El Principio de Precaución plantea cuánto daño se puede evitar, no cuánto daño estamos dispuestos a aceptar

Por Peter Montague, 16 de febrero de 2017

truth-out.org


En 1980, un científico del Gobierno de los Estados Unidos descubrió que la leche materna estaba tan contaminada con DDT, PCB y otros tóxicos industriales que, si fuera leche de vaca, estaría prohibida por la FDA. Después de décadas de fracaso en la regulación de los productos químicos, un estudio del año 2001 mostraba que los bebés de todo el mundo ingerían tóxicos industriales con la leche materna. Pero incluso peor, en el año 2005, un pequeño estudio que analizó la sangre del cordón umbilical de 10 recién nacidos elegidos al azar en los Estados Unidos mostraba que los bebés ya vienen a este mundo cargados de contaminantes, unos 200 compuestos industriales. (A pesar de estas malas noticias, la lactancia materna sigue siendo la mejor manera de alimentar a un bebé).

Tal vez no sea sorprendente que en los Estados Unidos la salud infantil se siga deteriorando. La incidencia de cáncer en los niños ha aumentado un 20% desde 1974. En los 12 años transcurridos entre 1994 y 2006, las enfermedades crónicas infantiles (asma, obesidad, problemas de aprendizaje y de conducta) se duplicaron (del 13% en 1994 al 27% en 2006).

¿Por qué no se puede controlar la contaminación química?

En 1991, los científicos del Laboratorio Nacional de Oak Ridge descubrieron la razón por la que las sustancias tóxicas industriales se están extendiendo por todas partes, en todo el mundo: las Agencias de Regulación se han basado en una técnica sobre la que toman sus decisiones, que se denomina evaluación cuantitativa (o numérica) para determinar el riesgo de las emisiones químicas y qué cantidad es “segura”. Al emitirse cantidades “seguras” de 80.000 sustancias químicas diferentes, las Empresas han contaminado todo el planeta, por lo que ahora nadie está a salvo de los daños producidos por estas sustancias químicas.

Una evaluación numérica del riesgo es una estimación de la probabilidad de que algún daño se pueda estar produciendo. La evaluación numérica de los riesgos se inventó hace cientos de años para reducir las pérdidas en los juegos de azar. Con el auge de la Industria Química a principios del siglo XX, la evaluación de riesgos comenzó a dominar todo tipo de decisiones. En la década de 1980, el Gobierno de los Estados Unidos adoptó una evaluación numérica del riesgo en la “protección del medio ambiente”. Desde entonces, la evaluación de riesgos se ha utilizado para estimar la probabilidad de un accidente catastrófico en una central nuclear o la probabilidad de que una población de osos pardos se extinga porque se destruyó en exceso su hábitat, o la probabilidad de tener un cociente intelectual bajo debido a la exposición al plomo o a los PCB que se encuentran en las inmediaciones de las escuelas construidas al lado de un basurero de residuos tóxicos.

En sus primeros años (1970-1974), la Agencia de Protección Ambiental (EPA) fue atacada por las Corporaciones que emitían desechos tóxicos, alegando que sus decisiones eran arbitrarias y no científicas. Para aumentar su credibilidad, en 1975 la EPA elaboró su primera evaluación numérica de riesgos, estimando el número de personas que contraerían cáncer por la exposición al cloruro de vinilo [que se utiliza en la fabricación del cloruro de polivinilo o PVC), un producto químico tóxico. En 1983, otras agencias federales también empezaron a tomar sus decisiones en base a la evaluación numérica de riesgos y la Academia Nacional de Ciencias publicó su primer manual de “Cómo hacerlo”. Desde entonces, la evaluación de riesgos ha dominado absolutamente todas las decisiones gubernamentales. Esto ha mantenido muy felices a las Corporaciones que emiten desechos tóxicos.

Por qué las Corporaciones que contaminan no pueden evitar la evaluación de riesgos

Las Corporaciones contaminantes están encantadas con la evaluación numérica de riesgos por muchas razones.

La evaluación de riesgos es compleja y requiere de numerosos cálculos matemáticos, por lo que la mayoría de la gente no la entiende, y mucho menos cuestionar sus conclusiones. Por lo tanto, la evaluación de riesgos disminuye la participación de la gente e incluso socava la legitimidad de los Gobiernos. Por definición, las personas no pueden dar su consentimiento informado de algo que no entienden. Un Gobierno más débil deja más espacio de maniobra para las Corporaciones contaminantes.

Además, la evaluación de riesgos se puede manipular fácilmente. Dos grupos de evaluadores de riesgos, cualificados, con datos idénticos, pueden llegar a estimaciones de riesgo muy distintas. Por lo tanto, la evaluación numérica de riesgos falla la prueba de fuego de la ciencia (la reproducción de los resultados) y no se puede calificar como “científica”. La evaluación de riesgos es un arte de la política que utiliza algunos datos científicos. Como escribió el administrador de la EPA William Ruckelshaus en 1984:

Debemos recordar que la evaluación de riesgos puede ser algo así como el espía que es capturado: si lo torturas lo suficiente te dirá cualquier cosa que quieras saber”.

Además, todos los sistemas biológicos (ya sea el cuerpo humano o un bosque) son extremadamente complejos y nunca se llegan a comprender completamente, por lo que las evaluaciones de riesgo siempre se daban en datos incompletos, que se complementan con suposiciones y estimaciones ( a menudo denominadas “mejor juicio profesional”). Como escribió la Academia Nacional de Ciencias en 1991:

Las técnicas de evaluación de riesgos son extremadamente especulativas, y casi todas dependen de múltiples suposiciones de hecho, algunas de las cuales son imposibles de evaluar”.

De modo que si cambian los supuestos, cambian las conclusiones. Por lo tanto, las evaluaciones de riesgo pueden ser objeto de interminables revisiones, oposiciones y cuestionamientos y recursos judiciales.

Debido a que se trata de una evaluación de carácter matemático, la evaluación numérica de riesgos omite todo lo que no se puede representar mediante números. La evaluación de riesgos da un valor 0 a los saberes anteriores, las costumbres y preferencias locales, los valores espirituales, los lugares considerados sagrados, las perspectivas éticas sobre el bien y el mal, la equidad y la injusticia. En las evaluaciones numéricas de riesgos, estas cosas simplemente no cuentan.

Finalmente, todos los seres humanos (y todos los ecosistemas) están sujetos a múltiples tensiones de forma casi continua. En el ejemplo de los productos químicos, la mayoría de las personas están expuestas de manera rutinaria a las emisiones de los vehículos, a los vapores que emiten las alfombras, pegamentos, los suelos, los muebles, las pinturas, los productos de limpieza, los pesticidas, los desinfectantes del agua potable, etc, etc. Las evaluaciones de riesgos no disponen de ningún método confiable de evaluar las múltiples exposiciones a diferentes sustancias químicas. Por lo tanto, crean un mundo imaginario con una exposición a una sola sustancia química. En este mundo imaginario, una exposición a una sustancia química puede declararse “segura”, aunque en realidad puede resultar muy dañina en combinación con el resto de sustancias químicas a las que estamos expuestos.

Una alternativa: el Principio de precaución

A principios de la década de 1990, los daños provocados por una deficiente evaluación de riesgos era algo obvio. En 1992, los Gobiernos europeos comenzaron a considerar una forma diferente de tomar decisiones sobre cuestiones ambientales. Lo llamaron “Principio de precaución”, y se recogió en el Tratado de Maastricht de fundación de la Unión Europea:

La política comunitaria sobre medio ambiente debe apuntar a unos altos niveles de protección… Se basa en el Principio de precaución y sobre los principios de que deben tomarse medidas preventivas, de que el daño ambiental debe ser rectificado prioritariamente en el origen y que el que contamine debe pagar”.

Ese mismo año, las Naciones Unidas publicaron la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo. En ella, el Principio 15 dice:

Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deben aplicar de manera amplia el principio de precaución según sus capacidades. Cuando existan amenazas de graves o irreversibles daños, la ausencia de certezas científicas no se utilizará como excusa para posponer medidas favorables para prevenir la degradación ambiental”.

Resumiendo, la evaluación de riesgos plantea la cuestión de cuánto daño se puede evitar, no cuánto daño estamos dispuestos a aceptar.

La declaración de Wingspread sobre Precaución

Las primeras declaraciones sobre precaución no fueron objeto de mucha atención hasta enero de 1998, cuando se publicó la Declaración de Wingspread. De repente, había una alternativa a la tradicional evaluación de riesgos. Enfrentados a una nueva incineración de residuos, a una nueva fuente de contaminación por combustible diésel o una propuesta de fractura hidráulica, los activistas podían exigir un enfoque de prevención o cautela para proteger a las personas y el entorno local.

La Declaración de Wingspread fue elaborada por 32 activistas de base, organizaciones laborales, académicos y científicos de los Estados Unidos, Canadá y Europa durante una intensa reunión de un fin de semana en el Centro Wingspread en Racine, Wisconsin. La reunión fue convocada por la Red de Salud Ambiental y Ciencia (SEHN) y el Centro Lowell para la Producción Sostenible de la Universidad de Massachusetts Lowell, y patrocinada por la Fundación Johnson, la Fundación W. Alton Jones y el Fondo CS ( Yo asistí a la reunión y ahora forma parte de SEHN).

La Declaración de Wingspread dice:

Cuando una actividad supone una amenaza para la salud humana o el medio ambiente, se deben tomar medidas de precaución incluso si algunas relaciones de causa y efecto no están completamente establecidas científicamente. En este contexto, el proponente de una actividad, más que la gente, debe asumir la carga de la prueba. El proceso de aplicación del Principio de Precaución debe ser abierto, informado y democrático, y debe incluir a las partes potencialmente afectadas. También debe incluir un examen de todas las posibles alternativas, incluida la de que no se lleve a cabo tal actividad”.

Esta simple declaración contenía cuatro desafíos fundamentales para el dogma de la evaluación numérica de riesgos:

1.- La carga de las pruebas de seguridad debe recaer sobre el proponente de un proyecto o actividad. En un mundo en el que los ecosistemas y la salud humana se encuentran bajo grave amenaza, se supone que los productos químicos industriales y otras intrusiones en el mundo natural son dañinos, a menos que se demuestre lo contrario.

2.- Las decisiones no deber ser tomadas por expertos a puertas cerrada. La gente afectada debe ser totalmente informada y comprometida con las decisiones.

3.- Los que toman las decisiones no deben esperar a que haya certezas científicas de los daños causados antes de tomar medidas preventivas. Es probable que las certezas científicas sólo lleguen después de que se haya producido un daño generalizado.

4.- Los que toman las decisiones deberían considerar una amplia gama de alternativas, incluida la alternativa de considerar el cese de tal actividad o proyecto.

Después de Wingspread

Menos de un mes después de la reunión de Wisconsin, Bette Hileman informaba sobre la Declaración de Wingspread en la muy leída revista Chemical & Enrineering News, calificándola como “una nueva guía para la política ambiental de los Estados Unidos”. Entonces, el Principio de precaución empezó a extenderse como un fuego por la pradera. Una búsqueda en la base de datos de Newsbank revela un fuerte aumento en las noticias mundiales que mencionan el principio de precaución después de la Declaración de Wingspread de 1998 (Figura1).


Las Corporaciones contaminantes y sus sicarios pronto organizaron una campaña de desinformación contra la formulación del Principio de precaución de Wingspread, alegando que no era científica, que era una declaración de carácter emocional, imprudente, mal definida, impracticable y de poner en peligro la civilización occidental. Hasta ahora, con el dinero que corrompe nuestro sistema político, esta campaña contra el Principio de precaución ha sido efectiva en Washington, donde las políticas de precaución federales son poco frecuentes. A nivel local, sin embargo, la cosa es bastante diferente. Los activistas de base han aprovechado el Principio de precaución para utilizarlo como una honda y vencer a Goliat.

En 1999, Carolyn Raffensperger y Joel Tickner publicaron su primer libro en el que presentaban el Principio de precaución. (Raffensperger y Nancy Myers publicaron un segundo libro sobre la aplicación del Principio de precaución por las comunidades en el año 2005). En 1999, el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles adoptó el principio de precaución en su programa de manejo de plagas. En 2001, Michael Pollan escribió sobre el Principio de precaución en The New York Times Magazine. Ese mismo año, la ciudad y el condado de San Francisco comenzaron a adoptar el Principio de precaución, formalizándose en 2003. En resumen, ahora está disponible para que las comunidades aboguen por él y lo adopten: hay otra manera de tomar decisiones relacionadas con el medio ambiente y no solamente hacerlo mediante una evaluación numérica de los riesgos.

La evaluación tradicional de los riesgos está perdiendo fuelle

Incluso a nivel federal en los Estados Unidos, la confianza en la evaluación matemática de los riesgos está perdiendo credibilidad, lentamente. Por ejemplo, la EPA tiene un programa de “diseño para el medio ambiente” que aboga por la selección de productos químicos menos nocivos, que es un enfoque del principio de precaución.

Y lo que es más importante, en el año 2009 la Academia Nacional de Ciencias publicó Science and Decisions, con el subtítulo “Evaluación avanzada de riesgos”. A pesar de ese subtítulo, la Academia no presentaba ningún avance en la evaluación de riesgos, más bien hacía todo lo contrario, la degradaba. La Academia venía a decir que las decisiones en la actualidad comienzan con una evaluación alternativa, y se preguntan: “¿Cuáles son las opciones para lograr nuestro objetivo (el que sea) y qué opciones son las menos dañinas? Esta es la esencia del Principio de precaución”. Sólo después de que se hayan presentado diferentes opciones, sólo entonces se debería utilizar una evaluación de riesgos como una herramienta para evaluar cada una de las opciones y encontrar la menos dañina, dijo la Academia. Y, por supuesto, ahora se disponen de otras herramientas de evaluación. El informe de la Academia de 2009 dio un duro golpe a las antiguas decisiones sobre riesgos.

Aún así, el Principio de precaución, mejor prevenir que curar, ahora se encuentra bajo un nuevo ataque en Europa, el Reino Unido y en los Estados Unidos. El monstruo de la extrema derecha, asentado en el Partido Republicano ( y que Nancy MacLean describe como una “quinta columna” que intenta subvertir de manera permanente la Democracia) ha puesto su punto de mira en la eliminación del Principio de cautela. El abandono del Acuerdo de París es sólo un ejemplo.

A medida que los ecosistemas globales de deterioran y el calentamiento global altera los patrones hídricos, de modo que el crecimiento económico es cada vez más precario, las élites globales de extrema derecha confían en nuevas tecnologías para estimular el crecimiento económico: geoingeniería (para modificar el clima planetario y contrarrestar el calentamiento global); nanotecnología (para manipular el mundo a nivel molecular y desarrollar materiales novedosos) y biología sintética (para desarrollar formas de vida completamente nuevas, previamente desconocidas en la naturaleza). Estas tecnologías son potencialmente más poderosas que incluso la energía atómica, por lo que se pide un enfoque prudente y de cautela ante los ensayos y su posible aplicación. Desafortunadamente, mientras las Corporaciones contaminantes disfruten de una capacidad ilimitada de inyectar dinero corrupto en las decisiones políticas, especialmente en los Estados Unidos, la evaluación de riesgos al estilo antiguo continuará dominando porque sirve muy bien a los interés y propósitos de las Corporaciones.

Sin embargo, 20 años después de Wingspread, ahora está claro que para que tengamos un futuro habitable es necesario aplicar el Principio de precaución. La elección es fatal e irrevocable.

Peter Montague es historiador y periodista, cuyo trabajo ha aparecido en Counterpunch, Huffington Post, The Nation y muchas otras publicaciones. Es coautor de dos libros sobre metales pesados tóxicos.

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