Por noisette, 30 de julio de 2026

Dos investigadores en economía de la Universidad de Pekín, Kaixing Huang y Yaxuan You, han publicado un artículo dedicado a comparar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) entre los países que han cultivado plantas transgénicas y los que no lo han hecho. Su conclusión es inequívoca. Afirman que el maíz, la soja, el algodón y la colza transgénicos aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero de la agricultura. Sin embargo, este estudio presenta importantes limitaciones: basado en estadísticas internacionales, adopta un enfoque «contable» y no cuestiona ni la agricultura globalizada ni los cultivos transgénicos. No obstante, Inf’OGM ha decidido analizarlo, ya que el tema está poco documentado y el estudio permite arrojar luz sobre su complejidad. Este artículo se ha concebido como un elemento que se suma al dossier sobre el impacto de los OGM en el clima y, más concretamente, en las emisiones de GEI.
Una cuestión recurrente en relación con los OGM es su impacto en el cambio climático. Los OGM son plantas que se utilizan en el marco de la agricultura industrial, la cual, a su vez, está siendo muy criticada por su impacto negativo en el clima1. Por ello, dos investigadores de la Universidad de Pekín, Kaixing Huang y Yaxuan You, han estudiado2 el impacto de los cultivos transgénicos en las emisiones de los distintos gases de efecto invernadero (GEI) —metano, óxido nitroso y CO₂— en la agricultura de 145 países entre 1985 y 20183.
¿Cuál es el método utilizado?
Estos investigadores decidieron «trabajar» a nivel nacional: comparan las trayectorias de emisiones de GEI de los países que aceptan cultivos transgénicos (maíz, soja, algodón, colza) con las de los países que no los admiten, o que lo hacen más tarde. En sus modelos econométricos, del tipo «diferencia de diferencias» (DID)4, incluyen características invariables propias de cada país (suelos, estructura agrícola), características comunes a cada año (tendencias globales, precios mundiales) y un conjunto de variables climáticas. De este modo, pretenden evitar confundir el efecto de los transgénicos con las diferencias estructurales entre países o con la evolución general del clima y de la economía mundial.
Dicho de otro modo, no comparan directamente «maíz transgénico frente a maíz no transgénico» a nivel de parcela, sino que tratan de averiguar cómo, en términos generales, evolucionan las emisiones de GEI en los sistemas agrícolas que incorporan o no estos cultivos modificados genéticamente.
Para medir este impacto, examinan las emisiones de gases de efecto invernadero desde dos perspectivas. Primero, analizan las emisiones de GEI relacionadas con los cultivos en su conjunto, lo que la FAO denomina «emisiones del suelo agrícola»: emisiones de campo vinculadas a fertilizantes nitrogenados sintéticos, insumos orgánicos (estiércol, residuos), el cultivo de suelos orgánicos (turberas en particular), así como las emisiones de CO₂ procedentes del combustible de la maquinaria agrícola. Los investigadores no tienen en cuenta las emisiones de GEI relacionadas con la producción de fertilizantes nitrogenados ni abordan la mineralización inducida por el uso intensivo de estos fertilizantes, ni la degradación del suelo que provocan. Esto incrementaría aún más el impacto negativo de los transgénicos en el clima.
Por otra parte, tienen en cuenta las emisiones de todo el sector agrícola, que agrupa las emisiones de los cultivos, las de la ganadería (fermentación entérica, gestión de los excrementos, pastos) y ciertos componentes de los cambios en el uso del suelo, en particular la pérdida de cubierta arbórea y la puesta en cultivo de suelos anteriormente boscosos o cubiertos de hierba. En ambos casos, utilizan los inventarios de la FAO elaborados según la metodología estándar del IPCC, convirtiendo el metano, el óxido nitroso y el CO₂ en equivalentes de CO₂, conversión que, inevitablemente, resulta imperfecta7.
Los OGM aumentan la intensidad de carbono
En primer lugar, por «intensidad de carbono» se entiende la cantidad de GEI emitida por hectárea cultivada o por tonelada producida: cuanto mayor es esta relación, más «carbonosa» es una unidad de superficie o de producción agrícola, aunque aumente la producción total.
Basándose, en particular, en el controvertido estudio de Klümper y Qaim (2014)8, los investigadores parten de la premisa de que la adopción de variedades transgénicas de maíz, soja, algodón y colza va acompañada, de media, de un aumento de los rendimientos de alrededor del 13-14 % y de un incremento de la superficie cosechada de aproximadamente el 15 % para estos cultivos. Este aumento está lejos de contar con el consenso general. Inf’OGM, citando un informe del USDA, afirmaba que «las pruebas empíricas relativas a [sus] efectos sobre los rendimientos son contradictorias»9. En otras palabras, no está demostrado que los OGM mejoren sistemáticamente los rendimientos en todos los contextos. Si, al menos en algunas situaciones, los rendimientos no aumentan, esto significa que el incremento de las emisiones de GEI estimado en este artículo es aún mayor, lo que reforzaría el alcance de su resultado.
Este aumento de los rendimientos (en sí mismo discutible) y de la superficie cultivada implica de facto más insumos, más fertilizantes y más trabajo mecánico. Pero los autores van más allá: demuestran que las emisiones de GEI por hectárea y por tonelada aumentan. Se preguntan si este aumento no es simplemente un reflejo del incremento de la producción: si los GEI aumentan al mismo ritmo que la productividad, se podría argumentar que los OGM no tienen impacto en los GEI por unidad producida, aunque los totales aumenten.
De media, por hectárea, los países que aceptan los OGM no se limitan a «producir más con los mismos insumos»: fertilizan más, riegan más, multiplican los ciclos de cultivo y aprovechan tierras de menor calidad, afirman los autores. Los autores también destacan un efecto negativo a largo plazo sobre las cantidades de plaguicidas utilizadas: la disminución inicial (sobre todo en el caso de las plantas Bt, que producen un insecticida) se ha visto contrarrestada con bastante rapidez por un aumento relacionado con la aparición de malas hierbas o plagas resistentes, o de plagas secundarias que no eran el objetivo de las plantas Bt. Es precisamente esta intensificación del uso de insumos y la expansión a tierras menos favorables lo que explica el aumento de las emisiones de GEI por hectárea. En estas condiciones, el aumento del rendimiento no basta para compensar el incremento de los insumos y la degradación de la calidad de los suelos: las emisiones por hectárea aumentan más que los rendimientos. En consecuencia, las emisiones por tonelada de maíz o soja producida también aumentan, lo que los autores cuantifican como un incremento de la intensidad de carbono de los cultivos de entre el 9 % y el 11 %.
Los OGM modifican el paisaje agrícola y pueden aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero
En concreto, al cruzar las estadísticas de la FAO sobre insumos y superficies con los datos del GAEZ[^10]10 sobre la calidad de los suelos, los autores demuestran que, tras la adopción de los OGM, el uso de fertilizantes nitrogenados por hectárea aumenta de media algo más del 20 %, el consumo de energía (combustible y riego) por hectárea crece alrededor del 8 %, la superficie agrícola total se amplía en torno al 3,5 %, la superficie cosechada aumenta casi un 6,8 % —lo que indica una mayor frecuencia de cultivos múltiples (por ejemplo, en Brasil11) y una reducción de los barbechos— y la cobertura arbórea retrocede de media alrededor de un 0,9 % en los países que adoptan los transgénicos. Más concretamente, constatan que la expansión del maíz y la soja transgénicos entre 2000 y 2010 se produjo en tierras de menor calidad agronómica, con un aumento de la proporción de tierras clasificadas como «de baja calidad» y un descenso de las tierras de «alta calidad», lo que requiere más fertilizantes y energía por tonelada producida. El estudio no tiene en cuenta las emisiones de GEI relacionadas con los cambios en el uso del suelo, por ejemplo, cuando los bosques se transforman en campos de soja, como ocurre en Brasil12.
De hecho, señalan, los cultivos transgénicos más rentables (maíz, soja, algodón, colza) se están extendiendo poco a poco en detrimento de otros cultivos no transgénicos, lo que reorganiza los sistemas de rotación de cultivos. Los autores demuestran que, cuando se adoptan los transgénicos, las superficies dedicadas a cultivos no transgénicos del mismo tipo (cereales, oleaginosas comparables) disminuyen. Sin embargo, parten de la hipótesis de que, antes de la llegada de los transgénicos, cada monocultivo se localizaba en las tierras más adecuadas para él. Los autores no contemplan otros tipos de agricultura: se limitan a observar lo que ocurre. Sin embargo, también podrían haber recordado que los altos niveles de eficiencia en términos de producción global por hectárea y de empleo son el resultado de la complementariedad entre cultivos y ganadería en un mismo territorio, de las rotaciones, de los cultivos asociados o incluso de la agrosilvicultura. Estas prácticas se describen en la literatura13 como mucho más eficaces en términos de rendimiento por hectárea y menos contaminantes y devastadoras para los suelos que los monocultivos.
Los OGM al servicio de una ganadería intensiva con elevadas emisiones de GEI
Otra pieza importante del rompecabezas son los efectos indirectos sobre la ganadería. Una parte importante del maíz y la soja transgénicos se consume a nivel nacional, sobre todo como pienso en explotaciones ganaderas intensivas que emiten grandes cantidades de GEI, en lugar de exportarse. Los autores estiman que esto ha «impulsado» este tipo de ganadería y que, por ello, las emisiones relacionadas con la ganadería aumentan de media en torno a un 12 %.
Inicialmente, por término medio, los países que cultivan transgénicos tienen una intensidad de carbono por tonelada de cultivo menor que los países que no los cultivan (emiten menos GEI por tonelada producida). El estudio no cuestiona este punto de partida; se centra en lo que ocurre a continuación: muestra que, tras la adopción de los OGM, las emisiones totales y la intensidad de carbono por hectárea y por tonelada aumentan más rápidamente que en los países que no adoptan los OGM.
En este escenario teórico, los autores se basan en las emisiones relacionadas con la propia producción agrícola (intensidad de carbono de los cultivos). Suponen que producir cultivos transgénicos en países con menor intensidad de carbono y exportarlos posteriormente a países con mayor intensidad reduce las emisiones relacionadas con la producción de dichos cultivos, aunque esto no tenga en cuenta el CO₂ de los buques de carga y los camiones. Sin embargo, dado que gran parte de la producción de OGM se destina al mercado interno para alimentar la ganadería intensiva, esta ventaja potencial queda en gran medida anulada. Y, una vez más, los autores se sitúan en el marco de una agricultura globalizada, que no cuestionan.
Es cierto que es probable que aún existan algunas explotaciones de policultivo y ganadería, pero no es el modelo predominante en los países que cultivan transgénicos a gran escala. Los pastizales naturales utilizados en el marco de la ganadería campesina y extensiva suelen considerarse los agrosistemas que almacenan más carbono, al reciclar los excrementos animales en el suelo y enriquecer la vida microbiana. Pueden compensar en gran parte, e incluso a veces en su totalidad, las emisiones de metano de los rumiantes, y el pastoreo desempeña un papel crucial en la prevención de los incendios forestales. No es el caso de la ganadería «intensiva», dependiente de monocultivos de maíz y soja, ampliamente generalizados por el uso de transgénicos.
En definitiva, lo que documenta el artículo es la implantación de un sistema agrícola que consume más superficie, más fertilizantes y más energía, lo que conlleva un aumento de la ganadería y una reducción de la cobertura arbórea. Es esta combinación la que explica que las emisiones totales de gases de efecto invernadero aumenten en los países que adoptan estos cultivos transgénicos.
¿Cómo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de los OGM?
Los autores dan por sentado que los OGM son beneficiosos en términos de producción e ingresos de los agricultores. Esta premisa es muy controvertida. Inf’OGM la ha detallado en numerosas ocasiones. Por lo tanto, proponen dos vías para mejorar el uso de los OGM. La primera consiste en limitar los cultivos transgénicos a las tierras más adecuadas para evitar la colonización de tierras marginales que aumentan la intensidad de carbono. La segunda es fomentar la exportación de cultivos producidos en países con baja intensidad de carbono (y que utilizan OGM) hacia países donde la intensidad es mayor (como aquellos que no utilizan OGM), en lugar de destinar la casi totalidad de la producción adicional a la ganadería nacional en sistemas intensivos. Esta propuesta se inscribe en una lógica puramente contable de las emisiones de GEI, sin tener en cuenta los efectos devastadores de dicha lógica sobre la soberanía alimentaria de los países importadores.
En resumen, este artículo es un intento de «ecologizar» los OGM, pero, al mismo tiempo —y ahí radica la paradoja—, también muestra por qué esta tecnología no es sostenible. Esta paradoja queda perfectamente ilustrada por las «soluciones» propuestas, que no son realistas a la luz de la historia del despliegue de los OGM en el mundo desde hace más de 25 años.
Notas:
- Noisette, C. (2014), «¿Los transgénicos al rescate del clima?», Inf’OGM, https://infogm.org/mini-guide-des-ogm-au-secours-du-climat-une-fausse-solution/ y Noisette, C. et al. (2015), «Ante el caos climático: ¿OGM o devolver al ser humano a su lugar?», Inf’OGM, https://infogm.org/article_journal/face-au-chaos-climatique-des-ogm-ou-remettre-lhumain-a-sa-place/ ↩︎
- Huang, K. y cols. (2024), artículo del MPRA, https://mpra.ub.uni-muenchen.de/122650/1/MPRA_paper_122650.pdf. Este artículo se publicó en una plataforma de depósito de trabajos de investigación en economía, concretamente el Munich Personal RePEc Archive. No se trata de una revista con comité de revisión por pares. ↩︎
- Los investigadores han tomado el periodo 1985-2018 para, por un lado, disponer de un largo periodo de referencia sin OGM con el que estimar las tendencias y los modelos DID y, por otro, evitar las perturbaciones relacionadas con
- la COVID-19. Los primeros cultivos comerciales de OGM se remontan a finales de los años 90. ↩︎
- Se analiza la evolución de un país entre dos fechas, antes y después de una política, y la de otro país que no aplica dicha política en las mismas fechas. El DID es la diferencia entre estas dos diferencias. ↩︎
- Las emisiones relacionadas con la fabricación industrial de fertilizantes (procesos Haber-Bosch para el amoníaco, producción de urea, ácido nítrico, transporte de los fertilizantes hasta el país, etc.) suelen clasificarse en el sector «industria/energía», y no en el sector «agricultura» de los inventarios de GEI. ↩︎
- Una fertilización nitrogenada intensiva, sobre todo en forma sintética, aumenta el riesgo de pérdidas en forma de nitratos lixiviados, amoníaco volatilizado y óxido nitroso (N₂O) procedente de la desnitrificación, lo que agrava el balance climático y la contaminación de las aguas. Y si esta fertilización no se compensa con aportes orgánicos (estiércol, residuos de cultivo, etc.), como ocurre en el caso de la policultura ganadera campesina, esto conduce progresivamente a un empobrecimiento del humus y a una degradación de la calidad de los suelos. ↩︎
- A modo de ejemplo de las limitaciones internas de este modelo, cabe citar la elección arbitraria del horizonte temporal (a menudo 100 años). Así, en un plazo de 20 años, 1 kg de metano calienta tanto como ~80-84 kg de CO₂. En un plazo de 100 años, este valor se reduce a unos 28-30 kg de CO₂. ↩︎
- Klümper W, Qaim M (2014) A Meta-Analysis of the Impacts of Genetically Modified Crops. PLoS ONE 9(11): e111629. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0111629 ↩︎
- Inf’OGM (2014), «¿Mejores rendimientos agrícolas con los OGM?», https://infogm.org/de-meilleurs-rendements-agricoles-avec-les-pgm/ ↩︎
- GAEZ = «Zonas Agroecológicas Globales». Se trata de un sistema desarrollado por la FAO y el IIASA para cartografiar, a escala mundial, las zonas agrícolas y su potencial de producción agrícola. https://data.apps.fao.org/gaez/ ↩︎
- https://infogm.org/les-surfaces-mondiales-dogm-stagnent/ ↩︎
- Inf’OGM (2025), «¿Los agrocombustibles, peores que el petróleo?» (podcast), https://podcast.ausha.co/omg-decodons-les-biotech/agrocarburants-colza-transgenique-champignons-ogm ↩︎
- – Beillouin, D. et al. (2021). La diversificación de cultivos mejora los rendimientos, la biodiversidad y los servicios ecosistémicos. Commun. Earth Environ, https://www.inrae.fr/en/news/crop-diversification-enhances-yields-biodiversity-and-ecosystem-services
- – Niether, W. et al. (2020). Sistemas agroforestales de cacao frente a monocultivos: un metaanálisis multidimensional. Environ. Res. Lett., https://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/abb053
- – Ryschawy, J. et al. (2014). Sistemas mixtos de cultivo y ganadería: ¿una forma sostenible de producir carne de vacuno? Animal, https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24589421/ ↩︎
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