Carta desde Japón

Tomada de “El descubrimiento de la belleza cuando todas las luces se apagan”, publicada en la página web del Dr. Mark Sircus (http://blog.imva.info/world-affairs/finding-beauty-lights)

[…] Carta de Ann que vive en Japón:

Es completamente extraordinario que no se produzca ningún saqueo, que nadie se empuje en las colas. La gente deja las puertas abiertas, ya que es más seguro en caso de un nuevo terremoto. La gente dice: “Ah, es como en los viejos tiempos, cuando los unos ayudaban a los otros”. Sigue habiendo temblores. Anoche los hubo durante unos quince minutos. Las sirenas de alarma saltan de forma constante y los helicópteros atraviesan el cielo muy a menudo. Nadie se ha lavado durante varios días. Nos sentimos mugrientos, pero hay otras preocupaciones más importantes que ésta. Me gusta haberme desecho de las cosas que no son esenciales.

Vivimos aprovechando nuestros instintos, la intuición, con preocupación, buscando lo necesario para la supervivencia, no sólo para cada uno de nosotros, sino para el grupo entero. Y hay que reconocer que los japoneses en este sentido son maravillosos. Vuelvo a mi casa y lo verifico cada día, y ahora envío este correo electrónico cuando disponemos de un tiempo con electricidad, encontrando el agua y la comida en mi puerta de entrada. No tengo ni idea de quién la deja, pero allí está. Ancianos con sombreros verdes van de puerta en puerta comprobando si estamos bien. La gente también se ocupa de los extranjeros y les preguntan si necesitan ayuda. No veo ninguna señal de miedo. Resignación sí, pero miedo o pánico, no.

De alguna manera, aún experimentando los acontecimientos que ahora se suceden en Japón, siento que mi corazón se abre ampliamente. Mi hermano me preguntó si yo me sentía empequeñecida ante todo lo que pasa. No, no me siento así. Mejor dicho, me siento como parte de algo que pasa y que es mucho más grande que mí misma”.

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