La ocupación de Israel cumple 70 años: ¿a qué precio?

Por Jonathan Cook, 20 de abril de 2018

Dissident Voice

Las celebraciones del Día de la Independencia el día 21 de abril debiera servir para que los israelíes, y los muchos judíos que se identifican con Israel, reflexionaran sobre en qué se han convertido después de siete décadas.

Sin embargo, la mayoría de los israelíes están demasiado ocupados enarbolando banderas azules y blancas desde sus automóviles, venerando a su ejército como “el más moral del mundo” y analizando las estadísticas oficiales con la esperanza de que les digan si nacieron más judíos israelíes que palestinos.

El proyecto sionista tenía la intención, según sus fundadores, de proporcionar un santuario ante la persecución de los judíos de todo el mundo. Pero, ¿cuál ha sido el precio, tanto para los palestinos que allí vivían, en cuyas tierras se fundó un Estado judío, como para el carácter moral de los que allí se establecieron? ¿Y realmente ha proporcionado el santuario prometido?

Estas preguntas debieran ser motivo de preocupación para los israelíes, después de tres semanas en las que los francotiradores israelíes han matado y herido a cientos de palestinos que están participando en las protestas pacíficas a lo largo de la valla de separación en Gaza.

El trasfondo de las protestas, ignoradas por la mayoría de los israelíes, es el asedio impuesto por Israel que ya dura una década, lo que ha aislado a Gaza del mundo exterior, provocando una catástrofe humanitaria y ataques israelíes intermitentes que han arrasado grandes zonas del enclave.

Los israelíes se mantuvieron firmes, incluso después de la transmisión de un vídeo de soldados debatiendo excitadamente, como si se tratara de un juego de arcade, qué palestinos que protestan en Gaza están en mejores condiciones de ser disparados en la cabeza. Cuando un palestino fue abatido por una bala, se podía oír a los soldados gritando y vitoreando, encantados de haber captado el momento en sus teléfonos.

En respuesta, Avigdor Lieberman, Ministro de Defensa, dijo que el francotirador “se merece una medalla”. Mientras tanto, la única preocupación del Ejército israelí fue la de señalar la falta de moderación mostrada por el soldado que filmó el vergonzoso incidente.

No se trata de jóvenes fanáticos. Las recientes declaraciones de los responsables del Gobierno tienen un sabor decididamente genocida. Lieberman dijo que “no hay personas inocentes en Gaza”, mientras que un portavoz del partido gobernantes Likud, afirmó que “los 300.000 [manifestante de Gaza] son objetivos legítimos”.

Anteriormente, cuando Israel atacó Gaza en el año 2014, el Ministro de Justicia Ayelet Shaked llamó a los palestinos de Gaza “combatientes enemigos” y a sus hijos “pequeñas serpientes”.

Tales puntos de vista tienen el respaldo del clero, ya que una nueva oleada de rabinos extremistas están apoyando estas ideas dominantes. Según un manual para uso de los rabinos, The King Torah, la ley judía justifica el asesinato preventivo de palestinos, a los que considera “terroristas” y a sus hijos como “futuros terroristas”.

La prohibición «No debes matar» se aplica solo «a un judío que mata a un judío», escriben los rabinos Yitzhak Shapira y Yosef Elitzur del asentamiento de Yitzhar en Cisjordania. Los no judíos son «desapasionados por naturaleza» y los ataques contra ellos «frenan su inclinación al mal», mientras que los bebés e hijos de los enemigos de Israel pueden ser asesinados ya que «está claro que crecerán para dañarnos».

La Torá del Rey (Torat Hamelech), Primera Parte: Leyes de vida y muerte entre Israel y las Naciones.

Es esta lógica perversa -la presunción de que los palestinos son terroristas, no seres humanos- la que subyace es la decisión del gobierno de impedir que los manifestantes gravemente heridos por el fuego de francotiradores israelíes sean trasladados para recibir tratamiento de emergencia fuera de Gaza, donde los hospitales apenas pueden funcionar tras años de bloqueo israelí.

La misma lógica justificó la prohibición del Sr. Lieberman de que las familias palestinas que han perdido a seres queridos en el conflicto israelí-palestino se unan a familias israelíes igualmente afligidas en una ceremonia conjunta del Día de los Caídos en Israel, esta semana.

El arraigado racismo en la sociedad israelí no sólo se dirige contra los palestinos, sino también contra otros no judíos. El Primer Ministro Benjamin Netanyahu descartó este mes un plan de las Naciones Unidas para reasentar a casi 20.000 africanos que actualmente solicitan asilo en Israel en países occidentales

La derecha indignada, porque un número similar de africanos permanecería en Israel. Quieren que todos vuelvan a África, incluso si uso supusiera que la vida de los refugiados corriera peligro.

Un comentarista advirtió recientemente en el periódico liberal Haaretz: “Un Estado fascista clerical se levantará aquí no tardando mucho”.

El único baluarte que ha habido hasta ahora ha sido la Corte Suprema, que revocó las prohibiciones gubernamentales, tanto en lo que se refiere al tratamiento médico para los habitantes de Gaza que hayan resultado heridos como sobre la entrada de las familias palestinas en estado de duelo.

Pero se está amedrentando agresivamente. Esta semana, el Sr. Netanyahu ha anunciado su intención de bloquear el poder de control judicial del tribunal para poder salvaguardar una legislación racista y groseramente antidemocrática. Las puertas se abren a la tiranía de una mayoría étnica judía que ya domina a la población nativa palestina.

Pero el Gobierno también tiene en el punto de mira a algunos judíos. Está muy avanzada una campaña contra la escasa comunidad de izquierdas y activistas de derechos humanos de Israel, así como, por supuesto, contra su gran minoría de ciudadanos palestinos.

Comenzó a caracterizarlos como “traidores” al grupo de soldados denominado Rompiendo el Silencio, pero ahora se está dirigiendo contra los grupos progresistas convencionales.

Liberman sugirió que Tamar Zandberg, líder del pequeño grupo parlamentario de izquierdas Meretz, que era un agente palestino después de que pidiera una investigación sobre el asesinato de los manifestantes de Gaza.

Y Netanyahu acusó a New Israel Fund, que promociona causas progresistas en Israel, de poner en peligro la “seguridad y el futuro de Israel” por respaldar el plan de la ONU sobre las solicitudes de asilo.

Aquellos activistas de los derechos humanos que intentan denunciar los abusos por parte de los colonos o el Ejército, ahora están amenazados por una legislación respaldada por Lieberman, lo que podría suponer penas de hasta 10 años de cárcel.

La derecha israelí ha introducido lo que efectivamente es una prueba política: dividir a los judíos “buenos” de los “malos”, no sólo en Israel, sino también en el exterior.

Aquellos que apoyan un Israel más grande como una Gran Fortaleza que oprime a los palestinos, son bienvenidos: aquellos que oponen a la ocupación o quieren que Israel sea sancionado con boicots para que desista y se busque una solución, no lo son. Se les niega la entrada a Israel.

A pesar de la continua propaganda de Israel de que es refugio seguro para los judíos, en realidad no es así. Es un Estado supremacista, racista, que cierra sus puertas a los judíos que denuncian la opresión que sufre la población palestina.

Esto es lo que Israel y sus seguidores de todo el mundo celebran esta semana.

* Este artículo se publicó por primera vez en National de Abu Dhabi.

Jonathan Cook, reside en Nazaret, Israel, es uno de los ganadores del Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Sus últimos libros son Israel y el choque de civilizaciones: Irak, Irán y el Plan para reconstruir Oriente Medio (Pluto Press) y Palestina Desaparecida: Experimentos de Israel en la Desesperación Humana (Zed Books).

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