La revolución de Egipto y EE.UU: el tremendo error de Mubarak

Escrito por Eric Walberg, jueves, 21 de abril de 2011

 La caída del líder de Egipto y su partido político se ha producido porque no aprendieron bien las lecciones de sus patronos. ¿Van los norteamericanos a aprender algo de los egipcios?, se pregunta Eric Walberg.

 

El Tribunal Supremo Egipcio ha ordenado la disolución del Partido Demócrata Nacional (PDN) y la confiscación de sus propiedades la semana pasada, basándose en la violación por parte del PDN de la Constitución: a saber, monopolización del poder, no permitir la competencia legítima de otros partidos, y sí la corrupción por los estrechos lazos entre los negocios y la política. Como única fuerza política en el control de la administración del país, el PDN permitió que los poderosos hombres de negocios camparan a sus anchas y decretaran leyes y dirigieran el país en afán de sus intereses personales e intereses de empresa.

¿Cuál es el escenario, con un sistema electoral Occidental, el que rige en Estados Unidos, por eso cada vez es más conocido como el Republicrato? Si bien tienen menos necesidad de que las empresas y los lobbies dividan sus donaciones entre dos partidos muy similares. Es imposible una alternativa real para abrirse camino en esta poliarquía, definido por Noam Chomsky como “ un sistema que toma decisiones públicas en favor de la elite”, con elecciones fraudulentas, aunque indirectamente – debido al control de los medios de comunicación y su enorme coste.

Las Constituciones son meras palabras en un trozo de papel, que los actores reales de este mundo utilizan de acuerdo con sus necesidades. Las revoluciones no se sujetan por estos pliegos de papel, cuando ya no refleja la realidad subyacente. La Constitución de Norteamérica, tratada con gran reverencia, hace ya mucho tiempo que perdió relevancia en lo que realmente está pasando en los Estados Unidos, con un Presidente que declara múltiples guerras, que sirve a las Corporaciones y no a los ciudadanos, conspirando con otras potencias extranjeras y socavando la vida de los norteamericanos, violando el verdadero sentido de la Constitución. La misma idea de revolución, venerada en la la Constitución estadounidense, es proscrita ahora como “terrorismo”.


Como norteamericano que vive en El Cairo, me despierto cada día sin creerme que realmente se haya producido una revolución aquí. O que la antigua constitución fuera desechada, y dentro de unos días se vayan a recoger las peticiones de la gente mediante la celebración de un referéndum. O que los políticos del antiguo régimen y hombres de negocios estén siendo llevados ante los tribunales en su Mercedes o en un Black Marias (camioneta de la policía), como dijo el incompetente ex Primer Ministro Ahmed Nazif.

Nazif era quizás el menos odioso de todos, condenado por conspirar con la cúpula del PDN y del Consejo de la Shura, el portavoz Safwat El-Sherif, y el portavoz del Consejo Popular, Fathi Sorour, que se apropió de enormes extensiones de tierra, docenas de viviendas y apartamentos, y que reformó la Constitución en 2007 para preparar la ascensión de Gamal Mubarak. Todos ellos unidos en torno al Jefe del Estado Mayor de Mubarak, Zakariya Azmi, el ex Mininistro de Salud, Hatem El-Gabaly, el ex Ministro de Turismo, Zuheir Garana, el ex Ministro de Cultura Farouk Hosni y el ex Ministro de finanzas, Youssef Boutros Ghali.

Nazif puede ahora convocar de nuevo a su gabinete en la prisión de Tora y realizar reuniones regulares, según se dice popularmente por la calle. Él, el magnate del comercio Ahmed Ezz y el ex Ministro del Interior, Habib El-Adly, saludaron a Gamal Mubarak cuando llegó a Tora con el lema del PDN: “ Estamos aquí para usted”, otra anécdota que recordar. Incluso la primera dama, Suzanne, no ha sido olvidada, siendo interrogada por malversación de los fondos de la Biblioteca de Alejandría y del festival anual “Lectura para todos”.

¿Y la perspectiva del ex presidente Hosni Mubarak que es llevado en helicóptero a un hospital militar, después de haber transmitido de modo provocativo un discurso en un canal por satélite extranjero negando lo obvio – que presidió con complacencia un Estado policial en una orgía de chanchullos y corrupción – quién necesita telenovelas? Me recuerdan a algunas de esas telenovelas y películas populares, que durante la década pasada, ya que la corrupción corrió desbocada, proporcionaron una salida a las frustraciones – y educación – de los egipcios.

Ver ahora a los añejos líderes pomposos ante los medios, presentados como criminales, sobresalta e inspira. ¿Para quién son un modelo a imitar los Mubaraks, los Sherifs, sin olvidar los Buhs y los Cheneys? No tanto los hábiles Clinton u Obama – que son raros fenómenos norteamericanos, que actúan magistralmente para distraer a los norteamericanos de la realidad. ¿Pero quién puede negar que la dinastía de Bush, del banquero Prescott, desde el maestro de la Guerra fría e intrigante Herbert Walker al analfabeto George W – todos coronados con un alto cargo político, el segundo con su aterrador asesor el Dr. Strangelove – cínicamente empapado al pueblo estadounidense de incalculable riqueza y siendo responsables de la muerte y / o tortura de millones de personas inocentes?

 

Mientras estuvo en el poder, Mubarak se hizo amigo de cinco presidentes de los EE.UU. desde Reagan y vio como intrigaron, mintieron, engañaron, robaron y salieron ilesos. Cómo se confabularon con las grandes empresas para enriquecer a sus familias, cómo los grupos de presión sionistas y los militares establecieron un férreo control para prevenir cualquier política sincera de paz, especialmente en Oriente Medio. La forma en que se negó toda actuación nefasta. Por cierto, ¿ cómo puede decirse del peor delincuente político, Ronald Reagan, sea ahora dorado como un gran presidente, con un segundo lugar en las encuestas tras John F. Kennedy?

¿No es de extrañar que fuese engañado tan vilmente por sus secuaces para permanecer en el poder después de pasada la fecha de caducidad, confiando en que a su pueblo se le pudiese seguir lavando el cerebro mediante la saturación de información en los medios de comunicación con los cuentos de su heroísmo militar, impresionando imagen real de grandeza faraónica? Porque su hijo no iba a heredar el poder, al igual que hizo la CIA transmitiendo el poder de Bush a su descendiente.

Que los compinches de negocios como Ezz utilizasen al parlamento a través de un partido político que impedía toda posibilidad de elecciones honestas es sólo para emular a los Republicratos. Los Norteamericanos no estrechos de miras miran con añoranza el espectáculo que ahora se representa en El Cairo, ya que Mubarak es un ángel comparado con sus colegas de Washington.

Incluso el inmaculado Obama ha ayudado a los banqueros y hombres de negocios para que se continuase con la violación económica de los estadounidenses, y se ha teñido su historial con el asesinato de miles de inocentes en Afganistán, Irak y otros lugares. Cuando deje el cargo (el próximo año o dentro de cinco años – ¿qué diferencia hay?), se dedicará, al igual que sus predecesores Clinton y Bush, en un mundo en el que todo parece que está bien, a tomar cócteles y asistir a las salas de juntas corporativas, convirtiendo todo lo que toca en oro.

El grave error de Mubarak fue ignorar la naturaleza altamente sofisticada de la política de EE.UU., donde la corrupción y la violencia son artes cuidadosamente pulidas a lo largo de muchos años de elecciones tras elecciones. Es esta complejidad la que Egipto no tiene, no tiene el sentido innato de la Democracia real, en el sentido de respeto por los demás y el reconocimiento por parte de los gobernantes de su responsabilidad para con sus súbditos. Resulta que el llamado sistema antidemocrático político egipcio, y de un pueblo egipcio supuestamente poco sofisticado, están a años luz de la habilidad política de los estadounidenses, su sentido de indignación moral, su valor para derrocar un poder corrupto y poner fin al mismo.

 

Ya Hillary ha sido vista en la Plaza Tahrir anunciando su generosidad de entregar varios millones de dólares para apoyar la democracia egipcia, como si en los últimos 30 años no hubiera pasado nada. Los funcionarios del Pentágono están en contacto diario con los funcionarios egipcios. Pero eso no quiere decir que no se vayan a encontrar con problemas para volver a imponer su dominio sobre Egipto.

La jefa del FMI, Dominique Strauss-Kahn tuvo un mal despertar en un foro en El Cairo la semana pasada. El revolucionario más festejado por Occidente, Wael Ghonim, invitado a aparecer en un panel en la sede del FMI en Egipto, llamó asesinos a sueldo a las elites financieras del mundo, siendo cómplices por apoyar el régimen de Mubarak. “Lo que estaba sucediendo en este país era un crimen, no un error. Muchos sabían que las cosas iban mal”. Esto era el colmo de la hipocresía del FMI, que pretende ahora tener alguna preocupación por las necesidades reales de Egipto.

El sentido común del jefe de marketing de Google en Egipto, comparando su ataque durante el interrogatorio al candidato presidencial estadounidense Barack Obama en 2008, es un bálsamo para los malvados, y este juego podría seguir aumentando. La juventud revolucionaria no quiso encontrarse con Clinton cuando vino en peregrinación por la plaza Tahrir. Otra señal de tormento para el Imperio es el hecho de que Bush, Rumsfeld y otros han tenido que anular visitas a Europa, temiendo ser detenidos por sus crímenes de guerra. La revolución de Egipto da un socorro a los ciudadanos, que en todas partes se esfuerzan por devolver la moralidad a la política.

Eric Walberg escribe para Al-ahram Weekly http://weekly.ahram.org.eg/ Puede contactar con él en http://ericwalberg.com/