, si es que desean sobrevivir al apretón de manos de llegarse a un acuerdo.

DV: Hay una guerra de información de la que depende el apoyo internacional a Israel. ¿Cómo se las arregla Israel para quedar como la víctima cuando es sin lugar a dudas el que agrede y aplica políticas racistas?

LT: Creo que Israel se encuentra en un contexto diferente al de los regímenes coloniales en África, en el sentido de que se ha creado a causa de la opresión. De no ser por el antisemitismo europeo, Israel no existiría. Se creó como resultado de los crímenes cometidos contra el pueblo judío, lo que ha dado lugar a un sentimiento de victimización en la psique colectiva, que va a tardar varias décadas en desaparecer. Esto, sin embargo, es algo independiente de las políticas de Israel. El Gobierno de Israel juega con esta psique colectiva, creando un estado de conciencia, tanto en Israel como en el exterior, para así conseguir el apoyo en otros países. Lo más importante, sin embargo, es que Israel sirve como un laboratorio para sus amigos, y su hundimiento ( fruto de su política racista y agresiva a la que he aludido) será el final para ambos de ese largo experimento colonialista, y también de la idea de que no se puede mantener un Estado para un grupo a expensas de otro. Sería una Etnocracia, según el término definido por Oren Yiftachel, el Estado definido por Israel, que es el tipo de Estado que muchos europeos quisieran para su país. De momento sólo estamos viendo esta batalla en el laboratorio israelí, donde hay muchas víctimas, como los palestinos, pero también están los refugiados africanos, los trabajadores emigrantes… A los judíos israelíes se les incita en contra de una sociedad multicultural, en contra de los valores de la Democracia y de una guerra no perpetua.

DV: A las personas que apoyan el movimiento BDS se les calumnia muy a menudo como antisemitas. ¿Forma parte de la política de Israel, no declarada, de calumniar públicamente como antisemita a todo aquel que critique sus políticas?

LT: No sé lo que el Gobierno de Israel hace de forma intencionada o no, pero es perversión del verdadero antisemitismo afirmar que las críticas al Estado de Israel es una forma de antisemitismo. Creo que nos intentan ocultar el verdadero antisemitismo, y en mi opinión este tipo de perversión es muy peligrosa.

DV: En un intento de limitar la libertad de expresión a los ciudadanos estadounidenses, los representantes de Illinois votaron de forma unánime para que los fondos de pensiones estatales no participasen en el movimiento BDS. El Congreso de Estados Unidos envía todos los años 3000 millones de dólares a Israel, pese a las objeciones de un creciente número de estadounidenses. ¿Cómo se las apaña Israel para obtener siempre el apoyo incondicional de Estados Unidos y de Canadá?

LV: Creo que usted debiera hacer pregunta a los periodistas estadounidenses y canadienses para que le diesen razón de ello.

DV: Usted ha hecho varias giras por Estados Unidos, Canadá, Europa e Israel para presentar su documental. ¿Cómo ha sido recibido? ¿Por qué son distintas las reacciones según la región en la que lo ha presentado? ¿Son conscientes de la Nakba los no israelíes? ¿Se preocupan de ello?

LT: He sido muy afortunado por haber podido proyecto mi documental en Europa, Canadá y Estados Unidos, así como en Israel y Palestina, y puedo decir que ha sido muy bien recibido. La mayoría de la gente que ha visto el documental reflexiona, que es lo que todo cineasta desea del público. Para muchos personas no resulta cómoda, ya que refleja una realidad de Israel que muchos no desean, o bien no quieren ver. He hecho todos los esfuerzos posibles para comunicarme con aquellas personas a las que les resulta incómodo lo que se dice en el documental, pero resulta difícil comunicarse con tantas personas a la vez. Invito a la gente a que intente ver la realidad por sí mismos, y espero que este documental les ayude, en la medida de lo posible, y comprendan lo que ven.

DV: ¿Cuándo se podrá comprar su documental en DVD, Al borde de la carretera?

LT: Este verano. Invito a los lectores a que lo adquieren en www.naretivproductions.com, donde aparece la fecha exacta del lanzamiento.

DV: ¿Está trabajando en algún nuevo proyecto? ¿Quizás otro documental?

LT: Sí, he terminado otro documental con el periodista canadiense Jesse Freeston. Les invitamos a que lean la información de nuestro sitio web. Se titula Etnocracia en la Tierra Prometida: los refugiados africanos de Israel, y como el título dice, perfila el tipo de Estado que es Israel y por qué niega asilo a aquellos que nunca han estado en conflicto con él y buscan refugio huyendo de las guerras y el hambre. El documental es un encargo de la televisión TeleSUR, que se proyectará en inglés y en castellano este verano.

DV: Muchas gracias

LT: Es usted muy amable.

1.- Gary Leech, Por qué Israel no debe existir.

2.- Desligitimar el Sionismo, dice la cineasta Israelí.

3.- Todavía le estoy cantando

Douglas Valentine es autor de The Hotel Tacloban. Su primer libro de poesía es A Crow’s Dream (Oliver Open Press), publicado recientemente. Puede ponerse en contacto con él en: dougvalentine77@gmail.com. Otros artículos de Douglas en Dissident Voice, o visite su página web.

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Procedencia del artículo:

http://dissidentvoice.org/2015/06/the-big-lie-at-the-heart-of-the-myth-of-the-creation-of-israel/#more-58658

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Desde Gaza: todavía estamos vivos (sea cual sea su significado)

Por Mona El-Farra, 31 de julio de 2014

Common Dreams

Mujeres y niños palestinos en el exterior de una escuela utilizada por la ONU como refugio para los residentes que huyeron de sus hogares durante la operación militar de Israel, en Jabaliya, en el norte dela Franja de Gaza, 29 de julio de 2014 (Foto: Reuters / Finbarr O'Reill).

Mujeres y niños palestinos en el exterior de una escuela utilizada por la ONU como refugio para los residentes que huyeron de sus hogares durante la operación militar de Israel, en Jabaliya, en el norte dela Franja de Gaza, 29 de julio de 2014 (Foto: Reuters / Finbarr O’Reill).

Todavía sigo viva. No sé lo que realmente significa esto, pero puedo quizás quiera decir que todavía puedo caminar y ayudar a las personas que lo necesitan. Todo depende de mi suerte. Y aquí, para las personas que todavía siguen vivas en Gaza, la suerte significa que no te deshaga una de las bombas que siguen lanzando los tanques israelíes, sus aviones y sus barcos de guerra. Es un aluvión de bombas. Los estadounidenses emplean la frase “¡Llueven gatos y perros!”, aquí decimos “¡Llueven proyectiles y bombas!”.

Hoy comencé a trabajar en el centro médico de la Sociedad de la Media Luna Roja. No teníamos electricidad, pero el aparato de Rayos X seguía funcionado, por lo que he podido atender a muchos pacientes. Permítanme que les diga algo de lo que he visto.

El primero fue un niño del que desconocía el nombre, le llamábamos el Numero 6. Tendría alrededor de 3 años y venía identificado con unas pegatinas adheridas a su brazo, donde decía Número 6, Desconocido. Me sorprendió esto, así que enseguida pregunté a las enfermeras y conductores de la ambulancias: ¿Cuál es su nombre?. Me dijeron que nadie sabía su nombre, y que había sido encontrado entre los escombros de una casa destruida, el único superviviente de su familia: ¿Es que nadie recuerda dónde estaba su casa?. Me dijeron que en la zona donde había sido encontrado, todos los edificios estaban destruidos y los escombros de una viviendas mezclados con los de otras, y a veces los cuerpos de los niños eran lanzados de un lugar a otro. Así que nadie sabía dónde vivía.

Entonces fue cuando me di cuenta: el Número 6. O sea que habría otros cinco niños desconocidos encontrados con anterioridad que él, y otros muchos niños los habrá después.

La segunda fue Reem Ahamd, de 6 años. Reem también debía ser atendida en la unidad de Rayos X. Ella tiene un nombre, pero es la única superviviente de su familia. Perdió a sus padres y a sus hermanos. Tiene una herida en la cabeza.

La tercera fue una mujer de 52 años de edad, que llegó a la clínica con su hijo. Su hijo es enfermero y estaba en una situación de pánico. Había salido a cuidar las plantas del jardín, cuando la metralla le golpeó en la cabeza y entonces su hijo empezó a lamentarse como un loco y dijo: “Somos una familia sencilla que vivíamos en nuestra casa. La metralla alcanzó el jardín e hirió a mi madre. Quiero que mi madre viva”. Esta mujer se llama Buthaina el-Izraia.

La cuarta fue una colega, Afaf Jabar, una enfermera de nuestro equipo. Afaf perdió a su hija Leena, que también era enfermera, a sus dos nietos y al esposo de su hija cuando una bomba cayó en su refugio de campo de refugiados de Bureij.

Hemos pasado por muchas penurias en Gaza. Pero esto es un nuevo tipo de guerra. Israel está cometiendo nuevas masacres día tras día. En la clínica de la Media Luna Roja recibimos unos 200 pacientes al día. Y no somos una clínica que atienda emergencias. Muchas enfermedades están apareciendo en Gaza debido a la destrucción de Israel de los sistemas de agua, del sistema eléctrico, por el continuo estrés y el temor de más de tres semanas de bombardeos. Las gente está sufriendo problemas gastrointestinales, diarreas, problemas respiratorios y de la piel. Los pacientes más vulnerables de todos son los niños.

Hay una grave situación de emergencia. Gracias a las donaciones nos las arreglamos para conseguir algunos medicamentos y distribuirlos por clínicas y hospitales, así como kits de higiene, leche y alimentos a más de 100 familias. Pero nos enfrentamos a una falta de más medicamentos. Quiero que esto lo sepa la gente y contribuya con su apoyo, para que podamos seguir atendiendo a las personas que están sufriendo. Gracias por compartir este mensaje sobre lo que he visto en estos días de ataques israelíes y que sepan cómo pueden ayudar para adquirir más medicamentos.

Esto es lo que puede decirles sobre nuestra situación, y quizás con suerte les pueda contar algo más mañana.

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Mona El-Farra es directora de Alianza por la Infancia en Oriente Medio, médico de profesión y trabaja en favor de los derechos humanos y de las mujeres en la ocupada Franja de Gaza. Nació en Khan Younis, Gaza, y se dedica a elaborar programas que mejoren la calidad de la salud, ofrecer servicios culturales y recreativos en la Franja de Gaza. También es Presidenta de la Sociedad Palestina de Salud de la Media Luna Roja de la Franja de Gaza y miembro de la Unión de Comités de Trabajo por la Salud. La Dra. El-Farra tiene un hijo y dos hijas.

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Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/views/2014/07/31/view-gaza-were-still-alive-whatever-means

"Muertes telegénicas": un comentario grotesco pero nada original de Netanyahu

Por Glenn Greenwald, 21 de julio de 2014

Common Dreams

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Gaza, Palestina, 20 de julio de 2014. Los médicos palestinos trasladan el cuerpo de un niño muerto en Shijaiyah, al este de la ciudad de Gaza, después de que Israel ampliase su ofensiva terrestre en la Franja de Gaza (Foto por Ibrahim Khader / Pacific Press / LightRocket a través de Getty Images)

Benjamin Netanyahu, ayer en la cadena de televisión estadounidense CNN, hizo referencia a las simpatías levantadas hacia los palestinos por las víctimas de la violencia israelí en Gaza:

Lo que quiere (Hamas) es acumular la mayor cantidad de muertos civiles posibles. Utilizan a los palestinos para obtener un mayor impacto visual (muertos telegénicos). Cuantos más muertos, mejor”.

Joseph Goebbels, el 16 de noviembre de 1941, en su ensayo Das Reich, también se refirió a las simpatía de los alemanes por las estrellas amarillas que se veían obligados a llevar los judíos:

Los judíos dependen cada vez más de sí mismos, y recientemente han encontrado un nuevo truco. Sabían de la existencia de los bonachones entre nosotros, siempre dispuestos a derramar una lágrima sentimental por las injusticias cometidas contra ellos. Uno tiene la impresión de que de repente la población judía de Berlín se compone sólo de niños que sufren de desamparo infantil, o de ser frágiles ancianas. Los judíos tratan de dar lástima. Pueden confundir a las almas inocentes durante un tiempo, pero no a nosotros. Sabemos exactamente qué es lo que pretenden”.

Independiente de lo que se haya dicho o no aquí ( lo que en cualquier caso no impide las tácticas de distorsiones interesadas de los medios), me limitaré a señalar tres breves puntos:

1. Por el hecho de comparar A y B no quiere decir que A y B sean idénticos ( por ejemplo, que las Bermudas y Bosnia empiecen por la letra B no quiere decir que sean iguales, lo mismo hay que decir de Estados Unidos en 2003 y Alemania en 1938 por las guerras de agresión emprendidas por ambos países, violando los Principios de Nuremberg, eso no significa que se puedan equiparar los dos países).

2. En general, la retórica de la guerra es un hecho universal, reclamaciones necesarias para justificar el militarismo ( afirmar que una guerra equivale a una mera intervención humanitaria es un recurso al que se ha recurrido de forma descarada para justificar la agresión). Del mismo modo, parece que está prohibido citar ejemplos históricos con el fin de extraer lecciones de los conflictos contemporáneos, y al hacerlo uno corre el peligro de convertirse en un anti-intelectual.

3. El Derecho angloamericano reconoce desde hace tiempo que la imprudencia grave conlleva unas ciertas intenciones ( una intención fraudulenta se reconoce por la indiferencia hacia la verdad o falsedad de lo dicho). Por este motivo, el comportamiento imprudente, incluso si no va acompañado por un deseo de matar a alguien en particular, por ejemplo, disparando al azar un arma de fuego contra una multitud de personas, ha sido considerado desde hace mucho tiempo como suficiente para establecer una intención criminal.

Uno puede decir muchas cosas sobre la operación militar de Israel, que ha ocasionado que más del 75% de las víctimas sean civiles, muchas de ellas niños, una operación dirigida contra una población atrapada sin escapatoria en un espacio pequeño. La afirmación de que no hay intención de matar a civiles, sino más bien de protegerlos, es algo que no se sostiene. Incluso el incondicional partidario de Israel Thomas Friedman ha reconocido que las agresiones israelíes contra el Líbano, y posiblemente también las de Gaza, tienen la intención “de causar daños a la propiedad y sustanciales bajas colaterales”, porque “la única forma de disuasión es infligir mucho dolor a los civiles” (que es la clásica definición de terrorismo). La afirmación más generosa que se puede hacer acerca de lo que Israel está haciendo en Gaza es que está impulsado por una total imprudencia, masacrando a la población civil, algo intencionado y así reconocido después de siglos en las leyes occidentales.

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El periodismo estadounidense es criticado con frecuencia y con razón, pero hay unos cuantos periodistas estadounidenses en Gaza, y otros no occidentales, que intentan informar al mundo de lo que está sucediendo allí. Esta información se hace de forma valiente y útil, y los que están haciendo esto se merecen nuestro mayor respeto. Su trabajo, junto con el uso de los medios sociales y las tecnologías de Internet que permiten a los propios habitantes de Gaza documentar lo que está ocurriendo, ha cambiado la forma en que la agresión israelí es percibida y entendida en esta ocasión.

Mi reconocimiento a Jonathan Schwarz, que ahora trabaja con Matt Taibbi para la publicación de un medio digital First Look, por encontrar el artículo de 1941 aquí citado.

Glenn Greenwald, periodista, ganador del Pulitzer, abogado constitucionalista, comentarista, y autor de tres de los libros más vendidos según New York Times sobre política y las leyes, y redactor en Fist Look. En su quinto y último libro, No Place to Hide: Edward Snowden, the NSA, and the U.S. Surveillance State, aborda la vigilancia por parte del Estado y su experiencia sobre los documentos de Snowden.

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Procedencia del artículo:

http://162.242.214.103/views/2014/07/21/netanyahus-telegenically-dead-comment-grotesque-not-original

 

Gaza: un campo de concentración para 1,8 millones de personas

Por Amira Hass, 21 de julio de 2014

Common Dreams

rafah_1Palestinos intentando cruzar la frontera de Rafah con Egipto. Una de las peticiones de Hamas es que haya una supervisión internacional de la salida.. (Foto:Reuters)

Ya he levantado la bandera blanca. He dejado de buscar en el diccionario la palabra para designar cuando a un niño le falta la mitad de la cabeza y mientras su padre grita: “Despierta, despierta, te he comprado un juguete”. ¿O lo que dijo la canciller Angela Merkel de la Gran Alemania?: El derecho de Israel a defenderse.

Todavía me debato en la necesidad de compartir la multitud de detalles de las conversaciones que he tenido con los amigos de Gaza, saber lo que se siente cuando uno espera el turno para ser degollado en el matadero. Por ejemplo, la charla que tuve el sábado por la mañana con J del Campo de Refugiados de Al-Bureij, mientras iba de camino de Dir al-Balah con su esposa. Tiene cerca de 60 años de edad. Esa mañana, la madre recibió una llamada telefónica y escuchó una grabación que instaba a los residentes en el campo de refugiados a que fuesen a Dir al-Balah.

En los libros de psicología militar israelí debería haber un capítulo dedicado a este tipo de sadismo, que santurronamente hacen pasar por misericordia: un mensaje grabado pidiendo a cientos de miles de personas a que abandonaran sus hogares y se dirigieran a otro lugar, igual de peligroso, a 10 kilómetros de distancia. Le pregunté a J ¿te vas? – ¿Por qué? Me dijo: “Tenemos una cabaña cerca de la playa con un poco de tierra y unos gatos. Vamos a darles de comer y volvemos. Vayamos juntos. Si atacan el coche, moriremos juntos”.

Si yo fuera un analista escribiría: “En contraste con la Hasbará israelí, Hamas no está obligando a los habitantes de Gaza a permanecer en uno u otro lugar. Es una decisión suya. ¿Dónde iba a ir?”. “Si vamos a morir es más digno morir en tu casa, en vez de salir corriendo”, dijo con franqueza J.

Sigo convencida de que una frase como ésta vale más que mil análisis. Pero cuando se trata de los palestinos, la mayoría de los lectores prefieren los resúmenes.

Estoy harta me mentirme a mí misma, como si pudiera por teléfono obtener la información necesaria para informar sobre lo que está ocurriendo allí. En cualquier caso, es información importante para un pequeño grupo de población de habla hebrea. Están buscando información en los canales extranjeros de noticias o en los sitios web. No se creen lo que se escribe aquí, quieren saber lo que pasó con las cortas vidas de Jihad (11 años) y Wasim (8 años), de Shuhaibar o su primo Afnan (8 años), del barrio de Sabra en Gaza. Al igual que he podido hacerlo yo, ellos han podido leer el artículo de la periodista canadiense Jesse Rosenfeld en The Daily Beast.

Issam Shuhaibar, el padre de Jihad y Wasim, se apoyó en la tumba que estaba al lado de donde fueron enterrados sus hijos, sus ojos hundidos, mirando a la nada. En su brazo llevaba un vendaje que le pusieron en el hospital después de donar sangre para tratar de ayudar a su familia. La sangre de sus hijos aún cubría su camisa”, escribe Rosenfeld. “Estaba alimentando a los pollos cuando oí un gran ruido en el techo y me fui a buscarlos. No eran más que un montón de carne”, dijo con la voz entrecortada antes de romper a llorar. Fueron asesinados dos horas y media después de establecer un alto el fuego humanitario, que terminó el pasado jueves. Otros dos hermanos, Oudeh (16 años) y Bassel (8 años) resultaron heridos, Bassel de gravedad.

El padre, decía Rosenfeld, dijo que el misil podía ser de advertencia. Antes del ataque oyeron el zumbido de aviones no tripulados, de esos que golpean en el techo. Así que decía Rosenfeld: “Si el misil era de los que llamamos misericordiosos, los que se lanzan como un advertencia, ¿por qué bombardearon la casa después?”. Por casualidad encontré la respuesta en un reportaje de la CNN. La cámara de infrarrojos logró captar la explosión que se produjo después de la advertencia: explosión, fuego, humo y polvo. Pero fue otra la bombardeada, no la casa de Shuhaibar. ¿Qué bomba mató a los tres niños? No fue un cohete palestino extraviado, era un misil israelí de advertencia. Y el propio Issam Shuhaibar es un policía palestino que se encuentra en la nómina de la Autoridad Palestina con sede en Ramala.

También me he dado por vencida para tratar de obtener una respuesta directa de las Fuerzas de Defensa de Israel. ¿Sabían ustedes que han bombardeado por error la vivienda que no era, matando a los tres niños? (De los 84 que han muerto desde el domingo por la mañana).

Estoy harta de los esfuerzos fallidos de competir con los abundantes comentarios orquestados sobre los objetivos y las acciones de Hamas, como si ellos hubieran estado sentados con Mohammed Deif e Ismail Haniyeh, y no sólo con las fuentes del Ejército de Israel o Shin Bet. Los que rechazaron las propuestas de paz de al-Fatah o de Yasser Arafat, la existencia de dos Estados, ahora tienen a Haniyeh, a Hamas y el BDS. Los que transformaron a Gaza en un campo de concentración para el castigo de 1,8 millones de seres humanos no deberían sorprenderse de que hagan túneles. Los que siembran asedio, bloqueo y aislamiento ahora cosechan lanzamiento de cohetes. Los que durante 47 años han cruzado la Línea Verde, expropiando tierras, instalando nuevos asentamientos, persiguiendo a los civiles, disparando, ¿qué derecho tienen a esquivar la mirada y hablar del terror cometido por los palestinos contra los civiles?

Hamas es cruel y está destruyendo el concepto tradicional del doble rasero, en lo que Israel es maestro. ¿Las brillantes inteligencias y el cerebro de Shin Bet no entienden que hemos sido nosotros mismos los que hemos creado la receta perfecta para nuestra propia versión de Somalia? ¿Desea evitar una escalada del conflicto? Ahora es el momento: abra la Franja de Gaza, deje que regresen al mundo, a la Ribera Occidental, que se unan a sus familias y las familias de Israel. Deje que respiren y se dará cuenta de que la vida es más bella que la muerte.

Amira Hass es la corresponsal de Haaret en los Territorios Ocupados. Nacida en Jerusalén en 1956, se unió a Haaretz en 1989, y lleva en estas funciones desde 1993. Ha vivido tres años en Gaza, lo que le sirvió de base para escribir su aclamado libro “Bebiendo el mar en Gaza”. Ha vivido también en la ciudad cisjordana de Ramala, desde 1997. Hass también ha escrito otros dos libros, los cuales son recopilaciones de sus artículos.

Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/view/2014/07/21-0

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Escudos humanos en Gaza

El Ejército de Israel trata de justificar el bombardeo de zonas civiles

Por Neve Gordon y Nicola Perugini, 20 de julio de 2014

Common Dreams

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Todos los bombardeos que se llevan a cabo en los espacios urbanos, por mucho que se pretendan con una precisión quirúrgica, son una trampa mortal para los civiles. En consecuencia, el desarrollo de la guerra en el interior de las ciudades transforma de forma inevitable a sus habitantes en potenciales escudos humanos.

Para los palestinos que viven en Gaza, que simplemente residen en sus hogares, o acuden a rezar a las mezquitas, o acuden a un hospital o a las escuelas, todo esto se ha convertido en una empresa peligrosa, ya que cualquiera de estos edificios puede convertirse en cualquier momento en objetivo militar. Se puede suponer que la presencia de estos cuerpos humanos, incluidos los niños, en los espacios civiles es una débil defensa frente a la capacidad letal del armamento de alta tecnología.

Pero sabiendo que estas armas de alta tecnología pueden matar a cientos o miles de civiles, los ejércitos tienen que dar una justificación moral por sus acciones a fin de preservar su posición en el ámbito internacional, tienen que demostrar que sus atrocidades se basan en los principios de la Democracia Liberal.

Precisamente en este contexto es en el que debemos entender los carteles que recientemente ha difundido el Ejército de Israel a través de sus cuentas de Twiter, Facebook y blogs.

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Este cartel que dice: “¿Dónde esconden sus armas los terroristas de Gaza? En las casas, en las mezquitas, en los hospitales y en las escuelas”, es un ejemplo paradigmático, y convierte a cualquiera de estos edificios en objetivos legítimos, ya que se supone que son depósitos de armas.

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Un mensaje similar aparece en este otro cartel: “¿Una casa es sólo un hogar?”, en el que se ve el interior de una vivienda, donde presuntamente los palestinos ocultarían cohetes: “Hamas utiliza las casas de los palestinos con propósitos militares”.

La lógica es sencilla: en la medida en que Hamas esconde armas en las casas (algo ilegítimo), Israel puede bombardear esas viviendas como si se tratara de objetivos militares ( algo legítimo). Es decir, de las muchas funciones de una vivienda ( casa, refugio, intimidad, etc) una sola de ellas ( el hecho de ocultar armas) determina la consideración de un espacio urbano ( una casa), de manera que la casa pierde su significado tradicional.

La pregunta : “¿Cuándo se convierte en un objetivo militar legítimo?”, no es más que retórica. Lo que quieren decir es: “Todas las casas de Gaza son objetivos legítimos”, ya que todas las casas son potencialmente algo distinto a hogares.

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No hay diferencia con las guerras coloniales, o con otras guerras asimétricas, la falta de legitimidad de Israel para realizar bombardeos indiscriminados se basa en la profunda disyuntiva moral entre israelíes y palestinos. En el cartel que dice: “Israel utiliza las armas para proteger a la población civil. Hamas utiliza a los civiles para proteger sus armas”, los palestinos son así representados como bárbaros que ignoran los principios básicos del Derecho Internacional.

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La guerra de Israel no sólo supone una reconsideración de las estructuras arquitectónicas, sino que trata de considerar las muertes de seres humanos como daños colaterales, personas que pueden matarse sin violar el Derecho Internacional. Este es el trasfondo del cartel con el mensaje difundido con la imagen del Jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel: “A pesar de que realizamos ataques, recordamos que hay civiles en Gaza a los que Hamas ha convertido en rehenes”.

Una vez más, la lógica es clara. Todos los civiles de Gaza son rehenes de Hamas, lo que se considera un crimen de guerra y una violación del Derecho Internacional que rige los conflictos armados. Se proporcionaría así una justificación legal y moral a los asesinatos de civiles cometidos por Israel. Las presuntas violaciones de los Derechos Humanos llevadas a cabo por los palestinos contra los propios palestinos, la toma de rehenes convirtiéndolos en escudos humanos, se convierten así en la legitimación de una violencia letal e indiscriminada por la parte de las fuerzas de ocupación.

Por lo tanto, el uso de escudos humanos no es solamente una violación del Derecho Internacional. En las guerras asimétricas urbanas contemporáneas, la acusación de que el enemigo utiliza escudos humanos es una razón para validar la afirmación de que la muerte de civiles, en principio no señalados como objetivo, es un daño colateral. Cuando todos los civiles son potenciales escudos humanos, cuando todo y cada uno de los civiles puede llegar a ser rehén del enemigo, entonces todos los civiles del enemigo se vuelven objeto de los ataques.

Para que todo esto resulte convincente, el Ejército de Israel en este contexto asimétrico da rienda suelta a la violencia en contra de toda la población. Esto se justifica por ejemplo, por lo que dice otro cartel: “Algunos refugios antiaéreos albergan a personas, otros albergan armas.”. Aquí una situación tan descaradamente desproporcionada se presenta como si se tratara de algo muy equilibrado.

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Los residentes de Gaza están siendo bombardeados por aviones de combate F-16 y aviones no tripulados, pero no tienen refugios antiaéreos ni lugar dónde huir. Los habitantes de Israel son bombardeados por cohetes de fabricación artesanal, muchos de los cuales son interceptados por los misiles que forman parte del programa Cúpula de Hierro. La mayoría de la población de Israel tiene acceso a refugios y pueden huir del alcance de los cohetes.

Todas estas imágenes distribuidas por el Ejército de Israel a través de los medios de comunicación social son un intento de transformar a la población civil en sospechosa en las áreas que bombardea, con independencia de que estas áreas bombardeadas sean centros urbanos.

El quid de la cuestión es que en el contexto de la guerras asimétricas contemporáneas, lo débiles no disponen de muchas opciones. Cuando no hay refugios antiaéreos, las personas permanecen en sus casas durante los bombardeos. Y como en el caso de los palestinos en Gaza la huida no es una opción, porque todas las salidas están cerradas, o porque la casa del vecino está bajo la misma amenaza que la nuestra, o porque ya se es un refugiado y no quiere volver a convertirse en un nuevo refugiado, se queda donde está, de modo que la permanencia de estos escudos humanos (ilegales) constituyen una forma de resistencia.

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Neve Gordon en un activista israelí y autor de La ocupación israelí.

Nicola Perugini es un antropólogo que da clases en la mezquita Al Quds Bard Honors College en Jerusalén. Su trabajo se centra en el colonialismo, los espacios y la ley. En la actualidad es profesor visitante en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton.

Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/view/2014/07/20

 

La complicidad de Occidente con Israel: acuerdos económicos preferenciales y ayuda militar

Por Salena Tramel, 17 de julio de 2014

Common Dreams

Palestinos en una playa de la Franja de Gaza (Foto: Salena Tramel)

Palestinos en una playa de la Franja de Gaza (Foto: Salena Tramel)

Los nombres de los cuatro niños sobresalían como puñales en la lista de muertos que aparecía en mi pantalla de ordenador, nombres que me traían recuerdos. Recuerdos de niños riendo mientras volaban sus cometas en una playa de Gaza. Todo ello inundó mi mente: ¿ son esos niños los que conocía y ahora están entre la lista de los 211 muertos en Gaza?

No importa si fueron o no sus risas, las de Ahed (10 años), Zakaria (10 años), Mohammed (11 años) o Ismail (9 años), con los que pasé un tiempo y su familia de Bakr, una comunidad pesquera de Gaza. Sus padres y sus seres queridos recordarán de memoria sus risas, y es probable que las recuerden toda su vida, todo lo que de inocente había en ellas.

Mi trabajo me ha hecho recorrer todo el mundo, pero ha sido entre los palestinos de Gaza, como los de Bakr, quienes más me han abierto los ojos. He visitado este territorio viarios veces durante los últimos años, como encargada del Programa Grassroots international.

El más desgarrador de esos viajes lo hice en el año 2009, pocas semanas después de que murieran más de 1300 palestinos, la mayoría civiles, en la Operación Plomo Fundido del Ejército israelí. Los activistas palestinos de derechos humanos y líderes de movimientos populares querían que viésemos el daño causado y que todo el mundo se enterase de aquello: la destrucción era evidente.

En el año 2010 visité Haití tras el devastador terremoto de 2010. Lo que vi en Gaza era semejante a la destrucción causada por un terremoto, y al igual que el terremoto, la operación militar no paró en mientes de si eran o no personas vulnerables: habían sido arrasados hospitales, escuelas y viviendas.

Esta vez no es diferente

Mi mamá me explicó lo que se siente cuando un tsunami destruye un barrio”, escribió Safa ‘Abdel Rahman-Madi de Ramallah en el periódico Voces Judías por la Paz. El Gobierno israelí niega de forma continua a Safa el permiso para visitar a su familia de Gaza. Los telefonea varias veces al día para saber cómo se encuentran. “Pensé que si se trataba de un tsunami, tal vez la comunidad internacional actuase de forma rápida para salvar vidas inocentes”, decía Safa.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), señala que el 76% de los muertes en esta operación militar del Ejército israelí son civiles. También dice en su Informe que desconocen la identidad de un 12%, por lo que fácilmente el número de civiles muertos supere el 80%.

La semana pasada un amigo escribía que seis de los miembros de su familia habían sido asesinados por el ataque de Israel, tres de ellos mujeres, y entre las mujeres una abuela. “Nos siguen bombardeando desde todas las partes. Quiero gritar con toda mi corazón”, decía sólo 30 minutos después de enterarse de lo ocurrido.

A principios de esta semana, el Ejército de Israel atacó un centro de personas discapacitadas, matando a tres pacientes y una enfermera. Estos ataques, como el que mató a los cuatro niños de Bakr, continúan a pesar de la insistencia de la Fuerzas Armadas de Israel ( que tienen la complacencia de casi todos los medios de comunicación occidentales) que se esforzarían en causar el menor daño posible a los civiles. Por supuesto, Hamas y otros grupos no están libres de culpa porque mataron a un israelí, la primera víctima desde que comenzó la Operación Margen de Protección.

Por mi experiencia en Gaza, y por la información que recibo de forma constante de mis amigos palestinos, me ha obligado a salir para informar mejor frente a las noticias de los medios dominantes. Como ciudadana estadounidense que vive en Europa, veo que existe una complicidad cada vez que un misil israelí sale disparado, ya que recibe financiación militar y se firman acuerdos comerciales preferenciales, enmarcando la crisis actual como un nuevo ciclo de violencia o de venganza israelí, se hace un periodismo poco ético, con consecuencias indeseables para todos los involucrados.

Los palestinos que conozco en Gaza son incansables, incluso en esta terrible situación. Viendo los vídeos que se capturan mediante los teléfonos móviles desde las ventanas de los edificios, donde se ve el infierno en que se ha convertido o los cortejos fúnebres que discurren por las calles, hay un atisbo de esperanza, algo de humanidad.

Mi madre quiere donar sangre para los heridos, y le preguntamos que dónde quería ir”, decía alguien en Facebook, una joven médico, que ofrecía asesoramiento y cuándo era el mejor momento para que la gente acudiera a los hospitales: “Por la mañana, entre las 8 y las 10”, sugería.

Un viejo colega ha subido una foto donde se le ve con su hijo de pie en la playa, ambos sonriendo, con las olas al fondo. “Son tiempos difíciles para Gaza, pero no deja de haber momentos de alegría, de amor y estar en familia”.

Me gustaría que ustedes también pudieran conocer a todas estas increíbles personas.

Este artículo se puede compartir libremente.

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Salena Tramel es periodista, consultora de Política Internacional y de Desarrollo, e Investigadora.

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Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/view/2014/07/17

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Imágenes del bombardeo israelí de Gaza: http://cryptome.org/2014-info/gaza-bomb/gaza-bomb.htm

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Israel está utilizando los bombardeos sobre la Franja de Gaza para experimentar nuevos tipos de armas

Por Rania Khalek, 15 de julio de 2014

Common Dreams

Los médicos del Hospital al-Shifa tratando a una víctima del ataque israelí sobre Gaza (Foto: Basel Yazouri / ActiveStills)

Los médicos del Hospital al-Shifa tratando a una víctima del ataque israelí sobre Gaza
(Foto: Basel Yazouri / ActiveStills)

Los médicos que tratan a las víctimas de los bombardeos sobre Gaza han acusado a Israel de utilizar armas experimentales sobre los civiles palestinos. Dirigiéndose a los periodistas en una conferencia de prensa celebrada el domingo. Youssef Abul Resh, Subsecretario del Ministerio de Salud en Gaza, dijo:Los equipos médicos han observado lesiones compatibles por las causadas por los DIME ( Explosivos de metal inerte denso) y otras armas prohibidas. Israel ha tratado sin piedad a los civiles palestinos, dejando a muchos de ellos con graves heridas y discapacidades para el futuro”.

Usando Gaza como un laboratorio

Las municiones DIME fueron desarrolladas por la Fuerza Aérea de Estados Unidos en 2006 y desde entonces se han probado de forma reiterada sobre la población de Gaza, sirviendo como ratas de laboratorio para la Industria armamentística de Israel. Las bombas DIME contienen tungsteno, un metal cancerígeno que produce unas explosiones muy destructivas que seccionan la carne y los huesos, a menudo acarreando discapacidades de las extremidades interiores de las personas que se encuentran en el radio de la explosión.

El reconocido médico noruego Mads Gilbert, que fue testigo de las terribles heridas causadas por las bombas DIME durante el ataque de Israel a Gaza en 2009, dijo a The Electronic Intifada desde el Hospital al-Shifa en la ciudad de Gaza, que los pacientes presentan el mismo tipo de lesiones relacionadas con los explosivos DIME.

Buena cantidad de las lesiones que vemos son consistentes con el uso de explosivos de metal inerte denso, DIME, lo mismo que vimos durante el ataque de 2009 y también durante el de 2006”, dijo Gilbert. “Los cuerpos aparecen casi destruidos por la enorme energía liberada por los explosivos que estallaron cerca de ellos o directamente en ellos”.

dime_explosion11Los que han estado expuestos a ese tipo de explosión tienen los miembros cortados o derretidos, o roturas internas, especialmente de tejidos blandos, como el abdomen, que a menudo provocan la muerte.

Gilbert fue testigo de los efectos de las municiones DIME en el cuerpo humano durante la Operación Lluvia de Verano en 2006, que utilizó Israel en la Franja de Gaza, matando a más de 400 palestinos.Grandes desgarros de carne, los músculos seccionados. Sin embargo, no encontramos metralla y de las heridas salía un extraño humo. Poco a poco fuimos comprendiendo que esto se debía al uso de las nuevas armas DIME, desarrolladas por la Fuerza Aérea de Estados Unidos conjuntamente con los israelíes”.

Este arma experimental fue utilizada a una mayor escala durante la Operación Plomo Fundido, otro ataque de Israel a Gaza a finales de 2008 y principios de 2009, en el que murieron 1400 palestinos, de los cuales 352 fueron niños.

Hemos tenido un gran número de pacientes que llegaban con horrendas lesiones en los brazos y las piernas, que estaban cortados como si un enorme hacha se los hubiera seccionada merced a una inmensa fuerza, llevándose piel, músculos y huesos. Los huesos se rompieron y quedaron completamente limpios. Además, hemos visto quemaduras muy destructivas, lo que indica temperaturas extremas que carbonizan la piel, los músculos y los huesos ”.

De todos modos, Gilbert dijo que los Gobiernos de todo el mundo deben enviar expertos forenses a Gaza para “analizar las muestras de tejidos de los heridos y estudiar más a fondo qué es lo que les mató”, así como realizar por parte de los científicos un seguimiento de los que han sobrevivido a las explosiones de las municiones DIME. Estos sobrevivientes tienen un alto riesgo de desarrollar cáncer, dijo Gilbert.

Pero Gilbert advirtió, hablando de los explosivos DIME, que no están explícitamente prohibidos por el Derecho Internacional, con lo cual se corre el riesgo de que estos crímenes cometidos por Israel en Gaza queden impunes.

El asedio y el constante bombardeo contra objetivos civiles son dos cuestiones mucho más importantes de si Israel utiliza armas convencionales o explosivos DIME”.

Escasez extrema

A principios de julio, la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) dio a conocer un informe elaborado por Gilbert, detallando el frágil estado de salud del sector de Gaza, sometido a la escasez de suministros médicos debido al ilegal asedio por parte de Israel.

Con este último ataque de Israel, que ha llenado de víctimas los centros hospitalarios, con decenas de lesiones potencialmente mortales, la situación se ha deteriorado aún más, lo que ha obligado al Ministerio de Salud de Gaza a declarar el estado de emergencia.

Lo único que ha impedido el colapso total de Gaza, según Gilbert, es la dedicación de los médicos, de las enfermeras y los socorristas, que están trabajando actualmente de forma gratuita.

Una de las deficiencias más importante en el Hospital de Shifa es la falta de medios económicos para pagar al personal sus salarios. No vienen cobrando con regularidad desde hace un año, y desde el mes de abril no han recibido nada, aunque con anterioridad recibieron el 50% del salario de los últimos ocho meses. Esto ilustra la alta moral de trabajo y la energía para soportar las intensas dificultades, con el fin de apoyar a la gente y tratar sus heridas. Es algo nada menos que heroico”.

Marcados de por vida

El número de muertes se ha reducido a pesar del alto número de heridos, 1200, pero son muchos los que tendrán lesiones incapacitantes de por vida. Entre las lesiones más graves, Gilbert ha observado amputaciones. También ha descrito lesiones graves en la cabeza, sobre todo en los niños rescatados de entre los escombros de las casas derruidas.

Cuando bombardean los edificios, los techos se derrumban y los niños sufren fracturas y lesiones en la cabeza, que son extremadamente graves. Tenemos un niño de 5 años de edad, que se encuentra en estado crítico con una grave lesión en la cabeza debido a que un cohete israelí impactó en la casa del vecino y se llevó todo el techo de su dormitorio. Muchos de estos niños quedarán marcados de por vida debido a sus heridas. Como médico, mi receta es clara: detener los bombardeos, lo cual significa que Israel deje de matar a los civiles de forma indiscriminada; segundo, levantar el bloqueo; tercero, encontrar una solución política. Y en el centro de esa solución política se encuentra la equidad y la justicia para el pueblo palestino, que debe ser tratado de igual manera que el resto de seres humanos protegidos por el Derecho Internacional, desarrollando sus vidas con dignidad y en paz”, dijo Gilbert.

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Rania Khaled es una periodista independiente que informa sobre los marginados. Sus artículos han aparecido en Common Dreams, Salon, The Nation, The Nation, In These Times, Radio Ciudadana y muchos más. Puedo leer más trabajos de Rania en su blog Dispatches from the Underclass, o seguirla a través de Twiter: @ RaniaKhalek .

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Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/view/2014/07/15-2

 

Los israelíes acuden a ver los bombardeos como si de un espectáculo se tratara

por Abby Zimet, 14 de julio de 2014

Common Dreams

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Los israelíes no dudan en llevarse sus sillas de plástico o incluso sofás hasta una colina de Siderot a ver las explosiones nocturnas en la Franja de Gaza debido a los bombardeos del Ejército israelí, acompañando el espectáculo con palomitas de maíz o los narguiles para fumar, según se observa en una foto publicada por el periodista danés Allan Sørensen, que la acompaña con el siguiente comentario: “Aplauden cuando se oyen las explosiones”. Kristeligt Dagblad se interesó por esta noticia y dijo que más de 50 israelíes habían transformado el alto de la colina, conocida como el Cerro de la Vergüenza, en un espectáculo, “es algo que se parece más a la primera fila de un teatro donde la obra es una guerra real”.

La foto ha causado indignación a través de Internet, señalando “qué moralidad es la de un pueblo que observa el asesinato como si fuera un espectáculo público”.

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Los espectadores dicen que se encontraban allí para “observar cómo Israel trae la paz” y “ver cómo destruye a Hamas”. Se olvidan de mencionar, de forma inexplicable, los niños palestinos que han muerto.

¡Oh, Israel!, ¿en qué te has convertido?

Entierro de un niño palestino de 4 años de edad

Entierro de un niño palestino de 4 años de edad

 

Niños palestinos llorando la muerte de sus padres

Niños palestinos llorando la muerte de sus padres

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Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/further/2014/07/13

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