La UCCSN-AL frente a la carta de un grupo de premios Nobel en apoyo a los cultivos transgénicos

uccsnal.org

22 agosto, 2016

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La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina (UCCSN-AL) rechaza la carta firmada por varios Premio Nobel, a favor de los cultivos transgénicos y del arroz transgénico llamado “arroz dorado”.

Sobre los cultivos transgénicos

La UCCSN-AL reafirma los principios bajo los cuales se conformó:

[la transgénesis] es una tecnología que ya no forma parte del estado del arte de la ciencia actual, porque está basada en supuestos falaces y anacrónicos que reducen y simplifican la lógica científica que los defiende, al punto de no ser ya válida. Los transgénicos han quedado al margen de la ciencia más rigurosa. Al mismo tiempo, es la razón por la cual los transgénicos incluyen la necesidad de destruir las matrices complejas, como la de los pueblos originarios. Un verdadero plan de exterminio de saberes, culturas y pueblos. La tecnología transgénica es el instrumento de la decisión geopolítica para la dominación colonial de estos tiempos “(1).

Sobre el aumento de la productividad para alimentar a una población creciente

Los cuatro cultivos transgénicos que se comercializan de manera masiva están mayoritariamente destinados a la producción de agrocombustibles y de piensos para las industrias avícola, porcícola y cría de ganado vacuno, actividad que consume más del 65% del maíz y la soya transgénica que se produce en los pocos países que los cultivan, una forma muy ineficiente -desde el punto de vista energético- de producción agrícola. En torno a estos cultivos se han consolidado un oligopolio de corporaciones transnacionales que controlan la producción de semillas y granos, acopio, transporte y comercialización de commodities transgénicos; así como la producción masiva de animales, que son negocios cada vez más concentrados en menos manos. En este sentido, es claro que este modelo no contribuye con el objetivo de alimentar al mundo, sino que por el contrario compite y avasalla la producción de alimentos.

Por otro lado, el problema de falta de alimentos no está relacionado con la baja producción, sino con la forma en cómo está diseñado el sistema agroalimentario mundial, que ha minado los sistemas tradicionales de producción de alimentos, y con ello, la soberanía alimentaria y nutricional de los pueblos.

Los cultivos transgénicos no tienen mayores rendimientos

Están en entredicho las promesas hechas por los promotores de los transgénicos, de que estos cultivos tendrían mayores rendimientos. Cada uno de los países del Cono Sur donde se cultiva soja transgénica tiene rendimientos diferentes, siendo los más altos aquellos que se registran en Brasil y Argentina, donde los centros de investigación agrícola nacionales han dedicado muchos años al mejoramiento genético convencional de este cultivo. Por otro lado, los rendimientos de la soja en Ecuador, país libre de transgénicos, son más altos que en Bolivia y Paraguay (2). Otro ejemplo es el de la canola o colza. En Canadá́, (donde se cultiva mayoritariamente semillas transgénica), los rendimientos promedios entre 1986 y 2010 fueron de 1,459 kg/ha. El promedio en Europa Occidental, donde se siembra sólo colza convencional, los rendimientos promedio en el mismo período fueron de 3,188 kg/ha.

Estos datos indican que los rendimientos no están en función de la transgénesis, ya que los agroecosistemas son complejos y en sus dinámicas intervienen e interactúan múltiples factores.

Impactos en la salud

Los científicos que defienden la seguridad de los transgénicos sostienen que se ha encontrado consistentemente que éstos son tan o más seguros que los cultivos obtenidos con cualquier otro método de mejoramiento; que no producen impactos ambientales y que incrementan la biodiversidad global. Pese a ser repetidamente invocadas por los promotores de los transgénicos, estas afirmaciones no cuentan con el respaldo de investigaciones científicas serias, las cuales, por otra parte, nunca son citadas. En contraste con ello, en los últimos años han aumentado las evidencias científicas sustentadas en investigaciones realizadas por científicos independientes sobre los problemas ambientales y en la salud humana que entrañan tanto las prácticas de cultivo como el consumo de alimentos transgénicos (3).

En el análisis de los cultivos transgénicos no podemos dejar de considerar al paquete tecnológico al que vienen indisolublemente asociados estos cultivos. La mayoría de cultivos transgénicos son resistentes a herbicidas, y principalmente al cuestionado glifosato. En América Latina- -la región con mayor crecimiento del área sembrada con cultivos transgénicos-, los impactos que viven las comunidades asentadas en las zonas de influencia de estos es indudable.

En la última década, estas poblaciones han visto como su salud se ha deprimido, han aumentado notablemente los casos de cáncer, malformaciones congénitas, daños genéticos, enfermedades autoinmunes y otros daños a la salud asociados a los insumos y las prácticas que integran el paquete tecnológico con el que se siembran las semillas transgénicas. Resulta claro que para evaluar los impactos de esta tecnología es imposible analizar aisladamente a la semilla transgénica, cuya principal modificación genética es, por ejemplo, hacerla resistente a un herbicida. En el medio ambiente se ha evidenciado que los cuerpos de agua están contaminados, han declinado las poblaciones de especies polinizadoras, así como otras especies benéficas que aseguran la salud de los suelos y la biodiversidad local.

Además, hay millones de hectáreas sembradas con semillas transgénicas que contienen un gen que les permite sintetizar la toxina Bt, un insecticida que se produce en la planta transgénica, incorporado para controlar larvas de algunas lepidópteras que comen los cultivos. Sin embargo se ha demostrado que esta toxina afecta indiscriminadamente a diversas especies de insectos diezmando la biodiversidad y que podría producir daños en la salud humana de quienes están en contacto con éstos (4).

Cada día hay mayores evidencias médicas, científicas y agronómicas que demuestran los impactos, los riesgos e incertidumbres de este modelo irracional de producción, tanto para la salud de los trabajadores rurales, campesinos y campesinas, como para los habitantes de estas zonas rurales y los consumidores de alimentos producidos con esta tecnología.

Sobre el arroz dorado

El arroz dorado ha sido diseñado, junto con otros cultivos llamados “biofortificados”, como un medicamento genérico para niños desnutridos de “países pobres”. En el arroz dorado se usó una forma de manipulación genética múltiple, que podría afectar varias funciones de la planta. Varios autores han formulado críticas a esta tecnología (5) en el arroz dorado, que además no se encuentra disponible debido a que quienes la promueven no han logrado llegar a una formulación viable para distribuir. Aquí queremos abordar otras inquietudes.

Los problemas nutricionales de la población no están relacionados con la falta de un nutriente específico (en este caso la provitamina A), sino con las condiciones generales de pobreza y la pérdida de soberanía alimentaria, lo que ha obligado a miles de comunidades campesinas a abandonar sus tierras o subordinarse a los monocultivos impuestos por los agronegocios – cuya única prioridad es satisfacer las necesidades voraces de incrementar las ganancias de la agricultura agroindustrial y de la agroexportación- restando terreno a la producción de alimentos sanos y nutritivos. Creer que los problemas de desnutrición se van a superar con alimentos transgénicos biofortificados, es ignorar esta realidad.

Para suplir la demanda de arroz dorado, se tendrían que incorporar millones de hectáreas adicionales de tierras en zonas tropicales y subtropicales al cultivo del “arroz dorado”, avanzando sobre territorios que hoy están destinados a la producción de cultivos para la soberanía alimentaria, que pasarían a sufrir los problemas típicos asociados a la siembra de grandes monocultivos. Además, centenas de especies de plantas contienen pro-vitamina A, que desde hace mucho tiempo son conocidas, recolectadas y/o cultivadas por comunidades campesinas en todo el mundo. Cada pueblo puede y debe soberanamente seleccionar que especies va a consumir, de acuerdo a sus complejos conocimientos, preferencias y tradiciones, para cubrir las necesidades nutricionales.

Cabe entonces preguntarnos: ¿quién se beneficiaría si se impusiera esta nueva gran demanda de arroz dorado? Como otros cultivos transgénicos, el arroz dorado estará también controlado por las grandes empresas de agronegocios. El “esquema nutricional” basado en el arroz dorado implicará la presencia empresarial en toda la cadena, desde la semilla hasta su distribución final. Empezando por la semilla; dado que la tendencia global es prohibir que los campesinos guarden sus semillas, aunque el arroz dorado fuera distribuido sin cobrar patentes, esta sería controlada corporativamente, que a cambio podría demandar protección de su propiedad intelectual en todos los otros cultivos y variedades, como ya lo ha hecho en países donde las regulaciones no se la garantizan. ¿Qué pasaría entonces con los productores de arroz tradicional y con las miles de variedades de arroz criollo y tradicional?

En cuanto a la comercialización, en muchos países, los productores de arroz no tienen ninguna influencia en la fijación de precios. El precio es fijado por los grupos de poder local que controlan la transformación y distribución de este alimento; y a nivel internacional, el precio se establece en las bolsas de Bangkok y Chicago. Por consiguiente, el arroz dorado no generará soberanía alimentaria sino que, por el contrario incrementará la dependencia.

Se alentará el comercio internacional de arroz dorado, que estará controlado por los mismos grupos económicos que controlan otras commodities transgénicas.

Todo el dinero que se invertiría en la promoción e implementación de cultivos de “arroz dorado” en el mundo, en la importación de sus semillas o del mismo arroz, podría ser usado en la promoción de cultivos diversificados destinados a promover y consolidar la soberanía alimentaria y nutricional local y regional, así como en la recuperación y adopción de hábitos alimentarios saludables.

¿Es el criterio de un Premio Nobel irrefutable?

La ciencia que promueven estos premios Nobel se ha desarrollado en un contexto en el que hegemoniza una tecnociencia reduccionista, que se desarrolla sin el debido control social, cuyos impactos contribuyen a crear problemas ambientales y de salud, con alcances muchas veces catastróficos e irreversibles.

Aunque formalmente el premio Nobel tiene como objetivo reconocer y recompensar a personas que han realizado investigaciones sobresalientes, inventado técnicas o equipamiento revolucionario, o hayan hecho contribuciones notables a la sociedad, en las áreas de la medicina y fisiología (al igual que en otros campos), lo que ha apoyado finalmente es un tipo de investigación científica que ha facilitado un mayor control por parte de las empresas transnacionales de los procesos productivos, la privatización del conocimiento y de la vida. En el campo de las biotecnologías, a lo largo de los años este tipo de reconocimiento premió a olas de innovaciones científicas que condujeron al desarrollo de la ingeniería genética, en desmedro de tecnologías de aplicación más amplia y no controladas por oligopolios transnacionales. Varios de ellos son signatarios de la carta. Sus actividades han sido claves para desarrollar la industria biotecnológica bajo control de oligopolios corporativos e incluso varios tienen aún en el presente intereses comerciales en el tema, sea por empresas en las que participan o por la financiación de sus investigaciones. Por ejemplo, uno de los promotores de esta carta, Phillip A. Sharp, es cofundador de Biogen Inc. (ahora Biogen Idec) y de Alnylam Pharmaceuticals, Inc. (una empresa farmacéutica que desarrolla fármacos basados en el ARNi), lo cual muestra claramente este conflicto de intereses al presentar la carta con intereses altruistas.

Esta no es la primera declaración emitida por ganadores del premio Nobel defendiendo los transgénicos. Hace algunos años, una declaración similar fue promovida por Norman Borlaug, padre de la Revolución Verde (Premio Nobel 1970), quien vio en la biotecnología agrícola una segunda Revolución Verde, sin hacer ningún análisis crítico de los impactos causados por la primera.

Anteriormente, el premio Nobel de Fisiología y Medicina fue otorgado a Paul Hermann Müller, por el descubrimiento del DDT como un veneno de contacto de alta eficiencia contra muchos artrópodos. Irónicamente, los dramáticos efectos del DDT en el medio ambiente y en la salud humana significaron el inicio del trabajo científico y ciudadano contra los pesticidas, una lucha que todavía continuamos.

Ahora los firmantes de esta carta en defensa de los transgénicos y el arroz dorado privilegian el paradigma de las corporaciones de que la uniformidad genética es lo que conviene para elevar la producción. Esto particularmente grave porque sabemos que la diversidad genética de las variedades agrícolas es indispensable para enfrentar problemas como el hambre y es la única alternativa frente al cambio climático.

Nos preguntamos por todo esto, si la opinión de científicos laureados por el premio Nobel necesariamente es una opinión irrefutable, neutral y objetiva. Estos antecedentes y la falta de rigurosidad y argumentos fundados de esta carta muestran que no es así.

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Como UCCSN-AL creemos que en el proceso de toma de decisiones sobre la adopción de tecnologías, como las que hacen posible los cultivos transgénicos, y otras que están surgiendo (por ej. nanotecnología, biología sintética y geoingeniería), no sólo deben participar los llamados “científicos de ciencias exactas”, sino que deben incorporar además la opinión de otros campos del saber, así como la opinión de movimientos sociales, organizaciones de la sociedad civil, y representantes legítimos de los diferentes grupos sociales, pues el conocimiento científico y tecnológico es siempre parte de un proceso social, atravesado por tensiones, conflictos e intereses. Este nunca es neutral, absoluto ni definitivo, puesto que siempre es susceptible a cambios y revisiones, por lo que está sujeto permanentemente al debate.

Por eso manifestamos que el quehacer científico debe desarrollarse de una manera éticamente responsable y con un claro compromiso con la sociedad y la naturaleza, lo que nos lleva a rechazar los conceptos vertidos en la carta y a denunciar el papel ecocida y genocida de la agricultura industrial de cultivos transgénicos, destacando la necesidad de defender, promover, y multiplicar los modos de producción de alimentos culturalmente construidos por los pueblos de nuestra región, y por ello insustituibles a la hora de garantizar la autonomía, la sustentabilidad ambiental, la seguridad y la soberanía alimentaria.

Referencias:

1 http://uccsnal.org/documento-constitutivo-de-la-union-de-cientificos-comprometidos-con-la-sociedad-y-la-naturaleza-de-america-latina/

2 IICA. Indicadores 2012

3 Tenemos por ejemplo los estudios hechos por equipos de investigación de la Universidad Federal de Santa Catarina y Fiocruz en Brasil; Genok en Noruega, las facultades de Ciencias Médicas en Rosario y en la Universidad de La Plata, en Argentina; la Universidad de Milán, en Italia; y la Universidad de Caen, en Francia, por mencionar solo unos pocos.

4 Ver por ejemplo Vazquez et al. (2000). Brazilian Journal of Medical and Biological Research 33: 147–155. Finamore, et al. (2008). “Intestinal and Peripheral Immune Response to MON810 Maize Ingestion in Weaning and Old Mice,” J. Agric. Food Chem. 56 (23): 11533–11539.

5 Ver por ejemplo Stone y Glover (2016). Agric Hum Values. DOI 10.1007/s10460-016-9696-1

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Transgelandia: el Congreso de AAPRESID por dentro

El gran encuentro anual del agronegocio transgénico expuso durante tres días y en Rosario su relato. Este año además inventaron un verbo: “resiliar”

Por Darío Aranda, agosto de 2016

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El salón es muy amplio, unos 50 metros de largo y 100 de ancho. Cinco pantallas gigantes, generoso escenario y todas las sillas ocupadas, a tope. Luz tenue, música épica y un locutor sobrio que propone: «Los invitamos a ponernos de pie. Entonaremos el Himno Nacional argentino». El público deja los asientos y comienza con un recitado tibio, pero finaliza con fuerza y la bandera argentina en las pantallas. El locutor retoma: «Damos inicios al vigésimo cuarto congreso de Aapresid (Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa)». Aplausos sostenidos. Bienvenidos al congreso anual de los empresarios rurales y engranaje fundamental de los agronegocios de Argentina. Durante tres días quedará aquí en claro que ellos se consideran la vanguardia técnica y moral del campo.Y que, aunque utilicen millones de litros de agroquímicos, en público hablan de «sustentabilidad» y «cuidado del ambiente».

El origen

Aapresid se presenta como una oenegé técnica » sin fines de lucro», nacida en 19S9 y promotora de la producción sin arar la tierra (siembra directa). Son usuales las palabras emprendedor, entusiasta, eficiencia, sustentabilidad. Desde sus orígenes se diferenció de las organizaciones tradicionales del agro porque no basa su importancia en la tenencia de tierras (llegaron a definirse «somos los Sin Tierra»), sino en el «conocimiento». Se trata de empresarios exitosos que aplican tecnología. Uno de ellos, quizás el más conocido, es Gustavo Grobocopatel, integrante del mayor pool de siembra.

Durante la crisis de 2001-2002 tuvieron una aparición masiva, mediante la «soja solidaria». De la mano de la iglesia católica, el Gobierno y diversas oenegés pusieron en marcha un plan de donación de soja para los comedores barriales y escuelas, daban cursos de cómo cocinada y publicitaban las supuestas bondades alimenticias. Recibió muchos cuestionamientos de organizaciones sociales y nutricionistas, que la acusaban de ofrecer a los chicos carenciados el alimento de los chanchos y aves de Asia y Europa: la soja transgénica. Incluso publicitaban como «leche de soja» al jugo de la oleaginosa, lo que generó toda una confusión respecto a si era equivalente a la leche de vaca. Finalmente, la leche de soja fue considerada no recomendable para menores de 5 años y contraindicada para menores de 2.

Durante «el conflicto del campo» por la resolución 125 (2008), Aapresid mantuvo un perfil propio. Mientras el Gobierno y las entidades tradicionales del campo (Sociedad Rural, Federación Agraria, Confederaciones Rurales y Coninagro-Mesa de Enlace) aumentaban en la escalada de confrontación, Aapresid no entraba al ring, pero fijaba posición: «Rechazamos por inconstitucionales las medidas adoptadas por el Gobierno y celebramos la manifestación espontánea de los ciudadanos del interior del país, con el apoyo de los centros urbanos, es una clara demostración de civismo y conciencia democrática». Llamaron a apoyar a la Mesa de Enlace «para continuar con este esfuerzo conjunto hasta lograr la indeclinable vuelta atrás de la Resolución 125».

Bienvenidos

Centro de Convenciones Metropolitano, parte del Alto Rosario Shopping. Las barreras de ingreso al estacionamiento, que suben y bajan como si fuera hora pico, tienen carteles publicitarios de empresas del agro. Autos último modelo y camionetas 4×4. Una calle interna y un gran arco de ingreso blanco: «Bienvenidos al 24 Congreso Aapresid». Y un auspicio en letras azules: Ministerio de Agroindustria de la Nación.

Un patio al aire libre con una decena de maquinarias. Cosechadoras, tractores («mosquitos») fumigadores gigantes (de unos tres metros de alto), tolvas. En la jerga, «los fierros».

Acreditación y la primera bolsa con folletería y publicidad. Al final del día, serán decenas de bolsas, carpetas, diarios, trípticos.

Cada sala tiene nombre de un auspiciante. La más importante es de Bayer. Le sigue Rizobacter. Tres salas llevan el nombre de productos de la empresa DuPont y otras tres de Basf.

El hall central es amplio, unos 200 metros de cada lado. Muy iluminado, estilo hipermercado. Los stand, de distintos tamaños. Todas las empresas: Syngenta, Bayer, Don Mario, DuPont, Nidera, Basf, YPF, Agrofina (Grupo Los Grobo), Rizobacter, Bioceres, Dow, entre otras. Y gobiernos: Ministerio de Agroindustria de Nación, gobiernos de Santa Fe y Córdoba, Banco Provincia de Buenos Aires. Folletería en abundancia y saturación de promotoras por metro cuadrado. Pantalones hiperajustados, sonrisas en abundancia.

Las mujeres asistentes son clara minoría: dos mujeres por cada ocho hombres. Se las ve poco en las charlas y la desproporción es más evidente en los pasillos.

Los hombres visten informal. Mucho jean, camisas, chalecos polar, zapatillas o zapatos informales. Muy poco traje y corbata. Los pasillos por momentos están saturados . Los organizadores señalan más de 4 000 inscriptos. El acceso tiene precio: 1.000 pesos los estudiantes, 2.600 pesos para las organizaciones amigas y 3.700 los no socios. En los intervalos se ofrecen gratis manzanas, jugo de naranja, café y magdalenas.

Para ingresar a las charlas primero hay que sortear a una joven (claro, promotora) con un lector láser en la mano. Ellas controlan el código de barras de la credencial y habilitarán el paso.

«Somos resilientes»

La inauguración es en la Sala Bayer. Luz tenue, símil cine. Larga fila de sillas. Unos 30 metros de largo y 100 de ancho. Un pasillo en el medio, desde la puerta de ingreso hasta el escenario. Cámaras como en un estudio de televisión, incluso una aérea. Cinco pantallas gigantes y, de un lado, tres publicidades móviles (como en las canchas de fútbol) con productos de Bayer.

La sala está colmada. No alcanzan las sillas. Baja la luz y sube el volumen de la música. Proyectan el video institucional del 24 Congreso. Muestran el proceso de una tortuga recién nacida, intentando desarrollarse, con dificultad. Sube aun más la música. La tortuga está dada vuelta, caparazón abajo, y sigue dando lucha. Intercalan las imágenes con las palabras «constancia», «adaptabilidad», «autoconocimiento», «estrategia», «recuperación». Hasta que la tortuga se sobrepone y se desarrolla. Patas al suelo, la tortuga camina, vive. El mensaje de Aapresid: «Somos sustentables, somos resilientes»

Crear sentido

Cada congreso tiene un eslogan o palabra guía. En 2013 fue «Otra tierra». En 2014 La misión. Y en 2015 Biosapiens, la era del suelo. Este congreso utilizó como verbo la palabra «resiliar». En el diccionario existe «resiliencia», entendida como «capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos».

No existe el verbo, pero Aapresid la creó para su congreso anual y le impuso un sentido: «Reaccionar, rebelarse, sobreponerse a la adversidad, esforzarse, confiar en nosotros mismos, adaptarse modificarse. Seguir adelante. Interactuar con el entorno y recuperar el equilibrio. Afrontar situaciones que nos ponen a prueba, que nos obligan a dar el máximo y generan incertidumbre respecto del futuro. Confiar porque podemos transformarnos y volver a estar en condiciones de superar las adversidades. Entonces se revela el funcionamiento del sistema y su capacidad de recuperarse. Cuidamos, evolucionamos, seguimos aprendiendo, podemos resiliar».

La palabra aparecía en todos los espacios, folleterías, talleres, charlas y era repetida por la mayoría de los expositores, funcionarios incluidos.

Argentinidad

El1 locutor invita a entonar el Himno Nacional. Las pantallas muestran paisajes de las distintas provincias. De norte a sur. Comienzan a cantar el Himno de manera tímida, como en los actos escolares, pero va tomando fuerza con las estrofas. Terminan con pasión al momento de «juremos con gloria morir». En las cinco pantallas flamea la bandera nacional. Aplauso sostenido. Nacionalismo recargado.

En el panel de apertura están el presidente de Aapresid, Pedro Vigneau; el secretario de Valor Agregado del Ministerio de Agroindustria, Néstor Roulet (faltó el ministro Ricardo Buryaile); el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz; y la intendenta de Rosario, Mónica Fein.

Vigneau, de saco y corbata, pasa al atriL Enumera logros de los últimos meses:

El trabajo de la Red de Malezas Resistentes, espacio comandado por Aapresid que estudia las plantas no deseadas. También participan INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), universidades, Senasa y empresas de transgénicos.

Certificación de «buenas prácticas agrícolas (BPA)» junto a Casafe (cámara de las empresas de agroquímicos). «BPA» es un término que justifica el uso masivo de plaguicidas y culpa al «mal uso» (y no al modelo) de las consecuencias sanitarias y ambientales.

Un trabajo conjunto a las facultades de Agronomía y Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires con » nuevos conocimientos para la sustentabilidad».

El crecimiento de Aapresid,con un grupo incluso en Brasil.

Y no le escapó a la coyuntura política: «Se siente un ambiente distinto. Se respira esperanza. Por primera vez en muchas décadas, la pelota esta de nuestro lado». El auditorio le respondió con aplausos.

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En casa

La intendente señaló que es un «gran orgullo» que Aapresid haya elegido Rosario y, en sintonía con el discurso de los productores, celebró la «innovación, la ciencia, las buenas prácticas agrícolas, la sustenbilidad». Y, por si quedaban dudas: «Coincido en que existen aires de cambio, que espero fortalezcan el diálogo para plasmar políticas de Estado. Comparto también con Aapresid el espíritu de resiliencia». Y pidió que Aapresid se sienta «como en su casa».

Néstor Roulet, ex vicepresidente de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) y actual secretario de Valor Agregado, recordó su participación como productor y como disertante en los congresos anteriores. «Es la primera vez que Argentina tiene política agroindustrial. Estamos trabajando en la presión impositiva (bajar impuestos) y mejorar el crédito», comenzó. Y arrancó las primeras señales de aprobación. Prometió que el país producirá más para llegar al «hambre cero», felicitó a Aapresid por ser parte de ese avance.

A tono con el congreso, reiteró la importancia de «cumplir en lo ambiental» y destacó que el país está en la vanguardia mundial de la biotecnología (transgénica).

Prometió avanzar en nuevas variedades de soja y en el «arroz dorado», transgénico muy cuestionado a nivel internacional.

El gobernador Lifschitz dio el discurso más largo, monocorde y complaciente. «Nuestra capital social es nuestra fortaleza. Y Aapresid es nuestro mejor ejemplo, que muestra la interacción privada, del Estado y científica»,celebró. Explicó que acortó su gira por Estados Unidos para estar presente en el panel de apertura. «Celebro esta nueva edición del congreso. Ustedes han sorteado todas las políticas y contratiempos (del gobierno anterior). Pero están acá, esta provincia es su casa. Compartimos sus metas de producir más alimentos, con menos recursos y con una agricultura sustentable». Y finalizó: «Celebro resiliar».

Aapresid crea conceptos y relatos. La clase política los hace propios, los repite e impulsa las políticas públicas sugeridas por la institución. Lo empresario se impone a lo público. Aapresid lo hizo.

Las críticas al agronegocios siempre fue catalogada por Aapresid como como «ideológicas» o «políticas». Por contraposición, Aapresid hizo (y hace) hincapié es su perfil técnico y no partidario. Pero llegó Cambiemos: Ignacio Garciarena, de la Regional Aapresid 25 de Mayo, asumió como Director Nacional de Agricultura. «Un orgullo para Aapresid», señaló la gacetilla de prensa de la entidad el 5 de enero. Muy activo en las redes sociales, el 17 de octubre twiteó: «Día de la lealtad clientelista».

Gran impacto produjo la designación de la saliente presidenta de Aapresid, María Beatriz Pilu Giraudo, en el Ministerio de Agroindustria. Se le creó un área especial –coordinadora de Políticas Públicas para el Desarrollo Sustentable- que depende directamente del ministro Ricardo Buryaile y tiene injerencia en todas las áreas de la cartera. Es la referente ambientaldel Ministerio.

Explicó que su principal tarea será implementar en todo el país las «buenas prácticas agrícolas» para fumigar a distancias mínimas de las viviendas y «sincronizar las diversas legislaciones». Las empresas del agro desean desde hace años una ley naciónal que legitíme las fumigaciones.

«Tenemos que enamorar a los argentinos, convencerlos de que no contaminamos», explicó Giraudo al sitio Agrovoz y explicó el objetivo en la función pública: «En definitiva, vamos a tomar lo que veníamos impulsando desde Aapresid como política pública y convertirlo en una marca país».

Lo no dicho

Durante los tres días se hizo eje en la agricultura sustentable, el cuidado del ambiente e, incluso, cómo el modelo agropecuario ayudaría a mitigar el cambio climático. Ningún dirigente de Aapresid, ni asociado ni expositor vinculó el modelo impulsado por la entidad con hechos menos publicitados:

Aumento de uso de agroquímicos. 70 millones de litros en 1996. Más de 300 millones de litros en 2012.

Desmontes. El agronegocios avanzó sobre zonas extra pampeanas, conocido como «corrimiento de la frontera agropecuaria». Más de 5 millones de hectáreas desmontadas.

Concentración de tierras en pocas manos: el 2% de las explotaciones agropecuarias concentran el 50% de la tierra cultivada. El 57% delaschacras sólo tienen el 3%

Desalojos y represión sobre campesinos y pueblos indígenas. Solo en el norte del país, donde más avanzó el modelo agropecuario, existen once millones de hectáreas en disputa. Relacionado: profundización del éxodo del campo a la ciudad. El propio INTA, brazo técnico-estatal del agronegocios, alertó en diciembre pasado: «El principal objetivo del modelo agropecuarioactuales maximizar la renta con una mirada de corto plazo, poniendo en situación crítica al sistema agroalimentario (…) No se ha tenido en cuenta que el uso excesivo de plaguicidas pone en serio riesgo al recurso suelo «.

Postales transgénicas

Resumen de la veintena de entrevistados en los pasillos. Asistentes: productores-empresarios de Bolívar, Totoras, Paraná, San Jorge, Río Cuarto, Marcos Juárez y Junín, entre otros. Conceptos recurrentes: sustenlabilidad, eficiencia, tecnología en el agro, producir para combatir el hambre del mundo. Al mismo tiempo que impulsan el uso masivo de transgénicos y agroquímicos (lo llaman «fitosanitarios»), niegan consecuencias del modelo. Ninguno vive en el campo, si en los pueblos o ciudades cercanas a la explotación agropecuaria. No se definen como empresarios, sí como productores o «emprendedores». Otra coincidencia: rechazo al kirchnerismo y apoyo a Macri.

El 6,7,8, agropecuario: stand de los diarios La Capital (Rosario), La Nación, Clarín; radios La Red, Continental, Mitre, Cadena 3; Agro TV, Infocampo y Chacra, entre otros. Medios de apoyo explícito al modelo agropecuario y con generosas pautas de las mismas empresas. Hubo un panel específico sobre periodismo: Desafíos en la comunicación del campo a la sociedad, a cargo de Casafe y Nidera. El eje: cómo comunicar mejor las bondades del agronegocios.

Uso correcto de fitosanitarios para el cuidado de las comunidades y el ambiente fue el nombre del panel donde Edda Vülaamil Lepori (Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA) y Olga Heredia (Facultad de Agronomía de la UBA) exhibieron parte de los resultados de un trabajo sobre agroquímicos en Pergamino y Chivücoy. Ambas científicas (junto a otros de la UBA), fueron cuestionadas por la Asamblea por la Protección de la Vida, la Salud y el Ambiente de Pergamino. Entre muchas críticas (detalladas en lavaca. org) demostraron que las académicas no buscaron los químicos más usados en la actualidad (glifosato, atrazina, 2-4-D), no realizaron estudios imprescindibles (de orina y de daño genético) y minimizaron los resultados. Fue un «estudio» para legitimar a los agroquímicos.

En el mismo panel, Ramiro Cid (INTA) y Eduardo Moavro (Ministerio de Agroindustria) celebraron el proyecto de ley con media sanción en Buenos Aires que permite fumigar hasta diez metros de las viviendas y despreciaron a los críticos: «Son malintencionados que carecen de fundamentos científicos-técnicos». El ministro de Agroindustria de Buenos Aires y ex gerente de Monsanto, Leonardo Sarquís, adelantó que la Cámara de Diputados bonaerense transformará en ley este proyecto.

El ministro de Ambiente, Sergio Bergman, también estuvo presente. A tono con los dueños de casa, celebró las «buenas prácticas» agrícolas y pidió que «las iniciativas de la sociedad civil, como Aapresid, se transformen en políticas públicas».

En síntesis: el 24 Congreso de Aapresid emito un discurso técnico y supuestamente apolítico. Utilizó términos ambientales y relatos de superación. Exhibió su alianza con medios de comunicación, políticos, transnacionales y científicos. Expuso su darwinismo empresario, construcción de hegemonía e impulso de políticas públicas en favor de las empresas.

Tres jornadas en las que Aapresid ratificó por qué es un engranaje fundamental del agronegocios local, cómo acumula poder y promete ir por más.

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