Julio de 2013: viaje a la zona del desastre nuclear de Fukushima

Parte 1

Por Richard Wilcox, 26 de julio de 2013

Activist Post

Damage at Fukushima Daiichi Nuclear Power Plant reactor no. 4 and no. 3.

El pasado 20 de julio, Yoichi Shimatsu y yo salimos de la estación de Ueno en Tokio con destino a la región del desastre nuclear de Fukushima y observar la situación directamente.

Curiosamente, el tren que va de Tokio a Fukushima es difícil de encontrar en el mapa, tal que parece que se hubiera eliminado. ¿Podría ser que no quieren las autoridades que la gente se acerque a husmear en esta área no vayan a encontrar zombies irradiados y taxistas sin cabeza?

Nuestro viaje de dos días de duración, estuvo marcado por una gran actividad, de largas esperas, de observaciones y emociones encontradas. Un viaje a la zona nuclear de Fukushima es como una combinación de Galería Nocturna de Rod Serling y una historia de terror de Stephen King resuelta al estilo de En el camino de Kerouac.

Debo agradecer a Yoichi Shimatsu que se ha esforzado por realizar la ingrata tarea de trazar las rutas del viaje, lugares donde dormir y los sitios que visitar en la zona de Fukushima. Nadie mejor que él conoce la geografía del entorno de la central de Fukushima. Además, su bondad y sus grandes conocimientos, así como su mordaz sentido del humor, le hacen todavía estar activo a pesar de todo.

El largo viaje en tren, que normalmente se realizaba con anterioridad en sólo un par de horas, se ha convertido ahora en largas espera en las estaciones, sin ninguna razón aparente. Sin duda, las zonas rurales de Japón han sufrido una despoblación que no justifica la existencia de mayor número de trenes. Después de la catástrofe de Fukushima, muchas personas se fueron de la zona inmediata a la de exclusión, lo que ha reducido notablemente esa necesidad.

Pero más allá de este hecho, Yoichi especula que el Gobierno japonés no quiere que la gente husmee; Fukushima es ahora una zona muerta y fuera de los límites. De hecho, las familias que se trasladaron a zonas fuera de los límites de exclusión, pueden ahora vivir en regiones más seguras hacia el sur, pero sus hijos tienen que ir a la escuela a su provincia de procedencia durante el día, si es que su lugar de residencia estaba fijada allí.

Cuando llegamos a Nakaso, una ciudad costera en la frontera sur de la prefectura de Fukushima, mi dosímetro, que es un “Terra-P” fabricado en Ucrania, medía unos niveles por debajo de la valores normales de la radiación de fondo. Sin embargo, después de haber dejado las maletas en el hotel y viajar hacia el norte, los niveles de radiación empezaron a aumentar.

Nos detuvimos en un pueblo situado en la ruta del tres, Hisanohama, que se encuentra a unos 11 kilómetros de la central nuclear de Fukushima. Era un estupendo día de verano y tuvimos la oportunidad de acercarnos hasta el puerto pesquero. Las lecturas del dosímetro indicaban 0,25 microsieverts por hora, casi el doble de la radiación normal de fondo que se considera como segura, una radiación que es inevitable. La lectura más alta la encontramos en una red de pesca abandonada junto a la carretera: 0,52 microsieverts por hora. Medimos también los niveles en las algas, que los lugareños utilizan para preparar una sopa, indicando 0,28 microsieverts por hora. No se recomienda consumir estos alimentos a diario ya que los radionucleidos de cesio y otros se acumulan en el cuerpo más rápidamente que la capacidad de expulsarlos de forma natural.

Los barcos de pesca que se encuentran en el puerto ya no se utilizan para la pesca, sino para labores de limpieza subvencionadas por el Gobierno. Se están realizando obras en el puerto, y una zona asfaltada estaba siendo levantada por una excavadora. Es de suponer que no pudiendo eliminar los materiales contaminados, la única opción sea la de deshacerse de todo lo que se encuentre contaminado en la superficie.

Se veían las casas situadas a lo largo de la línea de la costa arrasadas por el tsunami de 11 de marzo, que en otro tiempo pudieron albergar cientos o miles de personas. Todo lo que ha quedado son los cimientos de la viviendas cubiertas de arena y de hierbas.

Los paseos a lo largo de la costa están agrietados, los diques rotos. En Nakao, el tsunami había hecho desparecer algunos pequeñas islas situadas cerca de la costa; dispersas a lo largo de la playa vigas y trozos de hormigón.

De regreso a la estación de Hisanohama, pasamos por una casa donde un hombre paseaba en moto a sus dos hijos pequeños, que también jugaban con la esposa en el patio. Con una radiación de fondo por encima de los valores recomendados, me pregunta qué sería de aquellos niños.

Pudimos observar flores de un aspecto raro, con formas que no habíamos visto antes. Según Yoichi, la radiación ha afectado a las plantas situadas en la zona contaminada y tienen un tamaño mayor que el normal ( un tema para futuras investigaciones). Yoichi observa que la radiación afecta de diferente manera a las plantas, algunas son más resistentes y no parecen afectadas, mientras que otras, aunque reciban pequeñas dosis de radiación, se ven afectadas y sufren mutaciones.

Una margarita de un color diferente al resto, que es su coloración normal
Una margarita de un color diferente al resto, que es su coloración normal
Yoichi señala una planta que tiene una altura considerablemente superior al resto de la misma especie y en las cercanías
Yoichi señala una planta que tiene una altura considerablemente superior al resto de la misma especie y en las cercanías

El experto en mutaciones genéticas, Tim Mousseau, ha demostrado que en la prefectura de Fukushima se han visto afectados una amplia variedad de insectos y otras especies (1).

Tim Mousseau ha publicado datos concluyentes que demuestran los efectos de bajas dosis de radiación en la flora silvestre de Chernobyl. Su equipo continúa investigando los efectos de la radiación en la flora silvestre de Fukushima y ha encontrado resultados similares: defectos de nacimiento, mutaciones genéticas y aparición de tumores. Si esto ocurre en insectos y pájaros, también puede ocurrir en los humanos”. Y en las plantas.

Cuando fuimos a la estación había muy pocos viajeros. La última estación de la línea es la de Hirano. Tomamos un taxi para ir a J-Village, que fue un complejo deportivo construido con dinero de varias empresas de energía, una forma de soborno a la comunidad local para que aceptasen las centrales nucleares de Fukushima 1 y 2, que se encuentran en las cercanías.

El taxista era un hombre entrado en años, de voz ronca. Después de conducir durante unos minutos, empezó a temblar su cuerpo de un lado a otro, como si tuviese convulsiones. No sabemos si se debía a la vejez o a la radiación, pero no es buena señal. Nos preguntábamos si al final de recorrido se quitaría la cabeza para dejarla en el salpicadero: “Son 20 dólares, por favor”.

Hirano es una ciudad que ha sido descontaminada, de modo que sus niveles de radiación se acercan a los normales. Desde la ciudad se puede observar la cordillera Abukuma. Sin embargo, al llegar a la ciudad, los niveles de radiación aumentaron a 0,52 microsieverts por hora, unas cuatro o cinco veces el nivel considerado seguro para estar un período corto de tiempo.

Una vez llegamos a J-Village, caminamos por el antiguo complejo deportivo, donde el campo se fútbol se ha convertido en un lugar de estacionamiento y en un gran edificio que sirve como centro administrativo de la compañía TEPCO. Pasamos junto a unos trabajadores que esperaban el autobús, pero en sus formas no había amabilidad y cada uno se dedicaba a sus cosas con una cierta urgencia.

A un par de kilómetros de la central nuclear 1 de Fukushima la radiación de fondo es de 0,5 microsieverts por hora.

Ya caía la tarde, pero el sol aún calentaba. Las temperaturas son algo más frescas que en Tokio, donde suele hacer una temperatura agradable para pasear.

Mientras nos dirigimos hacia el mar en dirección a la central 1 de Fukushima, vimos plantas de generación de energía térmica. Según Yoichi, estas centrales quedaron arrasadas por el tsunami, lo cual contribuyó también a los problemas de la central nuclear. Sin unos generadores de respaldo, las plantas nucleares no pueden refrigerarse, de modo que se fundieron los núcleos aquel fatídico mes de marzo de 2011.

Escuchamos agradables cantos de las aves, pero también vimos flores de extrañas formas a orilla de carreta. Por ejemplo, unas plantas cuyos tallos variaban mucho en longitud de unos a otros. ¿Es un signo de mutaciones genéticas?

Mientras caminábamos en dirección a Tomioka, la ciudad más cercana a la central 1 de Fukushima, que ahora está abandonada, de repente percibimos un olor metálico, que Yoichi achacó a la radiación. Teniendo en cuenta que mi dosímetro se estaba volviendo loco y no hacía más que hacer sonar la alarma, el promedio de lecturas fue de 0,5 microsieverts por hora. Puede ser que la radiación se dirigiese hacia nosotros desde Fukushima 1, o también puede haber sido por las emanaciones de alguna planta térmica cercana. Escupimos de vez en cuando con objeto de asegurarnos de que no tragamos nada. Si se introdujesen sustancias extrañas en el cuerpo, sustancias nada saludables, tendríamos que expulsarlas tan pronto como fuera posible.

El Dr. Wilcox midiendo los niveles de radiación de desechos radiactivos
El Dr. Wilcox midiendo los niveles de radiación de desechos radiactivos

Desde la parte inferior de la elevación que conduce a la ciudad de Tomioka se podía ver una magnífica vista del océano a la derecha y una fila de viviendas a la izquierda, con Tomioka al fondo entre las montañas Abukuma, ondulantes en el horizonte. Una mujer mayor cultivaba un huertecillo en su jardín, lleno de polvo, con algo de maleza. Yoichi y yo nos pusimos las máscaras y escupíamos con fuerza para expulsar las sustancias extrañas que entraban en nuestra boca. La señora se mantenía indiferente a esta situación.

Cordones formados por las estelas se dispersaron en el cielo azul. En Japón se están llevando a cabo experimentos de geoingeniería, pulverizándose aerosoles en la atmósfera, de forma casi diaria.

Subimos un acantilado y vimos lo que probablemente fuera una de las chimeneas de la central de Fukushima, que durante varios miles de años va a seguir escupiendo sus venenos, pero viendo la situación de las centrales térmicas, que dejamos a nuestra derecha, y por la situación de la central 2 de Fukushima, es probable que aquella quedase fuera del alcance de nuestra vista.

Si no eran las imágenes de la chimenea en la lejanía, si vimos muchos pinos secos y una extraña sensación de que ese lugar había estado habitado por personas, pero ahora las casa y los caminos están vacíos, completamente vacíos.

Después de la larga caminata sentimos dolor en los pies y las pantorrillas. Vimos a unos empleados de TEPCO que caminaban por la calle, pero iban muy serios, asustados y muy sorprendidos al vernos. Nos mostramos amables con ellos, pero no nos correspondieron igual y nos ignoraron. El sombrío pueblo japonés.

Al cruzar un puente vimos un gran número de bolsas que contenían escombros, unas encima de otras, escondidas bajo los arcos ( fuera de la vista, fuera de la mente). Debía de haber miles de ellas, cada una debía pesar más de una tonelada al contener tierra.

Alrededor de J-Village y en la ciudad de Hirano, vimos a muchos hombres que parecían militares o policías. Eran jóvenes y parecía buscar algo inusual. Nos vieron, pero parecieron no reconocernos y no nos dijeron nada ni nos instigaron. Unos meses antes, cerca de una estatua budista, un policía detuvo a Yoichi durante 20 minutos y no paró de preguntarle qué demonios hacía allí. Le contestó que estaba fotografiando la estatua de Buda. Siempre encuentra alguna escusa.

Al acercarnos a Hirano el nivel de radiación bajó rápidamente, quizás debido a la descontaminación que se ha realizado. Desde los 0,5 microsieverts por hora bajo a 0,15 microsieverts por hora, por lo que pudimos respirar mejor. Supongo que la descontaminación se llevaría a cabo con frecuencia para mantener los niveles de radiación bajos. A pesar de que el 80% de la radiación emitida por la fusión de los núcleos de las centrales nucleares se ha depositado en el suelo, el 20% restante se ha unido molecularmente a otras sustancias.

Por supuesto, una cantidad significativa de radiación se emite a la atmósfera y al agua, pero los niveles de radiación son ahora menores que al principio, aunque sigue siendo una fuente continua y significativa de contaminación radiactiva.

Volvimos a la estación, pero el último tren todavía tardaría en salir. En la ciudad, casi abandonada, encontramos un pequeño restaurante que nos sirvió arroz y pescado, y que da de comer a los ingenieros nucleares que se encargan de las tareas de limpieza.

Exprimí bien un trozo de limón para eliminar la radiación (durante la próxima semana consumiré cúrcuma para desintoxicar mi cuerpo). Con un poco de miedo, agotados como estábamos y hambrientos, nos cominos los peces, muy salados y sabrosos. La prefectura de Fukushima inspecciona los niveles de radiación de todos los productos alimenticios (100 bq por kg es el nivel máximo permitido).

Cogimos el tren hasta el siguiente destino, donde comimos fideos. Fuera ya de la zona de radiación, hablamos con la gente del lugar sobre nuestro viaje. Bebimos licor de arroz y escuchamos las historias que nos contaban, expresadas con más fuerza y claridad que la gente de la ciudad. Nos sirvió una camarera flaca… y un hostelero que bebía cerveza mientras escuchaba a los Beatles nos habló a gran volumen de cómo tocaba el shamisen, un instrumento tradicional de cuerda. Antes se servía sushi, pero ahora menos pescado en el menú.

Un joven profesor que se alojaba en el hotel con su familia me dijo que la gente en la región nororiental todavía está muy preocupada con la situación nuclear.

El día terminó después de caminar muchos kilómetros y beber litros de sake y de contar mil chistes sobre la pesadilla nuclear de Japón y la falta de movilización ciudadana para enfrentarse a la situación. Esa noche dormimos en una zona libre de radiación, escuchando al fondo los hermosos sonidos del océano, las olas llevándose muy lejos los problemas.

* La segunda parte de este artículo recogerá las fotografías realizadas durante este viaje a Fukushima. Haré un análisis más técnico del efecto de la radiación en las plantas.

Richard Wilcox tiene un doctorado en Estudios Ambientales de una ciencia social, perspectiva holística, Es profesor en varias Universidades de Tokio, Japón. Se puede leer su entrevista más reciente con Jeff Rense. Muchos de sus artículos sobre medio ambiente se pueden consultar aquí. Lea otros artículos de Richard Wilcox.

Referencia:

http://noticiasdeabajo.wordpress.com/2013/04/07/resena-de-una-conferencia-sobre-las-consecuencias-del-desastre-nuclear-de-fukushima/

Fuente: http://www.activistpost.com/2013/07/my-trip-to-fukushima-nuclear-disaster.html

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http://noticiasdeabajo.wordpress.com/?s=Richard+Wilcox&x=0&y=0