La biblioteca abierta de David Graeber

Más allá del yo monástico: la mente conjunta y la ilusión parcial de la individualización.

Por Nika Dubrovsky

books.davidgraeber.org

¿Y si pensamos en esta exposición como un carnaval compartido, que utiliza todos los elementos de lo carnavalesco —desde la participación colectiva hasta el acceso igualitario para todos—, permitiendo la posibilidad de la exploración creativa y la apropiación? ¿Y si la imaginamos no como un lugar o un conjunto de objetos, sino como una plataforma para todos aquellos que deseen ver, aportar y adaptar las conexiones propuestas a su propio lenguaje y cultura?

De Bajtín y Dostoievski a David Graeber

Cuando conocí a David Graeber, pasamos el día paseando por Union Square, en Nueva York, yendo de una cafetería a otra y charlando. Una de las primeras cosas que hicimos, como hacen muchas personas que se están conociendo, fue intercambiar los títulos de nuestros libros favoritos. Para ser personas que crecimos en países —Rusia y Estados Unidos— que habían sido enemigos acérrimos durante medio siglo, teníamos un número inesperadamente elevado de favoritos que compartir.

David me contó que, cuando fue a Madagascar, solo se llevó dos libros: Dostoievski y Bajtín. Esos dos libros también me eran muy queridos cuando era adolescente en la Unión Soviética. Estos libros influyeron en el primer libro de David y en su favorito: Los pueblos perdidos: la magia y el legado de la esclavitud en Madagascar.

Según Bajtín, Dostoievski inventó un nuevo tipo de literatura —la novela polifónica—, abandonando la novela europea tradicional. En el mundo de Dostoievski no hay un narrador principal ni una voz dominante, sino más bien una multiplicidad de voces iguales, en constante diálogo entre sí. Esta es una descripción acertada del papel de un antropólogo que estudia diferentes culturas, pero lo hace de una manera que respeta la perspectiva de las personas a las que intenta comprender.

David luchó toda su vida contra la idea de que solo existe una forma correcta de que las sociedades humanas existan y prosperen. Señaló continuamente la existencia de culturas y formas de organizar los asuntos humanos radicalmente diferentes.

Libertad y cuidados

Probablemente esta sea precisamente la definición de libertad: la capacidad de imaginar diversos ordenamientos sociales y cambiar el existente según las decisiones que uno toma. Pero la libertad siempre debe ir acompañada de cuidados. La libertad de hacer cualquier cosa sin comprender a los demás es la propia definición del poder. David habló de cómo la labor interpretativa la realizan específicamente los oprimidos, los dependientes, que necesitan averiguar qué se cuece en la mente del poder. El trabajo interpretativo hace que los vulnerables sean socialmente más inteligentes que los poderosos, que se basan en la fuerza bruta y tienen poco interés en el diálogo.

El esfuerzo por comprender y cuidar a los demás, así como por proteger sus voces, ha sido uno de los principales ejes de la vida de David: desde Madagascar hasta Rojava, desde Palestina hasta las comunidades indígenas de América del Norte y el movimiento feminista. David ha tratado de amplificar las voces de estos marginados y olvidados, incluidas las culturas ancestrales, que son nuestra oportunidad para explorar otras formas de organización social.

La arqueóloga Rosamarie Joyce dijo en una ocasión que «la arqueología es una ciencia increíblemente politizada que recurre activamente a la censura. Solo estudiamos aquellas sociedades que confirman nuestra suposición de que el orden existente es inmutable».

Para David, los cuidados no eran meramente una obligación moral o un deber vinculado a la ley; eran algo más profundo. A través del descubrimiento de estos «otros mundos», adquirió una nueva perspectiva sobre cómo replantearse y reestructurar su propia vida dentro de los sistemas sociales en los que vivía. Su trabajo pionero en economía, historia y sociología surgió de esta profunda revelación: que otros mundos y formas de vida no solo existen, sino que son reales y vibrantes. El problema es que a menudo optamos por no verlos. Sus descubrimientos fueron, en esencia, una invitación a abrir los ojos a la riqueza de las posibilidades humanas más allá de los límites de los sistemas dominantes.

¿Por qué no podemos cambiar el sistema?

David y yo escribimos un ensayo, Otro mundo del arte o escasez artificial, en el que analizábamos por qué y cómo las instituciones del mundo del arte occidental se han convertido en un espacio de exclusión: los «talentosos» se separan de los «sin talento», los espectadores de los creadores, los productores de los consumidores, los que tienen poder de los que no lo tienen.

Describimos cómo la esencia del juego radica en hipnotizar a los participantes mediante la exclusión, sin la cual todo el sistema no funcionaría. El mundo del arte es el territorio en el que se desarrolla con mayor fuerza la confrontación entre diferentes concepciones de lo que es la naturaleza humana. El mundo del arte nos promete que todo el mundo debería ser realmente un artista, debería ser libre y creativo, pero en la práctica esto es absolutamente imposible. Señalamos que este sistema de escasez artificial está organizado de forma notablemente similar a nuestro sistema financiero y económico y, en cierto sentido, constituye el núcleo del mismo. El mundo del arte proporciona una justificación para toda la desigualdad y la crueldad inherentes a nuestro sistema social en nombre de la «civilización», el «desarrollo» y la «alta cultura». Al igual que las geniales obras maestras que se conservan en los museos de todo el mundo son eternas, también lo es el sistema de violencia y opresión basado en las nociones del valor infinito y la inmutabilidad de nuestra estructura social. No es casualidad que la mayoría de las revoluciones, desde la Revolución Francesa hasta la Revolución Rusa, comenzaran con la destrucción de los museos.

Otro mundo del arte, como guía práctica hacia el cambio.

En nuestro ensayo, nos planteamos una pregunta práctica: si algo no nos gusta, ¿cómo podemos construirlo de otra manera? ¿Cómo podemos crear realmente «Otro mundo del arte»? ¿Cómo construir otro mundo del arte que se convierta en un espacio de libertad y cuidado mutuo, en lugar de un lugar donde se separe a las personas dignas de las indignas, donde los elegidos vivan en una lucha constante entre sí por un lugar en la eternidad?

En la cuarta parte, aún inconclusa, de esta colección de ensayos, analizamos ejemplos de «Otros mundos del arte» de la vida real, en particular el Proletkult soviético, que no duró mucho tiempo pero dejó un enorme impacto en nuestras vidas modernas. Espero terminar y publicar esta parte.

También he empezado a trabajar en un proyecto llamado «Biblioteca Abierta de David Graeber». Se trata de una visualización de las conexiones entre los 15 000 autores que figuran en la Biblioteca Digital de David Graeber. El objetivo principal del proyecto —y no es nada fácil de lograr desde el punto de vista técnico— es crear una base de datos que puedan modificar y ampliar otros usuarios en diferentes idiomas.

El proyecto «Biblioteca Abierta de David Graeber» es una continuación de la investigación que comenzamos entonces. No quería llevar a cabo este proyecto sin David. Por eso se basa en su biblioteca. Es una investigación sobre el círculo de sus amigos y adversarios: personas a las que se tomaba en serio y, tal vez, aquellas a las que no prestó suficiente atención. Es un proyecto sobre su diálogo, muy vigente, con tantas personas a través del espacio y el tiempo. De este modo, David sigue participando en este proyecto conmigo y lo estamos llevando a cabo juntos.

Su biblioteca incluye tanto a autores vivos como a figuras históricas. Borges dijo una vez que «cuando los escritores mueren, se convierten en libros, lo cual, al fin y al cabo, no es una encarnación tan mala». Para mí, este proyecto es una continuación de mi diálogo con David, que se vio interrumpido de forma tan violenta. Este diálogo nunca fue privado, sino siempre colectivo, y debería ampliarse a todas las personas interesadas en participar en él: niños, personas ajenas al mundo académico, visitantes de la exposición y prácticamente cualquier otra persona, gente de diferentes culturas y que hable diferentes idiomas. Y lo más importante: una biblioteca así debería estar descentralizada.

Si la antropología nos invita a examinar nuestras creencias arraigadas a través de los ojos de otra cultura, quizá un buen punto de partida sea observar las conexiones que existían en la biblioteca de David desde la perspectiva de diferentes culturas, no para evaluarlas, sino para complementarlas, modificarlas y ampliarlas.

Quizá esta sea la definición de un archivo democrático.

Contacto:

info@davidgraeber.org

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