De cómo la guerra de Afganistán se convirtió en una guerra de la OTAN

por Gareth Porter, 4 de enero de 2011

(IPS) – La línea oficial de la International Security Assistance Force, (ISAF), y el mando de la OTAN en Afganistán es que la guerra contra los insurgentes es vital para la seguridad de todos los países que han enviado tropas a este país.

Si a la OTAN se le ha dado un papel central en la guerra de Afganistán es debido a la influencia que los oficiales de EE.UU ejercen sobre la alianza, de acuerdo con un militar de EE.UU que se mantiene cercano al centro donde se toman las decisiones.

El papel de la OTAN en Afganistán está más relacionado con la propia OTAN que con Afganistán”, dijo el militar, que insistió en mantener el anonimato debido a la sensibilidades políticas sobre este asunto, según las declaraciones a IPS en una entrevista.

A la Alianza nunca se le habría dado un papel tan destacado en Afganistán si no fuera por el hecho de que la administración de George W. Bush no quiso ningún papel significativo de EE.UU allí, porque podía interferir en el control de Irak.

Esto permitió una apertura de la OTAN gracias al trabajo de los militares de EE.UU.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fundada en 1949, los miembros de la OTAN contabilizan más del 70 por ciento del gasto militar del mundo.

Está formada por : Albania, Bélgica, Bulgaria, Canadá, Croacia, República Checa, Dinamarca, Estonia, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Polonia, Portugal, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, España, Turquía, Gran Bretaña y los Estados Unidos.

La OTAN dirigida por Estados Unidos está llevando a cabo la misión ISAF, con 140.000 soldados desplegados en Afganistán, aproximadamente 100.000 de ellos estadounidenses.

El general James Jones, Comandante Supremo Aliado en Europa ( SACEUR) entre 2003 y 2005, promovió de forma agresiva el papel principal de la seguridad en Afganistán a la OTAN, según el referido oficial.

Jones instó (al secretario de Defensa Donald Rumsfeld) a que la OTAN se volcase sobre Afganistán”, dijo el oficial, añadiendo que se hizo con el pleno apoyo de los oficiales del Pentágono que tenían responsabilidades en la OTAN. “Hay que entender que los lobbies de la OTAN tienen mucho poder en el Pentágono, tanto en la Oficina del Secretario de Defensa como en el Estado Mayor Conjunto”.

Jones admitió en una entrevista de octubre de 2005 con American Forces Press Service que la OTAN había entrado en liza para evitar que se convirtiera en algo irrelevante después del colapso de la Unión Soviética y la disolución del Pacto de Varsovia. “La OTAN estuvo en el limbo durante un tiempo”, señaló.

Pero los ataques del 11 de septiembre ofreció una nueva oportunidad para que la OTAN demostrase su importancia.

Los aliados de la OTAN se opusieron a la guerra de EE.UU en Irak, pero quiso demostrar su apoyo en la estabilización y la reconstrucción de Afganistán. Jones presionó a los países miembros de la OTAN a que proporcionasen tropas para Afganistán y así extender las operaciones de la OTAN desde el Norte hacia el Oeste y finalmente hacia el Este y el Sur, donde la tropas de EE.UU se concentraban.

Esta posición coincide con intereses de los burócratas civiles y militares de la OTAN y con las cúpulas militares de los países miembros.

Pero había un problema importante: la opinión pública de los países miembros de la OTAN estaba en contra de la participación militar en Afganistán.

Para aumentar la presencia militar de los aliados de la OTAN en Afganistán durante 2003 hasta 2005, Jones aseguró a los Estados miembros que sólo harían labores de limpieza después de que los militares estadounidenses hubieran derrotada a los talibanes. En una visita a Afganistán en agosto de 2004. Jones dijo: “ no debemos pensar en que va a producirse una insurrección como la de Irak. Esto, sencillamente, no va a suceder”.

Tranquilizados por Washington y por Jones en septiembre de 2006, los ministros de defensa de la OTAN acordaron formalmente que la OTAN asumiría el mando del sur de Afganistán en 2006.

Pero enseguida surgieron conflictos entre los EE.UU y los países miembros de la OTAN sobre la misión de la OTAN en Afganistán. Gran Bretaña, Alemania, Canadá y los Países Bajos habían vendido a sus ciudadanos la misión de la OTAN como “para el mantenimiento de la paz” o de “reconstrucción”, en lugar de indicar que era una guerra de contrainsurgencia.

Cuando el gobierno de Bush trató de fusionar los comandos de los EE.UU y de la OTAN en Afganistán, los aliados retrocedieron, argumentando que ambos comandos tenían misiones diferentes. Los franceses, por su parte, estaban convencidos de que la administración Bush estaba usando las tropas de la OTAN para llenar el vacío dejado por el traslado de tropas de EE.UU de Afganistán a Irak, una guerra a la que se oponen firmemente.

El resultado fue que los estados miembros de la OTAN, tras adoptar otras “advertencias”, descartaron o limitaron que sus tropas entrasen en combate en Afganistán.

A pesar de que la administración Bush les había asegurado a sus aliados de la OTAN que no tendrían que enfrentarse a una insurrección aún mayor de los talibanes, los servicios de inteligencia de los Estados Unidos informaron que la insurgencia estaba creciendo y se intensificó en la primavera de 2006.

El general Karl Eikenberry, que acababa de llegar como comandante de todas las tropas de EE.UU en Afganistán, en 2005, y el recientemente nombrado embajador de EE.UU. Ronald E. Neumann, lanzaron la advertencia de Washington de que los debates internos sobre los compromisos de las tropas de los estados miembros de la OTAN “generaban debilidad política de la OTAN” como Neumann recuerda en sus memorias sobre Afganistán publicadas en 2009.

Neumann escribió que tanto él como Eikenberry creáin que “los insurgentes vieron en la expansión de la ISAF y la reducción de las tropas de EE.UU el momento para recrudecer la guerra”.

Pero Eikenberry aseguraba a los medios de comunicación que la insurgencia estaba bajo control. El 8 de diciembre de 2005 daba una rueda de presa en el Pentágono, afirmando Eikenberry que las tácticas más agresivas de los talibanes eran “ en gran medida un signo de debilidad”.

Al preguntarle si no le preocupaba que la situación de Afganistán se “estaba desplazando hacia un escenario iraquí”, Eikenberry dijo: “ no vemos indicios de que eso esté ocurriendo…”.

Unas semanas más tarde los talibanes lanzaron la mayor ofensiva desde que su régimen fue derrocado en 2001, haciéndose con el control de gran parte de Helmand, Kandahar y otras provincias del sur.

Eikenberry, claramente bajo las órdenes de Rumsfeld, continuó con su política de dar el control del sur a la OTAN, a mediados de 2006. A principios de 2007 fue recompensado al ser enviado a Bruselas como presidente adjunto del Comité Militar de la OTAN.

Eikenberry reconoció en su testimonio ante el Congreso en febrero de 2007 que la política de dar protagonismo a la OTAN en Afganistán era realmente una medida por el futuro de la OTAN en lugar de sobre Afganistán. Recalcó que un fracaso en Afganistán podía romper la OTAN, mientras que reforzar el papel de la OTAN en Afganistán podía reforzar esta alianza.

La visión a largo plazo de la campaña en Afganistán es la de que se convierta en un medio para continuar con la transformación de la alianza”, dijo Eikenberry.

La misión en Afganistán, dijo Eikenberry: “podía señalar el comienzo de los esfuerzos sostenidos por la OTAN en revisar las prácticas operativas de la alianza en todos los ámbitos”. Sugirió específicamente, que la OTAN podría utilizar la estrategia de Afganistán para publicitar en la prensa de los países miembros una imagen de modernización militar.

Pero el general canadiense Rick Hillier, comandante de las fuerzas de la OTAN en Afganistán desde febrero hasta agosto de 2004, y posteriormente jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas de Canadá entre 2005 y 2008, escribió en su memorias “El primer soldado”, publicado en 2009, que la OTAN fue un desastre absoluto en Afganistán.

Recordó que cuando aceptó formalmente la responsabilidad en Afganistán en 2003, la OTAN no tenía “ninguna estrategia, ninguna articulación clara de lo que quería lograr” y que su actuación fue pésima».

Hillier señaló que la situación “no ha cambiado” tras varios años de responsabilidad de la OTAN en Afganistán. La OTAN había “ iniciado un camino que destruyó gran parte de su credibilidad y finalmente erosionó el apoyo a la misión por parte de todas las naciones de la alianza… Afganistán ha puesto de manifiesto que la OTAN ha llegado al periodo en que se ha vuelto un cadáver en descomposición…”

Gareth Porter es historiador y periodista especializado en política de los EE.UU en seguridad nacional. Su último libro, “Dominios en peligro: desequilibrio de poder” y “Camino hacia la guerra en Vietnam”, publicado en 2006.

http://dissidentvoice.org/2011/01/how-afghanistan-became-a-war-for-nato/

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