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Los riesgos de trabajar en la fractura hidráulica

Por Sydney Baldwin, Ryanne Waters , Katherine Cirullo, 30 de agosto de 2014

Common Dreams

Imagen: http://www.ecologiaverde.com/el-gobierno-de-espana-facilita-la-fractura-hidraulica/

Imagen: http://www.ecologiaverde.com/el-gobierno-de-espana-facilita-la-fractura-hidraulica/

¿Vale la pena arriesgar la salud e incluso la vida por un salario? La Industria de extracción de gas y petróleo dirá que sí, pero los antiguos trabajadores de esta Industria con los que hemos hablado no están tan convencidos.

En Food & Water Watch se publicó recientemente Puestos de trabajo tóxicos: los peligros de trabajar en la fractura hidráulica, que es una breve investigación sobre los peligros a los que se está expuesto en los trabajos de fractura hidráulica. Largas horas de trabajo, sin las adecuadas normas de seguridad y control, ausencia de ayudas por lesiones en el trabajo y el contacto con productos químicos peligrosos, los antiguos trabajadores de esta Industria coinciden en que los puestos de trabajo de la fractura hidráulica son perjudiciales. Al reflexionar sobre los éxitos económicos y sociales del movimiento obrero durante el pasado fin de semana, es evidente que la Industria de la fractura hidráulica puede haber perdido el rumbo en su agenda.

La fractura hidráulica consiste en la perforación de una formación rocosa específica e inyectar grandes cantidades de agua, arena y productos químicos tóxicos a una gran presión para producir una fractura de la roca y liberar el petróleo y el gas allí presentes. Los productos químicos utilizados en el proceso de fractura hidráulica pueden causar cáncer y dañar el sistema nervioso, el inmunológico y el cardiovascular, así como alterar el sistema endocrino.

Los trabajadores pueden estar expuestos a compuestos orgánicos volátiles, tales como el benceno y el tolueno, así como el metano, que se emiten durante las operaciones de fractura hidráulica y mezclarse con el óxido de nitrógeno procedentes de los vehículos diésel y de los equipos fijos, formándose ozono a nivel del suelo. También están expuestos a la arena de sílice, que se utiliza muy a menudo en la fractura hidráulica, y que es un conocido carcinógeno. La exposición a largo plazo a la sílice, el componente que constituye hasta el 99% de la arena utilizada en la fractura hidráulica, aumenta la probabilidad de padecer silicosis, que daña el tejido pulmonar e inhibe la función respiratoria. Su inhalación hace a una persona más propensa a la tuberculosis, y también se asocia con trastornos inmunes y enfermedad renal.

Randy Moyer, que solía trabajar como subcontratado en la Industria de la fractura hidráulica, se ocupaba de las aguas residuales producidas, y nos contó que ha vivido los tremendos efectos de hacer frente a productos químicos y aguas residuales con componentes radiactivos. Afirma que las consecuencias de pasar incontables horas sometido a esta exposición, le produjo erupciones cutáneas, llagas e inflamación de los órganos. “Cuando me aparecieron las primeras erupciones, era terrible: era como que te quemaran, y no había forma de calmarlo”, dijo Randy.

Para empeorar las cosas, los que están en primera línea arriesgan su salud y su vida cada día para la Industria de la fractura hidráulica, rara vez son compensados por los problemas de salud que sufren. Randy explicó que lleva 35 meses sin recibir ninguna indemnización ni cobertura médica, con más de veinte visitas a los servicios de urgencia y un sinfín de citas médicas. “Se puede decir que todo corre por mi cuenta”, dijo.

Además de la exposición a productos químicos y radiactivos, los trabajadores tienen que hacer frente a otros peligros, tales como la disposición de equipos precarios y largos horas en un trabajo extenuante. Como resultado, la tasa de mortalidad en la Industria del petróleo y del gas es de 6,5 veces el promedio nacional. Desde 2003 a 2012, 26 de cada 100.000 personas murieron en las labores de extracción de gas y petróleo. El promedio nacional en Estados Unidos es de cuatro muertes por cada 100.000 personas.

fractura_hidraulica_accidentesA medida que explotan a los trabajadores, la Industria del gas y del petróleo quiere vender los llamados beneficios económicos de la fractura hidráulica”, dijo el Director de Food & Water Watch, Wenonah Hauter. “ Pero, ¿de qué sirve un empleo que lesiona a los trabajadores y les roba su salud? No podemos permanecer impasibles y permitir que esta Industria se beneficie de la explotación de su fuerza de trabajo. Las experiencias de estos trabajadores ponen de relieve que la fractura hidráulica es un proceso tóxico hasta la médula”.

Con estos riesgos tan altos asociados con el trabajo en esta Industria, los trabajadores de este peligroso sector deben recibir una amplia formación en seguridad y deben saber manejar correctamente los productos químicos con los que trabajan. Sin embargo, Randy explicó que los trabajadores tienen prohibido hablar de los productos químicos que manipulan y a los peligros a los que están expuestos en su lugar de trabajo. “No se les permite siquiera hablar de ello; si hablas, te despiden. Así que nadie habla, la Empresa tampoco dice nada, los trabajadores no pueden hablar porque no se les permite, por el miedo a ser despedidos”.

Para empeorar las cosas, muchas compañías de petróleo y de gas ofrecen incentivos a sus trabajadores para que no den conocimiento de los accidentes que han tenido, ni de las reclamaciones de indemnización, con el fin de mantener una buena impresión y no distorsionar las estadísticas de seguridad.

De forma muy frecuente, los accidentes se ocultan bajo la alfombra por los supervisores de obra y los ejecutivos con el fin de proteger sus ganancias. Un veterano de la Industria de la fractura hidráulica, y antiguo perforador con más de 30 años de experiencia. Lee McCaslin nos explicó que los trabajadores que resultaron muertos o heridos habían pagado en sangre su capacitación en seguridad laboral. “Caminé con un dedo del pie roto y con una costilla rota para llegar hasta la plataforma de seguridad y recibir un extra de 57 dólares como premio de seguridad. No sé si valía la pena tal sufrimiento”, dijo Lee. “Incluso cuando nuestros jefes sabían que estábamos heridos, siempre y cuando no diésemos ninguna notificación de accidente teníamos acceso a esa gratificación”.

Permitir que los trabajadores, exhaustos, operen con maquinaria pesada en unas condiciones tan peligrosas sin ninguna consideración por su seguridad, es una práctica común en la fractura hidráulica. Muchos de los accidentes que se producen se deben a las largas e irregulares jornadas de trabajo. Lee McCaslin recordó que trabajaba catorce horas diarias. “Tantas horas le convierten a uno es una especie de medio zombi allí por donde camina”.

Se trata de una Industria que no valora en absoluto la seguridad, e incluso vive de sus trabajadores. “El trabajador es imprescindible para la Industria, y siempre hay alguien dispuesto a llenar el hueco dejado”, bromeó Randy.

Cuando se le preguntó qué le diría a alguien que quisiera trabajar en la fractura hidráulica, Randy dijo:”Es un empleo que va a minar su salud. Con períodos cortos ya es suficiente para que se resienta. Si valora su salud, ni siquiera se acerque”. Lee reflexiona sobre su período como trabajador de esta Industria: “Estoy agradecido por cómo me ha ido la vida”. Nadie debiera temer por su vida en el trabajo, pero por desgracia es una realidad a la que los trabajadores de la Industria del petróleo y el gas se enfrentan día a día

Actualización: Los estudios preliminares realizados por el Centro de Control de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), han revelado que los trabajadores de esta Industria están expuestos a niveles superiores de benceno a los recomendados.

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Sidney Baldwin y Ryanne Waters trabajan en Food & Water Watch.

Katherine Cirullo es asistente de comunicaciones de Food & Water Watch. Proporciona apoyo al equipo de comunicaciones, en particular mediante el seguimiento y organización de los medios de comunicación. Tiene una licenciatura en Sociología, especializada en estudios ambientales por la Universidad de Colorado. También tiene experiencia en la agroecología y política ecológica de los bosques y océanos en Tailandia. Puede ponerse en contacto con ella en kcirullo@fwwatch.org .

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http://www.commondreams.org/views/2014/08/30/how-fracking-industry-undermines-labor

Historia del uso medicinal del cannabis: una revisión

Por Antonio Waldo Zuardi

Departamento de Neurología, Psiquiatría y Psicología Médica, Facultad de Medicina de Ribeirão Preto, Universidad de São Paulo (USP), São Paulo (SP), Brasil

Revista Brasileira de Psiquiatría

Print version ISSN 1516-4446

scielo.br

cannabis

Resumen

El uso medicinal del cáñamo se viene realizando desde antes de la Era Cristiana en Asia, principalmente en la India. La introducción del cáñamo en la Medicina Occidental se produjo en el siglo XIX, alcanzando su período de mayor apogeo en la última década de ese siglo, mediante el uso de extractos del cáñamo o tinturas. En las primeras décadas del siglo XX, el uso medicinal del cáñamo disminuyó de manera significativa debido sobre todo a las dificultades para obtener resultados consistentes a partir de lotes de plantas de muy diversas potencias. La identificación de la estructura química de los componentes del cáñamo y la posibilidad de obtener sus componentes puros ha supuesto un aumento significativo del interés científico hacia esta planta, desde el año 1965. Este interés se renovó en 1990 con la descripción de los receptores de los cannabinoides y la identificación de un sistema cannabinoide endógeno en el cerebro. Un nuevo ciclo de utilización medicinal de los derivados del cáñamo ha dado comienzo desde que su eficacia y seguridad en los tratamientos se ha demostrado científicamente.

Palabras clave: Cannabis; cannabinoides; tetrahidrocannabinol; Historia; Usos terapéuticos

Antes de la Era Cristiana

Cannabis sativa (cáñamo) es una de las primeras plantas cultivadas por el hombre. Las primeras evidencias del uso del cáñamo se remontan a China, donde hallazgos arqueológicos e históricos indican que esta planta se cultivaba para la obtención de sus fibras, ya en el año 4.000 antes de C. (1). Con las fibras obtenidas del tallo del cáñamo, los chinos fabricaban cuerdas, telas e incluso papel. Fibras textiles y papel elaborado a base de cáñamo se han encontrado en la tumba del emperador Wu (104-87 a. de C.) de la Dinastía Han (1).

Los chinos también utilizaban los frutos del cáñamo como alimento. Son unos pequeños frutos ( de 3 a 5 mm), de forma elíptica, lisos, con una cáscara dura, que contienen solamente una semilla. Las primeras evidencias del uso de estas semillas son de la Dinastía Han (206 a. de C.- 220 d. de C.). A comienzos de la Era Cristiana, con la introducción de nuevos cultivos, el cáñamo deja de tener importancia en China como alimento, aunque hoy en día todavía se utilizan sus semillas para fabricar en Nepal un aceite de uso doméstico (2).

El uso del cáñamo como medicina en la China Antigua ya aparece en la farmacopea más antigua del mundo, el Pen-Ts’ao Ching, una compilación realizada en el primer siglo de esta era, basándose en tradiciones orales transmitidas de la época del emperador Shen-Nung, que vivió hacia el año 2700 a. de C. Las indicaciones de uso del cáñamo incluyen: dolores reumáticos, catarro intestinal, trastornos del sistema reproductor femenino, paludismo y otras (2). Al comienzo de la Era Cristiana, Hua To, fundador de la cirugía en China (110 al 207 d. de C.) utilizaba un compuesto de esta planta, mezclado con vino, para así anestesiar a los pacientes durante las operaciones quirúrgicas (1).

Página del Pen-Ts'ao Ching (Imagen: http://antiquecannabisbook.com/chap2B/China/Pen-Tsao.htm)

Página del Pen-Ts’ao Ching (Imagen: http://antiquecannabisbook.com/chap2B/China/Pen-Tsao.htm)

Los chinos también utilizaron las semillas de cáñamo para uso médico (1), por lo que se puede suponer que se referían a esta parte de la planta cuando describen sus propiedades medicinales. Hasta hoy en día, las semillas de cáñamo se siguen utilizando por los médicos chinos como laxante (2). Las semillas tienen muy pequeña cantidad de D 9-tetrahidrocannabinol (THC D 9), que es considerado el principal componente activo de la planta y se componen de ácido grasos esenciales y proteínas. Hoy en día se considera que algunos de estos ácidos grasos tienen efectos terapéuticos, tales como el ácido g-linoleico, cuyo uso tópico se recomienda para el eccema y la psoriasis, y de forma oral para la ateroesclerosis, osteoporosis, artritis reumatoide y otras enfermedades inflamatorias (3). En China, el uso médico del cáñamo nunca llega a alcanzar la importancia que alcanzó en la India.

La primera referencia al uso del cáñamo como droga psicoactiva también aparece en el Pen-Ts’ao Ching, como se puede observa en una de las frases: “… ma-fen (fruto del cáñamo)… si se toma en exceso producirá visiones de demonios… durante largo tiempo hace que uno se comunique con los espíritus y aligera el cuerpo…”(4). A pesar de esta referencia, hay escasas citas de la utilización del cáñamo como alucinógeno en los antiguos textos chinos. Una posible explicación es que tal uso se asociaba probablemente con el chamanismo, la religión de las personas de Asia Central. Durante la Dinastía Han, esta práctica religiosa empezó a declinar en China, y llegó a estar muy restringido el número de seguidores. Los textos antiguos rara vez mencionan el chamanismo, y por lo tanto no se hace referencia al uso del cáñamo como alucinógeno (2). Aunque el chamanismo se fue restringiendo paulatinamente en China, era bastante común entre las tribus nómadas del norte, que pueden haber contribuido a la difusión del cáñamo en el centro y el oeste de Asia y en la India (4).

En la India el uso del cáñamo estaba muy difundido, tanto como medicamento como droga recreativa. Un uso tan amplio puede deberse al hecho de que el cáñamo mantiene una relación estrecha con la religión, que asigna virtudes sagradas a la planta. El Atharva Veda ( una colección de textos sagrados de autor desconocido) menciona el cáñamo como una de las cinco plantas sagradas, refiriéndose a ella como fuente de felicidad, de alegría, portadora de la libertad. Por lo tanto, el consumo de cáñamo se convirtió en parte de los numerosos rituales religiosos en esta región (2).

El cuarto de los Vedas, el Atharva Veda, donde se mencionan las preparaciones líquidas del cáñamo

El cuarto de los Vedas, el Atharva Veda, donde se mencionan las preparaciones líquidas del cáñamo

Los efectos psicoactivos de planta eran muy conocidos en la India, posiblemente por la forma en que se preparaba para su uso, incluyéndose al menos tres formas distintas. La forma más débil, Bhang, se compone de hojas secas de las que eliminan cuidadosamente las flores. Una forma más fuerte, Ganja, que se preparaba con las flores hembra de la planta. La forma más fuerte de todas ellas era el Charas, constituida exclusivamente por la resina que cubre las flores femeninas (2). Estas formas de preparación garantizan la presencia de los principios activos del cáñamo. Actualmente sabemos que la planta tiene unos pelos secretores que se encuentran principalmente en las flores hembras de la planta y, en menor cantidad, en las hojas del tercio superior. Las glándulas de resina, los tricomas glandulares, se encuentran sobre todo en el extremo de los tallos. Estas glándulas tienen una cantidad considerable de cannabinoides activos. Rompiendo estas glándulas se liberan los cannabinoides (5).

En la India, el uso médico y religioso del cáñamo comenzó probablemente en torno al año 1000 antes de Cristo (6). La planta se ha empleado para múltiples funciones: analgésico (neuralgia, dolor de cabeza, dolor de muelas), anticonvulsivo (epilepsia, tétanos, la rabia), hipnóticos, tranquilizantes (ansiedad, manía, histeria), anestésico, anti-inflamatorio (reumatismo y otras enfermedades inflamatorias), antibióticos (uso tópico en infecciones de la piel, erisipela, tuberculosis), antiparasitarios (gusanos internos y externos), antiespasmódicos (cólicos, diarrea), digestivo , estimulante del apetito, diurético, afrodisíaco o anafrodisíaco, antitusivo y expectorante (bronquitis, asma) (2, 6-7).

Además, el cáñamo ha sido considerado tradicionalmente sagrado en el Tíbet, aunque poco se ha escrito de su uso religioso o medicinal. En el budismo tántrico, que se desarrolló en el Himalaya, se utilizó el cáñamo para facilitar la meditación (2). Aunque pocas veces se haya dicho, el cáñamo se ha utilizado en el Tíbet de forma intensa: los conceptos de la medicina tibetana provienen de la medicina de la India; la botánica siempre ha tenido una gran importancia en su farmacopea; por otro lado, el cáñamo es muy abundante en esa región (2).

Las evidencias también sugieren que los asirios conocían los efectos psicoactivos del cáñamo y lo usaron como incienso desde el siglo IX a, de C. (2). También es posible que antes de la Era Cristiana, los asirios usaran la planta externamente contra moratones e hinchazones, e internamente contra la depresión, la impotencia, la artritis, cálculos renales, dolencias femeninas y para anular la brujería (7).

En Persia, el cáñamo también era conocido desde antes de la Era Cristiana (6). Los persas conocían el efecto bifásico de esta planta, e hicieron una clara distinción entre la euforia inicial y los efectos tardíos disfóricos (2).

En Europa, las evidencias históricas y arqueológicas sugieren la presencia del cáñamo antes de la Era Cristiana. Parece que la planta fue introducida por los invasores escitas, que desde el Asia Central llegaron hasta el Mediterráneo. En el año 450 a, de C, Herodoto describió una ceremonia fúnebre escita, y decía que inhalaban los vapores provenientes de la quema de semillas de cáñamo con fines rituales y eufóricos. Esa descripción tuvo más tarde una confirmación cuando los arqueólogos encontraron semillas de cáñamo carbonizadas en las tumbas escitas en Siberia y Alemania (7).

Las referencias al uso del cáñamo por griegos y romanos son escasas, lo que sugiere que fue poco utilizado por estas culturas (2,6). Al comienzo de la Era Cristiana, hay dos referencias de la utilización del jugo de las semillas contra el dolor de oído y para expulsar de los oídos gusanos e insectos (7).

Desde el comienzo de la Era Cristiana hasta el siglo XVIII

En este período, el uso medicinal del cáñamo sigue siendo muy importante en la India, extendiéndose luego a Oriente Medio y África. En Arabia, se menciona el cáñamo en los compendios médicos, como el de Avicena, en torno al año 1000 d. de C. (8). Los textos musulmanes mencionan el uso del cáñamo como diurético, digestivo, contra las flatulencias, para limpiar el cerebro y para calmar el dolor de oídos. En 1464. Ibn al-Badri informa del tratamiento del hijo epiléptico del chambelán del califa con resina de esta planta: “Lo curó por completo, pero se convirtió en un adicto, de modo que no podía estar sin esta droga ni un momento” (7).

El cáñamo es conocido en África por lo menos desde el siglo XV, siendo su uso posiblemente introducido por los árabes, que de alguna manera lo conocieron de la India. Hay evidencias por la similitud de términos utilizados para la preparación de esta planta tanto en África como en la India. En África, la planta se utilizó contra las mordeduras de serpiente, para facilitar el parto, contra la malaria, la fiebre, el envenenamiento de la sangre, el ántrax, el asma y la disentería (9).

En América, el uso del cáñamo comenzó probablemente en América del Sur. En el siglo XVI, las semillas de la planta llegaron a Brasil, traídas por los esclavos africanos, sobre todo los de Angola, y fue de uso común entre los negros de las zonas rurales del noroeste. La mayoría de los sinónimos del cáñamo en Brasil (maconha, diamba, liamba y otras) tienen su origen en la lengua de Angola. Se tienen noticias del uso del cáñamo en los rituales religiosos populares de esa región, especialmente el Catimbó, que incluye el culto a deidades africanas y supone la puesta en valor de la planta para el tratamiento de enfermedades y en la prácticas de magia. En el medio rural, hay noticias sobre el uso del cáñamo para los dolores de muelas y para los dolores menstruales (10).

En Europa, durante este período, el cáñamo se cultiva exclusivamente para la obtención de fibras. Los musulmanes introdujeron el papel fabricado de cáñamo por primera vez en España en 1150 y luego en Italia (7). Hay abundantes descripciones del cáñamo en los libros de plantas escritos en este período, y desde mediados del siglo XVII se distinguen entre plantas macho y hembra (distinción ya realizada en un ideograma chino de comienzos de la Era Cristiana) (7). Las referencias al uso médico del cáñamo son escasas. Puede que los europeos hayan conocido el uso médico de la planta a través de Oriente Medio y de África, aunque se confunde con el opio (7).

Página del libro Pedacio Dioscorides Anazarbeo, anotado y traducido por el doctor Andrés Laguna. Se imprimió por primera vez, en latín, en 1478, en Colle (Toscana) por Pedro Paduano.

Página del libro Pedacio Dioscorides Anazarbeo, anotado y traducido por el doctor Andrés Laguna. Se imprimió por primera vez, en latín, en 1478, en Colle (Toscana) por Pedro Paduano.

Uso en la medicina occidental en los siglos XIX y XX

Hay algunas noticias sobre el uso del cáñamo por parte de los médicos europeos desde principios del siglo XIX, especialmente por uso de las semillas y en medicamentos homeopáticos. Sin embargo, la introducción efectiva del cáñamo en la medicina occidental se produce a mediados del siglo XIX a través de las obras de Willian B. O’Shaughnessy, médico irlandés, y por el libro de Jacques-Joseph Moreau, un psiquiatra francés.

O’Shaughnessy sirvió en la India durante varios años y tuvo el primer contacto con el consumo de cáñamo en este país. Estudió la literatura existente sobre esta planta, describiendo muchas de las preparaciones populares, evaluando su toxicidad en animales y, más tarde, probando sus efectos en pacientes con diferentes patologías. En 1893, publicó la obra “Preparativos del cáñamo en la India, o gunjah”, en cuyo primer párrafo establece el siguiente panorama sobre el uso de la planta:

Los efectos narcóticos del cáñamo son muy conocidos en África del Sur, en América del Sur, en Turquía, en Egipto, en Oriente Medio, la India y territorios adyacentes, malayos, birmanos y siameses. En todos estos países, el cáñamo se utiliza de diversas formas, tanto por el disipado como por el depravado, por ser un agente que produce un estado agradable de ebriedad. En la medicina popular de estos países, se emplea para una multitud de afecciones. Pero en Europa Occidental, su uso como estimulante o como remedio es desconocido” (8).

En su libro, O’Shaughnessy describe varios experimentos realizados en humanos utilizando preparaciones de cáñamo para el reumatismo, las convulsiones, y sobre todo para los espasmos musculares producidos por el tétanos y la rabia (6,8).

Moureau utiliza el cáñamo con un propósito diferente. Era médico asistente en el Asilo de Charenton, cerca de París, y era práctica terapéutica habitual en la época realizar con los pacientes con problemas psiquiátricos largos viajes a países exóticos y lejanos. Durante estos viajes, observó el uso del hachís (resina del cáñamo) de forma corriente entre los árabes, y quedó impresionado por los sorprendentes efectos de la sustancia. En París, alrededor de 1840, Moureau decidió experimentar de manera sistemática diferentes preparaciones del cáñamo; primero en sí mismo y luego en los estudiantes. Como resultado, publicó en 1845 el libro “Del hachís y la alienación mental: estudios psicológicos”, siendo una de las descripciones más completos de los efectos agudos del cáñamo (11). Moureau establece claramente su propósito: “…Vi en el hachís, más específicamente en sus efectos sobre la capacidad mental, un método potente y único para investigar la génesis de la enfermedad mental” (12).

Estos dos diferentes empleos médicos del cáñamo, sus efectos psicoactivos ( como psicotomimética experimental), así como su uso terapéutico, persistieron a lo largo de los años. Las contribuciones de O’Shaughnessy y de Moureau tuvieron gran impacto en la medicina occidental, sobre todo debido a la escasez de opciones terapéuticas para el tratamiento de enfermedades infecciosas como la rabia, el cólera y el tétanos. El uso médico de la droga se extendió desde Inglaterra a Francia, llegando a toda Europa y luego a América del Norte. En 1860, tuvo en Estados Unidos la primera conferencia clínica sobre el cáñamo, organizada por la Sociedad Médica del Estado de Ohio.

En la segunda mitad del siglo XIX, más de 100 artículos científicos se publicaron en Europa y los Estados Unidos sobre el valor terapéutico del cáñamo (13). El momento de mayor apogeo en el uso médico del cáñamo se produce a finales del siglo XIX y principios del sigo XX. Varios laboratorios comercializan extractos y tinturas de cáñamo, como Merck (Alemania), Burroughs-Wellcome (Inglaterra), Bristol-Meyers Squibb (Estados Unidos), Parke-Davis (Estados Unidos), y Eli Lilly (Estados Unidos) (8).

Las indicaciones médicas del cáñamo a comienzos del siglo XX están resumidas en Sajous Analytic Cyclopedia de Medicina Práctica (1924) en tres áreas (7):

1) Sedante e hipnótico: contra el insomnio, el insomnio senil, la melancolía, la manía, el delirium tremens, corea, tétanos, la rabia, la fiebre del heno, bronquitis, tuberculosis pulmonar, tos, parálisis agitante, bocio exoftálmico, espasmos de la vejiga y gonorrea.

2) Analgésico: dolores de cabeza, migrañas, fatiga ocular, menopausia, tumores cerebrales, tics dolorosos, neuralgias, úlcera gástrica, gastralgia (indigestión), tabes, neuritis múltiple, el dolor que no se debe a lesiones, trastornos uterinos, dismenorrea, inflamación crónica, menorragia, aborto inminente, hemorragia postparto, reumatismo agudo, eccema, prurito senil, hormigueo, entumecimiento producido por la gota y para el alivio del dolor dental.

3) Otros usos: para mejorar el apetito y la digestión, para la anorexia como consecuencia de enfermedades agotadoras, neurosis gástrica, dispepsia, diarrea, disentería, cólera, nefritis, hematuria, diabetes mellitus, palpitaciones cardíacas, vértigo, atonía sexual en la mujer, impotencia en el varón.

La Figura 1 muestra los períodos en los que se iniciaron en diferentes regiones los usos médicos del cáñamo.

La Figura 1 muestra los períodos en los que se iniciaron en diferentes regiones los usos médicos del cáñamo.

Decadencia y redescubrimiento

En las primeras décadas del siglo XX el uso medicinal en Occidente del cáñamo disminuye de manera significativa. Esto puede deberse, entre otros factores, a la dificultad para obtener efectos que se puedan replicar, la gran variabilidad de las diferentes muestras de la planta. En ese momento, todavía los principios activos del cáñamo no habían sido aislados y la droga se utilizaba en forma de tinturas o extractos, cuya eficacia dependía de diversos factores, tales como el origen, la edad y el modo de preparación (8). Además aparecieron varios medicamentos a finales del siglo XIX con eficacia probada para el tratamiento de las principales indicaciones del cáñamo. Se desarrollaron vacunas para diversas enfermedades infecciosas, tales como el tétanos, analgésicos como la aspirina y jeringas hipodérmicas que permitían el uso de la morfina de forma inyectable, y como narcóticos y sedantes, aparecieron el hidrato de cloral, el paraldehído y los barbitúricos (8).

Además, muchas restricciones legales limitaban el uso médico del cáñamo y la investigación. En Estados Unidos, como resultado de una campaña de la Oficina Federal de Narcóticos, se aprobó en 1937 la Ley del Impuesto sobre la Marihuana. En virtud de esta Ley, cualquier persona que consumiese esta planta se veía obligado a registrarse y pagar un impuesto de un dólar por onza (28,35 g.), si era con fines médicos, y de 100 dólares la onza si para cualquier otro uso. A pesar de un impuesto tan bajo por el uso médico, la falta del impago de este impuesto dio lugar a multas de 2000 dólares y penas de prisión de 5 años. Esto hizo que hubiese dificultades para el uso de la planta por el exceso de trámites y los riesgos de un castigo tan severo. Cuando las regulaciones de las transacciones de cáñamo, incluyendo las prescripciones, se consideraron dentro del área fiscal, esta Ley evitó una decisión de la Corte Suprema por la cual se daba a los Estados el derecho a controlar las transacciones comerciales, y en la práctica supuso la prohibición del uso del cáñamo en todo el territorio estadounidense. El cáñamo se retiró de la farmacopea de Estados Unidos en 1941 (6,14).

En la segunda mitad del siglo XX, el cáñamo alcanzó una gran importancia social debido a un gran aumento en su consumo con fines hedonistas. Hasta ese momento, en Occidente el uso hedonista de la planta se limitaba a pequeños grupos. En Europa, grupos de intelectuales se reunieron para usar la droga. Descripciones de su uso podemos encontrar en las obras de varios escritores franceses del siglo XX, como Gautier y Boudelaire, En América, estas prácticas eran comunes entre los negros de las zonas rurales del noroeste de Brasil desde el siglo XVI, que se reunían los fines de semana para usar la droga en grupos. Este uso pasó posteriormente a los pescadores del río San Francisco y por el mar se extendió hasta las zonas costeras. A principios del siglo XX, el uso del cáñamo en Brasil estuvo restringido a pequeños grupos de bajo nivel socioeconómico, y era conocido como el opio de los pobres (10). En México, el cáñamo también fue utilizado por la población más desfavorecida y fueron los inmigrantes mexicanos los que lo llevaron a Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX. Hasta la década de 1950, en Estados Unidos el consumo de cáñamo se limitaba a los barrios negros y de inmigrantes hispanos (15).

Desde la década de 1960, el uso recreativo del cáñamo se extendió rápidamente entre la población más joven en todo el mundo occidental. En Estados Unidos, el porcentaje de adultos jóvenes que habían consumido cáñamo al menos una vez pasó del 5% en 1967 al 44%, 49%, 68% y 64%, en 1971, 1975, 1980, y 1982, respectivamente (16.17). Este uso se mantiene igual de alto hoy en día (18-19). En 1964, la estructura química de D 9-THC fue identificada por Gaoni y Mechoulam (20), lo que contribuyó a la proliferación de estudios sobre los componentes activos del cáñamo (21).

Este aumento considerable en el consumo de cáñamo, intensificando su importancia social, junto con un mejor conocimiento de su composición química ( que hizo posible la obtención de sus componentes puros), contribuyó a un aumento significativo en el interés científico por el cáñamo a partir de 1965, y el número de publicaciones científicas sobre el cáñamo alcanzó un máximo en la década de 1970. En este período, un grupo de investigación de Brasil, dirigido por Carlini, realizó un gran aporte, especialmente acerca de las interacciones de D 9-THC con otros cannabinoides (22). Desde entonces, Carlini se ha esforzado en una reestructuración de las políticas públicas en materia de control del cáñamo (23). A partir de mediados del decenio de 1970, el número de publicaciones empezó a declinar lentamente. Pero los estudios interesándose por el cáñamo se reavivaron a principios de 1990, con el descubrimiento y descripción de los receptores específicos de los cannabinoides en el sistema nervioso y el posterior aislamiento de la anandamida, un cannabinoide endógeno (24). Posteriormente, el número de publicaciones sobre el cáñamo ha ido en aumento, lo que demuestra el gran interés en la investigación con esta planta. En la Figura 2 se muestra la evolución del número de publicaciones sobre el cáñamo en los últimos 50 años.

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A raíz del creciente interés científico por el cáñamo, sus efectos terapéuticos se están estudiando una vez más, esta vez utilizando métodos científicos más precisos. Hay estudios en distintas fases sobre los efectos terapéuticos de D 9-THC para diversas afecciones: epilepsia, insomnio, vómitos, espasmos, dolor, glaucoma, asma, inapetencia, síndrome de Tourette, y otros. Entre las indicaciones terapéuticas de D 9-THC ya hay algunas que se consideran probadas: antiemético, estimulante del apetito, analgésico, y en los síntomas de la esclerosis múltiple (25). Otros cannabinoides son también objeto de investigación, tales como el canabidiol (CDB), del que hay evidencias de efectos terapéuticos en la epilepsia, insomnio, ansiedad, inflamaciones, daño cerebral (como un neuroprotector), psicosis y otros (26-27). Sin embargo, los productos obtenidos del cáñamo deben ser usados con precaución, ya que algunos estudios sugieren que un inicio temprano en el uso del cáñamo puede inducir déficits cognitivos y al parecer actúa como un factor de riesgo en la aparición de psicosis entre los jóvenes vulnerables (28,29).

A principios de 2005, un laboratorio farmacéutico de una multinacional recibió la aprobación en Canadá, y se está solicitando su uso en el Reino Unido y la Unión Europea para comercializar un medicamento que contiene D 9-THC y CBD para el alivio del dolor neuropático en pacientes con esclerosis múltiple.

Por lo tanto, un nuevo ciclo comienza en el uso de los derivados del cáñamo como medicamentos, de una forma más consistente que en el pasado. Las estructuras de los compuestos químicos derivados del cáñamo son conocidas, los mecanismos de acción en el sistema nervioso están siendo dilucidados con el descubrimiento de un sistema cannabinoide endógeno, y la eficacia y seguridad de los tratamientos están siendo probados científicamente.

Agradecimientos

Antonio Waldo Zuardi es beneficiario de Nacional Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (CNPq) y fue financiado en parte por la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (FAPESP).

Referencias (Los enlaces se encuentran en la página de referencia: http://www.scielo.br/scielo.php?pid=S1516-44462006000200015&script=sci_arttext&tlng=es)

1. Li HL, Lin H. An archaeological and historical account of cannabis in China. Econ Bot. 1974;28(4):437-47.

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Correspondencia

Antonio Waldo Zuardi

Av. Cándido Pereira Lima 745 – Jd. Recreio

14040-250 Ribeirão Preto, SP, Brasil

E-mail: awzuardi@fmrp.usp.br

Enviado: 4 de octubre 2005

Aceptado: 21 de noviembre 2005

Financiación: Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (CNPq) – Concesión 300775 / 2004-0 y Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (FAPESP) – Grant 202 / 13197-2

Conflicto de interés: Ninguno

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Procedencia del artículo:

http://www.scielo.br/scielo.php?pid=S1516-44462006000200015&script=sci_arttext&tlng=pt

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Artículos relacionados:

 http://www.zamnesia.es/content/184-historia-del-cannabis-con-fines-medicinales

 El uso terapéutico del Cannabis sativa en la medicina árabe (pdf)

Uso de los cannabinoides a través de la historia (pdf)

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Las empresas de fractura hidráulica también inyectan combustibles diésel en el suelo

La gente merece estar informada y debe existir mayor transparencia sobre los productos químicos tóxicos que se utilizan en la fractura hidráulica”, dice el abogado.

Por Deirdre Fulton, 14 de agosto de 2014

Common Dreams

franking

Las empresas de fractura hidráulica han seguido inyectando combustible diésel en el suelo de forma ilegal durante los últimos cuatro años, a pesar de negarlo reiteradas veces, de acuerdo con un Informe del Proyecto de Integridad Ambiental (EIP), publicado el pasado miércoles.

El Informe de EIP, “Fractura hidráulica: más allá de la ley”, ha utilizado los datos de las propias evaluaciones realizadas por las empresas de perforación y los registros federales para documentar que al menos 33 empresas de fractura hidráulica en al menos 351 pozos de 12 Estados, han empleado entre los fluidos de inyección combustible diésel desde el año 2010 hasta principios de agosto de 2014. El combustible diésel se ha utilizado en pozos de Texas, Colorado, Dakota del Norte, Arkansas, Oklahoma, Wyoming, Nuevo México, Utah, Kansas, Pennsylvania, West Virginia y Montana, sin que tuvieran permisos según establece la Ley de Agua Potable Segura.

La Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA) lo confirmó recientemente, el pasado mes de febrero, que las empresas operadoras de fractura hidráulica tienen prohibido la inyección de combustible diésel en los pozos, salvo que tuvieran autorización para hacerlo. De hecho, la controvertida Ley de Política Energética de 2005, también conocida como “Escapatoria de Halliburton”, ya fue defendida por el entonces vicepresidente Dick Cheney, ex Director General de Halliburton, que las empresas de fractura hidráulica están exentas del cumplimiento de la Ley de Agua Potable, excepto en el caso de que utilicen combustible diésel.

fracking_diesel2Volumen total de combustibles diésel inyectados por Estados, en galones (1 galón= 3,7854118 litros), y números de pozos en los que se ha realizado esta práctica. Tabla extraída del Informe de EIP.

Pensábamos que este problema era algo del pasado. Eso es lo que nos ha estado diciendo la Industria durante los últimos diez años”, dijo el abogado principal de EIP Mary Greene en una teleconferencia.

El Informe también revela que empresas como Halliburton (véase: http://fracturahidraulica.wordpress.com/quien-es-esta-industria/) todavía están utilizando combustible diésel, lo que supone una amenaza para el suministro de agua potable y la salud pública, porque el combustible diésel contiene productos químicos tóxicos, tales como el benceno, que causa cáncer y otros graves problemas de salud, incluso a dosis muy bajas, y se hace muy poco para proteger de manera efectiva a las personas, lo que permite a los operadores cambiar en cualquier momento la composición del productos que inyectan, sin dejar acta o justificación del cambio realizado.

Además “casi el 80% del volumen total de productos que se inyectan en los 351 pozos identificados en este Informe están protegidos bajo secreto comercial, información confidencial de las empresas, información reservada, o productos no identificados, de manera que no se divulga el contenido o se realiza de una forma muy ambigua”, dice el Informe.

Y este problema continúa debido a que:

Sin poder acceder a la información por ser secreto comercial, o conocer la composición química del agua contaminada por los fluidos inyectados, lo que se conoce como flujo de retorno, no hay manera de que la gente o las Agencias de Regulación puedan cuantificar, evaluar o restringir la inyección de sustancias no permitidas, como el combustible diésel, como así establece la Ley de Agua Potable”.

La gente merece estar informada y debe ser transparente la composición de los productos químicos tóxicos utilizados en la fractura hidráulica. El actual sistema de Informes debe mejorarse”, dijo Greene en un comunicado.

fracking_diesel3Número de pozos y volumen total de combustibles diésel utilizados por las diferentes empresas de Fractura Hidráulica, en galones. Tabla: Informe de EIP

En un correo electrónico el portavoz de la EPA, George Hull, dijo en la Pittsburgh Post-Gazette que debido a la Ley de Política Energética de 2005, no se definió el término “combustible diésel”, de modo que la EPA no hizo cumplir las disposiciones establecidas en la Ley de Agua Potable Segura durante nueve años, mientras se buscaba una “definición científica aceptable”. Después de recibir más de 97.000 comentarios y de consultar con expertos de la Industria y del Petróleo, finalmente se definió combustible diésel en el mes de febrero.

fracking_diesel1Fuego y explosión en un pozo de fractura hidráulica en Clarington, Ohio, en junio de 2014. En el accidente estuvieron implicados 16 productos químicos utilizados en la fractura hidráulica, entre ellos los combustibles diésel. Debido al accidente se contaminaron varios kilómetros de un río cercano, matando a gran cantidad de peces. (Imagen extraído del Informe de EIP)

Los grupos de la Industria argumentan que hasta el mes de febrero, no se incluía dentro del combustible diésel al queroseno, que ha sido utilizado por la mayoría de los agentes económicos identificados en el Informe de EIP. El grupo a favor de la fractura hidráulica Energy In Depth, comparó el Informe de EIP a una situación en la que “las autoridades reducen el límite de velocidad, y luego acusan a los conductores de exceso de velocidad, debido a la rapidez con la que han realizado el cambio”.

Mientras tanto, en Los Ángeles Times, se informó esta semana que las empresas de fractura hidráulica para la obtención de petróleo y gas profundizan a una distancia mucho menor de lo que se creía, afectando a las fuentes subterráneas de agua potable.

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Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/news/2014/08/14/fracking-operators-illegally-injecting-diesel-fuel-study-finds

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Los plaguicidas rociados en parques y jardines relacionados con el cáncer

Por Amy Zimmer y Danielle Tcholakian, 11 de agosto de 2014

DNAInfo

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GREENWICH VILLAGE – Uno de los herbicidas utilizado por los Departamentos de Parques y Jardines en los espacios verdes de las ciudades puede estar relacionado con la aparición de linfoma no Hodgkin y con cáncer de mama, según los estudios científicos recientemente publicados, lo que ha generado preocupación por la situación de riesgo en que también se pone a los niños.

Se ha generalizado el uso del herbicida Roundup ( cuyo ingrediente activo es el glifosato) para matar las malas hierbas que crecen en los parques infantiles, y se suele colocar una advertencia de que no se utilice en las 24 horas posteriores a la pulvericación del producto.

Con el fin de mantener a raya a las ratas debemos usar Roundup en los parques infantiles y en los zonas verdes públicas”, dijo un portavoz del Departamento de Parques, Phil Abramson. “No lo utilizamos en los patios escolares, pero sí en las zonas poco utilizadas de los patios exteriores, precisamente porque en esas malezas que se encuentran cerca de los parques infantiles se esconden las ratas”.

[…]

Los expertos creen que esto supone un riesgo para los niños. El pasado mes de abril la Revista Internacional de Investigación del Medio Ambiente y Salud Pública publicó un estudio en el que se relaciona el ingrediente activo de Roundup, el glifosato, con la aparición del linfoma.

El Dr. Philip Landrigan, profesor de pediatría en el Hospital Monte Sinaí, afirmó que se trata de un estudio muy acreditado y cree que se debe tener en cuenta para el uso de esta sustancia química en las ciudades.

Los trabajadores son los que presentan un mayor riesgo de exposición a estas sustancias químicas ya que se realiza día tras día”, dijo Landrigan. “Pero los niños son el segundo grupo de mayor riesgo, porque por sus patrones de juego son los que ponen en mayor contacto con los productos químicos. La exposición a cualquier cantidad de un carcinógeno químico supone un peligro, y si es de forma constante, el riesgo es mayor”.

También es motivo de preocupación por otro estudio publicado el año pasado y que plantea interrogantes sobre el efecto potencial del glifosato en las hormonas, lo que se relaciona con el cáncer de mama, dijo el toxicólogo Gary Ginsberg, autor del libro Qué es tóxico y cuál no.

Ginsberg cree que los carteles de advertencia de que se ha rociado Roundup deben mantenerse durante al menos 72 horas después de la fumigación, y no sólo las 24 horas actuales.

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Pero Abramson dijo que en la ciudad se están tomando las suficientes precauciones mediante la colocación de carteles de precaución durante las 24 horas posteriores al rociado, porque “de acuerdo con la información del producto, es inerte a las 24 horas y se considera ya inofensivo en ese momento”.

El fabricante de Roundup, Monsanto, también defiende la seguridad de su producto:

Los estudios toxicológicos exhaustivos realizados durante los últimos 40 años han demostrado una y otra vez que el glifosato… no causa cáncer, ni tiene efectos mutagénicos, ni afecta al sistema nervioso, ni tiene efectos sobre el sistema inmunológico, ni produce alteraciones endocrinas, ni defectos de nacimientos o problemas reproductivos”, dijo la portavoz de la Compañía, Charla Lord.

(véase sin embargo: http://noticiasdeabajo.wordpress.com/2013/06/18/el-estudio-de-seralini-en-ratas-alimentadas-con-maiz-transgenico-unos-resultados-molestos/)

Del estudio sobre la relación de Roundup con el linfoma añadió: “Son afirmaciones hipotéticas no apoyadas por las evidencias de que disponemos”.

Las ciudades deciden qué productos químicos son seguros en su uso en base a la lista de las Agencias de Protección Ambiental, como la de Estados Unidos, que publica la relación de productos químicos que son posibles carcinógenos.

La Agencia de Protección Ambiental actualmente clasifica al glifosato como un no-cancerígeno, pero está revisando los últimos estudios para actualizar la lista de productos químicos, algo que hace anualmente, dijeron las autoridades:

Revisamos los datos utilizando un marco de revisión por pares para establecer los vínculos entre el uso de los pesticidas y los efectos ambientales. Muchos de los estudios que muestran una correlación en realidad no establecen una relación causa-efecto, y la causa sigue siendo desconocida”.

Independientemente de la clasificación de la EPA, Ginsberg cuestiona el rociado de pesticidas en los campos de juego y parques, ya que los pesticidas pueden derivan hacia las áreas circundantes.

Los niños son los que particularmente tienen mayores riesgos, ya que ponen las manos en la hierba y luego se las llevan a la boca, lo que puede dar lugar a una exposición sustancial, dijo Ginsberg, profesor de la Universidad de Yale y de la Universidad de Connecticut.

Los padres siempre deben lavar con frecuencia las manos de los niños, sobre todo antes de comer. Es buena idea utilizar un desinfectante en las manos después de haber ido al parque con los niños”, aconsejó Ginsberg.

Eso también es lo que piensa Michael Boskett, de 53 años de edad, que lleva a su hija Bianca de 2 años de edad:

Lavamos las manos de nuestros hijos y, por supuesto, no les dejamos llevarse a la boca cualquier cosa que encuentren”, dijo Boskett mientras se encontraba en el parque infantil, donde un cartel apenas visible advertía de la aplicación en el parque de un rodenticida.

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Algunos padres que se encontraban en el parque dijeron con los carteles de advertencia debían de ser mayores o que los Departamentos de Parques y Jardines debían dar mayor publicidad cuando utilizan los productos químicos, Pero muchos señalaron que es difícil que la experiencia en un parque de las ciudades sea verdaderamente sana:

Si usted tratase de proteger a sus hijos de todo, entonces nunca se divertirían”, dijo Boskett.

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Procedencia del artículo:

http://www.dnainfo.com/new-york/20140811/greenwich-village/kids-most-at-risk-as-study-links-parks-dept-pesticide-cancer-experts

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Artículos relacionados:

http://salamancartvaldia.es/not/50482/el-procurador-del-comun-desaconseja-el-uso-de-glifosato-como-herbicida-en-la-limpieza-de-las-carreteras/

https://www.ecologistasenaccion.org/article28427.html

http://www.ecologistasenaccion.es/article26000.html

El nuevo cientifismo

Por Kamil Ahsan, 5 de agosto de 2014

Jacobin Magazine

La investigación científica no está libre de las ataduras de la política

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En la película de Stanley Kubrick del año 1964 Dr. Strangelove (¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú) aparece el personaje del general Jack D. Ripper, un persona profundamente neurótica, paranoica, que insistía en que la fluoración del agua era un complot comunista contra los estadounidenses. Ripper estaba desquiciado, pero también era la personificación de esa insistencia de la gente en los beneficios medicinales del fluoruro.

La historia no se muestra benevolente con las personas que se resisten al progreso científico: se les pinta como trogloditas inflexibles. Hoy en día, la fluoración del agua se ve con tanta normalidad como el uso de la electricidad y otros avances, en un camino hacia la mejora tecnológica, a pesar de esas personas que supuestamente van en contra de la Ciencia. Así es más o menos como lo cuenta el avance científico. Para estos, cualquier crítica de este proceso histórico equivale a una oposición a ese avance.

Pero esto es algo absurdo. Hay, por supuesto, mucha charlatanería por parte de los que se oponen a la fluoración del agua. Tampoco es correcto decir que la comunidad científica haya hecho un pacto con el diablo para evitar que esté en el orden del día el calentamiento global producido por el hombre. Del mismo modo, después de décadas de nuevos descubrimientos en el campo de la Biología, todavía una tercera parte de la opinión pública estadounidense rechaza la evolución.

Peso resulta asombroso cuando estos defensores de la Ciencia meten en el mismo saco a los que niegan el cambio climático, a los que se oponen a los transgénicos y a los activistas ambientales de base: a todos ellos los tratan como en contra de la Ciencia. Se trata de un análisis simplista que tiene sus raíces en la presunción de que la Ciencia está por encima de cualquier crítica, incluso por encima de la Política.

Es el Nuevo Cientifismo, donde las discusiones de la Política Científica son manejadas por expertos en base a “un cuerpo de investigación”, dejando al margen al público en general, de modo que plantear preguntas que pudieran parecer hostiles a la investigación científica supone la consideración de en contra de la Ciencia.

Ante este fenómeno, la izquierda debe insistir en el carácter intrínsecamente político de la investigación científica.

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Cualquier discusión sobre el estado de la Ciencia debe afrontar el elevado incremento en los últimos decenios de la investigación científica financiada con fondos privados. En otras palabras, debe lidiar con un status quo que algunos científicos cuestionan o incluso reconocen.

Hoy en día, una gran cantidad de científicos están al servicio de las grandes empresas farmacéuticas y todo tipo de Corporaciones que desarrollan programas que destruyen el medio ambiente o son claramente antisociales. Mientras tanto, los científicos, aunque todavía muchos de ellos están financiados con fondos públicos, mantienen sus propios vínculos con el capital: reciben subvenciones o becas de formación de empresas biotecnológicas, farmacéuticas o de grandes empresas agrícolas; supervisan y participan en eventos y congresos financiados por la Industria; y mantienen vínculos con la Industria para los estudiantes de postgrado y candidatos postdoctorales.

El asuntos de los transgénicos es un buen ejemplo de cómo los científicos actúan como los voceros de la Agricultura Industrial.

Los profesores aparecen a menudo en las páginas de las revistas de divulgación científica dando sus parabienes a los nuevos transgénicos. No es que esto sea algo contrario a los hechos, la mayor parte de los alimentos y cultivos que consumimos han sido manipulados genéticamente, pero se echa en falta una crítica a la forma en que actúan las Corporaciones Agrícolas.

Una rígida defensa de la Ciencia impide a los científicos reconocer que Monsanto monopoliza el mercado de las semillas, dicta el precio de mercado en beneficio de los agricultores más pudientes, impulsa la aparición de malezas resistentes, permite la propagación de transgenes a los cultivos tradicionales, y utiliza a los Estados para obtener mayores ganancias.

Si reconocemos estos hechos, se debe producir un replanteamiento a fondo de la política de investigación de los transgénicos y la ética que hay detrás de estos cultivos. Se debe dar una respuesta adecuada a los que se oponen a los transgénicos, a los que simplemente se considera como en contra de la Ciencia, y evitar confundir a los que piden el etiquetado de los alimentos transgénicos con los aquellos que se niegan a vacunar a sus hijos.

Sin embargo, a raíz de las noticias que hablan del suicidio de agricultores en la India por estar endeudados, muchos defensores de los transgénicos escribieron refutaciones de manera desdeñosa, negándose a admitir que la introducción del algodón Bt de Monsanto tiene un enorme coste en la adquisición de las semillas y de productos químicos, generando una profunda crisis en muchos agricultores de la India.

Esto supone nefastas implicaciones en la metodología científica. Lo más preocupante es que Monsanto y otras empresas Agroindustriales están silenciando las investigaciones independientes sobre los cultivos modificados genéticamente. Cuando investigadores como Emma Rosi-Marshall y John Losey publicaron artículos de investigación que demuestran que el maíz Bt de Monsanto afecta de forma negativa a los insectos que se alimentan de él, enseguida arreciaron multitud de críticas: se rechazaron los trabajos por considerarlos fraudulentos, cartas exigiendo la retractación y correos enviados a los editores de las revistas en tonos muy airados.

Lo mismo le ocurrió a Gilles-Eric Séralini de la Universidad de Caen, Francia, muchos de cuyos críticos tenían estrechos vínculos con Monsanto. Muchas investigaciones de control (incluso las patrocinadas por Monsanto) no logran desentrañar los conflictos de interés. El alboroto que se formó nada más publicarse la investigación de Séralini no tiene precedentes.

Pocos científicos han llamado a las cosas por su nombre: un acoso a la libertad de investigación. Una excepción ha sido el genetista molecular Jack Heinemann, que según informa el Proyecto de Alfabetización Genética, dijo:

La publicación de los resultados de la investigación ha revelado la crueldad que puede desatarse contra los investigadores que presentan descubrimientos incómodos… Este estudio se ha mantenido a pesar de un amplio proceso de revisión, el más estricto que nunca se haya llevada a cabo con un estudio científico sobre los transgénicos”.

Y difícil resulta para los investigadores hacer trabajos sobre los transgénicos: Monsanto apela a las patentes para impedir la investigación de los nuevos genes recién sintetizados. Además, la Compañía ha firmado acuerdos con las Agencias Gubernamentales, tales como el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, que en una desconcertante relación también rechaza las investigaciones independientes.

En septiembre de 2009, la revista Nature publicó que después de aparecer un artículo en Nature Biotechnology que se mostraba escéptico con los transgénicos, firmado por David Schubert del Instituto Salk, éste dijo: “Nunca he recibido una respuesta tan obscena por mostrar una opinión”.

Según el artículo, incluso la reacción puede ser preventiva. Bruce Tabashnik de la Universidad de Arizona, mientras preparaba un trabajo sobre la resistencia de los insectos al algodón Bt de Monsanto, recibió un correo electrónico de aviso de William Moar de la Universidad de Auburn. Moar, que trabaja para Monsanto, ridiculizó públicamente el trabajo de Tabashnik en diversas conferencias.

Estos son casos significativos de una tendencia más amplia: los científicos, empleados por las grandes Corporaciones, tienen preocupantes conflictos de interés, algo que es pasado por alto por la Comunidad Científica.

Los científicos deben considerar estos deplorables crímenes cometidos por Monsanto en nombre de la Ciencia, o a esos escritores fantasma que escriben artículos de opinión mientras reciben financiación de la Industria ¿Se sienten cómodos los científicos con la política científica dictada por el Capital?

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Desde su empleo por los conservadores, el término cientifismo ha sido utilizado para referirse de forma peyorativa a aquellas personas que niegan tanto la evolución como el cambio climático. Por esta razón, la izquierda ha renunciado históricamente a utilizar esta palabra, señalando que es un asunto que está relacionado con la verdad científica y no con la religión o la espiritualidad.

Se trata de una falsa dicotomía: se puede valorar la investigación científica sin considerar a las ciencias naturales como verdades irrefutables. Y se obtiene progreso científico sin atacar a la Ciencia misma.

Pero trate de explicar esto a Michael Shermer, que escribiendo en la revista Scientific American ve en cada crítica que se hace a la actuación de las Corporaciones un ataque a la Ciencia: “Traté de mantener una conversación con un liberal sobre los transgénicos… empleando las palabras Monsanto y beneficios de tal manera que no pareciesen bombas silogísticas. Lo cierto es que hemos estado modificando genéticamente los organismos desde hace 10.000 años, por medio de la reproducción y la selección”.

La visión provocada por el Cientifismo se resuelve en una especie de apatía social, un desdén por los problemas reales, para los que el único antídoto son los datos científicos. Así se repite “sólo aténgase a los hechos”, para centrar la discusión dentro de un enfoque ético de la Ciencia, como si su esfera estuviese despolitizada. Y en este proceso, se ignora lo que las humanidades o las ciencias sociales pueden decirnos.

Divulgadores de la Ciencia, los Neil DeGrasse Tysons del mundo, no lo hacen mucho mejor ¿Qué tienen que decirnos, por ejemplo, de la actuación de Monsanto en los países en desarrollo, llevando a los pequeños agricultores a endeudarse y a la desesperación, el desarrollo de tóxicos herbicidas, como el agente naranja, el vertido de productos químicos no probados o la aparición del glifosato en los suministros de agua y que mantiene un largo período de relaciones corruptas con Agencias de Regulación de los Gobiernos, como la FDA?

Y si la divulgación de la Ciencia al público consiste únicamente el glorificar la propia Ciencia y los descubrimientos ¿podemos culpar a la gente por su escepticismo? Pareciera que la Ciencia para consumo popular fuera una inversión en autobombo más que en responsabilidad y toma de conciencia.

Sorprendentemente los liberales han sido muy acríticos con los puntos oscuros del establishment científico. La izquierda generalmente enmarca las cuestiones científicos de una de estas dos maneras:

– La primera consiste en destapar a los conservadores que no aceptan la Evolución o el cambio climático, y ensalzando las virtudes de los divulgadores científicos.

– La segunda consiste en culpabilizar a las grandes Corporaciones Agrícolas, a las empresas farmacéuticas, a las Agencias de Regulación, a las petroleras, de las tragedias que van desde el envenenamiento con pesticidas y el monopolio de las semillas, a los vertidos de petróleo y los desastres producidos por la Industria Nuclear.

Sin embargo, gran parte de la comunidad científica es cómplice de lo mismo que la izquierda condena. Esto no siempre fue así, este divorcio con la realidad. En The Age of Extremes, el historiador marxista Eric Hobsbawm nos recuerda una época en la que los científicos occidentales se opusieron a la bomba atómica:

El mismo horror de estos científicos ante ciertos logros, su desesperado llamamiento para impedir que los políticos y generales usaran la bomba, y más tarde su resistencia a la construcción de la bomba de hidrógeno, resulta un testimonio de la fuerza de las pasiones políticas”.

Sin embargo, poco después dice:

El generoso patrocinio de los Gobiernos y las grandes Corporaciones alentó una raza de investigadores que dieron por válidas las políticas de sus pagadores y prefirieron no pensar en las implicaciones más amplias de su trabajo, sobre todo cuando eran militares… En 1940 todavía había un grupo de hombres y mujeres que luchaban por inmiscuirse o no en la investigación química especializada o en la guerra biológica. No hay pruebas con posterioridad de que estos establecimientos hayan tenido problemas para contratar a su personal”.

Esto es una vergüenza. Si la historia de la Ciencia nos tiene que dar alguna lección es que mucho de lo que sabemos hoy del mundo, nuestra capacidad para actuar en él, y nuestra propia existencia como especie, es resultado directo de descubrimientos científicos realizados por muchas mujeres y hombres, muchos de los cuales, al igual de Rachel Carson, encarnan la conciencia social.

Un sólido compromiso con el descubrimiento y el progreso científico resulta incompleto sin un conocimientos de las consecuencias sociales de los resultados científicos, y las formas en que la financiación Corporativa puede envilecer el proceso científico.

La subordinación de la Ciencia a los beneficios económicos, ocultos al escrutinio público, es tan perjudicial como cualquier dogma creacionista.

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Procedencia del artículo:

https://www.jacobinmag.com/2014/08/the-new-scientism/