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La “biosfera de guerra” de Gaza de la que ningún palestino puede escapar

Por Mark Zeitoun y Ghassan Abu Sitta, 27 de abril de 2018

The Conservation

Mohammed Saber / EPA

Gaza ha sido ocupada a menudo por su agua. Cada ejército que salía o entraba al desierto del Sinaí, ya fueran babilonios, el de Alejandro Magno, los otomanos o los británicos, han buscado este recurso allí. Pero hoy el agua de Gaza se encuentra totalmente contaminada y en una situación fuera de control. La combinación de los repetidos ataques de Israel y el cierra de sus fronteras por parte de Israel y Egipto, han dejado un territorio sin capacidad para procesar su agua y sus desechos. Cada gota de agua utilizada en Gaza, bien proceda de los inodoros o cargada de antibióticos, regresa al medio ambiente en un estado degradado.

Cuando un inodoro de un hospital se descarga, por ejemplo, se filtra sin tratamiento a través de las arenas del acuífero, donde se mezcla con las aguas cargadas de pesticidas, de metales pesados de la industria y la sal del océano. Después es de nuevo bombeada en los pozos municipales o privados, junto con la pequeña fracción de agua dulce que compran a Israel, y regresa por medio del agua corriente de las casas. Esto da como resultado una contaminación generalizada y un agua no potable, de la cual el 90% excede las pautas de salinidad y cloruro de las Organización Mundial de la Salud (OMS).

A la izquierda la Franja de Gaza; a la derecha los cultivos israelíes al otro lado del muro de separación. Google Maps.

Y las condiciones están empeorando debido a la aparición de las bacterias resistentes a los antibióticos (superbacterias). Estos microorganismos presentan resistencia a múltiples fármacos, debido a la excesiva prescripción de antibióticos por parte de los médicos en situaciones desesperadas al tratar a las víctimas de los ataques, aparentemente interminables. Cada infección que haya que tratar implica más probabilidades de sufrir más daños. Un peor acceso al agua potable significa que las infecciones se propagan con mayor rapidez; los insectos se extienden, se recetan más antibióticos y la víctimas cada vez se debilitan más.

  • Acuífero del OESTE: Israel 340 mcm/ año y Palestina22 mcm/año.

  • Acuífero NOROESTE: Israel103 mcm/ año, Palestina42 mcm/año.

  • Acuífero del ESTE: Israel40 mcm/año, Palestina 54 mcm/ año.

El resultado es lo que se denomina una ecología tóxica o “biosfera de guerra”, de la cual el el ciclo nocivo del agua es sólo una parte. La biosfera hace referencia a la interacción de todos los seres vivos con los recursos naturales que los sostienen. Pero las sanciones, el bloqueo y un estado permanente de guerra afecta a todos los recursos que la población necesita a medida que se contamina el agua, se contamina el aire, el suelo pierde su fertilidad y el ganado sucumbe a las enfermedades. La gente de Gaza que ha sobrevivido a los bombardeos o el fuego de los francotiradores no tiene escapatoria de esta biosfera.

Los cirujanos que atienden a los heridos de guerra, los antropólogos de la salud y los ingenieros del agua, y nosotros mismos, observamos que esta situación aparece cuando se prolongan los conflictos armados o las sanciones económicas, como los sistemas de agua de Basora y los sistema de salud en Irak o Siria. Ya es hora de acabar con esta situación.

Hay agua, pero sólo para algunos

Y no es que no haya agua cerca para aliviar la situación de Gaza. A sólo unos cientos de metros del muro de separación se encuentran los campos de cultivo de Israel que utilizan el agua dulce extraída del lago Tiberíades (Mar de Galilea), donde se desarrollan los productos destinados a los supermercados europeos. Como el lago se encuentra a unos 200 km al norte y a 200 metros por debajo del nivel del mar, se utiliza una gran cantidad de energía para bombear toda esa agua. El agua del lago también se encuentra en disputa feroz con el Líbano, Jordania, Siria y los palestinos de Cisjordania, cada uno de los cuales reclama sus derechos sobre la cuenca del río Jordán.

Mientras tanto, Israel desaliniza tanto agua de mar que los municipios la rechazan. El exceso de agua desalinizada se usa para el riego de los cultivos, y las autoridades del país están planeando usarla para rellenar el lago Tiberíades, algo un tanto extraño e irracional, considerando que el agua del lago continúa siendo extraída en otra dirección, hacia el desierto. Ahora hay tanta agua en Israel que algunos ingenieros israelíes pueden declarar que “hoy nadie en Israel experimenta escasez de agua”.

Pero no pueden decir lo mismo los palestinos, sobre todo los que están en la Franja de Gaza. De modo que allí la gente tiene que ingeniárselas con filtros o pequeñas desalinizadoras puestas debajo del fregadero o a nivel de todo un vecindario para tratar su agua. Pero estas fuentes no están reguladas, a menudo contienen gran cantidad de gérmenes, otra de las razones por las cuales a los niños se les prescriben tantos antibióticos, continuando así con el patrón de nuevos problemas de salud. Mientras tanto, los médicos, las enfermeras y los equipos de mantenimiento del agua, intentan hacer lo imposible con el mínimo equipamiento médico que tienen a su disposición.

En este momento, las aguas residuales están fluyendo hacia el Mar Mediterráneo en medio de la crisis eléctrica de la Franja de Gaza.

Las implicaciones para todos aquellos que invierten en proyectos relacionados con el agua y la salud en Gaza, destruidos repetidamente, son evidentes. Proporcionar más ambulancias o camiones cisterna puede funcionar cuando los conflictos están en su apogeo, pero no se trata nada más que de un parche. Sí, las cosas pueden mejorar a corto plazo, pero pronto Gaza necesitará la próxima generación de antibióticos al tener que vérselas con las superbacterias recubiertas de teflón.

Los donantes deben, en cambio, diseñar programas adaptados a la omnipresente e incesante biosfera de guerra. Esto significa capacitar a muchos más médicos y enfermeras, proporcionar más medicamentos y apoyo de infraestructura para los servicios de salud y agua. Y lo que es más importante, los donantes deberían construir una «cobertura» política para proteger sus inversiones (y a los niños), tal vez pidiendo a quienes destruyen las infraestructuras que paguen la factura de las reparaciones.

Y hay un mensaje aún más amplio para el resto de nosotros. Nuestra investigación muestra que la guerra es algo más que simples ejércitos y geopolítica: se extiende a través de ecosistemas enteros. Si se desterrara la ideología deshumanizadora que subyace en el conflicto, y si el exceso de agua se desviara a la gente en lugar de a los lagos, entonces los daños repetidos y fácilmente evitables sufridos por la población de Gaza pasarían a ser cosa del pasado. Los palestinos pronto encontrarían su biosfera mucho más saludable.

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La ocupación de Israel cumple 70 años: ¿a qué precio?

Por Jonathan Cook, 20 de abril de 2018

Dissident Voice

Las celebraciones del Día de la Independencia el día 21 de abril debiera servir para que los israelíes, y los muchos judíos que se identifican con Israel, reflexionaran sobre en qué se han convertido después de siete décadas.

Sin embargo, la mayoría de los israelíes están demasiado ocupados enarbolando banderas azules y blancas desde sus automóviles, venerando a su ejército como “el más moral del mundo” y analizando las estadísticas oficiales con la esperanza de que les digan si nacieron más judíos israelíes que palestinos.

El proyecto sionista tenía la intención, según sus fundadores, de proporcionar un santuario ante la persecución de los judíos de todo el mundo. Pero, ¿cuál ha sido el precio, tanto para los palestinos que allí vivían, en cuyas tierras se fundó un Estado judío, como para el carácter moral de los que allí se establecieron? ¿Y realmente ha proporcionado el santuario prometido?

Estas preguntas debieran ser motivo de preocupación para los israelíes, después de tres semanas en las que los francotiradores israelíes han matado y herido a cientos de palestinos que están participando en las protestas pacíficas a lo largo de la valla de separación en Gaza.

El trasfondo de las protestas, ignoradas por la mayoría de los israelíes, es el asedio impuesto por Israel que ya dura una década, lo que ha aislado a Gaza del mundo exterior, provocando una catástrofe humanitaria y ataques israelíes intermitentes que han arrasado grandes zonas del enclave.

Los israelíes se mantuvieron firmes, incluso después de la transmisión de un vídeo de soldados debatiendo excitadamente, como si se tratara de un juego de arcade, qué palestinos que protestan en Gaza están en mejores condiciones de ser disparados en la cabeza. Cuando un palestino fue abatido por una bala, se podía oír a los soldados gritando y vitoreando, encantados de haber captado el momento en sus teléfonos.

En respuesta, Avigdor Lieberman, Ministro de Defensa, dijo que el francotirador “se merece una medalla”. Mientras tanto, la única preocupación del Ejército israelí fue la de señalar la falta de moderación mostrada por el soldado que filmó el vergonzoso incidente.

No se trata de jóvenes fanáticos. Las recientes declaraciones de los responsables del Gobierno tienen un sabor decididamente genocida. Lieberman dijo que “no hay personas inocentes en Gaza”, mientras que un portavoz del partido gobernantes Likud, afirmó que “los 300.000 [manifestante de Gaza] son objetivos legítimos”.

Anteriormente, cuando Israel atacó Gaza en el año 2014, el Ministro de Justicia Ayelet Shaked llamó a los palestinos de Gaza “combatientes enemigos” y a sus hijos “pequeñas serpientes”.

Tales puntos de vista tienen el respaldo del clero, ya que una nueva oleada de rabinos extremistas están apoyando estas ideas dominantes. Según un manual para uso de los rabinos, The King Torah, la ley judía justifica el asesinato preventivo de palestinos, a los que considera “terroristas” y a sus hijos como “futuros terroristas”.

La prohibición «No debes matar» se aplica solo «a un judío que mata a un judío», escriben los rabinos Yitzhak Shapira y Yosef Elitzur del asentamiento de Yitzhar en Cisjordania. Los no judíos son «desapasionados por naturaleza» y los ataques contra ellos «frenan su inclinación al mal», mientras que los bebés e hijos de los enemigos de Israel pueden ser asesinados ya que «está claro que crecerán para dañarnos».

La Torá del Rey (Torat Hamelech), Primera Parte: Leyes de vida y muerte entre Israel y las Naciones.

Es esta lógica perversa -la presunción de que los palestinos son terroristas, no seres humanos- la que subyace es la decisión del gobierno de impedir que los manifestantes gravemente heridos por el fuego de francotiradores israelíes sean trasladados para recibir tratamiento de emergencia fuera de Gaza, donde los hospitales apenas pueden funcionar tras años de bloqueo israelí.

La misma lógica justificó la prohibición del Sr. Lieberman de que las familias palestinas que han perdido a seres queridos en el conflicto israelí-palestino se unan a familias israelíes igualmente afligidas en una ceremonia conjunta del Día de los Caídos en Israel, esta semana.

El arraigado racismo en la sociedad israelí no sólo se dirige contra los palestinos, sino también contra otros no judíos. El Primer Ministro Benjamin Netanyahu descartó este mes un plan de las Naciones Unidas para reasentar a casi 20.000 africanos que actualmente solicitan asilo en Israel en países occidentales

La derecha indignada, porque un número similar de africanos permanecería en Israel. Quieren que todos vuelvan a África, incluso si uso supusiera que la vida de los refugiados corriera peligro.

Un comentarista advirtió recientemente en el periódico liberal Haaretz: “Un Estado fascista clerical se levantará aquí no tardando mucho”.

El único baluarte que ha habido hasta ahora ha sido la Corte Suprema, que revocó las prohibiciones gubernamentales, tanto en lo que se refiere al tratamiento médico para los habitantes de Gaza que hayan resultado heridos como sobre la entrada de las familias palestinas en estado de duelo.

Pero se está amedrentando agresivamente. Esta semana, el Sr. Netanyahu ha anunciado su intención de bloquear el poder de control judicial del tribunal para poder salvaguardar una legislación racista y groseramente antidemocrática. Las puertas se abren a la tiranía de una mayoría étnica judía que ya domina a la población nativa palestina.

Pero el Gobierno también tiene en el punto de mira a algunos judíos. Está muy avanzada una campaña contra la escasa comunidad de izquierdas y activistas de derechos humanos de Israel, así como, por supuesto, contra su gran minoría de ciudadanos palestinos.

Comenzó a caracterizarlos como “traidores” al grupo de soldados denominado Rompiendo el Silencio, pero ahora se está dirigiendo contra los grupos progresistas convencionales.

Liberman sugirió que Tamar Zandberg, líder del pequeño grupo parlamentario de izquierdas Meretz, que era un agente palestino después de que pidiera una investigación sobre el asesinato de los manifestantes de Gaza.

Y Netanyahu acusó a New Israel Fund, que promociona causas progresistas en Israel, de poner en peligro la “seguridad y el futuro de Israel” por respaldar el plan de la ONU sobre las solicitudes de asilo.

Aquellos activistas de los derechos humanos que intentan denunciar los abusos por parte de los colonos o el Ejército, ahora están amenazados por una legislación respaldada por Lieberman, lo que podría suponer penas de hasta 10 años de cárcel.

La derecha israelí ha introducido lo que efectivamente es una prueba política: dividir a los judíos “buenos” de los “malos”, no sólo en Israel, sino también en el exterior.

Aquellos que apoyan un Israel más grande como una Gran Fortaleza que oprime a los palestinos, son bienvenidos: aquellos que oponen a la ocupación o quieren que Israel sea sancionado con boicots para que desista y se busque una solución, no lo son. Se les niega la entrada a Israel.

A pesar de la continua propaganda de Israel de que es refugio seguro para los judíos, en realidad no es así. Es un Estado supremacista, racista, que cierra sus puertas a los judíos que denuncian la opresión que sufre la población palestina.

Esto es lo que Israel y sus seguidores de todo el mundo celebran esta semana.

* Este artículo se publicó por primera vez en National de Abu Dhabi.

Jonathan Cook, reside en Nazaret, Israel, es uno de los ganadores del Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Sus últimos libros son Israel y el choque de civilizaciones: Irak, Irán y el Plan para reconstruir Oriente Medio (Pluto Press) y Palestina Desaparecida: Experimentos de Israel en la Desesperación Humana (Zed Books).

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El viaje de un microscopio a través de Israel

Por Dana Visalli, 6 de abril de 2018

Global Research

Bassem Tamimi observa una flor con una lupa. “Extraordinario”, comentó. Su esposa Nariman y su hija Ahed se encuentran en una prisión israelí por oponerse a la ocupación militar y de los colonos de sus tierras.

Pasé el mes de marzo en la ciudad palestina de Hebrón, como profesor voluntario de inglés. Como también me dedico a la botánica, quería enseñar a los niños palestinos el placer de observar las flores, y por esta razón traje conmigo un pequeño microscopio de disección. Mi plan era dejárselo a mi regreso, pero los planes a veces no concuerdan con lo que después sucede. Compré el billete para el vuelo desde Nueva York a Tel Aviv en la aerolínea israelí El Al, pero cuando el personal de esta empresa se enteró de que iba a Palestina, fui sometido a un severo control. La cosa se complicó cuando encontraron el pequeño microscopio, que se llevaron para realizar una minuciosa inspección. Finalmente me lo confiscaron, y me hicieron saber que si no tenía explosivos me lo enviarían en un vuelo posterior.

Unos días más tarde recibí una llamada telefónica cuando me encontraba en Hebrón de una empresa de mensajería, que me informaba de que el microscopio había llegado a Tel Aviv y que querían traérmelo. El problema era que Hebrón es palestino y está cerrado a los israelíes, a excepción de los colonos y los soldados israelíes que viven en diferentes enclaves de la ciudad. Hay un letrero rojo en el desvío de la autopista que dice: “La entrada de ciudadanos israelíes está prohibida, es peligroso para sus vidas y está en contra de las leyes israelíes”.

El servicio de mensajería decidió dejarlo en un hotel de Jerusalén, donde probablemente yo podría recogerlo. Pero el hotel tiene la política de no tocar ningún paquete que no esté dirigido directamente a ellos, por lo que con seguridad no iban a aceptar la entrega. Al final, la caja con el microscopio fue enviada de regreso al aeropuerto de Tel Aviv, donde pude recogerla a la salida del país, y después de otra hora de inspección pude traérmela de nuevo a los Estados Unidos.

La pregunta es: ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué lo israelíes tienen miedo de un microscopio? ¿Cuál es la historia de los acontecimientos que tanto temor e inquietud causaron a los ciudadanos israelíes? Tuve un encontronazo parecido mientras caminaba por un camino cercano a Hebrón, por el área natural Wadi al-Quff. Cogí un taxi hasta el inicio del sendero. En el recorrido de apenas 20 minutos, el taxista palestino me había regalado un libro para niños que él mismo había escrito y me invitó a su casa a comer. Pasé dos horas subiendo por el empinado camino hasta lo alto de la colina, donde había un búnker con un soldado apuntándome con una ametralladora. Se trataba de un puesto israelí, y los soldados se quedaron algo conmocionados al observar a una persona que observaba las flores. La soldado bajó el arma cuando saqué mi pasaporte estadounidense, pero en repetidas ocasiones exclamó, en inglés, lo raro que era ver que alguien saliese a observar la naturaleza en Palestina, y que, en su opinión, cualquier palestino que me encontrase me mataría. Es algo irónico, pues con el único palestino con el que había hablado (el taxista) me había dado un regalo y me había invitado a comer a su casa. Así que de nuevo surge la pregunta: ¿qué está pasando aquí?

Lo que pasa, por supuesto, es que palestinos e israelíes reclaman la misma pequeña porción de tierra. La historia de esta zona, que a menudo se conoce como el Levante (los países del este del Mediterráneo, palabra que surge en torno al 1500 a partir de la palabra italiana para “naciente”, es decir por donde sale el sol, el Levante) es larga y compleja. Es el conflicto más largo de la historia, en el que tanto israelíes como palestinos son simples partícipes, presentes en los últimos 2500 años de una forma y otra en una tierra que tiene una historia tribal de 10.000 años y una historia humana de 100.000 años. Ambos son semitas, que es un grupo de idiomas, no una raza ni una etnia. Los estudios genéticos han demostrado que los judíos del Mediterráneo (sefardíes) son idénticos a los palestinos, es decir, son los mismos seres humanos, mientras que los dos presentan mayor distancia genética con los judíos europeos (Ashkenazi).

Una explicación evolutiva (científica) que sirve para cualquier religión es que une a sus seguidores como personas “elegidas” por el dios o dioses que rigen cualquier sistema de creencias. Esto es válido para el judaísmo como para cualquier otra religión. Un principio básico de uno de los libros de las religiones judías, la Kabala, habla de la superioridad absoluta del alma y el cuerpo de los judíos sobre los no judíos. Según la Kabala, el mundo fue creado únicamente para el bien de los judíos; la existencia de los no judíos es algo meramente secundario. Un famoso maestro de la Kabala, el rabino Kook, dijo: “La diferencia entre un alma judía y el alma de los no judíos es mayor y más profunda que la diferencia entre un alma humana y el alma de los animales”. Puede decirse por tanto que el excepcionalismo es el núcleo de todas las creencias religiosas, que otorga identidad social, aunque imaginaria, al creyente.

Cuando los judíos sionistas decidieron establecer una patria judía en Palestina (una fecha seminal, por celebrarse la 1ª Conferencia Sionista Internacional en 1897) señalaron su propio excepcionalismo al reducir la población de musulmanes y cristianos de Palestina a subhumanos, a un estatus de la casi inexistencia. Así, Golda Meir (la 4ª Primer Ministro de Israel) dijo en 1969: “No existe el pueblo palestino. No es como si hubiéramos venido, los hubiéramos echado y tomado su país. Es que no han existido”.

De hecho, cerca de un millón de personas vivían en Palestina a comienzos del siglo XX, y musulmanes y cristianos constituían el 97% de la población. La única forma de que Palestina se convirtiera en un Estado Judío era expulsar a los no judíos. En diciembre de 1940, Joseph Witz, responsable de la colonización judía y alto funcionario del Yishuv (asentamiento; asentamiento de los judíos en la Tierra de Israel) escribió en su diario:

Debe quedar claro que no hay sitio en el país para ambos pueblos… Si los árabes se van, el país será más amplio y espacioso para nosotros… La única solución es una tierra de Israel, al menos una tierra occidental de Israel, sin árabes. En esto no hay lugar para compromisos”.

Una idea errónea muy común sobre aquellos años de la formación de Israel es que estalló la violencia entre árabes e israelíes después de que Israel declarase la independencia el 14 de mayo de 1948. Pero en realidad, el año anterior se inició la masacre israelí de los palestinos, cuyo objetivo era el de propiciar el que los “inexistentes” palestinos dejaran su tierra. Las masacres fueron ejecutadas de manera consciente para aterrorizar al pueblo palestino.

La aldea de Deir Yassin sufrió la mayor de las masacres debido a la inusitada violencia con la que se perpetró y el hecho de que más de 20 aldeanos fueron trasladados a un asentamiento judío cercano, donde desfilaron como animales y luego los mataron. Menajem se regodea sobre esta masacre cuando escribe:

La leyenda de Deir Yassin nos ayudó a rescatar Tiberia y conquistar Haifa… Todas las fuerzas judías avanzaron a través de Haifa como un cuchillo lo hace en la mantequilla. Los árabes huyeron presas del pánico, gritando Deir Yassin. Los árabes de todo el país se vieron invadidos por el pánico y comenzaron a huir para salvar sus vidas”.

Aldea de Deir Yassin

Richard Catling, inspector general adjunto británico de la división de investigación criminal, informó sobre las “atrocidades sexuales” cometidas por las fuerzas sionistas:

Muchas chicas jóvenes, en edad escolar, fueron violadas y luego masacradas. Las mujeres mayores también sufrieron abusos”.

El ataque de Deir Yassin fue perpetrado por dos milicias sionistas y coordinado con las principales fuerzas sionistas, cuya unidad de élite participó en la operación. Los jefes de las dos milicias, Menachen Begin y Yitzhak Shamir, posteriormente fueron Primeros Ministros de Israel. Begin, jefe de la milicia Irgun, envió el siguiente mensaje a su tropas tras la “victoria” en Deir Yassin:

Acepten mis felicitaciones por este espléndido acto de conquista. Transmitan mis saludos a todos los comandantes y soldados. Les damos la mano. Todos estamos orgullosos de su liderazgo y espíritu de lucha en este gran ataque. Estaremos atentos en memoria de los asesinados. Estrechamos amorosamente las manos de los heridos. Digan a los soldados: han hecho historia en Israel con su ataque y conquista. Continúen así hasta la victoria. Como en Deir Yassin, en todos lados, atacaremos y golpearemos al enemigo. Dios, Dios, tú nos han elegido para la conquista”.

La decisión británica de dar Palestina a los sionistas, formalizada en la Declaración de Balfour de 1917, se entiende que fue algo calculado para ayudar a los británicos a ganar la Primera Guerra Mundial y así mantener la ruta británica a través del Canal de Suez hacia su colonia la India (donde cultivaban opio que descargaban en China) y como una ventaja adicional, inducir a que el Mesías regresase a su Tierra. Ya seriamente, este es el nivel de inteligencia que impulsa la mayoría de las decisiones del Gobierno (lo que hace que la gente se cuestione la existencia misma de los gobiernos).

A mediados de 1916, Gran Bretaña estaba en peligro de perder la Primera Guerra Mundial. En la batalla de Somme de ese mismo año, perdió medio millón de hombres o quedaron heridos, con casi 60.000 muertos sólo el primer día de los combates. Los sionistas ricos se ofrecieron para persuadir a los Estados Unidos para que entrase en la guerra al lado de Gran Bretaña, a cambio de que se les regalase Palestina como “patria”. El Presidente Woodrow Wilson, que había sido reelegido en 1916 con la promesa de mantener a los Estados Unidos fuera de la guerra, declaró la guerra a Alemania en abril de 1917. Así fue como la comunidad judío-sionista diseñó la derrota de Alemania en esa guerra (algo que los alemanes no olvidaron después de la guerra).

Además, la colonia más lucrativa de Gran Bretaña en su imperio mundial era la India, y el acceso desde y hacia la India a través del Canal de Suez era vital para controlar al oprimido pueblo indio y mantenerlo activo para obtener ganancias británicas. Al crear un «enclave judeo-cristiano» en el Levante, el gobierno británico sintió que podía proteger mejor su ruta marítima a través del canal. También es cierto que Arthur Balfour (el Ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña durante la Primera Guerra Mundial y uno de los autores de la Declaración de Balfour) era un cristiano fundamentalista que creía, junto con otros, que ciertos pasajes de la Biblia indicaban que Jesús no regresaría a la Tierra hasta que «los judíos estuvieran de vuelta en Jerusalén». Lo que, si lo piensas bien, significa que los últimos 70 años de conflicto en Tierra Santa han sido en nombre del Príncipe de la Paz. Se ha dicho que a Dios le encantan las ironías.

Con esta información de fondo podemos entender mejor el comportamiento de los israelíes que encontré en mi viaje a Palestina. Porque aterrorizaron al pueblo palestino en 1947-48 y expulsaron a un millón de ellos de sus tierras y los llevaron a campos de refugiados, luego les robaron la tierra y las viviendas y las hicieron suyas, porque durante 70 años han seguido usurpando tierras palestinas, brutalizando al pueblo palestino y han seguido tratando de expulsarlo de Palestina, porque todo este comportamiento nefasto se basa en el poder, la dominación, la mitología y las mentiras, los israelíes tienen que vigilar constantemente sus espaldas. De hecho, 70 años después de la creación de un estado judío en tierra palestina, el lugar más peligroso del mundo para ser judío está en Israel.

Hay una salida clara de este nudo gordiano y es que los israelíes abandonen la mitología pseudo-religiosa de ser de alguna manera superiores al resto de la humanidad, que derriben los muros de hormigón que han construido a través de Tierra Santa y los muros de hormigón que impregnan sus mentes y sus corazones, y que creen una sociedad igualitaria basada en la decencia humana y quizás incluso en una medida de amor, con los demás habitantes del Levante,  el pueblo palestino, sus hermanos y hermanas genéticos y geográficos.

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Dana Visalli es un ecologista que vive en el estado de Washington.

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Adiós a Yarmouk: El viaje de un refugiado palestino de Esmirna a Grecia

Por Ramzy Baroud, 26 de julio de 2016

Dissident Voice

 Campo de refugiados de Yarmouk en Damasco. Imagen: eldiario.es

Campo de refugiados de Yarmouk en Damasco. Imagen: eldiario.es

(Nota del autor: Este artículo se ha redactado en base a las entrevistas realizadas a los refugiados palestinos de Siria)

El campo de refugiados de Yarmouk estuvo alguna vez presente en su ser, pero decidió salir del abismo de los miedos persistentes y no volver nunca más. ¿Pero cuál sería para este refugiado su última tierra ahora que dejaba Yarmouk, su primera tierra de asilo?

¿Cómo podría cualquier otro lugar mostrarse hospitalario, convertirse en su casa, cuando ha aprendido que Palestina, la que nunca ha visitado, nunca podrá ser su hogar? Al ser preguntado, responde sin vacilar: “Soy de este pueblo y de aquel de Palestina”. Sin embargo, el campo de refugiados de Yarmuk en Siria es todo lo que queda de Palestina, y de Palestina sólo sabía lo que había leído en los libros o por el mapa hecho jirones que colgaba en el salón de la casa familiar.

Pero al menos ella estaba junto a él y compartían el mismo dolor, sin ella nunca se habría embarcado en esta búsqueda. Su nombre, Khaled al-Lubani, y el de ella, Maysam.

Su primer intento de cruzar el mar estaba condenado al fracaso. Los mil dólares estadounidenses que el padre de Khaled le había dado en Yarmouk casi se habían terminado, y el dinero que le prometió su tía de los Emiratos Árabes Unidos no aparecía por ningún lado. Para entonces, se habían establecido en Esmirna, la esquina más occidental de Turquía, el lugar más próximo a Grecia.

Esmirna

Querían oportunidades de una vida mejor; sabían que su estancia allí sólo era temporal dentro de sus planes con mayor amplitud de miras.

Después de una breve estancia en un hotel barato, buscaron un alojamiento aún más barato, un pequeño piso por el que pagaban 400 liras turcas al mes (unos 120 euros ). Pero el dinero se acababa, y la ansiedad de Maysam se hacía cada mayor. Khaled sintió la creciente presión. Mientras esperaba el dinero de su tía, sintió que pendía de una cuerda al borde un acantilado.

Cuando comenzó la guerra de Siria, Khaled se preocupó poco por los avatares de la guerra. Había llegado a la conclusión, hacía ya mucho tiempo, de que nada bueno se podía obtener de la política y que cualquier persona que llegara al Gobierno, o fuera de la milicia uniformada, era alguien en quien no se podía confiar. Sin embargo, la guerra se fue acercando a Yarmouk, a pesar de las súplicas de los refugiados a las partes en conflicto para que no aumentaran su agonía.

Y cuando Yarmouk fue brutalmente destruida, Khaled, presionado por las lágrimas y las súplicas de sus padres, huyó. Un largo viaje, costoso y agonizante antes de llegar a Esmirna.

Su primer intento fue el de cruzar el mar con Abu Dandi. Había algo de sombrío y de falta de honradez, de modo que no confiaba mucho al ponerse en sus manos. De unos 50 años, era un hombre pesado, con un viente prominente, y con el pelo blanco muy corto. Era adicto al té negro, y pasaba la mayor parte de su tiempo en el Club Sirio jugando al backgammon, rezumando la confianza sin reparos de un jugador.

Otros refugiados palestinos también pusieron toda su fe en encontrar una nueva vida en un viaje sin garantías. Pero una hora después del inicio del viaje, el motor de la pequeña lancha se detuvo completamente.

El motor se ahogó y fue imposible ponerlo en funcionamiento de nuevo. Khaled, con todo el miedo recorriendo su cuerpo, sabía que volver no era una opción. Así que añadiendo al drama los temores y las ansiedades de Maysam, estallaron en unos reproches ininteligibles sobre las profundidades del mar.

Sin otra opción. Abu Dandi llamó a la guardia costera turca, que finalmente apareció y les condujo hasta una prisión de Esmirna.

Conocieron al capitán de un segundo bote, Abu Salma, mientras se encontraban en prisión. Capturado después de una fallida expedición, Abu Salma les prometió que les liberaría o les devolvería su dinero, ¡garantizado! Por desgracia, el primer desembolso de dinero nunca les fue devuelto por aquel miserable traficante de vientre protuberante.

La segunda expedición tampoco tuvo éxito, aunque el barco logró avanzar mucho más. El motor no se detuvo bruscamente, pero empezó a hacer un extraño ruido antes de que empezase a soltar el oscuro combustible en las aguas azules del mar Mediterráneo. Finalmente el bote se detuvo al llegar a las aguas griegas. Cuando les interceptó el guardacostas, tiraron una cuerda desde su barco para poder transportar con seguridad a los incómodos pasajeros.

Tratando de eludir al barco griego, los pasajeros se pusieron a remar frenéticamente y con toda la energía que les quedaba. Era como si esta fuera la última tarea que acometían en su lucha épica por sentirse humanos de nuevo. Sin embargo, el bote fue obligado a detenerse y las emociones por la derrota y el fracaso cayeron sobre ellos encorvando sus espaldas.

Con un nulo interés en llevar a los refugiados a la costa griega, la guardia costera se sumó a las crónicas de muerte y desgracia, ya que llamaron a los gendarmes turcos para que llevaran el bote de regreso al punto de partida, lo cual suponía por lo menos dos días de cárcel.

Jurando por su hija de tres años de edad, Abu Salma insistió en que era el mejor en este negocio, y si no hubiera sido por la maldita suerte, ya habrían llegado a Grecia y comerían como reyes, mientras que los dioses griegos les observarían desde el Olimpo. Prometiendo que encontraría un motor más grande y más rápido para el próximo intento, Abu Salma, una vez más, llevó a los pasajeros al lugar de partida, donde supuestamente debía estar el bote escondido, pero no había bote por ningún lado.

Emocionalmente agotados y cansados, regresaron a la carretera principal, a la espera de que la policía les encontrara de nuevo.

Cuando lo intentaron de nuevo, el grupo de nueve se había convertido en uno de 20, sumándose otros refugiados de guerra, buscando la seguridad que no podían encontrar en su país. Este bote era un poco más grande que el anterior, pero el motor más pequeño que el primero. Se produjeron reacciones acaloradas y los hombres gritaron y montaron en cólera. Las mujeres también gritaban de dolor, algunas oprimiendo sus corazones y otras cayendo de rodillas. Maysam no pudo más y estrujó su rostro empapado contra la arena.

La mayoría de los pasajeros se fueron y otros se sentaron en la arena tratando de establecer un plan que nadie había imaginado antes. Pero los palestinos, junto con Khaled y Maysam, se quedaron. Su voluntad era demasiado fuerte como para renunciar después de todo lo que habían pasado. Asumiendo el papel de líder, fueron animados por Khaled, una vez más.

Sólo tienes que ir en esa dirección”, dijo el traficante, señalando en alguna dirección determinada en la oscuridad con sus rechonchos dedos. Y eso fue precisamente lo que hizo Khaled. Desafiando la oscuridad y empujado por su deseo de ir hacia la libertad. Durante todo el viaje, Maysam sollozó en silencio y se aferró a su brazo como si fuera un salvavidas.

Finalmente, aparecieron las esperadas luces de la isla de Mitilene, que brillaban en la distancia. “»Ya Allah, Ya Allah, Ya Allah,» murmuraba Maysam en el último intento de rezar tanto como le fuera posible para acompañar al bote en su viaje hasta la costa, poniendo fin a las pesadillas turca y siria, y liberándoles del abismo de los condenados.

Todo lo que dejaron Khaled y Maysam en la balsa de lona fue una bolsa de cacahuetes cuando sus pies tocaron las arenas de Mitilene a altas horas de la noche. La alegría de su éxito alejó sus pesadumbres, saltando y llorando del regocijo.

Pero cuando trataron de darse cuenta de la increíble comodidad que la arena blanca les ofrecía, rápidamente acudieron los temores, sobre su imprevisto e inesperado futuro. El agua que les cubrió sus zapatillas lo sintieron como un mal presagio.

Ramzy Baroud es escritor y periodista. Su último libro publicado es “La segunda Intifada palestina: crónica de una lucha popular” ((Pluto Press, London).

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Procedencia del artículo:

http://dissidentvoice.org/2016/07/farewell-to-yarmouk-a-palestinian-refugees-journey-from-izmir-to-greece/

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Monsanto fabricó el fósforo blanco utilizado en los ataques israelíes a Gaza durante la Operación Plomo Fundido

Por Justin Gardner, 7 de febrero de 2016

activistpost.com

Foto: palestinalibre.org

Foto: palestinalibre.org

Monsanto se ha ganado la dudosa reputación de ser una de las empresas más odiadas del mundo. Sus estentóreas declaraciones de que alimenta al mundo y ayuda al medio ambiente han quedado en una mera farsa.

Sus cultivos transgénicos no han aumentado los rendimientos, a pesar de sus afirmaciones en sentido contrario. Lo cierto es que: 1) ha favorecido los monocultivos y la Agricultura Industrializada, 2) asfixia la agricultura sostenible no transgénica, 3) acaba con los insectos beneficiosos y los hábitats acuáticos con las toxinas Bt, 4) ha provocado la aparición de las supermalezas, 5) ha aumento la utilización de herbicidas químicos, sobre todo de Roundup, y 6) está llevando a cabo un experimento a gran escala con los alimentos modificados genéticamente.

Su único objetivo son las ganancias por encima de todo, y lo hace utilizando Gobiernos e inscribiendo patentes sobre la vida. Monsanto se ha infiltrado en las Agencias gubernamentales por medio de las personas que tenía anteriormente empleadas, de modo que pueden utilizar el poder para alcanzar una posición más dominante en los mercados. Ha firmado recientemente el Tratado de Asociación Transpacífica (TPP), lo que es prueba de que puede lograr mayor ventaja.

Ningún otro país del mundo está más controlado por Monsanto que Estados Unidos. Ha encontrado un terreno fácil para acabar con derechos civiles y proceder a construir una Corporatocracia más perfecta. La agricultura es el terreno más recientemente conquistado por este gigante de los transgénicos.

La fabricación de productos químicos por parte de Monsanto tiene una larga trayectoria, sobre todo en Vietnam, donde se utilizó el Agente Naranja para diezmar vastas extensiones de la selva tropical, envenenando a numerosos civiles y soldados vietnamitas, incluso estadounidenses. El popular herbicida 2-4, D que se utiliza hoy en día es un ingrediente del Agente Naranja.

Pero el papel de Monsanto como proveedor de productos químicos mortales para uso militar está aún más arraigado. Durante al menos 20 años ha suministrado fósforo blanco al Gobierno de Estados Unidos para la fabricación de armas incendiarias. Es más, parte de este fósforo blanco se utilizó en la invasión israelí de Gaza a finales de 2008, en la operación conocida como Plomo Fundido, aunque habría que hablar de la Masacre de Gaza.

Israel negó el uso de fósforo blanco en un primer momento, pero admitió finalmente que lo utilizó en Gaza al ser presionado por los medios de comunicación. Dijeron que lo habían utilizado para oscurecer o iluminar, pero incluso este uso está prohibido en las zonas civiles en virtud de la Convención de Ginebra. De acuerdo con Sputnik News, en 2009 el Departamento de Estado de Estados Unidos confirmó el envió de armas con fósforo blanco desde su planta de Arkansas a Israel para su empleo en la invasión de Gaza.

La conexión de Monsanto con los crímenes de guerra de Israel, y otros usos del fósforo blanco, fueron destapados cuando el Current Events Inquiry descubrió varios documentos en el sitio web US Federal Business Opportunities (FBO), encontrando que la Empresa Agroindustrial proporcionó 180.000 libras de fósforo blanco para la fabricación de proyectiles para el arsenal Pine Bluff de Arkansas.

Sólo hay una fuente de fabricación en Estados Unidos en la actualidad, Monsanto. Para la producción del fósforo blanco se requiere de una determinada tecnología y de conocimientos. Estas tecnologías y habilidades están protegidas por la NTIB (Tecnología Nacional y Base Industrial), un término reservado para aquellas “personas y organizaciones que se dedican a la investigación, desarrollo, producción, integración de servicios y actividades de tecnología llevadas a cabo en Estados Unidos y Canadá) en caso de emergencia nacional […] El mantenimiento de estas habilidades dentro de la NTIB es esencial para que la capacidad de producción del fósforo blanco siga preservada. Sin esta restricción de la NTIB existiría el riesgo de que la capacidad nacional de producir fósforo blanco se perdiese […] Con un solo productor de fósforo blanco protegido por la NTIB (Monsanto), el apoyo del Gobierno para mantener esta capacidad es de vital importancia, ya que reduce el riesgo para los combatientes en guerra en tiempos de emergencia nacional, así como evitar una dependencia potencialmente peligrosa de una fuente externa”.

El Gobierno promueve el fósforo blanco a través de un contratista externo, ICL Perfomance Products, que es subsidiaria de Israel Chemicals, Ltd. Antes de utilizar fósforo blanco en la masacre de Gaza, violando la Convención de Ginebra, Israel ya lo había utilizado militarmente en el Líbano en 2006. Estados Unidos lo utilizó en las municiones durante la batalla de Faluya, Irak, en 2004.

Sputnik News describe los efectos del fósforo blanco cuando la gente está lo suficientemente cerca para sentir sus efectos, como ocurre en las zonas civiles densamente pobladas, caso de Gaza.

El fósforo blanco no sólo mutila, sino que puede matar. Se enciende en contacto con la piel y produce quemaduras, persistiendo hasta que se acaba el combustible o se agota el oxígeno. Si se inhala o se ingiere, puede causar graves daños en las mucosas con las que entra en contacto.

Al ser absorbido por la piel significa que una quemadura que afecte al 10% puede causar daños en los órganos internos, tales como el corazón, el hígado o los riñones, pudiendo ser fatal. Incluso después de la curación por una exposición a fósforo blanco, las víctimas pueden sufrir durante muchos tiempo problemas de salud, incluyendo defectos de nacimiento y daños neurológicos”.

La fabricación de productos químicos siempre ha sido un negocio muy lucrativo para Monsanto, especialmente cuando se trata de suministros militares, desde el Agente Naranja en Vietnam al fósforo blanco en la actualidad ¡Quién sabe qué otras cosas se hacen causando muerte y destrucción!

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Justin Gardner escribe para TheFreeThoughtProject.com

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Procedencia del artículo:

http://www.activistpost.com/2016/02/monsanto-exposed-as-source-for-white-phosphorus-used-in-gaza-massacre.html

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Gaza, un año después

Por Andrea Bernardi, 10 de julio de 2015

blogs.afp.com

A combination of pictures made on July 3, 2015, shows (top) a Palestinian woman pausing amid destroyed buildings in the northern district of Beit Hanun in the Gaza Strip during an humanitarian truce on July 26, 2014, and the same place (bottom) on July 3, 2015, a year after the 50-day war between Israel and Hamas' militants. AFP PHOTO / MOHAMMED ABED

Una mujer palestina sobre los escombros en Beit Hanoun, al norte de la Franja de Gaza, el 26 de julio de 2014, y el mismo sitio visto el 3 de julio de 2015 (AFP Photo / Mohammed Abed)

GAZA, 10 de julio de 2015.- La guerra que duró cincuenta días entre Israel y los grupos armados palestinos acababa de empezar cuando entré en la Franja de Gaza el 10 de julio de 2014. Un año después, aquí estoy de nuevo frente a la puerta de acero del paso fronterizo de Erez. Todo ha cambiado, y nada ha cambiado.

No se escuchan ahora los disparos de la artillería israelí. No se ven en el cielo las estelas blancas dejadas por los cohetes disparados desde Gaza.

Los equipos de rescate buscan supervivientes entre los escombros de una casa en Rafah, al sur de la Franja de Gaza, el 29 de julio de 2014, y el mismo sitio visto el pasado 6 de julio de 2015 (AFP Photo / Mohammed Abed)

Los equipos de rescate buscan supervivientes entre los escombros de una casa en Rafah, al sur de la Franja de Gaza, el 29 de julio de 2014, y el mismo sitio visto el pasado 6 de julio de 2015 (AFP Photo / Mohammed Abed)

Pero nada ha cambiado en los controles de los pasos fronterizos, escrutando a la gente con una actitud recelosa: ¿Cuál es el nombre de su padre? ¿Cuántos días se va a quedar en Gaza? Me ponen un sello en un papel blanco y otro en el pasaporte. Eso es todo, ya puedo pasar.

Desde hacía un año, nadie había cruzado por el largo pasillo. Tierra de nadie. También era el mes del Ramadán, el mes sagrado de ayuno de los musulmanes. Las explosiones se oyeron por todos lados y enormes columnas de humo ennegrecieron el cielo, desde Beit Lahiya hasta Beit Hanoun.

Palestinos que huyen de un barrio devastado en Beit Hanoun, el 18 de agosto de 2014, y el mismo sitio visto el 14 de abril de 2015 (AFP Photo / Thomas Coex)

Palestinos que huyen de un barrio devastado en Beit Hanoun, el 18 de agosto de 2014, y el mismo sitio visto el 14 de abril de 2015 (AFP Photo / Thomas Coex)

A lo largo de ese pasillo, el ejército de Israel también tiene sus torres de vigilancia. El palestino que se ofrece para cuidar de mis maletas utiliza un carro eléctrico y no una vieja moto con un remolque. No tengo que esperar horas a que aparezca un coche, los taxis amarillos abundan.

Los funcionarios de Fatah han vuelto al trabajo: controlan y registran los pasaportes. Están sentados en una oficina prefabricada de color blanco y equipada con aire acondicionado, que funciona con tanta fuerza que hiela los brazos mientras espero con los papeles en la mano. Hay sillas para las personas que esperan. Es un grupo demasiado numeroso para la pequeña cantidad de personas autorizadas a abandonar Gaza.

Palestino que pasan con su carga frente a edificios destruidos al norte de Gaza, el 5 de agosto de 2014, y el mismo sitio visto el 3 de julio de 2015 (AFP Photo / Mahmud Hams)

Palestino que pasan con su carga frente a edificios destruidos al norte de Gaza, el 5 de agosto de 2014, y el mismo sitio visto el 3 de julio de 2015 (AFP Photo / Mahmud Hams)

A quinientos metros de distancia se encuentra el puesto de control de Hamas. Antes de llegar a Gaza el año pasado, un misil lo había destruido completamente, sin causar heridos. En aquel momento, dos policías de Hamas vestidos de paisano ocupaban un antiguo edifico situado a unos pocos cientos de metros de distancia. Sin poder acceder a los medios informáticos, anotaron mi nombre en una hoja de papel y me desearon un “Bienvenido a Gaza”. Hoy, están situado en un edificio prefabricado, escanean los documentos con su equipo y todavía me dicen lo mismo: “Bienvenido a Gaza”.

Ese 10 de julio, la carretera que une la ciudad de Gaza y Beit Hanoun estaba desierta. Los ataques aéreos israelíes acababan de empezar, las tiendas estaban cerradas y ya las calles llenas de escombros. Durante los pocos momentos en los que los ataques cesaron, las personas se aventuraban en la búsqueda de comida, o simplemente para tomar un poco de aire.

Hoy en día, la vida cotidiana parece haberse recuperado, las tiendas han reabierto y las mujeres caminan por la calle, donde la policía trata en vano de regular el tráfico.

Una mezquita destruida en la ciudad de Gaza, el 30 de julio de 2014, y el mismo sitio visto el 3 de julio de 2015 (AFP Photo / Mahmud Hams)

Una mezquita destruida en la ciudad de Gaza, el 30 de julio de 2014, y el mismo sitio visto el 3 de julio de 2015 (AFP Photo / Mahmud Hams)

Pero los recuerdos del pasado verano todavía siguen vivos en Gaza. Dondequiera que voy, las secuelas de la guerra están presentes. Con cualquier persona con la que hablo, la guerra está ahí.

Entro en el barrio de Chajaya, por la misma calle por la que anduvimos el año pasado durante una tregua de dos horas durante la noche, al comienzo de la operación terrestre de Israel. Por entonces, los equipos de rescate tuvieron que saltar por encima de los escombros para recuperar los cuerpos. Yo iba en coche. Recuerdo vívidamente el lugar donde vi cada cadáver, pero lo que mis ojos ven ahora en esta calle es a los niños jugando.

Un payaso entretiene a los niños del barrio Chajaya en la ciudad de Gaza, el 8 de julio de 2015 (AFP Photo / Mohammed Abed)

Un payaso entretiene a los niños del barrio Chajaya en la ciudad de Gaza, el 8 de julio de 2015 (AFP Photo / Mohammed Abed)

Atravesando Beit Lahia, paso al lado de una pequeña puerta situada en un callejón detrás del hospital. El año pasado vi allí miso a hombres que llevaban los cuerpos sobre sus hombros, camino del cementerio. Recuerdo a ciertos de personas indignadas, todos los días, despidiendo a los muertos o a sus seres queridos. Ahora la puerta está cerrada. Parece que esta parte del hospital ha sido abandonado.

Las zonas fronterizas fueron completamente arrasadas por la artillería y las incursiones israelíes. Para alguien que vio la destrucción causada, el lugar es apenas reconocible. Pero los habitantes de Gaza que perdieron sus casas todavía están allí, viviendo en improvisados refugios junto a las ruinas de sus casas.

Una noria entre los escombros en Beit Hanoun, al norte de la Franja de Gaza, el 26 de julio de 2014, y el mismo sitio visto el pasado 3 de julio de 2015 (AFP Photo / Marco Longari / Mohammed Abed)

Una noria entre los escombros en Beit Hanoun, al norte de la Franja de Gaza, el 26 de julio de 2014, y el mismo sitio visto el pasado 3 de julio de 2015 (AFP Photo / Marco Longari / Mohammed Abed)

Un año después de aquella guerra, los palestinos viven resignados, aunque algunos todavía esperan que la ONU les entregue ayudas que les permita reconstruir sus casas o incluso abandonar el enclave. No importa el destino. Sobre todo los jóvenes, que sueñan con ir a Europa, Estados Unidos o, más modestamente, a Ramallah. Sin embargo, se percibe cierta normalidad en el pequeño enclave palestino.

Una familia palestina se dispone a realizar el iftar, la comida nocturna con la que se rompe el ayuno diario durante el mes islámico del Ramadán, entre las ruinas de Beit Hanoun, el 6 de julio de 2015 (AFP Photo / Marco Longari / Mohammed Abed)

Una familia palestina se dispone a realizar el iftar, la comida nocturna con la que se rompe el ayuno diario durante el mes islámico del Ramadán, entre las ruinas de Beit Hanoun, el 6 de julio de 2015 (AFP Photo / Marco Longari / Mohammed Abed)

Hay gran número de periodistas y fotógrafos subidos a los tejados que tratan de captar las imágenes de las secuelas de los ataques aéreos o de los cohetes.

Desde la terraza del hotel Al-Deira, junto al mar, veo barcos y hombres que limpian sus redes después de una jornada de pesca. En ese mismo sitio murieron cuatro niños palestinos cuando jugaban inocentemente con otros niños. Recuerdo como los niños corrían hacia mí y luego desparecieron en una nube de humo. Fue una de las cosas más atroces que he visto en mi vida.

En esta misma playa, un año más tarde, veo a los habitantes de Gaza disfrutar de la puesta de sol sobre el Mediterráneo y en los restaurantes se sirven el iftar a familias enteras, la comida nocturna con la que se rompe el ayuno diario, mientras que los niños saltan y ríen en las olas.

El humo negro se eleva en una playa de la ciudad de Gaza tras el ataque israelí que mató a cuatro niños el 16 de julio de 2014, y el mismo sitio visto el 3 de julio de 2015 (AFP Photo / Thomas Coex / Mohammed Abed)

El humo negro se eleva en una playa de la ciudad de Gaza tras el ataque israelí que mató a cuatro niños el 16 de julio de 2014, y el mismo sitio visto el 3 de julio de 2015 (AFP Photo / Thomas Coex / Mohammed Abed)

Andrea Bernardi es periodista que cubre para AFPTV las noticias de Israel y los Territorios Palestinos. Puede seguirlo en Twitter.

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Procedencia del artículo:

http://blogs.afp.com/makingof/?post/israel-palestinien-retour-a-gaza

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Las vacas de la Intifada

Por Abby Zimet, 3 de julio de 2015

Common Dreams

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Para que no olvidemos las humillaciones diarias y los absurdos a los que llega la ocupación israelí, y las a veces ingeniosas formas en las que los palestinos ejercen una resistencia no violenta, la película The Wanted 18, que mezcla animaciones con plastilina, acción en vivo, entrevistas, y vacas que hablan, recrea la asombrosa historia de la persecución israelí de 18 vacas compradas por los residentes de la pequeña aldea cisjordana de Beit Sahour, que decidieron formar un colectivo y dejar de comprar leche a las empresas israelíes, en búsqueda de una mayor autosuficiencia. Un homenaje a la lucha desde la base, el activismo en un momento en el que “los palestinos decidieron poner en práctica la desobediencia civil”. La película comienza con la voz del narrador: “Se trata de Beit Sahour, tal y como era durante la Intifada de 1987. Este es mi ciudad, estas son mis gentes, las 10.000 personas que crearon un quebradero de cabeza a los israelíes”.

En las entrevistas, los residentes explican que no querían comprar la leche a la empresa israelí Tnuva, “sino que querían producir su propia leche para las necesidades de los niños y de la población. Un grupo de palestinos, dirigidos por el profesor de secundaria Jalal Oumsieh, compraron 18 vacas de una granja cercana, y poco a poco fueron aprendiendo el arte de ordeñar vacas, incluso enviaron a uno de sus miembros a Estados Unidos para que aprendiera las técnicas de producción de leche. La empresa fue un éxito, y rápidamente empezaron a suministrar leche a todo el pueblo, y las vacas, cada una con su nombre, se convirtieran en auténticas celebridades locales. Israel quería cortar de raíz cualquier manifestación de independencia de un pueblo que creía subyugado. El panadero Nassim Hilal dijo: “Esto representaba un desafío al control israelí”.

El Gobernador militar se introdujo un día con los soldados, tomaron fotos de cada una de las subversivas vacas, declarándolas “un peligro para la seguridad del Estado de Israel”, y dieron un ultimátum de 24 horas para que los habitantes de Beit Sahour clausuraren la granja. Así que la leche pasó a la clandestinidad, con las vacas convertidas en prófugas de la ley, aunque continuaron produciendo la leche de la Intifada. A partir de ahí las cosas empezaron a complicarse. La juventud galvanizó su descontento y empezó a realizar pintadas instando a un boicot de los productos israelíes. Cientos de soldados israelíes registraron casa por casa, mientras que los helicópteros sobrevolaban la ciudad. Este pequeño experimento en busca de una independencia económica, señala el director de la película palestina, Amer Shomali, viene a reflejar lo que supone la ocupación: “personas traumatizadas que viven bajo el control paranoico de un ejército”.

Una producción de Canadá, Palestina y Francia, Shomali realizó The Wanted 18 junto al veterano director canadiense Paul Cowan, contando la historia desde la perspectiva de las autoridades militares israelíes, la gente del pueblo, las vacas, que hablan con voz suave y torpe. Con 33 años de edad, Shomali escuchó por primera vez la historia de las vacas de Beit Sahour cuando era un niño que crecía en los campos de refugiados de Siria. Estaba obsesionado con los cómics y los superhéroes: “Encontré un libro de historietas sobre Beit Sahour, y por primera vez leía un cómic en el que los superhéroes podían ser los miembros de mi familia, yo mismo, o mis primos. Mientras que le aterrorizaba la idea de hacer una película divertida sobre una ocupación que carece de gracia, pensó que el humor es la forma de ver las cosas por parte de un dibujante. Es más, creo que un país que no se ríe de sus propias heridas nunca podrá recuperarse de ellas”.

La película, promovida por grupos culturales árabes y por ONG, ha sido aclamada y ha recorrido numerosos festivales internacionales y estrenada en el Human Rights Watch Festival. Un crítico ha dicho de la película: “hermosa, significativa y extraña”. Shomali dice que esta lección debe servir de ejemplo para la generación actual de palestinos, que a menudo quedan atrapados entre dos posiciones: “una, la de ser víctima de la ocupación, el capitalismo y la pobreza; la otra, el radicalismo”. Ofrece otra opción, una Tercera Intifada, “ donde las personas quieran recuperar el dominio de su vida, su futuro y construir su propia comunidad. Quiero que la gente vea la película y observe una cara diferente de los palestinos… Quiero que nos comprendan mejor y que sepan lo que supone vivir bajo una ocupación. Quiero que haya empatía. Quiero la audacia de pensar. ¿Qué haría yo de ser un palestino, si quiero tener una vaca y alguien me lo impide? Y quiero que los palestinos no pierdan la esperanza”.

The Wanted 18 abrió el mes pasado el festival de Nueva York y Los Ángeles. Shomali no pudo estar presente: se le denegó un visado para viajar a Estados Unidos por considerársele una “amenaza para la seguridad”.

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Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/further/2015/07/02/intifada-milk-we-are-palestinians-we-deserve-have-home-we-deserve-have-our-land

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La gran mentira sobre la creación de Israel

Un desgarrador documental de Lia Tarachansky, Al borde de la carretera, revela la gran mentira en el corazón del mito de la creación de Israel

Por Douglas Valentine, 5 de junio de 2015

Dissident Voice

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Tarachansky tuvo que romper muchas barreras, tanto personales como sociales, para producir este documental sobre la Nakba, “la catástrofe de 1948”, cuando aproximadamente 750.000 palestinos (un número que ha aumentado hasta el millón y medio de refugiados que viven en campamentos durante los últimos 67 años) fueron expulsados de sus hogares y forzados a  vivir en campos de refugiados, donde se les niega los derechos humanos más básicos.

El reto más difícil que Tarachansky tuvo que superar fue el de sus propias creencias, profundamente arraigadas. Tarachansky nació en Kiev en 1984, y como ella describió en una entrevista, “Era una época de cambio, una realidad incierta. A la edad en la que estaba aprendiendo a leer, mis padres se separaron, se produjo la crisis nuclear de Chernobyl y el colapso de la Unión Soviética. Yo era muy joven por entonces para comprender lo que estaba pasando, cuando fuimos evacuados de la ciudad y nos vimos envueltos en una difícil situación económica”.

Su madre, sionista, cogió a Lia y su hermana y se fueron a Israel, donde, según su madre les había dicho, “los monos comen plátanos sentados en las palmeras y todo el mundo es judío”.

Este fue uno de los primeros mitos en esfumarse. Su madre, Ingeniero informático, encontró trabajo para cambiar pañales en una residencia de ancianos, y Lia pasó de “ser la única judía en la guardería de la Unión Soviética, a la única rusa de la Escuela Primaria de Israel”.

Pasamos de la fachada de la supuesta igualdad entre todos los compañeros, a la facha de la supuesta igualdad entre todos los judíos”. Pero pronto descubrió que “Israel está formado por una sociedad con muchos estratos, incluso entre los judíos, en relación al acceso a la justicia y los derechos”.

A medida que fue creciendo en el asentamiento de Ariel, en la Cisjordania ocupada, Tarachansky empezó a oír rumores de que en esa tierra no solamente vivían judíos. Por extraño que esto pueda parecer, los colonos no tenían ningún contacto con los palestinos de alrededor. Los habitantes árabes de Israel estaban marcados como terroristas, que tenían la intención de matar a los colonos judíos, y que por lo tanto había que evitar a toda costa.

Por desgracia, estos estereotipos resuenan como verdades indiscutibles en Estados Unidos, que respalda oficialmente la guerra de desgaste de Israel contra el pueblo palestino. Recientemente se aprobó una ley en Illinois que considera ilegales las inversiones en fondos de pensiones en organizaciones que apoyen al movimiento Boicot, Sanciones y Desinversiones (BDS).

Del mismo modo que ocurre en Estados Unidos, por motivos raciales, culturales, por prejuicios religiosos, se dictan normas sociales injustas en Israel, que determinar las políticas represivas de su Gobierno. El resultado: los judíos celebran y legalizan su superioridad étnica y creer tener derecho moral para discriminar a los palestinos.

Dándose de bruces con la realidad

Cuando Lia Tarachansky era una colono sionista, se identificaba con los judíos israelíes. En lugar de condenar su comportamiento, observaba y trataba de entender su transformación personal, y la de otros israelíes que trataban de desentrañar las premisas dadas por sentado, que sin embargo eran falsas. El documental de Tarachansky refleja la lucha de esas personas que tratan de hacer frente, de manera honesta, a la Nakba. Esta capacidad de pensamiento crítico y reflexión es lo que permite a Tarachansky mostrar de manera convincente cómo y por qué los sionistas se han encerrado en su propia prisión, forjada por ellos mismos.

Tarachansky_judios

Como ella explica, el documental está rodado desde el punto de vista del retorno, un retorno a la cordura.

El documental empieza un tranquilo 15 de mayo, Día de la Independencia, con sus fuegos artificiales sobre el cielo nocturno y con Eitan Bronstein de Zochrot ( una ONG dedicada al descubrimiento de la verdad y la sensibilización sobre la Nakba) colocando carteles y repartiendo propaganda, en la que aparece un árabe con una llave intentado abrir la puerta de su antigua casa.

Y como contrapunto, en lo que algunos ven una amenaza mortal, una mujer israelí proclama con orgullo: “Soy racista”. Y esta mujer le dice a Bronstein: “Es una lástima que todavía gente como usted siga con vida”.

Lo que hace Bronstein no está muy bien visto en Israel. Es una lucha contra una opinión pública muy extendida, y contra un Gobierno que promulga leyes para tratar de ocultar la verdadera historia de la Nakba, y los intentos de lavar la cara ante los pecados de Israel. Una propuesta de ley que quiere convertir en ilegal estar de luto el Día de la Independencia. De modo que lo que hace Bronstein es considerado un crimen. Es una ley antidemocrática, racista, discriminatoria, pero se ha levantado alguna voz en contra: Dov Yermiyah, miembro de la Knéset (Parlamento de Israel) mostró su oposición a la aprobación de esta ley, que finalmente fue aprobada por 37 votos contra 25. La mayoría de los 48 miembros de la oposición no votaron en contra, sino que simplemente se abstuvieron.

Ir en contra de una sociedad no es fácil, incluso contra una sociedad que toma medidas inmorales. Pero siempre hay alguien que resiste: en el documental de Tarachansky aparece también Tikva Honig-Parnass. Criado en el seno de una comunidad judía de Palestina, Honig-Parnass luchó en la guerra de 1948 y más tarde ocupó el cargo de Secretaria del Partido Unificado de los Trabajadores en la Knéset (1951-54). Desde entonces, ha desempeñado un activo papel en los movimientos en contra de la segunda fase de la ocupación, que comenzó en 1967, así como en la defensa de los derechos nacionales de los palestinos.

En el documental de Tarachansky, Honig-Parnass visita el pueblo en el que participó en su destrucción. Ahora se encuentra en esa lucha personal para superar la negación. Tikva explica por qué ella y sus compañeros se creyeron las mentiras que les contaban sus líderes en 1948. El alcalde del asentamiento de Kedumin, Shosgana Shilo, dice en el documental : “Una tierra vacía. Sólo árabes y malaria”.

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Dicen algunos que la causa era justa, pero los judíos eran una minoría en Palestina en 1948. La mayoría comenzó a llegar en 1948 tras las purgas. Por otro lado, los angloamericanos repartieron Palestina sin consultar previamente con la mayoría de los palestinos, y los que fueron consultados rechazaron el plan. Aunque no se puso en práctica el plan de la ONU, como explica Gary Leech: “La población judía de Palestina anunció unilateralmente la creación del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948” (1).

A finales de 1949, Israel ya había destruido más de 400 pueblos palestinos, matado a miles de civiles y otros muchos habían sido desplazados, que acabaron en campos de refugiados en los países árabes vecinos. En otras palabras, el pueblo judío, que acababa de sufrir los horrores del Holocausto,  estaba llevando a cabo, según Pappe, la limpieza étnica del pueblo palestino”, dice Leech.

No nos importaba dónde se iban. Váyanse a Gaza, les decíamos mientras les expulsábamos”, dice un veterano que luchó en el Palmaj. En referencia a la masacre de Burayr, un pueblo situado al sur del país, dice: “En aquel pueblo matamos a 70 personas”.

Haciendo frente a los hechos

Lia Tarachansky comenzó su investigación sobre la Nakba después de que madre se volviese a casar y la familia se trasladase a Ottawa, Canadá, cuando Lia tenía 16 años. En Canadá, a una gran distancia de los asentamientos y la sociedad cerrada de Israel, comenzó su completa transformación personal. Conoció allí a estudiantes judíos antisionistas, leyó muchos libros, incluyendo el de Ilan Pappe sobre la limpieza étnica de Palestina, y como dijo Sarah Levy en una entrevista, “se encontró por primera vez con un palestino” (2).

Una de las cosas que más que conmovieron fue cuando tuve por primera vez una conversación con un palestino. Eso fue en la Universidad de Canadá. Estaba de pie en algún lugar de la Facultad, y se me acercó pidiéndome mi dirección. Empezamos a hablar y me dijo que yo tenía un acusado acento. Me preguntó de dónde era, y le dije que de Israel. Él, amablemente, me contestó que era palestino”.

Así que me pidió mi dirección y luego se fue. Y a medida que se alejaba me di cuenta de que había sujetado mi bolso con algo más de fuerza, que todo mi cuerpo estaba en tensión, y que tardé un par de minutos en calmarme, después de haberme sentido aterrorizada como nunca en mi vida. Pero después de ese breve encuentro me di cuenta de que aún sabiendo que yo era israelí, y de que él me dijera que era palestino, no trató de matarme. Fue algo revolucionario para mí, porque durante toda mi vida me habían dicho que los palestinos eran gente descerebrada, sin emociones, primitiva, antisemitas que sólo pretendían matar judíos. Y ahí estaba ese amable chico, sensato, que, sin embargo, era palestino.

Sé que esto suena mal, pero para mí era algo que no encajaba en todo lo que había conocido hasta entonces. Así comenzó un violento proceso de lucha contra todos los mitos que yo pensaba eran ciertos sobre el conflicto”.

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Mientras estudiaba en la Universidad de Guelph, Tarachansky leyó el libro de Stanley Cohen “Estados de negación: ensayo sobre atrocidades y sufrimiento”. A medida que se fue concienciando, cambió su trayectoria profesional, y de la Medicina pasó a ejercer el Periodismo, y finalmente consiguió un empleo en The Real News Network. Trabajó como corresponsal en Israel y Palestina, y allí, como parte de su trabajo, se dedicó a la investigación. Consultó archivos, mapas, se interesó por la ubicación de pueblos que habían sido abandonados y destruidos durante la Nakba. Habló con veteranos de las expulsiones de 1948, uno de los cuales, Amnón Noiman, se entrevistó durante un período de 4 años para la realización del documental.

Noiman es el protagonista del documental. Es un octogenario con buen humor, que todavía se pregunta si su matrimonio con una duración ya de 56 años, puede continuar. Es inteligente y ameno, pero atormentado. Se enfrenta a aquellos sucesos, y junto a Tarachansky visita los lugares donde él y la Palmaj ( fuerzas de choque de la Haganá) mataron a miles de personas y otras muchas fueron expulsadas, quemando luego sus tierras.

Es algo que no puedo olvidar. Salieron corriendo y les disparamos… Tenía 19 años. Era un inconsciente. Por eso estoy tan atormentado, y porque siempre habrá jóvenes de 19 años…”.

Cuando los árabes volvieron para podar sus vides con sus familias, tierras que venían cultivando desde hace siglos, las milicias sionistas les emboscaron y dispararon contra ellos.

La mayoría de aquellas gentes fueron abandonadas a su suerte, porque después de aquellas masacres y de disparar a unas cuantas personas en la cabeza… no es necesario insistir para que la gente huya”, dice Eitan Bronstein.

El principal proyecto desde el año 1948 es el de cerrar la puerta y evitar su regreso. La Nakba tiene como objetivo central el impedir el regreso. Y desde entonces hemos impedido y negado el derecho al retorno”.

Sin comprender lo que pasó en 1948, simplemente no se puede entender el lugar donde uno vive, y nosotros los israelíes no tenemos ni idea del conflicto en el que vivimos”.

Los palestinos fueron expulsados de sus tierras, en las que habían vivido durante miles de años, y en las que los judíos se asentaron. Mientras que el documental no trata tanto de los palestinos como del autoengaño en el que incurren y pervierte la conciencia colectiva de los israelíes, sí incluye la visión de Khalil Abu Hamdeh, cuyos abuelos fueron expulsados en 1948. Aquellas familias están viviendo desde entonces en Cisjordania, bajo el yugo de la ocupación israelí.

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Hamdeh pudo participar en el documental de Tarachansky después de que éste consiguiese permiso para abandonar el campo de refugiados de Asqar donde vive, cerca de la ciudad norteña de Nablus, en Cisjordania. El campamento se parece a un zona bombardeada de Belfast, con niños escuálidos jugando entre los escombros, Juntos visitan Qaqun, el pueblo de donde huyeron sus abuelos. Qaqum es ahora Parque Nacional. El pueblo de su abuelo, cerca de Jaffa, fue arrasado.

¿Cómo es posible que tres años después del Holocausto del pueblo judío, éste mate, robe, y cometa otras atrocidades?”, pregunta Tarachansky a uno de los veteranos.

Hohig-Parnass responde: “Es un error pensar que una experiencia personal, como la pérdida de la familia en el Holocausto, sirva para tener una visión más humanitaria del mundo. Todo lo contrario, no es la experiencia personal lo que nos mueve, sino la ideología que utilizamos para interpretarla”.

El documental recorre el período de tiempo de un año, y termina con Eitan Bronstein en su protesta del Día de la Independencia de Israel. La Policía vigila detenidamente, ya que está dispuesta a distribuir folletos con los nombres de las aldeas destruidas durante la Nakba. Los policías dicen que se trata de materiales que alteran la paz.

Un soldado que observa el alboroto que se está formando se acerca y dirigiéndose a la cámara dice: “Tiene usted suerte de que la Policía esté aquí, pues de tener la oportunidad nos gustaría darle un tiro”.

Los policías sonríen.

Lia Tarachansky, que fue colona en la Cisjordania ocupada,

observa la amnesia colectiva de los israelíes

sobre los sucesos de 1948, año en el que surge el Estado de Israel

y la mayor parte de los palestinos se convirtieron en refugiados.

Sigue el proceso de transformación de los veteranos,

de aquellos que intentan evitar que se niegue la realidad de una guerra

que cambió aquella región para siempre.

Tarachansky vuelve con su cámara al mismo lugar donde ya

vive una nueva generación, todavía entre muros y aislada

de su alrededor.

Intentando aportar luz sobre uno de los mayores tabúes de la sociedad israelí,

la reciben con desaire y violencia.

Hace poco tuve la oportunidad de entrevistar a Lia Tarachansky. Ya nos conocíamos. Lia contribuyó con un poema a una antología, Con los ojos bien abiertos: Poemas del Nuevo Siglo Americano (3). Su poesía, a igual que sus documentales, muestran las contradicciones de la sociedad israelí. Antes de comenzar la entrevista, me gustaría reproducir el poema que escribió sobre la Nakba:

La esposa del acusado

La esposa del acusado tiene 23 años. Está embarazada de ocho meses. Todavía tiene espinillas en la cara. Está muy pálida. Pone el codo en ángulo recto contra su espalda. Como si de una vieja se tratara. El día en que su marido desapareció, ella también abandonó la casa.

Conoce muy bien cómo actúa el ejército. No quiere morir cuando vayan a demoler su casa.

Sobre ella no recaen cargos, ni hay orden judicial, Vinieron con mazos y lo rompieron todo.

Va a casa de sus padres. La noche siguiente vinieron con perros. Y con mazos. Y la emprendieron con lo que quedaba. Después vino un vehículo del ejército a casa de sus padres y se la llevaron.

Se dirigieron a su casa y la vigilaron. Después volaron su vivienda, y les obligaron a verlo.

A la esposa del acusado y su hijo todavía no nacido.

Barrio de Manshiyeh, en Jaffa, después del asalto judío.

Barrio de Manshiyeh, en Jaffa, después del asalto judío.

Douglas Valentine (DV): Hola Lia. Muchas gracias por responder a algunas preguntas sobre un tema muy complejo. En una reciente entrevista usted dijo que el último ataque contra Gaza sacó del armario a muchos fascistas. ¿Cómo se manifiesta el fascismo en Israel? ¿Es la ley de la Nakba una manifestación del fascismo y el racismo israelí?

Lia Tarachansky (LT): El fascismo en Israel es complejo y se manifiesta de muchas formas diferentes. A principios del siglo XX, el fascismo se mostró como un movimiento social que obligaba a todos a someterse a una misma forma de pensar. Israel no es un Estado fascista porque no ejerce mucha presión sobre los judíos israelíes para que estos acepten lo que se les dice. Es fácil adoctrinar a un pueblo que está dispuesto a ser adoctrinado. Cada uno de los judíos israelíes forma parte del Ejército, o al menos conoce a alguien que está en el Ejército, de modo que las actuaciones del Ejército se consideran legítimas y lejos de toda crítica, y, consecuentemente, también las políticas llevadas a cabo por la cúpula militar. Esta doctrina se cuela por todas partes, tantos en los medios de comunicación como en las escuelas. Todo ello lleva a una ignorancia colectiva por parte de los israelíes, justificando la realidad y ocultando la situación de los palestinos. También juega un papel muy importante la negación colectiva… En este ambiente es fácil que surjan movimientos fascistas, como ya hemos visto, y que se han dado a lo largo de la historia de Israel y ahora cada vez con más fuerza. Durante el ataque a Gaza de este verano, vimos a gente atacando a cualquiera que hablase árabe o a cualquier árabe que apareciese por las calles de Jerusalén, con las turbas corriendo por las calles, tanto en Jerusalén como en Tel Aviv, gritando “Muerte a los árabes” y “Convirtamos a Gaza en un cementerio”, como se puede haber visto en las noticias de The Real News Network. Estas personas creen que Israel es un Estado judío y que sólo debe ser para los judíos, y cualquiera que sea diferente debe ser silenciado, y , si es necesario, por la fuerza. No echo la culpa sólo a unos pocos radicales, sino que hablo directamente del Primer Ministro, que incita y permite que los políticos de su Gobierno inciten a las masas a actuar de esa manera. Además, desde la esencia misma del Sionismo, nunca se ha definido qué significa un Estado judío: ¿Un Estado religioso judío? ¿En Estado judío en su mayoría? ¿Un Estado sólo para los judíos? Estas ambigüedades son las que permiten todo tipo de interpretaciones, incluyendo las fascistas.

DV: ¿Qué es exactamente la Ley de la Nakba?

LT: La Ley de la Nakba es una propuesta del año 2009, y en su versión más diluida, de 2011. Esencialmente esta ley prohíbe a cualquier organización que destine parte de su presupuesto ( tales como fondos, centros comunitarios o escuelas) a la celebración de la Nakba en el Día de la Independencia de Israel. De hacerlo, sus presupuestos quedarían recortados en una cierta cantidad. El principal impacto que esta ley tiene no es tanto el económico que pueda suponer, sino el efecto de enfriamiento entre la población de Palestina (el 20%) y otros ciudadanos de Israel para conmemorar aquella tragedia que se inició en 1948, cuando dos tercios de los palestinos que vivían en esta tierra se vieron obligados a abandonar. Se ha criminalizado la historia y el dolor de los sobrevivientes y supone el envío de un mensaje claro de que sólo una versión de la historia es la legítima: la versión del vencedor.

DV: ¿Cómo es la vida en los asentamientos judíos en la Cisjordania ocupada, en contraposición a la vida en los campos de refugiados palestinos?

LT: Vivir en un asentamiento israelí en Cisjordania es como vivir en cualquier suburbio estadounidense. La ciudad está estructurada como los suburbios estadounidenses y sirve como una ciudad dormitorio para las personas que trabajan en el centro del país y quieren una amplia zona de expansión, de la que no podrían disfrutar de vivir más cerca de su lugar de trabajo. Hay muchos puestos de trabajo en los propios asentamientos, a excepción de los nueve parques industriales ( que en su mayoría están atendidos por los palestinos de Cisjordania). Estos barrios privados están rodeados por vallas y muros, con numerosos puestos de control, con la presencia de los militares, lo que crea una burbuja de feliz ignorancia en el entorno. Hasta que me fui de este lugar no conocí los nombres de los pueblos palestinos del entorno de Ariel, y, por supuesto, nunca conocí a nadie de allí. Fui criada haciéndonos creer que estábamos defendiéndonos de sus habitantes no naturales, los enemigos, y que todas las comunidades palestinas eran algo peligroso y extraño. No puedo decir cómo es la vida en los campos de refugiados, ya que yo vengo de una familia judía privilegiada, y sólo puede conocerla por las informaciones que me dan las visitas y los amigos de los campamentos de refugiados palestinos, pero puedo asegurar que la vida es muy dura. En esencia, los mismos territorios que fueron asignados por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), tanto en 1948 como en 1967, son los ahora existentes. El campo de refugiados de Balata, en Nablus, al norte de Cisjordania, tiene, por ejemplo, un kilómetro cuadrado. Ya son tres generaciones las que viven en estas precarias condiciones, donde las calles son más bien callejuelas. Estos campos tienen un acceso limitado a la electricidad y están atrapados en un limbo legal respecto a sus derechos, de modo que quedan en una situación de inseguridad.

DV: ¿Cómo se ganan los palestinos la vida en Israel?

Alrededor de un cuarto de millón de palestinos trabaja en Israel. Muchos reciben permisos de la Administración israelí que se hace cargo de la Ribera Occidental (Cisjordania), conocida como la COGAT. Este organismo trabaja con diversas agencias de seguridad de Israel para decidir a quién dar permisos y a quiénes denegárselo. Los primeros en la lista de las denegaciones de permisos de trabajo son aquellos cuyas viviendas han sido demolidas o cuyos familiares han sido asesinados por las fuerzas israelíes, ya que “existe mayor riesgo de venganza”, de acuerdo con las normas de la COGAT. La mayoría, por tanto, tienen que aceptar un trabajo precario o no tienen permiso. Esto demuestra dos cosas. La primera es que los muros de seguridad o los muros de segregación no han impedido los ataques suicidas, como afirma el Gobierno israelí, porque si cualquiera puede colarse, también lo harán los terroristas. Esto viene a demostrar que el muro lo que viene a hacer es asegurar la apropiación de tierras por parte de Israel, como lo atestigua su recorrido por Cisjordania, que no va a lo largo de la Línea Verde anterior a 1967. Lo segundo que demuestra, es que la gran mayoría de los palestinos simplemente quieren vivir con dignidad, ganar para vivir y criar a sus hijos, algo que debe dar esperanza a la gente de Israel.

La mayoría de los palestinos que trabajan en Israel lo hacen en la construcción o en los puestos más bajos de la Industria de servicios, tales como lavar platos o limpiar. Abandonan Cisjordania durante toda la semana, durmiendo en el propio lugar de trabajo o en apartamentos alquilados por tres o cuatro personas, para luego regresar con sus familias los fines de semana y aportar el dinero que les permita la subsistencia. Hay que añadir que según los Acuerdos de Oslo, si Israel recauda los impuestos de estos trabajadores tendría que transferirlos posteriormente a la Autoridad Palestina para ser devueltos a los trabajadores, pero esto es algo que nunca se ha hecho, por lo que se puede asegurar que estos trabajadores pagan los impuestos en Israel, aunque no sean ciudadanos de Israel, no beneficiándose de ningún servicio por el pago de los impuestos, que en buena parte sirven para el pago de las infraestructuras de la ocupación.

DV: ¿Hay razones económicas para la opresión de los palestinos? ¿No sirven como mano de obra barata para los israelíes?

LT: Sí, esta es una de las razones principales. Pero como hemos podido observar desde la Segunda Intifada, también pueden ser fácilmente sustituidos por trabajadores emigrantes procedentes de Asia y Europa del Este. El beneficio económico responde a una serie de complejas razones. En primer lugar, los palestinos son un mercado cautivo de muchos productos israelíes, tanto en Cisjordania como en Gaza. En segundo lugar, la principal Industria de Israel es la armamentística, que tiene la ventaja de que se puede probar en la población palestina su efectividad, tecnologías desarrolladas para la Seguridad de la Patria, y que Israel luego exporta al resto del mundo; sistemas de vigilancia de alta tecnología y herramientas de recopilación de datos desarrolladas por las agencias de inteligencia israelíes, para el control de la población palestina, que luego venden al resto del mundo.

Estas son sólo dos maneras mediante las cuales Israel se beneficia de la ocupación. Para saber más sobre la cuestión económica de la ocupación, le recomiendo el trabajo de Shir Hever, que escribió Economía política de la ocupación de Israel, que recoge datos del centro de investigación Al Shabaka o de los trabajos del Dr. Neve Gordon, cuya página web http://israelsoccupation.info dispone de una gran cantidad de información.

DV: ¿Cree que el movimiento BDS ayudará a que Israel modere sus políticas de opresión hacia los palestinos?

LT: No lo sé, pero creo que las tácticas utilizadas hasta ahora no han creado las condiciones para que los israelíes se sienten en la mesa de negociaciones con otro talante distinto del que han exhibido hasta ahora. Tal vez sirvan como medidas de presión para avanzar en el mismo sentido que en la Sudáfrica del Apartheid, pero espero que lo que pudiera ocurrir después sea mucho más positivo que lo que les ha pasado a ellos.

DV: Israel debiera devolver a los palestinos todo lo que les ha robado. ¿Cuál cree que es la solución a este problema?

LV: No creo que se pueda simplificar el conflicto en estos términos, pero hay bastantes soluciones sobre la mesa. Como seguro que usted ya conoce, la solución no es la de los dos Estados, sino un solo Estado, y más concretamente lo que se denomina la Solución Suiza: una federación o confederación multinacional. Me asusta ese tipo de pensamiento que cree que cada problema tiene una única solución, o que todo lo que de destroza puede rehacerse de nuevo. Creo que el trabajo que tenemos que hacer para reparar el gran daño que hemos causado será una obra de varias generaciones y extremadamente compleja, pero, evidentemente, el primer paso es el de la igualdad, desde el río hasta el mar.

DV: ¿Nunca a los palestinos se les permitirá regresar a sus hogares?

LT: No sé lo que pasará en el futuro, pero creo que cualquier solución que no contemple el problema de los refugiados palestinos será rechazada por las autoridades palestinas, si es que desean sobrevivir al apretón de manos de llegarse a un acuerdo.

DV: Hay una guerra de información de la que depende el apoyo internacional a Israel. ¿Cómo se las arregla Israel para quedar como la víctima cuando es sin lugar a dudas el que agrede y aplica políticas racistas?

LT: Creo que Israel se encuentra en un contexto diferente al de los regímenes coloniales en África, en el sentido de que se ha creado a causa de la opresión. De no ser por el antisemitismo europeo, Israel no existiría. Se creó como resultado de los crímenes cometidos contra el pueblo judío, lo que ha dado lugar a un sentimiento de victimización en la psique colectiva, que va a tardar varias décadas en desaparecer. Esto, sin embargo, es algo independiente de las políticas de Israel. El Gobierno de Israel juega con esta psique colectiva, creando un estado de conciencia, tanto en Israel como en el exterior, para así conseguir el apoyo en otros países. Lo más importante, sin embargo, es que Israel sirve como un laboratorio para sus amigos, y su hundimiento ( fruto de su política racista y agresiva a la que he aludido) será el final para ambos de ese largo experimento colonialista, y también de la idea de que no se puede mantener un Estado para un grupo a expensas de otro. Sería una Etnocracia, según el término definido por Oren Yiftachel, el Estado definido por Israel, que es el tipo de Estado que muchos europeos quisieran para su país. De momento sólo estamos viendo esta batalla en el laboratorio israelí, donde hay muchas víctimas, como los palestinos, pero también están los refugiados africanos, los trabajadores emigrantes… A los judíos israelíes se les incita en contra de una sociedad multicultural, en contra de los valores de la Democracia y de una guerra no perpetua.

DV: A las personas que apoyan el movimiento BDS se les calumnia muy a menudo como antisemitas. ¿Forma parte de la política de Israel, no declarada, de calumniar públicamente como antisemita a todo aquel que critique sus políticas?

LT: No sé lo que el Gobierno de Israel hace de forma intencionada o no, pero es perversión del verdadero antisemitismo afirmar que las críticas al Estado de Israel es una forma de antisemitismo. Creo que nos intentan ocultar el verdadero antisemitismo, y en mi opinión este tipo de perversión es muy peligrosa.

DV: En un intento de limitar la libertad de expresión a los ciudadanos estadounidenses, los representantes de Illinois votaron de forma unánime para que los fondos de pensiones estatales no participasen en el movimiento BDS. El Congreso de Estados Unidos envía todos los años 3000 millones de dólares a Israel, pese a las objeciones de un creciente número de estadounidenses. ¿Cómo se las apaña Israel para obtener siempre el apoyo incondicional de Estados Unidos y de Canadá?

LV: Creo que usted debiera hacer pregunta a los periodistas estadounidenses y canadienses para que le diesen razón de ello.

DV: Usted ha hecho varias giras por Estados Unidos, Canadá, Europa e Israel para presentar su documental. ¿Cómo ha sido recibido? ¿Por qué son distintas las reacciones según la región en la que lo ha presentado? ¿Son conscientes de la Nakba los no israelíes? ¿Se preocupan de ello?

LT: He sido muy afortunado por haber podido proyecto mi documental en Europa, Canadá y Estados Unidos, así como en Israel y Palestina, y puedo decir que ha sido muy bien recibido. La mayoría de la gente que ha visto el documental reflexiona, que es lo que todo cineasta desea del público. Para muchos personas no resulta cómoda, ya que refleja una realidad de Israel que muchos no desean, o bien no quieren ver. He hecho todos los esfuerzos posibles para comunicarme con aquellas personas a las que les resulta incómodo lo que se dice en el documental, pero resulta difícil comunicarse con tantas personas a la vez. Invito a la gente a que intente ver la realidad por sí mismos, y espero que este documental les ayude, en la medida de lo posible, y comprendan lo que ven.

DV: ¿Cuándo se podrá comprar su documental en DVD, Al borde de la carretera?

LT: Este verano. Invito a los lectores a que lo adquieren en www.naretivproductions.com, donde aparece la fecha exacta del lanzamiento.

DV: ¿Está trabajando en algún nuevo proyecto? ¿Quizás otro documental?

LT: Sí, he terminado otro documental con el periodista canadiense Jesse Freeston. Les invitamos a que lean la información de nuestro sitio web. Se titula Etnocracia en la Tierra Prometida: los refugiados africanos de Israel, y como el título dice, perfila el tipo de Estado que es Israel y por qué niega asilo a aquellos que nunca han estado en conflicto con él y buscan refugio huyendo de las guerras y el hambre. El documental es un encargo de la televisión TeleSUR, que se proyectará en inglés y en castellano este verano.

DV: Muchas gracias

LT: Es usted muy amable.

1.- Gary Leech, Por qué Israel no debe existir.

2.- Desligitimar el Sionismo, dice la cineasta Israelí.

3.- Todavía le estoy cantando

Douglas Valentine es autor de The Hotel Tacloban. Su primer libro de poesía es A Crow’s Dream (Oliver Open Press), publicado recientemente. Puede ponerse en contacto con él en: dougvalentine77@gmail.com. Otros artículos de Douglas en Dissident Voice, o visite su página web.

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Procedencia del artículo:

http://dissidentvoice.org/2015/06/the-big-lie-at-the-heart-of-the-myth-of-the-creation-of-israel/#more-58658

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Desde Gaza: todavía estamos vivos (sea cual sea su significado)

Por Mona El-Farra, 31 de julio de 2014

Common Dreams

Mujeres y niños palestinos en el exterior de una escuela utilizada por la ONU como refugio para los residentes que huyeron de sus hogares durante la operación militar de Israel, en Jabaliya, en el norte dela Franja de Gaza, 29 de julio de 2014 (Foto: Reuters / Finbarr O'Reill).

Mujeres y niños palestinos en el exterior de una escuela utilizada por la ONU como refugio para los residentes que huyeron de sus hogares durante la operación militar de Israel, en Jabaliya, en el norte dela Franja de Gaza, 29 de julio de 2014 (Foto: Reuters / Finbarr O’Reill).

Todavía sigo viva. No sé lo que realmente significa esto, pero puedo quizás quiera decir que todavía puedo caminar y ayudar a las personas que lo necesitan. Todo depende de mi suerte. Y aquí, para las personas que todavía siguen vivas en Gaza, la suerte significa que no te deshaga una de las bombas que siguen lanzando los tanques israelíes, sus aviones y sus barcos de guerra. Es un aluvión de bombas. Los estadounidenses emplean la frase “¡Llueven gatos y perros!”, aquí decimos “¡Llueven proyectiles y bombas!”.

Hoy comencé a trabajar en el centro médico de la Sociedad de la Media Luna Roja. No teníamos electricidad, pero el aparato de Rayos X seguía funcionado, por lo que he podido atender a muchos pacientes. Permítanme que les diga algo de lo que he visto.

El primero fue un niño del que desconocía el nombre, le llamábamos el Numero 6. Tendría alrededor de 3 años y venía identificado con unas pegatinas adheridas a su brazo, donde decía Número 6, Desconocido. Me sorprendió esto, así que enseguida pregunté a las enfermeras y conductores de la ambulancias: ¿Cuál es su nombre?. Me dijeron que nadie sabía su nombre, y que había sido encontrado entre los escombros de una casa destruida, el único superviviente de su familia: ¿Es que nadie recuerda dónde estaba su casa?. Me dijeron que en la zona donde había sido encontrado, todos los edificios estaban destruidos y los escombros de una viviendas mezclados con los de otras, y a veces los cuerpos de los niños eran lanzados de un lugar a otro. Así que nadie sabía dónde vivía.

Entonces fue cuando me di cuenta: el Número 6. O sea que habría otros cinco niños desconocidos encontrados con anterioridad que él, y otros muchos niños los habrá después.

La segunda fue Reem Ahamd, de 6 años. Reem también debía ser atendida en la unidad de Rayos X. Ella tiene un nombre, pero es la única superviviente de su familia. Perdió a sus padres y a sus hermanos. Tiene una herida en la cabeza.

La tercera fue una mujer de 52 años de edad, que llegó a la clínica con su hijo. Su hijo es enfermero y estaba en una situación de pánico. Había salido a cuidar las plantas del jardín, cuando la metralla le golpeó en la cabeza y entonces su hijo empezó a lamentarse como un loco y dijo: “Somos una familia sencilla que vivíamos en nuestra casa. La metralla alcanzó el jardín e hirió a mi madre. Quiero que mi madre viva”. Esta mujer se llama Buthaina el-Izraia.

La cuarta fue una colega, Afaf Jabar, una enfermera de nuestro equipo. Afaf perdió a su hija Leena, que también era enfermera, a sus dos nietos y al esposo de su hija cuando una bomba cayó en su refugio de campo de refugiados de Bureij.

Hemos pasado por muchas penurias en Gaza. Pero esto es un nuevo tipo de guerra. Israel está cometiendo nuevas masacres día tras día. En la clínica de la Media Luna Roja recibimos unos 200 pacientes al día. Y no somos una clínica que atienda emergencias. Muchas enfermedades están apareciendo en Gaza debido a la destrucción de Israel de los sistemas de agua, del sistema eléctrico, por el continuo estrés y el temor de más de tres semanas de bombardeos. Las gente está sufriendo problemas gastrointestinales, diarreas, problemas respiratorios y de la piel. Los pacientes más vulnerables de todos son los niños.

Hay una grave situación de emergencia. Gracias a las donaciones nos las arreglamos para conseguir algunos medicamentos y distribuirlos por clínicas y hospitales, así como kits de higiene, leche y alimentos a más de 100 familias. Pero nos enfrentamos a una falta de más medicamentos. Quiero que esto lo sepa la gente y contribuya con su apoyo, para que podamos seguir atendiendo a las personas que están sufriendo. Gracias por compartir este mensaje sobre lo que he visto en estos días de ataques israelíes y que sepan cómo pueden ayudar para adquirir más medicamentos.

Esto es lo que puede decirles sobre nuestra situación, y quizás con suerte les pueda contar algo más mañana.

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Mona El-Farra es directora de Alianza por la Infancia en Oriente Medio, médico de profesión y trabaja en favor de los derechos humanos y de las mujeres en la ocupada Franja de Gaza. Nació en Khan Younis, Gaza, y se dedica a elaborar programas que mejoren la calidad de la salud, ofrecer servicios culturales y recreativos en la Franja de Gaza. También es Presidenta de la Sociedad Palestina de Salud de la Media Luna Roja de la Franja de Gaza y miembro de la Unión de Comités de Trabajo por la Salud. La Dra. El-Farra tiene un hijo y dos hijas.

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Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/views/2014/07/31/view-gaza-were-still-alive-whatever-means

"Muertes telegénicas": un comentario grotesco pero nada original de Netanyahu

Por Glenn Greenwald, 21 de julio de 2014

Common Dreams

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Gaza, Palestina, 20 de julio de 2014. Los médicos palestinos trasladan el cuerpo de un niño muerto en Shijaiyah, al este de la ciudad de Gaza, después de que Israel ampliase su ofensiva terrestre en la Franja de Gaza (Foto por Ibrahim Khader / Pacific Press / LightRocket a través de Getty Images)

Benjamin Netanyahu, ayer en la cadena de televisión estadounidense CNN, hizo referencia a las simpatías levantadas hacia los palestinos por las víctimas de la violencia israelí en Gaza:

Lo que quiere (Hamas) es acumular la mayor cantidad de muertos civiles posibles. Utilizan a los palestinos para obtener un mayor impacto visual (muertos telegénicos). Cuantos más muertos, mejor”.

Joseph Goebbels, el 16 de noviembre de 1941, en su ensayo Das Reich, también se refirió a las simpatía de los alemanes por las estrellas amarillas que se veían obligados a llevar los judíos:

Los judíos dependen cada vez más de sí mismos, y recientemente han encontrado un nuevo truco. Sabían de la existencia de los bonachones entre nosotros, siempre dispuestos a derramar una lágrima sentimental por las injusticias cometidas contra ellos. Uno tiene la impresión de que de repente la población judía de Berlín se compone sólo de niños que sufren de desamparo infantil, o de ser frágiles ancianas. Los judíos tratan de dar lástima. Pueden confundir a las almas inocentes durante un tiempo, pero no a nosotros. Sabemos exactamente qué es lo que pretenden”.

Independiente de lo que se haya dicho o no aquí ( lo que en cualquier caso no impide las tácticas de distorsiones interesadas de los medios), me limitaré a señalar tres breves puntos:

1. Por el hecho de comparar A y B no quiere decir que A y B sean idénticos ( por ejemplo, que las Bermudas y Bosnia empiecen por la letra B no quiere decir que sean iguales, lo mismo hay que decir de Estados Unidos en 2003 y Alemania en 1938 por las guerras de agresión emprendidas por ambos países, violando los Principios de Nuremberg, eso no significa que se puedan equiparar los dos países).

2. En general, la retórica de la guerra es un hecho universal, reclamaciones necesarias para justificar el militarismo ( afirmar que una guerra equivale a una mera intervención humanitaria es un recurso al que se ha recurrido de forma descarada para justificar la agresión). Del mismo modo, parece que está prohibido citar ejemplos históricos con el fin de extraer lecciones de los conflictos contemporáneos, y al hacerlo uno corre el peligro de convertirse en un anti-intelectual.

3. El Derecho angloamericano reconoce desde hace tiempo que la imprudencia grave conlleva unas ciertas intenciones ( una intención fraudulenta se reconoce por la indiferencia hacia la verdad o falsedad de lo dicho). Por este motivo, el comportamiento imprudente, incluso si no va acompañado por un deseo de matar a alguien en particular, por ejemplo, disparando al azar un arma de fuego contra una multitud de personas, ha sido considerado desde hace mucho tiempo como suficiente para establecer una intención criminal.

Uno puede decir muchas cosas sobre la operación militar de Israel, que ha ocasionado que más del 75% de las víctimas sean civiles, muchas de ellas niños, una operación dirigida contra una población atrapada sin escapatoria en un espacio pequeño. La afirmación de que no hay intención de matar a civiles, sino más bien de protegerlos, es algo que no se sostiene. Incluso el incondicional partidario de Israel Thomas Friedman ha reconocido que las agresiones israelíes contra el Líbano, y posiblemente también las de Gaza, tienen la intención “de causar daños a la propiedad y sustanciales bajas colaterales”, porque “la única forma de disuasión es infligir mucho dolor a los civiles” (que es la clásica definición de terrorismo). La afirmación más generosa que se puede hacer acerca de lo que Israel está haciendo en Gaza es que está impulsado por una total imprudencia, masacrando a la población civil, algo intencionado y así reconocido después de siglos en las leyes occidentales.

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El periodismo estadounidense es criticado con frecuencia y con razón, pero hay unos cuantos periodistas estadounidenses en Gaza, y otros no occidentales, que intentan informar al mundo de lo que está sucediendo allí. Esta información se hace de forma valiente y útil, y los que están haciendo esto se merecen nuestro mayor respeto. Su trabajo, junto con el uso de los medios sociales y las tecnologías de Internet que permiten a los propios habitantes de Gaza documentar lo que está ocurriendo, ha cambiado la forma en que la agresión israelí es percibida y entendida en esta ocasión.

Mi reconocimiento a Jonathan Schwarz, que ahora trabaja con Matt Taibbi para la publicación de un medio digital First Look, por encontrar el artículo de 1941 aquí citado.

Glenn Greenwald, periodista, ganador del Pulitzer, abogado constitucionalista, comentarista, y autor de tres de los libros más vendidos según New York Times sobre política y las leyes, y redactor en Fist Look. En su quinto y último libro, No Place to Hide: Edward Snowden, the NSA, and the U.S. Surveillance State, aborda la vigilancia por parte del Estado y su experiencia sobre los documentos de Snowden.

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Procedencia del artículo:

http://162.242.214.103/views/2014/07/21/netanyahus-telegenically-dead-comment-grotesque-not-original